Fanfic TWC / TOLL de lyra
Capítulo 22
Llegó la gran noche, el baile de San Valentín se celebraría por todo lo alto. Esa misma mañana habían llegado los disfraces a Hillerska y cada alumno había recibido el suyo con entusiasmo.
No como Tom, que lo miraba con una expresión de fastidio en la cara. Como ya había supuesto, dada su condición y al ser el pariente más cercano a la familia real que estudiaba en el internado su ropa era digna de un rey.
Su disfraz constaba de una camisa blanca, pañuelo al cuello y chaleco del mismo color con bordados en tonos dorados. Pantalones ajustados hasta media pierna con una levita que le llegaba a la altura de las rodillas. Todo en seda azul cielo.
Y para rematar el absurdo disfraz una peluca blanca con el peinado típico de la época, grandes rizos en las sienes y sujeto en una cola baja también rizada. Tom resopló al verla, desde luego iba a estar ridículo así vestido.
O eso era lo que pensó en su momento, las clases habían terminado y tras la comida ese día no habría tarea para nadie. Tenían tiempo de hacer los pocos deberes que les habían mandando y a media tarde todos comenzaron a vestirse para la ocasión.
Ante el espejo de su habitación Tom tuvo que admitir que el disfraz le sentaba genial. No se veía tan ridículo como pensaba y cogiendo una cajita de maquillaje que también les habían dado junto con la ropa comenzó a darle un tono blanquecino a su cara, típico también de la época en la que se basaba la fiesta.
Se había puesto también la peluca, escondiendo sus trenzas bajo ella y una vez terminado de maquillarse parecía que había viajado en el tiempo y se había convertido en un poderoso rey. Ya no quedaba nada del Thomas Kaulitz del siglo XX, aquel que había tenido la osadía de enamorarse de un simple plebeyo.
Pensar en Bill hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas, no podía evitar seguir enamorado de él aunque Bill parecía que ya había pasado página y había encontrado la felicidad al lado de Markus.
Se limpió con cuidado una lágrima que se le había escapado y tratando de no pensar más en Bill terminó de vestirse y fue a reunirse con el resto de sus compañeros.
Salió de la habitación y de nuevo tuvo la sensación de haber viajado en el tiempo. El pasillo estaba lleno de alumnos con ropas elegantes y pelucas cada cual más extraña. Caminó entre ellos quienes parecían incluso hacerle una reverencia a su paso como si de su rey se tratara y le estuvieran mostrando sus respetos.
La fiesta se iba a celebrar en la planta baja de Hillerska, llevaban dos días decorándola para la ocasión dejando uno de los salones como pista de baile y otro con una gran mesa repleta de comida en la que no faltaba una gran tarta y el clásico ponche, por supuesto sin nada de alcohol.
Poco a poco fueron llegando las invitadas, las alumnas del internado de al lado vestían sus mejores galas y pronto encontraron pareja para bailar.
Desde el rincón que se había buscado Tom pudo observar como se divertían sus compañeros, había estado conversando con algunos de ellos pero no quería quedarse en un grupo concreto. No podía evitar dejar de buscar a Bill con la mirada, le había visto coger el autobús tras la comida y apenas habían hablado esa mañana.
Sabía que el coro actuaría sobre las 10 y aún faltaban un par de horas, no sabía si Bill se uniría a la fiesta o estaría aún decepcionado por cómo se había enterado de su beso con Clarisse, en plena comida y ante todos sus compañeros.
Bill debía sentirse avergonzado y lo último que querría sería aparecer en la fiesta y ser el centro de los cuchicheos y las miradas, lo que llevaba siendo desde la filtración del famoso video.
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Tumbado en su cama Bill pasaba el tiempo tratando de estudiar pero no podía concentrarse. En esos momentos la fiesta estaría en todo su esplendor y él encerrado en su habitación porque no quería asistir a una fiesta donde sabía que sería el centro de atención.
No le quedaba otra que acudir a las 10 porque tenía que cumplir con el coro, pero hasta entonces prefería permanecer todo lo alejado que podía de Hillerska.
Su padre había tratado de convencerle antes de irse a trabajar esa tarde pero Bill había sido tajante.
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—No deberías castigarte de esa manera—soltó Gordon para su sorpresa—Eres joven y tendrías que estar divirtiéndote con tus amigos.
—En Hillerska no tengo amigos—apuntó Bill—Solo Alex, y se ha cansado de serlo porque hace tiempo que no pasamos tiempo juntos y en clase está más a su bola. Y ya me he cansado de que todos esperen que haga o le diga algo a Tom para tener de qué hablar.
—Pues cambia de actitud—insistió Gordon—Olvídate de tus compañeros y ve a la fiesta a divertirte un poco.
—Es muy fácil decirlo—murmuró Bill suspirando—Pero complicado de hacer.
Se fue a su habitación a hacer tiempo hasta que llegara la hora de marcharse a Hillerska.
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Y ahí continuaba tumbado en la cama con el libro de biología abierto sobre el pecho y la mirada perdida. Escuchó pisadas en el pasillo y al minuto llamaron a la puerta.
—Papá, aún es pronto—murmuró sin levantarse de la cama—No tengo que estar hasta las 10, no insistas, por favor.
Entonces la puerta se abrió y para sus sorpresa vio a Markus parado en el pasillo. Se incorporó en la cama para observarle mejor, vestía traje oscuro y corbata a juego.
—He pensado que mejor no llamar mucho la atención—explicó sonriendo Markus—He visto que así irán los camareros y me puedo camuflar entre ellos por si alguien recae en mi presencia.
—Pensé que lo tuyo no era un baile de disfraces en Hillerska—le recordó Bill.
Markus se encogió de hombros y entrando del todo en la habitación le tendió una mano para ayudarle a levantarse de la cama.
—Por ti, lo que sea—dijo Markus antes de apoderarse de sus labios.
Le dio un breve beso y soltó para que empezara a arreglarse.
Así lo hizo Bill, se dirigió al armario y abriendo las puerta sacó su uniforme que se puso ante Markus sin importar que le estuviera mirando cómodamente sentado a los pies de su cama.
— ¿No deberías ir disfrazado?—preguntó Markus.
—No, el coro actúa siempre de uniforme—explicó Bill resoplando.
Lo último que deseaba era ponerse un ridículo disfraz y que todo el mundo se riera a su costa por sus pintas.
Una vez más.
Se dio prisa en vestirse y una vez hecho sintió que Markus se levantaba de su cama y se le acercaba. Al momento le abrazó por la espalda apoyando la cabeza en la curva de cuello donde le dejó un tímido beso.
Bill cerró los ojos sin poder evitar separar los labios dejando escapar un gemido, pero no por lo que Markus creía. Su gesto le había hecho retroceder en el tiempo a la única vez en que Tom estuvo en su habitación y le hizo eso mismo.
Lo recordaba claramente como si hubiera pasado el día anterior, como estaban hablando de su madre y al sentir la tristeza con la que hablaba Tom le abrazó por la espalda besándole también en el cuello.
«Me gustan mucho tus besos»—había dicho Bill en susurros.
Y Tom sonrió y volvió a besarle en el cuello, usando la lengua esa vez para acariciar y lamer su piel…
Sacudió la cabeza y abrió los ojos de golpe, después de esos besos terminaron en la cama dando rienda suelta a su pasión. Se movió en los brazos de Markus y se soltó de su abrazo carraspeando.
—Lo siento—se disculpó Markus al momento.
—Es que…se hace tarde y tengo que terminar de arreglarme—murmuró Bill sin volverse.
Salió de la habitación y fue al baño a tratar de tranquilizarse, sentía su corazón latir con fuerza en su pecho tras el abrazo de Markus pero no porque fuera él quien se lo había dado sino por los recuerdos que sin querer había despertado.
Minutos después salía ya más calmado y se reunió con Markus quien de nuevo se disculpó por si se había excedido. Bill no le quiso dar más importancia y se pusieron en marcha. Cogió su abrigo y salieron de casa, su padre ya se había ido a trabajar, y lo había hecho muy contento al ver como la nueva pareja de su hijo le iba a buscar para no dejarle sólo en una noche tan especial.
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Faltaba una hora para la actuación estelar del coro y la fiesta estaba en todo su esplendor. Contaban con un buen DJ y casi todos los alumnos estaban en la improvisada sala de baile dando lo mejor de si. Incluido Tom, o al menos eso aparentaba.
Movía su cuerpo al compás de la música pero no estaba disfrutando en absoluto, no hacía más que buscar a Bill con la mirada pero no lo encontraba por ningún lado. Aunque con tanta gente disfrazada costaba reconocerse entre ellos, pero sabía que al ser del coro Bill iría de uniforme y ni aún así lograba dar con él.
— ¿Me concede un baile, majestad?
Se volvió al escuchar una voz femenina que le era muy familiar y esbozó una amplia sonrisa al ver a Clarisse de pie a su lado haciéndole una reverencia.
—Estás preciosa—comentó Tom sin poder contenerse.
Porque de verdad que lo estaba, con un elegante vestido de seda rosa y peluca del mismo color. Apenas la habría reconocido si no hubiera llegado a hablarle.
—Y tú muy elegante—dijo Clarisse echándole un vistazo de arriba abajo—Te sienta muy bien el azul.
Tom no pudo evitar sentirse nervioso ante la mirada que le había echado, él se veía ridículo pero tanto Clarisse como el resto de las chicas que no apartaban de él la mirada le encontraban sexy y apuesto.
— ¿Te lo estás pasando bien?—preguntó Clarisse preocupada.
Tom asintió con la cabeza pero Clarisse sabía de sobra que mentía. Le había estado observando unos minutos, como disimulaba tratando de dar a entender que se lo estaba pasando genial en la fiesta cuando en el fondo lo que más le apetecía era marcharse de ella. Para ir a buscar a Bill, quien no llegaría hasta la hora crítica de tener que actuar con el coro.
Así se lo había dicho esa tarde cuando Clairsse trató de que convencerle de que se fuera a la fiesta con ella. Pero Bill se negó en rotundo y no le quedó más remedio que marcharse con Alex quien ya con su disfraz puesto le metía prisa para no llegar tarde.
Clarisse no entendía lo que le pasaba a su hermano, era el mejor amigo de Bill y se habían criado juntos desde pequeños. Pero llevaba días apenas sin verse o hablarse fuera de Hillerska, y Alex sólo le decía que Bill había cambiado mucho desde el video y se pasaba todo el tiempo encerrado en casa. Que al principio había tratado de entenderle pero ya se había cansado y quizás con el tiempo Bill volvería a ser el de antes.
Clarisse lo dudaba, habían pasado muchas cosas y de no ser por Markus con el que Bill trataba de pasar página, estaría sólo hundido en su dolor…
Hablando de Markus, le vio aparecer en medio de Hillerska. Y no venía sólo, a su lado un sonriente Bill aceptaba la copa de ponche que Markus le ofrecía y tras brindar con él le dio un sorbo.
—Ahora vengo—se disculpó ante Tom.
Cruzó la pista de baile y fue a recibir a Bill con un fuerte abrazo.
— ¡Pensaba que no vendrías hasta las 10!—exclamó Clarisse muy emocionada.
—Markus vino a buscarme y no pude negarme—se explicó Bill sonriendo.
—Venid, estamos bailando—dijo Clarisse, sin dar más detalle de con quien estaba bailando ni nada.
—Ahora vamos en un rato—murmuró Bill.
Había podido echar un vistazo a la sala de baile y a pesar del disfraz pudo reconocer a Tom de inmediato. La única persona en toda la fiesta con una triste expresión en su cara.
Clarisse les dejó a solas y volvió al lado de Tom.
— ¿No te apetece bailar un poco?—quiso saber Markus.
No sabía qué hacer, en el fondo estaba ahí por Markus y él si tenía ganas de fiesta. Y por otro lado…quería que Tom le viera, lo feliz que era con otra persona con la que podía mantener una relación sin andar escondiéndose.
Así que asintió con la cabeza y tras dejar la copa de ponche que apenas había probado se dirigió a la sala de baile con Markus a su espalda, quien le colocó las manos sobre los hombros y empezaron a bailar sin dejar de caminar por la sala abriéndose paso ante la atenta mirada de Tom.
Pronto encontraron un buen sitio donde poder disfrutar de la fiesta, sin importarle que algunos compañeros de Hillerska estuvieran cuchicheando al verle en tan grata compañía.
— ¡Bill! Pensé que no ibas a salir de tu escondite.
Bill se volvió al momento descubriendo a Alex, se notaba que estaba algo bebido y no por el ponche que no llevaba nada de alcohol. Seguro que lo habían colado sus nuevos amigos y eran de los que más estaban disfrutando de la fiesta.
Por una vez Bill quiso unirse a esa diversión y dejando por fin a un lado lo mal que lo había pasado por culpa del video y de Tom, lo dio todo en la pista de baile disfrutando de la música como si no hubiera un mañana.
Y Tom no podía quitarle los ojos de encima, nunca antes le había visto moverse de esa manera como si no le importara nada ni nadie. Y Markus bailando bien pegado a él, poniéndole las manos en las caderas para llevar el ritmo.
Se estaban divirtiendo, y él sólo quería morirse en esos momentos…
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Media hora después Markus pidió una pausa y a pesar de los ruego de Bill salió de la pista de baile en busca de un poco de aire. Encontró una silla libre y sentó en ella mientras se aflojaba el nudo de la corbata.
—Haberte quedado bailando—dijo Markus al ver a Bill sentarse a su lado.
—Sin ti no me apetece—murmuró Bill suspirando—Además, falta poco para las 10 y necesito estar descansado.
—Había pensando que…tras el baile…—empezó a decir Markus mirándole fijamente— ¿Por qué no te quedas en mi casa a dormir? Podía traerte mañana a Hillerska, ya tienes el uniforme y sólo tendrías que pasar por casa a por tu mochila.
—De acuerdo—contestó Bill sin dudarlo un momento.
Markus no pudo evitar sonreír al escuchar sus palabras y tomándole con suavidad de la barbilla se inclinó sobre él y le besó suavemente en los labios.
—Sabes a fresas—murmuró contra ellos.
Bill sonrió al escucharle, le había dado tiempo a aplicarse un poco de rimel en las pestañas y también se había dado brillo en los labios, los mismo que estaba saboreando Markus con tanto deleite.
— ¿Comemos un poco de tarta?—preguntó Bill tras el beso—Me muero de hambre.
Markus asintió con la cabeza y se levantaron dirigiéndose a la mesa donde había una gran tarta de nata. Cortaron unas buenas raciones y allí mismo se las comieron de pie una vez más bajo la atenta mirada de Tom, quien no podía evitar espiar cada uno de sus movimientos con Clarisse a su lado tratando de que se divirtiera y dejara atrás el pasado.
Y parecía no ser el único, Andreas había aparecido en la fiesta algo tarde pues no le apetecía mucho y en esos momentos veía a su primo babear como un niño sin apartar la mirada de Bill quien le ignoraba y se lo estaba pasando en grande con su nuevo novio.
— ¿Has visto con quien está Thomas?
La voz de Gustav le hizo volverse y tras estudiar a la chica que estaba al lado de su primo tuvo que negar con la cabeza al no poder reconocerla.
—Es Clarisse—apuntó Gustav—Parece que hay algo más entre ellos que un simple beso.
— ¿Tú crees?—murmuró Andreas.
—Ya sé que a tí te gustaba también, pero parece que tu primo se te ha adelantado—dijo Gustav entre risas.
—No tienes ni puta idea de lo dices Gustav—se encaró Andreas cansado de escuchar tonterías—Y podías dejar de lamerle el culo a mi primo, sobre todo porque fue gracias a él que te expulsaran de Hillerska.
Gustav se quedó sin palabras al escucharle.
—Habíamos acordado todos echarle la culpa a Bill de las pastillas, pero Thomas se negó en rotundo—explicó por encima Andreas—Nadie entendíamos porqué, pero claro que no sabíamos en esos momentos que estaban juntos y lo normal era que quisiera salvarle el pellejo cargándote a ti el muerto. Todos se pusieron de su parte, menos yo. Así que ahora si quieres vas y le das las gracias por todo el apoyo que te dio en esos momentos.
Gustav no podía dar crédito a lo que estaba oyendo, sobre todo porque Thomas se había mostrado muy cordial con él tras su vuelta a Hillerska. Incluso le había animado para quitar a Andreas de precepto saliendo él en su puesto tal y como Thomas había predicho.
Y todo lo había hecho por los remordimientos que sentía por haberle culpado de algo que no había hecho. Y había sido expulsado de Hillerska, dando a sus padres un buen disgusto y teniendo que pagar una cantidad desorbitada para poder regresar al que era el mejor internado de toda Alemania.
Entonces vio que Thomas le dirigía la mirada incluso una sonrisa. Sintió una arcada y dando media vuelta salió de la sala de baile antes de ir a su encuentro y partirle la cara por ser tan rastrero.
—Qué le pasará…—murmuró Tom al verlo.
— ¿Decías algo?—preguntó Clarisse haciéndose escuchar por la música.
—Que voy a tomar un poco el aire—dijo Tom en voz alta.
— ¿Todo bien…con Bill?—se atrevió a preguntarle Clarisse.
—Si…solo tengo que aceptarlo de una vez—contestó Tom suspirando.
Dio media vuelta y salió de la pista de baile, cruzando su mirada con la de Andreas que se la devolvió con una amplia sonrisa en sus labios.
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Caminó por el salón sin dirigirse a ningún lado en particular, encontrándose ante la mesa del buffet donde Bill y Markus comían un trozo de tarta. Le habían visto y era tarde para dar media vuelta sin quedar como un maleducado. Tragó saliva y esbozando su mejor y falsa sonrisa fue a ponerse él también un trozo de tarta.
— ¿Me pasas una cuchara, por favor?—le pidió a Markus.
—Aquí tienes, Thomas—dijo Markus tendiéndole la cuchara.
—Gracias, y llámame Tom—pidió Tom sin dejar de sonreír—Todos mis amigos me llaman así.
Markus asintió con la cabeza.
— ¿Qué tal los caballos?—preguntó Tom tratando de entablar conversación— ¿Va mucha gente a montar?
—Con este frío apenas va gente pero es normal—contestó Markus— ¿Tú sabes montar?
—Si, aprendí de niño—dijo Tom sonriendo—Pero no practico mucho, apenas tengo tiempo libre con mis estudios. Podíamos ir un día de estos, si quieres te enseño.
Se estaba dirigiendo a Bill en esos momentos, quien había permanecido en silencio escuchando la conversación mantenida.
—No se me dan bien los caballos—murmuró Bill carraspeando—Cuando estoy en los establos apenas me acerco a ellos, me dan miedo.
—Si cambias de idea, te enseño encantado—dijo Tom comiendo un trozo de su tarta—Está deliciosa, ¿verdad?
Markus asintió con la cabeza, la verdad es que nunca había probado nada igual. Se notaba que en Hillerska se preocupaban de dar lo mejor a sus alumnos ya fuera en educación como en alimentación.
—En fin, nos vemos en la pista de baile—murmuró Tom tomando asiento—Yo ahora regreso cuando me haya terminado la tarta.
—Claro, la noche es joven—dijo Markus sonriendo.
Le dejaron a solas comiendo y fueron a dar una vuelta por el salón.
—Parece muy simpático—comentó en voz baja Markus—No es tan estirado como los demás niños ricos de Hillerska.
Bill tuvo que darle la razón, la verdad era que Tom no se parecía en absoluto a los demás compañeros del internado que iban alardeando de la fortuna de sus padres. Era más recatado, y no le importaba tener que rebajarse charlando con alguien de una inferior clase, no como el resto de Hillerska que parecía que cada vez que veían a uno de los becados esperaba que les hiciera una reverencia o les diera las gracias por estar estudiando en el mejor de los internados gracias a la generosidad de sus padres.
—Voy un momento al baño—anunció Markus— ¿Me esperas?
Bill asintió con la cabeza, pero en cuanto Markus se dirigió al l baño dio media vuelta y fue en busca de Tom.
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Una vez que los perdió de vista Tom se levantó con rapidez y dejó su plato sobre la mesa. Sentía que le faltaba el aire y la garganta la tenía reseca, cogió una copa de ponche y se la bebió de un trago mientras trataba de respirar con normalidad.
Lo había intentado, entablar una conversación como si nada con el novio de Bill pero todo lo que había salido por su boca había sonado de lo más falso, toda esa cordialidad que había tratado de transmitir hacia una persona a la que odiaba con toda su alma por haberle arrebatado lo que más anhelaba.
Se estaba mareando y decidió salir a tomar un poco de aire. Recorrió el salón y estaba a punto de salir a los jardines cuando se encontró a Bill que iba a su encuentro, o eso era lo que parecía.
— ¿Qué ha sido eso?—preguntó Bill sin poderse contener.
— ¿A qué te refieres?—quiso saber Tom.
—La conversación tuya con Markus…me ha parecido extraña—aclaró Bill.
—Sólo quería ser educado—apuntó Tom—Perdóname si te he hecho sentir incómodo, o si Markus se ha molestado. No me estaba burlando de él ni nada parecido.
—Está bien, no se ha sentido ofendido—dijo Bill para su tranquilidad.
—Yo…ya he comprendido la situación y la acepto—murmuró Tom mirándole con firmeza—Ya no me quieres, y te voy a dejar tranquilo. No volveré a molestarte con mis súplicas, sé que no vas a darme una segunda oportunidad y ya lo he asumido.
—Gracias por entenderlo—dijo Bill suspirando.
—Tu novio es muy agradable, tiene mucha suerte de tenerte—susurró Tom sintiendo que le faltaba el aire.
Dio la conversación por finalizada y salió a los jardines a toda prisa. Sentía que se estaba agobiando y llevando una mano al cuello aflojó el nudo de pañuelo de seda que llevaba demasiado ajustado. Empezó a caminar sin rumbo por los jardines que rodeaban Hillerska, escuchando la música que flotaba en el ambiente.
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Bill le vio marcharse y fue en busca de Markus que salía en esos momentos del baño. Faltaban 10 minutos para la hora de actuar y estaba ya todo el coro reunido en el salón.
Pero no podía sacarse a Tom de la cabeza, la tristeza que emanaba cada vez que le miraba y aunque le había dicho que lo había superado al fin en el fondo sabía que le estaba mintiendo, y que lo estaba llevando peor de lo que se imaginaba.
Y no podía dejarle así, tenía que ayudarle a superarlo como fuera.
—Ahora vengo—dijo Bill de repente mirando a Markus—Tengo que hablar de una cosa con el coro.
Markus asintió con la cabeza y le vio echar a andar mezclándose entre la gente hasta que le perdió de vista, no viendo como salía por una de las puertas que daba a los jardines y echaba a correr por ellos en busca de Tom.
Por suerte no tuvo que buscarle mucho, le halló de pie en mitad de la nada mirando al cielo mientras respiraba pausadamente tratando de tranquilizar así su agitado corazón.
— ¡Tom!—le llamó.
Tom se volvió enseguida al escucharle, le veía caminar en su dirección y viendo a su derecha unos árboles caminó entre ellos para que nadie fuera testigo de la conversación que sabía que Bill quería mantener.
—Yo…sólo intento seguir adelante con mi vida—se justificó Bill yendo tras sus pasos.
—Lo sé…lo entiendo—murmuró Tom.
Bill cogió aire y dirigió una mirada a Hillerska como si esperara que todo el internado estuviera pendiente de ellos. Pero por suerte estaban disfrutando de la fiesta y contaban con el abrigo de los árboles que les ocultaban de miradas indiscretas.
Dio un paso y se acercó todo lo que pudo a Tom, quien se quedó en su sitio no pudiendo evitar ponerse tenso.
—Todo ha salido fatal entre nosotros—empezó a decir Bill.
—Lo sé—susurró Tom tragando con esfuerzo.
—No podemos hablar como buenos amigos sin recordarlo—siguió diciendo Bill sin poder apartar la mirada de los ojos de Tom—El recuerdo estará siempre presente…
No pudo seguir hablando, sentía que se le iba la cabeza tratando de hallar las palabras adecuadas para reconfortar a Tom que tan mal lo estaba pasando.
¿Y él? ¿Acaso no estaba sufriendo también? ¿No iba mintiendo a todo el mundo empezando con Markus dándole falsas esperanzas, usándole para poder seguir adelante?
Separó los labios tratando de coger aire, viendo como Tom separaba también los suyos y entonces todo ocurrió como a cámara lenta. Ambos cerraron los ojos y se acercaron respirando el aliento de su contrario hasta que sus labios se rozaron y empezaron a besarse suavemente una vez, y luego otra.
Entonces abrieron los ojos y se quedaron mirando con una amplia sonrisa en los labios. Volvieron a unirlos besándose más profundamente esa vez, llevando Tom una mano tras su nuca para hacer más profundo el beso mientras que Bill la llevaba a su pecho y le cogía con fuerza de la solapa de la chaqueta para que no se alejara rompiendo así tan mágico momento.
— ¡Bill!
La voz de Markus les hizo separarse al momento, mirándose fijamente con la respiración entrecortada.
—El coro…—siseó Bill acordándose de pronto.
Dio media vuelta y echó a correr hacia Hillerska donde Markus le estaba esperando.
— ¿Dónde te habías metido?—preguntó Markus al verle—Te están buscando.
—Necesitaba tomar un poco el aire—murmuró Bill pasando a su lado.
Entró en el internado sin ver si Markus le seguía o no, sin ver como se volvía para comprobar con sus propios ojos como Tom salía tras los mismos árboles donde él había estado supuestamente paseando mientras tomaba un poco de aire.
Ocupó su sitio en el coro tras dirigir una tímida mirada de disculpa a Nolan que estaba ahí presente para escuchar la nueva versión del himno que sería cantada en el aniversario de Hillerska.
La música había cesado y todos los alumnos del internado estaban reunidos en absoluto silencio para escuchar la canción. Tom se había unido a ellos ocupando un privilegiado sitio ante el coro.
Müller ocupó su sitio y levantando las manos empezó a dirigir el coro. Bill cantó mejor que nunca poniendo toda su alma en cada nota que salía de sus labios, no estaba para nada nervioso de que todos fueran testigos de esa canción que había escrito él sólo y cuya letra guardaba un mensaje que sería cantado alto y claro.
—»Lo que vivimos y lo que fuimos no lo olvidaré, todo lo bueno que compartimos….»—cantaba Bill con toda su alma sin poder apartar de Tom la mirada.
Le veía de pie ante él ofreciéndole la mejor de su sonrisa mientras disfrutaba de la canción, era la primera vez que la escuchaba al igual que todo el internado y cuando cantó la última estrofa en donde se mencionaba a Hillerska todos rompieron a aplaudir siendo Tom el primero.
Bill sentía que se sonrojaba sin poder evitarlo mientras recuperaba el aliento, la canción había gustado y sería cantada en el centenario de Hillerska ante todo los presentes, y no solo ellos pues la ceremonia sería retransmitida en la televisión donde se le reconocería como el autor del nuevo himno.
No podía estar más orgulloso, ni sentirse más feliz en esos momentos con sus ojos fijos en los de Tom, sintiendo que su corazón latía con fuerza en su pecho recordando el maravilloso beso que se habían dado minutos antes donde habían puesto toda la pasión que sabían que aún llevaban dentro…
Continúa…
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