«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Capítulo 42: ¿Esperanzas?

By Bill

Me sentía raro. No. Raro no. Rarísimo como la mierda estando en nuestra casa, nuestra familiar, confortable y preciosa casa anidada y escondida entre las colinas, con Dom y con Andy ahí. Hasta se me antojaba medio ridículo verlos entre las alfombras parisinas, los muebles de diseñador italiano, porque sí, yo era un amante de todo lo italiano, irónicamente, entre las lámparas de cristal de murano y los sofás hechos casi a nuestra medida.

El tal Phillip y su novio, el genial Alucard no se habían unido a nuestra cena. Alucard se moría de ganas, pero el que alguna vez creí el prometido de Dom se notaba a leguas necesitado de meterle la lengua al pequeño Drácula hasta la campanilla, de modo que se despidieron y se fueron, únicamente porque flotó en el aire la promesa de un próximo reencuentro.

La comida abundaba en la gran sala de la casa, la que tenía la chimenea encendida frente a la que descansaban nuestros perros, Pumba, Capper y Buddy, ya que Dom prefería tener a Jockey entre sus brazos. El pequeño perro era del tamaño de una rata y aunque le aseguramos que nuestros bebes no eran agresivos, ella no quiso confiar, argumentando que no temía que fuesen agresivos, pero la desconfianza iba hacia aquel diminuto perro que ni bien miraba a los nuestros, les gruñía como si en vez de pesar un kilo, pesara cien. Cosas de chihuahueños.

Habíamos atacado la cena como verdaderos cerdos. Mike se había lucido, había de todo, desde sushi hasta recetas más elaboradas como espaguetis y lasaña y otras totalmente sencillas como kebabs y perritos calientes, una gran variedad, y una charola llena de donuts al parecer provocaba a Dom de cierta manera. Y ni hablar de las bebidas. Teníamos vino a montones, unas cuantas botellas de champaña, soda, agua perrier y bebidas san pellegrino de todos los sabores, que fueron las de mayor circulación en la improvisada cena.

Y entonces solo estábamos mi banda, Dom y Andy. Y yo seguía sintiéndome jodidamente extraño de tener a quien jamás pensé tener, sentada en uno de mis sofás, frente a mí. Y lo más impresionante y raro del asunto, es que ella lucía totalmente relajada, segura de sí misma, y perturbadoramente bella. Era mejor que cualquiera de los sueños que había tenido.

Tom estuvo tomándome el pelo a diestra y siniestra durante la cena con frases idiotas como que la comida se me caía de la boca y que no olvidara masticar para que no tuviera que hacerme la maniobra de Heimlich porque no sabía hacerla el muy paleto y me iba a terminar muriendo. Y Dom y Andy reían a cada gilipollez que le ocurría a mi hermano, mientras Gus y Geo salpicaban la conversación con risas y frases, comían como mamuts y charlaban acerca del último concierto.

En algún momento de la velada las conversaciones se disiparon. Mi hermano y los chicos estaban platicando trivialidades técnicas que en ese momento no me interesaron una mierda y yo me encontré mirando a Dom, que también me miraba, curiosa y un poquito nerviosa. Me preocupaba el hecho de que estuviera incomoda o algo. No tenía ni pajolera idea de lo que estaba pasando, ni porque estaba ella aquí, es más, ni me lo creía.

Me acomodé sobre mi sofá, frente a ella y traté de sonreír.

—¿Y… donde quedó el séquito? — cuestioné, recordando que no había visto a ninguno de sus muchos custodios.

—Solo es Andy ahora— susurró, haciéndome fruncir el ceño.

¿Solo Andy? Joder que era raro, ¿solo uno cuando solía llevar no menos de seis.?

—Creo que necesitas ponerlo bien en antecedentes Dom— añadió Andy que estaba sentado a su lado.

—No sé si tengamos tiempo— susurró de vuelta ella — aun necesitamos encontrar hotel, ya quiero quitarme esta ropa ajustada.

Coño. ¿hotel? ¿Qué hotel? ¿Tokio hotel? No. Joder. Me frustré y me irrité al no saber ni idea de lo que hablaban ¡y yo quería enterarme!

—Quédense aquí — ofrecí de inmediato, haciendo que me mirasen casi sin parpadear. Sabía que era un ofrecimiento estúpido y que era casi imposible que se cumpliera, sobre todo al ver que Andy arqueó delicadamente una ceja muy rubia.

—¿Tienes el espacio suficiente? — cuestionó como si no creyera que en verdad lo teníamos. Quizá no era una villa italiana a la orilla del mar, pero no por eso nuestra casa era menos fabulosa.

—Desde luego que lo tengo, pollo — rezongué de mala gana, haciéndolo sonreír con diversión — hay siete habitaciones y nosotros solo somos cuatro, además hay siete baños, por si quieres hacerte una paja en cada uno de ellos, idiota.

Andy se carcajeó con mi respuesta y Dom rodó los ojos, entre divertida y molesta.

—Lo siento — dije hacia ella, avergonzado. Joder, mi lenguaje había sido tremendamente basto y ella estaba presente. Pero no estaba acostumbrado, era una justificación tonta, pero era verdad, me la pasaba rodeado de hombres cachondos todo el tiempo y no nos cuidamos una mierda a la hora de hablar.

—¿Qué dices Dom? — cuestionó el rubio, haciéndome poner cara de tarado ¿era real? Vi que Dom me lanzaba una mirada evaluativa y que luego sonreía.

—Tu casa es muy bonita Bill… y si es una invitación abierta…

—Entonces se quedan — casi aullé, aplaudiendo como un chiquillo. No me lo podía creer. Ni en sueños habría esperado algo así, y vaya que había soñado con un futuro como el que se me estaba cumpliendo. Pero no debía hacerme falsas esperanzas en absoluto, por lo que luego de un segundo me controlé — eh Tom — me estiré hacia donde mi hermano se reía de alguna gilipollez que dijeron los otros — dile a Mike que organice dos habitaciones, tenemos invitados a dormir.

Mi hermano alzó una ceja mientras miraba a mis acompañantes, pero eso fue todo, luego asintió y sacó su móvil.

—Bueno, creo que tú y Dom necesitan en realidad tener una charla — comentó Andy de modo distraído, mientras se levantaba — de modo que iré a recorrer tu lujosa casa, y quizá pruebe un baño o dos.

—Eww Andy— se quejó Dom, haciéndome carcajear.

—Anda, que lo disfrutes— murmuré, deseando que se metiera al baño donde había una enorme foto de Tom con casi nada de ropa. Seguro lo iba a flipar.

Cuando finalmente nos quedamos solos, relativamente claro, sin contar que a dos metros de nosotros estaba mi pasota hermano con el resto de mi banda, me quedé callado como muerto. No sabía que esperar, y no quería anticiparme a nada, mi corazón ya estaba casi dándose por vencido y otra estocada lo mataría definitivamente.

&

—Entonces… — comencé por la pregunta más fácil — ¿solo un custodio?

Nos habíamos alejado un poco del grupo, moviéndonos al sofá más cercano a la chimenea crepitante con dos copas llenas de vino blanco y ahora, nos mirábamos de frente, y yo me moría de los nervios. Dom lucía bastante calmada y un poquito melancólica. Su cabello le caía al frente en suaves ondulaciones, y las miradas que me daba a través de sus pestañas me dejaban sin aliento.

—Si Bill… ahora solo estoy con Andy, los demás al fin pudieron ser libres de hacer su vida, aunque al único que en verdad extraño es a Giovanni.

—Pero ¿Qué? ¿Cómo? — y entonces caí en la cuenta de que estaba aquí. Si estaba aquí en los ángeles, solo con Andy, joder, y que acababa de aceptar quedarse a dormir en mi casa. ¿Cómo paso eso? ¡Qué alguien me explique! — ¿Cómo es que tu papá…?

—Mi padre está atendiendo sus asuntos — me interrumpió un poco a la defensiva, levantando el mentón — ya tengo veintidós años, soy libre de hacer lo que quiera…

—Pero…

—Ya no necesito tantos custodios Bill… en realidad, nunca los necesité…— añadió ahora, bajando la mirada hacia la copa que estaba en sus manos. Luego le dio un sorbo y me quedé maravillado, jamás la vi tomar alcohol antes, definitivamente ya no era una niña y eso me encantaba.

—¿Y entonces? — uff no, mi cabeza estaba hecha un lío. Sentía que la criatura sentada frente a mí me era totalmente desconocida, pero no, era Dom, mi duende…

—Es un tema difícil, pero debes saberlo — ahora sonrió, mostrando sus blancos y puntiagudos dientes — en realidad nunca estuve en tanto peligro… todo fue cosa de… Gioaccino— dijo el nombre forzadamente, y el aire de mis pulmones se congeló al escuchar el nombre de ese jodido bastardo.

—Ese maldito— temblé, mi corazón sangraba de ira.

—Él fue la cabeza detrás del atentado en mi fiesta de quince años… por el perdí a Leonardo. También fue el responsable de tantos asedios, los que me orillaron a vivir apartada por años, encerrada y rodeada de guardias que poco a poco volvieron su lealtad hacia mí…

No, lo que me contaba era demasiado terrible para poder ser procesado. Recordé vagamente la historia que Andy me contó cuando lo conocí, sobre ese custodio que murió asesinado sobre ella, y a quien ella adoraba.

—No sé… no sabemos que es lo que buscaba al tenerme tan… aislada, Andy dice que era cuestión de tiempo de que llegara su turno, como con Leonardo.

—Bueno — mi voz salió en ondulaciones empapadas por la rabia — creo que si sabemos que es lo que pretendía…— murmuré, y su rostro se contorsionó en una mueca de asco.

—De cualquier forma… gracias a ti fue que todo cambió… y al irse él, se fueron por arte de magia todos los peligros Bill y… — sus ojos relucían como topacios mojados, titilaban con el reflejo de las llamas de la chimenea y me dejaron idiotizado— hice lo que te dije que haría… tan solo al día siguiente de que te fueras.

—Cuéntame que hiciste — susurré, sacudiendo la cabeza para eliminar el recuerdo de ese cerdo de mi mente, y me concentré en ella, extasiado y alucinado.

—Sané…— respondió de inmediato, subiendo la manga izquierda de su chaqueta. La gran cicatriz era apenas visible ya. Blanco lustroso contra el tono marfil mate cremoso de su piel. Por la cercanía que teníamos, puso su brazo casi sobre mi regazo y en el acto lo toqué, para asegurarme que era real, tan real como el abrazo que había podido darle en el backstage. Examiné de cerca la cicatriz, maravillado ante el toque — hice cosas… recibí ayuda, estudié y terminé la universidad, viajé por muchos lados con mi padre, y aprendí el secreto de los negocios…

—¿Qué estudiaste? — pregunté, orgulloso y embelesado, pero poco sorprendido. Sabía que ella iba a lograr grandes cosas.

—Comercio internacional— respondió, sonriendo cálidamente — conocí a Phillip y somos ahora grandes amigos y socios…

—Pero espera— interrumpí — apenas leí un artículo donde decía que tu papa le había cedido a Fiat el resto de las acciones…

—Bueno— ella encogió los hombros levemente — eso es lo que todos deben pensar… porque Phillip no está interesado en tener el total. Cuando nos conocimos fue un shock total, mi padre aun albergaba cierta esperanza de un matrimonio, pero Phil estaba conmocionado y solo nos hicimos grandes amigos, por ese entonces ya estaba loco por Alucard y quería tiempo para seguir con su vida, de modo que la compañía es mitad suya, y mitad nuestra…

—Vaya— solté, francamente impresionado. De la tímida y frágil chica de la villa no quedaba más que la estampa. Dominique se había transformado en una criatura fuerte y tan segura de sí misma que me impactó de una manera asombrosa.

—Muchas veces estuve a punto de buscarte— dijo de repente, haciéndome sacudir la cabeza — pero no estaba lista… me acobardaba pensando que quizá ya no querías saber nada de mí…

—Pero Dom — mi voz fue tan dulce como mi sonrisa, mi mano tomo la suya y dibujé suaves círculos en su pálida piel — ¿no recuerdas nuestra última conversación?

Ella asintió, agitando su cabello. Quizá lo que más me gustaba de su nuevo cambio, era la ausencia de ese flequillo de viento, tan encantador e infantil.

—Pero las personas… cambian — añadió, cerrando los ojos con cansancio, pero luego los abrió y me lanzó una mirada rara — supe que era el momento de volver cuando vi tu videíto ese… love who loves you back…

Entonces, la mirada rara tomó sentido para mí. Dom estaba celosa. Me sacudieron las carcajadas al recordar el video y lo genial que fue hacerlo. Sin embargo, al terminar la filmación, me había sentido más solo que nunca.

—Sobre todo cuando obligas a ese chico obeso a arrodillarse frente a ti en el ascensor — dijo Dom, llevándose mi recuerdo.

Mierda. Se me subieron los colores hasta la raíz del pelo, e incluso Tom se atrevió a hacer un comentario jodido.

—Si, Bill se volvió todo un marica, pero uno activo, no vieras como lo gozaron los dos — me quedé blanco al oírlo.

—Nadie pidió tu opinión, tarado— grazné, lanzándole un almohadón, hecho que solo hizo reír más a Tom, y a Dom.

Le hice un corte de manga a mi hermano y me volví a concentrar en Dom, recordando las palabras de los chicos cuando vimos el video listo. Por mucho que quise aparentar seguridad y que era el maldito fuck boy al que todos le hacían mamadas a diestra y siniestra, mis ojos seguían luciendo perdidos y angustiados como los de un cachorro abandonado.

—Además de toda esa gente tocándote… — gruñó Dom, trayéndome de vuelta y haciéndome sentir en el séptimo cielo — Andy se burló de mi un poco, y le dije que era hora de volver, que estaba lista, aunque tenía mucho miedo… juro que solo fui a verte para saber si estabas bien… si ya tenías a alguien más… cuatro años, son muchos.

—No tengo a nadie más — respondí de inmediato, indeciso entre si dejar crecer mis esperanzas o no. —¿en dónde estabas? ¿Dónde estudiaste? ¿Dónde vives? — cuestioné, ansioso por volver a saberlo todo de ella, cualquier mínima cosa, incluso hasta olfatear su aliento para saber que diantres había estado comiendo.

—Mi padre vendió la villa de Palermo a la semana siguiente de la muerte de… de ese, nunca quise volver a la que fue mi habitación y tenía constantes pesadillas… Nos fuimos a Génova, totalmente al norte y estudié ahí… y a mi padre le quedaba más cerca Módena y las oficinas, por lo que comenzamos a vivir juntos, como una familia — sonrió tímidamente y por primera vez le di crédito al viejo Piero, que por fin había hecho bien las cosas — pudo haber sido cualquier lugar, pero me gusta estar cerca del mar.

—Aquí hay mar— solté de inmediato haciéndola reír. Incluso se veía el mar desde nuestra terraza, era un jodido paraíso de palmeras y calor.

—Ahora cuéntame… ¿qué hiciste tú?

Revolcarme patéticamente en mi dolor por cuatro años, pensé, pero no, ella no tenía por qué escuchar aquello. Me quedé callado un momento, ordenando mis ideas para tratar de resumirlas en algo que ella pudiese entender.

—Pues… volví a Alemania y me llevé un susto de muerte cuando mi auto apareció mágicamente en el garaje del estudio — comenté, perplejo y ella sonrió, por lo que supuse estaba enterada de ese suceso — regresé a la casa que Tom y yo habíamos comprado junto a mi familia y terminamos la gira que teníamos pendiente y queríamos relajarnos en casa, jugar videojuegos todo el día o algo pero el acoso de los fanáticos era insoportable y no queríamos vivir así por más tiempo… poco después hicimos las maletas y nos montamos en un avión que nos llevara lejos de ese infierno… y llegamos aquí, donde somos tan libres, que ya no tenemos seguridad y podemos ir a pasear al parque de perros, al mar e ir al supermercado por queso sin que nos quieran violar en el proceso.

—Me alegra mucho saber que tienes una vida agradable aquí.

—Una vida más tranquila — corregí, si era agradable, pero constantemente me sentía vacío — así que mientras estés aquí… ¿es tu primera vez en América? — ella asintió una sola vez y volvió a beber vino — entonces podría mostrarte el lugar…

—Tus fans me querrán matar, pero acepto — se rio suavemente, pero no se veía asustada ni una pizca, sin embargo, yo torcí el gesto. A pesar de que aquí no me acosaban, siempre había una o dos personas que lograban reconocerme y me hacían fotos… y ella tenía razón, pero no por eso iba a echarme para atrás, lo que buscaba era saber de cuánto tiempo podía disponer.

—Lo dudo en verdad— añadí sin mucha seguridad, y entonces ella ahogó un bostezo.

—Lo siento— murmuró después, sus ojos estaban soñolientos.

—¿Cansada? — interrogué, viendo mi reloj de pulsera. Uhm, pasaba de media noche, para mí era temprano, pero quizá no para ella.

—Un poco — admitió, enrojeciendo un poco. Qué adorable. — hace dos días estaba recogiendo todas mis cosas del dormitorio de la universidad, a veces solía quedarme ahí… después Andy y yo tomamos el vuelo que hizo mil escalas antes de llegar hasta aquí, y luego de alquilar un auto, fuimos corriendo a verte.

Ese nuevo fragmento de información me sorprendió de la misma manera que todo lo demás que me había dicho, trataba de imaginarla y no podía, porque mis únicos recuerdos de ella se asemejaban a ver a un pájaro gritar desesperadamente por ayuda dentro de su jaula, y ahora, la chica frente a mi parecía tan libre como yo, con lo que la libertad me fascinaba.

—¿Viajaste en el avión de tu padre? — cuestioné, y ella ya estaba negando.

—En un vuelo comercial, y no sabes lo que me encanta poder hacerlo.

—Claro que lo sé — le dije suavemente, ella y yo habíamos estado en el mismo barco, y la normalidad es algo que nos encantaba y nos llenaba de orgullo al parecer — vamos, te acompañaré a la habitación.

Me levanté y Dom me imitó, le dio una caricia a Jock, que hora dormía muy a gusto entre Pumba y Buddy y me siguió por un pasillo iluminado y decorado con mis cuadros favoritos. Había decidido dejarle mi propia habitación, como fuera mis sofás también eran cómodos y no podría ni pegar el ojo en toda la noche sabiendo que ella andaba por ahí. Sentí que flotaba en la irrealidad al escuchar sus pasos detrás de mí, pero me obligué a estar sereno.

Abrí la puerta al llegar, agradeciendo a los cielos el hecho de que mi hermano y yo éramos unos maniacos de la limpieza y, por lo tanto, la casa estaba impecable.

Al centro de la habitación estaba mi cama, aquella cama que me había visto llorar, embriagarme hasta caer inconsciente y dormir agotado de dolor incontables veces, y ahora se la cedí a ella, esperando que las sabanas no estuvieran tan llenas de melancolía. Dom caminó dos pasos, mirando a su alrededor, y luego se volvió a mirarme, su rostro estaba escéptico y yo estaba medio aturdido al captar ese aroma que siempre me había enloquecido, el aroma de su esencia. Vainilla.

—¿Esta es tu habitación? — cuestionó, alzando una ceja.

—En efecto, soy un buen anfitrión y para mí será todo un honor que te quedes aquí todo el tiempo que necesites — respondí, apoyándome sobre el marco de la puerta, dándole su espacio. Joder, quería que estuviera lo más cómoda posible en mi compañía, porque si mal no recordaba, la última vez que habíamos estado juntos, sus ojos eran dos pozos llenos de miedo y desconfianza. Claro que ahora no había ni rastro de aquello, pero no iba a pasarme de listo ni a forzar nada, jamás lo haría. Yo me sentía más que satisfecho por la existencia de aquella criatura, no importaba si fuese para mí o no.

—Tengo carta abierta Bill— susurró, acercándose a mí de modo un tanto inseguro, pero sonreía levemente… el calor se me subió al tope y comencé a sentirme afiebrado con su cercanía, sin hablar que su aroma se estaba potenciando, lo que significaba que ella se sentía exactamente igual que yo — sé que ha pasado mucho tiempo, pero…

—Shh…— le chisté, poniendo mi dedo índice sobre sus carnosos labios, aquello era todo lo que yo necesitaba escuchar. Sus ojos revolotearon hacia mi rostro, y estaban llenos de emoción…y de deseo — mi corazón aun late por ti.

Sus ojos relampaguearon al escucharme y sonrisa se amplió un poco mientras ella tomaba mi mano para acercarme y un segundo después, la puerta se cerró detrás de mí, dejando fuera los aullidos de victoria de mi hermano y mis dos mejores amigos.

Continúa.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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