Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capítulo 11: Dios bendiga los fríos inviernos en Alemania
-7 de Febrero-
Tom
-No me puedo creer que hayas conseguido convencerme para venirte conmigo.
Un Biel demasiado ilusionado para un viaje de lo menos interesante estaba deshaciendo su maleta y dejando todas sus cosas en distintos sitios de la habitación del hotel. Yo lo miraba incrédulo, tumbado en la cama y con los brazos detrás de la cabeza, observando sus movimientos.
Éste se giraba radiante cada vez que le decía algo para después sacarme la lengua.
-No me habría perdido por nada del mundo acompañarte a un viaje, Tom. – volvió con la excusa. – A demás, me lo he pagado yo, ¿qué más te da?
-No no, si yo estoy muy orgulloso de tu independencia económica, pero la cuestión es que te tirarás prácticamente estos dos días solo. – le recordé. Ya le había dicho en varias ocasiones que hoy llegábamos a las mil y mañana a primera hora tenía que quedar con la chica del piso y seguidamente después de comer tenía la entrevista de trabajo. Y evidentemente, al día siguiente ya nos íbamos. – Había organizado el viaje para hacer los trámites y volver enseguida, Biel.
-Si me dejaras acompañarte ya no me quedaría solo… – dijo como quien no quiere la cosa.
-¡Sí hombre! ¿Pero qué imagen de pervertido asaltacunas quieres que de? No me darían el piso ni de broma. Y en la entrevista de trabajo ni sueñes, eso es algo totalmente privado y personal. – Biel se quejó haciendo pucheros.
-Bueno, lo del piso tiene fácil arreglo si les dices la verdad… – el rencor en su voz hizo temerme lo que parecía inevitable… otra vez.
-¿Qué verdad? – tanteé.
-¿Pues qué verdad va a ser? Que te paseo el culo por la cara y no me la metes ni aunque te lo suplique de rodillas. – rodé los ojos hasta parecer que estaba invocando a satanás.
-Y dale con lo mismo…
-Es la verdad, Tom. A demás, si al menos me dejaras follarme a alguien más… Pero es que ni comes ni dejas comer. – alcé una ceja ante el comentario y me erguí, algo sorprendido por sus palabras.
-Los cojones, yo no he hecho nunca nada para evitarte un polvo. – no lo decía del todo seguro la verdad, pero no recuerdo haberlo agarrado del brazo antes de entrar a un cuarto oscuro ni nada así parecido.
-¿Que no? – dijo algo divertido pero alucinado. – Oh vamos, cada vez que salgo de fiesta sin ti me bombardeas a mensajes y me haces sentir mal de mirar si quiera a otro…
-Oh, eso no es problema mío. Estás enamorado de mí, y no quieres que nadie más te folle, es comprensible. Pero yo no hago nada para que no ligues por ahí… – sentencié.
-De eso nada. Ahora viene la parte en la que sí salimos juntos de fiesta y cada vez que me ves hablando con alguno te pones en medio. – lo miré desafiante.
-Eso no es verdad.
-¿Cómo que no? Pero si un día me besaste sin venir a cuento cuando estaba hablando con aquel tío de los brazos llenos de tattoos. – de pronto un flash me asaltó la memoria, y puse cara de pocos amigos.
-Pero porque ese tío era incluso más mayor que yo. – dije fríamente. Recuerdo estar al otro lado de la sala y haber perdido de vista a Biel unos instantes antes. Cuando lo localicé apoyado en la pared, mirando hacia arriba con un vaso de cubata en la mano y con un tío enfrente suyo que le sacaba mil cabezas con una mano apoyada en la pared, intimidantemente, no puede evitar atravesar el mar de personas que había en medio y plantarme enfrente. Recuerdo que Biel me miró algo sorprendido y le hice señas para que se acercara. Le sostuve la mirada al gilipollas aquel y en cuanto el moreno llegó hasta mí, le metí la lengua hasta la garganta. Aun recuerdo la cara que se le quedó al imbécil. Sonreí sin querer.
-Casi me follas ahí en medio.
-¿Y de qué te quejas? ¿No es lo que quieres?
-No no… Si de lo que me quejo es del casi. – no pude evitar reír escandalosamente ante ese comentario tan ingenioso pero casi me morí del susto cuando Biel se tiró encima mío y me empezó a besar. Le intenté apartar un poco pero con la risa apenas tenía fuerza para empujarlo levemente. – Vaaaa… Ahora que estamos en la situación perfecta… ¿No te apetece ni un poquito? – me hizo pucheros.
-¿No ves que actuar como un niño pequeño no es más que contraproducente? – sin darme tiempo a decir nada más volvió a besarme y ésta vez se acomodó del todo, abriendo sus piernas y sentándose a horcajadas encima mío. Empezó a restregarse contra mi polla, aún bastante flácida y le noté enseguida lo empalmado que estaba. Noté tal descarga en mi entrepierna que se puso dura casi al instante. Miieeerda… Ya vuelvo a flaquear. ¿Desde cuando me pone una polla tiesa? Que no sea la de Bill, claro…
-Puuufttt… – dijo de pronto, irguiéndose y restregándose con más fuerza. No pude evitar agarrarle el culo y apretar con fuerza contra mi polla. – Ggghhhrrr… – había sido el gemido más raro que había oído jamás, pero me puso demasiado burro. Jooodeeer.
-¿Cómo puedes ponerte así si no sabes lo que se siente? – le retiré una mano del culo y se la metí por debajo de la camiseta, por la parte de delante, tocándole la barriga y notando cómo se le encogía un poco de las cosquillas. Noté perfectamente cómo la piel se le ponía de gallina.
-No me hace falta saberlo, me lo imagino. – aseguró, aún sumido en un pequeño trance.
-¿Y si te destrozo?
-Ojalá me destroces… – Biel seguía delirando, y eso me estaba poniendo. Es que joder, con las guarradas que me decía, no era para menos.
-Puedes sangrar si te hago daño. – recordar los comentarios de Bill sobre cómo se despertó la mañana siguiente a nuestra primera vez hizo que se me bajara un poco el empalme. La verdad es que no era agradable recordarlo, y ya no sólo porque se trataba de Bill, si no por el simple hecho de que me puse muy nervioso cuando ocurrió.
-Va a ser maravilloso, lo sé. – rodé los ojos y aproveché ese momento de recomposición del lívido para apartarlo de encima. Me puse esta vez encima suyo y lo maniaté simplemente con mis propias manos, colocándolas por encima de su cabeza, inmovilizándolo.
-¿Pero porqué no? – continuó hablando – A menos que me hayas mentido, no te he oído hablar de ningún polvo que hayas tenido desde que te conozco. – fruncí el ceño y medité esa información. ¿No he follado desde el año pasado? Caí en que era cierto y decidí devolverle el comentario con un poco de pullita.
-¿Cómo quieres que folle si a la mínima que tengo necesidad me estás comiendo la polla? – la cara de Biel fue de furia total y no dudó en alzar una de las rodillas para darme en todos los huevos. Lo tuve que soltar y llevarme las manos a la zona cero, que ardía como jamás en la vida. – Perdooon perdoooonnn… – me disculpe con un hilo de voz.
-Te has pasado, Tom. – no lo dijo realmente enfadado, pero sí que se puso de espaldas a mí, con los brazos cruzados. Después de que se me pasara el dolor suspiré sonoramente y me acerqué por la espalda, lo abracé y le susurré una cosa que le puso la piel de gallina.
-Tú no dejes de intentarlo. – le di un suave beso en el cuello y me levanté hacia el baño. – Voy a darme una ducha y después vamos a cenar ¿qué te parece? Se giró a mirarme mientras me levantaba de la cama. Tenía una mirada triste y me hizo pensar que realmente le había dolido mi comentario. Fruncí el ceño y lo vi sonreír mientras asentía con la cabeza.
-Oye, tú que eres más joven y listo que yo. ¿Cómo mierdas funciona esto? – le di mi nuevo móvil a Biel el cual había decidido sacar ya por fin de la caja. Tendría que haberlo hecho durante los días previos al viaje pero no me había dado tiempo. El moreno impertinente que tenía como compañero de cena me había convencido de que tenía que cambiar de teléfono móvil porque según él, iba con una «antigualla» encima, y eso no podía dar buena imagen. Después de pensármelo un poco estuve mirando ofertas y vi uno que no estaba del todo mal.
Biel lo sostuvo en la mano y lo miró.
-Pues es bien sencillo. Presionas aquí un rato y se encenderá la pantalla. – Asentí ante eso y presionó el botón. La pantalla se iluminó tal y como él había dicho y pronto apareció un mensaje «falta tarjeta SIM».
-¿Qué coño quiere decir eso? ¿Qué mierdas le falta? A mi no me dijeron nada. – empecé a exaltarme y mirar el móvil cabreado. Biel por su parte soltó una risilla histriónica y me empezó a hurgar en los bolsillos sin preguntarme. Cuando estuve a punto de frenarlo, sacó mi antiguo móvil de uno de ellos.
-No le falta nada, cazurro. Sólo tienes que ponerle la antigua tarjeta que tienes en éste móvil y funcionará perfectamente. ¿Te acuerdas de tu PIN, no?
-Sí. – contesté enseguida, algo más calmado. Biel alzó una ceja y me sostuvo la mirada.
-¿Sabes lo que es el PIN? – en ese instante, con toda la calma que pude arrejuntar, alcé el cuchillo y hablé.
-No me obligues a usarlo, mocoso. Soy tonto, pero no tanto.- el moreno se rió por lo dicho y enseguida hizo el cambiazo de aquel trozo pequeño de plástico. Esta vez, en la pantalla de mi nuevo teléfono móvil rezaban las palabras «introducir código PIN». Lo introduje enseguida y el moreno comenzó una pequeña clase privada de introducción a las nuevas tecnologías. Con un par de cosas identifiqué lo esencial como los mensajes, las llamadas, nos hicimos un par de fotos, incluso me configuró mi dirección de e-mail. Pero lo que más me interesaba eran los juegos, que al parecer ahora tenía que descargármelos. Biel aprovechó para instalarme una aplicación de mensajería instantánea que funcionaba como un chat. Vaya, qué interesante. Ahora ya no hacía falta que me gastara el dinero en mensajes.
-Pero oye, aquí no hay ningún contacto, ¿cómo voy a hablar con la gente si no hay números? – puntualicé, algo preocupado.
-Eso es que aún no hemos extraído todos tus contactos de la tarjeta SIM. A ver, déjame. – agarró el teléfono de nuevo entre sus manos y empezó a toquetear millones de cosas a una velocidad impresionante. Pronto llegó a un callejón sin salida. – Vaya por Dios, no tienes ningún contacto guardado en la tarjeta… – dijo con un tono triste pero como si se lo hubiera visto venir.
-¿Y eso qué quiere decir? – dije sin entender una mierda.
-Que si tú hubieras guardado los teléfonos en la memoria de la tarjeta ahora no haría falta hacerlo manualmente… Tendrás que acordarte de los teléfonos. – mi boca llegó al suelo.
-¿Qué? ¿Estás de broma? ¿Y no hay una manera más sencilla? – después de mis palabras activó su cerebro y dejó una cara de estar pensando durante al menos un minuto entero. Lo vi cavilar y descartar ideas sin decir éste una sola palabra.
-Vale, mira, volveremos a dejar la tarjeta en el móvil antiguo y pasaremos los contactos que te interesen a la tarjeta SIM. Si los quieres todos lo haces tú solo después porque ahora podemos estar toda la cena sólo para eso. – asentí ante la propuesta y procedimos a ello.
Biel me hizo repasar la lista de contactos y me hizo guardar sólo los contactos más importantes. Iba por orden alfabético y de momento sólo lo había guardado a él y a Andy, ya que aún iba por la letra «E». Me salté un montón de números de chicas y noté cómo se le ensanchaba la sonrisa irremediablemente al chaval. Continué bajando hasta llegar a una chica que se llamaba «Emma». Me sorprendí de leerlo y me quedé mirando el número. No me sonaba en absoluto. Recordaba a todas las chicas que tenía registradas en mi teléfono pero esta no sabía quién era. Recuerdo haber pensado lo mismo de esta chica el día que me aburrí tanto mientras me ponían el tinte.
-¿Qué pasa con Emma? ¿Quién es? – la voz, un tanto de preocupada de Biel, me sacó de mis pensamientos.
– ¿Alguien importante?
-Que va, que va… Todo lo contrario. No tengo ni puñetera idea de quién es por mucho que intente recordarlo… – confesé.
-Bah, ni te preocupes. Alguna zorra que habrá guardado su número después de que te la tiraras a ver si tenía suerte y la volvías a llamar. – di por buena esa explicación y decidí pasar del tema. Volví a centrar mi atención el la lista de contactos y al cavo de un par de minutos retirábamos de nuevo la tarjeta del antiguo móvil para recolocarla en el nuevo. Biel hizo un poco de magia y finalmente, aquellos pocos contactos que había decido guardar aparecieron en el listado. – ¡Mira! ¡Ahí estoy yo! Aprieta en mi nombre y escríbeme algo. – dijo algo emocionado.
Seguí sus instrucciones y se abrió una pantalla de chat. Tecleé «Hola Cachorro» y le di a enviar. El móvil del susodicho empezó a vibrar y sonrió, feliz. Tecleó algo que no me dejó ver y pronto vibró mi móvil. Se había quedado bloqueado así que cuando encendí la pantalla vi que ponía «Notificación de Biel». Aprendí a llegar hasta la aplicación de una manera más fácil y finalmente conseguí ver su respuesta: «A ver cuando follamos».
No pude evitar reír y de pronto escuché un sonido desde mi mano; otro mensaje.
«Me habías dicho que insistiera, no?» unos símbolos después antojaban lo que parecía ser una carita haciéndome un guiño. Nada, eso era nivel avanzado. De pronto me fijé en su foto. Mi instinto me llevó a clicar encima con el dedo y de pronto la pude ver en grande. Éramos él y yo.
-¿Y ésta foto? ¿De dónde la has sacado? ¿De cuando es? – como era un primerísimo primer plano, apenas se veía nada del fondo, así que no podía distinguir nada del sitio. De pronto, esa información me dio igual y puntualicé lo que debería haber sido evidente desde un primer momento. – ¿Cómo es que pones una foto de los dos? ¿Vas alardeando de mí? ¿Ya me has castrado en sociedad sin estar saliendo? – dije con risitas.
-Oyeee, se podría decir que estamos saliendo.
-No, para nada. – sentencié. En realidad no pensaba eso, parecíamos totalmente una pareja, pero verle enfadado era tan divertido que prefería picarle de esta manera.
-Vete a la mierda. Y sí, voy alardeando de ti y marcando territorio para que nadie se te acerque. De heeeeeecho… dame el móvil. – lo dijo pero actuó por su propia cuenta. Entró en los ajustes del chat no sé cómo y acabó poniendo una de las fotos que nos habíamos hecho hacía un rato probando la cámara del móvil. Cerró la aplicación, bloqueó el móvil y lo dejó encima de la mesa. – Ala, a ver si eres capaz de cambiarlo tú solo. – lo miré atónito y sin saber qué hacer.
-¡Me cago en ti! ¡Biel, que sabes que yo no entiendo de estar mierdas! – su única respuesta fue una amplia sonrisa y un bocado de la comida que probablemente ya se habría quedado fría. – Tú ríete que cuando lo descubra… – decidí pasar del tema. – Bueno, entonces quedamos que sigo conservando el antiguo número, ¿cierto? – Biel asintió. – Perfecto. Y si quiero volver a usar el antiguo móvil sólo tengo que introducir la tarjeta de nuevo en el otro y funcionará, ¿no? – Biel volvió a asentir. – Perfecto. Bueno cachorro, cómete todo el pienso, eh. No te dejes nada.
Biel casi se atragantó con el comentario y yo no pude evitar ponerme a reír escandalosamente.
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-8 de Febrero-
Hacía un frio de la leche. Prácticamente más frío que en la calle, que estaba todo nevado. La pista de Hielo de Berlín estaba llena de gente, y las blancas y azuladas luces del recinto, le daban un aire mucho más invernal si cabía. La gente con gorros, bufandas y chaquetones. La verdad es que no lo entendía. Durante todo éste mes, había ido prácticamente cada día a patinar sobre hielo y al cabo de una hora estaba sudando del esfuerzo. En verdad, con la tontería, se hacía ejercicio y todo.
Estaba un poco nervioso, porque aunque había aprendido a patinar bastante bien y a defenderme incluso con velocidad, yo no sabía hacer ningún truco ni nada así.
De hecho, por lo que había estado mirando, los patines de Hockey no están preparados para hacer saltos ni coreografías. Cosa que ya me parece bien. Pero… ¿no se supone que es lo que buscan?
Resulta que en todo este mes me había dejado 200 euros sólo en los patines de hielo, y otra buena cantidad de dinero en entrar a la pista cada día.
Es como si cada vez que tuviera un poco de dinero, algo hacía que tuviera que gastar un pastón y acaba dando un paso hacia atrás.
Pero la verdad es que si me dan el trabajo, me da igual que el colchón de dinero que me lleve sea pequeño, porque pienso irme enseguida.
Esperé impaciente delante de la oficina dónde habíamos concertado la cita. La mujer, me había pedido con señas que esperara fuera porque estaba al teléfono y yo estaba siguiendo las órdenes al día.
Respiré lentamente para calmarme. Ya había pasado por más entrevistas de trabajo antes, pero seguía siendo algo que ponía mi estómago boca abajo.
Miré el móvil y volví a abrir el mensaje de Biel en el que ponía «Buena suerte machote». No podía parar de sonreír ante eso, aunque fuera una tontería, pero me calmaba pensar en Biel y en lo inocente y algo tonto que era.
De pronto se abrió la puerta del despacho. Apagué el móvil y lo guardé enseguida en el bolsillo. Puse una sonrisa de imbécil perdido y la mujer me fue a dar la mano mientras alzaba una ceja, algo extrañada. Por dios Tom, siempre haciendo el tonto.
-¿Tom Kaulitz, cierto? – dijo poniendo una voz dulce. Vaya, la recordaba como más… mandona. Como si fuera una mujer dragón de esas.
-El mismo. – me limité a contestar.
-Perfecto. Yo soy Norma Glen. He de informarte que al final sí se consiguió aprobar la propuesta así que el puesto sí existe, pero hay tres posibles candidatos. Tú eres el que mayor experiencia tiene con niños, lo cual te da una ventaja grande, pero también debes saber defenderte en el hielo, y saber usarlo como aliado. O sea, no nos sirve que los juegos sean de pie, queremos verles disfrutar en un soporte que es hielo y que por consiguiente sólo puedan hacer sobre este ¿me explico?
-Sí. – o sea, que no podemos jugar como si estuviéramos en césped. Genial. ¿Y ahora qué me invento yo que sea para hielo únicamente?
-Genial. Sígueme. – bajamos unas escaleras hasta colocarnos justo enfrente de la pista de hielo, donde habían dos personas más, una chica y un chico. Los dos llevaban ya los patines puestos. MIERDA. Parecía que Norma se había dado cuenta de lo mismo, y me miró con una ceja alzada. ¡Pero y yo qué iba a saber! Vale que hoy era la prueba, pero ¿ya?- Señor Kaulitz, será mejor que se vaya a cambiar. – vale, retiro lo dicho, ¡es una mujer dragón! Qué puto miedo.
Casi sin decir nada cogí la mochila con los patines y me fui a un baño. Me puse unos pantalones más cómodos y los patines. Caminé con los protectores encima y, excepto el móvil, dejé el resto de mis cosas en una taquilla.
Volví, con un rostro sereno que ocultaba un corazón taquicárdico.
-Estupendo. Ahora te volveré a explicar a ti lo que les acabo de explicar a ellos. – entrecerró los ojos y pude notar cómo prácticamente se me encogía el alma. Ya está, tengo un pie fuera. Le estoy haciendo perder el tiempo y me odia. – Ahora, vendrán tres grupos de niños de manera escalonada. Habrá un grupo de niños por persona, pero al ser de forma escalonada, los cumpleaños se harán de uno en uno. Así que mientras uno no acaba, los otros dos profesores esperarán fuera, en el bar. No queremos que nadie vea lo que hace el resto para no usar sus ideas.
Asentí mientras escuchaba atentamente.
-Estarás una hora con ellos y después esperarás a que acaben todos. Cuando la prueba haya finalizado, os diré en persona quién tiene el trabajo. – se me puso el cuerpo completamente tenso, pero asentí seriamente. –Bien, Andrew, tú vas primero. – vi al chico sonriente y después acercarse a ella. – En una hora vas tú, John. Y el último, Tom. – vale, estupendo.
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Las dos peores horas de mi vida se habían apoderado de mi paciencia. Se me habían hecho eternas. Al menos las había podido emplear para buscar en internet algún tipo de juego que sea exclusivo para patinar sobre hielo. Vi que muchas veces se formaban circuitos con conos, y ellos tenían que bordearlos sin tocarlos, etc… ¿Me dejarán usar material? Sería genial la verdad.
Me había fumado al menos diez cigarros en dos horas, y bebido dos refrescos. Había llamado a Biel y todo. Que se lo estaba pasando en grande en un centro comercial de la zona alta de la ciudad. Cada día se parecía más a Bill, madre mía qué niño pijo.
También estuve pensando en formas de hacer que los niños se divirtieran de forma exclusiva en el hielo y pensé en la posibilidad de colocar conos y crear un pequeño circuito para que lo volteen. ¿Me dejarán usar conos?
Por fin me acerqué al hielo a la hora prevista y ya estaba mi grupo de niños esperándome junto con Norma. Me dijo quién era la cumpleañera y vi que se trataba de una pequeña niña morena con ojos verdes. Por un instante creí que era Anna, la niña del campamento.
Me cercioré de que eran un grupo de unos 10 o 12 niños, dónde lo que sobre todo abultaban eran las chicas. Perfecto, seguro que las tengo ganadas.
-Norma, había pensado en usar unos conos para crear un circuito o algo así. ¿Puedo usarlos? – dije un poco tímido pero firme. La vi alzar una ceja y casi se me hiela el cuerpo. Pero después sonrió de lado.
-Claro que puedes. Están al otro lado de la pista. Sólo tienes que ir por la puerta esa que hay ahí y los encontrarás a la derecha.
Asentí agradecido y me acerqué al grupo de niños. Norma se fue y pude ver cómo se metía en su despecho, que la pared que daba a la pista era de vidrio de manera que nos podía observar y tomar nota. Vale Tom, tienes una hora para impresionarla y dejar a estos niños encantados. Sabes que lo puedes hacer.
Pronto me cercioré que prácticamente todos se podían sostener sobre los patines, la cual cosa agilitaba mucho el proceso porque no tenía que estar pendiente de que tuviera que ir aguantando a nadie y podía moverme libremente. Coloqué conos en una pequeña zona apartada de la pista donde ya de por sí no había nadie, y la hice exclusiva para ellos. Dentro de la zona de conos puse un pequeño circuito y les dije que se pusieran a rodearlo. El primero que tocara un cono quedaba descalificado.
Al principio cayeron muchas niñas pero dos de ellas aguantaron hasta el final junto con tres niños más. Entre ellas estaba la cumpleañera, lo que hizo que se hiciera aún mucho más interesante. Al final ganó un chico.
El premio que le di fue poder escoger antes de nada a tres compañeros para formar un tren. Evidentemente, se quedó con los dos chicos y la niña que habían aguantado más tiempo en la prueba de los conos.
El resto de críos hicieron también los grupos enseguida y les dije que el siguiente juego era hacer un trenecito, del que solamente el capitán de los cuatro, podría tirar de él. Se haría una pequeña carrera hasta el otro lado de la pista, y el primero que llegara, ganaba. Pero no podían ni tocar a nadie del público, ni interponerse en el paso de nadie más. Tenía que ser una carrera en la que ganara la destreza, y no la fuerza.
Ésta vez, sorprendentemente, ganaron tres niñas realmente pequeñitas, que habían sido de las primeras en caerse o golpear a los conos. Al parecer, los ganadores anteriores enseguida se habían caído por querer ir más deprisa que nadie.
Lo último que hice fue enseñarles a patinar mejor y de forma adecuada. No es que yo fuera un profesional ni nada así, pero videos de internet me habían dicho cómo era la forma adecuada de cruzas los pies para ir girando en una curva, o también les enseñé como moverse un poco para atrás.
Cuando quedaban un par de minutos para la hora, empecé a recolectar a los que se habían ido a practicar más lejos y los fui a despedirme.
Casi todas las niñas pusieron cara triste y yo no pude más que enternecerme. Fuimos todos juntos hasta la puerta de salida de la pista y enseguida nos encontramos con la madre de la cumpleañera. Miré de reojo a ver si veía a Norma pero aún no estaba.
-¡Tom! ¡Queremos que seas nuestro profesor para siempre! – me dijo un de las niñas.
-¿De verdad? Bueno, tú sólo tienes que venir por la pista y yo estaré trabajando algunos días. – realmente no le estaba diciendo la verdad porque aún no sabía qué iba a pasar, pero confiaba en que me hubiera ido mejor que al resto. – Tú preguntas por Tom y yo apareceré.
-¡¡¡SIII!! Mamaaa, yo quiero volveeeeeer. – la niña le tiraba de la falda.
-Vale, vale, volvereeemos… – le dijo riendo mientras negaba con la cabeza. – Qué pesadas… Les has encantado. Está claro que tendré que volverlas a traer. – dijo algo rendida ante la situación.
-Por mí encantado. Yo también me lo he pasado genial con ellas. – Oí un carraspeo detrás de mí, y me giré, algo sobre saltado. Me encontré a Norma, con una carpeta y un bolígrafo en la mano. -OH… Esto… Ya voy. –me despedí de las niñas y de la madre y empecé a seguir a Norma.
-¡Toooom! Mi mama me ha dicho que volvemos la semana que viee… – apenas era un susurro en el viento mientras me quedaba totalmente rojo de la vergüenza. Madre mía, a saber qué piensa Norma de esto. ¿Será una pequeña ayuda?
Nos dirigimos hacia su despacho dónde ya se encontraban los otros dos candidatos al puesto. Probablemente ésta haya sido una de las veces qué más nervioso me he puesto en la vida. Sé que he tenido más entrevistas de trabajo, pero jamás eran «una competición», ni se decidían el mismo día y con mis compañeros delante.
-Tomad asiento. – cómo unos autómatas hicimos caso a lo que nos indicó, y nos sentamos en las tres sillas que ya estaban perfectamente preparadas enfrente de su escritorio. – La prueba ha sido bastante clara la verdad. Lo importante era saber entretener a los niños y hacerles pasar un buen rato a la par que les ayudabais a aumentar su capacidad de patinar. – ¿Yo les he ayudado a aumentar su capacidad? – Pero también era importantísimo hacerles juegos que solamente fueran capaces de hacer sobre hielo. – hizo una pequeña pausa. – Jugar al «pilla pilla», se puede hacer sobre tierra, Andrew. – le propinó tal mirada punzante que no quise ser él ni por cien mil euros. – y enseñarles a patinar cosas de artístico tampoco es ningún tipo de juego John. – mi corazón empezaba a palpitar cómo si fuera la última vez. ¡Ay que me da un chungo! – El señorito Tom ha sido el único que les ha hecho competir entre ellos, les ha hecho jugar al trenecito, cosa que no se puede hacer sobre tierra, les ha proporcionado material de la pista como los conos para hacer más entretenida la hora… – hizo una pausa y me miró fijamente. – El trabajo es suyo señor Kaulitz. – no sabéis lo que me estaba costando aguantar la sonrisa en el rostro. – Pero por el amor de dios, aprenda a patinar mejor, porque ha estado apunto caerse un par de veces en momentos absurdos. – bajé la cabeza algo avergonzado, consciente de lo que decía.
-Pero Norma, ¿no se supone que la cualidad imprescindible es saber patinar? – dijo Andrew, mirándome de reojo, soltado casi ácido en su tono de voz borde y malhumorado.
-No, lo imprescindible son los niños. Ahora, si no os importa, volved por donde habéis venido y dejar que Tom pueda firmar su contrato de trabajo.
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Había sido un día de locos. Como había salido tan tarde de la entrevista de trabajo había tenido que comer corriendo porque había quedado con la del piso a las 4 de la tarde. Al menos había llegado prácticamente puntual y la chica apenas había tenido que esperarme.
El acuerdo había finalizado en un «vuelve antes de dos meses o le daremos el alquiler a otro», y en la pista de hielo ya me dejaban empezar a trabajar en marzo así que no era problema para nada.
Si mis cálculos no fallan, hoy es lunes 8 de Febrero y… A ver, necesito un calendario.
Toqueteé el móvil y llegué a la aplicación necesaria.
El día uno de Marzo es dentro de tres lunes exactamente, así que tengo tiempo más que de sobra para el tope que me ha puesto al chica del alquiler. Y lo suyo sería salir el viernes antes a esa fecha, que es exactamente… Día 26 de Febrero. Perfecto, pues ese día es el escogido para volver a Berlín.
No es que me diera pena abandonar Düsseldorf precisamente, pero sí que tenía algunas raíces personales que me daba pena deshacer.
Por un lado no soportaba el alejarme ya no solo de mis dos maricas, si no de Biel, que probablemente iba a echar bastante de menos. Aunque conociéndolo me estaría llamando a cada instante, o por lo menos durante una hora antes de irme a dormir.
Por el otro lado, me moría de ganas de librarme de mi padre y sobre todo de ir a ver a mi madre y mi hermano.
Había intentado no caer en la tentación de ir a la dirección que me dio Jörg porque no quería precipitar las cosas. Y eso que el piso era justo una calle más alejada… La verdad es que después de veinte años, no iba de un mes más. No quería llegar y largarme al día siguiente.
Pensando y caminando llegué sin querer a la avenida de los tilos, aquella famosa calle de Berlín. ¿Yo ya había estado aquí antes? Creo que s…
De golpe recordé algo.
Me coloqué en el lado de la acera que daba a todos los comercios y fui buscando una cafetería en la que había estado la última vez que estuve en Berlín.
Recordaba haber conocido a una camarera que estaba de infarto así que no estaría mal saber qué tal le iba todo, y si aún estaba soltera. Sinceramente, sentía como si le estuviera poniendo los cuernos a Biel o algo así, pero ni estábamos saliendo ni jamás le había sido fiel a alguien (menos a Bill claro, que tampoco había tenido casi tiempo material para engañarlo).
Caminé un par de minutos hasta encontrarme con la entrada del café. Me asomé gradualmente hasta darme cuenta que efectivamente, no me había equivocado de sitio. Entré lentamente para divisarla de lejos e ir directamente a hablar con ella pero parecía que no estaba a la vista. Antes de sentarme en la barra me asomé un poco al interior de esta pero tampoco hubo suerte. Suspiré y de pronto un chico vino a atenderme.
-Hola, ¿puedo ayudarte en algo? – dijo muy amablemente. Pensé que preguntarle era lo más obvio pero no quería sonar desesperado.
-Em claro, un café con leche. – dije casi sin pensar. El chico asintió y luego se colocó a apenas un par de metros de mí donde estaba la máquina de café. Mientras, me puse a cavilar sobre la última vez que había estado aquí. Hacía ya bastante la verdad, pero aún parecía ayer. Incluso por un instante reviví la increíble angustia que sufrí aquellos días. Negué con la cabeza, quitándome esos pensamientos que se habían vuelto tan oscuros y decidí hacer lo que no me había atrevido antes. – Oye perdona… – el chico que ya prácticamente tenía el café listo se giró a mirarme. – Estaba buscando a una chica que trabaja aquí… O al menos trabajaba aquí en Septiembre. Alta, morena, con tatuajes, muy guapa… – empecé a describirla tal y cómo la recordaba. El chico estuvo apunto de hablar pero de pronto oí una voz a mi espalda.
-¿Y tú quién eres? ¿Porqué la buscas? – me giré un tanto extrañado por la voz de pocos amigos que había detrás de mí. Me puse frente a frente a él, con una ceja alzada y de pronto me quedé estático. No podía ser. –Que qué quieres de ella te he preguntado, soy su novio.
-¿Georg…? – mi cabeza no podía estar concibiendo esto simplemente no estaba pasando. Pero sí, parecía ser él. No había cambiado nada. Quizás como mucho el pelo más largo. Pero él parecía no reconocerme a mí. Frunció el ceño al darse cuenta que lo había reconocido. Me latía el corazón tan fuerte que saldría disparado en cualquier momento.
De pronto la cara del castaño empezó a sufrir una evolución. De mirarme con extrañeza y enfado pasó a relajar todos los músculos y a acercarse levemente como si pudiera reconocerme mejor. Después de parpadear confuso, volvió a poner la cara de enfado. ¿Eh? ¡¿Porqué?!
-¿TOM? – dijo de pronto, con un burbujeo de ira en su voz. – ¿Eres tú? – podía notar cómo se estaba poniendo rojo por momentos.
-Ss… Sí… – me daba casi pánico admitir que era yo. Oh dios, tenía a Georg delante de mis narices.
-¿Qué mierdas haces aquí? ¿Y de qué mierdas conoces a Carol? – empezaba a notar que respiraba sonoramente, como intentando controlar las ganas de meterme una hostia.
-¿Qué mierdas te pasa? ¿Porqué me estás hablando así? – dije sin entender una mierda.
-Menudos cojones tienes… Mira, no quiero ni saberlo. Pírate de aquí antes de que se me vaya la olla…- dijo como intentando alejarse de mí. Me quedé flipando y lo agarré del brazo para volver a hacer que mirara para mí.
-¿Pero qué mierdas haces? ¿Georg? ¡Joder, que…!
-¡Que te pires Tom! – dijo pegando un manotazo. – No te quiero ver, ¡LÁRGATE! Lárgate o te juro por dios que te parto la cara… – me quedé plantado en el sitio y empecé a buscar razones por las que pudiera estar tan enfadado conmigo.
-Oye… Siento lo de Carol, yo no sabía que… – de pronto me pegó un empujón y decidí que ya había sido demasiado comprensivo hasta ahora. Le devolví el empujón.
-¡Quieres largarte de una puta vez! – me fue a dar un puñetazo pero yo lo esquivé. La gente del bar estaba empezando a alarmarse y a retirarse si estaban demasiado cerca. – Tom, te lo voy a volver a decir por última vez. Pírate antes de que llegue él… – esto último me lo dijo mirándome a los ojos muy seriamente.
-¿Él…? – de pronto la imagen de un chico con el pelo azabache y una sonrisa deslumbrante aparecieron en forma de destello en mi mente. – ¿Bill…? ¿Bill está viniendo? – dije bajando todas mis defensas. El corazón empezó a latirme tan fuerte que me ensordecí. No podía escuchar nada más y mucho menos, prestar atención al puñetazo que me acababa de pegar. Volví a la realidad e intenté enfocar con los ojos dónde estaba Georg. Reculé un poco hacia atrás para pillar más impulso y le devolví el golpe. La gente empezó a chillar y Georg tiró de mí hacia la salida.
-¡LÁRGATE! – me dio en el estómago. Justo cuando intenté incorporarme le pegué un puñetazo desde abajo en toda la barbilla que le hizo tirar la cabeza hacia atrás.
-¿¡PORQUÉ TE COMPORTAS ASÍ?! ¡¿CUÁNDO VIENE BILL?! – esa última pregunta la dije sin pensar. No quise haber preguntado eso.
-¡¡No vas a ver a Bill!! ¡¡Por encima de mi cadáver, hijo de puta!! – el golpe que me dio supo a sangre y el suyo también. La siguiente vez que volví a verle tenía un corte en toda la ceja y la sangre que salía le empezaba a resbalar por la cara. Yo por mi parte sentí el sabor metálico en mis labios y me pasé el puño por ahí.
Sangre.
-¡¡Georg detente, joder!! – como intentaba no llevar más lejos esto intentaba alejarme de él pero éste me seguía hasta que de pronto salí a la calle a base de ir reculando. Me ardía el labio. De pronto detrás del castaño, volvió a aparecer el chico que me había servido el café.
-¡He llamado a la policía! ¡Lárgate! – me quedé atónito con las palabras que salieron de su boca y lo miré indignado. ¿¡Pero qué mierdas estaba ocurriendo!?
Me quedé atónito y le aguante la mirada a Georg, que me la devolvía con asco y odio. Intenté leer algún otro sentimiento entre líneas, pero no había nada que me dijera qué diablos estaba pasando.
-Como no te vayas ya, vas a tener un problema muy gordo, puedes ir a juicio si te denuncio – dijo fríamente.
El corazón empezó a latirme tan rápido que me asusté también por si me daba un infarto. Lo primero que pensé fue en ponerme la capucha de la sudadera, las gafas, y la bufanda alrededor de la boca por si la policía aparecía cerca de mí y me veía la sangre. Lo siguiente que hice fue compartir una última dolorosa mirada con el castaño y darme la vuelta de golpe. Justo me choqué con alguien de frente.
-Mierda, lo siento, tengo prisa. – no me fijé ni en quién era pero si pude ver un par de rastas rubias que aún revoloteaban a su espalda mientras me alejaba.
-¿¡GEORG?! ¿Qué mierdas? – parecía que el chaval había reconocido al castaño.
-Tranquilo Jake, no es nada… – ¿Jake? ¿Ha dicho Jake? Jake… Jake… Mientras intentaba pensar con la cabeza fría me escondí detrás de la siguiente calle más cercana. No podía oír nada pero si me asomaba podía distinguir sus caras. Georg se lavaba con una servilleta la sangre de la ceja y el chico de las rastas (menudo maricón, apenas lleva cuatro rastas mal hechas en la parte de la nuca… yo si que era un puto rastafari y no como el marica este) apretaba los puños alterado, mirando a todas partes. ¿Estaría buscándome?
De pronto mi cabeza analizó los datos recopilados en mi cabeza y juntó un doloroso recuerdo a oscuras en el salón de mi casa de Düsseldorf, en el cual me hacía una puñetera paja con las fotos del innombrable de fondo. Jake era el chico que salía con él en la foto de perfil de la red social.
Jake era el chico que no paraba de salir en las fotos más recientes del moreno, el que salía siempre encima suyo, que si un brazo por aquí, que si un brazo por allá…
Me empezó a hervir la sangre como si estuviera en el puto infierno y quise salir de ahí y matarlo a puñetazos. Una sirena lejana me frenó los pies. Incluso pude sentir cómo el sudor frío de los nervios me empezaba a chorrear por todo el cuerpo. ¿Era ese el culpable de que Bill hubiera decidido olvidarse de mi? ¿Ese medio mierdas?
No me di cuenta hasta que me empezó a doler la mandíbula de que había estado apretando los dientes fuertemente, contralando mis deseos de salir corriendo y matarlos a los dos. ¡Sí, a Georg también! Ese gilipollas no me había dejado hablarle, ni saludarle…
Volví a mirar hacia allí y ya ví la patrulla hablando con el moreno. Parecía que estaba haciendo señales confusas como si no supiera muy bien qué había pasado. ¿Estaría mintiendo a la policía? En cambio Jake estaba como más alterado, señalando hacia afuera en todas direcciones. ¿Querría decir que mandara una patrulla a buscarme? ¡Lo mato! ¿Qué mierdas se piensa éste? ¡No tiene nada que ver con él! Observé cómo de pronto se calmaba un poco y miraba algo en su bolsillo. De ahí sacó lo que parecía ser su móvil y se lo llevó al oído.
– ¿Jake? ¿Jake qué pasa? ¿Porqué se oyen sirenas de fondo? – me quedé totalmente petrificado en el sitio. Por la acera de enfrente, un chico que definitivamente no parecía un chico, pasaba por delante de mí con el móvil en la oreja. Se quedó frenado de golpe – ¿¡Que Georg qué?! – se llevó la mano a la boca y yo no pude apartar mi mirada de él.
Era Bill.
Tenía el pelo diferente, con unos mechones completamente blancos cayéndole en cascada por los hombros.
¿Eran rastas? Vestía tan de oscuro como siempre, pero parecía que había madurado un poco. No llevaba pantalones raídos ni converse. Iba como más apretado, como más… ¿elegante? Poco más pude analizar de él porque mi cabeza poco más podía pensar. Probablemente si bajaba el nivel de consciencia sólo un poco más podría hasta mearme en los pantalones sin quererlo.
Estaba en shock.
Pasaba por delante de mí, con apenas una acera de separación, y podía verle el ceño fruncido mientras hablaba con ellos.
Quise seguir escuchando qué decía pero los latidos de mi corazón sonaban tan fuerte que ensordecían el resto del mundo. Quería moverme pero no podía, quería acercarme pero mis pies no me dejaban. ¿Eran mis pies? ¿No era mi poco razonamiento que me estaba frenando de cometer una locura?
Oh dios, la locura era tenerlo delante.
Me temblaba el pulso como si estuviera a bajo cero envuelto en nieve e incluso pude notar como se empezaban a enfriar la punta de los dedos.
Entré en pánico cuando dejó de estar a mi altura y a empezar a alejarse progresivamente. Lo seguí con la mirada y se me paró la respiración mientras me debatía en qué hacer. ¿Le decía algo? ¿Sí? ¿No? ¿Para qué? ¿Para chillarle? ¿Para hacerle ver que seguía dolido? ¿Que seguía pensando en él?
¡Mierda, Bill se aleja! No Tom, no dejes que se vuelva a ir.
-¡Bi…! – de pronto una sirena y un coche de policía pasando a toda pastilla ensordecieron mis oídos y me dejaron inmóvil, pagado a la pared como si hubiera pegamento. MIERDA.
Joder, la policía se dirigía hacia allí, qué puta suerte había tenido de que no se pararan al ver a un tío con capucha, gafas de sol y bufanda. Dios bendiga los fríos inviernos en Alemania… Eran mi coartada perfecta.
Me quedé petrificado y de nuevo fui incapaz de moverme ni siquiera en la dirección opuesta. ¿No debería huir? ¡Me persigue la policía por el amor de dios! ¡Me puedo llevar una multa por escándalo público o una denuncia si Georg me vuelve a ver…!
¿Qué hice en vez de eso?
Me acerqué a la esquina para poder asomarme de nuevo y ver qué pasaba en la entrada de la cafetería. Pude intuir como algún policía parecía preguntarle los hechos a Georg, pero parecía que le estaba diciendo señales confusas, igual se estaba inventando una coartada.
Bill, que caminaba entre trompicones para llegar rápido enseguida quedó frenado por los brazos del hippiemierdas. Empecé a ponerme tan nervioso que esta vez las manos empezaron a sudarme. No quiero verlo, no quiero verlo, no quiero verlo…
Bill miró a su opresor y relajó los músculos de la cara al ver quién era. Le dio un pequeño abrazo y luego… Le besó.
Algo dentro de mi corazón fue atravesado con hierro ardiendo. Me quedé con los ojos abiertos, y casi sin mirar hacia donde se supone que tenía los ojos puesto. ¿Porqué no podía simplemente apartar la mirada?
Oh Dios, ¿cómo voy a apartar la mirada si Bill está a veinte pasos de distancia? Si soplara el aire seguro que llegaría su perfume hasta aquí.
Se fueron a acercarse a Georg y tuvieron que esperar a que él dejara de hablar. ¿Qué les diría?
.
Bill
Estaba de los nervios. Mi mejor amigo chorreaba sangre por la ceja mientras que un policía le hacía preguntas sin apenas importarle una mierda. Yo quería decirle algo pero Jake no me dejaba acercarme hasta que no hubiera finalizado. ¡Me la pela todo el protocolo! ¡Georg, quiero saber si estás bien!
-¿Tú has visto algo? – pregunté enseguida, sintiendo que estaba apunto de morderme las uñas. – ¿Porqué ha pasado esto? ¿Quién era? – no entendía nada de nada.
-No… La verdad es que lo único que recuerdo es un chico con la cara prácticamente tapada por una bufanda y unas gafas mientras se ponía una capucha. Si no recuerdo mal era moreno. Me ha dado sin querer y se ha disculpado. Se ha ido corriendo y entonces es cuando he visto a Georg ensangrentado. – apretó los puños con rabia, como si acordarse de eso le produjera impotencia. – y cuando he querido ir tras él, ya no sabía por dónde se había metido…
-¿Y Georg le ha dicho algo o…?
-No lo sé la verdad… No estaba muy atento antes de saber que algo iba mal. – Jake se rascó la nuca y dio un pequeño giro de 360º, supongo que intentando avistar al susodicho. – ¿Tú sabes alguien con quien pueda estar enemistado o algo así…? – preguntó, intentando sacar luz en este asunto.
-Te iba a preguntar lo mismo, y la verdad… ¿Georg tenía cara de conocerle?
-Sí. Eso es lo único de lo que sí estoy seguro. Georg lo conocía. – asentí ante esas palabras y nos abrazamos mientras esperamos a que el castaño dejara de hablar. – Siento no haber llegado antes, tendría que haber despellejado a ese tío. Espero que Georg nos sepa explicar quién es.
Esperamos pacientes y de pronto por fin el policía parecía que estaba satisfecho con la información que había conseguido. Guardó una pequeña libreta y se dirigió a hablar con el camarero. Georg se alejó un poco y se nos acercó a nosotros. Lo abracé enseguida y me rodeó con fuerza. No parecía que me abrazara como siempre, esta vez parecía como si intentara protegerme de algo. ¿Qué coño…?
-¿Qué ha pasado? – preguntamos Jake y yo casi al unísono.
-Nada grave… – dijo como quien no quiere la cosa. Jake y yo nos miramos el uno al otro, como intentando entender qué estaba pasando. Lo volvimos a mirar, esperando a que añadiera algo más. – Pues nada, un gilipollas que no quería pagar la cuenta. Ya está.
La boca de Jake llegó al suelo, y apuesto que la mía también.
-Es imposible, eso no parecía una pelea por algo tan insignificante como la cuenta. ¿Es que se ha pedido una botella gran reserva o qué? – dijo Jake, casi alucinando.
Podía ver como Georg estaba realmente inquieto, le temblaban las piernas y pasaba el peso todo el rato de un lado al otro de manera continua, se crujía los dedos una y otra vez y miraba alerta a todas partes. Lo mejor es que parecía como si intentara disimularlo, pero era imposible. Estaba realmente inquieto.
-¿Qué miras, Georg? – le dije serio. – ¿Tienes problemas con alguien? – me daba miedo de que el chaval no nos estuviera contando lo que le pasaba por miedo o algo así. – ¿Estás metido en algún lio? Sabes que yo soy de poca ayuda con los puños, pero por ti…
Georg de pronto pareció salir del trance en el que estaba metido, y me miró sorprendido. Esta vez si que se dejó llevar por los sentimientos. Parecía totalmente sincero.
-¿Qué? ¡No, no! ¡Qué va! – dijo apretándome en un brazo. – De verdad, nada de todo eso… Gracias. – y de pronto volvió a ponerse nervioso, y a mirar a todas partes.
-¿Entonces a quién buscas con la mirada? ¿Quieres que eche un vistazo a ver si veo a alguien sospechoso?
-¡NO! – dijo casi agarrándome de la camiseta y impidiéndome que me moviera del sitio.
-¿Pero qué mierdas te pasa? ¡¡Va, dinos quién era!!
-No importa, ¡No importa! – pareció intentar controlarse pero parecía que tenía ganas de apalearle a algo. Frunció tanto el ceño que se le volvió a abrir la herida de la ceja y le empezó a sangrar.
-¡Si importa! ¡¿Porqué nos lo ocultas?! – saltó Jake. – ¿Es que acaso lo conocemos? ¿Es algún mejor amigo mío o que? ¡Me la pela, me lo voy a cargar igual! – soltó decidido. Ante eso Georg se limitó a enterrar la cara en las manos y a suspirar fuertemente. – ¿Es eso? ¿He dado en el clavo? Dime quién es que lo voy a buscar.
-No… No… Dejadme de preguntar. – pareció que intentó alejarse pero lo agarré fuerte por la manga. Por un instante tuve una corazonada, y sentí como si todo el hielo del mundo cayera sobre mi espalda. Dime que no es cierto.
-Entonces lo conozco yo. – no lo pregunté, lo afirmé. Le aguanté la mirada al bajista y él no lo pudo soportar. –¿Eso es un sí? Georg, contéstame.
-Bill, no quiero que te vuelvas loco, ¿vale? Te lo voy a decir, pero no quiero que muevas ni un músculo. – el corazón estaba empezando a latirme tan deprisa que retumbaba en mi pecho como si quisiera ser escuchado por el resto del mundo. Las palabras tan serias de Georg empezaban a hacerme plantear lo que parecía ser evidente. – Bill, júrame que no te va a afectar y que te lo tomarás como una anécdota más.
-Georg, dime quién es. YA. – esta vez si me aguantó la mirada y yo casi empecé a sentir que se me empañaban los ojos. NO BILL, NO. AGUANTA.
-Ya lo sabes, Bill.
-¡¡Pues yo no!! ¿De quién habláis? – de pronto Jake salió de entre las sombras, lugar del que parecía no estar demasiado a gusto. No pude evitar empezar a mirar por todas partes, moviendo la cabeza, con el corazón en un puño.
-¡Bill! Vuelve a la realidad. Probablemente se haya pirado, es un puto cobarde. Deja lo que estás haciendo. –la voz de Georg me pareció muy dura y hasta con rabia, como si le molestara que yo quisiera saber dónde estaba Tom.
-¿Y… Y…. Y qué mierdas ha pasado? ¿Por qué te ha pegado? ¿¡Qué hace aquí!? – evidentemente yo no podía hacerle caso y seguía mirando en todas direcciones, con los ojos empañados. Notaba poco a poco como la rabia de Jake incrementaba por momentos. ¿Le decía la verdad…?
-No lo sé. Cuando lo he reconocido me ha entrado tanta… rabia, que le he pedido que se largara. Y no quería irse, no sé… Era raro, lo he visto como… Perdido. – ¿Perdido? ¿Perdido porqué? ¿Qué le pasa? Empiezo a hiperventilar. – Pero no le he querido escuchar y como no se iba le he pegado un puñetazo. Al final me lo ha acabado devolviendo supongo que por pura defensa.
-¿Por defensa? ¿Pero porqué no le has dejado hablar?
-¿Estáis hablando de tu ex? – la voz de Jake volvió a sonar, casi saliendo de un estómago hirviendo en lava y fuego. Nadie le contestó, ni siquiera le miramos a los ojos. Bill, no te comportes así con él. No se lo merece.
Me limité a asentir muy lentamente. No sé si Jake contestó, porque yo sentía un pitido en mis oídos, que me alejaban de la realidad.
-Me da igual lo que me hubiera explicado, no me creo que haya ninguna excusa que lo perdonara, Bill. Y sinceramente, lo he echado antes de que llegaras tú. – entonces fue cuando lo miré alarmado.
-¿Le has dicho que iba a venir? – intentaba imaginarme la situación, pero mi cabeza ponía crear un comportamiento fijo para Tom. ¿Por qué estaba perdido? ¿Es que no entendía la reacción de Georg? ¿Esperaba que lo tratara como si nada o qué? ¿Cómo había reaccionado al escuchar que iba a llegar? En mi cabeza no tenía ninguna imagen fija, directamente no podía crearla.
-¿Qué más da eso Bill? – creo que lo dijeron los dos a la vez. Miré al suelo, intentando pensar en cómo explicarles lo que sentía. Pero ¿de qué iba a servir? Si les explicaba que mi corazón latía al ritmo de la desesperación por saber algo de Tom los dos iban a enfadarse conmigo. No podía simplemente admitir que deseaba salir corriendo a buscarlo.
-¿Se lo dijiste o no? – intenté fingir indiferencia, pero estaba claro que con lo que preguntaba no iba a conseguir cubrir nada.
-Sí, le dije que se largara antes de que llegaras tú. – ¡¿QUÉ?! Intenté calmar mi semblante, pero creo que pudo notar el destello de frustración en mi mirada. Aunque por otro lado, se supone que había hecho lo correcto ¿no? Al fin y al cabo, lo que intentaba hacer, era protegerme de alguien que me había hecho mucho daño.
-¿Y qué ha dicho?
-Nada. – no le creí. Algo había en su mirada que me revelaba la mentira. Intenté explicarle con los ojos que necesitaba esa información, que mi mente no iba a poder dormir tranquila sin saber lo que había pasado exactamente. Pero también me daba pánico que Jake leyera esos sentimientos también. Joder. Vamos Georg, entiéndeme… – A ver, nada en realidad. Estábamos chillado y de pronto dijo algo como «¿Cuándo viene Bill?», pero no le contesté. – mi piel se puso de gallina cuando me lo imaginé pronunciando mi nombre entre chillidos. Empecé a sentir tal agobio que notaba como el aire se escapaba de mis pulmones, y no dejaban que entrara nada más.
Salí disparado en una dirección cualquiera, mirando al frente sin siquiera pensar en la locura que estaba cometiendo. Los pies se movían solos. Yo no quería. Yo no quería.
Yo sí quería.
.
Tom
Con el pulso a mil por hora vi a Bill acercarse en dirección a la esquina en la cual intentaba ocultarme. ¿Qué estaba pasando? ¿Georg le habría contado al verdad? ¿Estaba yéndose a secas? ¿Estaba buscándome? Oh dios, no sabía ni cómo actuar.
El de las rastas salió disparado detrás de él y cuando apenas estaba apunto de cruzar la acera para llegar hasta la esquina, lo agarró del brazo, pegándole un tirón.
-¡¿Qué mierdas estás haciendo?! – le chilló. ¿¡Cómo te atreves a chillarle!?
-¡No lo sé, Jake, no lo sé! – noté que tenía la voz quebrada, pero no parecía estar apunto de ponerse a llorar. Escuchar su voz de nuevo hizo que se me erizara la piel de la nuca, sintiendo una descarga eléctrica.
-Bill, como vuelvas a dar un paso más te puedes ir olvidando de mí. – me quedé algo parado ante la información. Mierda, ¿de qué estaban hablando? ¿Entonces Georg sí les había dicho la verdad? ¿Estaría realmente buscándome? Tom va, sal ahí fuera y separa al hippiemierdas de tu Bill, que no le toque más sin tu permiso.
-Jake… No me hagas esto…
-¿Qué yo no te haga esto? ¿Y él qué? ¿Es que él ha sido un santo contigo, o qué? – ¿Perdón? ¿A qué viene esa acusación? ¿Es que acaso dejó de hablarme realmente por aquel empujón en el despacho de mi padre? ¿Es ese el real motivo de toda esta mierda? Es imposible.
Empecé a pensar que realmente Bill no sabía que era yo el que había pegado a Georg, o que en realidad la conversación no iba de mí y simplemente era demasiado interpretable en más de un sentido. ¿Porqué si no iba a decir que yo había sido malo con él? Era imposible…
La cabeza me estaba dando mil vueltas. ¿Qué hice tan mal? ¡Algo tuve que hacer! No pudo haber sido eso… Aunque por otro lado, deseaba que no se acabara el momento nunca, teniéndolo delante de mí, por fin. ¿Qué haría el antiguo Tom ahora? ¿Ya habría salido del escondite hace siglos, verdad? Vamos Tom, ¿qué mierdas te pasa? La policía ya se ha ido…
-Ya lo sé, ha sido un hijo de puta, pero… – miró a otra parte, sin acabar la conversación.
-Bill, te lo diré sólo una vez más. O Tom, o yo.
La sangre se me congeló. ¿Ha dicho Tom? ¿Ha dicho mi nombre? Observé como los ojos de Bill se crispaban ligeramente de oírlo. ¿Por qué, cielo? ¿Por qué te pones así? El moreno lo miró fijamente y luego suspiró sonoramente.
-Tú Jake, tú por encima de todo. – y luego lo abrazó con fuerza. No volvió a mirar hacia donde yo estaba, ni siquiera avanzó un poco más. Se cogieron de la cintura el uno al otro y volvieron por el camino del que venían, lentamente.
Tú Jake, tú por encima de todo.
Tú Jake, tú por encima de todo.
Tú Jake, tú por encima de todo.
Las palabras retumbaban en mis oídos una y otra vez. Eran como una canción fúnebre que combinaba los acordes más oscuros existentes creando una tétrica melodía. Era un goteo constante en mi frente, perforando mis huesos y llegando hasta mi cerebro.
Aunque… ¿Y qué esperaba? Este medio año ha sido una prueba constante de que él… Le escoge por encima de todo. Jake ha sido el ganador de un juego al que yo no sabía ni que estaba jugando. Ha sido mejor que yo.
Los observé alejarse, y una vibración en mi bolsillo me dejó moverme por fin. El estado de paralización, parecía haberse extinguido. La palabra «Cachorrillo» se iluminaba en la pantalla. No pude evitar sonreír tontamente al verlo. Él me quiere tanto y el otro tan poco.
Mierda, acabo de parecer una adolescente indignada.
-¡Hola Tooom! – me chilló casi al oído. Cierto era que el estado de petrificación ya no estaba instalado en mi cuerpo, pero no conseguía ser más expresivo que una piedra.
-Hola muchachín. – dije le menos seco que pude.
-¿Muchachín? ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi novio? – alcé una ceja, algo sorprendido, y porqué no, algo divertido.
-No soy tu novio, cachorrillo… – le recordé.
-Oh… Parece que sí eres tú. Bueh, ¿qué haces? ¿Ya has salido de la entrevista hace rato, no? – dijo algo preocupado. – ¿Cómo ha ido?
-Oh eh… Bueno, sí, acabo de salir. – mentí. Supongo que podía fingir mi mal estado de ánimo frente a una pésima entrevista, aunque no hubiera sido así y ya me hubieran contratado. Supongo que si no, ¿de qué iba a estar tan mal ante sus ojos? – Y no sé cómo me ha ido la verdad. El hombre no me ha asegurado nada. – no me costó para nada fingir el descontento. – ¿Dónde estás tú? ¿Has vuelto al hotel ya o sigues de compras? –Biel tardó un poco en contestar, supongo que por el hecho de que le acababa de dar una mala noticia y no sabía como afrontarla.
-Sí… De hecho estoy buscando algún bus que me devuelva al hotel, o lo que sea… – dijo algo inseguro de sus palabras.
-¿Qué? Pilla un taxi, ya te lo pago después. Yo ahora cojo uno y nos reunimos ahí.
-Si hombre, no pienso dejarme un pastón en coger un taxi que va a dar más vueltas sólo para que suba el taxímetro cuando en bus me saldrá más bara…
-Biel, pilla un puto taxi. Quiero verte ahora. – solté de la manera más tajante que pude. Me estaba entrando una obsesión enfermiza por verlo de golpe. ¿O era por ver a Bill? – Yo iré ahora, nos vemos ahí. – no le dejé contestar. Colgué enseguida y guardé el móvil de nuevo. Volví a mirar hacia donde estaban ellos pero esta vez sin intentar ocultarme. Me apoyé en la esquina sin ser demasiado evidente y me encendí un cigarro.
Los vi hablar a los tres, no demasiado animadamente, pero sí parecía haber desaparecido un poco la tensión. Sobre todo Georg, que intentaba animar un poco el ambiente. Estaban sentados tomando algo y Bill fumaba como un carretero. Parecía intentar intervenir en la conversación pero se evadía a su mundo personal. ¿Estaría yo en él ni que fuera un poquito? Jake lo sacaba de ahí con algún codazo que otro.
Dios, el día que lo pille de cerca lo reviento a codazos. Déjale que piense en mí, joder. Si llego a saber que era contigo con quien me he chocado, juro que habría golpeado más fuerte.
Me fumé más de un cigarro sin querer, supongo que porque me sentía incapaz de apartar la vista de él. Me preguntaba cientos de veces porqué no salía de ahí corriendo, porqué mierdas no iba al encuentro de la persona que realmente sí se desvive por mí. ¿Porqué seguía ahí parado?
De pronto, Bill pareció reparar en mí. Me quedé algo estático pero no me inmuté. Le sujeté la mirada, aunque supongo que el chaval se estaría preguntando si yo se la estaba sujetando a él detrás de las gafas. Aparte, no debería de estar demasiado seguro de quién era. Probablemente quitarme la capucha y la bufanda lo acabaría confundiendo más porque sin las rastas, ya no queda nada del Tom que vivió aquella historia en el campamento.
Bill pareció fruncir el ceño sin dejar de mirarme, aunque por un instante comprobó que sus dos amigos seguían hablando entre ellos, totalmente aislados y sin darse cuenta de hacia dónde miraba. Le vi achinar los ojos y después negar lentamente.
Estuvo apunto de apartar la mirada de mí cuando, con el corazón en un puño, decidí quitarme las gafas. Acerqué mi mano, completamente temblorosa muy a mi pesar, y agarré un lateral de éstas. Tiré poco a poco hacia delante, y pude ver a Bill con el color brillante de la calle. Le sostuve la mirada todo lo que fui capaz y pude ver en su rostro una pequeña y casi invisible transformación. De la confusión, a la sorpresa.
No sé cuánto tiempo nos estuvimos mirando sin decirnos nada pero yo era totalmente incapaz de separar mis ojos de los suyos. Intentaba ver algo en ellos, como si de pronto apareciera escritas las razones de su desaparición. Incluso estaba esperando leer un «ven, acércate y llévame contigo». Pero no vi nada. Igual algo de confusión, de no creerse lo que estaba pasando, de no entender el porqué. ¿Qué es lo que no entiendes Bill? ¿Que esté aquí pasmado aun sabiendo lo que has escogido? Eso no lo entiendo ni yo…
Mierda, me había imaginado tantas veces que me lo volvía a encontrar… ¿Porqué ha tenido que ser así? ¿Porqué mierdas no ha sido como yo me lo he imaginado? Más casual, sin nadie en medio, con más ¿efusividad? No sé, desde luego no cabía en mi cabeza que estaríamos a pocos metros, mirándonos, y sin decirnos nada.
Dios, estaba tan guapo… El pelo, los ojos… Igual estaba más delgado de lo que recordaba, pero no importaba. Estaba increíble.
Alguno de los dos volvió a captar su atención y nuestro vínculo se rompió. Por primera vez en meses volví a sentir la agonía de perder el contacto con él. Durante un tiempo me despertaba con la sensación de que él estaba a mi lado y cuando miraba y me acordaba de la realidad sentía una angustia en el pecho que me volvía loco de la desesperación.
Ahora acababa de sentir lo mismo. Había vuelto a sentirlo cerca, y de pronto se iba.
Resultó que era Jake el que requería de su atención, y Bill le sonrió de una manera un tanto extraña, supongo que intentando disimular. No sé de qué le estuvo hablando pero el hippiemierdas se le acercó para darle un beso que Bill parecía querer aceptar. ¿¡De verdad!? ¿Sabiendo que lo estoy viendo?
Negué, completamente frustrado y sintiendo de nuevo el dolor de un corazón roto. Apreté la mandíbula y miré al suelo mientras me repetía una y otra vez que qué mierdas estaba haciendo con mi vida. Le pegué una última calada al cigarro antes de tirarlo, casi recién encendido y miré de reojo hacia donde estaban ellos. Bill le devolvía el beso, pero con un ojo abierto me miraba a mí. Le sonreí de lado, algo cínico, y le hice un saludo militar, como dándole a entender que me piraba de ahí para dejar de ver su jeto (o al menos eso esperaba que entendiera, la verdad).
Volví al hotel andando y con cientos de llamadas de Biel.
Continúa…
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Pero…q acabo de leer
Vaya encuentro, terrible, largo Invierno, será que llega la primavera para ellos, creo que por aquí me quede hace años…