«458 Italia» Fic de Shugaresugaru
Capítulo 3: Los gritos de Bill
By Bill
— ¡Fue uno de los mejores conciertos que recuerdo! —Tom está completamente emocionado, ya estamos en camino de regreso al hotel en la camioneta, Gustav y Tom van despatarrados en los asientos del medio mientras que Geo y yo en los del fondo, sonrío con los ojos cerrados, Tom tiene razón.
—Fue fabuloso —agrega Georg casi saltando del gusto. —Te luciste al final Bill — y me da un ligero empujón, abro los ojos y me rio.
—Me costó seguirte el ritmo — dice Gustav quien sonríe también, Tom me mira
— ¿Qué te pasa, porque estas tan callado? — su voz destila preocupación. En otra situación, yo estaría berreando con ellos a coro el éxito del concierto, pero estoy apático.
—Solo estoy cansado — miento y volteo a ver por la ventana para después cerrar los ojos. Tom y los demás optan por dejarme descansar y siguen comentando alegremente entre ellos.
¿Qué me está pasando? todo el concierto iba de las mil maravillas, pero al cerrar con la canción de Monsoon no pude dejar de pensar en ella…era jodidamente extraño, y cuando abrí los ojos nuestros fans casi se dejaban la garganta en chillidos de la emoción…
Me revuelvo inquieto, es patético, un solo encuentro en el que ella ni siquiera me había dirigido más que un par de miradas y en el que mi hermano y yo habíamos estado a punto de morir y ya me tiene deseando verla de nuevo, su apariencia casi etérea me nubla los pensamientos, sé que verla de nuevo es casi un suicidio, pero, ¿cómo la encontraré?, y de hacerlo, ¿cómo le hablare? Y, además, ¿Por qué me importa? Total, a mí que más me da quien es ella, joder. Los comederos de cabeza me duran hasta llegar al hotel.
—Llegamos — anuncia el chofer deteniendo la camioneta a las puertas del hotel. Tom y los demás bajan como una manada de animales salvajes, empujándose entre sí y muertos de risa, los dejo ir mientras recojo mis cosas del asiento y me bajo agradeciéndole al chofer, este inclina la cabeza.
—Buenas noches — se despide en un perfecto alemán, pero con un acento totalmente italiano, sube a la camioneta y se retira, perdiéndose en la bruma de la noche.
Camino lentamente hacia el ascensor, Dios estoy tan cansado que llego a mi habitación y no me molesto en quitarme la ropa, accesorios o maquillaje, me dejo caer en la cama y me quedo profundamente dormido, agradecido de tener un sueño libre sin ninguna pesadilla.
—Tom, ¡Tom despierta coño! — grito y golpeo la puerta de mi hermano, mandándolo mentalmente al infierno sin boleto de regreso.
Ya pasa del medio día y tanto él como Geo y Gus siguen encerrados en sus habitaciones.
— ¿Qué demonios hicieron ayer? — vuelvo a golpear la puerta, no hay respuesta, pero no voy a desistir.
—TOOM— aporreo la puerta con las dos manos, y tanto escándalo atrae a una mucama hacia a mí. La mujer sonríe divertida.
— ¿Necesitas ayuda? — pregunta agitando ante mis ojos una pequeña tarjeta de plástico con el logo del hotel.
—Oh, si por favor, es la habitación de mi hermano y me urge despertarlo— le suplico.
—Se supone que está prohibido, pero te abro porque estas asustando a los demás huéspedes — ríe y yo me ruborizo por mi arrebato al ver que muchas personas tienen los ojos clavados en mí, paso la tarjeta por el lector cerradura y la puerta se abre con un clic.
Le agradezco a la mujer y entro cerrando algo fuerte…
<< ¿Ugg que es ese olor? >> miro alrededor y me encuentro con muchas latas de cerveza sobre la mesa.
Magnífico, mi hermanito se embriagó y no tuvo la delicadeza de invitarme.
—¡Tom! — grito con todas mis fuerzas pulmonares, aún más por el coraje y le muevo la cama con el pie.
—mmññBill mñque ññnnquieres — responde con la cabeza enterrada en su almohada. Es una barbaridad.
—¡¡Que te despiertes!! — le grito de nuevo, por la resaca que tendría, mi grito lo despertaría.
Sonrío con suficiencia al verlo sentarse en la cama y fulminarme con la mirada.
—¿Bill que rayos haces aquí, como entraste? — me mira sospechando mientras se cubre el pecho como si fuera una señorita.
—Eso no te importa — le chillo — son casi las dos de la tarde, el hotel esta tan lleno que parece un maldito mercado y David nos está esperando en el restaurante. Además ¿porque no me invitaste ayer si ibas a ponerte tan pedo?
—Fui a buscarte, pero estabas durmiendo y babeando como una jodida marmota, no te despertaste, aunque te grité tres veces al oído y te metí una patada en el culo — se levanta y se estira como lagarto. Le dirijo una mirada de basilisco, adornada con un bochorno, ¿en verdad me había dormido tan profundamente?
Me siento en el sofá al lado de la cama.
—Rápido Tommy, vístete que tenemos que ir por los G’s y ver a David abajo— mi hermano puso cara de fastidio, me mostró el dedo medio y se metió al baño, cerrando de un sonoro portazo. Bah, que le den.
Después de lo que me pareció una eternidad en la que sacamos a Gus a rastras de la cama y amenazamos a Georg con esconderle su amado acondicionador, al fin estamos los cuatro en la terraza del restaurant con David, Tom y los G’s beben café negro y llevan lentes oscuros para protegerse del sol, seguramente el dolor de cabeza estará matándolos, me burlé malignamente con el rostro metido en mi taza de café.
—Bien chicos — habló David al fin — no quiero que se ofendan, pero para el evento de hoy… — hizo una mueca y calló, estaba incómodo, tomé de mi café dándole tiempo ya que al parecer mi hermanito y los otros dos no se enteraban de nada, podría jurar que dormían detrás de las gafas.
—Ya David ve al grano — Gus habló, anda, al parecer si estaba poniendo atención.
—Bueno lo que intento decir es que no deben ir tan fachudos, sobre todo tú Tom — lo miró y Tom le sonrió.
—Que David, ¿quieres que me ponga un jodido traje?
—No estaría nada mal — David se cruza de brazos y yo sonrío, será todo un espectáculo ver a Tom trajeado.
—Ni hablar, no me pondré un estúpido traje de pingüino, probaré con otra cosa, pero traje no— dicho esto se levanta y se va, casi sacando humo.
—Bill, asegúrate que este presentable por favor — David suplica con las palabras y los ojos — y lo mismo va para ustedes chicos— señala a Gus y a Geo con el dedo y se levanta también — y Bill, trata de no usar mucho metal en tu ropa, nos vemos a las nueve en punto en el salón Acanto, es en el segundo piso — sonríe y se retira.
—Cómo se atreve — murmura indignado Georg, —nosotros siempre estamos presentables— Gus no deja de refunfuñar.
— Calma, vamos a ver a un montón de copetudos con el culo apretado, hasta nos podríamos divertir — les guiño un ojo sonriendo travieso y me levanto con el vaso de café en la mano —nos vemos más tarde chicos, alguien tiene que ir a vestir a Tom— ambos se ríen a carcajadas y me alejo en dirección al quinto piso.
Continúa.