Fanfic TWC / TOLL de lyra
Capítulo 8
Pasó el fin de semana sumido en sus estudios, no quería pensar en otra cosa que no fuera sacar las mejores notas que pudiera. Ni siquiera quedó con Alex tal y como le había pedido, salir a dar una vuelta y despejarse un poco. No quería, porque terminarían hablando de Hillerska y a él se le podía escapar que había vuelto a hablarse con Thomas, y que de nuevo le habían dado calabazas.
No quería pensar en eso nunca más, aunque el lunes tenía que verlo de nuevo. Y recordar cómo creyó que le daba nuevas esperanzas, y recordar que tras eso se fue a una cena de gala donde disfrutó de la compañía de una joven de buena familia. Una chica, con más dinero que él seguro y que podría darle a Thomas todo lo que su clase social le requería. Dinero e hijos. Todo lo que Bill no podía…
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Entró en clase procurando no mirar a Thomas, ocupó su asiento al lado de Alex y abriendo su libro de francés se sumergió en la hora y media de clase que tenía por delante.
—Necesito que me hagas un favor—pidió Alex una vez terminada la clase.
Tenían 10 minutos de descanso entre clase y clase, sentados en uno de los ventanales del pasillo Bill miró a su amigo.
—Tengo que darle una cosa a Andreas—explicó en voz baja Alex—He quedado antes de comer en los establos pero ya ves lo que ha pasado.
Si, que le habían castigado. No llevó bien los ejercicios de francés que les habían mandado y el castigo a su pereza y no esfuerzo había sido ocuparse de servir las mesas a la hora de la comida.
— ¿Qué te traes con Andreas?—quiso saber Bill—Discutes con él, no te paga y ahora le haces favores. Otro más.
—Este si me lo va a pagar, me lo ha prometido—dijo con firmeza Alex—Por favor, solo necesito que le des un paquete.
Alex abrió un poco su mochila y se lo mostró, un pequeño paquete envuelto en papel marrón.
— ¿Qué hay dentro?—preguntó Bill antes de decidir nada.
—Cosas de Andreas—murmuró Alex desviando la mirada.
— ¿Pueden expulsarte por ello?—insistió Bill.
Conociendo a Andreas, se hacía una idea más o menos de lo que podía haber dentro. Y de lo cobarde que era como para dar la cara yendo él mismo a recoger el paquete donde fuera que hubiera ido Alex.
—Solo es…un poco de tabaco Bill. Nada ilegal—explicó en voz baja Alex, sintiendo tener que mentir a su amigo—En caso de que te pillaran que lo dudo, como mucho sería un castigo leve. Me harías compañía en la cocina, nada más.
Bill tenía dudas, Andreas no era trigo limpio y Alex era un idiota por confiar en él.
—Por favor—insistió Alex—Me va a pagar el doble de lo que me debe, ahora anda mal de dinero pero a final de mes lo habrá solucionado. Yo le devolveré a Clarisse el dinero que me ha prestado y el resto será para nosotros.
Bill resopló y asintió con la cabeza, no porque le fuera dar una parte sino porque le veía desesperado. Abrió su mochila y Alex guardó el paquete en ella con disimulo. Entraron en clase de nuevo y llegada la hora de comer Alex se fue a cumplir con su castigo mientras que Bill se dio prisa en hacerle el favor.
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Echó a correr a los establos, en esos momentos terminaba una clase de equitación y los alumnos estaban llevando a los caballos a sus establos. Localizó a Andreas merodeando con disimulo por allí y fue a su encuentro.
—Te he traído eso—dijo Bill llegando a su altura.
Andreas se le quedó mirando y asintiendo con la cabeza echaron a andar hacia uno de los establos que se encontraba vacío. Una vez allí Bill abrió la mochila y le entregó el paquete.
— ¿Te ha dicho lo que es?—quiso saber Andreas.
—No, y no quiero saberlo—contestó con firmeza Bill.
—Así me gusta, que no te metas donde no te llamen—dijo sonriendo Andreas.
—Me meto si metes a mi amigo—murmuró muy serio Bill—Págale lo que le debes y no le vuelvas a hablar en la vida.
—Vaya, que valiente te pones—rio Andreas— ¿Es tu novio o algo así?
Bill se mordió el labio para no contestarle, haciendo que Andreas rompiera a reír.
—Tranquilo, si la verdad es que hacéis buena pareja—dijo entre risas Andreas—Dile a tu novio que cuando tenga el dinero le pagaré, ahora vuelve al internado no sea que alguien eche de menos tu presencia.
Bill dio media vuelta echo una furia, odiaba a Andreas con todas sus fuerzas. No se parecía para nada a su primo Thomas, que era todo lo contrario que él…bueno, quitando que a los dos les gustaba solo confraternizar con los de su misma clase social. Los demás solo eran escoria, no se merecían ni respirar del mismo aire…
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Una vez con su preciado cargamento bien guardado en su mochila Andreas regresó a su habitación para ponerlo a buen recaudo. Luego bajó al comedor y ocupó su asiento entre Georg y Gustav.
—Hecho—susurró carraspeando.
—Joder, creí que se nos jodía la diversión—dijo Gustav sonriendo.
—Entonces será esta tarde, ¿no?—quiso saber Georg.
—Si, Thomas lo necesita y yo ya he hablado con los demás—dijo Andreas mirando a sus otros acompañantes de la mesa—Es hora de que Thomas ocupe su puesto en la hermandad.
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Esa tarde tras terminar todos los deberes que les habían mandando, Tom dio por finalizada su tarde de estudio. Estaba en su habitación, pasó un momento por la biblioteca a coger unos libros y se habría quedado allí estudiando pero vio a Bill en una de las mesas tras una montaña de libros y pensó que mejor estudiaría más tranquilo en su habitación.
Dejó los libros a un lado y miró la hora en el móvil. Casi las 7 de la tarde, se cenaba en una hora pero no tenía hambre. Pensó en saltarse la cena, con gusto se metía ya en la cama hasta el día siguiente. Últimamente estaba muy cansado, entre las clases, estudiar por las tardes y encargarse de algunos asuntos de la empresa que David le mandaba no sabía como podía soportarlo.
El sonido del móvil le hizo pegar un pequeño bote. Esperaba que no fuera David pidiéndole que echara un vistazo a unos documentos, no estaba en condiciones en esos momentos.
Pero por suerte era Andreas, le pedía que si tenía tiempo que saliera con él a dar un paseo. Pensó en negarse, pero tuvo que reconocer que le apetecía salir a estirar las piernas. Quedaron en verse en la puerta de los establos, Andreas le esperaba encendiendo en esos momentos un cigarro.
— ¿Quieres?—preguntó, viéndole negar con la cabeza—Creía que sabías fumar.
—Y sé, pero no me apetece—murmuro Tom resoplando.
—Vamos, necesitas que te de un poco el aire—dijo Andreas echando a andar.
Tom fue tras él, se internaron en el bosque y cuando quiso darse cuenta estaban en el edifico abandonado donde había tenido lugar aquella lejana fiesta.
—No estoy de humor para ninguna fiesta—advirtió Tom.
—Es una pequeña reunión de amigos—explicó Andreas—Tenemos un pequeño club….una hermandad lo llamamos. Solo aceptamos a los mejores miembros de las familias más poderosas, y ya es hora de que ocupes tu lugar.
Tom suspiró y siguió a su primo, no sabía que se tenían allí montado. Entraron por la ventana rota y recorrieron el pasillo en la misma dirección que la otra vez, llegando a la sala que hacía las veces de discoteca improvisada.
Andreas sacó una llave de su bolsillo y le abrió la puerta.
—Bienvenido, Thomas Kaulitz—le invitó a pasar.
Tom entró y vio que también estaban Georg y Gustav, y unos cuantos de los alumnos de tercer curso.
—Como ya te he dicho, solo una representación de las familias más poderosas estamos aquí reunidos—repitió Andreas.
— ¿Y qué se supone que es?—preguntó Tom— ¿Un club privado?
—Algo así, nos reunimos de vez en cuando para jugar a las cartas, beber….pasar un buen rato—explicó por encima Andreas— ¿Te apetece? ¿O prefieres regresar a tu habitación y seguir estudiando?
Tom negó con la cabeza de inmediato.
— ¡Genial! Gustav, prepara la mesa—ordenó Andreas—Georg, pon algo de música. Y que alguien saque el alcohol.
Todos se pusieron en marcha entre risas. Se sentaron en una mesa y Gustav se encargó de sacar unos dados y una baraja de cartas. Mientras Georg puso algo de música y ocupó su asiento.
Pasaron una hora jugando y bebiendo entre risas. Tom sentía como toda la tensión acumulada de las últimas semanas desaparecía y dejando a un lado su papel de hijo único que llevaba el peso de la empresa de su padre sobre sus hombros, se relajó por unos momentos disfrutando de un momento de diversión con sus amigos.
— ¿Y si le damos más emoción al juego?—preguntó Andreas alzando una ceja.
Todos asintieron con la cabeza, incluso Tom aunque no sabía a qué se refería. Gustav metió la mano en el bolsillo interno de su americana y sacó un blíster de pastillas que dejó sobre la mesa.
— ¿Qué es?—quiso saber Tom.
—Una pequeña ayudita de la que ya te hablé en su momento—explicó Andreas cogiendo una de las pastillas—Con esto se te olvidan todos los males, y las penas. Y créeme Thomas, lo necesitas. Has pasado por algo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo, yo en tu lugar estaría a punto de reventar.
Tom se quedó mirando la pastilla que le ofrecía, siempre dijo que no lo necesitaba pero las palabras de Andreas resonaban en su cabeza. Quería olvidar toda la pena que llevaba acumulada.
Cogió la pastilla con decisión y se la tomó junto con un trago de su copa.
—Genial, ¿alguien más se apunta?—preguntó Andreas entre risas.
Todos cogieron una y siguieron bebiendo y escuchando música, hasta que unos golpes en la puerta hizo que la fiesta fuera interrumpida.
— ¿Nos han pillado?—preguntó en voz baja Tom.
Todos se echaron a reír al escucharlo, Gustav se levantó y abrió la puerta sin mirar quien era.
— ¿Alguien nos invita a una copa?
Tom respiró aliviado al ver entrar un grupo de chicas. Eran las mismas de la fiesta anterior, de un internado que había cerca.
—Gustav, sirve a las chicas lo que quieran—invitó Andreas poniéndose en pie—Todos a bailar, vamos.
Tom se levantó y fue a por una copa nueva. No sabía las que llevaba, y le daba igual en esos momentos.
— ¿Me invitas a algo?
Se giró de inmediato con una sonrisa en los labios, que se congeló cuando vio a la persona que tenía delante de sus ojos…
Su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Delante de él se encontraba una chica morena de pelo largo y dulce voz, con sus ojos maquillados y sus labios brillantes… se quedó sin habla, por un momento pensó que era cierta persona por la que él suspiraba…
—Perdona, no quise molestar—murmuró la chica cortada.
Emocionada al poder ver en persona al heredero de Empresas Kaulitz, se le acercó sin pensárselo dos veces, pero nunca se imaginó que le pudiera dirigir una fría mirada.
—Espera, por favor—pidió Tom cogiéndola por la muñeca—Perdóname tú a mi. Claro que te invito a lo que quieras.
La chica sonrió entusiasmada y pidió su bebida a Gustav, que Tom se la pasó encantado. Con ella de la mano, recorrieron la sala y encontraron libre un sofá de terciopelo rojo que había en un rincón.
Se entretuvieron escuchando la música y hablando, pero con el paso de los minutos y gracias al alcohol ingerido y a algo más sus labios ya se fundían en un profundo beso.
Sin poder apartar los ojos de su pelo, Tom se inclinó sobre ella y poniendo una mano tras su nuca se apoderó de sus labios. La chica suspiró contra los suyos y se recostó hacia atrás, quedándose tumbada de espaldas en el sofá. Tom se acomodó sobre ella sin dejar de besarla, cerrando los ojos para así no verla. Tenía miedo de que las luces de la sala le hicieran ver algo que no deseaba en esos momentos.
Sentía que le faltaba el aliento, tenía que poner fin a ese beso de inmediato. Separó los labios y suspiró sonriendo. Pero abrió los ojos y la sonrisa se le congeló. La chica continuaba tumbada, con los ojos cerrados y los labios separados. El pelo le rodeaba la cara como si se tratara de un velo negro. Entonces la vio sonreír, recordándole una dulce sonrisa que él había probado y añoraba por hacerlo de nuevo.
Maldijo por lo alto y se incorporó de un salto.
—Thomas, ¿Qué te pasa?—preguntó la chica asustada.
No podía contestarla, miles de imágenes ocupaban su cerebro sin darle opción a pensar otra cosa. Cuando vio a la dulce chica que tenía entre sus brazos hacía segundos escasos, solo pensaba como sería tener una chica en su cama metida. Se la imaginaba bajo su desnudo cuerpo, con las piernas alzadas a ambos lados de su cuerpo, gimiendo cada vez que entraba en su cuerpo y salía de nuevo. Pero al abrir los ojos no fue su cara la que vio, sino otra igual de dulce.
Una vez más Bill se colaba en sus pensamientos, le atormentaba en ellos…
—Tengo que irme…lo siento—se disculpó con torpeza.
Se levantó de encima de ella y caminó por la sala dando tumbos. Sentía que se mareaba, por el alcohol ingerido, la pastilla que se habían tomado…o los besos que tanto echaba de menos…
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Por más que lo intentaba, Bill cerró el libro dándose por vencido. No podía seguir estudiando, se le cerraban los ojos y además se moría de hambre. Era muy tarde, ya de noche. Si no se daba prisa perdería el autobús y tendría que pedirle a Clarisse el favor de que le volviera a llevar a casa.
Empezó a guardar sus apuntes en la mochila, cuando su móvil comenzó a vibrar en la solitaria biblioteca. No había nadie más, todos los internos se había retirado a sus habitaciones y él a ser el único no residente en el internado en esos momentos podía disfrutar de la biblioteca para sí solo.
Cogió el móvil viendo que era un número desconocido, no lo iba a coger pero algo le decía que debía hacerlo.
— ¿Quién es?—preguntó descolgando.
Escuchó silencio al otro lado, una especie de jadeo. Estuvo a punto de colgar, hasta que escuchó un susurro ahogado.
—Bill… Me gustas mucho…
Miró al móvil sin poderse creer quien le podía estar llamando. Por eso no le aparecía el número en la agenda, lo había borrado junto a los mensajes tal y como él le había pedido. Para que así le fuera más fácil seguir con su vida como si nada hubiera pasado.
— ¿Thomas?—preguntó Bill en un susurro.
—Los amigos me llaman Tom—dijo Tom arrastrando las palabras—Y tú y yo somos amigos, te lo he dicho miles de veces.
— ¿Estás bien?—quiso saber Bill.
Escuchaba su tono y como le costaba hablar, estaba claro que había estado bebiendo. Seguro que alguna de esas estúpidas fiestas llena de niños ricos y pijos.
—No lo estoy Bill, ¿no lo ves?—estalló Tom al teléfono—Estoy cansado de aparentar ser alguien que no lo soy, nada de lo que digo o hago es verdad. Pero tú me gustas mucho…y te aseguro que eso es muy real…
Bill se quedó sin palabras al escucharle, rezando para que no fuera como siempre. Tom le abría su corazón y luego se lo rompía en mil pedazos cuando se daba cuenta de que había cometido un error. Otra vez.
— ¿Dónde estás?—quiso saber Bill.
—Creo que en los establos—contestó Tom entre risas—Me he perdido, pero creo que eso que oigo son caballos.
—No te muevas, voy a por ti—dijo Bill antes de cortar la llamada.
Se guardó el móvil en la mochila y echó a correr por la biblioteca. Si pillaban a Tom en ese estado, no podía imaginarse la que le podía caer. Por no hablar del nuevo disgusto que se iba a llevar su padre.
Salió del internado y no dejó de correr hasta llegar a los establos. Localizó a Tom en la puerta, inclinado sobre la hierba vomitando.
— ¡Tom!—llamó en un susurro.
Llegó a su lado, a tiempo de cogerle para evitar que cayera.
— ¡Bill! Has venido—dijo Tom entre risas.
Bill se fijó en su estado, no estaba así solo por haber bebido. Sus ojos brillaban como nunca, cogió su cara con ambas manos y estudió sus dilatadas pupilas.
— ¿Estás drogado?—interrogó Bill furioso— ¿Qué demonios te has tomado?
Pero Tom no parecía dispuesto a contestar, él seguía sumergido en su mundo de luz y color.
—Qué guapo eres…—susurró Tom.
Entonces se movió con rapidez, le dio un fuerte abrazo que pilló a Bill desprevenido. Se dejó estrechar entre sus brazos, sintiendo su aliento en su cuello.
—Estás aquí…—susurró Tom sin dejar de abrazarle—Te he echado tanto de menos…
Bill escuchaba en silencio, sabía que todo era producto del alcohol ingerido y lo otro que se hubiera tomado. Se dejó abrazar unos segundos más y luego logró que le soltara. Debían darse prisa antes de que nadie los pillara.
—Vamos, tenemos que irnos—dijo Bill tirando de él—Que no nos vea nadie.
Le ayudó a caminar y rezando para que no hubiera nadie asomado en esos momentos a las ventanas regresaron al internado. Pero sabía que no podía entrar con Tom así por la puerta, por suerte había cambiado de habitación y tenía una en la planta baja cuya ventana estaba casualmente entreabierta.
Le costó meter a Tom por ella, pero una vez dentro le ayudó a meterse en la cama. Le quitó la sudadera que se había manchado y los playeros, dejándole tumbado llevando solo los vaqueros que no se atrevió a quitárselos.
Cuando terminó se sentó en la cama resoplando. Cogió el móvil, se había retrasado más de lo que había planeado. Había perdido el autobús y en esos momentos Clarisse ya estaría en su casa. No podía llamarla y pedirle que viniera a recogerle, pero tampoco podía quedarse a dormir en el internado. ¿Donde? ¿Con Tom en su cama? ¿En los establos?
Se puso en pie sin saber qué hacer, si alguien le pillaba le iba a caer una buena.
—Por favor, no te vayas—pidió Tom desde la cama.
Bill se le quedó mirando, no podía negarse. Cogió suspirando el móvil y le mandó un mensaje a su padre.
«Me he quedado a estudiar con Alex y se nos ha hecho tarde. Me quedo a dormir en su casa, nos vemos mañana»
Sabía que su padre confiaba en él, que no iba a llamar a los padres de Alex para asegurarse. Odiaba tener que mentirle, pero no le quedaba otra. Tom le necesitaba, y él quería estar a su lado.
Continuará…
*La escena de Bill yendo a recoger a Tom también está sacada de la serie, y la conversación también. En parte.
Pero tú me gustas mucho…y te aseguro que eso es muy real…
*Que se quede en su habitación a pasar la noche y lo que ocurre luego en ella, también es de la serie.