Resumen: Previo al viaje a América Val y Nick se tomaron unas pequeñas vacaciones.
Mientras, en Berlín, los chicos estan ocupados discutiendo asuntos muy serios.
«Eso es muy genérico, Tomi. ¿Qué se considera sexo? ¿Una paja? ¿Una mamada?».

«Basorexia» Capítulo especial
La apuesta
—Una patada en el culo.
Bill lo miró de soslayo y torció los labios en una muega agria—Pff, esa es una mierda de premio, no le entro.
Los adolescentes compartían un pack de cervezas y un cigarrillo sentados en las tumbonas de la terraza, Bill se aferraba a los últimos estertores de un verano que se negaba a marchar, porque en cuánto cayera la primera hoja Val ordenaría cubrir la piscina.
Mas temprano esa noche le llegó un mensaje de Georg, el grupo iba camino a ese club nuevo del que todos hablaban, si se apresuraban podían unírseles. Bill moría por conocer el lugar, pero no dudó en declinar la oferta debido a que necesitaba esa noche a solas con Tom, la semana transcurrió mas rápido de lo que esperaba y — salvo ese polvo memorable el miércoles por la tarde — no dispusieron de mucho tiempo de pareja, que era una de las cosas que él tenía en mente al llevarlo consigo al penthouse.
La convivencia no era todo lo fabulosa que las películas pintaban, ahora comprendía por qué la vida sexual de los adultos apestaba.
En la secundaria se veían poco, durante las clases comunes apenas podían dirigirse la palabra so riesgo de ser amonestados y en la cafetería debían guardar las apariencias ante sus amigos. Por la tarde en casa la situación no mejoraba gran cosa, ambos debían encargarse de sus deberes y estudiar para los primeros exámenes del semestre.
—€50 —fue la contrapropuesta de Tom.
Bill se distrajo un momento de la negociación, su pareja exhaló lentamente y se quedó observando la voluta dispersarse en el aire cálido de la noche. Pero él no miraba el humo, lo que atrajo su interés fue una minúscula partícula de ceniza que quedó atrapada en el labio inferior de su Tomi, el chico tenía unos apetecibles labios carnosos que resaltaban aun mas a causa de los besos compartidos recientemente.
Desvió la mirada con una sonrisa maliciosa obligando a su mente a mantenerse enfocada, aquél era un asunto serio que debía quedar zanjado esa misma noche.
—Cien.
—¿Euros?
El tono de voz del otro chico no sonaba sorprendido, mas bien buscaba confirmar la información.
Bill asintió. Cien euros le pareció una cifra razonable en vistas del tenor del asunto que se traían entre manos.
—¿Te retractas? —picó, con un tonillo burlezco. —. Todavía estás a tiempo de modificarla.
Tom caviló por un minuto completo, se mordió el labio distraído mandando inadvertidamente con ese gesto una corriente de electricidad al bajo vientre de Bill, para al final responder: —Nah, le tengo fe. Que sean cien euros.
Confirmó la apuesta escupiendo sonoramente la palma de su mano que le extendió a Bill con una sonrisa radiante.
Bill estaba acostumbrado a ciertos conductas un tanto incivilizadas de su pareja, alguna de las cuales él compartía como rascarse las bolas viendo televisión pero esta francamente le dio asquito.
—¡Ewk, Tomi! —chilló, alejando la mirada del gesto ofensivo— ¿No esperarás que te estreche la mano?
Las leves esperanzas de que aquello se tratara solamente una broma repulsiva se desvanecieron cuando el otro chico le explicó que de hecho para que el trato se considerara sellado por ambas partes él debería hacer lo mismo.
El sólo pensar que lo besaba con esa misma boca le provocó cómicas muecas de repulsión, mejor espantaba esos pensamientos antes de que arruinaran su vida sexual.
—Tomi, ese ritual es arcaico, por no mencionar antihigienico. —terció, intentando sonar ecuánime, algo nada fácil considerando que el escupitajo fresco y viscoso aun brillaba en la palma de su novio.
El chico se carcajeó ante sus remilgos
—Olvidé que eres todo un pijo. —masculló por lo bajo, limpiándose la mano en su pantalón, Bill hizo nota mental de meter esos pantalones a la lavadora en cuanto Tom se los quitara. —Así es como cerramos los tratos los hombres.
—… De las cavernas —refunfuñó, manipulando su IPhone en busca de una aplicación idónea. No debería ser tan difícil encontrarla, ¿O si?
—Así lo hacemos mi Bro y yo. —agregó Tom, como excusándose.
—Y eso lo explica tod… ¡La tengo! Sólo hay que configurarla. Ok, entonces para que no haya confusiones, tú apuestas que Val y Nick follaron durante las vacaciones y yo digo que tu hermano es una gallina y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos.
Tom puso mala cara y le quitó el móvil.
—Esa no era la apuesta, hazlo bien. Yo dije que iban a tener sexo.
—Pero eso es muy genérico, Tomi. ¿Qué se considera sexo? ¿Una paja? ¿Una mamada? Apuesta fuerte, todo o nada. Si follan tú ganas, si no (que es lo que probablemente suceda) gano yo.
Tom suspiró derrotado y se encogió de hombros, siempre acababa dejándose convencer por Bill.
—Está bien, cien euros a que ellos dos follaron algún día de esta semana.
Con una gran sonrisa, digna de quien se considera ganador antes de tiempo Bill pulsó en el botón aceptar.
—Hecho, ¡Ja-ja! ¡me debes cien euros!
Pese a que aun faltaban dos días para conocer los resultados Bill hizo un entusiasta baile de la victoria, el semblante de Tom no mostraba mucha confianza en su apuesta ahora que habían cambiado las reglas del juego, pero él era un hombre de palabra.
Aunque eso le costara una parte de sus ahorros.
F I N
Gracias por leer.