
«458 Italia» Fic de Shugaresugaru
Capítulo 5: Sorpresas
By Bill
Me sentía tan inestable como si me hubieran clavado los pies al suelo, con saña, martilleando cuatro o cinco veces cada clavo, con todos los músculos engarrotados. Por el rabillo del ojo pude ver como Tom daba un ligero paso hacia atrás, con los ojos abiertos como platos, pero al parecer nadie se dio cuenta de esto porque todas las miradas estaban clavadas en ella.
Aquel guardaespaldas hijo de perra que nos amenazó hace dos días estaba mirándonos y sonriendo maquiavélicamente, por un momento me recordó al villano de las caricaturas favoritas de Tom y casi me entró la risa floja.
—Oh mi vida — habló el tal Piero levantándose y tomándole una mano, la diferencia era chocante, blanco inmaculado contra canela bronceada ¿pero que me estaban contando? Estábamos flipando. Todos los que estaban sentados se levantaron. Le ofrecieron una silla, bebidas y comida, pero ella rechazó todo con un casi imperceptible movimiento de cabeza. No había levantado la mirada. Eché mano de todo mi autocontrol para no acercarme a ella y levantarle la cara para verle los ojos y asegurarme que era ella.
De repente nos habían olvidado, parecíamos cuatro pájaros cotillas parados en un alambre.
—¿Y esta mocosa quién es? — susurró Georg sorprendido y le dirigí una mirada de mala hostia.
—Larga historia— cuchicheó Tom en respuesta.
—¿Qué es lo que pasa querida mía? — interrogó el tal Piero.
¿Querida mía? Me sulfuré, ¿a qué venía aquello? quería que alguien me explicara ya mismo que estaba sucediendo.
La chica no nos había mirado aun, ya que cuando al fin levantó la mirada, ésta se clavó directo en Tom, entonces ella abrió aquellos enormes ojos con sorpresa y dio un involuntario paso hacia atrás tambaleándose sobre el tobillo herido y haciendo una mueca de dolor, hubiera caído al suelo de no ser porque cayó en los brazos de uno de sus guardaespaldas quien la sostuvo y la estabilizó. Hubiera resultado un tanto cómico si no la conociéramos de antes.
Me revolví inquieto en mi lugar, mi corazón retumbaba como un tambor, era ella, estaba frente a nosotros a dos míseros pasos, asustada y ese simple acto me sorprendió y apreté la mandíbula, la pobre le tenía terror a Tom y bueno era obvio después de cómo la había tratado, volví mi cabeza hacia mi hermano, entrecerrando los ojos con furia, y él me miró sonriendo, el muy capullo.
— ¿Te encuentras bien? — interrogaron al unísono todos los ahí presentes, incluso David… ¿David? — ¿Te duele el pie? — palidecí.
—Me caí— ella mintió —no es nada papá— dijo sonriéndole.
Papá, ella dijo papá.
—Uy, es su papi, hay que correr Billy — murmuró Tom en mi oído con diversión. Le metí un pisotón.
No Bill escuchaste mal, estas ya grillado… No. Ella lo dijo, lo dijo, ella es… es…
Mientras ella le explicaba los detalles de su caída al tipo que tan mal me había entrado, yo quería salir corriendo de ahí, y como si la cosa necesitara ser más jodida, el racista de mierda ese, era su padre y como se enterara de lo que había pasado nos iba a ir mal.
Yo la observaba petrificado, hiperventilando y ni siquiera sabía si era por el shock, la sorpresa, la impresión o que cojones.
Aun así, me seguía pareciendo muy interesante, no trataba de controlar el nerviosismo con movimientos estúpidos de manos y brazos, estos estaban inmóviles a sus costados. Sacudía a ratos la oscura melena al hablar y cuando nos miraba, el rubor atacaba sus mejillas. Era rematadamente linda.
Su cara en conjunto era de matices delicados, de nariz y boca muy bien proporcionados, el cabello caía en suaves ondulaciones delante de sus finos hombros y por detrás de su espalda angosta. En reposo, su rostro parecía arrogante y altivo, desinteresado y misterioso, pero cuando sonreía toda su expresión se dulcificaba. Como ya me lo esperaba, los ojos eran su mayor atractivo. Eran enormes, oscuros y expresivos.
—Trata de tener más cuidado— la reprendió su padre con cariño —y ustedes ineptos, hagan su trabajo y cuídenla, que para eso les pago— gritó furioso a los guardaespaldas. Me sorprendió la rapidez con la que cambiaba su tono, de dulce ternura a rabioso coraje. Aquellos cinco nos miraban a Tom y a mí con verdaderas expresiones asesinas. No vendría mal echar todos los cerrojos a las habitaciones durante el resto de nuestra estancia.
— ¿No nos dirás tu nombre, linda muñequita? — preguntó amablemente David dirigiéndose a ella. Como diez pares de ojos se posaron en él.
—Dominique Ferrari — le respondió ella sonriéndole con timidez. Mi corazón resopló de hiperactividad, al fin sabía su nombre.
—Es hermoso, ¿se pronuncia solo hasta la “qu”? — ella asintió y David nos señaló — Ellos son…
—Yo sé quiénes son ellos— le interrumpió, decidida, mirándonos con algo de miedo y vergüenza — ellos son los integrantes de Tokio hotel. Gustavo, Georg, Tom y Bill— dijo sonrojándose más si cabía. El sonido de mi nombre saliendo de sus labios me hizo sentir casi mareado, mis latidos se aceleraron.
—Es Gustav— la corrigió Gus, el muy petardo.
—Oh lo siento Gustav— contestó ella apenada, Gus parpadeó y añadió con una sonrisa —pero puedes llamarme Gustavo si prefieres— vaya idiota, pensé. Hasta en Gus hacían efectos sus encantos.
—Creo que eso es todo— su padre habló por primera vez en cinco minutos, se volvió hacia nosotros con una mirada que daba a entender que las presentaciones se habían terminado. Las presentaciones y todo lo que tuviese que ver con nosotros, los “inhumanos alemanes nazis mata judíos” mirando como idiotas a su hija. Rodeó los delgados hombros de la chica y la besó en la frente. Los miré un momento y me di cuenta que la expresión del viejo cuando miraba a aquella criatura que tenía por hija era de melancolía, tristeza y algo de culpa. Raro de huevos era el tío, nunca mejor dicho. Jodidos italianos.
—Ha sido un placer— entendió David —Buenas noches— añadió y nos hizo señas para retirarnos a lo que obedecimos sin decir palabra. Ni que la merecieran.
Mientras nos alejábamos en dirección a la barra decidí voltear para ver si ella seguía ahí, pero me sorprendí al verla caminar despacio hacia la salida, con los hombros hundidos y una expresión de pena en el rostro mientras era acompañada de uno de sus guardaespaldas.
—¿Qué cojones acaba de pasar? — cuchicheó Geo muy cerca de mi oído.
—Que te cuente el tarado de Tom — gruñí.
—Es una historia que te cagas— respondió mi gilipollas hermanito, haciéndome rodar los ojos.
—Ahora vuelvo— le dije a Tom, el me miró y asintió. El encuentro parecía no haberle afectado en nada ya que empezó a bromear con Gus y Geo como siempre.
—Trata de no hacer que te maten— fue su única respuesta.
No sabía muy bien que estaba haciendo, simplemente actuaba por inercia. Quizá mi único deseo era solo volver a verla.
Caminé tratando de no quedar atrapado entre todas las personas que llenaban el salón hasta que pude salir, después de propinar varios empujones y recibir alguno que otro cerrón de alguna de las muchas ovejunas mujeres que pululaban como abejas, y entonces, desconcertado miré hacia los pasillos vacíos ¿a dónde habrían ido? Entonces recordé lo que David nos dijo el día anterior, seguramente ella tenía una de las suites. Caminé rápidamente por el pasillo que conducía al ascensor y tuve el presentimiento de que alguien me seguía, pero al voltear no vi absolutamente nada, pero aun así aceleré el paso. Justo cuando iba a doblar hacia el pasillo de los ascensores escuché voces, me detuve y me asomé cuidadosamente para ver sin ser visto.
La chica estaba de pie mirando a través de uno de los ventanales que daban a la calle, la luz de las farolas blancas iluminaba su cuerpo haciéndola ver aún más blanca de lo que ya era, casi fantasmal, y aumentaba las dimensiones del hombre que estaba unos pasos detrás de ella.
—No sé porque te empeñas tanto en proteger a ese tropel de estúpidos alemanes Dominique— él decía —pero no volveré a soportar otro ridículo como el de hace un momento, no dejaré que me vuelvan a humillar por ellos, ni siquiera por ti, pequeña caprichosa — el tipo estaba que echaba chispas —la próxima vez los mataré tanto si te parece como si no— apreté la mandíbula, ese maldito desgraciado ¿Cómo se atrevía a hablarle así? ¿Dónde estaba el respeto que un perro subordinado como él debe a su dueña?
Esperé conteniendo la respiración por la respuesta de ella, pero simplemente no llegó, solo bajó lentamente su cabeza, su aspecto se volvió aún más frágil con los hombros ligeramente hundidos. Mi cuerpo se volvió más frío que el hielo cuando vi como ese bastardo tomaba uno de sus rizos y lo acercaba a su nariz oliéndolo como el maldito perro que era y en su cara se dibujó una sonrisa de insana satisfacción, ella se estremeció y vi algo relucir como un cristal de luna en su mejilla, una lágrima. Pero en la fracción de segundo siguiente, se volvió con rapidez y le apartó la mano de un manotazo.
—¡No me toques! — la voz de ella fue un siseo sulfurado, sacudió la melena con asco y se alejó del tipo.
Sentí la agonía en ese momento. ¿Qué diantres era lo que sucedía? ¿Cómo porque un tipo que asume ser un guardaespaldas le hablaba así a la hija de su jefe? Sin contar con el atrevimiento de lo que acababa de hacer. Hasta yo me sentía indignado y ya planeando como interrumpir. Quizá si fingía ser un idiota que no conocía el hotel podría al menos desviar la atención que claramente ella no quería recibir por parte de ese puerco.
Estaba a punto de iniciar mi calculada maniobra, pero ¡cómo no! antes de que pudiera dar un solo paso en dirección hacia ellos, dos grandes brazos me rodearon por detrás atrapando mis propios brazos en un férreo apretón y una mano terminó tapándome la boca. Me revolví de la sorpresa y un segundo después me encontré con la espalda pegada a un muro y con los ojos azules de otro de sus guardaespaldas bastardos a menos de diez centímetros de los míos, yo luchaba por soltarme, pero él era jodidamente fuerte.
—Oye…cálmate Bill— su voz era un murmullo apagado, me relajé un poco, él sonaba preocupado más que amenazador por haberme pillado espiando. Sus ojos eran vigilantes —no querrás que te maten ¿o sí? — retiró su mano de mi boca y lo miré furioso.
— ¿Qué demonios te pasa? ¿Y quién cojones eres? — le dije en voz baja, con ganas de matarlo también, todavía sentía la urgencia de ir hacia donde estaba ella y alejarla de ese tipo asqueroso.
Seguramente este otro tarado lo notó porque me dijo en la misma baja, pero demandante voz.
—Ya tranquilízate de una vez, me llamo Andy y ella va a estar bien, él no le hará nada.
— ¿Qué? — inquirí, pero por alguna razón le creí — ¿tú me venías siguiendo? — pregunté fúrico, me asomé de nuevo al pasillo de los ascensores, pero ya estaba vacío. Ugg, fantástico.
—Si, yo te venía siguiendo— dijo muy pagado de sí mismo —como no dejaste de babear por Dominique desde que la viste hace rato supuse que la habías seguido— continuó parloteando alegremente aquel idiota y estiró su mano hacia mí.
Se la estreché no muy convencido ¿Por qué tanta amabilidad?
Nuevamente el pareció leerme el pensamiento.
—No tengo nada en contra tuya Bill— dijo, y parecía sincero —me gusta tu música, creo que es muy buena, me agradas a pesar de tu horrible carácter, y si te seguí fue por tu propio bien.
— ¿Qué quieres decir? — parpadeé ahora realmente confundido.
—Si Gioaccino te hubiese visto ya estarías muerto— dijo tenso, se estaba refiriendo al tío que estaba con ella hace un momento —y él se habría defendido diciendo que querías hacerle algo a Dominique y nadie habría dicho o hecho nada— … y de repente sentí el estómago lleno de pirañas.
—Pero él…y ella… oh mierda estoy confundido—admití, aun me sentía nervioso por lo que me había dicho el tal Andy.
—Volvamos a la fiesta ¿quieres? — preguntó vehemente, yo aún estaba vacilando —ella estará bien, de veras, además puedo aclararte algunas dudas— terminó con una sonrisa tentadora que me convenció.
Asentí y caminé a su lado de regreso a la fiesta con la mente vuelta un torbellino.
Continúa.