«458 Italia» Fic de Shugaresugaru

Epílogo

By Bill

—Eh, Bill, tengo hambre — berreó Tom de mala gana. Siempre se ponía insoportable cuando estaba hambriento.
—Pues entonces pide algo— respondí de vuelta, sin mirarlo. Mis ojos estaban fijos en la libreta donde tenía unos garabatos que podrían servir para una nueva canción y trataba de concentrarme con fuerza, pero era difícil.
Estábamos en el pequeño estudio que habíamos montado en nuestra casa, tratando de componer música, pero el hambre estaba haciendo estragos en todos. Georg y Gustav estaban en el sofá, con la nariz metida en sus teléfonos y sin prestar mucha atención.
—¿Y que pido? — refunfuñó Tom, molesto porque era el día libre de Mike, quien por lo general se encargaba de esas cosas.
—Un filete por aquí — pidió Gustav, riéndose como tarado con Georg, que secundó la petición. Ugg eran unos cerdos asesinos.
—Con guarnición— añadió Geo.
—Pues pide lo de siempre — me quejé, y entonces, bajando mi libreta me volví hacia el motivo por el cual me despertaba todos los días.
Dominique estaba naturalmente a mi lado, tendida sobre el sofá, con la espalda apoyada en el reposa brazos y los pies descalzos pegados a mi muslo, entretenida con una tableta electrónica. Su cabello estaba atado en una coleta alta y su atuendo de aquel día era el de una chica rebelde adicta al skate. Lo había estado practicando y no se le daba mal. Como fuera me fascinaba lo que usara, desde los vaporosos vestidos hasta los jeans rotos y cadenas en el cuello.
—¿Qué quieres comer hoy Dom? — cuestioné. Ella revoloteó sus ojos hacia mí y se puso pensativa, haciéndome adivinar cual iba a ser su pedido.
—Waffles con frutos calientes y nata montada— respondió de inmediato, haciéndome poner los ojos en blanco. Ella siempre estaba comiendo dulces y comida que en lo personal a nosotros ya nos aburría por lo sencilla que era, pero eso precisamente es lo que ella adoraba luego de tantos años de comidas fuertes y sazonadas. Disfrutaba como nadie con un paquete de papas fritas y era medio adicta a los donuts de chocolate, y sin preocupaciones, además, no conseguía más que engordar un kilo o dos esporádicamente, pero todos íbamos al gimnasio así que no solíamos preocuparnos por comer de más. Pero debía alimentarse con algo más que solo golosinas.
—Sabes que no puedes solo comer postres — rectifiqué, haciéndola refunfuñar.
—Macarrones con queso entonces— pidió, pero como sea le di gusto también a su primer pedido, como siempre, ya que, bueno, todos amábamos los wafles desde que éramos niños —pide cinco de esos Tom, y los macarrones de Dom — le dije a mi hermano, que ya tenía la aplicación de comida abierta en el móvil — y lo de siempre, algo de sushi, ensalada, hamburguesas, pizza y papas fritas, no olvides las papas fritas — lo amenacé.
—No lo haré— gruñó, tecleando a toda velocidad.
—¿Y qué tanto haces? — cuestioné cinco minutos después, cuando Dom volvió a perder su mirada en la pantalla.
—Ya déjala en paz— suspiró Geo, echando la cabeza hacia atrás. Lo mandé al infierno.
—Um… — Dom me lanzó una mirada un tanto atrevida, casi hasta procaz — Bill… ¿Qué es el twincest? — de la impresión que sentí, mi libreta salió volando.
Perdí el aliento y me puse pálido. ¡¿Qué rayos estaba viendo?¡
—¿Qué? — dije, medio atragantado, lanzándome hacia ella, pero diablos, era muy ágil y saltó como gato hacia atrás, lejos de mí.
En el acto, estallaron las carcajadas de mi hermano y ese par de tarados.
—Vamos Dom, pero corre niña, que te pilla — animaba Georg, bastante entretenido viéndome manotear para atraparla.
—Pero que lento Bill— hipó Gus, igual de entretenido.
—Pero vaya — canturreó Dom, encantada con su nuevo juego — que cosa más realista, por Dios.
—Dame eso — rugí y ella se rio más y se alejó más de mí.
—Uff, hay unos que no veas — cacareó Tom, sentado de forma inversa sobre la silla giratoria, y trabado de risa. Maldita sea la hora en la que Dom descubrió esas jodidas perversiones. Tom tenía razón, había unos excesivamente realistas donde Tom me clavaba hasta el fondo su herramienta mientras que yo esbozaba unas expresiones tales que cualquier actriz porno me envidiaría. Que bochorno, por Dios. Redoblé mis esfuerzos por atraparla, aunque el daño estuviera hecho.
—¿Ustedes que hacen ahí? ¿ah? imbéciles — gruñí, cabreado y divertido — pero atrápenla, demonios.
Ninguno de los tres se movió.
—¿Estás de coña? — desechó Geo, estirándose y bostezando — seguro que si le ponemos una mano encima a tu elfo al rato nos vas a estar asesinando, así que haz el trabajo tu solo.
—Que les den, maricas — soplé, ya medio cansado y sin poder pillar a Dom, que se reía y bailoteaba y coño, era capaz de huir de mí y seguir con los ojos clavados en la pantalla sin darse una hostia en el proceso — dame eso Dominicaaaa — grité.
—Ok ok — resopló ella — te lo doy con una condición — dijo, y se detuvo en seco. Llegué a ella en un segundo y la tableta salió volando y aterrizó en el sofá.
—¿Cuál era tu condición? — resoplé igual que un toro en la plaza de toros.
—Dale un beso a Tom— dijo, como si nada. 
Tres pares de ojos parpadearon desconcertados antes de estallar en carcajadas descontroladas.
—Al final va a estar más enferma que las personas que piensan que somos una pareja — aulló Tom, partiéndose de risa. Se reía tanto el cabrón que estaba doblado sobre sí mismo y ni hablar de Geo y Gus, que se habían puesto como tomates de la risa que los sacudía.
—Ni hablar mocosa — dije, señalándola con el índice. La risa que bailoteaba por sus labios era verdaderamente contagiosa — eres una pequeña pervertida — le dije entre dientes y risas, pasando mis manos por su cintura para pegarla a mi pecho, en el acto lanzó sus brazos a mi cuello — ¿en realidad quieres eso? Porque puedo hacerlo si eso deseas — canturreé, riendo al ver a Tom ponerse pálido como un muerto. 
—No, no — respondió entre carcajadas para luego mirar a Tom — ni se te ocurra tocarlo hermanito— le amenazó cómicamente, a lo que Tom solo atinó a reír hacia atrás, casi ahogado.
—Todo tuyo — respondió atragantado.
El término con el que se dirigía a él había sido sugerido por Tom y los chicos luego de que yo les platicase que los hermanos de Dom habían muerto trágicamente y lo mucho que ella los extrañaba aun sin haberlos conocido, y desde entonces, ellos se volvieron algo así como tres hermanos mayores para ella, con todo lo que eso conlleva, como molestarla a ratos y cuidarla si es que yo no estaba presente. 
Aunque seguía sin merecerlo, Dom se quedó conmigo, y ahora era una criatura totalmente libre. Arrendó un pequeño apartamento de dos habitaciones cerca de nuestra casa, pero era pura pantalla, solo para recibir a su padre, porque la mayor parte de su tiempo libre lo compartía conmigo, y también con la banda. Pero ella tenía un trabajo, se encargaba de la empresa de su padre junto con el principito Elkann de modo remoto, y seguido debía viajar a Italia cuando había reuniones o algún evento, momentos que aprovechaba para visitar a Esperanza, junto con Andy. Y adoraba conducir. Cualquiera hubiera pensado que siendo quien es, estaría tras el volante de una gigantesca camioneta Ferrari, la hermosa purosangue, o que quizá tendría un exclusivo modelo de LaFerrari porque el que millones de personas babeaban, pero, por el contrario, ella era feliz conduciendo un diminuto Fiat 500 color blanco perlado que tenía el aspecto de un huevo. No me gustaba mucho su auto, porque me costaba entrar en él, pero trataba de no ofender el vehículo muy seguido para evitar las fulminantes miradas que Dom me lanzaba por ser tan atrevido.
Lo usaba porque aún odiaba ir por ahí llamando la atención. Aunque casi siempre que salíamos juntos era en mi hermoso Ferrari negro y joder, vaya que llamábamos la atención.
Nuestras fanáticas al principio se tomaron fatal la noticia por mucho que intentamos esconderlo. Bill Kaulitz tenía una novia. Algo nunca antes visto y una que era bastante desconocida en el mundo de la farándula, además. Hubo mucha circulación de hate y noticias ofensivas en cuanto a eso, y yo no podía hacer mucho por protegerla, pero Dom se tomó todo con una calma que me impresionó. «Me gusta que me tengan envidia por salir con quien salgo» había comentado en más de una ocasión, haciendo bullir mi sangre de emoción.
Andy se quedó pegado a ella, siendo su custodio y fiel perro guardián, era desconfiado como gato y la seguía como su sombra cuando salía, y a menudo se unía a nosotros como un camarada más que además era buenísimo en los videojuegos, y alardeaba de ello.
El destino había querido darme una nueva oportunidad y yo estaba más que decidido a aprovecharla, y a hacer las cosas bien. Mi duende me había vuelto a entregar su confianza absoluta en cada aspecto que me daba, desde compartir el rato con la banda, hasta las incontables veces en que hacíamos el amor como un par de desquiciados. Y yo jamás me atrevería a volver a lastimarla. Primero me mataría antes de hacerlo.
Piero me aceptó casi sin problemas. Ahora su hija tenía un noviecito bobo, como me dijera en alguna ocasión, y eso la hacía tan feliz, que entonces él también era feliz, por muy nazi que fuese yo. 
Mi madre congenió con ella en el acto, más nunca dejé que supiera en realidad todo el desastre que habíamos logrado surcar para poder estar juntos ahora. 
Andy y yo nos hicimos tan buenos amigos, que a menudo salíamos solos a hacer cualquier cosa rutinaria, y aun nos encantaba enzarzarnos en debates verbales que hacían a todos, menos a Dom, morir de risa. Esperanza también se había sumado al grupo. Vivía muy cerca de nuestra casa. Andy no quiso dejarla sola en Italia, puesto que solo lo tenía a él, y Dominique la adoraba, ya que llevaba años siendo su nana y la conocía y comprendía mejor que nadie, por lo que, a pesar de tener nuestros propios empleados de servicio, la amable señora solía venir casi a diario a preparar los desayunos para todos, y lo disfrutaba bastante.
Nuestra banda siguió junta, hacíamos ahora muchísima música, pues yo siempre estaba inspirado. Viajamos a conciertos, en algunos Dom nos acompañó, en algunos no. Tom la adoraba como a la hermana que nunca tuvimos y los chicos siempre procuraban que ella estuviera cómoda y se divirtiera como nunca antes lo había podido hacer. Nos montamos varios campings en los jardines de la casa, íbamos al parque de perros y a pasar el rato en el mar cuando estábamos en los ángeles y las fogatas nocturnas salpicadas de risas eran cosa de casi cada semana.
De modo que, resumiendo, a pesar de tanto dolor, y tantos errores cometidos, mi vida ahora era maravillosa, y en mis planes estaba que todo fuera así por mucho, mucho tiempo más.

F I N

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!