«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 10: Jadranka

By Bill

— ¿Te gustó? — le pregunté a Dominique. El concierto había terminado y ahora estábamos en mi camerino con la inminente escolta de Dom custodiando la puerta desde afuera. Ella se encontraba sentada sobre sus piernas en un sofá y yo estaba sentado frente a ella apoyado sobre el tocador, dándole la espalda al espejo con bombillas. Anhelaba tanto acortar esa distancia y volver a tomarla entre mis brazos, pero por mi madre, estaba agitado y sudando como una cascada. Ojalá pudiera darme un duchazo, pero era imposible así que me concentré en relajarme para dejar de sudar como cerdo.

— ¡Mucho! Wow fue tan genial— decía ella con su voz emocionada y carente de acento haciéndome sentir halagado y fascinado.

—Terminaré llevándote a todos nuestros conciertos— dije sin pensar.

—Me encantaría… pero sabes que eso va a estar un poco difícil— respondió algo melancólica y bajando la mirada.

—No hablemos de eso ahora— dije. Ella bostezó pareciendo cansada, ya debía pasar de media noche y Alexandra no llegaba, necesitaba que me quitara la plasta de maquillaje que me había puesto, pero seguramente seguiría tonteando con Tom en su camerino, la muy zorra. Más por otro lado me sentía contento porque estábamos ella y yo completamente solos.

Yo sabía ya mucho de Dominique, pero me disgustaba saberlo de labios de Andy, quería que ella misma me lo dijera.

Algo capto mi atención, en su cuello, enterrado entre sus rizos algo destelló. Ella me miro y sonrió luciendo avergonzada.

— ¿Qué miras? — preguntó, apenada, pero con curiosidad.

Me acerqué arrodillándome ante el sofá frente a ella.

—Me pareció ver que algo brillaba aquí— señale con mi dedo índice un punto debajo de su cuello.

—Oh sí, es mi dije— dijo ella y sacándolo de entre su ropa me lo mostró.

Era pequeño, blanco y destellaba los colores del arcoíris, la figura mundialmente reconocida del caballo rampante de Ferrari.

—Qué bonito… eh… ¿son diamantes? — pregunté tomándolo y como consecuencia jalé la cadena alrededor del cuello de Dom haciendo que ella se acercara a mí.

Joder, ella es todo lo que me gusta, y además también le gustan los diamantes, mi diamante personal.

—… Si, son unos cuantos diamantes— dijo ella, restándole importancia —pero mira, eso no es lo bonito, dale la vuelta.

Hice lo que ella me indicó y en la parte trasera del caballo había dos nombres tallados, el primero, grabado en una caligrafía antigua, intrincada y llena de florituras decía “Jadranka” y el segundo, debajo del primero, grabado con letras más pequeñas y discretas decía simplemente “Dominique”.

—Es hermoso Dom, debe ser único…— no pude terminar, ya me imaginaba quien sería la dueña del primer nombre.

—Lo es, fue el regalo que mi padre le dio a mi madre cuando se enteró de que me esperaba…y cuando ella murió… hizo que grabaran mi nombre en él y me lo puso, él dice que así mamá siempre está conmigo— acarició el dije con cariño, era un gran y único detalle y un nudo se formó en mi garganta, podía sentir las oleadas de soledad que emanaba el pequeño cuerpo frente a mí, pude ver los días vacíos y tristes, …ella no sabía lo que era tener a esa persona que siempre esta cuando todos se han ido…

—Bill… ¿Cómo es tu madre? — habló sacándome de mis pensamientos y, guardando su dije por debajo de su chaqueta, me miró.

—Mi madre… bueno ella es muy buena y cariñosa conmigo y con Tom, se preocupa cuando estamos de gira y nos llama varias veces al día para preguntar cosas como si ya hemos comido o si estamos bien… es nuestra mejor amiga, nos defendió como leona cuando éramos pequeños y los demás se metían con nosotros— terminé con una sonrisa que se me congeló en la boca al ver su expresión dolorida. Ay mierda.

— ¿Y cómo se llama?

—Se llama Charlotte— y sonreí, logrando que ella lo hiciera también.

—Qué lindo nombre…

—Gracias…el de tu mamá es muy lindo también— le dije odiándome por el dolor que iba a causarle, ya sabía yo, gracias a Andy, la triste suerte que había sufrido su madre, pero ella no estaba enterada de que yo lo sabía y tuve que disimular.

—Mi mamá…— dijo suspirando. Aunque dolía verla sufrir quería que confiara en mí.

— ¿Qué le sucedió? — Ella asintió y bajó la mirada hacia sus manos que descansaban sobre sus piernas.

—No la conocí… se fue de este mundo trayéndome a mí a el— tragué duro y tomé sus manos entre las mías.

—Entonces fue por una excelente causa— dije yo sincero, era verdad — ¿tienes hermanos?

—Tuve dos hermanos… pero también murieron y no los recuerdo… papá nunca me habla de ellos… ni de ellos ni de nada.

— ¿De nada? — repetí como un loro

—No… el no habla mucho conmigo, siempre que estamos juntos por más de una hora se entristece… porque que soy igual a mamá— dijo ella con la mirada perdida y su frente se arrugó. Cambié un poco de tema.

—Entonces tu madre era hermosa— dije colocando mi mano bajo su mentón y levanté su rostro, su piel me quemaba. Ella me miró con esos ojos oscuros y templados a través de su cabello, mi corazón se detuvo.

—Gracias Bill… — contestó echando su cabeza hacia atrás y, me preguntó nerviosa —y tienes… ¿tienes novia? — dijo mirando al infinito.

—No, no tengo novia, la vida que llevo me lo dificulta un poco…— contuve el aliento —… ¿y tú?

—Tampoco— contestó sonrojándose adorablemente — No tengo amigos, ni siquiera asistí a la escuela, pero espero poder ir a la universidad. En verdad lo deseo.

Era obvio que no había pisado nunca un recinto educativo.

—Vaya, entonces… ¿maestros particulares? — pregunté

—Si, papá se ha encargado que no me falte nada— dijo con amargura y capte la ironía de sus palabras.

—Lo siento Dom… — dije sincero, mirándola directo a los ojos. En lo personal yo había odiado la escuela todos los años que me vi obligado a asistir, pero seguro que a Dom no le pasaría lo mismo, y era doloroso saber que se perdía de todo eso.

—Estoy atrapada para siempre en esta vida Bill— dijo con la voz rota, una lágrima rodaba por su mejilla.

Me dolía verla así, y sin pensarlo tome su rostro en mis manos y bese su húmeda mejilla. Fue un acto estúpido e impulsivo. Ella puso sus manos en mi pecho y pensé que me rechazaría, pero sus dedos vacilaron y subieron hasta mis hombros, era como si dos plumas blancas hubieran aterrizado en mí. Su proximidad me hacía alucinar y mi sangre ardía furiosa debajo de mis labios y por si fuera poco, su tibio aliento de vainilla me nublaba los sentidos. Me moví muy lentamente hasta posar mis labios sobre los suyos que eran muy suaves y cálidos y nos fundimos en un casto beso. Su boca tenía un sabor dulzón concentrado, parecía diminuta en la mía y sus labios inexpertos no sabían muy bien que hacer.

La atraje hacia mí con los labios entreabiertos, dispuesto a profanar cada rincón de esa cavidad con mi lengua, para saber qué tan intenso era su sabor, ella rodeó mi cuello con sus brazos y sus labios comenzaban a moverse contra los míos… cuando en ese momento la puerta se abrió.

Yo aun sostenía el rostro de Dom entre mis manos, ella jadeó y sentí el leve tirón que dio, queriendo alejarse, pero no se lo permití, me volví a ver a Alexandra con fuego en la mirada y ella a su vez nos dedicó una mirada llameante.

—Lo siento por interrumpir— dijo en un venenoso tono que no tenía nada de arrepentimiento.

—Pues sí, llegaste en el peor momento, como siempre ¿Qué diablos quieres? — le dije con el mismo tono ácido y solté a regañadientes el rostro de Dom. Esta se levantó como resorte y tomo a su cachorro que jugueteaba en el sofá a su lado, yo la imité levantándome también, irguiéndome y encarándome con Alexandra, quien era casi tan alta como yo, pero ella no me miraba.

— ¡Whoa! Bill, sabía que querías un Ferrari, pero no pensé que estuvieras tan desesperado por uno— dijo Alexandra con sarcasmo, mirándonos con desprecio. Dom perdió el aliento.

Miré a Alexa con incredulidad y odio puro, pero antes de que pudiera decir media palabra, el duende había salido corriendo de mi camerino tratando de ahogar los sollozos que perfectamente pude escuchar.

—Te mataría ahora mismo Alexa, pero no vales ni mi tiempo— le solté sin mirarla y me encaminé en busca de Dom, más al llegar a la puerta un molesto Andy se encaró conmigo.

— ¿Qué rayos pasó Bill? — dijo furioso, atravesándome con la mirada.

—Alexandra ofendió a Dominique— le dije a Andy, sacándole la vuelta y saliendo del camerino, me importaba poco o nada si Andy decidía vaciar su pistola en la cabeza de Alexandra, se lo merecía.

Corriendo, fui hacia afuera y cuando llegué a la entrada con rejas del estadio la vi, estaba de pie a un lado de los autos negros de sus guardaespaldas y cuando me miró sus ojos volvieron a cristalizarse. Decidido casi corrí hacia ella pasando por el medio de sus escoltas y la tomé por los hombros. —Dom, escucha yo… lo siento mucho, no sé qué tiene Alexandra en la cabeza a parte de mierda, pero por favor no le prestes atención. Lo que dijo es un sucio embuste y nada más — dije casi desesperado, ella bajó la cabeza.

—Bill, ¿está todo bien? — ese era Saki, tenía la mano sobre su arma.

—Si, dame un minuto por favor.

Ella levantó la mirada y en sus ojos pude ver cómo luchaban la duda y la confianza, y se escondía un leve dejo de traición.

—Bill, yo…— No pudo terminar la frase ya que Andy, decidido, la tomó del brazo haciendo que se metiera en el auto y cerró la portezuela. Se cruzo de brazos y me miró.

—Quiero creer que no es verdad lo que me dijo tu maquillista— acusó.

—¿Pero cómo demonios puedes decir eso? — dije molesto —¿cómo puedes creerlo? sabes bien que ella me atrapó aun sin saber de quien se trataba— Andy lo pensó y asintió.

—Ya, está bien, te creo Bill, es solo que casi todas las personas que tratan de acercarse a ella, lo hacen por conveniencia— dijo encogiéndose de hombros. —Sólo hago mi trabajo.

Me sentía herido por la repentina desconfianza de Andy e inestable porque no sabía que era lo que Dom pensaba ahora de mí. Necesitaba hablarle… y de paso volver a besarla.

—Déjame hablar con ella Andy— le dije.

—Lo haría Bill, pero tenemos prisa, Piero ya ha llamado dos veces preguntando por ella y esta como loco— dijo sin más y mientras se acomodaba en el asiento del copiloto del mismo auto donde iba Dom dijo — Por cierto, gran actuación— sonrió, pero yo no lo miraba, tenía los ojos clavados en Dom quien, tenía a su vez la mirada baja y su cabello me impedía mirarle el rostro. El auto negro arrancó alejándose… y ella no volvió a mirarme.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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