«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 35: Detalles

By Bill

A la mañana siguiente, fue casi imposible distinguir la realidad de la fantasía. Desperté con el alba y el clima era fresco, sin llegar del todo a ser frío. Al salir de la habitación luego de ducharme y cambiarme, descubrí que ya había una gran actividad por toda la casa.

El alma se me fue a los pies cuando al subir el corto tramo de escaleras que me llevaba a la habitación de Dom, Lucy, la muchacha encargada de las habitaciones me detuvo, indicándome que el médico estaba buscándome.

—Debe ser un error, seguro que viene a ver a Dom — respondí de forma tajante.

—Preguntó por ti y te espera en el salón—murmuró, agitando las pestañas para después alejarse meneando las caderas sugerentemente, haciéndome alzar una ceja por el desconcierto. Pobre tía…

De modo que bajé al salón, aquel enorme lugar donde esperanza me había dado unas cuantas puntadas en el hombro algún tiempo atrás. El lugar estaba impecable y ventilado.

Y ahí estaba el tipo de pie, perfumado, y limpio, muy erguido y mirando los cuadros. Se volvió en cuanto escuchó mis pasos sobre el piso de madera pulida.

—Ah, Bill. Buenos días. Te estaba esperando — sonrió, pero ni eso pudo cincelar alguna emoción en mi rostro pétreo.

—Que tal…— me detuve a varios metros de distancia, un poco mosqueado ¿Qué diantres quería conmigo? ¿otro autógrafo? A la mierda con el — creo que se confundió de persona.

—Ninguna confusión, he venido a verte a ti.

—Pero yo no lo he requerido— argumenté, desconfiado, cruzándome de brazos.

—Lo sé, pero me preocupó un poco el golpe de tu cabeza…— ja, esa ni su madre se la creía. El tío traía segundas intenciones, apostaría mis dos pelotas a eso.

—Y no es el único golpe que tengo, pero ya me siento bien — y era verdad, luego de las inyecciones tan dolorosas que Andy me había metido en la vena, apenas si recordaba aquellos macanazos. Lo miré enarcando una ceja, nada dispuesto a que ese tío se me acercara.

—Da igual — joder que era necio — me quedaré más tranquilo luego de echarle un vistazo. Alguien como tú con estas pintas… imagina que, no sé, tu manager, tu representante, tu hermano… supieran que no fuiste atendido como mereces. Sé que eres bastante famoso y que andas con guardaespaldas todo el tiempo y con un ejército de empleados que uff…

Si, uff, en mi ambiente, yo era tratado con sumo respeto, el respeto que daba la fama, claro pero aquí eso apenas si lo recordaba.

Suspiré audiblemente, con molestia, y me senté en el sofá que tenía más próximo. El tío ese recorrió sus manos frías por mi cuero cabelludo, donde la estúpida herida esa ya había casi cicatrizado del todo.

—En efecto, luce mucho mejor, pero debes tener más cuidado, estos golpes pueden ser peligrosos.

—Lo tendré en cuenta ¿le debo algo? — respondí, levantándome y sacudiendo un poco la cabeza. Mas le valía no haber estropeado mi melena.

—Ayer mi hija fue muy feliz con tu autógrafo, me preguntaba si podría hacerte una fotografía para llevársela.

Así que eso era lo que movía al médico. Mi rostro se quedó sin expresión. ¿Una foto? Mi hermano y yo nos cuidábamos mucho de las fotos. No podíamos hacer nada con las de los paparazzis, pero eran tomadas desde lejos y no solían afectarnos demasiado. Las de los eventos eran pagadas, y todas las demás también, cobrábamos una pasta por cada photoshot. Que apreciar nuestra belleza tenía su costo. Éramos celosos de nuestra privacidad, casi hasta un poco paranoicos y un poco arrogantes también. ¿Podría darle una foto al médico? Nadie me aseguraba que esa foto mía luciendo todo golpeado luego no andaría rodando por toda la web con declaraciones totalmente locas o algo por el estilo.

—Eso no se puede de ninguna manera— Andy entró en ese momento, encarando al médico, haciéndome casi saltar. Hizo sonar sus dedos y Giovanni, el otro guardia, se puso medio delante de mí. Por un momento recordé a Saki — creo recordar decirle que nadie puede saber que está el aquí.

—Pero es solo para Giuliana— pidió el medico rarito. Por mi lo haría, pero Andy estaba negando enérgicamente.

—De ninguna manera, es como si el no estuviera aquí, y por favor Dr. Bianchini, absténgase de traer a su hija. No quiero verme en la necesitar de hacerlos echar. No es nada personal, pero no quiero que la villa este llena de gente que quiera ver a Bill a como dé lugar. Esto no es un zoológico. Si se sabe, quien sabe que pueda pasar, él debe seguir de incógnito y usted no puede perder los beneficios que tiene al prestar sus servicios aquí.

No dije nada, pero la cara del médico me dio algo de lastima. Me froté una ceja, conflictuado, pensando. Giovanni respiraba como un gorila delante de mí y me exasperaba.

—Quita, Giovanni joder — medio lo empujé, mirando ahora al médico — no puedo darle una foto ahora, pero puedo darle un pase vip para su hija en el próximo concierto de mi banda, para que conviva un poco con todos nosotros. La primera fecha será en Italia.

—Bueno… Está bien. Gracias Bill.

Y con esa promesa, el medico se retiró, dejándome con un palmo de narices.

[…]

—¿Entonces tu no llamaste a ese medico de pacotilla?

—Ya te dije que no en tres idiomas ¿Qué más quieres? Joder contigo, me tienes hasta las narices, te lo juro.

—Pues te jodes mocoso, si quieres estar aquí, te aguantas.

—Uy no, habló el fósil — solté con todo el cinismo del que fui capaz.

Después de que el medico se había ido, Andy me impidió ir con Dom, argumentando que ella estaría probablemente ocupada así que le concedí un rato y, además, porque tuvo la inusitada elegancia de invitarme a desayunar. Y ahora estábamos sentados en torno a una elegante mesa de jardín un poco más grande de la que Dom tenía en su terraza, y con vista a la piscina.

Discutíamos como siempre, tomando un sencillo almuerzo a base de huevos revueltos, pan francés, zumo de pomelo, fruta y café.

—Ya déjate de chorradas Bill, parece que no comprendes lo que pasa aquí — murmuró en voz baja y exasperada, haciéndome poner cara de idiota — al médico lo puedo controlar con un solo dedo, pero si alguien llega a saber que estas aquí, tendremos problemas, sé que amas estar llamando la atención, pero no puedes andar de presuntuoso por aquí, saldrá en las noticias y si Piero se entera…

—Lo sé, sé que es peligroso, de cualquier forma, no iba a darle nada al médico… — reconocí, sintiéndome derrotado.

—Si bueno — Andy alejó su plato semi vacío y curvó las manos en torno a su taza blanca llena de café que humeaba, antes de lanzarme una mirada artera — ahora, hablando de Piero…

Ugg ese era un tema que yo no quería ni pensar.

—¿Cuántos días quedan? — cuestioné, sin querer conocer la respuesta. Me sentía muy desdichado, casi como un criminal que sabe el día de su ejecución y cuenta las horas para ello.

—Cuatro — Andy lo entendió a la perfección — y yo insisto en que no debes estar aquí cuando llegue, ni por Piero, ni por Gioaccino. Puedo ayudarte a salir de aquí y nadie se daría ni cuenta…

—A ese cerdo de Gioaccino lo quiero ver muerto— gruñí, sintiendo que mis tripas se envolvían en un nudo que amenazaba con hacerme expulsar lo poco que había comido — y no insistas con querer echarme, no lo vas a lograr.

—Eres necio como un asno— se quejó mi contraparte, poniendo los ojos en blanco mientras se dejaba caer sobre el respaldo de su silla de un modo un poco dramático. No entiendes el peligro en el que estarás, joder.

—Ese tal Gioaccino me la sopla — desdeñé.

—Él y yo tuvimos una gran pelea — confesó, dirigiéndome una mirada recelosa y yo apenas pude disimular los nervios que empecé a sentir — aquella vez en que huiste, como un cobarde— gruñó. Uy mierda. Se había sulfurado y su mirada se volvió filosa como una daga, pero tras un segundo cerró los ojos y dejó escapar una gran cantidad de aire por la boca. Cuando volvió a mirarme, parecía haberse apagado de sus ojos aquella flama de rabia que me asustó.

—¿Y qué sucedió? — cuestioné, luego de tragarme el enorme nudo que se me formó en la garganta. Me concentré en mi taza llena de café.

—Todo era un caos Bill, un puto caos… te habías marchado, pude seguirte, estuve a punto de hacerlo para matarte, pero supe que algo iba mal con Dom por la expresión de demente que tenías, y en efecto, cuando llegué a su alcoba no la encontré por ningún lado.

Un escalofrió de terror me recorrió la espalda en cuanto escuché aquello, y permanecí sabiamente callado.

—Su habitación era un desastre y había rastros de sangre fresca en varios lugares. Las sabanas habían sido arrancadas de la cama, y las figuras de cristal búlgaro que ella amaba estaban destrozadas en trozos inservibles por todo el lugar. Puedes imaginar como sentí. No la encontraba, joder, hasta que a lo lejos, la vi meterse en el mar, y no salió en todo el tiempo que tardé en correr hasta la orilla — Andy miraba a lo lejos al hablar, tenía las cejas casi juntas y el dolor se filtraba en su voz con tanta claridad que casi era posible tocar sus bordes afilados y yo me había puesto verde de puro mareo — la saqué a rastras del mar, y cuando ella escupió el agua que se había tragado y vi la herida de su frente, quise seguirte y arrancarte la piel de los huesos de forma muy lenta y dolorosa — coño, y me lo hubiera merecido completamente. Me quede con la garganta seca.

—Pero no podía dejarla sola — siguió, mirando ahora sus manos, y en su rostro se reflejó la confusión, parecía indeciso sobre que decir a continuación — regresamos a la villa. Gioaccino vio el estado de ella y se puso como loco. Me increpó en el acto, adivinando que tu presencia en la villa era gracias a mí.

De las palabras nos fuimos a los golpes. Yo sabía que era culpa mía lo que había sucedido, por haber confiado tan estúpidamente en ti, de modo que no me defendí, dejé que me atizara con todas sus fuerzas, amenazándome con matarme, pudo haberlo hecho. Logró romperme un par de costillas y dejarme con el rostro magullado y herido, pero entonces vi a Dominique al pie de la escalera, se debatía sin fuerzas en los brazos de Giovanni, que la sujetaba y mi madre trataba de hacer que se calmara. Pero fue inútil. Tú la habías dañado y abandonado, y de algún modo yo también le había fallado. Y ella lloraba de pánico por mí, porque estaba a punto de morir… y eso gatilló algo en mí, me hizo arder de furia, Bill. Así que entonces le devolví los golpes a Gioaccino con toda la ira que sentía en ese momento, por ti, por mí, por ella. No iba a dejarme humillar frente a Dom, frente a mi madre y mis compañeros de trabajo. Pero Gioaccino estaba enloquecido, y cuando sacó su navaja yo saqué la pistola. Estuvimos a punto de matarnos. Y para mi eterna vergüenza, Dominique presenció todo.

Cerré los ojos al oírlo, pensando en los horrores que mi duende había sufrido por mi culpa y de nueva cuenta, sentí deseos de morir, verdaderos deseos de morir. Me quedé inmóvil y aterrorizado. ¿a cuantas personas había dañado mi estupidez? La lista era larga.

—Así que… — Andy bajó la vista, y una chispa de astucia relució en sus ojos claros — cuando me dijo que me largara, le dije que no, que nadie iba a echarme de aquí. Yo sabía que una sola llamada de él a Piero significaría mi muerte, pero yo tenía un as bajo la manga — entonces me lanzó una mirada de siniestra astucia — le dije que sabía aquello que viste tu esa noche en el hotel, cuando nos conocimos…

La comprensión brilló en mi rostro. Aquello que me hizo morir de rabia. Lo recordé. Vi a ese cerdo asqueroso tocar de forma indebida a Dom, y a ella llorar y estremecerse de miedo y coraje.

—No se lo esperaba para nada. Mis palabras lo detuvieron peor que si le hubiera dado un puñetazo en toda la cara, y cuando Dom preguntó cómo es que yo sabía eso, el quedó aún más al descubierto. En ese momento él se largó y Piero nunca se enteró de nada… —Andy parecía muy avergonzado, miraba sus manos y suspiraba cada pocos segundos — y si te cuento todo esto Bill, es para que estés consciente de los alcances de Gioaccino y te pires de una vez. Debes irte antes de que llegue, porque te podría asesinar y nada podré hacer para impedirlo.

Pero Andy estaba equivocado, ahora menos que nunca me iría. No sabía cómo aun, pero ese infeliz tendría que pagar lo que había hecho, y dedicaría mi vida para que Dom olvidase aquellos horrores que vivió por culpa mía, aun si ella no quería ya nada conmigo.

—No deberías preocuparte tanto por mí, creía que tu más grande deseo era verme muerto — añadí, extrañado ante las palabras de Andy. Después de lo que me había contado, hasta yo mismo me odiaba.

Andy ahogó una carcajada irónica e incrédula.

—Si no me preocupa tu seguridad, idiota — espetó — claro que mereces morir, pero para tu fortuna y nuestra desgracia, no eres como cualquier otro estúpido mocoso mimado que pulula por ahí. Si algo te pasa, tu gilipollas hermano hará que la Interpol, el FBI, la swat y hasta tu propia madre caiga aquí y se haría tal show mediático que entonces todos tendríamos que volarnos los sesos. ¿Ahora lo cachas?

Cojones, el rubio pollo tenía razón. Tom ya había amenazado con alertar a la Interpol si es que no me comunicaba con él, de modo que el escenario que pintaba Andy no me parecía para nada disparatado.

—Tendré cuidado— resoplé, de malas. Nuestro desayuno quedó casi intacto, el hambre se nos había esfumado.

Pensé en Dom y en lo que tuvo que ver y padecer, todo por mi estúpida ingenuidad y mis rápidos juicios. Me pregunté cómo es que pude desconfiar tan jodidamente rápido de ella, y creerle ciegamente a ese animal rastrero que era Gioaccino, y no encontré respuesta alguna. Estaba tan avergonzado de mí mismo que volver a mirarme naturalmente a un espejo iba a costarme muchísimo tiempo.

Mirando los ojos azules de Andy relucir de agradecimiento a la chica que levantaba los restos de nuestra comida, tuve que darle algo de crédito. Realmente se había contenido muchísimo para no asesinarme, que bien me lo merecía. Y la sensación de que algo grave me ocultaba se acrecentó.

Tras unos minutos, subimos a buscar a Dom. Me sentía bastante inestable después de haberme enterado de más detalles desde mi huida de la villa. No lograba entender cómo es que ella podía ser tan neutral y hasta dulce conmigo después de todas las porquerías que yo le había hecho. Debería largarme como Andy deseaba, y dejarla en paz.

Pero el hecho de verla y de tener la fortuna de poder contemplar la trágica hermosura de sus ojos oscuros contrastando con la pálida suavidad de su piel, me hacían olvidarme un poco de todos los demonios que llevaba a cuestas en la espalda.

Mis ojos escanearon la habitación en cuanto nos abrieron la puerta, pero Dom no estaba dentro de su alcoba, estaba en la terraza, sentada en compañía de Esperanza. Casi floté como un globo de helio cuando mi duende me lanzó una mirada anhelante y el arrebol se instaló en sus mejillas. Estaba preciosa, joder, totalmente preciosa. El color oscuro de su fina blusa de encaje que se adhería a la intensa blancura de su piel me hizo desear cosas que ahora eran totalmente prohibidas, y la forma en que sus ojos resaltaban con apenas un tenue toque de maquillaje, y su sonrisa… No pude evitar suspirar entrecortadamente.

—Hola de nuevo chicos— los ligeros saludos de Esperanza no cesaban de sorprenderme, más aún cuando su propio hijo anhelaba cortarme la cabeza de un solo tajo para darla de cena al perro — Bill, he de reconocer que tenías razón — soltó, y me quede mudo.

—¿Razón en qué? — cuestioné, pensando a toda prisa, pero es que mirando a Dom, apenas si podía recordar respirar.

—En que a Dom le encantó ese desayuno tan vulgar que propusiste— añadió el jodido ese. Sería cabrón. Pero ni la mala leche con la que dijo aquello me afectó. Estaba feliz porque ella había comido al parecer todo, a juzgar por los platos vacíos que estaban en el carro del servicio y por lo radiante que se veía con esos ojos tan brillantes y la piel resplandeciente. Me extrañaba el hecho de que esa comida les pareciera vulgar. Para mí era tan sencillo como delicioso. Ni a Tom ni a Geo ni Gus nos gustaban las complicaciones en cuanto a la comida. Siempre pedíamos almuerzos sencillos y por supuesto que las salchichas nunca podían faltar.

—Ah… ¿de modo que ella es vulgar al gustarle eso? — objeté. A ver qué haces con eso, imbécil. Y sonreí un poco cuando Dom me siguió el rollo, y, muy ofendida, levantó la nariz y le volvió el rostro. Andy estuvo al borde de un infarto.

—Cretino — ladró hacia mí — no es lo que quise decir — pero lo había dicho, vaya que burrada. Sonreí con burla hacia él — argg te odio.

Iba a responderle que el sentimiento era mutuo, pero Esperanza se levantó, claramente exasperada e interrumpiendo un duelo verbal que prometía bastante.

—Bueno ya basta ¿tú que haces aquí Andy? Deberías darle privacidad a Dominique.

Joder, es que en cuanto pudiera le levantaría un altar a Esperanza.

—No sin antes saber qué planes tiene— respondió Andy de mala gana. Los ojos fijos en Dom.

Ella parpadeó un par de veces, adorablemente confusa y me dirigió una mirada un tanto soñadora que me hizo sentir lo suficientemente temerario como para guiñarle un ojo.

—Eh, no sé — dijo al fin, enrojeciendo más — quisiera salir.

Andy puso enseguida mala cara, Esperanza permaneció neutral y a mí se me iluminaron las ideas. Ya sabía a donde iba a llevarla.

—Pues ya está — casi salté, robándole una sonrisa a Dom — ya sé a dónde vamos a ir.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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