«458 Italia» Fic de Shugaresugaru
Capítulo 11: ¿Es amor?
By Bill
Regresé a mi camerino hecho una furia, iba tan enojado que creí que me saldría una venita palpitante en la sien, igual que en los comics. El lugar estaba vacío, no había ni rastro de la estúpida de Alexandra y eso era lo mejor, no le convenía toparse conmigo ahora.
Después de recoger mis cosas me senté en el sofá y suspiré, llevándome los dedos a los labios, mi boca me picaba con un cosquilleo de vacío nada agradable, mi corazón seguía acelerado y la cabeza se me despejaba a momentos. Ese beso, su beso, fue casi irreal, todo lo que me había hecho sentir era nuevo.
Siempre, mis únicos intereses en la vida habían sido mi hermano gemelo, mi familia, mi banda, mi música y mis amigos, en ese mismo orden, pero ahora… vamos, ni siquiera sabía dónde estaba Tom, necesitaba buscarlo, mi mente me lo decía, pero simplemente mi cuerpo no reaccionaba, mis sentidos seguían colapsados por el recuerdo de Dom, los recuerdos, a decir verdad.
El brillo de su mirada, el rubor en sus mejillas, el sabor dulce de su aliento y la suavidad de sus labios cargados de inocencia, esa maldita inocencia que, hacía brotar mis peores instintos, los cuales me dejaron sorprendido. Cuando la besé quise invadir su boca, marcarla y reclamarla como mía…
¿Pero que rayos me pasa…?
Me levanté, molesto conmigo mismo por esos pensamientos, di varias vueltas en el camerino, como un león enjaulado y furioso, los recuerdos no se iban, sobre todo ese maldito momento en el que Alexandra había entrado echando a perder todo, tirando a la basura lo que tanto me había costado conseguir, gemí y la maldije, maldije el día de su nacimiento, sin duda había sido un puto error.
El peor de los recuerdos era el de la mirada herida y traicionada de Dominique, el recuerdo de sus enormes ojos desconcertados iba a perseguirme quien sabe por cuánto tiempo, de eso no había duda.
Al pensar en eso mi pecho punzaba de una manera muy singular y dolorosa.
—Bill, están ya todos esperándote.
—Ya voy Sakí— contesté levantándome con pesar y salí, cerrando el camerino de un portazo.
***
— ¿Y dónde está la chica? — nada más al entrar en la camioneta, Georg me preguntó por Dom, haciéndome enfurecer.
—Hazme sitio ¿quieres? — gruñí y me dejé caer casi encima de su cuerpo, él se removió dejándome mi espacio y me miró alzando una ceja, esperando mi respuesta.
—Se fue hace rato con sus guardaespaldas— contesté mirando por la ventanilla. Podía sentir los ojos de los tres clavados en mí.
— ¿Pero por qué? — preguntó Tom
— Por a la estúpida de Alexandra—exploté.
— ¿Que paso? — inquirió Gus
—Pues que Alexandra entró en mi camerino cuando yo…bueno… cuando estaba besando a Dominique — dije cohibido y los tres soltaron un aullido, levanté una mano para callarlos— y le insinuó que yo solo busco acercarme a ella porque quiero un auto y Dom se fue, creyéndole.
Los tres parpadeaban confusos y las expresiones de horror y diversión se desplegaron por sus rostros.
— ¿La besaste? — preguntó Tom sonriendo como un pervertido.
—No lo puedo creer— soltó Geo entre risitas.
—Matemos a Alexandra— susurro Gus, tenía la frente arrugada, lo miré sorprendido, al parecer a él tampoco le agradaba la maquillista.
—Si, matémosla— le respondí a Gus ignorando a los otros dos. Este me miró haciendo un gesto que no supe interpretar así que me eché hacia atrás hundiéndome en el asiento y cerrando los ojos.
Cuando llegamos al hotel, mi furia seguía hirviendo a fuego lento, vislumbré a Alexandra entrando antes que nosotros con paso rápido y cara de susto y tuve que respirar profundo para no cometer alguna insensatez.
—Relájate Bill, tienes una cara que asusta— dijo Tom al pasar a mi lado. ¿Tan mal me vería? Me detuve frente al enorme espejo dorado que había en el lobby y mi reflejo me asustó, mi expresión en verdad era asesina así que hice un intento por recomponerla. No tuve mucho éxito.
— ¿Señor Kaulitz? — una voz femenina llamó desde el mostrador de la recepción.
— ¿Sí? — respondimos al unísono Tom y yo.
—Señor… mmm…. Bill Kaulitz— dijo la muchacha mirando los papeles sobre su mostrador. Tom me miró interrogante y yo me encogí de hombros —seguro que mamá llamó o algo— le dije y caminé hacia el mostrador para averiguar de qué iba todo aquello.
La chica sonrió bobamente, pero al ver mi cara de pocos amigos se sonrojó y me tendió un sobre, ya sin mirarme —esto es para usted.
—Gracias— contesté tomándolo y caminé de vuelta donde esperaba Tom con Sakí pegado al culo. El sobre parecía ser muy fino, era pesado, de color marfil y solo tenía mi nombre escrito al frente, nada más.
— ¿De quién es? — me preguntó Tom extrañado al ver el sobre, nunca recibíamos nada, en los hoteles a donde íbamos siempre las ordenes de Sakí eran claras, “por seguridad nada de objetos, regalos o recuerdos, se les entregarán a los gemelos”.
Sin duda este era un caso especial. Sakí sopesó el sobre, lo miró a contraluz y después, cuando parecía seguro, me lo devolvió.
—No tengo idea, solo dice mi nombre— respondí encogiéndome de hombros.
— ¿Quieres que lo abra yo Bill? — se adelantó Sakí y yo me reí, aunque sabía que sólo intentaba cuidarme le dije riendo:
—No Sakí, no seas chismoso, abrir correspondencia ajena es delito federal— Tom se carcajeó y yo guarde el sobre en el bolso que llevaba colgado al hombro.
—Dámelo Biiiiiiiill yo lo abro— canturreaba Tom empujándome contra la pared una y otra vez, haciéndome reír.
—No Tom, no me fastidies, ve a fastidiar a Georg o a Gustav— decía yo medio ahogado en risas. Conseguí caminar hasta el ascensor con Tom molestándome sin parar, lo ignoré durante todo el trayecto de subida y cuando llegué a mi habitación le di un empujón y cerré la puerta con seguro.
—Volveré al rato hermanito— cantó Tom y su voz se iba desvaneciendo.
Uff que fastidioso es, pensé dejando el bolso sobre la cama. Abrí la pequeña nevera que había en la habitación y con un red bull en mano, miré la máquina contestadora que estaba sobre el buró, la pantalla estaba parpadeando, así que tenía un mensaje.
Apuesto a que es David, siempre cuidándonos como si fuéramos chiquillos…presioné el botón de la contestadora y sonreí al escuchar la voz apurada de David.
—Hey Bill habla David, mañana regresamos a Alemania así que nos vemos a las ocho en el lobby del hotel, se puntual, tendrán algunas actividades antes de irnos.
¡A las ocho! Ay no, gemí, maldita sea con David, ¿porque tan temprano?, siempre hacia lo mismo. ¿Que se piensa que no estamos cansados?, tendré que hablar seriamente con él.
Estaba tan ocupado quejándome mentalmente que casi me olvidé del sobre que habían dejado para mí… ¿De quién será? Pensé sacándolo del bolso…el papel era caro y elegante, me encogí de hombros y me senté en la cama antes de abrirlo, adentro había una simple hoja de papel blanca y pulcramente doblada, la saqué y mi corazón latió desacompasado cuando vi la inminente figura del caballo de Ferrari estampada en la orilla superior izquierda, el mensaje era de Dominique y había escrito unas líneas con su pequeña, amontonada y elegante letra:
<<Querido Bill:>>
Discúlpame por lo que pasó hace un rato, sé que eres sincero y bueno y quiero que sepas que yo creo en ti, lo siento mucho si te asusté, pero tu maquillista es en realidad muy mala… bueno de igual forma ya no importa, quizá exageré.
¿Sabes?, me divertí un montón contigo hoy, como hace mucho no me divertía, es más como nunca me había divertido antes, muchas, muchas gracias.
Mira, lamento que tenga que irme sin despedirme de ti como me gustaría, pero en verdad creo que es mejor así…
Por cierto, tu música es totalmente grandiosa, pero no más que tu voz. Espero que algún día pueda poder volver a verte… recibe un gran beso. Te quiero.
Posdata. Andy te manda sus recuerdos.
Con cariño, Dominique.
Doble la carta luego de leerla tres veces y sonriendo me dejé caer sobre la cama con los brazos extendidos, el alivio me invadió. Ella no pensaba mal de mí, sino todo lo contrario, había tenido una noche agradable a mi lado y…me quería. Me sentí casi eufórico… casi.
Después del fugaz momento de alegría comencé a sentirme ansioso y bastante decaído, era obvio que ella ya no estaba en el hotel y no sabía si volvería a verla y cuando. Mi estómago se revolvió y sentí un espasmo de náuseas.
Maldición ¿porque tiene que ser así…? aun no entendía muy bien por qué, pero sabía que no era algo prudente buscarla, había en todo su entorno una secreta advertencia de peligro, pero la ignoré, tenía que volver a verla, iba a volver a verla, pero… ¿en dónde iba a encontrarla?
Maldije al mundo y rodé sobre la cama enterrando mi rostro en la almohada, tenía que encontrar una forma de verla, estaba frustrado y un cúmulo de emociones luchaba en mi interior. Hubiera podido ponerme a llorar en ese momento, pero tres discretos golpes en mi puerta me sacaron de mi ensoñación.
— ¿Quién? — pregunté con la voz más aguda de lo normal, me aclaré la garganta.
—Tu persona favorita en todo el jodido planeta —respondió la voz. Uff genial, bufé.
Me levanté y abrí la puerta para encontrarme con la familiar cara de mi hermano quien me sonreía socarronamente. Volví a dirigirme a la cama y el entró cerrando la puerta.
—Que hay Bill, ¿ya leíste tu cartita de amor? — preguntó mientras se inclinaba sobre la mini nevera y sacaba una botella con agua.
—Que bobo eres Tom, solo porque a ti nadie te manda cartas de amor— le dije, para molestarlo.
—¿Si era de amor? Ja ja ja, es de la chiquilla Ferrari ¿no? se nota que se muere por ti, Billy.
—Cállate, no seas tan animal… oh espera ¿enserio crees que le gusto? — pregunte arrodillándome sobre la cama igual a una quinceañera enamorada.
—Enserio Bill, ¿estas tan ciego? — bufó con los ojos en blanco y se sentó al borde de mi cama tomando de su botella de agua.
—Es que ella es tan extraña— murmuré —toda mi seguridad me abandona cuando la veo… es patético— me lamenté.
—No es patético, es amor Bill— dijo de lo más tranquilo, yo me atraganté con mi propia saliva.
— ¿¡Que es lo que dices!? ¿Amor? No, no, no… ¿o sí? — la cabeza me daba vueltas.
—Veamos entonces si es o no es amor. Te comportas como un estúpido cuando estas con ella, un verdadero estúpido. Si no estas con ella te comportas peor, sientes celos hasta de Georg que solo vive para amar su propio cabello y casi matas a Alexandra porque hirió sus sentimientos… ¿no es eso amor?
Lo pensé, Tom podría ser mujeriego, podría parecer insensible y tener facha de rapero sin corazón, pero no era así, esa era su máscara porque en el fondo era perspicaz, observador y objetivo y esta vez tenía toda la razón.
Hice una prueba, traté de pensar en otras cosas, en mi hogar, en mis amigos o en mi libertad, pero todo parecía un poco monótono, sin brillo ni emoción, parecía algo aburrido y entonces pensé en ella, en su sonrisa, en el brillo inocente de sus ojos y en sus juguetones rizos.
Mi respiración ya estaba acelerada… y solo era un pensamiento.
Tenía razón, Tom tenía toda la razón, yo estaba enamorado…
—No te ofendas Bill, pero… ¿qué es lo que le ves? —Tom me sacó de mi alucine, en el acto volteé a verlo entrecerrando los ojos con furia, pero en sus ojos no había burla, solo era sincera curiosidad, pero aun así, su duda me ofendía. ¿Es que él no era capaz de ver la suave perfección que emanaba de cada uno de los poros de ella? Por lo visto no.
—Todo Tom, ella es… es diferente a todo lo que he conocido…
—Pero es tan diminuta y delgada y pálida… parece un elfo, además… bueno…es… — calló incomodo y colorado.
— ¿Qué? — le exigí saber —anda habla.
—Joder es que no tiene ni curvas— dijo como si eso fuera la gran puta cosa.
— ¿Qué? — Le dije atragantándome de nuevo —¡¿tú la estuviste mirando?!— le grité furioso.
—Cálmate, es normal que la mire… además ahí esta lo que te decía, ya estas muriéndote de celos de mí que soy tu hermano y no tengo el mínimo interés en tu elfo.
Me sosegué.
—Debí imaginar que tu pervertida mente la evaluaría como a un caballo de carreras ¿pero sabes qué? Eso es lo que más me gusta de ella — bisbiseé, cruzándome de brazos—, porque me tiene cautivado por su personalidad y no por las bolas de carne que haya en su cuerpo.
—Eres tan raro como ella hermanito… serán la pareja perfecta de elfos amantes de Bowie, deberían recrear la escena del baile de laberinto
—Eres un jodido ignorante Tommy. En laberinto, el rey Jareth es un goblin, no un elfo, tarado.
—Me da igual— se mofó, pero yo ya no le prestaba atención. La palabra pareja, ser la pareja de ella, me había vuelto a dejar en las nubes.
—Hey, tierra llamando a Bill— Tom me pasó la mano por la cara.
— ¿Qué quieres? — Lo miré ceñudo.
—Déjame dormir aquí— suplicó haciendo un puchero adorable y pícaro, uno de mis preferidos, mientras se me colgaba del brazo como un koala. Me fui de bruces a la cama.
— ¿Qué, esta noche no tienes a nadie con quien revolcarte? — le pregunté burlándome y dándole un empujón.
—No quiero— hizo un mohín —Alexandra está esperándome, pero sé que tu estas molesto con ella, eso sería alta traición y por eso prefiero hacerte compañía a ti, aunque no vaya a follarte.
Este era uno de esos detalles que hacían a Tom tan especial, que me hacía adorarlo como a nadie. Le sonreí.
—Claro que puedes pasar la noche aquí Tommy, pero como me patees igual a la última vez, te haré llorar— le amenacé jugando y él se llevó la mano al corazón y con expresión seria prometió:
—Trataré, pero no prometo nada— y ambos estallamos ambos a carcajadas.
Continúa.