Jóvenes Rebeldes 32

Fanfic de lyra. Parte III

Capítulo 32

Al cabo de una hora lo tenían ya todo montado. Aparte de las tiendas de campaña habían colocado algunas tumbonas atadas entre dos árboles y esos momento Bill y Tom se mecían en una de ella observando el lago que tenían delante y disfrutando de la tranquilidad que se respiraba.

Aunque no duró por mucho tiempo, Schneider enseguida volvió a tomar el mando y les hizo levantarse para participar en las actividades que habían programado. Querían terminarlas esa mañana para poder disfrutar luego del resto de la tarde libre.

Y eso hicieron, sobre las 7 empezaron a preparar la barbacoa y sentados además ante el fuego asaban salchichas y algunos también malvaviscos.

Ya había anochecido y tenían varios faroles puestos por todo el campamento para que nadie se perdiera. Eso hacía que tanto Malin como Saki, el otro guardaespaldas, tuvieran que estar más cerca de lo que hubiera deseado Tom.

Sentado al lado de Bill trataba de que no se le quemase su salchicha entre las risas de su novio.

—No lo has hecho nunca, reconócelo—dijo Bill sin dejar de reír.

—Deja de meterte con un novato—murmuró Tom resoplando—No he ido mucho de acampada pero te aseguro que en otras cosas me defiendo mejor que nadie.

Bill se le quedó mirando alzando una ceja, le gustaría mucho saber en que otras cosas era el mejor. Estaba seguro que alguna podría descubrir esa misma noche.

—Oye, nada de móviles—escucharon la voz de Malin.

Tom alzó la mirada y descubrió a Clarisse y sus amigas que se acercaban a su hoguera para cenar con ellos.

—Lo estoy usando de linterna—se defendió Clarisse—Apenas se ve.

—Malin, déjala pasar por favor—pidió Tom poniéndose en pie—Es amiga nuestra.

—Vale, pero nada de fotos al heredero Kaulitz—insistió Malin dirigiéndose a las recién llegadas.

Clarisse asintió con la cabeza y se sentó en la hoguera justo al lado de Tom. Sus amigas ocuparon también su sitio y al poco se acercaron varios alumnos de Hillerska viendo lo animada que estaba esa hoguera.

Al parecer las otras chicas eran más tímidas y se negaban a mezclarse con los chicos. Pero gracias a Clarisse y a su grupo de amigas la hoguera de Bill y Tom era la más divertida.

— ¿Ponemos música?—preguntó de repente Rose.

—Venga, que estamos de fiesta—se apuntó Stephan.

Al momento la música resonó en la oscuridad y todos se pusieron en pie para bailar. Schneider no puso objeción alguna, era el primer día que los alumnos disfrutaban fuera del internado y él también había sido joven.

Bailando muy cerca de Bill, Tom tenía las manos puestas en su cadera y llevaba el compás sin dejar de mirarle a los ojos. Bill sonreía ampliamente entre sus brazos, hacía mucho tiempo desde la última vez que podían disfrutar de una agradable velada.

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Una hora después parecía que al fin el resto de las chicas se había animado a mezclarse con los alumnos de Hillerska y en esos momentos cansados de tanto baile se habían sentado en grupos mientras charlaban de cualquier cosa en particular.

Una vez más Clarisse compartía la hoguera con Bill y Tom, y había logrado arrastrar a su hermano con ellos y le tenía sentado a su lado aunque en completo silencio.

— ¿Qué planes tenéis para este verano?—preguntó Tom de repente.

—Yo voy a un campamento a trabajar con niños desfavorecidos—contestó Lauren, amiga de Clarisse—Me encantan los niños, haremos muchas actividades como remar en canoa, montar a caballo,…

Tom escuchaba muy interesado, acordándose de lo que le había dicho Dunja sobre la fundación benéfica que iban a crear por su cumpleaños y lo que estaba diciendo Lauren le estaba dando una gran idea.

—Yo aprovecharé para hacer un viaje—apuntó Clarisse sonriendo—He trabajado duro este años para poder ahorrar lo suficiente, quiero recorrer Magdeburgo en coche. Incluso tenía pensando llevarme a Alex.

El aludido levantó al cabeza al escuchar nombrarle, era la primera noticia que tenía de ese viaje.

— ¿No te apetece?—le preguntó Clarisse a su hermano.

—No sé si papá y mamá me dejarán ir cuando vean mis notas—contestó en voz baja Alex—Además, tenía pensado hacer lo de todos los veranos, trabajar con Bill en el restaurante con su padre… aunque quizás este verano tenga otros planes…

El restaurante donde trabajaba el padre de Bill necesitaba coger a alguien en verano y tanto Bill como Alex llevaban trabajando allí todos los veranos sacando unos pequeños ahorros.

—No, voy a trabajar en el restaurante como siempre—dijo Bill, dirigiéndole la palabra por primera vez—Mi padre cuenta con nosotros, pero si te parece mejor idea lo del viaje…

—Yo iré también de viaje—interrumpió Christoph mirando fijamente a Clarisse—Pasaré todo el verano en París practicando mi francés. ¿Has estado alguna vez en París?

Clarisse negó con la cabeza, ¿quién se creía que era ese niñato para tontear con ella de esa manera? Ya cuando había estado bailando se le había acercado demasiado para su gusto y había tenido que quitárselo de encima en más de una ocasión.

— ¿Y en España?—insistió Christoph—Mis padres tiene casa allí también.

—Pues yo también pasaré el verano trabajando—intervino Tom atrayendo de nuevo la atención de Clarisse—Iré a una especie de escuela para jóvenes influyentes donde formarme. Tengo que aprender y practicar de todo como protocolos, educación,…

—Dame ese móvil ahora mismo.

La voz de Malin interrumpió la conversación, todos se volvieron a ver como le quitaba el móvil a una de las chicas y se negaba a devolvérselo.

—No puedes sacar fotos a Thomas Kaulitz—dijo Malin con voz firme.

—No era a él, compruébalo—se defendió la chica.

Así lo hizo Malin, comprobando que en las fotos sacadas no aparecía Tom por ningún lado. Solo entonces le devolvió el móvil sin disculparse ni nada.

—Venga, será mejor ir a dormir—intervino Schneider.

Todos obedecieron sin rechistar al momento, la agradable velada había terminado de una manera de lo más brusca.

&

Acostado dentro de su saco de dormir Bill miraba en silencio el techo de la tienda donde estaba. A su lado sentía a Tom, tenían aún la luz dada porque Alex estaba aún fuera.

— ¿Estás bien?—preguntó de repente Tom.

Llevaba callado desde que se habían acostado, incluso le sentía distante y frío.

—No puedes decir que vas a trabajar en verano—soltó Bill sin poderse contener—Vas a…una escuela para jóvenes influyentes. No es lo mismo.

—Es exactamente lo mismo—dijo Tom incorporándose—Solo que yo no he podido elegirlo como ha hecho por ejemplo Lauren.

—Clarisse, Alex y yo tenemos que trabajar todos los veranos para pagarnos todo—apuntó Bill elevando el tono de voz sin poder contenerse—Tú no tienes que trabajar para conseguir lo que quieras, tienes de todo. Ropa, viajes,…

—Ssshhh—chistó Tom de repente—Baja la voz, nos pueden oír y parece que estamos discutiendo.

—A veces no entiendes lo privilegiado que eres—murmuró Bill cruzándose de brazos.

— ¿No lo entiendo?—repitió Tom resoplando— ¿Saben Clarisse o Alex cuánto dinero te ha pagado Andreas?

La fulminante mirada que le dirigió Bill era una respuesta clara. Estaba claro que no se lo había dicho ni se lo pensaba decir.

No pudieron seguir hablando, Alex entró en esos momentos en la tienda y se metió en su saco de dormir con rapidez.

— ¡Que frío hace!—no pudo evitar exclamar.

No le extrañaba que Bill le hubiera pedido a Tom que durmiera en medio de ellos, no quería tenerle cerca y estaba seguro de que en cuanto apagaran las luces Tom se acostaría lo más cerca posible de Bill y se harían todas las carantoñas que quisieran antes de dormir.

— ¿Apagamos la luz?—preguntó al ver que no se movían.

Tom asintió con la cabeza y se acostó de nuevo, viendo como Bill se giraba dándole la espalda. Se había enfadado, pero él también lo estaba con él. Los dos se habían dicho cosas de las que al día siguiente se iban a arrepentir, pero esa noche estaba claro que no iba a ser como se habían imaginado y a pesar de estar acostados el uno al lado del otro, se sentían más alejados que nunca.

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Al día siguiente fue el primero en despertarse más que nada porque apenas había podido dormir. La discusión con Bill le había mantenido despierto la mitad de la noche, y dormir en un suelo tan duro no ayudaba nada.

Cuando se cansó de dar vueltas en su saco decidió levantarse. Abrió los ojos y lo primero que vio fue a Bill plácidamente dormido. Le estaba dando la cara, podía quedarse observándole dormir el resto del día pero recordando la discusión de la noche anterior prefirió salir a respirar un poco de aire puro y poner sus pensamientos en orden.

Salió de la tienda con cuidado de no despertar a sus dormidos compañeros y nada más poner un pie fuera descubrió a Malin tomándose un café en una de las hogueras. Le saludó con la mano, negando con la cabeza cuando le señaló la cafetera que estaba al fuego ofreciéndole un café de esa manera.

Empezó a caminar para desentumecerse, sabía que Malin no le quitaría los ojos de encima y no podía alejarse demasiado, solo buscar refugio entre los árboles para hacer sus necesidades.

Una vez hecho estuvo paseando por la orilla del lago, hasta que decidió sentarse sobre unas rocas a admirar el paisaje.

Entonces se le acercó sigilosamente Malin para ofrecerle su propio móvil. Eso solo significaba que le estaba llamando uno de sus padres y se apresuró a cogerlo.

— ¿Diga?—preguntó conteniendo el aliento.

—Thomas, soy yo—se presentó Jörg—Solo llamo para decirte que…tu madre no termina de recuperarse y me necesita más que nunca a su lado. Voy a cogerme una baja para poder estar a su lado.

— ¿Es muy grave? ¿Ha sido culpa mía?—preguntó Tom en un susurro.

—No, nadie tiene la culpa Thomas—dijo con firmeza Jörg—Tu madre está muy deprimida. Tienes que ser fuerte, no sabemos cuándo se recuperará del todo y quizás tengas que sustituirme antes de tiempo.

Tom le escuchaba en silencio, la empresa le daba igual en esos momentos. Lo que más le preocupaba era que su madre se recuperara y volviera a ser la de antes.

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El lunes volvieron a clase mucho más animados tras haber pasado el fin de semana fuera. Aunque los ánimos de Bill seguían por los suelos, el domingo no había podido disfrutar como era debido de la compañía de Tom tras la discusión que habían mantenido la noche anterior, pero le había sentido tan triste que a la hora de comer no pudo más y le preguntó si le pasaba algo.

—Mi madre se ha puesto peor—explicó Tom entre lágrimas—No parece recuperarse y mi padre se quedará con ella en casa para cuidarla. Cree que su depresión va a durar más de lo que se esperaba y está dejando la empresa en manos de David, lo que también le está afectando a mi madre y no logra levantar cabeza.

Bill le escuchaba sin saber qué decir para consolarle, tras lo que le había contado la discusión de la noche anterior le parecía ya lejana y olvidada.

Estaban sentados en un tronco a orillas del lago y pasando el brazo por su hombro le atrajo contra sus cuerpo para tratar así de consolarle.

—Tu madre es muy fuerte, ya verás que con el tiempo volverá a ser la de antes—susurró besándole en la frente.

Esa tarde regresaron a Hillerska algo más animados por haber hecho las paces y se despidieron con un profundo beso. Y el lunes por la mañana Bill se levantó mas animado. Lo primero que hizo fue coger el móvil para mandarle a Tom un mensaje de buenos días acompañado de un gran corazón. Luego se entretuvo entrando en su Instagram donde el video que había subido cantando tenía cada vez más visitas, y también comentarios de todo tipo.

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«¡Me encanta tu voz!»

«La canción es preciosa!

«¡Menuda relación más tóxica!»

«¿La canción habla de Thomas?»

«Todos en Hillerska sabemos que Bill es un caza fortuna»

«Todo lo que hace es por la fama»

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Soltó el móvil sobre la cama como si quemara, había comentarios que era mejor no leerlos porque le entraban ganas de echarse a llorar.

Se dio prisa en ducharse y arreglarse para ir a clase, Bajó a desayuna y saludó a su padre que estaba leyendo el periódico. Se preparó el desayuno y al sentarse en la mesa al lado de su padre vio con sorpresa otro botecito de plástico esperándole.

— ¿En serio?—preguntó mirando fijamente a su padre.

—Y ya puedes alegrarte de que no te haga ir a la clínica juvenil todas las semanas—dijo con firmeza Gordon.

— ¿Y por qué crees que no te conté nada?—murmuró Bill levantándose y cogiendo el botecito con rabia—Porque no habrías podido soportar saber que no soy tan perfecto como crees.

Salió de la cocina para encerrarse en el baño y hacer lo que una vez más le había ordenado su padre.

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Esa mañana Tom lograba hablar al fin con su madre. Siempre que llamaba preguntando por ella pero o estaba descansando o no tenía ánimos para hablar con nadie.

— ¿Estás bien?—preguntó Tom con mucha preocupación.

—Si, lo estoy—contestó Simone hablando con esfuerzo—Los médicos exageran. Es solo que…se me ha juntado todo. Las consecuencias de tu discurso…y el pobre Eric… No puedo dormir, apenas comer…tu padre se está volcando como nunca conmigo y está dejando de lado la empresa. David lo está llevando todo pero no está preparado para cargar con todo el peso. Pero tú ahora no estás preparado para…

—No debes pensar en eso ahora—dijo Tom sintiendo que estaba llorando al escuchar hacerlo a su madre—Pronto te recuperarás y papá volverá al trabajo. Y si no…yo puedo hacerlo, te prometo que estoy preparado para asumir mis responsabilidades.

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Mientras en Hillerska se había levantado un pequeño revuelo. Les habían informado que al día siguiente iban a recibir la visita de los inspectores de educación y si se sabían comportar podrían celebrar Walpurgis sin problema y esa buena noticia les había animado.

Además, habían llegado los birretes para la graduación de los de tercero y estaban emocionados probándoselos.

Tom les miraba con cierta envidia, ya le llegaría a él el día de la graduación y se sentiría tan emocionado como ellos. Pero en esos momentos su felicidad le molestaba y salió del comedor sin apenas haber probado su desayuno.

—Un poco de calma, por favor—pidió Gustav—Andreas os tiene que informar de algo.

El aludido se puso en pie y enseñó en alto la carpeta que llevaba de la mano.

—Aquí tengo la petición que le vamos a hacer llegar a los inspectores de educación—les recordó agitando la carpeta—Queremos que sea firmada por todos los alumnos de Hillerska así que los rezagados que espabilen.

Varios alumnos se pusieron en pie de inmediato y corrieron a firmar el documento que Andreas había redactado. Se lo devolvieron cuando terminaron, cogiéndole Gustav para comprobar una cosa.

—Lo sabía, faltan las firmas de Bill y Thomas—explicó resoplando—Consigue como sea sus firmas.

Le devolvió la carpeta y siguieron desayunando.

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Como todas las mañanas Tom paseaba esperando la llegada de Bill a Hillerska. Necesitaba hablar con él de su madre, era la única persona que le podía consolar en esos duros momentos que estaba pasando.

Le vio llegar a lo lejos, caminaba con paso lento mientras parecía contemplar con mucha atención móvil.

Lo que Tom no sabía es que Bill estaba leyendo más comentarios, esa vez era una conversación en su propio Instagram entre dos personas que no se cortaban el pelo al hablar de él sin conocerle.

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«Siempre se ha creído mejor que todos»

«¿Lo conoces?»

«Si, vive solo con su padre que se pasa todo el día metido en el bar. Trabajando, según él»

«Pobre Thomas, se merece alguien mejor que esa escoria»

«Alguien debería decirle a ese Bill que se quede con los de su calaña»

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—Hola—saludó Tom cuando llegó a su altura.

—Dame un momento, por favor—pidió Bill sin levantar la cabeza de su teléfono—Tengo que hacer una cosa antes de entregar mi móvil.

—He hablado con mi madre, no se encuentra bien—empezó a decir Tom—No sé que hacer y estoy muy preocupado…

Bill no le estaba haciendo caso, caminaba mientras escribía con rapidez en su móvil contestando a esas personas que se habían atrevido a llamar borracho a su padre solo porque trabajaba todo el día en un restaurante.

«Dejad de inventaros cosas, no me conocéis en absoluto»

—No me escuchas—soltó Tom sin poder contenerse.

—Es que mucha gente ha comentado mi video en Instagram—empezó a explicar Bill—Pero algunos comentarios son…

—Joder Bill—estalló Tom sin poderse contener—Yo estoy super preocupado por mi madre y tú obsesionado por unos malditos comentarios.

Bill se le quedó mirando, no le había dado tiempo a explicarle que había unos comentarios muy desagradables. Tom había estallado, debido a la preocupación de su madre y porque él no le estaba prestando toda la atención que necesitaba en esos momentos.

—Lo siento—se disculpó guardándose el móvil.

—Ya te lo dije, es peor cuando reaccionas a los comentarios—siguió Tom con su enfado—No tienes que publicar ni leer nada, es como si estuvieras pidiéndoles que te odiaran.

—Es que hablan como si me conocieran—saltó entonces Bill—Como si nos conocieran a ti y a mi. Están hablando de nuestra relación sin tener ni idea de nada. ¡Lo malinterpretan todo!

—A mi también me cabrea pero siempre ha sido así y seguirá siendo así—dijo Tom con firmeza—Para mi y los que me rodean.

Bill sentía mucho tener que discutir con él en ese estado, sin poder dejar de pensar en su madre.

—Verás como se recuperará—dijo tratando de animarle—Está agotada por todo lo que ha pasado, necesita tiempo.

—Nunca la había visto así—susurró Tom derrumbándose—Ni a mi padre, solo quiere estar a su lado. ¿Y si ya no puede volver a trabajar? Me tocaría a mi cumplir sus funciones y todo lo nuestro iría a peor. Yo solo quiero estar contigo…

Bill se apresuró a abrazarle, era imposible no hacerlo viéndole tan derrotado. Hasta que escucharon el sonido de unos flashes y se separaron de inmediato. Un periodista había logrado colarse en Hillerska y estaba sacando fotos de tan íntima escena. Al momento Malin fue hacia él mientras que Tom maldecía por lo bajo y cogiendo a Bill del brazo echó a andar con él al internado.

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Esa tarde tenían ensayo del coro. Se dirigieron al aula de música donde estaban ya reunidos algunos de sus compañeros. Uno de ellos estaba al piano y tocaba la canción de Bill desafinando entre risas.

Era Christoph quien al verlos entrar por la puerta dejó de cantar de inmediato. Tom le fulminó con la mirada, no se sentía con ganas de cantar esa tarde y encima tenía que soportar al capullo de la clase.

Pasaron una hora ensayando para la noche de Walpurgis por si al final se celebraba, Nolan les había dado esperanzas.

Tras el ensayo Tom pasó una agradable velada con Bill…en la biblioteca, estudiaron juntos o al menos lo intentaban, sus manos entrelazadas sobre la mesa mientras se susurraban al oído les delataba.

Mientras, Andreas esperaba sentado en el despacho de Nilsson a que Tom apareciera a la sesión de esa tarde pero 20 minutos después se cansó de esperarle.

— ¿Sabes si está enfermo?—preguntó Nilsson.

Andreas se encogió de hombros como respuesta, no tenía ni idea de dónde se había metido su primo ni le importaba.

—Podemos hablar de ti si quieres—murmuró Nilsson.

—Creía que las sesiones eran conjuntas y si Thomas no asiste yo tampoco tengo por qué hacerlo—dijo Andreas levantándose de su asiento.

— ¿No hay nada de lo que te cueste un poco hablar cuando Thomas está cerca?—insistió Nilsson.

Andreas tomó asiento de nuevo resoplando, estaba claro que esa tarde iba a haber terapia sí o sí.

—Yo…no puedo decirle nada de nada sin que se lo tome como un ataque personal—murmuró Andreas.

— ¿Y eso como te hace sentir?—quiso saber Nilsson.

—Supongo que ha decidido que soy una mala persona y…quizás sea verdad—contestó Andreas cruzándose de brazos—Sé que nunca me va a perdonar por lo que hice así que…qué más da ya.

Ya se había rendido, es que ya ni intentaba que Tom le pudiera perdonar. Le había dejado bien claro que jamás lo haría y él ya se había cansado de ir mendigando un perdón que jamás iba a llegar.

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Tras despedirse con pesar de Tom Bill caminaba hacia la parada del autobús mientras leía sin poder evitarlo más comentarios.

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«¿Tantos seguidores? La gente sólo le sigue por estar con quien está»

«Corrompe a las buenas familias»

«¡Ten mucho cuidado, maricón!»

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Llegó a casa puntualmente. Una vez más su padre estaba ya en ella, había pedido una reducción de jornada para pasar más tiempo con él o más bien para vigilar que cumplía con su castigo de irse directo a casa desde Hillerska.

— ¿Qué tal el día?—preguntó Gordon desde la cocina.

Bill se dirigió a ella y se quedó apoyado en el marco de la puerta, su padre estaba preparando la cena.

—Bien—contestó en un susurro.

—Estoy haciendo tu plato favorito—dijo Gordon—Aun le queda unos minutos, he pensado que podíamos sentarnos mientras y hablar.

Bill cogió aire antes de hablar, después de varias semanas de castigo sin poder ver a Tom nada más que en clase su padre quería que pasara con él una agradable velada cuando lo que quería era estar al lado de la persona de la que estaba enamorada.

¿Por qué no hizo eso antes? Nunca estaba en casa cuando regresaba de Hillerska, siempre cenaba solo y se iba a dormir sin que hubiera regresado del trabajo y muchas veces ni le veía por la mañana. Podía pasarse días sin coincidir con su padre en la misma casa.

Y ahora de repente pasaba más tiempo en ella y quería conversar como si nada hubiera pasado cuando él no podía olvidarlo.

—No tengo hambre—contestó Bill dando media vuelta—Ni ganas de hablar de nada.

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Tras despedirse de Bill Tom fue a la sala común a tratar de despejarse un poco. Nada más ocupar una de las mesas junto a la ventana se le acercó Andreas enviado por Gustav para que le convenciera de firmar el documento que iban a entregar a los inspectores de educación

—No has ido a la terapia—empezó a decir Andreas cuando Tom levantó la mirada y la clavó en él.

—Se me ha olvidado, ¡joder!—soltó Tom resoplando— ¿Vas a chivarte a David?

—No, claro que no—dijo Andreas tomando asiento a su lado—No sé nada de David ni de nadie de tu familia desde lo de tu madre. ¿Qué tal está?

—De maravilla—murmuró Tom con ironía.

—Yo…venía a pedirte que firmaras la petición que he escrito en nombre de todos los alumnos de Hillerska—soltó sin aliento Andreas—Faltan tu firma y la de Bill, seguro que le convencerás de que firme mañana.

— ¿Por qué es tan importante para ti silenciar esos rumores?—quiso saber Tom—Tú participaste en ellos, ¿verdad?

Tomó el silencio de su primo con un sí rotundo.

—Por supuesto que lo hiciste—murmuró Tom resoplando—No habría ningún problema en Hillerska si no fuera por algo que tú hayas dicho o hecho.

—No hay nada que silenciar—intervino Gustav, que había estado muy pendiente de la conversación—No son más que mentiras.

—Si es mentira no hay nada de qué preocuparse entonces—dijo Tom tratando de mantener la calma.

—Tú mejor que nadie debería saber que los rumores y las mentiras pueden ser muy destructivos—saltó Gustav enojado—Ándate con mucho ojo, principito.

— ¿Me estás amenazando?—preguntó Tom con tono duro.

—Claro que no—contestó Andreas por su amigo— ¿Sabes qué? No necesitamos ni tu firma ni la de Bill. Gracias por nada.

—Sabéis que mi firma no puede aparecer en ningún documento de ese tipo—dejó Tom bien claro—Podía llegar a oídos de la familia real, no puedo verme salpicado por un escándalo de ese calibre.

—Que sí, su alteza—gritó Gustav sin poder contenerse—Usted perdone por haberle molestado.

Tom le fulminó con la mirada, era la segunda vez que le insultaba haciendo alusión a su parentesco lejano con la familia real.

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Tumbado en su cama Bill tenía la mirada perdida. No podía sacarse de la cabeza todos esos comentarios que inundaban su Instagram. Bien era cierto que había muchos apoyando su relación y halagando la canción que había compuesto, pero los que le insultaban a él y a su padre eran los peores. Con Tom no se metía nadie, solo le advertían de que el novio que tenía era el peor que se podía haber buscado y que tuviera mucho cuidado, que solo iba tras su dinero y la fama.

— ¿Bill?

Antes de que pudiera decir nada su padre entró en la habitación y se sentó a los pies de la cama.

— ¿Ha pasado algo en Hillerska?—quiso saber Gordon.

Pero su hijo no contestaba, se quedó en silencio sin atreverse a mirarle a la cara.

—Bill, he estado muy confundido con todo lo que ha pasado—empezó a decir Gordon—Quiero que sepas que yo siempre he confiado en ti y seguiré haciéndolo. Es que estoy preocupado por lo que está pasando en Hillerska, lo que están haciendo contigo y…bueno, con Tom también. Yo quiero poder protegerte.

—Lo que pase en Hillerska ya no me importa—dijo Bill incorporándose en la cama—Ya no quiero estudiar allí, todos me odian y los que no lo hacen me soportan solo porque estoy con Tom. Todo lo que hago en Hillerska está mal…

—Perdóname Bill—pidió Gordon abrazando a su hijo—Te prometo que a partir de ahora van a mejorar las cosas. Y para empezar, te levanto el castigo. Quiero que aproveches al máximo el tiempo con Tom, ya que es el único que puede hacerte sonreír.

Bill no pudo evitar sonreír al escucharle. Estaba muy aliviado de que volviera a confiar ciegamente en él y no le pensaba defraudar nunca más.

—Y estaba pensando, ¿qué tal si nos mudamos?—soltó de repente Gordon, borrándole a Bill la sonrisa de inmediato.

— ¿Cómo que mudarnos?—repitió Bill sin entender.

—De casa, incluso de ciudad—apuntó Gordon—Tú lo estás pasando muy mal en Hillerska, hemos recibidos amenazas en nuestra propia casa… ¿qué sentido tiene quedarnos?

—Pero yo no quiero dejar esta casa—dijo con firmeza Bill—Está llena de recuerdos de mamá.

Gordon lo sabía, para su hijo la casa entera era como seguir en contacto con una madre que se había ido demasiado pronto. Estaba decorada por su mujer toda ella, podía sentirla en cada rincón de la casa.

—Bueno, era solo una sugerencia—murmuró Gordon.

Bill sentía los ojos llenos de lágrimas, lo que había dicho de Hillerska había sido en un momento de bajón que había tenido. No podría encontrar un instituto mejor en el que estudiar aunque tuviera que volver con la cabeza baja haciendo oídos sordos a tan crueles comentarios.

Continúa…

Gracias por la visita, también te invitamos a comentar.

por lyra

Escritora del fandom

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