
«Basorexia» Fic de Haruxita
Capítulo 9: (Un)Expected
~Val~
El motor se detuvo en uno de los estacionamientos marcados con el letrero «reservado», junto al llamativo Porsche plateado, sin embargo nadie descendió de la camioneta.
Aunque por fuera aparentaba normalidad, el modelo no se encontraba en condiciones de salir. Necesitaba al menos unos minutos para calmarse, su corazón llevaba horas aleteando enérgicamente en su pecho; Val temía que escapara por su boca al primer descuido.
Deseaba poder permitirse un momento de debilidad para saltar, batir palmas y chillar a gusto. Estar siempre en control a veces resultaba agotador, en ocasiones como esa sólo deseaba descansar de su impostura de Diva desangelada e inalcanzable, relajarse y dejar que su alegría desbordara por doquier.
Tenía sobrados motivos para celebrar.
Luego de meses de exasperante espera su amado Nick finalmente era suyo.
Lo era desde hace mucho, si hacía caso a las pequeñas señales que siempre estuvieron ahí, pero ahora era suyo-suyo. Para acurrucarse en su pecho, besarlo y carraspear con sutileza ante las chicas que le coqueteaban cada sábado en Grunewald.
Lo demás —hacer realidad sus acaloradas fantasías— vendría con el tiempo, rogaba a Dior por ello.
~Nick~
No hubiera sido capaz de ocultarle la verdad a Tom, ni aunque esa fuera su intención.
Desde que Val lo dejó en la clínica, con un beso posesivo que convirtió sus piernas en jalea, cada célula de su cuerpo se agitaba con euforia.
No consiguió borrar su sonrisa espontánea por mucho esmero que puso en mostrar algo de seriedad.
Natalie se dio cuenta de lo ocurrido antes de que él abriera la boca, cosa que ella siempre hacía; no había gran mérito en ello después de todo, pero al menos la noticia morigeró el enfado de su amiga —mal que mal, Nick dejó tirado su trabajo sin previo aviso y se largó a su cita romántica en medio del bosque—. La mujer le dio un cariñoso jalóncito en su barba y un abrazo apretado al ritmo de «te lo dije, idiota obstinado, me alegro tanto por ti».
Natalie reaccionó tal y como él se esperaba, incluida la invitación a ir por una copa para enterarse de todos los detalles.
Su hermanito era el verdadero temor de Nick.
Tom había hecho considerables progresos desde que acudía a terapia. Nick lo notaba menos tenso, menos resentido con todo el mundo, incluso estaba seguro que había vislumbrado al antiguo Tom tras sus sonrisas, ahora menos esquivas que hace algún tiempo.
Sin embargo, gran parte de sus actitudes —aunque de forma más moderada— aún permanecían.
Nick se esforzaba por ser paciente y comprensivo con él. Comprendía que borrar los efectos del adoctrinamiento al que fue sometido por su padre no era labor de una sesión. Elogiaba sus progresos, pero no desconocía el largo camino que aún le quedaba por delante.
A esa criatura rota, en proceso de sanación y todavía repleta de prejuicios, debía explicarle que se había embarcado en una relación sentimental con otro hombre. Un hombre bueno, pese a las apariencias, al que esperaba que respetara y algún día remoto aprendiera a querer.
~Tom~
Apenas oyó la puerta de entrada y el tintineo de las llaves sobre la mesita del recibidor Tom se olió algo raro: su hermano nunca llegaba tan temprano a casa, a esa hora solía estar en el penthouse de los Trümper.
Bastó un pequeño vistazo para que el adolescente se cuestionara en qué momento fue atrapado por «The Twilight zone». Era ridículo, nada encajaba: la ropa que Nick vestía claramente no era suya, esas botas parecían de chica y ni hablar de la camiseta de «Son of a Witch». ¿Desde cuando Nick escuchaba música posterior a los noventas?
Por no mencionar las pizzas y el pack de sodas, ese detalle fue el que acabó de darle mala espina. Su hermano acostumbraba llegar con pizzas cuando necesitaba suavizar alguna mala noticia.
El excesivo nerviosismo del adulto no era para nada alentador.
Nick era su soporte, su Patronus. Si él se desmoronaba, Tom no tardaría en irse a la mierda.
Sus negros presentimientos se confirmaron en cuanto su hermano empleó las palabras mágicas: «Siéntate, tenemos que hablar”.
Un listado de tragedias plausibles desfiló por su cabeza: Tal vez el fiscal había conseguido la prueba que necesitaba para reabrir el caso en su contra, tal vez su padre cambió de opinión y lo quería de regreso en casa.
Eso sin dudas destrozaría el corazón de su hermano.
Tom no sabía que pensar de ello, Jörg era su padre después de todo, durante años había luchado —en vano— por conseguir su aprobación. Sin embargo, en los meses que llevaba viviendo con Nick, Tom conoció otro tipo de vida. Se sentía bien no ser despertado de madrugada con insultos, por no mencionar que los unicos golpes que recibía de parte de su hermano eran amistosas collejas y palmaditas de «estoy orgulloso de ti» en la espalda.
Mientras Tom divagaba Nick dio un largo rodeo que parecía no conducir a ninguna parte y que lo estaba poniendo aun más nervioso. Finalmente el adulto se pasó ambas manos por el rostro, como buscando valor para continuar, ocasión que el adolescente aprovechó para intervenir.
—Sólo escúpelo de una vez —graznó, ya perdiendo la paciencia. Él era de la creencia que dilatar el mal trago sólo empeoraba las cosas.
Su hermano inhaló hondo y puso una mano en su rodilla, dando un pequeño apretón.
—Val y yo somos novios —lanzó de sopetón.
~Bill~
Había tenido días malos, pero ese definitivamente se estaba candidateando para ser de los peores ese año.
¡Y tan bien que había iniciado!
No acababa de comprender a Bob Marley, de verdad que no. El chico en ocasiones daba la impresión de ser una persona completamente diferente, alguien dulce, cuyo interés por él era genuino. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, volvía a ser el mismo idiota de siempre.
Lo que estaría bien si Bill no hubiera comenzado a desarrollar sentimientos por él.
Vamos, que no estaba enamorado. Luego del fiasco con Markus el menor de los Trümper estaba determinado a no volver a enamorarse jamás.
No, no era amor, Bill estaba muy seguro de ello. No sabía que nombre ponerle a esa rara conexión que había entre ambos, pero ciertamente no era amor.
Ello no hacía que el desaire de esa tarde doliera menos.
Por si su miseria no fuera suficiente su hermano coronó su día de mierda lanzándole un cubetazo de agua fría, metafórico pero igual de indeseado…
Se agachó para recoger el ratón, que en un arranque de ira había arrojado al otro lado de la habitación, y lo abrazó con fuerza a manera de disculpa. Sin saber cuál de los dos se hallaba mas necesitado de consuelo.
—No tienes la culpa de que él sea un imbécil, Mauschen—le susurró al peluche.
—¿Quién es un imbécil?
La pregunta lo sobresaltó, se suponía que estaba sólo en su habitación, ¡se suponía que había reglas!
—¡Val! ¡¿Por qué entraste sin tocar?!
—Lo hice, tres veces.
«Jodidas reglas»
Su hermano mayor valoraba privacidad y seguridad por igual. Por ello las reglas de la casa dictaban que se llamaba tres veces a la puerta y, por lo mismo, si a la tercera nadie repondia «ocupado, vuelve más tarde» el visitante subentendía que quien fuera que estuviera tras la puerta podía encontrarse en problemas y estaba autorizado a entrar.
Bill se sentó en el borde de su cama, aún sosteniendo al peluche en sus brazos. Su hermano se arrodilló en la alfombra, ante él, y le sostuvo una mano entre las suyas. Traía un brillo de picardía en los ojos y una sonrisa que apenas le cabía en el rostro.
—¿Qué tal estuvo la presentación? —preguntó el menor, sólo por hacer conversación. Algo le decía que Val tenía algo importante que revelarle, a juzgar por la forma en que estrujaba su mano.
—Cumplió con las expectativas.
Algo muy gordo debió ocurrir a espaldas de Bill para que el parlanchín de su hermano le respondiera tan lacónico. Usualmente habría realizado una extensa reseña del evento, desde la ropa de los asistentes hasta el servicio de catering.
—¿Sabes que te amo más que a nada en el mundo y que nada ni nadie cambiará eso? —le recordó el adulto, con brutal seriedad.
«Oh-oh»
Por lo visto sí había sucedido algo a sus espaldas, algo que él no deseaba oir.
Jaló bruscamente su mano y se alejó meneando la cabeza. Debía estar soñando, aquello era sólo su pesadilla recurrente atormentándole de nuevo.
—Bibi…
Sin soltar el ratón, se llevó ambas manos a sus oídos en un gesto infantil. Si no lo oía, técnicamente se quedaría como una mera especulación, amarga pero irreal.
Los ojos del adulto se ensombrecieron, se acercó despacio e intentó apartar sus manos tirando de sus muñecas con delicadeza.
—Frijolito.
Bill se rindió pronto, no estaba de ánimos para luchar esa tarde.
Del idiota de Bob Marley se lo esperaba, ¿pero de Val, SU VAL?
—No quiero saber los detalles —espetó, con dificultad, el nudo que se formaba en su garganta le impedía hablar con normalidad.
—¿Ni siquiera te importa que él me haga feliz?
—¡Eramos felices juntos, antes de que lo conocieras!
Odiaba ser visto como un niño llorón, pero no podía contener las lágrimas calientes que empapaban sus mejillas. Su mundo de fantasía se rasgaba ante sus ojos y ya no volvería a ser el mismo.
—Pensé que estabas bien con ello—tanteó su hermano, tratando de razonar con él—, tú mismo sugeriste que saliera con él.
—¡Como rollo de una noche, no para que te convirtieras en la señora Kaulitz!
Quería hacerse un ovillo y no volver a salir de su habitación hasta la próxima glaciación, pero su hermano no lo dejaría hundirse en su miseria sin intentar hablar del tema.
Cogió su móvil, su mochila y salió de prisa dejando a Val de pie en medio de su cuarto, preguntándole donde iba y a que hora regresaba. No respondió porque no lo sabía, ni siquiera tenía muy claro si deseaba regresar.
~Tom~
Su hermano nunca fue bueno relatando historias ni haciendo resúmenes. Por lo que todo lo que Tom pudo colegir de aquella ensalada rusa que salía de labios de Nick era que él y el hermano de su Mauschen estaban juntos.
Era eso o su bro se encontraba en medio de un mal viaje…
—¿Seguro que no te fumaste nada de regreso a casa? —preguntó medio en broma, medio en serio. Su hermano no fumaba ni cigarrillos, pero nunca estaba de más preguntar.
—Comí un par de galletas de marihuana—respondió con una sonrisa boba.—, ¿eso cuenta?
Tom suspiró. Eso explicaba algunas cosas, no la sonrisa, había sólo un ser en el planeta capaz de provocar esa sonrisa.
Era mas que probable que la parte de los vikingos en el bosque fuera producto de su imaginación, pero lo otro parecía bastante factible. En especial considerando los vestigios de gloss en labios de Nick.
De alguna manera era algo que esperaba sucediera tarde o temprano —en especial luego de su ida de lengua ante Trümper—. No le agradaba, nada le quitaba de la cabeza que el modelo solo buscaba pasar el rato con su hermano, el tonto de Nick era demasiado bueno para darse cuenta.
Pero tenía años de no verlo tan feliz y enamorado. ¿Quién era él para pinchar su burbuja? Sólo esperaba que el regreso a la realidad no fuera muy doloroso.
~Val~
Su frijolito se lo había tomado mucho peor de lo que imaginaba. No podía obligarlo a que aceptara a Nick de buenas a primeras, hasta cierto punto comprendía sus temores. Su relación con Wolfgang Joop fue desastrosa en más de un sentido y del noviazgo con Andy no había nada positivo que rescatar.
Pero Nick poseía un corazón excepcional bajo esa apariencia de hombre simplón, Val esperaba que algún día su hermanito consiguiera verlo tan claro como él.
Al menos ese mensaje de Georg Listing, asegurando que Bill estaba con él, encabronado pero a salvo, le aportaron cierta calma.
~Tom~
Los hermanos Kaulitz cenaban en silencio. Tom no estaba de humor para ningún tipo de charla y Nick…
Nick llevaba un buen rato ausente, aparentemente en un lugar muy placentero, porque sonreía de la nada cada par de bocados.
Tan absorto se encontraba en sus pensamientos que no oyó la melodía que sonaba sin cesar escaleras arriba.
Con un resoplido de molestia, el menor cogió una aceituna de su rebanada de pizza y se la arrojó para llamar su atención.
—Tu móvil está sonando—avisó con indiferencia.
El veterinario bajó de su nube y prestó oido al insistente sonido, confirmando que efectivamente aquello que sonaba era su teléfono. Se incorporó de prisa, congelándose con una mano en el respaldo de la silla y su trasero medio levantado.
—Ehm… Enano… Yo…
El chico sólo rodó los ojos y lo liberó de sus obligaciones como adulto y jefe de esa peculiar familia de sólo dos miembros: «Ve a contestarle a tu novio, no es como si estuvieras aquí de todos modos».
El hombre agradeció con una sonrisa, se limpió la boca con la servilleta y corrió a su cuarto, tropezando en el rellano.
Tom puso los ojos en blanco, nunca imaginó que vería a su hermano mayor comportarse como un adolescente enamorado. Se asomó con sigilo al pie de la escalera, una vez se aseguró de que Nick entró a su cuarto metió la mano al bolsillo de sus jeans —escarbando por su móvil— y se echó pesadamente en el sillón de la sala.
~Nick~
Para cuando llegó a su cuarto tenía tres llamadas perdidas de Val. Se sentó en la cama, con su corazón galopando debido a la carrera y la excitación. Devolvió la llamada solo para encontrarse con el enojoso tono de «ocupado».
Llamó tres veces más, rogando para que aquello no fuera motivo de su primera pelea de pareja. Ignoraba que tan bitchy podía ser Val como novio, le bastaba saber que como amigo podía llegar a ser muy hiriente cuando algo le molestaba.
Nervioso, dejó el teléfono en paz sobre la cama, no fuera que su novio — ¿No se oía hermoso? «Mi novio Val» — lo estuviera llamando a su vez.
Tres minutos y medio de tenso silencio después cogió nuevamente el aparato, se sobresaltó un poco cuando este vibró en su mano con una reciente notificación de WhatsApp. Estaba demasiado susceptible, sus ganas de que las cosas funcionaran entre el modelo y él eran directamente proporcionales a su miedo a cagarla.
«Meine liebe, creo que hay problemas con la línea, no me puedo comunicar. ¿Estás bien?»
De acuerdo, ese mensaje no ayudó mucho a calmar su agitado corazón.
Algo le decía al veterinario que mejor se iba acostumbrando a esa sensación.
Fracasó al intentar escribir, sus dedos resbalaban en el teclado culpa del nerviosismo y acabó enviando un texto incomprensible.
Al otro lado de la ciudad, el top model mas cotizado del viejo continente abrazaba a su ya-no-tan-pequeño Bulldog inglés y se derretía de ternura.
Decidió intentar otra vez por la vía tradicional.
«Voy a llamar nuevamente, cruza los dedos para que esta vez no haya inconveniente».
Nick se dejó caer de espaldas sobre su cama, respondiendo un distraído —okey— al teléfono. Se sonrojó al darse cuenta de que no había forma de que su novio lo escuchara si no presionaba el botón de rec.
El teléfono alcanzó a timbrar cuatro segundos exactos antes de que aplastara su dedo contra la pantalla aceptando la llamada.
—Fui el m-mejor alumno d-de mi promoción—dijo, respirando profundamente y modulando con celo para que mitigar el efecto de su tartamudez—, m-me gradué con h-honores y n-o reprobé un solo ramo en t-toda mi carrera.
En su alcoba Val alzó una ceja y se quedó desconcertado por un momento, sin saber a que venía semejante declaración
—Es una información interesante, gracias por compartirla.
—Me p-pareció conveniente aclararlo, y-ya que no he dejado de actuar c-como un idiota desde el instante mismo en que t-te conocí, y ahora que somos novios n-no parece que vaya a dejar de hacerlo.—agregó atribulado, cubriéndose los ojos con el antebrazo—S-soy un tipo listo, aunq-que no te lo parezca.
Val quiso tenerlo en sus brazos en ese momento, para estrecharlo en ellos y besarlo hasta borrar todas sus inseguridades. Lo apuntó mentalmente para la siguiente vez que se vieran.
—Nick, no te apenes, tus tartamudeos me parecen sumamente sexys.
Sonrió incrédulo. El apelativo mas halagador que había recibido por su tara con las justas había sido un «es muy tierno»; lo dijo natalie años ha, cuando ella rechazó su invitación a salir.
—¿Me e-estás tomando el pelo?
—Desde luego que no. Suena extraño, pero en realidad para mí tiene mucho sentido. La gente se comporta diferente cuando está a mi alrededor, se ponen en plan seductor —a veces resulta gracioso, la mayoría es sólo patético—. En cambio tú siempre has sido auténtico, no te esfuerzas por tratar de impresionarme.
El veterinario sintió el aguijonazo de la culpa, aquello no era tan así.
—El día de mi cumpleaños pasé casi media hora peinándome—confesó—, tiempo completamente perdido porque al enano le pareció gracioso aflojarme la coleta momentos antes de salir del ascensor.
—¿Por eso el mechón suelto?
—Por eso el mechón—confirmó, abochornado ante la risita de su novio—. Lo siento.
—Nick, nada de eso era necesario. Me gusta tu cabello revuelto, tengo un pequeño fetiche con el… ¡No te rías!
—No puedo evitarlo, la idea es descabellada.
—Creo que es tiempo de que sepas que una de mis fantasías incluye a tu cabello suelto y desordenado…
—¿Y qué más?
—Nada más…
Nick tenía su rostro imposiblemente sonrojado.
~*~
Abrió la última conversación de WhatsApp que tuvo con Trümper. Se habían quedado hablando hasta tarde pese a que él debía madrugar para ir al taller. Eso había sido dos noches atrás.
Tipeó «Lo siento, Mauschen» y vaciló al enviarlo. Lo borró, tipeó de nuevo y volvió a borrarlo otras tres veces, hasta que se echó la bronca él mismo.
Si su hermano había tenido las pelotas de plantarse ante «La Señora Trümper» y pedirle ser su novio el debía ser capaz de capaz de hablar con el moreno, sino cara a cara, al menos por teléfono.
La primera llamada lo tiró a buzón de voz. Esa era una mala señal, sus temores, la culpa y un sinfín de pensamientos desastrosos se le vinieron encima.
¿Y si había arruinado todo con su Mauschen? Lo que fuera que ese «todo» abarcara.
Lo había pillado en un mal momento. «Esos» problemas venían acrecentándose día con día. Hace no más de un mes fácilmente podía correrse dos veces en una hora, ahora tenía suerte si conseguía una erección a medias, y se corría tan rápido que quedaba aun más frustrado.
Él también lo había pensado. Su problema se relacionaba de alguna manera con su Mauschen. Porque nunca tuvo ese tipo de problemas con ninguna chica.
¿Se debía a que la terapia estaba funcionando? ¿Acaso se le estaba quitando lo marica y por eso Trümper ya no lo excitaba como antes?
Si su Mauschen fuera una chica él no tendría esos problemas…
«¡Mierda! Si Bill una chica yo… yo…»
Su corazón se aceleró ante semejante pensamiento, tan tentador como irreal. Bill caminando hacia él por el pasillo de la secundaria, la estrella en su cadera perfectamente visible gracias a sus jeans de cintura baja y el top negro con las letras «Fuck you» en él, relleno con un par de lindas tetas, no lo bastante grandes para ser grotescas sino del tamaño adecuado para acunarlas en su palma.
Bill sería una chica preciosa y muy sexy, deseada por todos, envidiada por todas. Pero él era Tom Kaulitz, el unico a su altura. Hablando de altura, ya que era una fantasía, su yo imaginario y novio de Bill-chica se empinaba sobre el 1,70 mts.
Desde luego su Mauschen ignoraba tanto sus problemas como sus desvaríos, comprensiblemente su sincero comentario le cayó como patada en las bolas.
Tom se maldijo nuevamente. Su cabeza era un caos, pero algunas cosas las tenía muy claras: Trümper le importaba demasiado como para joder las cosas con él.
Se quedó mirando el teléfono; ignoraba en qué momento él le cogió el aparato, se tomó una selfie haciendo una mueca chistosa y la guardó junto a su número, pero le encantó descubrirlo.
Esas eran el tipo de tonterías que le provocaban una calida sensación en su pecho al pensar en él.
Ahora esa selfie era su fondo de pantalla.
Desbloqueó el teléfono, dispuesto a llamarlo de nuevo, pero éste se le adelantó.
—Lo siento, no podía contestar, había moros en la costa.—
Su voz sonaba chistosa.
—¿Dónde estás? ¿Estás ebrio? ¿Por qué estás jadeando? ¿Hay alguien contigo?
—Esas son demasiadas preguntas. —respondió con una risita— estoy en casa de un amigo de Gus-Gus. Herbert, Hagar, Hugh… o como se llame. Estoy jadeando porque todos los jodidos cuartos de esta casa estan ocupados y el único sitio que ofrecía algo de privacidad era la casa del árbol. Y no estoy solo, estoy con un chico guapísimo con el que planeo follar toda la noche.
Tom hizo una mueca ante la última parte, se recordó que el moreno era libre y que no tenía ningun tipo de derechos sobre él. Despues de la desastrosa forma en que terminó su último encuentro no podía culparlo por buscar mimos en brazos de un desconocido. Eso no conseguía que lastimara menos.
Se las arregló para mascullar un «Que te diviertas» que habría sonado tanto mas creíble si no lo hubiera dicho entre dientes.
Con ello obtuvo más injuriantes risas del otro lado de la línea.
—Te estoy jodiendo, Bob Marley. No soy de los que se lian con el primer chico lindo que se cruza por delante.
¿Entonces que es lo que venia sucediendo entre ellos dos?
—¿Aun estás enojado conmigo? —preguntó temeroso, a fin de cuentas era uno de los motivos por los que llamó.
Hubo un eterno momento de silencio, en que Tom se jaló una rasta hasta que se volvió doloroso.
—Ya no. —respondió finalmente, se oía triste, eso sólo hizo que Tom se sintiera aun peor—Sí, me dolió cuando lo dijiste, pero estabas pasando por un mal momento, supongo que es entendible que hayas respondido de mala manera.
Esas palabras le regresaron el alma al cuerpo. No sólo porque su Mauschen ya no estuviera enojado con él, sino porque imaginarlo retozando con otro chico le hacía hervir la sangre.
Debía cuidar sus palabras en el futuro.
—¿Qué opinas del notición?
Desde que su hermano le había contado las nuevas, al llegar a casa esa tarde, tenía algo atorado en su garganta que no podía dejar salir ante Nick. Algo que sólo Trümper podía comprender, porque compartían los mismos recelos.
—Mil gracias, Bob Marley. Vine de juerga con los chicos para olvidarme un rato de ese asunto y lo primero que hacer es recordármelo.
—¿Crees que sea tan terrible?
—¿Lo dudas? Val llegó a casa caminando sobre nubecitas y riéndose solo.
Tom bufó. La estupidez era contagiosa
—Mi bro igual. Ahora esta arriba, hablando con él
—Esto no pinta nada bien —se quejó el moreno, con desánimo—. Bob Marley, ¿me darías asilo?
El de rastas pensó que era algún tipo de broma, pero el tono fatalista que tenía el otro chico no era fingido.
—¿Asilo? ¿Por qué? ¿Piensas irte de tu casa?
—Si ellos se van a vivir juntos me van a mandar muy lejos, con la abuela Petra en Magdeburg o a los Alpes suizos.
Tom rodó los ojos, hasta él se daba cuenta de que Trümper sobreactuaba
—No creo que sea para tanto. No van a abandonarnos, Mauschen.
—Pero solo existen el uno para el otro. Ya era terrible antes, imagínalo ahora
Tom recordó lo distante que su hermano estuvo durante la cena
—Mi habitación no es tan grande como la tuya, pero puedo acomodar un saco de dormir.
—Gracias, Bob Marley. Prometo no ser una molestia, compartiremos las cuentas y te ayudaré a limpiar la casa. Pensándolo bien, no me gusta nada limpiar, pero como poco.
—No hay problema, cocinaré para ti.
—¿Sabes cocinar? ¡Wow!
Una llamita de estúpido orgullo se encendió en su pecho, no volvería a avergonzarse de sus dotes culinarias, si con ello conseguía impresionarlo.
—¡Por supuesto que se cocinar! No soy una niña bien como tu.
—Creo que te juzgué mal. Imaginé que no te cercarías a la cocina por considerarlo «cosas de chicas y maricas».
—Bueno, Gordon Ramsay lo hace y él no es marica. O si lo es, disimula muy bien.
Bill rió con su comentario, Tom deseó con todas sus fuerzas estar en esa casa en el árbol, con él.
Se quedaron al teléfono hasta medianoche, a regañadientes Tom debió poner fin a la comunicación si no quería andar somnoliento en el trabajo todo el día.
No quería dejarlo, el noviazgo de los adultos eliminaba toda posibilidad de verse. Su hermano pasaría mucho mas tiempo en la casa Trümper imposibilitando sus encuentros.
Extrañaba ver a su Mauschen casi a diario como antes, pero no podía quitarle tiempo a su trabajo ni a la terapia.
Si tan solo el mayor de los Trümper no estuviera en casa sino hasta más tarde, ellos dispondrían de un poco de tiempo a solas
Hablar con Valentino era una completa locura, si bien cabía la posibilidad de que «La señora Trümper» escuchara su petición o incluso que accediera a ella (todo con tal de ganarse sus simpatías), no estaba dispuesto a exponerse a su mirada incisiva ni a su consiguiente interrogatorio sobre sus intenciones para con su hermano pequeño.
Aunque había formas indirectas de acceder al modelo…
Sólo tenía que sugerirle a Nick que no desaprovechara el verano e invitara al modelo al cine, al teatro o a cenar.
Experimentó un poco de remordimiento por pensar siquiera en manipular a su hermano de esa manera, pero estaba seguro de que ambos saldrían beneficiados con esa situacion
~Nick~
—¿Me juras que no vas a arrepentirte?
La voz era grave y seria. Aquello no era ni remotamente una broma ligera.
—Sólo me arrepiento de no haber cedido mucho antes a la tentación de besarte. Temía que huyeras despavorido, como casi hiciste esta tarde.
Nick sonrío y se recostó en la cama, algo más calmado; las palabras fluían sin tanta dificultad.
—Entonces… ¿Nos vemos mañana?
Hubo un silencio en la línea, antes de que Val respondiera.
—Mañana no puedo. Por la noche tengo un compromiso impostergable.
Nick no se esperaba eso, no precisamente ahora que creía que las cosas entre Val y él comenzaban a marchar bien.
Una corriente fría lo atravesó de punta a cabo, entretanto mil tonterías acometieron su cabeza, provocando que la alegría que lo embargó gran parte de la tarde flaqueara.
Recordó los constantes coqueteos de su ahora novio con todo mundo, inclusive ese mismo día —poco rato antes de declararle tan teatralmente su amor— había flirteado con Ulrich a vista y paciencia de la esposa de éste.
Se dijo que tal vez fue un tonto al aspirar tener a alguien como Val por completo para sí, pero el mero hecho de pensar siquiera en compartirlo se le hacía insoportable. Él no funcionaba de esa manera, cuando se entregaba lo hacía totalmente, no a medias. Ingenuamente había esperado obtener lo mismo de Val.
El consejo de Amber aun hacía eco en su cabeza: «Tu pareja te lastimará sólo en la medida que tú se lo permitas».
Nick no estaba por la labor de confrontar a Val, ni a nadie. Él era mas bien del tipo pasivo, que agachaba las orejas y se alejaba con la cola entre las piernas sin decir ni media palabra. Sin embargo, nunca había deseado a nadie con la intensidad que amaba a Val. Esta vez no se iba a rendir sin haber hecho al menos el intento de luchar por él.
Inhaló profundamente y exhaló despacio. Necesitaba estar en control de si mismo, que su voz no lo traicionara aunque sus manos temblaran y tuviera un lío en su estómago a causa de los nervios.
—Val, si la nuestra va a ser una de esas relaciones «abiertas» y continuarás viendo a otra gente… lo siento, no estoy interesado. Quizá te parezca anticuado pero te quiero sólo para mi, si pido demasiado prefiero que me lo digas ahora.
El corazón del veterinario se rompió cuando la llamada se cortó de forma abrupta.
Dejó que las lágrimas rodaran libremente por su rostro, aún pasmado por la manera en que su hermoso sueño había acabado. No quería pensar en nada, en el fondo de su cabeza sabía que aquello era lo mejor, pero su corazón aun estaba en carne viva como para entender razones.
Su móvil vibró y sonó escandalosamente, notificando una videollamada.
Era de Val.
Se tragó una lágrima amarga y rechazó la llamada. Dos intentos mas tarde no tuvo mas alternativa que contestar, por lo visto el modelo estaba empecinado en hablar con él cara a cara.
En cuanto el rostro preocupado de su novio llenó la pantalla, este arremetió sin darle oportunidad de abrir la boca siquiera.
—Esperaba que tuvieramos esta charla en otro momento, en casa, con calma y definitivamente no por teléfono. Debes comprender que la coquetería es parte de mi forma de ser y también de mi trabajo, pero eso no me convierte en promiscuo. Yo sólo tengo dos amores en mi vida: uno es Frijolito, mi bebé y el otro eres tú, Mi Nick, el hombre con quien sueño cada noche, el que me cargó a través del bosque —¡dos veces! — pese a que aseguré que no era necesario y que atraviesa media ciudad con un tupper de pasta sólo para asegurarse de que no me salte el almuerzo. Eres lo más maravilloso que ha pasado en mi vida, desde el nacimiento de Bibi. ¿Por qué querría salir con otros hombres, teniéndote a ti?
Val estaba llorando, sin hacer aspavientos, contenido hasta en ese momento de flaqueza.
—L-lo siento, yo sólo tenía miedo de que tu…
—Debemos trabajar esa inseguridad, eres un hombre magnífico, no puedes tener tan pequeño concepto de ti mismo—Val se secó las lagrimas con un elegante movimiento de su mano, Nick estaba fascinado viéndolo. —. Si deseas saberlo, me reuniré con …
—No es necesario que me lo digas.
—Quiero hacerlo. Nuestra amistad estuvo repleta de malos entendidos, no quiero lo mismo para nuestra relación. Quiero que vengas conmigo si tienes dudas, si hago o digo algo que te moleste, aunque parezca insignificante.
Nick no era un celópata, confiaba en su novio, pero también era cierto que muchas veces prefería quedarse con las dudas atragantadas en la garganta antes de atreverse a actuar. Se mordió el labio inferior y con resolución sacada de no sabía donde, se atrevió a formular la pregunta que le quemaba las entrañas.
—¿Cuál es ese compromiso tan importante que impide que nos veamos mañana?
Val le sonrió con dulzura y le contó sobre Vincenzo da Roca, un viejo amigo al que no veía hace mucho, ya que generalmente se encontraba fuera del país.
Nick sabía que Val no era de tener muchos amigos cercanos, los pocos que existían estaban repartidos por el mundo—de hecho él no le conocía a ninguno—. La numerosa gente con la que Val departía en las recepciones y fiestas de gala tan sólo eran «conocidos» con los que no mantenía una relación estrecha ni de confianza.
—Tuve suerte de localizarlo, se encuentra en Berlín preparando su última exposición. Lo que nos viene como anillo al dedo a nuestros planes.
—¿Nuestros planes?
—Aun te debo un favor, ¿recuerdas?
Continuará…