«458 Italia» Fic de Shugaresugaru
Capítulo 14: La búsqueda
By Bill
— ¡Ya basta Bill! — el puño de Tom golpeó la mesa haciéndome pegar un bote, la revista que sostenía en las manos salió volando.
— ¿Qué demo… que te pasa imbécil? — lo miré confundido.
—Que ya me cansé— me respondió mirándome ceñudo.
Me levanté a recoger la revista que había lanzado al aire, me había interrumpido mientras leía un artículo sobre nosotros cuatro, pero sin prestar la atención suficiente, decía algo sobre que a la banda Tokio Hotel ya no les iban los Audi.
—Has estado como sonámbulo durante mucho tiempo, eso es lo que pasa— dijo Tom con furia.
— ¿Perdona? — ahora estaba más que confundido, volví a instalarme en mi asiento —No sé a qué te refieres— pero si lo sabía.
—Ha pasado más de un mes desde que regresamos de Italia, ¿crees que no me doy cuenta? ¿Qué no he notado como con el pasar de los días te vuelves más y más apagado?
Las palabras de Tom me dolieron y me dejaron sorprendido porque tenía razón, aunque no quería admitirlo me encontraba abatido y sin ganas de nada, mi pecho comenzó a punzar.
Estábamos trabajando en nuestro nuevo material discográfico, teníamos pensado lanzarlo en un año y solo teníamos hechas dos canciones escritas por mí. Y no eran precisamente románticas sino todo lo contrario.
Suspire.
—Yo… lo siento.
—No quiero que te disculpes Bill, solo quiero de vuelta a mi hermano— habló mirándome con los ojos cargados de dolor. Desvié la mirada mientras un nudo comenzaba a formarse en mi garganta.
—Aquí lo tienes— murmuré mirando hacia la sala de grabación donde estaban Georg y Gustav discutiendo con los ojos fijos sobre unas partituras. Llevábamos dos horas en el estudio y nos quedaban un montón más, como todos los días.
—Sabes que no es lo que quiero decir, estás sin vida Bill y estoy completamente seguro de que es por esa muchacha italiana.
—Te equivocas— mentí.
Pero no se equivocaba, Tom tenía toda la razón… Otra vez.
Después de aquel primer día, después de descubrir los autos y en mi caso el colgante, pensé que habría alguna llamada o alguna señal por mínima que fuera. Pero no hubo nada, ni siquiera un intento de comunicación. Nuestra madre nos dijo al día siguiente de nuestra llegada, que un chico alto y apuesto, de ojos azules y largo cabello dorado fue el que llevó los autos.
Inmediatamente supe que se trataba de Andy, él había estado en mi casa, él fue quien había subido a mi habitación y dejó la pequeña caja que contenía el dije de diamantes, ya que mi madre comentó que entre el alboroto de descargar y acomodar los autos, había perdido de vista a Andy por unos momentos.
—No hermanito, no me equivoco — Tom se levantó, se acercó a mi asiento y me miro directamente a los ojos — puedes contarle toda esta basura a mamá, a los G’s o a David, pero a mí no me engañas porque te conozco, ¿somos gemelos recuerdas? Y déjame que te diga algo, porque por lo que veo tú no sabes nada de chicas —lo miré irritado — a ellas les gusta ser buscadas, ¿entiendes? Si estas esperando que ella te hable, entonces puedes esperar sentadito y cruzado de brazos porque te aseguro que no lo hará.
— ¿Y entonces porque hizo lo que hizo? — Me lamenté patéticamente —tienes razón yo esperaba, espero tener alguna noticia de ella, alguna señal… y aun no veo nada.
Tom alzo una ceja y me miro como si estuviese loco.
—Ay Bill, puedes ser tan tonto a veces… ¿¡porque va a ser!? Si hay señales hermanito, pensé que te darías cuenta por ti mismo sin que yo tuviese que intervenir, lo que ella quiere es que tú la busques.
— ¿Cuáles señales? ¿Cómo puedes estar tan seguro? — lo mire frunciendo el ceño.
Flash Back
—Hey Bill, gracias por decirme que te compraste un collar de diamantes…— dijo la familiar voz de mi hermano haciéndome pegar un salto.
Había terminado de bañarme y entré en mi habitación a toda prisa, con una toalla atada a la cintura, llevaba el pecho desnudo y el dije de Dom balanceándose en mi cuello. Jamás me lo quitaba, y al ser de oro con diamantes el agua no le afectaba en nada. Me había cuidado muy bien de que nadie lo viera, pero Tom se había metido en mi habitación ese día y yo no me había dado cuenta.
—Yo… ejem… pues… ¿Qué haces aquí? —estaba balbuceando como un idiota frente a mi hermano, así que probé salirme por la tangente. No funcionó
—Estoy buscando una bandola negra, ¿no la viste? Oh y tu collar, es un caballo de Ferrari, vaya que tienes una puñetera obsesión, te debe haber costado una fortuna hermanito.
Mierda, estaba entre la espada y la pared y ante aquel comentario sarcástico decidí que decirle la verdad a Tom sería lo mejor, lo que menos necesitaba ahora era un lío fraternal.
—Mira, escucha— le dije dejándome caer en mi cama de espaldas — yo no compré este colgante… lo encontré.
—Si claro— dijo Tom más sarcástico aún.
—Ok palabra equivocada, me lo enviaron.
— ¿La niña italiana?
—La misma— joder, sí que era listo.
— ¿Por qué?
—Eso quisiera saber yo, verás, cuando estuvimos en el concierto… ella me lo mostró, era de su madre y al fallecer se lo dejó a Dominique como protección y compañía, una especie de amuleto— había resumido mucho la historia y fue lo mejor ya que cuando levanté la vista, Tom había palidecido y salió de mi habitación sin decir palabra. Me volví a dejar caer sobre la cama con un suspiro.
Fin Flash Back
—Simple y sencillamente por esto— comentó, tomando el pequeño dije de diamantes que descansaba en mi pecho. Lo miré en blanco.
— ¿El… dije?
—Si, si el dije, a ver Bill, piensa con el cerebro que sé que tienes por ahí metido en tu cabezota, ¿Por qué ella te enviaría un objeto de semejante valor sentimental? Es porque obviamente busca que se lo devuelvas, esa es tu señal.
Parpadeé un momento mientras la verdad iba penetrando en mi cerebro. Claro, pero claro ¿cómo no me di cuenta antes? Hasta Tom había sido capaz de verlo, el collar de Dom era seguramente lo más valioso que ella tenía y me lo había enviado, pero no como un regalo, sino para que fuera en persona a devolvérselo.
Me levanté de un salto.
—Tienes razón Tom, tengo que ir a devolvérselo.
—Exacto, parece que al fin comienzas a razonar— coincidió con una sonrisa.
Tomé mi bolso que descansaba sobre la consola de efectos y corrí hacia afuera con Tom pisándome los talones, llegué al estacionamiento y Tom me detuvo tomándome del brazo.
—Espera Bill…antes prométeme que tendrás cuidado, por favor— pidió preocupado.
—Espera… ¿no vendrás? — pregunté repentinamente ansioso.
—No Bill, esto es algo que tienes que hacer tu solo, y sé que lo harás bien sólo… ¿ten cuidado sí?
Lo miré sonriendo con cariño ante su expresión preocupada.
—No te preocupes Tom, estaré bien y te llamaré en cuanto todo este arreglado.
—Está bien, me agradaría tomar unas vacaciones en Italia ahora que tenemos unos meses de libertad.
Le sonreí y me metí en mi auto de un salto.
—Agradécele a tu chica por los autos y no te preocupes por nuestros padres, yo les explicaré todo.
—Gracias Tom— le dije mirándolo a los ojos con intensidad. Me regresó una mirada igual de intensa y se inclinó metiendo medio cuerpo en mi auto para abrazarme con fuerza.
—Te quiero Bill.
—Te quiero Tom— besé su mejilla y él la mía, se alejó de mi coche con una sonrisa y yo me alejé del estudio a toda velocidad sintiéndome extrañamente triste. Era la primera vez que salía fuera sin mi hermano, y quizá, si consideraba a donde iba a meterme, no volvería a verlo.
Tal vez esto era parte de madurar y seguir nuestro propio camino, nuestros sueños e ilusiones, pero yo me sentía un poco triste, presentía que no volvería a estar en mi ciudad en un largo tiempo.
***
Llegué a mi casa en un tiempo récord, como ahora todo lo hacía en mi sexy Ferrari negro, mi vida iba mucho más deprisa, era muy útil para llegar a tiempo y para escapar de la prensa y los paparazis fastidiosos.
La casa estaba completamente vacía, con mis padres trabajando y Tom en el estudio.
Me precipité a mi habitación y comencé a llenar una maleta con algunos cambios de ropa y accesorios, no podía llevar muchas cosas porque el interior del auto era reducido, compraría lo que fuera necesitando.
Cuando mi maleta estuvo lista sobre mi cama se me ocurrió que no tenía ni idea de dónde buscarla y ese era un grave problema, ¿por dónde comenzar?
Maldije y me senté en mi escritorio, no tenía ni la menor idea de dónde empezar o a dónde dirigirme, sabía que ella se encontraba en algún lugar de Italia, pero… ¿En cuál precisamente? Encendí mi computadora portátil, mientras cargaba me dejé caer de espaldas sobre mi silla y cerré los ojos mientras pensaba en ella intensamente, y entonces, como si después de un día nublado sale el sol todo se aclaró y tuve una revelación. Recordé el día en el que encontré a su pequeño cachorro al lado de la piscina del hotel, la placa de identificación decía Maranello, Italia así que tecleé esas palabras en mi buscador. Lo primero que apareció, para mi suerte fue una página sobre cómo llegar a la fábrica de Ferrari.
¡Bingo!
Imprimí la imagen de un pequeño mapa de la ruta hacia la planta de los súper deportivos y lo guardé en mi maleta, revisé por última vez mi habitación y tras un suspiro salí de mi casa y treinta minutos después ya estaba tomando la autopista que me llevaría directo a Italia.
Continúa.