Fanfic de lyra. Parte III
Capítulo 39
Después de la que sería la última comida que tendrían en Hillerska pues al día siguiente por la tarde era la graduación y todos los internos regresarían a sus casa, Andreas se encontraba en la sala común ahogando sus penas con los que habían sido sus mejores amigos desde que había puesto un pie en Hillerska. Georg y Gustav trataban de animarle en vano, pero Andreas solo podía ver como todo su esfuerzo y trabajo que había hecho en Hillerska quedaba manchado por culpa de la prensa.
A cualquier universidad que fuera y supiera donde había estudiado, le mirarían como un bicho raro salido de uno de los peores internados de toda Alemania donde se habían dado lugar unos rituales de iniciación de lo más escamosos.
—Vamos, que no es el fin del mundo—dijo Georg tratándole de animar—No nos pasemos el día llorando.
—Hagamos una fiesta—apuntó Gustav con firmeza—Cuando Nolan levantó las normas pude hacerme con algo de alcohol y lo estaba reservando para la graduación.
Georg asintió con la cabeza, era una idea estupenda. Y al igual que él también tenía algo de alcohol guardado y sabía que muchos de sus compañeros de tercero también.
—Va a ser deprimente—murmuró resoplando Andreas—Va a parecer un funeral más que una fiesta.
—Vamos a ser los últimos de Hillerska en graduarnos—insistió Gustav—Tenemos que despedirnos a lo grande de este maldito internado. Beberemos hasta no saber quienes somos, ¡vamos a pasarlo de puta madre!
Georg se echó a reír al escucharle, era lo que necesitaban en esos momentos. Verle el lado positivo a la situación en la que se encontraban.
—Yo tengo que andarme con cuidado ahora, no puedo permitirme ningún tipo de escándalo—murmuró Andreas suspirando.
— ¿A qué te refieres?—quiso saber Georg.
Andreas cogió aire antes de hablar, no les había contado nada a sus amigos del nuevo rumbo que había tomado su vida porque su tío le había pedido discreción total pero sabía que podía confiar en ellos, y además necesitaba hablarlo con alguien y recibir todo su apoyo además de sus consejos.
—Pues que me he convertido en el sucesor de Thomas—empezó a decir Andreas—Quiere decir que si él se niega a tomar el mando en la empresa de su padre seré yo quien lo haga, y eso tendrá sus recompensas como estar más cerca de la familia real y por eso debo cuidar mi imagen al máximo.
— ¡Que pasada!—exclamó Georg.
—Dirás más bien qué putada—apuntó entre risas Gustav.
—Para mí es todo un honor—apuntó a su vez Andreas.
—Piénsalo bien antes de aceptarlo—insistió Gustav—Quiero decir que antes estabas en la posición perfecta, estabas dentro de una familia relacionada con la nobleza pero no tenías responsabilidades. Disfrutabas de lo bueno, como irte de fiesta sin ninguna responsabilidad pero ahora eres de los suyos.
—Lo que Gustav quiere decir es que mola estar cerca de la familia real, pero no ser uno de ellos—explicó Georg.
—Míranos a Georg y a mi—siguió diciendo Gustav—Estamos en la mejor situación, podemos hacer todo lo que nos dé la gana sin tener que ajustar cuentas con nadie…
Andreas les escuchaba en absoluto silencio, pensando que sus amigos tenían parte de razón y que él no se había parado a pensar en las consecuencias de su decisión.
¿Era tarde para echarse atrás?
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Mientras, en su habitación Tom hablaba con Dunja mientras empezaba a recoger sus cosas tal y como les había pedido Nolan.
—No te preocupes por el próximo curso, ya estamos mirando internados—decía Dunja—Hay uno en Suecia muy bueno.
«Y también muy lejos»—pensó Tom suspirando.
— ¿Qué dicen mis padres?—quiso saber Tom.
—Tu madre…parece que está mucho peor—contestó con pesar Dunja—Los médicos están tratando su depresión pero haré todo lo que esté en mis manos para que puedan asistir a la graduación de tu primo y bueno, será la última que se celebre en Hillerska y va a ser especial. Tras ella puedes ir directamente a la casa de campo que tenéis en Marzahn Hellersdor donde tu madre puede guardar reposo mientras se recupera…
Tom dejó de escucharla, lo último que quería en esos momentos era pasarse todo el verano metido en casa con sus padres mientras se formaba para tomar las riendas de una empresa que jamás había querido que fuera suya.
Siguió recogiendo sus pertenencias tras terminar de hablar con Dunja, descubriendo sobre el escritorio de su mesa un par de libros que tenía que devolver a la biblioteca de Hillerska.
Y hacia allí se dirigió, no contando con encontrarse con Bill en ella. Pero ahí estaba, al parecer también tenía en casa libros que devolver y sabiendo que Hillerska iba a cerrar sus puertas al día siguiente había ido solo por eso.
Pensó en darse media vuelta y dejar que terminara de colocar los libros, él ya lo haría más tarde. Pero quizás era la única oportunidad que tenía de hablar con él y con esa idea en mente entró en la biblioteca.
—Hey—saludó forzando una sonrisa.
Bill se volvió y no pudo contener la sorpresa que se había llevado de verle allí. La verdad era que esperaba que sus caminos no se cruzaran pero no había sido así.
— ¿Qué tal estás?—preguntó Bill tras unos segundos en silencio.
—Me siento…vacío—contestó Tom sin poderse contener—Y asustado. ¿Tú que tal estás?
—No lo sé—dijo Bill suspirando—Todo esto me parece muy raro. Y también que vaya a cerrar Hillerska, no es que haya sido un sitio donde me haya sentido bien recibido pero bueno…ha sido muy importante para mi.
—Bill, solo quería decirte que…siento mucho lo ocurrido…—empezó a decir Tom no pudiendo evitar tartamudear—Que yo no soy así, que no sé que me pasó pero estoy luchando por…
— ¡Chicos! Los de tercero van a hacer una última fiesta—les interrumpió Charles—En el edificio abandonado, ya sabemos que Nolan las prohibió pero ya da igual lo que diga, además no nos puede castigar para el próximo curso… Id pensando que os vais a poner, debemos ir todos de blanco.
—Yo…no sé si podré escaparme de Malin así que no sé si podré ir—murmuró Tom con torpeza.
—Yo tampoco sé si podré asistir—apuntó Bill.
—Vamos, no podéis faltar—suplicó Charles—Será la última fiesta de Hillerska y va a ver alcohol a raudales. Y vendrán las chicas del internado de al lado, debemos despedirnos en condiciones de Hillerska.
—Me lo pensaré—dijo Bill sin mucha convicción—Ahora tengo que irme.
Salió de la biblioteca antes de que Tom pudiera decir nada para retenerle, sin ni siquiera despedirse de él mientras que Charles trataba de convencerlos.
—Tenemos que asistir todos—insistió Charles—Es la última noche que vamos a estar juntos, puede que para siempre.
Tom cerró los ojos al escucharle, eso era justamente lo que iba a ser. La última noche que podrían pasar juntos él y Bill, y a ninguno de los dos les apetecía mucho por lo visto…
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Horas después Clarisse lograba colarse en Hillerska sin que nadie se lo impidiera. Se había enterado por su hermano de la fiesta que iba a tener lugar y tras quedar en ella con sus amigas del otro internado se arregló como nunca escogiendo un vestido de tirante blanco con unos tacones de infarto.
Y con sus mejores galas fue directa a Hillerska donde la mayoría de los alumnos estaban ya en la fiesta. Todos menos uno, que como Clarisse se imaginaba estaría en su habitación negándose a disfrutar de la última fiesta que se iba a celebrar.
Y hacia allí se dirigió con paso decidido, encontrándose con Malin ante la puerta impidiéndole el acceso. Pero Clarisse no se vino abajo, sabía que la guardaespaldas la conocía desde la acampada y de las muchas veces que Tom había ido a los establos a hablar con ella, y sabía que era inofensiva y por eso le permitió entrar en la habitación de Tom sin ningún problema.
Y allí se lo encontró, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la cama.
— ¿Qué haces que no estás arreglado?—preguntó Clarisse cuando Malin cerró la puerta dejándoles hablar a solas—Vamos, que es la última fiesta.
—Es que no me apetece nada—murmuró Tom resoplando.
—Y a nadie le apetece pero no queda otra que aceptar que cierra Hillerska—dijo Clarisse arrodillándose en el suelo para estar a su altura—Yo me voy a quedar sin un trabajo que me encanta, ¿y qué puedo hacer?
— ¿Nos quedamos aquí y nos deprimimos juntos?—inquirió Tom sonriendo con esfuerzo.
—Venga, que no es tan grave—dijo Clarisse poniendo una mano en su rodilla.
—No, solo he perdido al amor de mi vida y van a cerrar por mi culpa Hillerska—empezó a enumerar Tom—Porque confirmé la existencia de los rituales de iniciación, y aunque en el mío no pasara nada de lo que dice la prensa debería estar prohibido hacer pasar por eso a cualquiera.
Clarisse asintió con la cabeza al escucharle, las novatadas estaban prohibidas por una buena razón y al parecer en Hillerska se habían hecho con la excusa de que sólo eran pequeñas bromas pero algunas habían llegado muy lejos.
—Y para rematar les dije un montón de cosas horribles a mis padres que no debería haber hecho, lo cual me obligará a tomar las riendas de la empresa familiar nada más cumplir los 18 años—murmuró Tom resoplando—Un cargo que no quiero y para el que no estoy preparado, pero mi padre no dejará a solas a mi madre en su estado y cuenta conmigo para que sea yo quien le suceda aunque no le importe que me tenga que pasar el año que me queda estudiando el doble para poder estar mínimamente preparado.
—Lo que necesitas ahora es desahogarte—insistió Clarisse tras su discurso—Olvidar por una noche todas tus responsabilidades y problemas, y ser solo un chico normal de 17 años al que le han roto el corazón pero que es fuerte y logrará salir adelante.
Tom se la quedó mirando y no pudo evitar sonreír ante sus palabras, eso era justo lo que necesitaba. Irse a una fiesta a ahogar en alcohol sus penas.
—Venga, ¡el príncipe se va de marcha!—dijo Clarisse tendiéndole una mano.
Tom se cogió a ella entre risas y se puso en pie.
—Vamos a ver qué tienes por aquí—murmuró Clarisse abriendo su armario.
— ¿No voy bien así?—preguntó echando un vistazo a su ropa.
—Hay que ir de blanco, es la única norma de la fiesta—apuntó Clarisse pasando percha tras percha hasta dar con lo que buscaba.
Enseguida sacó una camisa blanca de manga larga y unos pantalones del mismo color junto con unas playeras.
—Ponte esto mientras pienso cómo vamos a escaparnos—murmuró Clarisse mirando la ventana con la idea de salir por ella.
Pero antes de que pudiera pensar en nada más Tom llamó a Malin para que entrara. La puerta de la habitación se abrió y Malin se quedó esperando.
—Me voy a una fiesta—anunció Tom sin más—Sé que no es lo más recomendable dada la situación pero he pensado que tú y Saki os podéis venir. Mantendremos una distancia razonable y no nos meteremos en problemas…así no tendré que escaparme y hacerte buscarme por todo Hillerska.
Malin se le quedó mirando fijamente en silencio hasta que asintió con la cabeza sonriendo levemente.
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Mientras, en su casa Bill estaba tumbado en el sofá haciendo zapping con Alex sentado a su lado de lo más cabezota.
—Entonces nos vamos a perder la última fiesta de Hillerska—dijo Alex suspirando.
—Te he dicho que yo no voy a ir, pero no te estoy obligando a quedarte conmigo—murmuró Bill resoplando.
— ¿Es porque quizás vaya Tom?—preguntó Alex, como si no fuera obvio.
—No puedo verlo—contestó Bill con dolor—Me sentí muy raro cuando le vi en la biblioteca, y eso que apenas fueron unos minutos.
—Ya le has dicho todo lo que querías decirle y que lo vuestro ha acabado—murmuró Alex.
— ¿Cómo se sabe eso?—preguntó de repente Bill—Que una relación se ha acabado…
—Supongo que lo sientes y no hay que darle más vueltas—contestó Alex—Pero va a ser la última noche, ¿y si no vuelves a ver a Tom nunca más? ¿No crees que deberías despedirte de él en condiciones?
Bill se quedó mirando fijamente a su amigo pensando en sus palabras, lo cierto era que lo último que Tom y él se habían dicho fueron unas tristes palabras que no servían de despedida. Se merecían una oportunidad para dejar las cosas claras, que se había amado con toda su alma y aunque sus caminos se separaran jamás podrían olvidarlo.
Y con esa idea en mente se levantó del sofá y fue a su habitación a cambiarse de ropa, buscó en el armario hasta dar con las prendas adecuadas para la ocasión y entrando en el baño se arregló más que nunca, sabiendo que esa noche sería especial y quería mostrarse tal y como era de verdad, lo que llevaba meses ocultando por tener que aparentar ser alguien perteneciente a una clase social en la que jamás podría ser o actuar con total libertad.
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La fiesta estaba en todo su esplendor cuando Alex y él llegaron. Clarisse ya se había ido con sus amigas y tuvieron que ir en autobús ya que el propio Bill había pedido a Dunja que le retiraran el transporte a Hillerska nada más cortar su relación con Tom.
Llegaron al silencioso internado y lo rodearon para dirigirse por el bosque al edifico abandonado desde donde les llegaba el eco de la música.
Entraron en la fiesta sin ningún problema y se dirigieron sin dudar a la pista a bailar. Allí se encontraron con Clarisse quien recibió a Bill con un fuerte abrazo y luego le dio otro a su hermano.
—Casi no consigo que venga—dijo Alex suspirando— ¿Has logrado convencer a Tom?
Clarisse asintió con la cabeza, todo formaba parte del plan que ella y Alex habían tramado. Reunir a la pareja para ver si podían solucionar las cosas y darse una segunda oportunidad, o por lo menos que pudieran despedirse en condiciones.
Ajeno al plan de los dos hermanos Tom trataba de evadirse de sus problemas terminándose su segunda cerveza en compañía de Charles y Stephan. Hasta que le vio en mitad de la pista bailando al compás de la música, más guapo que nunca vestido todo de blanco haciendo que destacara su pelo azabache. Y cuando se volvió pudo observar su cara, iba maquillado como en la primera fiesta con una sombra negra recorriendo sus ojos y sus labios tan brillantes y jugosos.
Se quedó mirándole fijamente sin poder evitarlo, hasta que Bill recayó en su presencia. Entonces se sintió incómodo ante su mirada y dando media vuelta echó a andar en dirección contraria.
Recorrió la pista de baile saliendo de ella y fue hasta una habitación, la misma en la que meses atrás había amenazado a su primo poniendo una botella rota contra su cuello. Entró en ella y cerró tras él la puerta, caminó por la estancia sin darse cuenta de que no estaba solo.
— ¡Hola!
Se volvió al escuchar su voz, su primo estaba cómodamente sentado en un sofá que allí había mientras se tomaba una copa con calma.
—Solo necesitaba un poco de tranquilidad—se explicó suspirando Andreas.
Tom se le quedó mirando, se le veía muy abatido y por un momento algo se removió en él. Tenía ante él a ese primo con el que había crecido, al que había estado muy unido y con el que había compartido risas y juegos.
—Yo…siento mucho que te pasara lo que te pasó en tu iniciación—soltó Tom con total sinceridad—Siento mucho que fuera Eric quien te lo hizo.
—Bueno, no fue solo a mi—murmuró Andreas, sorprendido por sus palabras—Fue a toda la clase de primero de mi año, y allí estaban Georg y Gustav. Y por eso me prometí a mí mismo lograr ser el precepto cuando estuviera en tercero para que nadie pudiera pasar por lo mismo. Tu iniciación fue así porque yo me negué a hacerte lo mismo, porque ni tú ni nadie se lo merecía.
Tom asintió con la cabeza agradeciéndoselo, nunca se pudo imaginar que su primo fuera una buena persona capaz de luchar por los más débiles para que no pasaran por algo que a él le había traumatizado, más viniendo de quien venía.
—Y quiero que sepas que Eric te quería más que a nada en el mundo—dijo Andreas con firmeza—Un video con dos chicos besándose en la cama no habría sido importante para él, te habría querido de cualquier manera y yo…siento mucho todo lo que te he hecho. Jamás debí sacar a la luz tu secreto, espero que algún día me puedas perdonar.
Lo estaba diciendo de todo corazón, incluso tenía los ojos llenos de lágrimas y Tom podía sentir que por una vez en la vida su primo estaba pidiéndole perdón con total sinceridad.
Y en esos momentos le pudo perdonar, porque eran familia y había llevado muy lejos todo el rencor que había sentido por él tras haberle fallado de esa manera.
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Mientras, Georg y Gustav lo daban todo en la que era la última fiesta en Hillerska. Hasta que Gustav recayó en la presencia de Bill y no pudo evitar sonreír al verle con esas pintas.
— ¿Alguien ha pedido los servicios de una puta?—preguntó entre risas dirigiéndose a su amigo.
Georg arrugó la frente al escucharle, una vez más Gustav insultaba a Bill solo por su orientación sexual. Y él ya se había cansado de tener que escucharle sin decir nada solo por el miedo a lo que pudiera pensar de él. Tenía que pararle los pies, y qué mejor ocasión que esa ya que no volvería a tener otra oportunidad.
—Deja de insultar a Bill—pidió con firmeza.
Gustav se le quedó mirando pestañeando como si no hubiera escuchado bien a su amigo.
— ¿Se puede saber por qué ahora le defiendes?—quiso saber Gustav arrastrando las palabras.
—Porque los dos somos iguales—contestó Georg para sorpresa de su amigo.
—No te pareces en nada a él—murmuró Gustav entre risas—Qué más quisiera Bill que tener tu aspecto, y no ir por el mundo con esa carita de niña buena pidiendo a gritos ser follada.
—Yo también soy gay—dejó Georg bien claro.
Gustav se quedó mudo por unos segundos, esperando a que su amigo rompiera a reír diciéndole que le estaba tomando el pelo. Pero le tenía ante él totalmente serio, confesándole por fin lo que llevaba años callando.
—Pero…si tú eras el primero en meterte con él—murmuró Gustav sin entender.
—Y me arrepiento mucho por eso, solo lo hacía para quedar bien contigo y que no sospecharas—empezó a decir Georg—Porque sabía que te lo ibas a tomar mal, Andreas era el único que lo sabía y me apoyaba porque con él si se pueden hablar de estos temas. No como tú, que parecías encantado en la iniciación mientras que yo estaba acojonado de que se supiera mi secreto y me dieran una paliza por ello.
—Georg, yo…no sé que decir…—murmuró Gustav.
—Mejor no digas nada, que somos amigos y no quisiera tener que partirte la cara—siseó Georg—Siento mucho haberte estropeado la fiesta con mi salida del armario, pero ya me he cansado de escuchar tus estupideces. Piensa un poco en qué vas a hacer con tu vida, estás a tiempo de cambiar y espero que a partir de mañana dejes de meterte con Bill solo por ser quien es. Se merece vivir su vida como le dé la gana, y no como los demás quieran solo para no sentirse una mierda cada vez que se cruza con alguien como tú.
Y tras decir eso dio por terminada la fiesta y regresó a Hillerska, dejando a Gustav con la boca abierta sin haber podido aún reaccionar a las palabras del que había sido uno de sus mejores amigos desde la infancia.
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Regresó de nuevo a la fiesta y se reunió con Charles y Stephan, quienes le pasaron otra cerveza que Tom casi se bebió de un sorbo.
Entonces alzó la mirada y descubrió para su asombro que Bill se le acercaba con paso decidido. Empezó a ponerse nervioso, más cuando Charles y Stephan se fueron a la pista a bailar dejándole solo.
— ¿No podemos olvidarnos de todo lo que ha pasado por esta noche?—preguntó Bill yendo directo al grano.
— ¿Qué quieres decir?—murmuró Tom sin entender.
Se le había subido la cerveza a la cabeza y le costaba un poco hablar.
—Pues olvidarnos de familias emparentadas con la realeza y de plebeyos, de herederos de una gran empresa y de dramas—soltó Bill sin aliento—Ni antes ni después, solo el ahora. Una última noche juntos, creo que nos lo merecemos.
—Estoy de acuerdo—murmuró Tom asintiendo con la cabeza.
Bill le tendió la mano y Tom se cogió a ella. Echaron a andar por la pista de baile buscando una de las ventanas laterales por la que poder escaparse para poder poner punto y final a su historia de amor.
Continúa…
Ya queda muy poco para el final. Gracias por la visita. No olvides dejar tu amor en un comentario.