
Fanfic de lyra. Parte III
Capítulo 30
Tras pasarse casi 2 horas estudiando Tom cerró su libro y dio por finalizada su tarea. Era la hora de cenar y saliendo de su habitación se dirigió al comedor donde estaban la mayoría de sus compañeros sentados a la mesa.
Por el camino se encontró con Georg quien le saludó con una amplia sonrisa. Le notaba más cambiado desde que le conociera al principio del curso, ya no era tan capullo y sentía que podía conversar con él de ciertos temas que nadie más iba a poder entender.
— ¿Qué tal estás?—preguntó Georg.
—Bien—contestó Tom encogiéndose de hombros.
—Yo…quería decirte que aunque yo no lo habría hecho creo que has sido muy valiente—dijo con firmeza Georg—Estúpido, pero valiente.
—Gracias…creo—murmuró Tom.
Se le quedó mirando pensativo, tanto Georg como Andreas entraron al mismo tiempo a estudiar en Hillerska y coincidieron al menos un año entero con Eric quien ya estaría entonces en tercero. Nunca antes se había puesto a pensar en cómo había sido su estancia en el internado y tenía mucha curiosidad.
—Oye, tú coincidiste con Eric Jürgens—empezó a decir— ¿Le recuerdas? Muy amigo mío y de Andreas.
Georg asintió con la cabeza, estaba al tanto del fallecimiento de Eric pero nunca había hablado del tema ni siquiera con Andreas. Sabía que era muy doloroso para él recordar a su amigo, aunque no sabía que también fuera tan íntimo de Tom.
—Estábamos muy unidos a pesar de la diferencia de edad—aclaró Tom como si le hubiera leído el pensamiento—Le consideraba como un hermano, y nos lo podíamos contar todo. Pero nunca hablamos del amor ni de las relaciones y esas cosas. A lo mejor tú sabes si estaba él saliendo con alguien…
—Deberías hablar con Andreas de eso—cortó Georg.
—No—contestó Tom con firmeza—Quisiera saber cómo gestionaba estas cosas, ojala hubiera podido preguntarle…
—A ver, sé que tenía algunos rollos pero no eran públicos—empezó a decir Georg—Creo que esa es la cuestión. que la vida privada sea privada. ¿Te arrepientes de haber dicho que eras tú el del video?
—No—negó Tom en rotundo— ¿Por qué iba a arrepentirme?
—No lo sé, quizás sea mejor estar con alguien que sea de nuestra clase social—murmuró Georg.
—No, no lo es para mi—insistió Tom.
—Vale, perdona—dijo Georg dada por finalizada la conversación—Vamos, que si no nos damos prisas nos quedamos sin cenar.
Entraron en el comedor y Georg se sentó al lado de Gustav mientras que Tom ocupó su asiento no pudiendo evitar escuchar la conversación que se mantenía mesa de los de tercero. Faltaban 2 meses para su graduación y se respiraba un ambiente de nerviosismo, pero no era de eso de lo que estaban hablando, sino de un artículo publicado en la prensa.
—La prensa no se cansan nunca de escribir mentiras—murmuró Gustav mirando su móvil con rabia.
— ¿Por lo de Thomas?—quiso saber Georg.
—Tras el discurso están hablando con mucha gente relacionada con Hillerska—explicó Gustav—Pero no solo se centran en lo ocurrido en el centenario, están preguntando sobre cosas que pasaron hace mil años.
— ¿Cómo qué?—intervino Andreas, sentado también en esa mesa.
—Sobre las iniciaciones y todo eso—contestó Gustav.
—Pero todo el mundo sabe que está prohibido hablar de eso—murmuró en voz baja Georg.
—No entiendo qué tiene que ver las iniciaciones con el discurso de Thomas—comentó Gustav.
—No le des más vueltas, la prensa no sabe ya de qué hablar con tal de que siga siendo noticia Hillerska—dijo Georg quitándole importancia al asunto.
Gustav asintió con la cabeza y dejando el móvil sobre la mesa siguió con su cena mientras hablaba con sus compañeros de la graduación que iba a tener lugar en poco tiempo.
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Al día siguiente Tom se despertó y lo primero que hizo fue coger el móvil, quería enviarle un mensaje a Bill de buenos días. Pero vio que tenía uno de Dunja recibido hacía media hora, parecía ser muy importante y lo leyó primero.
«Este artículo salió hoy y no tiene buena pinta. Llámame en cuanto puedas»
En el mensaje había un enlace y Tom picó en el para ver a qué se refería. Ya sólo ver el titular escrito en grandes letras negras hizo que su estómago se encogiera.
«Peligrosos ritos de iniciación en Hillerska»
Leyó el artículo con rapidez, no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo, unas declaraciones hechas al parecer por un ex alumno de Hillerska dispuesto a contar toda la verdad de lo que pasaba en el internado sin miedo a las consecuencias.
«El discurso del heredero Kaulitz inspira a antiguos alumnos a hablar…Brutales violaciones en el internado del joven heredero Kaulitz…Conexiones de la familia real con la escuela de élite…Algunos estudiantes fueron obligados a beber la propia saliva de sus compañeros…La familia real no hará declaraciones…Fiestas salvajes con drogas en Hillerska…Una ley del silencio impregna el internado de Hillerska…¿Realmente tu apellido importa?»
Dejó el móvil a un lado y se dio prisa en levantarse y vestirse. Fue al comedor donde todos sus compañeros comentaban todas esas publicaciones que inundaban ya Internet.
—»Un antiguo compañero recuerda como los de tercero irrumpieron de noche en su habitación y le colocaron una funda de almohada en su cabeza para que no viera nada»—leía Georg en su móvil—»Le sacaron a rastra de Hillerska junto con el resto de sus compañeros de primer curso y los llevaron a un edificio abandonado que hay en mitad de los bosques que rodean Hillerska. Allí tuvieron que beberse sin rechistar la saliva de todos sus compañeros. Obligaron a todos a desnudarse y luego les pusieron una película porno gay. Todos tuvieron que quedarse en ese lugar viendo la película. Cuando escuchó el discurso del heredero Kaulitz en la celebración del centenario le vinieron esos recuerdos. Hablaba de romper con viejas tradiciones obsoletas y eso le inspiró para atreverse a hablar de lo que pasó en ese lugar»
—Muchas gracias, Thomas—murmuró Gustav con ironía.
Por culpa de su discurso estaba saliendo a la luz secretos de Hillerska que llevaban años mantenidos ocultos.
Antes de que Tom pudiera replicar Charles se levantó y tomó la palabra mirando a sus compañeros de primero.
—Todo eso es mentira—dijo con firmeza—A nosotros nadie nos hizo nada de lo que han publicado.
Todos negaron con la cabeza Tom incluido, aunque él llegara con el curso ya empezado tuvo que pasar por su ritual de iniciación y lo recordaba más bien como una broma pesada. Nada comparado con todo lo que se había publicado.
No pudieron seguir hablando del tema, el mismo Nolan entró en el comedor haciendo que todos se pusieran en pie.
—Reunión en el gran salón ahora mismo—dijo con firmeza Nolan—Todas las clases quedan hoy suspendidas.
Todos se pusieron en marcha sin que hiciera falta que Nolan se lo ordenara. Salieron del comedor y se dirigieron a un amplio salón que usaban para dar algunas reuniones o cuando había un tema importante que tratar de Hillerska, como en esa ocasión.
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Había ya varios alumnos sentados, todos lo que no eran internos y que nada más entrar por la puerta habían sido convocados también en el salón a esperar al resto de sus compañeros.
Tom localizó a Bill y fue a sentarse a su lado.
—Hola—saludó en voz baja.
Bill se volvió y se le quedó mirando fijamente. Estaba claro que había leído el artículo y tenía muchas preguntas que hacerle. Al no ser interno de Hillerska se había librado del ritual de iniciación, por suerte no era para los de su clase.
— ¿Es cierto?—soltó sin poder contenerse— ¿Te ocurrió a ti?
—No…lo de la saliva y la peli no—contestó con sinceridad Tom—A ningún compañero mío de primero les pasó nada de eso.
— ¿Y las otras cosas?—insistió Bill.
Pero Tom no pudo contestarle, se escuchó una puerta cerrarse con un sonoro portazo y todos se pusieron en pie de inmediato. Nolan avanzaba por el pasillo seguido de varios profesores con un gesto muy serio en sus caras.
Ocuparon su sitio al final del salón y todos se sentaron cuando les dieron permiso.
—Se van a investigar las acusaciones que aparecen en la prensa—empezó a decir Nolan con firmeza—Se ha presentado una denuncia a la inspección de educación y por ello he decidido que ha llegado el momento de actuar con más dureza. Para empezar se cancela cualquier tipo de fiesta o celebración que hubiera programada, como la fiesta de bienvenida de la primavera. Y todos sus móviles serán confiscados sin excepción alguna, y los alumnos internos podrán usarlos sólo 1 hora al día.
Un murmullo de desaprobación recorrió todo el salón, todos estaban indignados con las nuevas normas que quería implantar Nolan.
—A partir de ahora habrá toque de queda a las 7 de la tarde todos los días—siguió explicando Nolan—También se cancelan los castigos que se tengan que realizar fuera del internado como la limpieza de establos. Si encontramos a algún interno fuera de Hillerska después del toque de queda, o consumiendo alcohol o tabaco por ejemplo será expulsado de Hillerska de forma inmediata. Al igual que quien cometa alguna falta impropia de la educación que les estamos dando en Hillerska, una salida de tono inadecuada tendrá como consecuencia la expulsión inmediata.
Tom no podía creerse lo que estaba escuchando, con esas normas no tendría tiempo de estar con Bill quien debería regresar a casa cada tarde a las 7 en punto ya que se cerrarían las puertas de Hillerska.
—Señor Nolan, por favor—tomó Gustav la palabra como precepto—Todas estas normas no conciernen a los de tercero, ¿no?
—Concierne a todos los alumnos, incluso a los mayores de edad—contestó con firmeza Nolan—Todos los padres ya están informados de estas nuevas normas y están conformes con todas y cada una de ellas. Quiero que quede claro la transcendencia de lo que nos jugamos aquí, si no podemos demostrar que este instituto es un entorno seguro podrían hacer que Hillerska cerrará sus puertas de manera inmediata.
—Pero… ¿y nuestra graduación?—preguntó Gustav desesperado.
—Me temo que queda también cancelada, lo siento mucho—dijo con firmeza Nolan.
Gustav maldijo por lo bajo al igual que todos sus compañeros de tercero, llevaban tiempo esperando el día de su graduación y por culpa de esas declaraciones se iban a quedar sin ella.
No pudo evitar dirigir una furiosa mirada a Tom, todo era culpa suya por no haberse podido callar y dar ese patético discurso.
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Las nuevas normas empezaron ese mismo día. Todos los alumnos sin excepción tuvieron que entregar sus móviles tanto internos como externos. Los internos además tuvieron que permitir que registrasen sus habitaciones en busca de cualquier cosa que contradijera las nuevas normas, logrando hacerse con un botín compuesto de bebidas alcohólicas, tabaco y cualquier medicación que no fuera la que el alumno en cuestión tomase porque así lo necesitara.
Andreas vio con horror como le quitaban sus pastillas sin poder dar ninguna explicación, por suerte había empezado a dejar de tomarlas ya que apenas las necesitaba ya para concentrarse en sus estudios y esperaba no tener que pasar la abstinencia encerrado en Hillerska.
Todo lo requisado fue etiquetado con el nombre del alumno y sería hecho llegar a sus padres para que tomasen cartas en el asunto. Por suerte para Tom no se halló nada en su habitación que infringiera alguna norma, cosa que le hizo respirar aliviado ya que no quería que su madre llegara a enterarse de que una vez más le había defraudado.
A las 7 en punto de la tarde se cerraron las puertas de Hillerska, todos los alumnos estaban en sus habitaciones y desde la ventana Tom observó como a Bill no le quedaba más remedio que marcharse a casa. Siempre que podía cogía el autobús de las 9 pero entre que estaba castigado y que ya no se le permitía quedarse más tiempo en el internado no le quedaba más remedio que regresar cabizbajo a casa.
Por suerte había llegado la hora en la que Tom podía usar el móvil y se la pasó tumbado en la cama hablando con Bill.
—Te echo mucho de menos—susurró Tom al otro lado del teléfono.
Tumbado de espaldas contemplaba la pared de su habitación donde había puesto una foto de Bill y él sonriendo ampliamente a la cámara.
—Y yo a ti—dijo Bill suspirando.
Tumbado él también en la cama miraba el techo de su habitación mientras se concentraba en el sonido de la voz de Tom.
— ¿Qué me estarías haciendo si estuviera ahí?—preguntó de repente Bill.
Tom parpadeó al escucharle, ¿en serio quería mantener sexo telefónico? ¿Y por qué no se le habría ocurrido a él? Sonrió ampliamente y dejó volar su imaginación.
—Si estuvieras aquí conmigo…tumbado en mi cama totalmente desnudo…—empezó a decir Tom con voz agitada—Pasaría los dedos por tu pelo.
Según lo iba diciendo Bill se llevó una mano al pelo con los ojos cerrados imaginándose que era Tom quien le estaba tocando.
—Yo te besaría en ese lunar que tienes en el cuello—explicó Bill en un susurro.
Tom sonrió al escucharle y cerrando él también los ojos se llevó una mano al cuello tocando ese lunar que a Bill tanto le gustaba besar.
—Besaría y lamería tu piel con mucha suavidad—siguió diciendo Bill—Y te acariciaría la mejilla con mi mano…
Tom llevó la mano a su mejilla y se la acarició lentamente hasta llegar a la comisura de los labios. Pero no pudo seguir imaginándose lo que podría pasar a continuación, unos golpes dados en la puerta de su habitación le hicieron abrir los ojos de golpe y maldecir por lo bajo.
—Ya ha terminado la hora del móvil, tiene que devolverlo—dijo una voz con firmeza.
—Si…voy—dijo Tom resoplando—Bill, te tengo que dejar. Lo siento mucho.
— ¡No!—gruñó Bill él también resoplando.
—Mañana nos vemos—dijo Tom a modo de despedida—Un beso.
—Besos—se despidió Bill suspirando.
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Una vez terminada la llamada Bill se quedó tumbado en la cama con el móvil en las manos, no pudiendo evitar acceder a una de las páginas donde se hablaba inevitablemente de ellos dos, donde mucha gente hacía crueles comentarios siendo él como siempre el más perjudicado.
«Pobre heredero que fue engañado por un caza fortunas»
«No es de extrañar que los gays acudan en masa a Hillerska»
«Bill es tóxico»
«¡Maricón!»
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Tom colgó la llamada resoplando y se levantó de la cama mientras recuperaba el aliento. Si hubieran seguido hasta el final, estaba más que convencido de que ambos hubieran disfrutado de un profundo orgasmo.
Abrió la puerta de la habitación y entregó con pesar el móvil al profesor que con una caja en la mano iba puerta por puerta requisando teléfonos.
No estaba del todo incomunicado, en el pasillo Malin hacía guardia y si hubiera alguna novedad en casa sería a ella a quien llamaran.
Al día siguiente desayunaba con el resto de sus compañeros ajenos a los comentarios que circulaban por Internet al no tener sus móviles con ellos, todos ellos relacionados con la situación en Hillerska y las consecuencias de que uno de sus compañeros fuera el detonante de todos ellos.
«¡Cerrad Hillerska de inmediato!»
«Es culpa de Thomas si Hillerska cierra»
«Thomas debería mantener su boca cerrada»
«Lo que pasa en Hillerska se queda en Hillerska»
Al menos contaban con un televisor en el comedor que siempre estaba pagado pero a partir de ese día sería la única manera de mantenerse informados de lo que ocurría en el exterior. Estaban desayunando con el encendido, viendo con atención la única entrevista que había concedido Nolan tratando de alguna manera de quitar importancia a las informaciones publicadas.
— ¿No le parece problemático para el internado esos ritos iniciáticos homofóbicos? ¿Qué dice Hillerska?—preguntaba la reportera.
—En Hillerska estamos en contra de cualquier tipo de novatada o acoso obviamente—contestó con firmeza Nolan—Las revelaciones de los testigos son profundamente preocupantes, pero no compartimos la opinión que se está manifestando.
—Pero tal y como dijo el joven heredero Kaulitz en su discurso las tradiciones son importantes para este internado y los ritos iniciáticos de los alumnos son parte de esa tradición, ¿no?
—Que alguien apague esa tele, por favor—pidió Gustav resoplando.
Georg se movió y cogiendo el mando cortó el televisor. Estaban cansados de escuchar las mismas mentiras contadas una y otra vez.
—Nos han jodido la graduación—comentó Gustav dirigiéndose a todos sus compañeros—Llevamos 3 años de sacrificios para disfrutar de estos últimos días. Y ahora no tendremos nada porque a ciertas personas les sienta mal que nos riamos un poco en las iniciaciones.
Todos escuchaban en silencio, nadie se atrevía a cortar el discurso de su precepto.
— ¿Hay alguien aquí que se haya sentido acosado?—preguntó Gustav con firmeza— ¿Pegado? ¿Escupido?
—Está claro que han sacado todo de quicio—intervino Henry.
Andreas y Georg se miraron entre ellos interrogándose con una silenciosa mirada mientras que uno de ellos negaba con la cabeza.
—Thomas Kaulitz.
Tom se pudo en pie de inmediato al escuchar que le llamaba el conserje de Hillerska.
—Tiene una visita.
Tom asintió con la cabeza y salió del comedor con rapidez.
—Nos quedamos sin graduación porque Thomas tenía que contarle al mundo entero que se había enrollado con un chico—murmuró Gustav.
—Olvida ese tema ya Gustav—intervino Andreas defendiendo a su primo para sorpresa de sus amigos— ¿Y si cierran Hillerska? Todos tendríamos que cambiar de instituto, ¿te gustaría volver a uno público como antes de Navidad?
Gustav negó con la cabeza, habían sido sólo un par de semanas pero lo había pasado francamente mal.
—Si no queremos perder todo lo que hemos conseguido deberíamos apoyar a Hillerska—dijo Andreas dirigiéndose a todos sus compañeros—Deberíamos hacer una declaración conjunta para que la inspección de educación sepa cual es nuestra opinión. Quizás podamos hacer que se calmen las aguas, incluso podamos llegar a celebrar la graduación.
A todos les pareció una buena idea y Andreas sería el encargado de redactar la declaración que presentaría en nombre de todos sus compañeros.
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No tenía ni idea de quién podía ser esa visita inesperada, estaba tranquilo con respecto a su madre pues Malin le hubiera avisado de inmediato.
Salió del internado y descubrió a Dunja a los pies de la escalinata que llevaba a los jardines. Se dio prisa en reunirse con ella. Aún le debía una llamada del otro día pero tras requisarle el móvil le había sido imposible hacerlo.
—Tu padre me ha pedido que hablara en persona contigo—empezó a decir Dunja—Quería venir él pero no se atreve a dejar sola a tu madre.
— ¿Cómo está mi madre?—preguntó Tom conteniendo el aliento.
—Tiene migrañas, no puede dormir…—enumeró con pesar Dunja—Los médicos no paran de hacerle pruebas, habrá que esperar a los resultados.
—De acuerdo—susurró Tom tragando con esfuerzo—Pero.. ¿no puede llamarme mi padre? Aquí solo hay caos. La gente dice que tengo la culpa de que haya salido a la luz todo esto y no sé qué hacer.
Dunja se le quedó mirando fijamente, haciéndole sentir incómodo.
— ¿A ti no te ha pasado nada de lo que se habla, no?—preguntó Dunja en voz baja.
—Nada que no pudiera aguantar—contestó Tom negando con la cabeza.
No quería entrar en detalles con Dunja ni con nadie, recordaba esa noche a la perfección. El miedo que sintió cuando pensó que les estaban secuestrando y luego alguien trataba de abusar de él. Al principio se lo tomó como una broma pesada, pero tras las noticias publicadas empezaba a pensar que la broma había sido llevada demasiado lejos y no debía volver a ocurrir nada parecido en Hillerska.
—Pero entiendes la inquietud no sólo de tu familia sino de la de tus compañeros. Si estas cosas pasaron realmente daría mala imagen que te quedaras en Hillerska—soltó de repente Dunja.
— ¿Mis padres quieren que me vaya de Hillerska?—quiso saber Tom.
—Creen que lo mejor sería mantener la calma hasta que acabe la inspección—contestó Dunja—Pero si se demuestra que todo es cierto habría que actuar para no dar mala imagen.
—Entonces el plan es no hacer nada de nada hasta que dé mala imagen no hacer nada—murmuró Tom resoplando.
—Tú sólo sé discreto—pidió Dunja dando la conversación por finalizada—Y ten mucho cuidado.
Tom asintió con la cabeza y observó como se alejaba dejándole sumido en un mar de pensamientos.
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Ese día quería disfrutar hasta el último momento de la compañía de Bill. Sentado ante el piano le escuchaba practicar una melodía de oído, pero no estaba para prestar atención a lo que estaba tocando.
— ¿Y si cierran Hillerska por mi culpa?—preguntó Tom suspirando.
—Tú sólo querías hacer las cosas bien—dijo con firmeza Bill—Ahora la gente se está atreviendo a hablar y eso está bien. Si cierran Hillerska porque se demuestre que todo es cierto, ¿no te parece que sería lo correcto?
—Si, pero…ya no podríamos estar juntos—se lamentó Tom sin poderse contener— ¿Eso te parecería bien?
— ¡Claro que podríamos vernos!—dijo Bill tratando de animarle— ¿O sólo estás conmigo porque vamos al mismo instituto?
Logró hacerle sonreír y que le cogiera con firmeza de la mano.
—Claro que no es por eso—dijo Tom sin dejar de sonreír—Me refiero a que si fuera a un instituto público, como al que iba antes ya no podríamos vernos fácilmente.
—Ahora tampoco nos estamos viendo mucho fuera del instituto—apuntó Bill con pesar—Sería lo mismo, y de ser así no cambiaría las cosas entre nosotros.
Tom negó con la cabeza, tampoco quería ponerse a pensar en lo que podía pasar. Sólo quería vivir el momento, disfrutar de la compañía de Bill que se había inclinado buscando sus labios. Se apoderó de los suyos besándole con suavidad en ellos, sintiendo lo mucho que los echaba de menos y deseaba volver a pasar una noche de pasión con Bill entre sus brazos.
—Tenemos que buscar una excusa para poder vernos después de clase—murmuró Bill contra sus labios.
— ¿Quieres apuntarte a remo conmigo?—preguntó Tom alzando una ceja.
— ¿No está también Andreas?—apuntó Bill negando con la cabeza— ¿Por qué sigues tú ahí? Deberías apuntarte a algo que te gustara de verdad.
Tom se quedó pensando en sus palabras, echaría un vistazo a las clases extraescolares que había en Hillerska y vería si habría alguna a la que pudieran asistir los dos y así poder pasar más tiempo juntos aunque fuera en Hillerska.
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Tenían deporte a última hora y tras terminar la clase el profesor Schneider les llamó tocando su silbato para pedir un poco de silencio y atención.
—Aquí podéis ver toda la información sobre la acampada de primavera que teníamos planeada—dijo Schneider mostrándoles su carpeta.
— ¿No ha sido cancelada como todo lo demás?—preguntó Charles.
—No, no ha sido cancelada porque la dirección entiende lo importante que es seguir el plan de estudios—explicó sonriendo Schneider—Y si hay algo que realmente necesitamos ahora es estar al aire libre en la naturaleza.
Todos los alumnos se pusieron a aplaudir, al fin una buena noticia.
—Acamparemos en el bosque, habrá una barbacoa—empezó a enumerar Schneider—Recordad que también vendrán las chicas del internado de al lado, tenemos actividades conjuntas con ellas. Ahora más que nunca debéis mostrar que os sabéis comportar con la mejor educación del mundo. Acercaos, venid a recoged el itinerario.
Todos se le acercaron cogiendo una hoja de su carpeta. Con la suya en la mano Tom se sentó en un banco del gimnasio, siendo acompañado por Bill segundos después.
— ¿Crees que podremos dormir juntos?—preguntó en un susurro, apoyando la cabeza en su hombro.
Tom sonrió como respuesta, estaba deseando que llegara el fin de semana para poder pasar al fin una noche a su lado.
Estaban los dos muy felices por lo de la acampada, la vida les sonreía no como a Alex que los miraba en silencio con cierta envidia. Echaba mucho de menos cuando Bill y él eran uña y carne, pero le había buscado un sustituto y se le veía más feliz que nunca a su lado.
Continúa…
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