Largo invierno 12 (P.1)

Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno

Capitulo 12: I thought it was all just a nightmare… 

I guess it was true. (P.1)

-¡TOOOOOOM! ¡¡HAS LLEGADOOO!! – una cosa no demasiado alta ni pesada se me tiró encima haciéndome perder el equilibrio y teniendo que apoyar un paso hacia atrás para no caernos al suelo. Un Biel casi lloroso se aferraba fuerte a mí mientras trepaba hasta abrazarme del cuello. Estaba esnifando a causa del llanto, y parecía casi tener un ataque.

-Eeeeh eeeeh, calma, cachorro, calma. – dije obligándolo a separarse de mí y a mirarme a los ojos. – ¿Qué ha pasado? – dije algo alterado, viéndole todo el globo ocular inyectado casi en sangre. – ¿Estás bien?

-¿Que si estoy bien? ¡Eso debería preguntarte yo a ti! – me pegó un pequeño puñetazo en un brazo. – Hace dos horas que me has dicho que viniera al hotel porque tú también venías y no has aparecido. Te he llamado mil veces y no me lo cogías y… y… – volvió a abrazarme fuertemente apretando mi camiseta entre sus dedos. Casi podía notar las uñas arañarme, demostrando el miedo y la desesperación del chaval.

-Tss… – dije con una sonrisa de lado. Le toqué el pelo lentamente y luego le besé la frente. – ¿Quieres que pidamos pizza y nos la suban aquí? Sé que adoras la pizza… Tómatelo como un perdón por la tardanza. – me miró desde abajo, con la mirada triste y abarrotada de lágrimas que se debatían entre salir y mostrar su debilidad, o quedarse retenidas sin decirme lo asustado que estaba.

-No tengo hambre ya… – dijo con un puchero infantil. Se cruzó de brazos y se sentó en el borde de la cama. – ¿Por qué has tardado tanto? – volvió a atacarme con el tema anterior y yo rodé los ojos, algo fastidiado. La verdad es que tenía que intentar distraerme, no paraba de ver flashes de Bill sentado fumando, o de Bill mirándome. Era como un pensamiento fugaz del que no me podía deshacer. Me había quedado mirando algún escaparate de camino de vuelta al hotel, y por mucho que consiguiera hacer que mi mente se evadiera, Bill volvía como una imagen clara y fugaz en un instante. Después desaparecía. Muy a su estilo, la verdad.

Negué con la cabeza y me acerqué lentamente a Biel. Le puse dos dedos encima del pecho y le indiqué que se fuera colocando en medio de la cama, con mi mejor media sonrisa pintada en la cara. Su semblante cambió de golpe. De la frustración, pasó a la sorpresa.

-¿No tienes hambre? Pues fíjate que yo estoy hambriento… – le dije dejándome medio caer encima suyo, intentando no aplastarlo, y dándole besos por el cuello. Noté cómo se medio retorcía bajo mis labios, y eso me gustó.

-¿Qué… Qué haces…? – se notaba el rubor de sus mejillas sólo por el calor que irradiaban éstas.

-Pedirte perdón… – la verdad es que ya tenía pensado hacerlo. Cómo ya sabéis, Biel me lo llevaba pidiendo siglos, y aunque era demasiado pequeño para mí, el encontronazo con el innombrable me estaba taladrando la cabeza. Necesitaba una distracción. Y él llevaba pidiéndomelo a gritos desde el día que puse mis ojos encima suyo.

-¿Vamos a…? ¿De verdad que vamos a…? – se le notaba tanta emoción en la voz que me estaban entrando ganas de separarme de él. ¡¡Oh joder, parece que lo esté haciendo por compasión!! Esto no me mola nada, yo quiero que esté inseguro, tener que preguntarle si realmente se ve preparado… Vamos, como con Bill, para qué engañarnos. Aunque claro, yo antes era todo lo contario. Me enorgullecía que alguien… – ¡Voy a follar con Tom Kaulitz! – …dijera eso. Vale, ahora no pude evitar soltar una carcajada limpia y sincera.

-¿Y esa efusividad? ¿Porqué hablas como si fuera famoso? – dije mientras le metía una mano dentro de la camiseta, recorriendo su no-tatuaje del costado.

-¡Es que eres famoso! – alcé una ceja ante eso. – Todos mis amigos han puesto un ojo en ti, chaval. Cada vez que salgo de fiesta contigo a un lugar de los míos no te pueden apartar la vista de encima. Ni tíos, ni tías. No paran de preguntarme dónde vamos a ir de fiesta para verte por ahí.

-¿Estás de coña? ¿Y porqué nunca me he dado cuenta? – a ver, no es que no me hubiera dado cuenta, es que simplemente, cuando salía por lugares “de ambiente”, intentaba concentrar mi atención en Biel para tener algo con lo que poder distraerme. Supongo que si él no hubiera estado… ¿Me habría dado cuenta?

-¡Pues porque me interpongo entre todos ellos! ¿O es que acaso recuerdas algo más que no sea mi cara en todo ese tiempo que estamos por ahí? – dijo con una sonrisa en la cara. Bueno, por lo menos se había olvidado del tema de llegar tarde…

-La verdad es que no. – me sinceré. – De todas formas, iba a pasar tarde o temprano, así que tampoco entiendo que te sorprendas tanto.

-¿Enserio? Me has rechazado tantas veces… – se formó un puchero en sus labios que me pareció adorable.

-Eh, basta de cháchara. – le acabé quitando la camiseta de un manotazo y quedó totalmente despeinado bajo mis brazos. La cara la tenia prácticamente tapada, y apenas una sonrisa traviesa se entreveía felizmente.

No tardó en rodearme el cuello para besarme en los labios mientras me apretaba fuertemente a él. Yo también lo abracé fuertemente y sentí cómo se derretía por mí bajo mis brazos.

Le di suaves besitos alrededor de la clavícula, y noté cómo se le erizaba la piel bajo mis labios. Eso me hizo sonreír pero más gracia le hizo algo a él, que ensordeció mi risa con la suya.

-¿Qué te hace tanta gracia?

-Me haces cosquillas con la barba… – dijo entrecortado. – Deberías empezar a pensar en rasurarte un poco… – me quedé algo pillado con lo que me acababa de decir. Después, en vez de responderle, me dedique a pasear mi cara entera por su pecho. – ¡Nooo NOOOOO, para para PARAAAAA! – decía entre risas que parecían casi agónicas. Me empecé a reír con él y de pronto…

FLASH

De nuevo, sin quererlo, sin siquiera estar pensando en ello, la imagen de Bill con sus ojos fijos en mí me asaltó sin siquiera pedir permiso. Me quedé tenso de golpe otra vez.

-¿Tom? – Biel notó que me pasaba algo. Negué con la cabeza fuertemente y me volví a lanzar encima suyo, de tal manera que antes primero le pegué una vuelta y lo dejé de espaldas a mí. No pienses Tom, no pienses. Sólo actúa. Va, que hace siglos que en fondo te mueres por follarte a Biel… – ¿Pero qué…? – el chico parecía no entender pero pronto calló en cuanto notó mis labios pasearse por toda la longitud de su cuello. – Mmmhh… – su gemido melodioso me encendió de golpe. Empecé ponerme hiperactivo y ansioso. Le respiraba fuertemente en la espalda mientras empezaba a desabrocharle el cinturón lo más rápido que pude.

En un movimiento rápido le quité el pantalón, dejándole aún la ropa interior. Ya que tenía que alzarme para tirarlo al suelo, aproveché el momento para quitarme ya los míos y no perder nada de tiempo. Biel notó lo que estaba haciendo, e intentó hacer un amago de girar la cabeza para poder verme, pero de un manotazo le enterré la cabeza de nuevo en la almohada.

-Nono, de eso nada. Yo te digo qué puedes y qué no puedes hacer. – quité la mano y entonces lo vi coger aire disimuladamente, pero con algo de desesperación. Mierda, igual me estoy pasando un poco, ¿no?

Me estiré de nuevo encima de él y mientras le besaba de nuevo detrás de las orejas y se las mordía, le pasaba todo el bulto de mi polla por el culo. Solamente la tela era lo que separaba nuestras pieles, y parecía que de la fricción iba a ponerse a arder. Dios, qué calor hacía.

-Qué cachorro, ¿esto es lo que querías? – le metí una mano bajo el bóxer, justo por la parte de delante, y se la agarré casi sin pensar. Era totalmente distinta a la de Bill, pero intenté no pensar en eso y concentrarme en lo importante. Darle placer.

Moví la mano poco a poco y sentí cómo Biel se retorcía bajo mi tacto.

-Oh dios… Claro que sí, Tom… Me muero de ganas… – le respiré fuerte en la nuca y después le lamí ansiosamente. Dios, esto se estaba poniendo a una temperatura altísima.

Desvié mi mano del sitio, notando cómo Biel gemía de mi separación, y llevé mi mano justo al otro extremo. Fui directo al sitio en vez de tantear apretándole las nalgas, y llevé mis dedos a la entrada. No apreté ni nada por el estilo, pero empecé a restregar los dedos, tentando una posible intrusión repentina.

Biel cada vez respiraba más fuerte y más sonoro.

-Cachorro… ¿Ha habido alguien aquí dentro alguna vez? – se me ponía cada vez más tiesa. Casi pude ver cómo las orejas se le tornaban rojas como un tomate.

-Ya sabes que soy virgen… – dijo con un tono avergonzado.

-Hablo con los dedos. – mientras dije eso, apreté un poco en la entrada, haciendo que Biel pegara un pequeño respingo.

-Oh eh… – tardó un poco a responder eso. – Sólo yo… – no pude evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja.

-No me digas… – me aparté un poco, saliendo de encima suyo, y de un tirón le puse el culo en pompa. – Déjame observarte. – tiré los brazos hacia atrás y me puse en pose observadora. Alcé una ceja, y de pronto vi cómo Biel, giraba la cabeza hacia mí, con ojos incrédulos. Es como si primero estuviera flipando, y luego le diera miedo moverse sin mi permiso. – ¿Qué pasa cachorro? ¿No me has entendido? – me levanté poco a poco de la cama, no sin antes darle un cachetazo en el culo.

-No estoy muy seguro… – reí cínico con eso último. Fui hacia mi mochila y saqué de dentro tres cosas. Un paquete de tabaco, un mechero, y un lubricante. Oh, y también saqué los condones ya que estaba.

Le tiré el lubricante cerca de las manos y él lo pilló, acercándoselo a la cara.

-Ponte lo más cómodo que quieras. A cuatro patas… Bocarriba y abierto de piernas… Lo que sea. Pero… hazme una pequeña demostración. – después de esas palabras me senté en la cama. Cómo ya me había fijado en si había o no detector de humo, me pude encender el cigarro tranquilamente. – pónmela muy dura, cachorro.

Biel se puso rojo como un tomate pero no desobedeció mis órdenes. Se quitó la ropa interior sin atreverse a mirarme a la cara y después cogió el lubricante con manos temblorosas. Entonces, se untó un poco sobre los dedos.

Se había puesto de espaldas a mí, alzado sobre sus rodillas y con las piernas abiertas. Poco a poco, mientras dejaba el lubricante a un lado, se fue agachando y poniendo el culo en pompa.

-Uh… Esto pinta genial. – dije sin poder evitar llevarme la mano a la polla, que empezaba a desear algo de acción. Aguanta, sé que llevas tiempo sin follar.

Se llevó la mano con mucho cuidado a la entrada, y no tardó nada en apretar con un dedo. Para mayor movilidad tenía el cuerpo medio girado, y le podía ver la mitad de la cara. Estaba rojo como un tomate, se mordía el labio inconscientemente mientras fijaba toda su atención en lo que hacía. Le vi hacer presión sobre la zona y empezó a mater un dedo.

-Saca más el culo. – le ordené. Biel apoyó una mano en la pared, y con ésta se dio el equilibro suficiente para poder poner el culo casi como si estuviera a cuatro patas completamente. – Maaadre mía, qué perspectiva, cachorro. – casi no me acordaba de que estaba fumando porque la otra mano se deslizaba por mi polla sin poderlo evitar, aún por encima del bóxer, manteniendo todos mis sentidos en ese punto.

A un ritmo tranquilo se fue metiendo el dedo hasta el final. Cada vez tenía las cejas más apretadas y menos me miraba. ¿Es que acaso tenía vergüenza? Quitó y metió el dedo varias veces hasta que el movimiento se podía hacer naturalmente, con un deslizamiento más cómodo.

-Más dedos Biel, no esperarás que mi polla entre por ese mini agujero… – Lo vi mirarme de reojo, volviéndose a morder el labio, probablemente como acto reflejo de lujuria.

-Házmelo tú, Tom… – suplicó. – quiero que lo hagas tú… – oírle hablar así me dio un espasmo en la polla que no me dejó indiferente. Dios, necesitaba estimulación ahí YA. De pronto, se me ocurrió algo.

-Ven, chupa. – Biel se quedó un tanto atónito con mis palabras. Me levanté y me quité la ropa interior, dejándome la polla al aire. Apagué lo poco que había fumado del cigarro en el zapato, y después dejé la colilla en el suelo. Estiré las piernas en el colchón, y coloqué las manos hacia atrás, dejándole el trozo de carne para él solo. Biel no se movía del sitio. – ¿A qué esperas? – con un movimiento un tanto autoritario, le dije que se aproximara. – Ponte a cuatro patas.

-Pero creí que me ibas a…

-Hazme caso – prácticamente se dejó caer sobre sus manos y el pelo le quedó alborotado en la cara. Con un gesto suave se lo aparté y le di un beso profundo. Biel parecía disfrutar de él como nunca, como si le diera miedo lo que iba a pasar después de ahora y disfrutara de éstos últimos instantes. Creo que sin querer lo estaba acojonando. – Y ahora, chupa. – no me gustaba ser así de exigente con este tema, pero Biel parecía estar dispuesto a hacer lo que yo quisiera aunque se lo dijera mal, y esta noche necesitaba un poco de eso.

Pronto tenía su boca alrededor de mi polla y yo empezaba a delirar. Pero qué bien lo hacía este chico, jodeeer… Su espalda dibujaba una curva hacia arriba que acababa en su culo y puse el plan en marcha. Acerqué mis dedos a la entrada y noté que estaba empapada en lubricante. Hice un poco de presión y noté cómo Biel se había tensado un poco, bajando el ritmo.

-No te distraigas. – ante mis palabras volvió a mover la cabeza y ésta vez más frenéticamente. Yo aproveché para apretar con un dedo y éste se deslizó lentamente por dentro del agujero. Oí cómo Biel gemía y eso me puso a mil. Oírlo gemir con mi polla en su boca era como algo del otro mundo. Moví mi dedo de dentro a fuera sin mucha compasión y lo oí cada vez más. – Como me muerdas te parto en dos… – casi pude oír una risa cínica. Madre mía, en el fondo le va lo duro a éste, eeh… No tardé en hacer presión con el segundo dedo, que se deslizó de manera más costosa. Biel, alzaba más el culo si se podía para darme mayor paso e incluso abría las piernas. – Eres elasticidad pura cachorro, ¿has salido del circo del sol o qué? – para mi sorpresa empezó a mover el culo de una manera que parecía que él solo se metía mis dedos y se los acaba. Como si se los estuviera follando.

Ante eso resople de puro gozo, flipando con lo que estaba viendo y de un manotazo lo aparté de mí. Lo puse contra la pared, con las piernas sobre las rodillas, separadas, y con las manos en la pared. Agarré el condón y mientras me lo iba poniendo le mordía en los hombros.

-Te voy a follar ya, cachorro. – se lo dije entre gruñidos en la oreja. Biel llevó una mano hacia atrás y me agarro el pelo por arriba. Con ese movimiento dejó todo su cuello al descubierto y aproveché para dejarle una bonita marca.

Cuando tuve el condón puesto, agarré el lubricante y me eché más en los dedos. Sin ningún tipo de compasión, le metí tres dedos y lo oí quejarse.

-¿Eso ha sido de dolor? – por un momento me sentí un mierdas. Te estás pasando, Tom… 

-Sí pero… no importa. Va Tom… – eso fue como un clic de activación. Después de oírle decir eso no pude más que sacar los dedos y empezar a hacer presión con la polla. No sé porque pero, la mano que no estaba usando, fue derecha a ponerse encima de una de las que tenía apoyada él sobre la pared. La cubrí con la mía, y mis dedos se apoyaron entre los huecos de los suyos. Poco a poco se fueron cerrando, y Biel despegó un poco la palma de la pared para que pudiera cerrar los dedos y apretarle fuerte la mano. No entiendo a qué vino esto, y tampoco Biel dijo nada al respecto, pero con el dedo pulgar me devolvió el agarre y sentí lo nervioso que estaba. Me di cuenta entonces de que estaba temblando todo su cuerpo bajo mi agarre.

-Shh… – le dije al oído tranquilizándole. Mis dedos acariciaban la palma de su mano, y eso lo destensó hasta el punto que mi polla, entró sola. Nos quedamos en silencio un instante y entonces hablé. – Ya estoy dentro, cachorro. – le di un pequeño beso en el cuello y lo oí suspirar. – ¿Estás bien? ¿Te duele? – la otra mano, se posó en su cintura, y se la acarició delicadamente.

-No…- su voz era apenas era un susurro, así que no sabía si creerle o no. Decidí pasar a la acción y que el dolor se convierta en placer de una vez.

Empecé a moverme lentamente hasta que la penetración era fluida y tranquila. No noté que podía hacerle daño si aumentaba el ritmo así que poco a poco las embestidas eran más seguidas y más profundas. Con cada movimiento se oía cómo chocaba contra sus nalgas y éste hacía un pequeño jadeo sin nombre. Era como una queja, pero con placer. Era en voz alta, pero con un tono rasgado… No sabría cómo explicarlo, pero me estaba poniendo a mil.

Eso no hacía más que hacerme aumentar el ritmo sin descanso y eso hacía que Biel tirara cada vez el culo más hacia atrás, y se la pudiera meter más dentro. Yo me iba estirando sobre su espalda, sin separarme de su agarre, que había ido descendiendo y dejando una marca de sudor en la pared.

La otra mano había también pasado a la acción y ahora le agarraba la polla para estimularlo más si cabía. Biel se retorcía bajo mi agarre y cada vez chillaba más.

-Vamos cachorro, ladra más fuerte. – me hizo caso al instante, empezando a liberar la voz a berridos y gemidos. Me mordía la lengua por no morderlo a él, pero me daban ganas de comérmelo ahí mismo. Lo estaba sintiendo todo por mil, y estaba siendo la puta gloria.

El muchacho acabó por ponerse a cuatro patas finalmente, soltando mi agarre y haciendo que lo cogiera por la cintura con ambas manos.

-Está claro que lo tuyo es de perrito, eeh… – oí cómo se reía levemente y no paré de darle con más fuerza.

Subí el ritmo después de acostumbrarnos a la nueva postura, y pronto empecé a oír cómo Biel empezaba a gemir más fuerte. Llevé mi mano a su polla de nuevo, casi de manera instintiva, y con mi ayuda parecía que el cachorro iba a llegar en seguida.

-Oh, diiiooooss… – lo oí gemir. Empecé a mover la mano más rápido, y de manera más apretada para hacerle llegar cuanto antes. Era extraño que mi primer instinto hubiera sido hacer eso. La verdad es que sentía a Bill en cada movimiento que hacía. Sobre todo ahora que estaba de espaldas y sólo se le veía la cabellera negra caerle hasta tocarle los hombros.

Con esa imagen empecé a notar yo también la presión en la punta de la polla. Sentía que cada vez estaba más cerca y era gracias a la imagen de mi antiguo pelinegro. Otra vez sentía mil cosas por el pecho. Odio, amor, tristeza, deseo, ansiedad…

-Bill… – estaba tan cerca que notaba que me podría correr en cualquier momento. Aumenté el ritmo haciendo que las embestidas fueran más fuertes y más marcadas.  – Bill… – creí repetir.

-Aahhh… Tom, me… me estás haciendo daño. – le tapé la boca con la mano porque su voz no era la que quería oír. Incluso me estaba molestando que abriera la boca para decir nada. Noté cómo había empezado a morder, pero yo conseguía tener el aguante. Creo que incluso quería pegarme con las manos porque se intentaba girar.

-Que te jodan Bill, que te jodan… – no podía parar de imaginar a Bill con Jake en mi mente y eso me estaba destrozando por dentro. Mis ojos se estaban empañando una vez más por su culpa, y eso no hacía más que ponerme más nervioso y cabreado. Seguí dándole más fuerte y me mordió al mismo tiempo que me arañaba la mano para quitarla de su boca. –Dios… Estoy apunto… Bill, me corro… – notaba que lo que quedaba de lubricante se estaba secando y era más difícil meterla pero eso solamente hacía que estuviera más prieto y me gustara más.

Finalmente en las últimas embestidas me puse lo más bestia que pude y con un ritmo desenfrenado conseguí llegar al clímax. Con el corazón a mil por hora me dejé caer encima de su cuerpo, sin llegar a salir.

Cuando me quise separar un poco, noté que tenía toda la mano pegajosa y caliente. Alcé una ceja al cerciorarme de lo que tenía realmente entre los dedos era semen. Estaba algo sorprendido de encontrármelo porque pensé que él no había llegado.

Me separé con cuidado y lo oí gemir, pero algo me decía que era de dolor.

Caminé a paso lento y pesado. Estaba repasando los últimos minutos del polvo, dónde por fin había llegado al clímax, y la verdad es que estaba todo bastante borroso. Cómo si hubiera sido un sueño o algo así. Lo intentaba reconstruir pero apenas me encontraba con delirios de placer o imágenes difusas. Recuerdo imaginarme a mi Bill en más de una ocasión.

¿Habré dicho algo que no debía?

Bueno, Biel se habría quejado al respecto, ¿no? Todas lo han hecho, así que…

Llegué al baño y me lavé las manos con jabón para después también lavarme la cara. Me di cuenta que tenía varios arañazos en la mano que no tenía semen, y me quedé un poco consternado al respecto. ¿Qué diablos…? Fui a tirar el condón cuando de pronto me vi toda la polla ensangrentada.

-¿Qué…? – quité el condón y me di cuenta que era lo único manchado. – La sangre… es de Biel. – dije sin pensar. Me giré enseguida después de tirar el condón prácticamente al suelo y me dirigí hacia la cama, con el corazón a mil por hora. – ¿Biel?

Me lo encontré en la cama hecho un ovillo, en forma fetal, con la manta por encima y prácticamente temblando. El corazón me latía tan fuerte que no podía pensar con claridad. ¿Está dormido? ¿Está llorando? ¿Está enfadado? ¡¿Está bien?!

Le retiré la manta de un manotazo y eso lo hizo encogerse aún más.

-¿Biel…? – le toqué un hombro pero se retorció bajo mi tacto. ¿Porqué hace eso? ¿Tiene miedo? Sin pensármelo mucho más bajé mi mirada hasta la entrada del recto, y con el corazón encogido pude ver que las sábanas estaban manchadas con bastante sangre.

No pude evitar llevarme las manos a la boca, intentando evitar un sollozo de impotencia que se me quería escapar de entre los labios. Mierda, mierda, mierda…

Llevé mis manos hasta el rostro de Biel, que evitaba mirarme a los ojos. Estaba llorando.

-Biel, lo siento… Te he hecho daño. Lo siento. Lo siento. Lo siento. – otra vez se repetía la historia. Recuerdo que la primera vez con Bill también pasó lo mismo pero yo no fui consciente en el momento. Lo que pasó fue que Bill me lo explicó él al día siguiente, y agradecí no haberlo vivido porque me habría puesto muy nervioso. Pero sinceramente, esto estaba siendo el triple de peor de lo que me había imaginado. Biel es más pequeño que yo, no es tan espabilado como Bill, y yo ahora ya no sé qué hacer… – ¿Biel, qué hago? ¿Vamos… Vamos al hospital? No llores, por favor…

Biel no me respondía a absolutamente nada. Y no me quería mirar a los ojos. Cuando lo solté lo único que hizo fue volver a taparse y ésta vez hasta arriba. ¿Pero qué…?

-¿Por qué no me hablas…? Lo siento, Biel. Ya te lo he dicho… Lo siento, lo siento… –me levanté de la cama y fui a por toallas y agua en un pequeño vaso que había para los cepillos de los dientes justo en encima de la pica del baño. También cogí algo de papel higiénico. Busqué un kit de primeros auxilios y también en internet algo para detener la hemorragia.

En todas partes indicaba que tenía que desinfectar la zona y parar la sangre haciendo presión en la herida. Me daba miedo que el desgarro fuera demasiado interno y no pudiera acceder a él.

Me temblaba todo el cuerpo, pero intenté mantenerme lo más tranquilo posible.

Destapé a Biel de nuevo, pero de verlo tan congelado volví a ponerle la manta por encima para sólo destapar la parte afectada. Mojé el papel con el agua y empecé limpiar la zona de manera superficial. Al principio me encargué de los laterales y finalmente me fui acercando a la zona en cuestión. No pude averiguar si realmente era un desgarro muy profundo porque al ver algo de herida por la parte de fuera ya me puse nervioso.

Al tocarlo ahí Biel dio un respingo que me hizo retirar la mano al instante. Mierda, no le quería hacer más daño.

-Biel, te estoy intentando curar, ¿vale? No quiero hacerte más daño, pero… -dios mío, me temblaba la voz como nunca. – Pero tengo que hacerlo, ¿vale? – volví a llevar el paño hasta la herida y ésta vez Biel fue mucho más dócil y se dejó curar.

Estuvimos así un cuarto de hora entero en que me dediqué a tirar papeles ensangrentados al baño, cambiaba el agua del vaso cada dos por tres y finalmente cambié las sábanas una vez dejó de sangrar.

Cuando el servicio acabó de cambiarlo todo, nos trajeron algo para cenar aunque ninguno de los dos tenía demasiada hambre. No habíamos hablado en todo el rato, y a mí se me estaba formando un nudo en el estómago que no me dejaba ni digerir la comida.

Eran las diez cuando vi que la situación no daba más de sí.

-¿Quieres ir a dormir? – dije acercándome al él lo máximo con la silla. Él me miraba de reojo, algo cohibido. Finalmente asintió lentamente sin decirme nada. Suspiré sonoramente y lo abracé con fuerza. – Bieel… ¿porqué me tienes miedo? ¿Por qué no me contestas? ¿Crees que ha sido aposta? – le cogí de la mandíbula y le hice mirarme a los ojos directamente. Me sostuvo la mirada y no me contestó. ¿Cómo? – Biel… Te estoy preguntando algo muy serio. ¿Me ves capaz de hacerte daño intencionadamente? – ante este uso de palabras, él desvió la mirada y se fue levantando, quitándose de mi abrazo. Yo iba a volver a hablar pero entonces él decidió usar su voz después de casi una hora.

-Es que… No querías parar. – lo vi ponerse una sudadera grande que había dentro de su mochila, y unos pantalones de pijama. – Te había dicho que me dolía y aún así continuaste.

-¿Cómo? – no recordaba la voz de Biel en la última parte del polvo. Ni siquiera recordaba haberle oído gemir cuando se corrió. – ¿Te estabas quejando en voz alta y yo no te hice caso? – me quedé muy consternado después de oír eso y me fui a sentar en la cama, cogiendo otro cigarro de un paquete que se iba consumiendo a medida que los nervios iban aumentando.

-Cuando te dije que me hacías daño… Me tapaste la boca. – no me miró a los ojos cuando me dijo eso, como si le diera incluso vergüenza que hubiera ocurrido. Yo abrí los ojos como platos, bastante afectado por lo que estaba oyendo.

-¿Qué…? – sólo era capaz de pronunciar. ¿Que yo había hecho qué…? Biel se sentó en el extremo opuesto al mío, cruzando las piernas encima de la cama, y toqueteándose los pies desnudos por el nerviosismo. Tragó fuerte varias veces porque ninguno de los dos decíamos nada.

Me levanté un poco y me acerqué a él para rodearle con mis brazos. Una vez más hizo un gesto que me rompió el corazón, encogiéndose en si mismo, como si se intentara proteger.

-Biel… No sé qué decir o hacer para que me perdones. Te prometo que no estaba consciente, y te prometo aún más que jamás te haría daño intencionadamente. Estoy… flipando con lo que me has dicho ahora mismo. – durante un instante se me pasó un flash por la cabeza de ese momento.

-¿Cómo no puedes acordarte? Te arañé la mano, y la tienes llena de cortes. – dijo de forma tajante, como si no se creyera mis palabras. Noté cómo toda la sangre me bajó hasta los pies. Me miré las manos y efectivamente, una de ellas estaba magullada y con algo de sangre.

En el baño ya lo había visto pero no era capaz de recordar porqué, y algo en mi interior tampoco quería averiguarlo. Suspiré sonoramente, y solté a Biel, temblando de la impotencia. No me estaba reconociendo. No podía ser verdad lo que estaba ocurriendo, y mucho menos por mi culpa. Había tenido pesadillas con que esto le pasara a Biel de parte de cualquier hijo de puta, e inconscientemente supongo que sí intenté alejarlo de cualquiera que no fuera yo, para que no le pasara, y ahora…

Ya no había marcha atrás.

Quería que él tuviera una primera vez memorable y bonita y al final se acabará acordando para siempre por algo totalmente opuesto.

-No sé cómo pedirte perdón, así que no te voy a volver a tocar hasta que me lo pidas tú. No sé ni cómo compensártelo. Así que… Si quieres duermo en el suelo y… – ya estaba empezando a coger una de las almohadas para ponerla en el suelo y tumbarme ahí. Biel no hizo nada para retenerme y lo agradecí, porque sentía que merecía ser castigado por lo que acababa de pasar.

Lo oí meterse en el cama y taparse hasta arriba con la manta. Yo me tumbé hacia arriba, incapaz de dormir y pasaron como veinte minutos en los que no podía ni notar el frío del suelo. Era como una roca pensante, que no dejaba de intentar reconstruir los últimos instantes del polvo. ¿Qué me hacía actuar así? ¿Qué me llevaba a querer taparle la boca para no oírlo quejarse? ¿Porqué me daba igual que me estuviera arañando las manos para liberarle?

El corazón se me heló cuando oí un gemido desde la posición de Biel. Agudicé el oído y pude escuchar que estaba sollozando. No no no no no no no no por favor…

Mi inconsciente me llevó a levantarme hasta poder estar sentado, y a apoyar un brazo encima del colchón, aún bastante lejos de Biel.

-Muchacho… ¿Estás llorando? – era un pregunta estúpida porque aparte de que era evidente de que sí, él no creo que fuera a admitirlo. El silencio fue lo que me dio la respuesta, y de nuevo, más sollozos. – ¿Es… de dolor físico? – me aventuré a preguntar. –¿Aún te duele? – quise insistir.

-No… – pude notar cómo se giraba hasta mí, acercándose hasta el extremo del colchón en el que yo estaba apoyado, sacando levemente su cabeza de entre las mantas.

-¿Y por qué lloras? – alcé la mano para intentar llegar a él, pero a medio camino me retracté porque me acababa de acordar de mi promesa y de que iba esperar a que él me lo pidiera. – ¿Es porque te he fastidiado tu primera vez con alguien? – me sostuvo la mirada un instante y después volvió a negar, pero ésta vez de forma silenciosa, apenas haciendo un movimiento de cabeza. Le vi intención de hablar, y quise animarle. – ¿Qué es Biel?

-Mi primera vez contigo… – oírle decir eso me dejó confuso. No sabía a qué se refería, pero algo ya me estaba empezando a hacer daño en el pecho. – Me da igual que haya sido realmente mi primera vez… Aunque lo hubiera hecho cien veces antes de estar contigo… Ésta era mi primera vez contigo… – se le volvieron a inundar los ojos y yo casi podía notar cómo me empezaba a arder la cara por el mismo motivo.

-¿Te he decepcionado? – no me dolía por mi parte, por cómo pueda o no pueda ser yo en la cama, o cómo puede írseme la olla. Me dolía por él, por lo que le había provocado a él lo que acababa de pasar. No me respondía a la pregunta y eso me puso nervioso. – Yo no soy así Biel. Algo me ha pasado hoy que no soy capaz de explicar, pero jamás en la vida… Me había comportado así. No me reconozco.

-¿Y por qué conmigo? – la pregunta me dejó descolocado. Sobre todo cuando vi un fantasma de Bill justo delante de su rostro. Eso me puso realmente rabioso y quise tirarme del balcón para desaparecer y olvidarme de toda la mierda. Bill era el culpable de lo que acababa de pasar. Estaba seguro. Pero el problema es que no podía decírselo a Biel, porque él no podía saber nada. No podía saber ni que existía. De hecho, no existe. Bill no existe.

-¿Estás enamorado de mí? – la pregunta me salió sola. No sé si realmente algún recoveco de mi mente ató cabos y por eso lo pregunté, o si mi subconsciente quiso escapar de la pregunta llevándolo por un camino totalmente distinto.

Biel no me sostuvo la mirada esta vez, de hecho, la desvió al instante en cuanto pudo. Casi pude notar cómo se volvía rojo como un tomate. Una vez más, en vez de exteriorizarlo lo único que hizo fue asentir de forma muy poco notoria, casi como si fuera una ilusión por culpa de la poca luz. Después de eso pegó un bote y me rodeó los hombros y lo que pudo alcanzar desde dónde estaba, hundiendo la cabeza en mi cuello. Se me ablandó el corazón, y le puse una mano encima delicadamente, acariciándolo suavemente. Noté que tiritaba bajo mis manos.

Al cavo de un instante me obligó a moverme un poco del sitio, y se estiró conmigo en el suelo. Me abrazó y hundió la cabeza en mi pecho. Es cómo si me quisiera tanto que era incapaz de odiarme, y se estaba escondiendo por la vergüenza que ello le suponía. ¿Vergüenza? Quizás también algo de decepción consigo mismo.

-Biel, sé que lo que voy a decir ahora va a ser la guinda de la noche pero… ¿Recuerdas lo que te dije en aquella discoteca cuando nos conocimos?

-Que no quieres parejas.

Le toqué el pelo delicadamente, escurriendo mis dedos entre sus mechones. Era suave y sedoso, y casi me entraban ganas de dormir de la relajación.

Mierda, que no podía tocarle…

-Eso no quiere decir que no te tenga un aprecio distinto. – negué con la cabeza de forma frenética, como intentando aclarar mis ideas, y Biel salió de su escondite, algo asustado. –A ver si me sé explicar… Yo no quiero una relación. Pero… No me… Importaría repetir contigo las veces que tú quisieras.

-¿Quieres que sea la puta a la que poder recurrir cuando quieras? – de pronto puso una mano en mi pecho y se alejó de mí, mirándome con ojos dolidos.

-¡No! No es… así. Quiero… A ver. – aclárate Tom, no le jodas más la noche. – No quiero darle cuentas de lo que hago a nadie, ¿vale? Quiero hacer lo que me salga de la polla. – creo que no lo estás haciendo muy bien, Tom. – Y no quiero sentir ataduras. Pero… Tampoco me importaría tenerte ahí a mi lado siempre ¿entiendes?

-¿Y tengo que soportar que me vengas a explicar a quién te tiraste la noche anterior? –ahora él estaba a le defensiva, y empezaba darme miedo.

-Hasta ahora nunca has hecho ninguna objeción. – le recordé.

-¡Porque estaba esperando a que me follaras a mí! ¡Y te decantaras! – le vi el dolor en los ojos, y eso me hizo sentir un mierdas. – Pero después de lo que ha pasado, ya no…

-Sht, calla. No digas eso. – le puse una mano en la mejilla, y él se calló por miedo a que le hiciera algo. Rodé los ojos, sin saber muy bien qué hacer al respecto. – Biel, te estoy intentando decir que a mí no me importará repetir contigo mil veces. No me importará que me pasees delante de tus amigos y me beses, y me agarres y… lo que sea. No me importa Biel. Incluso… A ti no te voy a echar de mi cama después de follar. No me importará despertarme contigo al día siguiente. Y probablemente por la mañana volveré a tener las mismas ganas de hacértelo como de por la noche.

Biel me miraba con unos ojos como platos.

-¿Has entendido lo que he dicho? – pregunté después de un buen rato. Biel empezó a asentir de forma continua, sin parar. – ¿Y esto qué quiere decir? – casi sin dejarme acabar la pregunta se me lanzó a los labios y me dio un beso casto y profundo pero sin lengua. Yo sonreí en el beso, contento de que la situación se hubiera podido mínimamente arreglar. –Supongo que estás aceptando las condiciones de esta relación… – le puse el pelo detrás de la oreja y él volvió a enterrarse en mi pecho, arañándolo un poco con las uñas.

Alcé un poco la mano y agarré la manta que estaba encima de la cama para poder cubrirnos bien. Al cabo del rato, ambos estábamos dormidos.

Continúa…

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