Jóvenes Rebeldes 4

Fanfic TWC / TOLL de lyra

Capítulo 4

Esa noche era la gran fiesta. Pero Tom no sabía nada de nada. Sentado en su habitación trataba de concentrarse en el libro que estaba leyendo. Era viernes por la noche, en condiciones normales estaría de fiesta con sus amigos y no leyendo tratando de que las horas pasasen antes de meterse en la cama a las 11.

— ¿Thomas?

Maldijo por lo bajo y cerrando el libro lo dejó sobre la cama.

—Pasa—dijo sin muchas ganas.

Pero nadie abrió la puerta. Arrugó la frente y levantándose se acomodó la sudadera sobre su pijama. Esperaba que no fuera una broma, no estaba para risas.

Abrió la puerta y antes de que pudiera asomar la cabeza fue empujado contra la cama donde cayó sin aliento. Antes de que pudiera hacer o decir nada cubrieron su cabeza con una funda de almohada y sus manos fueron sujetas con cuerda.

—No digas nada—susurró una voz en su oído—Una sola palabra y veremos si de verdad tienes sangre azul en tus entrañas.

Tom sintió algo frío y afilado rozar la piel de su estómago. Asintió con la cabeza como pudo, sintiendo que le cogían con fuerza y levantaban de la cama. Le sacaron de la habitación a empujones obligándole a caminar. No sabía donde le llevaban, le costaba respirar y sentía que se le cortaba la circulación de lo fuerte que habían atado sus muñecas.

Bajaron por unas escaleras y salieron del internado. Corrieron sobre la hierba y una vez lejos de la mirada de profesores y alumnos arrojaron a Tom con fuerza al suelo haciéndole caer de rodillas.

—Thomas Kaulitz—dijo una voz con firmeza—Como último alumno de Hillerska te hemos traído aquí para que veas como nos divertimos.

Antes de que Tom pudiera replicar sintió que alguien se colocaba a su espalda y ponía las manos sobre sus caderas obligándole a caer del todo en la hierba. Empezó a negar con la cabeza cuando sintió unas manos en el pantalón de su pijama tratando de bajarlo.

— ¡Suéltame cabrón!—gritó con todas sus fuerzas.

Escuchó risas a su alrededor, sintió como se levantaban encima de él y le ayudaban a ponerse en pie. Alguien quitó la funda de almohada de su cabeza y se vio cegado por varias linternas.

— ¡Bienvenido a Hillerska!—gritó entre risas Andreas.

Tom fulminó con la mirada a su primo quien se partía de risa ante su enojada cara. No estaban solo, casi la mitad de los alumnos de tercer curso estaban allí descojonándose a su costa.

—No te enfades Thomas, se lo hacemos a todos los novatos—explicó entre risas Andreas—Has sabido defenderte, hay otros que terminan llorando o meándose encima.

— ¡Vete a la mierda Andreas!—gritó Tom sin poderse contener.

—Chicos, soltadle—ordenó Andreas sin dejar de reír.

Gustav se adelantó y sacando la misma navaja con la que minutos antes le había amenazado colocándosela en su estómago cortó las ataduras de sus muñecas.

—Perdona Thomas, hice los nudos muy fuerte—se disculpó Gustav al ver las señales dejadas en sus muñecas.

—No tiene ni puta gracia—dijo con rabia Tom, viendo como las risas iban cada vez en aumento.

—Es un rito de iniciación, aquí todos lo hemos pasado sin importar quien sea tu padre o tu primo lejano—explicó Andreas— ¿O querías que te tratásemos con favoritismo?

Tom jadeaba tratando de recuperar el aliento, se había olvidado de que lo normal en cualquier instituto era hacer alguna novata al alumno nuevo que llegaba y él por mucho dinero que su familia tuviera no había sido la excepción. En el fondo, no podía enfadarse. Siempre andaba pensando que si la gente se acercaba a él lo hacía por fama o dinero, en cambio en Hillerska eran todos de la misma condición. Se sentía entre iguales.

—Me habéis dado un susto de muerte, cabrones—dijo Tom dejando a un lado su malhumor.

—De eso se trataba—rio de nuevo Andreas—Para compensarte, seguiremos con la iniciación.

—Si me vuelve a tocar alguien le parto la cara—amenazó Tom muy serio.

Aún recordaba como estando tirado en el suelo atado y amordazado alguien se había colocado a su espalda y tratado de desnudarle. Podía sentir las manos sobre el pantalón de su pijama acariciando de paso sus nalgas. Si supiera quien había sido, le partía la cara en esos momentos.

—Que no tonto, que ahora viene la mejor parte—dijo Andreas sin dejar de sonreír.

Hizo una señal a sus compañeros y apagando las linternas empezaron a caminar internándose en el bosque rodeaba Hillerska. Andreas le hizo una señal pero Tom se quedó quieto donde estaba.

— ¿De verdad no me lo vas a perdonar?—preguntó Andreas poniéndose un poco más serio.

Tom se negó a contestarle, se quedaba con ganas de volver a su habitación y meterse en la cama. Pero sabía que así solo les aguaría la diversión o lo que tuvieran planeado para esa noche. Tenía que integrarse, aunque la bienvenida había sido una mierda.

— ¿Es parte de la iniciación que tenga que estar en pijama?—preguntó Tom logrando sonreír un poco.

Andreas asintió con la cabeza devolviéndole la sonrisa. Tom resopló y echó a andar siguiendo a su primo.

No tardaron mucho en llegar, era una parte del internado que Tom no sabía que existía y dudaba que alguno de los profesores lo supieran. Llegaron a un edifico abandonado que había en mitad de la nada, entraron por una de sus muchas ventanas que no tenían cristales y tras recorrer un largo y oscuro pasillo llegaron a una gran sala.

Tom se quedó sin habla, dentro se habían montado una gran fiesta. Era como una discoteca privada, con amplios sofás repartidos por toda la estancia, una barra y una mesa de DJ incluso.

Y no estaban solos…

— ¿De dónde han salido estas chicas?—preguntó Tom al ver a varias.

—Tranquilo, que no son putas—respondió Andreas entre risas—Residen en un internado cercano, hijas de buenas familias por supuesto. Y más de una estará encantada de conocerte.

—Sus bebidas, caballeros—dijo Gustav apareciendo de repente con dos vasos de tubo llenos hasta el borde.

Tom cogió el suyo y sin preguntar qué era le dio un trago largo. Arrugó la frente, había más alcohol que otra cosa.

—No creo que esto lo hayáis cogido de la despensa de Hillerska—murmuró Tom.

—Tenemos nuestros contactos—murmuró Andreas—Lo que quieras o necesites, te lo puedo conseguir. Alcohol, tabaco…drogas…

Tom miró a su primo alzando una ceja, viendo como apuraba su bebida como si para él hablar de drogas fuera una asignatura más del día.

—Yo no tomo nada, y creía que tú tampoco—comentó Tom.

— ¿Cómo quieres que soportemos esta mierda?—preguntó muy serio Andreas—Nos exigen sacar las mejores notas y no bajar de sobresaliente de media. Nuestros padres se piensan que somos máquinas, y necesitamos recargar nuestras baterías.

—Pero… ¿drogas?—susurró Tom.

—Son legales, tranquilo—dijo Andreas—Ansiolíticos, nos ayudan a estudiar.

— ¿Y cómo los conseguís? Van con receta—apuntó Tom.

—Pues mintiendo como bellacos—rio Andreas—Te queda mucho por aprender Thomas, con el tiempo ya me los pedirás.

—No creo—murmuró Tom negando con la cabeza.

—Cambiemos de tema, hemos venido a pasar un buen rato y hay un par de chicas que están deseando conocerte—dijo Andreas pasando un brazo por sus hombros.

Echaron a andar y al momento Tom fue presentado a la mayoría de las chicas que habían acudido a la fiesta. Reconoció a un par de ellas, una vez más sus padres era conocidos y enseguida entabló conversación con una preciosa morena de pelo largo y liso.

&

Con el paso del tiempo Tom se fue relajando y unas cuantas copas después era el rey de la fiesta. Hablaba, bromeaba y bailaba como si no existiera un mañana. Sentía que iba a explotar, necesitaba salir a tomar un poco el aire. Pero entonces reparó en un invitado que se le había pasado por alto. En mitad de la pista de baile, apareció de repente Bill. Con una bebida en la mano bailaba con Alexander.

Era la primera vez que le veía sin uniforme, y tuvo que reconocer que estaba distinto por llamarlo de alguna manera. Sus ropas no es que fueran de las mejores marcas pero si elegantes. Vestía todo de negro, vaquero estrechos y una camisa de seda semitransparente.

Pero lo que más le llamó la atención fue su cara. Iba maquillado, una sombra negra se extendía por sus párpados y sus labios brillaban más que nunca.

— ¿Alguien ha pedido una drag queen?

Se volvió fulminando a Georg con la mirada.

—Chicos, no os riais—pidió Andreas al ver su gesto—Está muy atractivo, aunque aquí no tiene nada que hacer.

—Bueno, quien sabe—apuntó entre risas Georg.

Tom apretó la mano en un puño, contando hasta 10 para relajarse y no estamparlo en la cara de Georg.

—Ya vale, dejemos que se divierta a su manera—insistió Andreas.

Cogió a Tom del codo y se lo llevó aparte.

—Perdona a Georg, se ha pasado con la bebida—pidió Andreas—Sé que aunque te lo he advertido quieres ser amigo de Bill.

—El no tiene la culpa de la vida que le ha tocado—le defendió Tom—Y no está bien que habléis de él de esa manera. No lo conocéis.

—Le dejaremos tranquilo, porque tú me lo pides—prometió Andreas—Y ahora sigamos con la fiesta.

Tom asintió con la cabeza, volviendo a la pista de baile. Pero Bill ya no estaba en ella, le buscó con la mirada descubriéndole caminando hacia la puerta. Fue corriendo tras él, le vio recorrer el pasillo y salir por la misma ventana que habían entrado.

Se dio prisa, alcanzándole a escasos pasos.

—Oye, ¿estás bien?—preguntó cogiéndole del brazo.

— ¡Tom! No te había visto—dijo Bill un poco más sonriente de lo habitual.

—Has bebido, ¿estás bien?—repitió Tom su pregunta.

—Un poco mareado, quería tomar el aire—contestó Bill sonriendo de nuevo.

—Te acompaño, yo también lo necesito—se apuntó al momento Tom.

Echaron a andar sin rumbo fijo, llegando hasta un tronco caído donde se sentaron.

—Pensaba que la fiesta era solo para los del último curso—dijo de repente Tom.

—Pues me han invitado—explicó por encima Bill—Y también a Alex. Somos muy afortunados.

Tom observaba que arrastraba un poco las palabras, fijo que solo había tomado una copa y al no estar acostumbrado se le había subido enseguida.

—No estás en tus mejores condiciones—comentó Tom— ¿Cómo habéis venido?

—Nos ha traído Clarisse, y se ha colado en la fiesta pero no se lo digas a nadie—pidió entre risas Bill.

— ¿Quién es Clarisse?—quiso saber Tom.

—La hermana de Alex, tiene 21 años y estaba loca por conocerte—se le escapó a Bill—Huy, eso no tenía que haberlo dicho.

Se echó a reír sin poderlo evitar, haciendo que Tom también riera.

—Pero tranquilo que ella solo está bebiendo un refresco—aseguró Bill.

Se quedaron en silencio, reparando entonces Bill en su aspecto.

— Veo que te has puesto tus mejores galas—comentó sonriendo.

Tom asintió entre risas.

—Es mi primera fiesta de pijamas—siguió con la broma.

—Eres el único que lo llevas, te han gastado una broma—rio Bill.

Antes de que pudieran seguir hablando Tom escuchó como le llamaban en la lejanía. No se lo pensó dos veces y cogiendo a Bill del brazo le hizo tirarse al suelo escondiéndose ambos bajo el tronco caído donde habían estado sentados.

— ¿Pero qué…?—empezó a decir Bill.

—Ssshh…calla—pidió Tom echándose casi encima de él para no ser visto.

— ¡Thomas!

Era Andreas buscándole, pero no le apetecía hablar con él en esos momentos. Ni verle, estaba pasando un buen rato conversando con Bill.

Bajó la cara y clavó la mirada en el rostro de Bill, quien no podía dejar de sonreír por la situación.

— ¡Thomas!—llamó de nuevo Andreas alejándose de donde estaban.

— ¡Thomas!—repitió Bill levantando un poco la voz.

— ¡Calla!—pidió Tom en un susurro.

Pero Bill negó con la cabeza sonriendo y separó los labios dispuesto a volver a decir en voz alta su nombre. Tom se movió con rapidez, y le puso una mano sobre los labios impidiéndole decir nada.

Bill se le quedó mirando un tanto sorprendido, sintiendo que su respiración se agitaba al igual que su corazón.

Y a Tom le pasaba lo mismo, echado sobre él en ese reducido espacio empezó a sentir como su cuerpo reaccionaba. Quiso moverse para cambiar de postura pero solo logró rozarse contra Bill a través de la fina tela de su pijama.

Se mordió el labio maldiciendo por lo bajo, empezaba a sentirse excitado. Y sentía a Bill en su mismo estado, jadeando contra su mano. Sentía su cálido aliento golpear la palma de su mano. La retiró con lentitud observando sus brillantes labios separarse en busca de aire.

Clavó la mirada en ellos, recordando el día en que llegó y Bill cantó para él. Su dulce voz le daba la bienvenida a Hillerska, y en esos momentos eran sus labios quienes le saludaban. Era como si se hubiera detenido el tiempo, no había nadie alrededor y dejándose llevar por el valor que el alcohol le había influido Tom bajó la cabeza y besó con suavidad sus temblorosos labios.

Bill se puso tensó bajo su cuerpo, llevando las manos a su pecho tratando de empujarle. Pero las dejó sobre su sudadera, acariciando sus pectorales a través de la tela. Se dejó besar con timidez, la misma que Tom le mostraba. Fue un beso breve, apenas unos segundos. Luego se quedaron mirándose fijamente, ambos con la respiración entrecortada.

—Lo siento—susurró Tom carraspeando—Yo no…a mi no me gustan…

Se quedaron en silencio y entonces fue Bill quien tomó el mando, llevando una mano a la nuca de Tom y atrayéndole. Le devolvió el beso, atreviéndose a jugar con su lengua acariciando el piercing que Tom llevaba en su labio.

Pero Tom se separó con cierta brusquedad, se levantó y se quedó a un lado recuperando el aliento.

—Lo siento—se disculpo Bill de pie a su lado.

—Es mejor olvidarlo—dijo Tom sin volverse—Estamos los dos borrachos, no sabemos lo que hacemos.

Se fue antes de que Bill pudiera decir nada, dejándole de pie sobre la hierba con la respiración agitada y una amplia sonrisa en esos dulces labios que al fin había probado.

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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