Jóvenes Rebeldes 19

Fanfic TWC / TOLL de lyra

Capítulo 19

Al día siguiente el ánimo de Tom estaba por los suelos, tras su conversación con Bill el día anterior que había mandado al traste todos sus planes no tenía ánimos para nada.

Sobre todo tras la cena, cuando trató de relajarse un poco leyendo en la sala común pero fue ver a Andreas riéndose con sus amigos lo que hizo que le hirviera la sangre y cerrando el libro con rabia salió de la habitación pensando que todo era culpa suya.

Tenía que hacérselo pagar de alguna manera, y esa mañana cuando fue a desayunar se le ocurrió una genial idea. Los de tercero gozaban del privilegio de servirse primero y dejar que los demás comieran de sus sobras, por así decirlo.

Ese día Tom no pensaba esperarse, cogió su plato y levantándose de la mesa fue directo a servirse el primero mientras que sus compañeros de tercero sentados en sus sillas le miraban con caras de incrédulos.

—Dile algo—siseó Gustav mirando a Andreas.

Andreas resopló y carraspeando se aclaró la voz.

—Thomas, sabes que tenemos nuestras normas—empezó a decir—Los de tercero nos servimos primero y…

—Las normas están para romperlas—le interrumpió Tom mirándole con frialdad—O cambiarlas si no estamos de acuerdo. Podemos votar entre todos, si seguimos las viejas normas o ponemos unas nuevas.

—Tú no eres quien lo decide—intervino Gustav.

—No, lo haremos entre todos—dijo Tom dirigiéndose al resto de sus compañeros— ¿Quién quiere que se cambien las normas?

Levantó la mano, viendo con una amplia sonrisa que todos sus compañeros de primero levantaban la suya junto con los de segundo, cansado todos no solo de comer las sobras de los de tercero sino de tener que soportar los aires de grandeza que se daban Andreas y sus amigos.

—Creo que la mayoría manda—dijo Tom sonriendo.

Antes de que alguno de tercero pudiera replicar el resto de sus compañeros se levantaron y corrieron a servirse entre risas.

—Andreas, tienes que pararle los pies a tu primo—gruñó Georg cruzándose de brazos—El otro día en la fiesta y hoy esto, parece que le tienes miedo.

—Y no sólo es él—murmuró Gustav—Algunos alumnos de primero parece que nos están tomando el pelo, colándose a cada fiesta que se te ocurre dar porque te aburres.

Andreas les fulminó con la mirada, no podía explicarles que le tenían cogido por los huevos tanto Tom como Alex y sus amiguitos que le exigían dar una fiesta cada fin de semana, y él tenía que dejarles hacer lo que quisiera para que Alex no se fuera de la lengua.

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Y la venganza de Tom no se quedó sólo en eso, una tarde tras terminar de estudiar decidió darse una ducha. Y qué mejor manera de putear a su primo que utilizar los baños que estaban destinados a los alumnos de tercero.

El como sus compañeros de primero utilizaban los baños del fondo del pasillo que eran más pequeños mientras que los de tercero gozaban del privilegio de contar con unos baños más acorde a su estatus.

No se lo pensó dos veces y pasando de largo a sus compañeros se dirigió a los baños de los alumnos de tercero y entró en una de las cabinas a ducharse con total tranquilidad sonriendo al escuchar cómo protestaban en voz baja por su presencia allí pero nadie se atrevía a decirle nada por ser quien era.

Fue Andreas quien tuvo que escuchar cada una de las quejas de sus compañeros, al ser precepto y primo del intruso.

—Dile algo Andreas, no puede seguir haciendo lo que le dé la gana—murmuró Gustav cruzándose de brazos—Entiendo que por ser tu primo y que su familia sea parte de la realeza debes hacer con él a veces la vista gorda pero eres el precepto. Hazte respetar y recuérdale que aquí tenemos normas.

Tom salió del baño en esos momentos y se les quedó mirando, viendo como Andreas desviaba su mirada al suelo.

— ¿Hay algún problema?—preguntó Tom.

—No puedes usar nuestras duchas—contestó Gustav viendo que Andreas seguía con la mirada clavada en el suelo—Hay normas que tienes que respetar, cuando estés en tercero podrás disfrutar de nuestros privilegios pero hasta entonces te tienes que aguantar.

Detrás de Gustav varios alumnos de tercero le dieron la razón, no siendo Andreas uno de ellos que murmurando una débil excusa dio media vuelta y regresó a su habitación dejando para más tarde su ducha.

— ¡Andreas!—llamó Gustav resoplando.

—Si no estáis conforme con vuestro precepto siempre podéis nombrar a otro—intervino de repente Tom.

— ¿Cambiar de precepto?—repitió Gustav soltando una risa—Imposible.

— ¿Por qué?—quiso saber Tom.

—Porque…es Andreas—contestó Gustav—Quiero decir que le apasiona ser precepto y hasta ahora lo ha estado haciendo genial. Se respetaban nuestros privilegios hasta que llegaste tú, tiene miedo de enfrentarse a ti y por eso te deja hacer lo que te da la gana.

—Tú lo harías mejor que él—soltó de repente Tom con firmeza—Pregunta a tus compañeros, fijo que si hacéis una nueva votación ganarías.

Gustav se quedó pensando en sus palabras, lo cierto era que su amistad con Andreas se había ido debilitando más desde que fuera expulsado y él no hiciera nada para impedirlo como contar la verdad. Si le pillaron con las pastillas fue porque Andreas le obligó a llevarlas, y el plan inicial era cargarle el muerto a otro pero al final él fue el expulsado y le había costado mucho volver a Hillerska por no hablar de la charla que le había caído en casa.

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Esa noche tras la cena Andreas fue a la sala común donde estaban reunidos todos los alumnos de tercero.

— ¿Ocurre algo?—preguntó Andreas.

Gustav se puso en pie y tomó la palabra.

—Andreas, es nuestro deber proteger la reputación de los alumnos de tercero—empezó a decir—Sabemos que has pasado por una mala época y que tus estudios absorben la mayor parte de tu tiempo pero el último semestre es muy importante para todos no sólo académicamente. Nos merecemos los privilegios que por tradición nos corresponden pero últimamente se nos han negado. No podemos permitirlo.

—De acuerdo, tomo nota de vuestras quejas y me ocuparé de que así sea—dijo Andreas.

—No hace falta Andreas, ya hemos elegido otro precepto—informó Gustav.

— ¿Sin mi permiso?—inquirió Andreas.

—Sabes que no lo necesitamos, hablé con Nolan y está de acuerdo que si entre todos lo decidimos podemos elegir un nuevo precepto—explicó Gustav.

—Y ese eres tú, ¿verdad?—murmuró Andreas.

Gustav asintió con la cabeza. Andreas resopló y dando media vuelta salió de la sala común, encontrándose con Tom y Charles en el pasillo.

—Gustav es el nuevo precepto—les informó con rabia—Si yo os parecía un dictador ya podéis prepararos.

Siguió su camino sin esperar una respuesta, estaba que echaba chispas.

— ¿Qué habrá pasado?—quiso saber Charles.

—Estaban hartos de él—murmuró Tom procurando no sonreír.

Lo había logrado, Andreas ya no tenía poder en Hillerska. Le había arrebatado lo que más quería….justo como había hecho con él…

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Tras su victoria Tom sentía que se había quitado un peso de encima, ver a su primo despojado de todo poder le hacía sentirse algo mejor. Pero entonces llegó el día en que empezó a tener que acudir a las sesiones con el psicólogo de Hillerska como le había prometido a su padre. No le apetecía en absoluto, y esa tarde tenía su primera cita.

El doctor Nilsson tenía su despacho en la primera planta y le esperaba tras la hora de comer. Y tener que ver a Bill no ayudaba mucho. Llevaban unos días en los que apenas había intercambiado palabra, se le quedaba observando en silencio y juraría que lo veía más alegre. Sabía que había pasado algo que él se había perdido y no sabía a quién poder preguntar sin levantar sospechas.

La única persona era Clarisse pero no quería meterla en sus problemas pues ella era amiga de Bill y no le iba a contar nada que hubiera prometido guardar en silencio. Como lo que Tom sospechaba, que se estaba viendo con Markus y la cosa parecía ir muy en serio.

No le apetecía nada pasarse la siguiente hora hablando con un extraño de sus sentimientos, lo que quería era encerrarse en su habitación y echarse a llorar.

Pero no podía faltar a ninguna de sus sesiones con el psicólogo, su padre sería informado y era la única condición que había exigido si quería seguir estudiando en Hillerska. Bueno, eso y el maldito discurso que daría dentro de un mes…

Se dirigió al despacho del doctor Nilsson sin dejar de mirar a su alrededor, no quería que nadie supiera de sus visitas al psicólogo. Llamó a la puerta y entró cuando le dieron permiso.

—Adelante, Thomas—saludó Nilsson esbozando una amplia sonrisa.

Tom se dio prisa en entrar y cerrar la puerta tras él. El despacho era parecido al de Nolan y por suerte no contaba con el típico diván donde los pacientes solían recostarse para hablar de sus sentimientos con más comodidad.

Nilsson le señaló una de las sillas que había en mitad de la habitación ante una mesita redonda.

— ¿Te apetece un café?—invitó Nilsson—También hay té, agua,…

—Nada, gracias—murmuró Tom ocupando la silla que le había indicado.

Nilsson se sentó en la otra y decidió dar comienzo a su primera sesión.

—Por lo que tengo entendido son sus padres quienes creen que necesitas hablar conmigo—empezó a decir Nilssson, viendo como Tom asentía con la cabeza— ¿Tú que opinas sobre eso?

—Bueno…son mis padres, están preocupados por mi como lo estaría cualquier padre con su hijo—murmuró Tom.

— ¿Tienen motivos para preocuparse?—quiso saber Nilsson.

—No, eso no es lo que he dicho—dijo con firmeza Tom—Estoy bien, ya lo he superado.

—Ya lo has superado—repitió Nilsson—Háblame de eso que ya has superado.

Tom resopló antes de contestar, sabía de sobra a lo que se refería y no pensaba entrar en detalles precisamente con él.

—He superado que se filtrara un video sexual que ha visto todo el mundo y aquí todos sepan que yo participaba también en el—soltó de carrerilla—Lo he desmentido porque mis padres así me lo han pedido pero en Hillerska todos mis compañeros saben de sobra que éramos Bill y yo en mi propia cama. Pero ya lo he superado y no quiero volver a hablar del tema.

—Thomas, tienes que saber que todo lo que me digas será confidencial—dejó Nilsson bien claro—Ni siquiera estoy tomando nota de nuestras sesiones, solo tengo que informar a sus padres de tu asistencia o no. Nada más.

—De acuerdo—murmuró Tom— ¿Es obligatorio que hable?

—No, si no quieres decir nada yo no te voy a obligar—contestó Nilsson—Pero creo que te haría bien, siento que hay algo que te come por dentro y necesitas hablarlo con alguien.

Pero Tom negó con la cabeza, ya lo había hablado con Clarisse y seguía sintiéndose hecho una mierda. Nada de lo que le dijera Nilsson le haría cambiar de parecer, no haría que Bill abriera los ojos y se diera cuenta de lo mucho que se necesitaban.

Así que tomó la decisión de pasar el resto de la sesión en silencio, como bien le había dicho Nilsson no estaba obligado a decir nada y con tal de asistir y que su padre quedara conforme, Tom no pensaba pronunciar una palabra el resto de las sesiones.

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Al día siguiente asistió a clase tratando de no pensar en su visita al psicólogo, habían quedado en verse una vez a la semana aunque Nilsson le había informado que la puerta de su despacho siempre estaba abierta y podía ir a hablar con él cuando lo necesitara.

Tenían clase de deporte a última hora y ese día consistía en una carrera alrededor de los bosques que rodeaban Hillerska. Todos echaron a correr y Tom se quedó de los últimos al ver como Bill iba quedándose atrás. Si no llegaba de los primeros le pondrían mala nota y eso afectaría su media. Y no pensaba permitirlo.

Se quedaron corriendo a solas hasta que Bill sintió que sus pulmones iban a estallar y se dio por vencido.

— ¡Vamos, Bill!—animó Tom.

—No puedo más—contestó Bill entre jadeos—Sigue sin mi, te van a suspender por mi culpa.

—Venga, tomaremos un atajo—apuntó Tom.

— ¿Quieres que hagamos trampas?—quiso saber Bill.

—No pienso permitir que tus notas bajen por culpa del deporte—contestó con firmeza Tom—Ven, sígueme.

Así lo hizo Bill a regañadientes, no le gustaba hacer trampas y menos con sus notas. Habían perdido de vista al resto de sus compañeros que estarían dando un amplio rodeo por el bosque mientras que ellos se dirigían a los establos para atravesarlos y tomar así un atajo.

Lo que no contaba Tom era encontrarse con Markus, quien al verlos lanzó un silbido para llamarles la atención y saludarles con la mano. Tom no pudo evitar devolverle el saludo por educación, viendo que Bill hacía lo mismo.

— ¿Le conoces?—preguntó sin poderse contener.

—Es del pueblo, allí nos conocemos todos—contestó Bill entre jadeos— ¿Tú de qué lo conoces?

—Sólo de verlo aquí en los establos—murmuró Tom—Venga, sigamos antes de que nos pille alguien.

Siguieron corriendo y llegaron al bosque donde se adentraron de nuevo. Se reunieron con parte de sus compañeros y gracias a ese atajo llegaron de los primeros.

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Terminada la carrera fueron a las duchas y mientras esperaba su turno Tom no pudo dejar de observar que con una toalla ajustada a su cadera Bill recibía un mensaje y lo leía con una amplia sonrisa en sus labios. Lo contestó y dejando el móvil sobre sus ropas se fue a la ducha.

Le llegó otro mensaje y Tom no pudo contenerse, cogió el móvil y lo leyó. Era de Markus, ¡como no!

«Estás muy guapo haciendo deporte. Cuando quieras repetimos lo de la otra noche, esta vez te dejo a ti elegir»

Tom dejó de nuevo el móvil en su sitio, sentía su corazón latir rápidamente en su pecho. Markus y Bill se estaban viendo aprovechando que él tenía que quedarse encerrado en Hillerska. Y le había mentido en su cara diciendo que sólo le conocía del pueblo.

¿Qué es lo que habían hecho la otra noche que Markus quería repetir? ¿Y qué sería eso que Bill podría elegir esa vez?

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Esa noche en la sala común no podía quitarse a Bill de la cabeza, no dejaba de darle vueltas al mensaje que había recibido y al parecer no era el único.

— ¿Dónde vas tan elegante?—escuchó decir a Georg.

Alzó la mirada de sus apuntes que estaba tratando de repasar y observó a su primo parado en la puerta, vestía un traje que parecía caro y su cara estaba algo pálida.

—Tengo un compromiso importante—explicó por encima Andreas—Nolan ya lo sabe y me ha dado permiso para acudir.

—Parece que vas a una fiesta—siguió diciendo Georg.

—Es…algo muy importante—murmuró Andreas—Debo cuidar mi imagen. Nos vemos mañana, creo que volveré tarde.

Dio media vuelta y salió del internado. Había un coche aparcado con el motor en marcha esperándole, gentileza de Nolan para los alumnos que así lo necesitaran como era su caso.

Entró en el coche y éste se puso en marcha. Por el camino Andreas no paraba de darle vueltas a la llamada que había recibido a primera hora de la tarde y que le había dejado sin habla.

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— ¿Andreas? Soy David Jost, secretario personal de Jörg Kaulitz.

Nada más escuchar el nombre de su tío Andreas sintió la garganta reseca y que le costaba tragar.

—El señor Kaulitz quisiera hablar contigo esta misma noche si puede ser posible—explicó por encima David—Ya se lo ha comunicado al director y un coche le estará esperando para traerle y llevarle de vuelta a Hillerska cuando haya terminado la reunión.

—Hoy no sé si será posible…—empezó a balbucear Andreas.

—Es muy urgente que hable con su tío—cortó David—Tiene mucho trabajo y hoy puede hacerle un hueco. Su tío sabe que sus estudios están por encima de todo y no le robará mucho tiempo.

No pudo negarse de nuevo y aceptó la invitación de su tío, sin saber muy bien cuál sería el motivo de su inesperada reunión.

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Una hora después se hallaba sentado en el despacho de Jörg Kaulitz, hacía mucho de su última visita a sus tíos y no podía evitar sentir cierta envidia al ver la gran mansión en la que vivía su primo, nada que ver con la modesta casa de 2 plantas en la que vivía su familia.

—Andreas, muchas gracias por venir—dijo Jörg nada más entrar por la puerta.

Andreas se puso en pie de inmediato y estrechó la mano de su tío esbozando una sonrisa por educación. Esperó hasta que se hubo sentado y tomó asiento de nuevo, pensando que lo mejor era tomar la palabra y tocar cierto tema que ambos sabían que les unía.

—Lo siento mucho—se disculpó sin aliento—No sé cómo expresar mi arrepentimiento por mis actos…

—Silencio, por favor—pidió Jörg muy serio—Ya no hay vuelta atrás, nada de lo que hagas o digas puede remediar lo ocurrido. Estuvo muy mal y entiendo que tu familia esté pasando por una mala época pero eso no es motivo para actuar como lo hiciste.

Andreas permaneció en silencio sin atreverse casi a respirar. Su tío siempre le había dado miedo, con su aspecto serio y encima le tenía realmente enfadado por algo que había sido una travesura hecha sin maldad.

—Lo que le hiciste a Thomas y por extensión a la familia real es imperdonable—siguió diciendo Jörg—Pero…últimamente el comportamiento de Thomas es inestable y ha llegado a oídos de la familia real. Como bien sabes varios de sus miembros son clientes de mi empresa que he levantado con mucho esfuerzo y quiero dejar en buenas manos el día que yo no pueda llevarla.

Andreas asintió con la cabeza, conocía perfectamente la historia de cómo el abuelo de Thomas había levantado una gran empresa de la nada hasta convertirla en la más grande de Alemania, y cómo su padre se había dejado la piel en ella para que lo siguiera siendo.

—Mi sueño siempre ha sido que Thomas sea quien ocupe mi puesto pero en vista de su comportamiento y salidas fuera de tono, no me ha quedado más remedio que buscar otra persona que sea capaz de tomar el mando—dijo con firmeza Jörg—Sólo en el caso en que Thomas no pueda soportar la presión del cargo, tú serás quien le sustituyas.

— ¿Yo?—repitió Andreas casi sin voz.

—Esto quiere decir que tendrás que reorganizar tu plan académico—dijo Jörg abriendo una carpeta que tenía ante él—Aquí tengo tus notas y son excelentes, de eso no hay duda. Y tu expediente está impoluto, no hay nada que lo manche ni un escándalo. Quiero que siga así hasta que termines tus estudios y entres en la universidad que yo elija, por supuesto pagaré tus estudios sabiendo que tu familia no puede hacerse cargo y te exigiré que te esfuerces el doble de lo que ya lo estás haciendo.

Andreas sentía que le faltaba el aire y empezaba a marearse, era un regalo envenenado lo que le estaba ofreciendo. Una gran empresa pero para poder llevarla tendría que dedicar cuerpo y alma, olvidarse de todo lo demás y centrarse solo en el trabajo. No sabía si lo iba a poder soportar, pero tampoco podía negarse ya que era su única oportunidad de labrarse un futuro.

—Por supuesto, esto debe quedar entre nosotros—dejó Jörg bien claro.

—Por supuesto—repitió carraspeando Andreas—Yo…no sé que decir, agradezco mucho esta oportunidad que se me está ofreciendo.

—A decir verdad, no fue idea mía—dijo de repente Jörg—Ha sido la familia real quien casi me lo ha impuesto, yo siempre apoyaré a mi hijo pero en vista de cómo se están sucediendo las cosas no hay más remedio que pensar en un plan B por si acaso.

—Aún así, le estoy muy agradecido—repitió Andreas.

—Para empezar, vas a recibir una copia del discurso que dará Thomas en la celebración del centenario de Hillerska—anunció Jörg—Quiero que te lo aprendas de memoria y en caso de que Thomas no esté en condiciones de pronunciarlo serás tú quien tome la palabra.

—Así lo haré—prometió con firmeza Andreas—No le voy a defraudar.

—Eso espero Andreas—murmuró Jörg—Ahora regresa a Hillerska y vuélcate en tus estudios, demuéstrame que no me equivoco confiando en ti.

Andreas se puso en pie y se lo prometió de nuevo.

Regresó al internado con una amplia sonrisa en los labios, por culpa de Thomas había perdido su poder en Hillerska pero su padre acababa de darle un preciado regalo, algo que era de Thomas pero que no se merecía por no saber estar a la altura de su estatus.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del fandom

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