Jóvenes Rebeldes 34

Fanfic de lyra. Parte III

Capítulo 34

Minutos después descansaba tumbado en la cama con la cabeza en el regazo de Tom quien se entretenía acariciando su largo pelo con una mano y la otra la tenía puesta sobre su pecho, sintiendo su corazón latir con fuerza tras las emociones vividas.

— ¿Estás feliz por haber hecho las paces con Alex?—preguntó de repente Tom.

—No las hemos hecho del todo—contestó Bill suspirando—Vamos poco a poco y he decidido echarle una mano con los estudios antes de que le toque repetir curso. Pero por lo demás, todavía nos cuesta volver a hablar como antes. Su traición…aún pesa.

—Al menos denunció a Andreas—apuntó Tom.

—Justo cuando no debía hacerlo—murmuró Bill resoplando—Mira luego como se han ido sucediendo los problemas unos tras otros.

—Debes perdonarle—insistió Tom.

Sabía que Alex era o había sido muy importante para Bill, una amistad como la suya era difícil de encontrar.

— ¿Tú lo harías?—quiso saber Bill—Si por ejemplo Eric te hubiera traicionado como lo ha hecho Alex, ¿serías capaz de perdonarle?

Odiaba tener que nombrarle a su amigo fallecido, pero era el único amigo de verdad que conocía de Tom.

—Eric jamás me hubiera hecho algo así—contestó Tom con firmeza—Me protegía y cuidaba de mí.

—Alex siempre ha podido contar conmigo—dijo Bill incorporándose y sentándose en la cama—Era mi mejor amigo, como un hermano…y si él es capaz de hacerme una cosa así, cualquiera puede hacérmelo. ¿Cómo voy a poder confiar de nuevo en él? ¿O en nadie?

Tom se le acercó y sentándose a su lado apoyó la cabeza en su hombro.

—Puedes confiar en mi—susurró en su oído.

Bajó la cara y le besó con suavidad en el hombro sintiéndole estremecerse.

— ¿Tienes frío?—no pudo evitar preguntar Tom.

Bill asintió con la cabeza, se encontraban aún desnudos los dos y tras todo el calor que había pasado minutos antes en esos momentos sentía que su cuerpo temblaba sin que pudiera evitarlo.

—Vamos, será mejor que nos vistamos antes de que alguien se dé cuenta de que hemos desaparecido—dijo Tom levantándose.

—Te recuerdo que la mitad de nuestra ropa está desperdigada por todo el pasillo—comentó Bill entre risas.

Tom se echó a reír con él mientras recuperaba sus bóxers y se los ponía. Le tendió a Bill los suyos y empezó a recoger la ropa que había por el suelo de la habitación. Por lo menos tenían ambos los pantalones, y una vez con ellos puestos y calzados se asomó el primero para comprobar que no hubiera nadie.

Con el pasillo libre se dieron prisa en salir y recoger el resto de las prendas que tiraron en medio del arrebato de pasión que les dio y se las pusieron entre risas.

Se reunieron con sus compañeros de nuevo como si nada hubiera pasado y sintiendo un apetito repentino se acercaron a una de las grandes mesas de buffet que había y merendaron juntos antes de que le llegara a Bill la hora de marcharse.

&

Y lo hizo con una amplia sonrisa en los labios. Se despidió de Tom con varios besos y caricias y se reunió con Alex en la parada del autobús de Hillerska. Clarisse se quedaba aún un poco más en la fiesta con sus amigas y no querían que la interrumpiera para llevarles a casa en el coche.

Por el camino estuvieron comentando lo bien que se lo habían pasado en la noche de Walpurgis y que ojala los inspectores dieran el visto bueno y se terminaran esas estúpidas reglas que había impuesto Nolan.

Alex observaba a su amigo en silencio, no había que estar ciego para ver que estaba radiante de felicidad. Ni un genio para saber que la media hora que tanto él como Tom habían desaparecido habrían buscando un rincón apartado del internado para hacer algo más que besarse en la intimidad.

— ¿Qué miras?—quiso saber Bill, sintiéndose incómodo.

—Que se te ve muy feliz—contestó Alex sonriéndole.

Bill asintió con la cabeza sintiendo que se sonrojaba, el motivo de su felicidad era haber podido al fin poder estar a solas con Tom.

—Os deseo lo mejor a los dos—dijo Alex sin poder contenerse—Os lo merecéis, de verdad.

—Gracias—murmuró Bill titubeando y desviando la mirada.

Alex le conocía mejor que nadie y no quería que viera en su cara el motivo de tanta felicidad que le hacía sonreír ampliamente mientras hablaba.

—Tranquilo, que no te voy a pedir detalles—soltó Alex entre risas.

Bill maldijo por lo bajo y miró a su amigo fulminándole con la mirada.

—No sé de qué me hablar—murmuró.

—Claro, como que no habéis desaparecido más de media hora tú y Tom—empezó a decir Alex picando a su amigo como en los viejos tiempos— ¿Qué estabais haciendo, estudiar en la biblioteca?

Bill se echó a reír sin poder contenerse, era como si nada hubiera pasado entre ellos y volvían a ser los mismos que antes.

— ¿Fue vuestra primera vez?—preguntó Alex en voz baja.

Bill negó con la cabeza para su sorpresa, quien empezó a pensar que se había perdido mucho entonces.

—La primera vez fue cuando Tom no asistió a la presentación oral del trabajo—explicó Bill.

—Pero…entonces estabas con Markus—apuntó Alex escandalizado.

—No exactamente—apuntó Bill a su vez—No había nada serio aún entre nosotros y aunque tras a fiesta de San Valentín nuestros planes eran pasar esa noche juntos, se rompieron porque…porque besé a Tom justo antes de cantar con el coro.

Alex estaba alucinando con lo que estaba escuchando, y eso que entonces se llevaban bien pero no le había dicho nada. Bueno, aunque la verdad era que pasaba más tiempo con sus amigos de segundo y apenas le hacía caso a Bill.

— ¿Y ha ido todo cómo…cómo te lo imaginabas?—siguió interrogando Alex.

—Mucho mejor—contestó Bill suspirando—Pero tras la reunión en casa de los padres de Tom mi padre me había castigado hasta fin del curso y apenas hemos tenido tiempo para vernos y poder disfrutar de algo de intimidad. Hasta hoy, que nos hemos cogido con ganas y ha sido…espectacular.

Alex sonreía al escuchar a su amigo, se le veía más feliz que nunca.

&

Una vez en casa Bill se puso el pijama y se quedó en el salón viendo la tele mientras tomaba un vaso de leche caliente con galletas. Minutos después volvía su padre de trabajar y se sentó a su lado para hablar un poco.

— ¿Qué tal ha ido?—quiso saber Gordon.

—Muy bien, todos teníamos muchas ganas de fiesta—contestó Bill sonriendo.

— ¿Y qué tal os va a Tom y a ti?—preguntó de repente Gordon.

—Bien—contestó Bill sin saber qué más decir.

Gordon se quedó esperando a que ampliara su respuesta pero su hijo parecía tener los labios sellados. Era como si le diera vergüenza hablarle de su novio.

—Solo espero que vayáis con cuidado—murmuró Gordon levantándose—Ya me entiendes, ¿verdad Bill?

Bill asintió con la cabeza viendo como su padre salía del salón y subía a su habitación para ponerse él también el pijama. Se quedó pensando en sus palabras, era cierto que la primera vez que Tom y él se acostaron juntos usaron la protección adecuada pero esa tarde con las prisas…a nadie se le había ocurrido.

Pero no pasaba nada, ambos eran chicos muy sanos y no habían estado nunca con otras personas. Podía estar tranquilo en ese aspecto.

Estaba sumido en sus pensamientos que se llevó un buen susto cuando de repente una de las ventanas del salón estalló haciéndole pegar un grito. Se levantó con rapidez del sofá llevándose una mano al pecho. Segundos después su padre entraba en el salón de nuevo interrogándole con la mirada. Bill se encogió de hombros como respuesta, no tenía ni idea de lo que había pasado.

—No te muevas—pidió Gordon al ver el suelo lleno de cristales.

Bill asintió con la cabeza, estaba descalzo y no quería herirse pisando un cristal. Dejó que su padre se acercara a examinar la ventana, viendo a sus pies lo que había hecho estallar el cristal.

— ¡Una piedra!—gritó inclinándose a recogerla.

Pero no era una simple piedra, llevaba unas palabras escritas en rotulador rojo y con letras bien grandes.

«Maricón de mierda»

Nada más leerlo Gordon echó un vistazo por la ventana, no veía a nadie ni tampoco había escuchado por ejemplo el sonido de un coche alejándose. Quien quiera que hubiera sido había ido a pie y fijo que tras tirar la piedra había echado a correr con todas sus ganas.

—Voy a llamar a la policía—murmuró Gordon sacando su móvil—Tú sube a tu habitación y no salgas de ella hasta que te avise.

— ¿Y si siguen fuera?—preguntó Bill echándose a temblar.

—Quien quiera que haya sido han salido corriendo el muy cobarde—explicó Gordon con rabia.

Bill asintió con la cabeza y subió a su habitación como su padre le había ordenado.

&

Una hora después tenían un coche patrulla aparcado frente a su casa y dos policías les tomaban declaración mientras que un carpintero de urgencias clavaba una gran tabla cubriendo la ventana que había sido rota.

Bill se encontraba en la cocina con Alex haciéndole compañía, se había enterado de lo ocurrido al escuchar la sirena de la policía y ver el coche aparcando ante la casa de su amigo. No se lo había pensado dos veces y fue corriendo a ver si estaba bien y se quedó haciéndole compañía mientras que su padre hablaba con la policía.

— ¿Quién puede haber sido?—preguntó Alex mirando a su amigo.

—Cualquiera de los que me han amenazado en mi Instagram—contestó Bill en un susurro.

— ¿Te han estado amenazando?—repitió sin poder creérselo Alex.

El no se había enterado porque tal había sido el enfado de Bill que le había bloqueado en su cuenta.

—Subí un video cantando una canción sobre Tom y yo, y he recibido muchos comentarios—empezó a explicar Bill—Unos muy buenos y otros de gente que se pone a opinar de nosotros sin conocernos. Pero es a mi a quien insultan y amenazan con venir a casa y hacerme algo. Y esta noche han cumplido su amenaza.

Alex le cogió la mano y se la apretó con cariño. No hacía falta que lo dijera en voz alta, no se movería de su lado y le defendería con uñas y dientes de quien tratar de hacerle daño.

&

—Entonces, ¿no se puede hacer nada?—decía Gordon con rabia.

—Señor Trümper, esto tiene pinta de ser una broma pesada—contestó uno de los policías.

—Hemos recibido amenazas, han quemado banderas del orgullo en nuestro jardín—empezó a enumerar Gordon—Y ahora nos tiran una piedra con un mensaje claro. Alguien quiere hacer daño a mi hijo.

—Nos quedaremos esta noche vigilando, pueden irse a descansar tranquilo. Tenemos su denuncia y…

—Y la guardarán en el cajón con las otras 5 que he puesto—terminó Gordon por él la frase—Gracias, están haciendo un buen trabajo.

La policía sabía que estaba bajo mucha tensión y pasaron por alto su ironía. Salieron de la casa y tal y como habían prometido se quedaron toda la noche vigilando desde el coche.

&

Bill apenas pudo dormir, Alex se había empeñado en quedarse para hacerle compañía y le tenía dormido plácidamente a su lado en la cama como en los viejos tiempos cuando uno se quedaba en casa del otro.

Pero él no podía conciliar el sueño, no paraba de pensar que con lo bien que había ido el día hubiera tenido ese desagradable final.

Y encima no podía hablar con Tom porque no en Hillerska todos los alumnos aún seguían con el móvil confiscado, aunque si se lo hubiera contado habría venido al momento y sería él quien durmiera en su cama, o tal vez movería cielo y tierra para encontrar al indeseable que le había lanzando una piedra.

Y se metería en más problemas, para disgusto de su madre. No, mejor sería no decirle nada si antes no se enteraba por la maldita prensa.

&

Y así fue como ocurrió. Era 1 de mayo y ese día no había clases. Tom se había levantado más tarde que de costumbre y tras ducharse se puso ropa deportiva porque pensaba ir un rato al gimnasio.

Pero tenía que desayunar primero y se dirigió al comedor donde estaban algunos de sus compañeros.

— ¡Thomas!

Era Georg quien le llamaba desde la mesa de tercero, se acercó de mala gana ya que Andreas estaba sentado a su lado desayunando.

— ¿Has leído la noticia?—preguntó Georg tendiéndole el periódico.

Tom lo cogió pensando que sería otro artículo relacionado con Hillerska y sus rituales de iniciación, pero la noticia que salía en primera plana trataba otro tema que hizo que se le encogiera el alma.

«Atacan al novio del joven heredero Kaulitz en su propia casa»

Fue leer el titular y sentir que le temblaban las piernas. Se dejó caer en una de las sillas mientras seguía leyendo con rabia.

«Ayer por las noche un desconocido lanzó una piedra contra la ventana de la planta baja de la casa de Bill Trümper, quien como todos ya sabrán es el novio de Thomas Kaulitz, heredero de Empresas Kaulitz y pariente lejano de la familia real…»

Dejó de leer cuando vio que del accidente no decía nada más, mencionaba a Bill y luego al relacionarse con él el artículo parecía contar su vida en vez de la noticia de la que hablaba en el titular.

—Necesito un teléfono—dijo Tom poniéndose en pie mirando a sus compañeros.

Pero ninguno tenía el móvil y eso le cabreó mucho más. Pero como si le hubiera leído la mente Malin se le acercó tendiéndole su móvil.

—Es Dunja—explicó Malin—Es muy urgente.

Tom lo sabía, sino Malin no le dejaría usar su móvil ya que iba contra las nuevas normas de Hillerska.

—Thomas, antes de que digas nada tanto tu madre como Bill están bien—se apresuró a decir Dunja al sentirle respirar con dificultad al otro lado del teléfono—Ya nos ha informado la policía, no ha habido heridos. Solo daños materiales y un buen susto.

—Tienes que hacer algo—pidió Tom al borde del llanto—Llama a quien sea y que se encargue de la seguridad de Bill y su padre.

—En eso estoy en estos momentos—explicó Dunja—Vamos a casa de Bill para poder hablar con su padre.

— ¿Quiénes vais?—preguntó Tom con mucha curiosidad.

Por un momento se había pensado que su padre habría querido ir en persona para comprobar que Bill estaba sano y a salvo.

—David y yo—murmuró Dunja—Sé que no le quieres cerca de Bill pero al ser abogado y tener más contactos que yo no he podido negarme a su ayuda.

—Vale…no pasa nada Dunja—dijo Tom suspirando—Por favor, mantenme al corriente de lo que pase. Si pudiera iba a casa de Bill ahora mismo, me necesita a su lado…

—Pero no puedes salir del internado sin el permiso de tus padres—le recordó Dunja—Y menos escaparte si se te está pasando por la cabeza, habrá más periodistas tras lo ocurrido y debes mantenerte bien lejos de ellos.

Tom lo sabía y no le quedaba más remedio que quedarse encerrado en Hillerska sin poder hacer nada. Colgó la llamada y se quedó mirando fijamente a Malin, quien tras unos segundos asintió con la cabeza para su alegría.

Marcó con rapidez el número de móvil de Bill pero no se lo cogía. Normal, si no conocía el número y con lo asustado que estaría se pensaría que era alguien tratando de burlarse de él o amenazarle.

Volvió a llamar entonces a Dunja.

—Soy yo, otra vez—dijo Tom cuando le cogió la llamada al primer tono—He llamado a Bill pero o no me lo coge porque no conoce el número o porque no quiere hablar con nadie. Dale el móvil de Malin y dile que me llame cuando pueda, o que yo mismo le llamaré después de la comida cuando recupere mi móvil.

Dunja así se lo prometió y colgando de nuevo le devolvió a Malin el teléfono.

—Qué de privilegios tiene su alteza—comentó Gustav sin poder contenerse—Todos castigados sin el móvil pero Thomas puede hacer uso del de su guardaespaldas.

—Si quieres que te parta la cara puedes decírmelo bien claro Gustav—se enfrentó Tom a él, cansado ya de su bocaza.

—Te machacaría con una sola mano—saltó Gustav poniéndose en pie.

Al momento Malin le hizo sentarse pellizcándole el cuello en un punto exacto.

—Esto es agresión, se enteraran mis padres—dijo Gustav fulminando con la mirada a Malin.

Pero Malin ni se inmutó, estaba haciendo su trabajo y además de frenar todas las peleas también se dirigió a Tom y le pidió con la mano que saliera del comedor y dejara de retar a nadie a pelearse.

Tom obedeció resoplando, no había desayunado y ni tenía ya ganas.

&

Estaba en la cocina tratando de desayunar con la compañía de Alex y Clarisse, que nada más levantarse esa mañana se había enterado de todo lo sucedido y corrió a ofrecerle su consuelo llevándose una gran alegría al ver a Alex sentado también en la cocina.

—Perdóname Bill, ayer vine tarde después de la fiesta y no tenía ni idea de lo que había pasado—se disculpó Clarisse.

—No te preocupes, Alex me ha hecho mucha compañía—dijo Bill dirigiéndole una amplia sonrisa a su amigo.

Clarisse la vio y entonces supo que habían vuelto a ser los de antes.

— ¿Se va la policía?—preguntó de repente Gordon.

Estaba viendo desde la puerta de la cocina como el coche patrulla que había estado toda la noche vigilando la casa se iba sin decir nada.

—Genial, nos abandonan sin despedirse siquiera—dijo Gordon resoplando.

Bill se puso en pie y fue al lado de su padre, observando por la ventana como era verdad lo que le estaba diciendo.

—Y esos dos que están de pie en el jardín…me suenan sus caras—murmuró Gordon arrugando la frente.

—Es Dunja, la persona de confianza de Tom—apuntó Bill—La conociste en su casa, y el otro es David. ¿Qué hacen aquí?

Gordon se apresuró a abrirles la puerta al ver que se dirigían a casa y les invitó a pasar. Bill estaba aún en pijama y el pelo recogido en una cola malhecha, el aspecto ideal para que David le viera y siguiera pensando que no era la pareja adecuada para alguien de la clase de Tom.

— ¿Podemos hablar?—pidió Dunja entrando en la cocina—En privado, por favor.

Alex y Clarisse se levantaron al momento y tras despedirse de Bill regresaron a su casa. Gordon les invitó a un café y tanto David como Dunja tomaron asiento mientras lo preparaba.

— ¿Estás bien?—preguntó Dunja a un silencioso Bill.

—Aún me dura el susto—contestó Bill suspirando.

Su padre sirvió el café y tomó asiento a su lado, esperando a que sus invitados empezaran a hablar.

—Seamos sinceros—empezó a decir David tomando la palabra—Hay que reconocer que el nivel de amenaza contra Thomas ha aumentado tras el discurso y por extensión también te afecta a ti.

—Si, ya nos habíamos dado cuenta—murmuró Gordon resoplando.

—Entiendo que esté enfadado, la policía da por hecho que lo de anoche ha sido solo una broma pesada y no van a investigarlo más—siguió diciendo David—Pero Thomas nos ha pedido que actuemos y eso es lo que vamos a hacer.

—Podemos ofrecerles un alojamiento provisional—explicó Dunja.

—Ya, mudarnos de casa se nos ha pasado por la cabeza—apuntó Gordon.

—Yo no quiero irme—dijo con firmeza Bill—Lo único que quiero es que nos sentamos seguros en nuestra propia casa.

—Es una casa de dos plantas y con muchas ventanas—apuntó David—No hay mucha seguridad que digamos.

— ¿Quiere meternos en un búnker?—preguntó con ironía Gordon.

—Hay otras opciones, pero también otra solución antes de pensar en ir a vivir a otro sitio—dijo Dunja tratando de que se mantuviera la calma—Pondremos un coche a Bill para su trayecto de ida y vuelta a Hillerska, allí estará a salvo. Y habrá guardaespaldas vigilando la casa noche y día al menos hasta que se calmen las cosas.

Gordon asintió con la cabeza, ese plan le parecía mucho mejor.

—Os dejaré mi teléfono y también el del equipo de seguridad que se va a hacer cargo de vosotros—siguió explicando Dunja—Llamadlos en cuantos os sintáis amenazados, y si tenéis alguna duda me podéis llamar a mi a cualquier hora.

—Pero naturalmente también esperamos que Bill ponga de su parte—apuntó David dirigiéndose a él.

— ¿Qué debo hacer?—preguntó Bill con firmeza.

—Cuanto menos te expongas más seguro estarás—contestó David—Nada de publicaciones en las redes sociales, ni comentarios, ni fotos, ni interacciones de ningún tipo. Ah, y sobre todo nada de videos o música nueva con mensajes explícitos.

Bill le fulminó con la mirada, lo había dicho en un tono despectivo sin importarle que su padre estuviera delante. Y él tenía que morderse la lengua para no saltar, esa canción era suya y de Tom, a él no le importaba nada si expresaba en ella lo que sentía con todas su fuerzas.

—Tienes que tratar de pasar desapercibido—intervino Dunja tratando de relajar el ambiente—Lo mejor es que elimines todas tus redes sociales, entiendo que te va a resultar difícil pero es la única salida.

Bill asintió con la cabeza, le gustaba que Dunja le hablara con un tono más cordial que el capullo de David que parecía estar disfrutando echándole la bronca.

—Pues si ya ha quedado todo claro me voy que he tenido que aplazar una reunión importante por esta—dijo David poniéndose en pie.

Gordon le imitó y le acompañó a la puerta. Dunja en cambio se quiso quedar unos minutos más hablando con Bill, había venido en otro coche y no tenía que irse con David.

— ¿Dónde tienes el móvil?—preguntó de repente.

—Arriba en mi habitación y sin sonido—explicó Bill resoplando—Ayer ya empezaron a haber comentarios por lo sucedido y me cansé de escuchar tantos mensajes. He preferido no leer ninguno ni saber qué se estaba diciendo de mi en estos momentos.

—Una buena idea—dijo Dunja asintiendo con la cabeza.

—Fijo que tendré miles de llamadas perdidas, ahora lo comprobaré cuando lo coja para eliminar mi cuenta de Instagram—murmuró Bill sintiéndose alicaído.

—Entre esas llamadas perdidas, tienes una de este número—explicó Dunja anotándoselo en la tarjeta que llevaba su nombre y teléfono—Es el de Malin, la guardaespaldas de Thomas. Le prestó el móvil para que te llamara esta mañana y me ha pedido que te diga que si no estás con ánimo él te llamará después de comer cuando recupere su móvil. Pero le gustaría tener noticias tuyas cuanto antes.

Bill asintió con la cabeza, Dunja le estaba pidiendo con suavidad que llamara a Tom cuanto antes. Ambos lo estaban esperando con desespero, escuchar la voz de su amado que tanto lo necesitaba en esos momentos.

Continúa…

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por lyra

Escritora del fandom

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