Fanfic de lyra. Parte III
Capítulo 40
Salieron del edificio y echaron a caminar por el bosque sin rumbo fijo. Tom llevaba de la mano una manta que había recogido de la fiesta y tras haber caminado un buen trecho fueron a dar al lago. Extendiendo la manta en el suelo se tumbado ambos en ella quedándose mirando de frente en silencio.
Ninguno de los dos se atrevía a ser el primero en hablar, se habían escapado de la fiesta para poder tener una última conversación de despedida pero costaba hallar las palabras…
—Malin me va a echar a bronca cuando vuelva—comentó Tom entre risas.
Bill sonrió al escucharle, habían despistados a los guardaespaldas que se pensaban que Tom continuaba en la fiesta cuando era todo lo contrario.
—Ya no me importa—murmuró Tom encogiéndose de hombros—Cualquier castigo no es nada comparado a no volver a tenerte a mi lado…
—Tom, no…—empezó a decir Bill.
Pero se calló cuando de repente Tom se puso a tararear por lo bajo. Bill agudizó el oído, reconociendo la canción que cantara el primer día que se conocieron, cuando tuvo una ceremonia de presentación en la capilla y él actuó con el coro. En esos momentos ambos se dieron cuenta de que su destino era estar juntos.
Sonrió y separando los labios se puso a cantar también para deleite de Tom.
—Recuerdo ese día—murmuró Bill cuando la canción terminó.
—Y yo—dijo Tom suspirando—Me sentía incómodo por la bienvenida, como si fuera de la realeza o algo parecido. Entonces apareciste y te pusiste a cantar como los ángeles, era imposible apartar los ojos de ti y fue cuando supe que venir a Hillerska era lo mejor que me podía haber pasado.
Recordaba como odió la decisión tomada por sus padres sin contar con él, no quería asistir a un nuevo instituto y mucho menos vivir en el. Y desde el primer día supo que estaba en el sitio correcto conociendo a la persona adecuada, a su alma gemela con la que pasar el resto de su vida.
Aunque al final habían sido solo unos meses maravillosos que siempre recordaría el resto de su vida…
—Te daba vergüenza hablarme en clase—susurró Bill recordando.
—No…no es cierto—se defendió Tom entre risas.
—Claro que si, no te atrevías ni a mirarme sin sonrojarte—apuntó sonriendo Bill.
Tom cedió asintiendo con la cabeza, sintiendo que la risa daba paso al llanto cuando sus ojos se llenaron de lágrimas sin poder evitarlo.
—Bill…no entiendo cómo es posible que lo nuestro se acabe—soltó entre lágrimas sin poder contenerse.
Bill arrugó la frente al escucharle, él también estaba llorando y no se había dado cuenta hasta que sintió en sus labios el sabor salado de sus lágrimas.
— ¿No podemos luchar por lo nuestro?—suplicó Tom entre sollozos— ¿Cómo puedes olvidarte de mi tan fácilmente? Porque yo jamás podré olvidarte, lo sé…
—Yo tampoco podré olvidarte jamás—repitió Bill en un susurro.
—Creía que estábamos predestinados—murmuró Tom suspirando.
—Claro que lo estábamos—afirmó Bill—Y cuando éramos nosotros mismos nos iba bien.
—Pero te obligué a cambiar tu manera de ser—dijo Tom con firmeza—Quería que te convirtieras en alguien a quien mis padres poder aceptar, sumiso y obediente. Y al no conseguirlo estallé contra todos, haciendo daño a todas las personas que amo. Tú…y mis padres…
Dejó de hablar al sentir la mano de Bill en su mejilla, como le acariciaba con suavidad limpiando sus amargas lágrimas.
—Eso ya pasó Tom, no debes darle más vuelta—suplicó Bill suspirando.
Pero Tom no podía dejar de hacerlo, tratar de hallar una solución para que pudieran volver a estar juntos. Pero Bill parecía muy firme en su decisión, y él solo podía llorar por haberle perdido sin remedio…
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Pasaron la noche tumbados a orillas del lago desde donde vieron amanecer. No se habían tocado en todo ese rato, acostados de lado se miraban fijamente a los ojos hasta que Bill se incorporó y se puso en pie.
—Vamos a bañarnos—dijo de repente.
Empezó a desnudarse mientras que Tom se levantaba y le imitaba. Se quedaron en ropa interior pero como entre ellos ya había la intimidad necesaria se deshicieron de ella y entraron en el lago completamente desnudos.
Hacía ya mucho calor en esas fecha y el agua estaba a la temperatura ideal. Tom observó como Bill se sumergía y aparecía segundos después con su largo pelo echado hacia atrás. Se le quedó mirando fijamente, como pasaba las manos por la cara quitándose así el resto de maquillaje que no había desaparecido tras las lágrimas derramadas.
Se quedaron mirando fijamente sin decir nada, nadando en mitad del lago hasta que se cansaron y se tumbaron boca arriba flotando en el agua uno al lado del otro.
Si hubieran sido otras las circunstancias, habían aprovechado para abrazarse y besarse sin parar hasta alcanzar ambos un profundo orgasmo que les dejara temblando y jadeando.
Pero eso ya no iba a volver a pasar nunca más, tenían que conformarse con flotar juntos en el agua disfrutando al máximo del tiempo que les quedaba antes de separar para siempre sus caminos.
Minutos después Tom salía del agua y se sentaba sobre la manta desde donde observaba a Bill nadar en el lago con los ojos llenos de lágrimas.
Y con esa bella estampa se despidió para siempre del que había sido el gran amor de su vida.
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Horas después Tom se daba la vuelta en la cama suspirando. Habían vuelto a Hillerska y Bill regresó a su casa con Clarisse que junto con Alex habían pasado la noche en el coche esperándole. Sus caras lo decían todo, no habían podido solucionar lo suyo y estaban en el mismo punto que horas antes. Separados sin remedio.
Era la hora de comer pero Tom no tenía fuerzas para abandonar la cama. Esa tarde se celebraba la que iba a ser la última graduación en Hillerska y tenía tiempo de sobra para descansar antes de empezar a arreglarse para la ceremonia.
Entonces el sonido del móvil le hizo gruñir. Era un mensaje, estiró la mano y lo cogió abriendo los ojos como platos al ver el nombre de Bill en la pantalla.
«Terminé tu regalo de cumpleaños. Espero que te guste»
Junto al mensaje había un enlace que Bill había nombrado como «Tom’s song». Se apresuró a escuchar la canción que Bill le había escrito, la segunda que hacía poniendo toda su alma en ella.
Siempre fuimos nosotros dos
No quiero olvidarlo
Pero prométeme, por favor júrame
Que aquellos que no pueden entenderlo
No te obligarán a ocultarlo
Quién eres en tu interior
Recuerda cuando dijiste
Que todo el mundo es falso
Solo metal frío y pretensión
Pero tú no
Deja que tu dolor brille
No tienes que ocultarlo
Deja que te vean por quien eres
Nunca fue un error lo que fuimos
Y no tenemos que seguir
El camino ni el destino de los demás
Y recuerda cuando dijiste
Que podrías llegar a ser libre
Espero que puedas lograrlo
Y puedas ser solo tú
Porque fuimos una revolución
Y ojalá para alguien más…
No debería ser una revolución
Amar a alguien con el corazón
Pero tú fuiste mi revolución
Antes de que todo se derrumbara
Se derrumbara
Se derrumbara…
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Había llegado el gran momento. Se celebraba la última ceremonia de graduación en Hillerska y tenía que ser especial.
Como era lógico Bill tenía que actuar con el coro y en esos momentos terminaba de arreglarse ante el espejo. Tanto él como sus compañeros vestirían el uniforme de Hillerska por última vez y parecía que le estaba costando hacerse el nudo a la corbata.
Su padre apareció en esos momentos y se puso a su espalda para ayudarle poniendo sus manos sobre las suyas para hacerle ese nudo que se le estaba resistiendo.
—Te tiemblan las manos—comentó sonriendo Gordon.
—Estoy muy nervioso—confesó Bill en voz baja.
— ¿Por que es el último día en Hillerska?—quiso saber Gordon mirando a su hijo a través del espejo— ¿O porque vas a ver a Tom por última vez?
Vio como su hijo arrugaba la frente al escuchar mencionar su nombre. Apenas le había contado nada desde que regresara el fin de semana de madrugada entre lágrimas, por un momento pensó que Tom le había hecho algo que su hijo no quería pero solo logró sacarle que habían roto y que estaba destrozado.
No volvieron a hablar del tema, su hijo solo quería seguir adelante con su vida y tratar de olvidarle. Aunque él sabía que era imposible hacerlo tan fácilmente, estaba aún muy reciente y había sido el primer amor de su vida.
—Estaba pensando que este verano no hace falta que trabajes en el restaurante—comentó Gordon de repente—Ni tampoco Alex, ayer lo estuve hablando con Clarisse y sus padres y hemos acordado que os vayáis los 3 juntos de viaje…si te apetece, claro.
—No lo sé—murmuró Bill resoplando.
—Te vendría muy bien cambiar de aires—insistió Gordon terminando de anudarle la corbata—Si te quedas en casa vas a pasarte todo el verano aquí metido comiéndote la cabeza. Ve a divertirte con tus amigos, te lo tienes merecido. Has terminado el curso con unas notas excelentes, has trabajado muy duro y te mereces una recompensa a todo ese esfuerzo.
— ¿Y dónde iré al próximo año?—preguntó Bill suspirando.
—Cuando vengas lo miramos con calma—contestó Gordon—Puedes ir al instituto de aquí del pueblo o si quieres ver alguno en Berlín por ejemplo, sé que los hay muy bueno y podemos mirar un internado si quieres…uno donde no existan rituales de iniciación ni nada parecido desde luego. Lo que ha pasado en Hillerska me parece una barbaridad, suerte has tenido de que a ti no hicieran pasar por ello…
Su padre siguió hablando pero Bill ya no le escuchaba, no quería volver a oir hablar de Hillerska o de lo que había pasado entre sus paredes.
Terminó de arreglarse y viendo que se le hacía tarde se despidió de su padre con un fuerte abrazo prometiéndole que se pensaría lo de ese verano.
Salió de casa y fue a la de al lado donde Clarisse y Alex ya le estaban esperando. Subió al coche y Clarisse arrancó.
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Sentados en el coche los hermanos no podían evitar intercambiar miradas de lástimas, habían creído que tras pasar una última noche juntos las cosas entre Bill y Tom se arreglarían pero no había podido ser así.
— ¿Estás bien?—preguntó Alex volviéndose en su asiento.
Bill asintió con la cabeza, había sido elección suya y tenía que aceptar las consecuencias como tener que volver a ver a Tom minutos después en Hillerska y actuar como si todo fuera bien cuando era todo lo contrario.
— ¿Sabes que al final este verano me voy de viaje con Clarisse?—dijo Alex tratando de animarle, viéndole asentir con la cabeza—Mis padres me han dado permiso porque me he esforzado mucho en terminar con unas notas decentes, aunque es todo mérito tuyo por haberme ayudado a estudiar para los exámenes a pesar de todo.
— ¿Por qué no te vienes con nosotros?—invitó Clarisse—Ayer mismo lo comentó tu padre con los nuestros, que ese verano podéis disfrutar de unas buenas vacaciones en vez de pasarlo trabajando. Y con todo lo que hemos pasado nos lo merecemos.
—Venga Bill, vente con nosotros—suplicó Alex—Nos vamos mañana mismo, coge una bolsa con algo de ropa y no necesitas más.
La oferta era muy tentadora y tras mucho pensarlo Bill no se pudo negar, le haría muy bien realizar un viaje para alejarse de todo lo que le recordara a Tom. Así tendría tiempo para pensar y disfrutar de la compañía de sus mejores amigos.
Llegaron a Hillerska y Clarisse aparcó el coche donde pudo. Esa tarde era la graduación y asistían muchos de los padres sobre todo de los alumnos de tercero que no quería perderse ese día tan importante para sus hijos.
—Llego tarde, nos vemos en la capilla—se despidió Bill bajando del coche.
Echó a caminar con rapidez hacia la capilla, tenía que llegar unos minutos antes para ocupar su puesto en el coro y calentar la voz. Por el camino se fue poniendo la chaqueta, hacía un calor insoportable pero tenía que llevar su uniforme impecable para la ceremonia.
Entró en la capilla y Müller le pidió que fuera calentando la voz con el resto del coro mientras que Nolan iba ocupando su sitio y se abrían las puertas al resto de los alumnos de Hillerska.
Minutos después dio comienzo la ceremonia. Nolan dedicó unas últimas palabras y entregó los diplomas a todos los alumnos de tercero que habían terminado sus estudios en Hillerska obteniendo sus mejores calificaciones, como en el caso de Andreas que fue el mejor estudiante de todos y recibió una distinción especial para orgullo de sus padres que tras salir de su bache económico podían respirar más tranquilo sobre todo porque su hijo tenía su futuro asegurado en la empresa familiar que quizás con el tiempo podía tomar el mando.
Terminado de entregar los diplomas Nolan tomó de nuevo la palabra dirigiéndose a todos los alumnos y a sus padres allí congregados.
—Hoy es un día diferente a los demás—empezó a decir muy serio Nolan—Compartimos las mismas penas y preocupaciones, pero quiero que hoy sea un día de felicidad para todos nosotros. Unidos apelaremos la decisión de la inspección de educación, la lucha por el futuro de Hillerska todavía no ha acabado.
Todos rompieron a aplaudir de acuerdo con sus palabras, harían todo lo posible para que el próximo curso Hillerska pudiera abrir sus puertas de nuevo.
—Ahora, en honor a nuestros alumnos de tercero que se han graduado vamos a cantar el himno de Hillerska y espero que no lo hagamos por última vez—dijo Nolan dirigiéndose a Müller.
Müller asintió con la cabeza y poniéndose ante el coro se dispuso a dirigirlo. Empezaron a cantar las primeras estrofas siendo acompañados por el resto de los alumnos, pero al llegar a la segunda Bill pudo comprobar como sus compañeros de coro dejaban de cantar el himno de siempre y seguían con la nueva versión del himno que él compuso y fue estrenada en la fiesta de San Valentín.
Dejó de cantar por unos segundos mirando confundido a sus compañeros de coro, viendo como Stephan le miraba sonriendo mientras que seguían cantando su canción para asombro suyo, de Nolan y el resto de los profesores que no podían creerse que eso estuviera pasando.
Repuesto de la sorpresa, Bill se puso a cantar con toda su alma buscando a Tom con la mirada quien le observaba sin entender lo que estaba pasando. Bill negó con la cabeza, no había tenido nada que ver en eso, habían sido sus compañeros quienes habían tomado la iniciativa de cantar su versión del himno que les fue negada el día del centenario.
Qué mejor manera de despedirse de Hillerska que demostrando que las tradiciones podían cambiarse sin ningún problema.
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Terminada la ceremonia todos salieron a los jardines de Hillerska para disfrutar de un pequeño tentempié antes de marcharse para siempre del internado.
De pie al lado de sus compañeros Tom observaba a Bill conversar animadamente con Müller mientras que él no podía apartar los ojos de él.
— ¡Thomas!
Se volvió de inmediato, quedándose de piedra al ver a sus padres tras él junto con Dunja. Lo había logrado, que asistieran a la ceremonia y sin poder contenerse fue hacia ellos fundiéndose en un abrazo con su madre.
—Siento mucho todo lo que te dije—susurró Tom entre sus brazos—No debí hablarte en ese tono ni decir esas cosas en tu estado…
—Tenías razón, cariño—interrumpió Simone a su hijo—Te pido perdón por no haber estado cuando me has necesitado, por no preocuparme si a ti te había pasado lo mismo que a tus compañeros en su iniciación.
Tom no podía creerse que su madre le estuviera pidiendo perdón a él, no había nada que tuviera que perdonarle porque estaba enferma y era normal que hubiera estado más preocupada en recuperarse que en cómo lo estuviera pasando él.
—Tenía que haber buscado ayuda antes—siguió diciendo Simone—Llevo mucho tiempo arrastrando una depresión y por suerte estoy en buenas manos y me voy sintiendo mejor cada día. Quiero recuperarme del todo para poder estar a tu lado apoyándote en todo lo que decidas.
Tom no podía estar más orgulloso de su madre, a pesar de todo lo que le había dicho le había perdonado y más que nunca podía sentirla a su lado.
Al igual que su padre, con el que se fundió en otro abrazo siendo el primero que le daba de todo corazón.
—Todo va a ir bien, Thomas—dijo Jörg abrazando a su hijo—Entre los dos cuidaremos de mamá y tras el verano ocuparé de nuevo mi puesto en la empresa mientras te vas formando para sustituirme cuando estés preparado.
Tom asintió con la cabeza suspirando, al menos no le estaban obligando a hacerlo nada cumplir la mayoría de edad, podía retomar sus estudios con más calma.
—Mira, es Andreas—dijo Simone viendo a su sobrino acercarse a saludar.
Andreas había visto a sus tíos y era su obligación el ir a saludarles, sobre todo tras ver a su tía tan repuesta de su enfermedad.
—Enhorabuena—dijo Jörg estrechando su mano con firmeza—Nos han dicho que has obtenido matrícula de honor en todas tus asignaturas.
—He trabajado duro todo el año—murmuró Andreas asintiendo con la cabeza.
—Te mereces una buena recompensa—intervino Simone tras saludar con un beso a su sobrino.
Tom les miraba conversar como si nada hubiera pasado, aceptando a Andreas como uno más en la familia sin tener en cuenta lo que le había hecho, pero él mismo ya le había perdonado y ya no le guardaba ningún tipo de rencor.
—Felicidades Andreas—le felicitó de todo corazón tendiéndole la mano.
Andreas se la estrechó de inmediato con una amplia sonrisa para deleite de sus padres, que veían como los primos habían dejado atrás cualquier problema que hubiera entre ellos.
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Había llegado la hora de regresar a casa, tras despedirse de Müller y del resto de sus compañeros de coro sobre todo de Stephan quien había convencido a los demás para cantar la otra versión del himno de Hillerska, Bill se fue a reunir con Alex y Clarisse que estaban entre la multitud despidiéndose también ellos de alumnos y profesores.
Pero a mitad de camino escuchó que Tom le llamaba y se volvió de inmediato.
—Quería darte las gracias por el regalo—murmuró Tom sin aliento—La canción es preciosa, aunque muy triste…y todo ha sido en vano. Nos rendimos.
—Nada ha sido en vano—dijo Bill con firmeza—Y no me he rendido con nosotros, sino con tus padres y la familia real.
Tom asintió con la cabeza, le había pedido demasiado y Bill había llegado a su límite. Había hecho todo lo posible por estar a su lado, por convertirse en la persona que tanto él como sus padres le estaban exigiendo hasta que no pudo más con la situación y tuvo que darse por vencido.
—Yo…tengo que irme, me están esperando—dijo Bill tras unos silenciosos minutos—Me voy con Alex y Clarisse de viaje, salimos mañana temprano y tengo que preparar el equipaje.
Tom asintió con la cabeza, era normal que quisiera tratar de distraerse tras lo ocurrido y qué mejor manera de hacerlo que en compañía de sus mejores amigos que habían estado a su lado cuando más lo necesitaba apoyándole y consolándole.
—Adiós, Bill—se despidió Tom en un susurro—Que pases un buen verano.
—Tú también Tom—se despidió Bill a su vez.
Se quedaron mirando por unos segundos hasta que dando media vuelta Bill retomó su camino ante la atenta mirada de Tom, quien no podía dejar de mirarle rezando para que en el último segundo Bill cambiara de opinión y se volviera echando a correr para buscar refugio en sus brazos mientras se besaban como si no existiera un mañana.
Pero eso no ocurrió como él se imaginaba, y tuvo que resignarse a dejar marchar al amor de su vida para que pudiera ser tan feliz como se merecía.
Continúa…
N/A: Os dejo el enlace de la canción de Tom, la letra está cogida de la serie