«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 40: De gira

4 años

By Bill

Me estremecí cuando la nariz del tour bus se enfiló hacia una desviación en la carretera que anunciaba escuetamente que Milán se encontraba a 2 millas.

Cerré los ojos y no me permití divagar en mis recuerdos, sino al contrario, me esforcé por escuchar la cháchara de mi hermano y los chicos, y tampoco es que fuera algo difícil de seguir, ya que hablaban un sinfín de idioteces que me arrebataron más de una carcajada.

Traté de mantenerme neutral al atravesar las puertas del hotel Chateau Monfort, aquella mole palaciega donde nos habíamos hospedado tantos años atrás. Y aunque mi facha era imperturbable, mi corazón latía rápidamente.

Las suites eran realmente fabulosas, y estaban desocupadas… no como aquella vez.

Vale ya, necesitaba despejarme urgentemente, así que me dediqué a estudiar con atención el lugar. Sabiamente, rechacé la suite que me ofrecieron al principio, ya que fue la misma donde Dom se quedó aquella vez. Tom y yo tomamos la que estaba al extremo opuesto del pasillo y cuando nos quedamos solos, decidí que una ducha me vendría bien. Habíamos estado viajando en el tour bus toda la noche desde Suiza y no era lo mismo el baño del bus que el pedazo de baño de aquel hotel. Apenas eran las diez de la mañana y yo tenía ya un plan en marcha.

—En realidad no sé qué puñetas hacemos aquí Bill— se quejó pesadamente Tom, que caminaba con chulería detrás de mí — creo que ya se te fue la pinza.

—Calla anormal — lo reté casi sin aliento, llegando por fin al parque San Babila… y todo estaba igual, las baldosas calientes y negras del piso, los edificios con sus ventanas espejeadas, y la fuente aun chapoteaba agua cristalina como aquella vez. Pero las cosas habían cambiado. Tom accedió de mala gana a dejarme venir, pero llevábamos a nuestros guardaespaldas pegados como sanguijuelas, y el parque no estaba vacío como aquella vez. La sensación de dejavu que sentí era abrumadora.

Caminé despacio hasta la fuente, y cerré los ojos. Al hacerlo casi pude saborear mis recuerdos y ver a una chica saltando de aquí para allá en un solo pie, igual que un duende. Y esperé y esperé, y nadie apareció. La seguridad mantenía bien lejos a cualquier fan que se quisiera acercar, pues por mi postura, intuían que necesitaba soledad.

—En verdad Bill, esto es insoportable… no aguanto verte así, ella no está aquí, vámonos ya. — la voz de Tom era en verdad suplicante, así que dejé escapar un gran suspiro y lo seguí de vuelta al hotel.

Por supuesto que ella no apareció ni en el parque, ni en el hotel ni en el concierto, y al día siguiente, abandonamos Milán.

**

—Uff… ha sido realmente agotador — sopló Tom mientras se dejaba caer en uno de los sofás de nuestro camerino. Se le notaba agotado.

Guardé silencio.

—Y que lo digas— añadió Geo, que abría y cerraba las manos, probablemente entumecidas por estar tocando por dos horas seguidas el bajo.

Recién había terminado nuestro concierto, uno de los muchísimos que habíamos tenido. La gira estaba por concluir y habíamos estado seis meses viajando por todo Europa y estados unidos. Nuestra penúltima fecha en América era en Nueva York, y en dos días cerraríamos la gira en Los Ángeles, donde por fin podríamos descansar, y empezaría nuevamente el calvario de componer nueva música.

El camerino estaba cálido, lleno de comida y bebida y en completa soledad. Nos estábamos tomando un pequeño descanso mientras llegaba la van por nosotros para llevarnos al hotel, ya que en dos días sería nuestro concierto final y era necesario descansar.

—Chicos… me preocupa un poco…— comenzó Gus, lanzándome una mirada rara, y luego se calló.

—¿Qué te preocupa? — cuestionó Tom, alzando una ceja. Gus volvió a mirarme de forma suspicaz y formó una línea con su boca — ¿Bill? ¿te preocupa Bill?

Fruncí el ceño. ¿y yo que rayos tenía que ver?

—Pues sí, han sido demasiados conciertos… me preocupa su voz… se podría lastimar.

De modo automático Tom se volvió hacia mí.

—¿Te sientes mal? — parecía asustado.

—¿Yo? — rezongué con la voz ronca, pero eso era normal luego de cantar por mucho rato — para nada.

Ya me sabía bien la rutina luego de los conciertos. No solía hablar mucho en cuanto terminaban, no podía beber nada frío, al contrario, bebía tés e infusiones tibias para cuidar mis cuerdas vocales y no terminar en el hospital como hacía algunos años…

—No estoy diciendo que se sienta mal ahorita, tarado — graznó Gus — pero siento que los conciertos han sido demasiados y muy seguidos… y ya sabemos que si se daña la voz de Bill…

—Tokio Hotel se va a la mierda — añadió Geo, pasándose las manos por su cabello, que ahora estaba demasiado corto. Sospeche que extrañaba su envidiable melena larga.

—Ya paren — dije, poniéndome de pie y agitando mi cabello rubio — me siento de puta madre y como sea, en dos días terminará nuestra gira y mi voz descansará.

—Debes cuídate Billy — canturreó Geo — tu voz es algo así como oro molido para nosotros.

Pasé de ellos, poniendo los ojos en blanco y tomé una revista de la porta revistas que había en la sala del camerino. Era uno de los pocos sitios en donde aún existían, ya que con el auge de los móviles todo eso desaparecía poco a poco, y en lo personal me gustaban. Pero comprobé con decepción que la mayoría eran revistas HOLA con chismes e idioteces de la farándula. Casi todas las portadas las ocupaban los puñeteros reyes de España y sus repelentes hijitas y en algunas otras salía JLo presumiendo su gran trasero. Separé esa del montón y se la lancé a Tom a la cara, la atrapó al vuelo y enseguida se puso a hacer sonidos como de cerdo en celo. En lo personal, las pronunciadas curvas me desagradaron, pero no dije nada, porque ahora los tres jadeaban peor que perros hambrientos mientras pasaban las paginas a toda prisa buscando el artículo.

Uff, que les den.

Seguí mirando las revistas hasta que terminaron los números de HOLA y tomé una que tenía un bello Porsche carrera color amarillo reluciente en la portada. Mucho mejor, autos en lugar de chismes y curvas vulgares. Comencé a hojearla con aire aburrido, hasta que, al pasar una página, me topé con una foto de página completa de un reluciente Ferrari 458 rojo. Mi corazón dio un vuelco y entonces leí el encabezado.

LA COMPAÑÍA FERRARI CEDE EL 5% DE ACCIONES RESTANTES A FIAT GROUP ¿SERA EL FIN DE LA ESCUDERÍA?

Leí el artículo en tiempo récord, enterándome por fin de algo. Algo que de una u otra forma me concernía, pero ¿Qué significaba? ¿Es que Dom si se había casado ya? El artículo hacía mención solo de Piero, y en sus propias palabras, mencionaba que estaba cansado y se dedicaría a disfrutar de su retiro con la suma multimillonaria que Fiat había pagado. Me fijé en la fecha de la revista y era de escasos tres meses atrás. Ahora las dudas me carcomían. ¿Qué significaba aquello? Necesitaba saber, quizá con la certeza de saberlo podría por fin encausar mi vida y dejaría de esperar lo que nunca iba a tener.

Saqué el móvil del bolsillo de mi pantalón y seleccioné el número de Andy en la lista de contactos. Era hilarante el hecho de que, al presionar el botón de llamada, me podría enterar de lo que estaba pasando, pero me acobardé a último minuto, temeroso del dolor que me provocaría enterarme de que definitivamente, Dom le pertenecía a alguien más. No, no lo iba a soportar. Guardé el móvil, dejé la revista en su lugar y decidí salir a fumar mientras esperábamos nuestro transporte. Joder, no estaba curado ni de cerca. Aun me dolía cada latido si pensaba en ella.

Debía retomar mi vida y dejar que Dom siguiera el curso de la suya, y al menos, comprobé con alivio que ya podía pensar en ella sin sentir que me moría de pena. Y la sensación resultaba muy agradable.

Tom me alcanzó dos minutos después y sus ojos iguales a los míos me evaluaron cuidadosamente. Uff jodida conexión gemelar.

—¿Qué es lo que pasa? — cuestionó, porque sabía que me pasaba algo y no iba a dejarme en paz hasta averiguar que era.

—Leí algo que me dejó pensativo— respondí, queriendo salirme por la tangente. No lo miré, sabía que vería la turbación en mis ojos.

—El artículo ese sobre la compañía Ferrari ¿no es así?

—Entonces lo viste también…

—Por favor Bill, te conozco — dijo Tom apoyándose contra la pared con chulería, las manos en los bolsillos del pantalón y un pie apoyado contra la pared — y verte botar una revista así, con lo que tú amas leerlas, y luego salirte como un demente a fumar me da el indicio de algo.

—Pues me cago en tu percepción— resoplé, sacando junto con mis palabras el humo del cigarrillo — además se supone que tu estabas admirando el culo de Jennifer López.

—Ni el mismísimo culo de Heidi Klum podría hacer que a ti te ponga menos atención— soltó por esa bocaza, haciéndome sonreír como bobo a pesar de mi consternación.

—Eres tan lindo que por eso la gente piensa que somos unos sucios demonios incestuosos.

—Bah, me la sopla lo que piense la gente… además he de reconocer que hacen un arte sobre eso tan realista que me sorprende.

—Pues será a ti — rezongué, furioso — porque en cada imagen, foto editada y texto que he visto sobre eso, siempre resulto ser yo el jodido pasivo.

—Que querías con esa carita de diva…

—Jodete Tommy, que aquí el de la polla grande soy yo — le saqué el dedo medio en toda la cara y Tom se carcajeó, echando su cabeza hacia adelante, de ese modo que solo usábamos él y yo para reír con ganas. Tom no ahondó en el tema que me perturbaba y yo se lo agradecí, ya que cada vez podía manejar mejor mi dolor y era cuestión de tiempo que todo estuviera superado. Tom opinaba que cuatro años era un tiempo exagerado, pero es que él no se había enamorado nunca como yo.

—No te amargues, aun nos quedan dos días enteros en el tourbus antes de llegar a casa.

—Uff que suplicio cruzar el país entero en auto, deberíamos ir en avión.

—Deberíamos, ¿pero qué chiste tendría?

Era inútil discutir con Tom. pisoteé lo que restaba de mi cigarrillo y me uní a ellos, que ya estaban guardando sus cosas más personales para pirarnos al autobús. Todo nuestro equipo de instrumentación ya había sido guardado y entre bromas y empujones nos metimos al bus, luego de firmar como mil autógrafos. No tenía particulares ganas de hacerlo, pero, a fin de cuentas, éramos lo que éramos por nuestros fans, aunque no dejaba de ser doloroso mirar todos aquellos rostros iluminados por la esperanza, sonrientes, satisfechos por tener solo un atisbo de nuestras caras de macacos, mientras que yo buscaba con la misma esperanza y desesperanza, un rostro que presentía nunca volvería a ver.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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