Jóvenes Rebeldes 37

Fanfic de lyra. Parte III

Capítulo 37

Después de la confesión de Andreas Tom tuvo que asistir a la sesión con Nilsson sintiendo que tenía el estómago revuelto. No paraba de darle vueltas a las palabras de su primo, las sentía resonar en su cabeza como si hubiera eco en ella.

«Nos pasó a mi clase, y Eric y sus amigos lo organizaron»

Era como si lo pudiera ver en su cabeza, estaba en el edificio abandonado y veía como Eric les ordenaba a los alumnos de primero que se fueran desnudando mientras ponían la película.

Era como si pudiera escucharle gritar entre risas que al primero que se le levantara le darían una paliza.

Era como si pudiera ver a su primo muerto de miedo, a sus 16 años obedeciendo las estúpidas normas de los de tercero entre los que se encontraba el que él siempre había considerado como un hermano.

Y ahí le tenía ante él, con una fea sonrisa en su cara riéndose al ver el miedo reflejado en la suya…

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Llegó el viernes, faltaba un día para su cumpleaños aunque Tom no tenía ganas de celebrar nada. Y apenas podía concentrarse en clase, sentado con gesto serio al lado de Bill tenía la mirada perdida mientras Charles exponía ante la clase su trabajo.

Y Bill lo notó, su recibimiento de esa mañana había sido muy frío y apenas le había dirigido la palabra. Incluso había rehuido su mirada. Cogió su cuaderno y escribió en una esquina un mensaje que le pasó a Tom para que lo leyera.

» ¿Te encuentras bien?»—leyó Tom en voz baja.

—Estoy cansado—murmuró negando con la cabeza.

Bill tuvo que conformarse con esa respuesta, no parecía tener ganas de explicarse.

Terminada la clase llegó la hora de la comida y una vez más Tom se mostraba ausente mientras que Bill trataba de que le escuchara sus dudas acerca de su cumpleaños, como si la comida iba a ser formal, qué temas iban a hablarse en ella y que él quería preparar para que sus padres no pensaran que además de no tener dinero su educación dejaba mucho que desear…

Pero Tom no prestaba atención a sus palabras, y eso Bill no sabía cómo tomárselo.

— ¿Tom?—llamó poniendo una mano sobre la suya—No me estás escuchando y apenas has probado la comida. ¿Seguro que estás bien?

—Si, perdona—contestó Tom carraspeando—Es que hoy no he dormido bien y…estoy cansado.

—No tienes buena cara—apuntó Bill preocupado—Si puedo hacer algo para ayudarte…

Tom se le quedó mirando y le dedicó una sonrisa con esfuerzo. Bill no tenía la culpa de lo que atormentaba su alma en esos momentos.

Después de la comida tenían ensayo con el coro y aunque a Tom no le apetecía en absoluto tuvo que asistir a el y cantar con las pocas ganas que le quedaban. A su lado Bill podía notarlo, como en algunas estrofas ni siquiera cantaba sino que movía los labios con la mirada perdida en algún punto lejano.

Terminado el ensayo se quedaron a solas en el aula como solían hacer para poder disfrutar de unos minutos de intimidad, aunque en esa ocasión al parecer Tom prefería hablar.

—Voy a dejar el coro—soltó de repente—No me siento cómodo cantando, no soy yo y como ya han eliminado parte de las restricciones y podemos vernos siempre que queramos…no veo sentido venir a los ensayos…

—Si he hecho algo mal me lo puedes decir—susurró Bill—Me da la sensación de que te he estado agobiando con mis dudas acerca de tu cumpleaños pero es que quiero quedar bien ante tus padres.

—No debes preocuparte por eso, mis padres ya te han aceptado—murmuró Tom—Y tampoco te preocupes por si me estás molestando con tus dudas, jamás lo haces.

— ¿Entonces qué te ocurre?—quiso saber Bill—Llevas todo el día ausente, muy callado y sin apenas dirigirme la mirada. Si no es algo que yo he hecho, me gustaría saberlo para poder ayudarte. No me gusta verte así de triste.

Tom cogió aire antes de hablar, Bill era su novio y habían dicho que nada de secretos entre ellos nunca más. Pero lo que le estaba ocultando era muy fuerte y no sabría como poder explicárselo sin deshonrar la memoria de la persona a la que él siempre había considerado como un hermano.

—Eric participó en lo de la iniciación, fue uno de los de tercero que la organizó—soltó sin aliento.

— ¿Te refieres a lo de la peli porno?—preguntó Bill sin poder creérselo.

Tom asintió con la cabeza, viendo la expresión de su cara. Con todo lo que le había hablado de Eric sabía que en esos momentos se sentía defraudado de que una persona tan cercana hubiera podido hacer todo eso que la prensa había sacado a la luz y se estaba investigando.

—Por eso no he querido decir nada porque no sé ni lo que pienso yo de eso—dijo Tom no pudiendo evitar ponerse tenso—Y no quiero que le juzgues tú también.

—Yo no he dicho nada…—empezó a decir Bill poniéndose él a la defensiva.

—No hace falta, sé lo que estás pensando—estalló Tom sin poderse contener—Crees que era homófobo, que no defendía a los débiles. Que si hubiera tenido la oportunidad te habría hecho a ti lo mismo. Que no le hubiera gustado que estuviera contigo ni en quien me he convertido.

Sus palabras eran como puñales, Bill podía sentir el daño que le hacía escucharlas de su boca. Porque era eso mismo lo que había pensado sin poder evitarlo, que de darse el caso Eric no hubiera dudado en meterse con él al considerarle débil, y más por su aspecto. Fijo que hubiera sido el blanco de sus burlas como lo era de muchos de sus compañeros desde el primer día que había puesto un pie en Hillerska.

Pero…tal vez había otra opción que no habían pensando en ella. Que quizás Eric no era tan malo como pensaban.

—Quizás se vio obligado y cedió ante la presión—murmuró Bill—Quiero decir, que no es raro que participara si lo hacían todos los demás y se consideraba un comportamiento normal.

Tom alzó una ceja al escucharle, él no había pensado en esa posibilidad. Muchas veces se hacían cosas con las que no se estaban de acuerdo porque las hacían el resto de la gente, solo para quedar bien y no ser considerado un bicho raro por pensar diferente. Solo por ser aceptado…

—Si algo he aprendido de lo que pasó con Alex es que los buenos amigos pueden defraudarte en un momento dado—siguió diciendo Bill—Pero…debes hacerte a la idea de que quizás Eric no era tan perfecto como pensabas

—No puedes comparar a Eric con Alex, no es lo mismo—dijo Tom con firmeza.

—Alex no es perfecto—apuntó Bill también con firmeza—Pero al final trató de hacer lo correcto denunciando a Andreas. Se dio cuenta de que lo que había hecho no estaba bien y…

—Déjalo Bill, ahora no puedo con esto—interrumpió Tom negando con la cabeza.

No quería seguir escuchando cómo hablaba de Eric como si le hubiera conocido, cómo le comparaba con su amigo como si uno fuera mejor que el otro solo porque Alex tuvo su oportunidad de enmendarse mientras que Eric murió antes de poder haberlo hecho.

Salió del aula de música dejándole a Bill con la palabra en la boca, escuchando como le suplicaba que se quedara y le escuchara pero no podía hacerlo porque sentía mucha rabia en esos momentos y no quería decir nada que dañase a Bill cuando esa no era su intención.

Porque tenía razón en muchas cosas de las que había dicho, y le daba mucha rabia tener que admitirlo.

Porque en el fondo sabía que Eric no era como él se pensaba, y le dolía mucho haber tenido que descubrirlo.

&

Salió del internado y estuvo paseando por Hillerska. Llegó a los establos, hacía mucho tiempo que no iba por ellos desde que Nolan anulara cualquier castigo que tuviera que hacerse fuera del internado debido al toque de queda. Y eso incluía la limpieza de establos que en esos momentos recaía solo en las personas encargadas de ello, como Clarisse a la que descubrió cepillando uno de los caballos.

Hacía mucho también que no hablaba con ella y caminó lentamente a su encuentro.

— ¡Hola!—saludó Clarisse sonriéndole ampliamente.

Pero Tom no le pudo devolver la sonrisa, no tenía las fuerzas necesarias.

— ¿Ha pasado algo?—preguntó Clarisse muy preocupada.

—He discutido con Bill—contestó Tom en un susurro.

Clarisse dejó al momento de cepillar al caballo y tomándole del brazo salieron del establo para dar un paseo mientras se lo contaba.

—No ha sido una discusión en si—empezó a decir Tom—Hemos estado hablando de mi amigo Eric, me he enterado de algo malo que hizo en el pasado y Bill solo me ha dado su opinión…y no me ha gustado nada lo que me ha dicho.

Clarisse asintió con la cabeza suspirando, conocía al tal Eric del que Tom le estaba hablando. Sabía que había estudiado también en Hillerska y que había caído gravemente enfermo. A Tom le costaba superar su muerte, estaban muy unidos y acababa de descubrir que su amigo no era la persona que él pensaba.

—No creo que Bill te lo haya dicho con mala intención—murmuró Clarisse.

—No conocía el lado bueno de mi amigo—insistió Tom—Sigo sin poder creer que Eric haya podido hacer algo así. El era una buena persona, sé que podía confiar en él como si fuera el hermano que no tenía…y ahora estoy dudando de su amistad, quizás no fuera tan verdadera como yo pensaba que era…

Sentía que se iba a echar a llorar, Clarisse le abrazó con fuerza tratando de consolarle.

—Eso ya no lo puedes saber, y no le des más vuelta—dijo Clarisse suspirando—No puedes pasarte el resto de tu vida pensando en si de verdad era quien tu pensabas que era. Y habla con Bill, dile que trate de entender que no estás pasando por un buen momento y que no tenga en cuenta todo lo que os habéis dicho. Seguro que él también se siente muy mal por lo que ha pasado y solo quiere que las cosas vuelvan a ser como antes.

Tom asintió suspirando, era a Bill a quien echaba mucho de menos en esos momentos. Quería que fuera él quien le estuviera abrazando mientras lloraba desconsolado entre sus brazos.

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Esa noche tras la cena Tom no lo dejó pasar más y acostado ya en la cama cogió el móvil y le mandó un mensaje a Bill con firmeza.

«Siento mucho haber discutido contigo, si he dicho algo que te haya molestado te pido perdón. Era un tema muy delicado y tenías razón en muchas cosas de las que me dijiste y no quería aceptarlo. Me gustaría mucho que vinieras mañana a mi cumpleaños pero si has cambiado de opinión lo entenderé perfectamente»

Envió el mensaje y dejó a un lado el móvil. No sabía si Bill le iba a querer contestar, llevaban horas sin saber el uno nada del otro, ambos dolidos por la discusión y necesitaba su tiempo para poder aclarar sus ideas.

Al día siguiente no se sentía con fuerzas para abandonar la cama, había dormido fatal y con ganas se quedaba todo el día en ella. Pero tenía un compromiso imposible de anular, incluso Dunja le había enviado la tarde anterior el traje que debía ponerse y tenía en esos momentos bien guardado en el armario.

Sintió que se abría la puerta de su habitación y se puso tenso sin poder evitarlo. Entonces le vio entrar por la puerta más guapo que nunca y con una amplia sonrisa en sus brillantes labios.

Bill entró del todo en la habitación y Malin volvió a cerrar la puerta tras él. Solo entonces separó los labios y se puso a cantar para deleite de Tom. Era una sencilla canción de cumpleaños, pero tenerle de nuevo sonriéndole a su lado era la mejor manera de empezar ese día.

Mientras le cantaba observó que en su mano llevaba un cupcake con dos velas encendidas en forma de 1 y 7. Y pudo observar mejor la ropa que llevaba, unos pantalones estrechos negros con americana a juego bajo la cual llevaba un jersey fino negro. Calzaba unas botas con un ligero tacón y el pelo lo llevaba brillante y sedoso suelto sobre su hombros.

Se había aplicado un ligero maquillaje, nada comparado con aquella vez que le vio en su primera fiesta en Hillerska dada la ocasión, pero podía advertir que sus labios brillaban más que nunca y sus mejillas estaban algo sonrosadas.

Bill dejó de cantar y se le quedó mirando sonriéndole ampliamente.

— ¿Cómo has logrado entrar?—preguntó Tom desde la cama.

—He sobornado a Malin porque quería ser la primera persona que te felicitara—contestó Bill arrodillándose en el suelo para estar a su altura— ¿Pides un deseo?

Tom se incorporó en la cama sonriendo y cerrando los ojos por unos segundos sopló las velas apagándolas. Una vez hecho Bill dejó el cupcake sobre la mesilla y se levantó para sentarse en el borde de su cama, momento que Tom aprovechó para pasar una mano por su chaqueta admirando la tela. Era de seda y reconoció la marca al momento, supo entonces que Bill se había gastado una pequeña parte del dinero de Andreas para estar presentable en su primera comida con sus padres.

Aunque no hubiera hecho falta, Bill siempre estaba perfecto con cualquier cosa que se pusiera. O sin nada…

—Estás muy guapo—murmuró Tom suspirando.

—Hey, no me arrugues la ropa—protestó Bill sonriendo.

Tom le devolvió la sonrisa de inmediato, volvían a estar como si la discusión del día anterior no hubiera pasado.

—Entonces… ¿estamos bien?—quiso asegurarse Tom.

—Gracias por el mensaje—dijo Bill asintiendo con la cabeza— ¿Quieres ver tu regalo?

Antes de que Tom pudiera decir nada metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño paquete envuelto o eso era lo que Tom pensó al verlo, dándose cuenta segundos después de que iba envuelto en unas servilletas de papel.

Lo cogió sonriendo y al abrirlo descubrió un pequeño sándwich que Bill le había preparado, recordando el primero que él le había hecho tras haber pasado la noche con él en Hillerska y luego tras San Valentín cuando se habían vuelto a besar después de tanto tiempo separados.

—Te prometo que te tengo un regalo mucho mejor que este—dijo Bill con firmeza mientras que Tom empezaba a comer su sándwich—Es una sorpresa que aún no he terminado.

—Este es perfecto—murmuró Tom con la boca llena.

Le dio a probar un trozo y Bill comió de su sándwich sin poder apartar los ojos de los de Tom.

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Terminado el delicioso desayuno Tom se puso en marcha. Salió de la cama y le dejó un momento a solas en su habitación mientras se daba una ducha rápida. Al ser sábado sus compañeros remoloneaban algunos en la cama, otros estarían desayunando en el comedor con calma o estarían haciendo deporte o estudiando.

Mientras que él tenía obligaciones que hacer ese día a pesar de que era su cumpleaños y lo que más le apetecía era pasarlo a solas con Bill metido en su cama, disfrutando de ese cuerpo que cada vez que le veía le hacía desear estar dentro.

Se vistió con el caro traje de Armani que sus padres le habían enviado y una vez preparado salieron juntos del internado. En la puerta les esperaba la limusina de su padre y junto a ella estaba Dunja… y Andreas, que nada más verle forzó una sonrisa y felicitó a Tom por su cumpleaños al igual que Dunja.

Tras dejar en manos del chófer la bolsa que Bill se había preparado para ese fin de semana subieron al coche y ocuparon sus asientos, yendo Bill y Tom sentados juntos en el asiento de atrás y Dunja y Andreas justo frente a ellos.

Mientras se ponían en marcha Dunja fue explicando la agenda de ese día.

—Los invitados estarán esperando cuando lleguemos—empezó a decir Dunja—Habrá una sesión de fotos seguida de una breve recepción, yo estaré cerca y te ayudaré con los nombres y los temas de conversación si lo necesitas.

Tom escuchaba en silencio, era verdad que no conocía a la mayoría de las personas invitadas y por suerte Dunja no dejaría que cometiera ningún error explicándole por lo bajo quién era quién y a qué se dedicaba.

Mientras que Dunja hablaba Tom miró de reojo a Bill y este le tendió una mano al momento por el asiento, Tom se cogió a ella entrelazando los dedos mientras se miraban sonriendo.

—Te enseñaré donde puedes esperar mientras, Bill—siguió diciendo Dunja.

Bill asintió con la cabeza, sabía que su presencia no era necesaria en la recepción ya que no sería presentado a todos los invitados como el novio del homenajeado. Aunque dudaba que hiciera falta, todos sabrían de sobra de quien se trataba.

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Una hora después tenían ante sus ojos la impresionante mansión. El camino de acceso estaba lleno de coches pertenecientes a los invitados que ya habían llegado. El chófer les llevó a un lateral de la casa y el mayordomo se apresuró a abrirles la puerta.

Todos bajaron del coche y mientras que Dunja ultimaba ciertos detalles Andreas se dirigió a Tom en voz baja.

—No debí haberte contado lo de Eric—susurró carraspeando—Imagino que habrá sido un shock y bueno, siento que te he estropeado el día. Lo siento mucho.

Antes de que Tom pudiera replicar Dunja les avisó de que ya podían ir entrando. Así lo hicieron y tras recorrer un largo pasillo y varias estancias llegaron a un amplio salón donde estaban los invitados esperando. Tom forzó la mejor de su sonrisa y se dedicó a estrechar manos y agradecer sus felicitaciones por su cumpleaños.

Dunja se encargó de Bill, le llevó a un rincón desde donde lo podía observar todo y allí se pasó las 2 horas que duró al recepción viendo como Tom parecía conocer a todo el mundo e incluso Andreas quien estaba encantado con ser parte de la familia.

Por suerte Bill pudo distraerse un poco disfrutando de un pequeño aperitivo que habían preparado y en esos momentos saboreaba una deliciosa ración de tarta observando los jardines por la ventana mientras que la recepción continuaba y el fotógrafo contratado para la ocasión inmortalizaba el momento.

— ¿Te diviertes?

Se volvió de inmediato y sonrió al ver a Tom a su lado.

— ¿Quieres un poco de tarta?—ofreció Bill tendiéndole su tenedor.

Tom separó los labios y comió el trozo que le ofrecía.

—Esto ya se está terminando—explicó suspirando—En cuanto se haya ido el último invitado podremos ir a descansar un poco antes de la comida.

Bill asintió con la cabeza, no sabía como podía soportar esa situación Tom. Estar con tanta gente a la que apenas conocía, hablando con ella y todo sin perder la sonrisa.

—Perdona que te moleste Thomas, falta por hacer una última foto con Andreas y daremos la recepción por terminada—empezó a decir Dunja.

—Dunja, me da igual lo que crean que van a lograr mis padres invitando a Andreas a mi cumpleaños—soltó de repente Tom con firmeza—Me niego a hacerme una foto con él, y sobre todo a que se quede a la comida familiar. O se va de vuelta a Hillerska o me voy yo ahora mismo con Bill.

Dunja asintió con la cabeza y sin decir nada fue donde estaba Andreas para explicarle la situación. Un coche le llevaría de vuelta al internado de inmediato, Andreas no tuvo más remedio que obedecer excusándose ante los invitados de la recepción.

Bill lo observó marcharse sin poderse creer lo que acababa de suceder, ni el tono en que Tom le había hablado a Dunja. De repente se había comportado con una frialdad que no había visto nunca, dando órdenes que sabía que serían obedecidas sin rechistar por ser quién era.

Continúa…

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por lyra

Escritora del fandom

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