Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capitulo 12: I thought it was all just a nightmare…
I guess it was true (P.2)
Bill
Llegué a casa sintiendo como si hubiera estado caminando siglos por un sendero lleno de obstáculos que parecían ser imposibles de evitar. Era como si estuviera agotado de caminar y caminar, de vivir y de respirar, de llorar y de pensar.
Sí, en cuanto Jake se hubo despedido de mí, un lagrimón empezó a correr por mis mejillas como si llevara horas aguantando por salir.
Y probablemente era así.
No había podido conseguir eliminar la imagen de Tom, parada y mirándome fijamente.
Dios, lo había vuelto a ver. Lo había tenido delante de mí. Y me miraba a mí. El mismo chico que me había bloqueado en el móvil, al que había oído gemir al otro lado del teléfono el nombre de una chica, el mismo que estaba de viaje con una rubia cualquiera el día que yo había ido a buscarlo a su puta casa, justo a la otra punta del país.
Ahí estaba él. Mirándome.
No sé si me burbujeaba la rabia, o si en realidad me escocía el dolor, o si lo que sentía no eran más que las mariposas que revolotean en mi estómago como cada vez que lo veía o que estaba cerca, pero poco después de que desapareciera, me fui corriendo al baño a vomitar. No me encontraba bien, y no quería fingir estar bien, porque no podía.
No entendía nada de lo que pasaba, no entendía nada de lo que sucedía. No entendía porque Tom había ido a la cafetería, no entendía porqué había preguntado por cuando iba a aparecer yo, no entendí porqué seguía ahí inerte aguantándome la mirada, y desde luego no entendí el despido con desprecio que me propinó cuando me vio besando a Jake.
Y lo que no entendía aún menos fue esa claridad en sus ojos. Me preguntaba cosas con la mirada, me exigía información, pero no sabía a qué se refería. Yo intenté mantenerme lo más impasible que pude porque no quise desmoronarme ante él. Ni ante ellos.
Había tenido que resistir tanto las veces de levantarme de esa silla e ir corriendo hacia él… ¿Por qué has tenido que volver de esta manera?
Entré en casa poco antes de las diez de la noche y me miré en el espejo de la entrada algo horrorizado. El maquillaje que había tardado tanto tiempo en conseguir que me quedara perfecto, ahora dibujaba formas macabras bajo mis ojos, besando fúnebremente mis mejillas.
Me senté en el sofá de la sala y recé por no encontrarme ahí a mi madre durmiendo. Me senté y puse cualquier canal en la televisión. Me daba igual el programa que estuvieran dado la verdad, no lo iba a ver.
Me sumergí en una espiral de imágenes difusas que venían de mi cabeza, pero no estaba muy seguro de cómo interpretarlas. Ni siquiera eran claras, ni siquiera tenían una imagen definida. Hasta que algo se convirtió en nítido al instante.
Veía a Tom… Lo estaba viendo. Y lo veía reírse al lado del río, lo veía reírse y alargar los brazos hacia mí para cogerme y que no me resbalara al intentar entrar entre las rocas de la orilla. Lo veía radiante y alegre con la piel brillando al sol.
Me entró el agobio repentino y una falta de aire que no sabría no cómo describir. Era como los primeros meses de depresión, o peor, era como cuando lloraba después de estar una semana ocultándolo incluso de mi mismo. Era como cuando ya no podía más y estallaba en la primera esquina oscura en la que nadie me podía ver. En la que intentaba esconderme incluso de mi mismo.
Me costaba tanto llorar que berreaba en voz alta para poder coger aire, y chillaba que no lo entendía.
Me picaban los brazos y las piernas por la simple impotencia de lo que acababa de vivir. Me estaban entrando ganas de arrancarme la piel a tiras por sentir que estaba haciendo algo que me doliera más de lo que estaba sintiendo. Oh dios, podría matar a alguien y ponerme a reír en estos instantes. Sentía que se me iba hasta la cordura.
Y tanto fue así, que saqué el móvil prácticamente sin razonarlo. Bueno, a esas alturas, pedirle algo a mi razón era como pedirle a un pez que empezara a volar.
Yo sabía que lo que estaban apunto de hacer mis manos no iba a conseguir otra cosa que no fuera sumergirme más en la miseria que me estaba cavando, pero sentía la necesidad de hacerlo. Aunque ¿qué me esperaba? ¿Que realmente saliera bien? Era imposible, no podía ser que por una mirada tonta, él hubiera… ¿Y si lo había hecho?
Con los ojos algo llorosos busqué automáticamente el nombre del chico que me estaba torturando la mente. Con el pulso taquicárdico sostuve el móvil débilmente y le di a marcar prácticamente sin mirar a la pantalla. No sabía siquiera si le había dado bien hasta que, intentando silenciar en mi mente el sonido de los latidos de mi corazón, puede reconocer el de los tonos de la llamada.
Abrí los ojos desmesuradamente y me quedé completamente congelado.
Daba tono.
Daba tono.
Daba tono.
¿Ya no estaba… Bloqueado? Intenté analizar lo más deprisa que pude la situación, y me vi a mi mismo llorando a moco tendido, en el salón de mi casa, con un móvil que apenas podía sostener entre mis manos, con una llamada que no debería dar tono, y sin ningún plan de actuación.
¿Qué mierdas hacía ahora? ¿Colgaba? ¿Debía colgar el teléfono?
Mientras me preguntaba a mí mismo que diablos podía hacer, el siguiente tono de llamada asaltaba como el segundero de una cuenta atrás demasiado corta.
No lo cojas… No lo cojas… Tom, no lo cojas. Me siento incapaz de colgar. No lo cojas.
Por primera vez en meses le estaba hablando a un Tom que seguía siendo imaginario, pero podía llegar a ser demasiado real. Era lo más cerca que había estado de una conversación con él. ¿Y si ahora cambiaba todo de golpe? ¿Y si…?
– ¿Hola…? – no sé si realmente dijo eso, porque en cuanto creí escuchar algo al otro lado de la línea, lo siguiente que entró por mis oídos fue un pitido ensordecedor, como si me estuviera aislando de la realidad. Como si acabara de caer una bomba, como si un disparo acabara de rozar el viento que pasaba cerca de mi oído. Piiiiiiiiii…
No me atrevía a responder. No podía pensar.
Me quedé en silencio, ni siquiera con la boca abierta apunto de decir algo. Absolutamente nada. Estaba en completo shock. El tiempo pasaba y probablemente la incertidumbre crecía en la cabeza de Tom. Ahora que recuerdo, tenía la voz como medio ronca. ¿Qué estaba haciendo? Espera… ¿El tiempo realmente estaba pasando?
-¿Oiga… hay alguien ahí? – de nuevo lo volví a escuchar. Mi corazón se saltó al menos dos latidos en lo que duró esa frase, y yo seguía sin saber qué decirle. Probablemente me colgaría al saber que era yo. O quizás le entrara la risa. Me dedicaba a mirar a la oscuridad del salón mientras seguía oyendo la tranquila respiración del chico de las rastas. Oh dios, si es que estaba al otro puto lado de la línea… Estaba ahí. Bill, puedes hablar con él. Es el momento de recriminarle tantas cosas… – ¿Bill? – Esa pregunta me frenó el corazón, y hasta creo que me hizo inspirar sonoramente, como intentando ahogar el susto. ¿Ha dicho mi nombre? – ¿Bill eres tú?
Oír mi nombre en su voz hizo que se me erizara la vello hasta del alma. Empezaba a no poder ni respirar de los nervios que tenía. Oh dios mío, quería decir algo, me moría de ganas de decir lo que fuera, pero me era imposible. Me había quedado en shock.
De pronto, una voz al otro lado de la línea me descolocó. “¿Tom? ¿Qué pasa? ¿Con quién hablas?” . Me quedé estupefacto en el sitio. ¿Era… Una voz de chico? Lo que estaba realmente claro es que los había pillado durmiendo.
Esto no podía ser… ¿Tom estaba con un chico? ¿Durmiendo en la misma cama? Espera espera, igual… Igual es Mario o Andy. Igual han venido a Berlín también y han compartido una habitación o algo…
“Pues no lo sé… No me contestan”. Se apresuró a contestar Tom. Noté como si estuvieran toqueteando el teléfono y finalmente alguien volvió a hablar.
– ¿Sí? ¿Quién es? ¿Sucede algo?– la voz de alguien que no supe reconocer asaltó al otro lado de la línea. Abrí los ojos tanto que sentí hasta dolor.
-No… No… Yo, este… Me he equivocado. Perdón… – no quise saber nada más y colgué enseguida.
Oh. Dios. Mío.
Esto te pasa por gilipollas, Bill. Esto te pasa por tener demasiada fe en algo que hace meses que debió quedarse tal y como estaba. Te empeñas en seguir sufriendo como si te gustara el dolor o algo. ¿Es que quieres ser un mártir o qué?
Tiré el móvil al suelo y más que empezar a llorar, continué con el llanto que había nacido de mi alma nada más separarme de Jake. Era prácticamente la banda sonora de mi soledad, con una partitura demasiado desgastada. ¿Alguien sabe ni que sea alguna estrofa más alegre? Se me están empezando a olvidar las notas…
-Bill… ¿porqué no aprendes la lección? – me dije a mi mismo en voz alta, apenas con un par de susurros que se ahogaban en las lágrimas que se iban derramando por mis mejillas.
Me quedé en silencio un buen rato, simplemente pensando en lo que acaba de ocurrir, aún bastante en shock. Intentaba razonar porqué Tom estaba con un chico aquí. Quizás en realidad solamente estaban en la misma habitación, una cama al lado de la otra… O igual se habían quedado sobados en algún sofá o… No tenía ni idea. Aunque la verdad es que parecía que la escena que había al otro lado de la línea telefónica era algo más íntima de lo que yo me quería admitir a mí mismo.
El sonido de unas llaves al otro lado del pasillo me descolocó, y me quedé algo quieto. Miré la hora y me di cuenta que eran casi las once de la noche. Mi madre entra las once a trabajar así que… ¿Quién mierdas era?
Me incorporé un poco, con el pulso a mil por hora, buscando algo con lo que poder defenderme en el supuesto caso de que fuera un ladrón y me encontré con la horrible situación de solamente tener el mando de la televisión. Intenté tragarme las lágrimas, serenarme y finalmente, esperé a ver qué pasaba. La verdad es que era algo estúpido ser un ladrón con llaves… ¿pero…?
-¿Mamá? – intenté, después de pensar un poco en la situación. Son casi las once, ¿no debería estar de camino al hospital?
-¿Bill? ¿Y esa voz? – me quedé un poco sobresaltado de que hubiera pillado al vuelo mi estado de ánimo sólo con oírme hablar. ¿Tan mal tengo la voz para que lo haya sentido? Mierda, ¿y ahora qué me invento? La oí avanzar lo más deprisa que pudo hasta mi posición, dejando las cosas probablemente en el suelo del recibidor para llegar cuanto antes. Mi madre es demasiado exagerada. – ¿Cielo qué te pasa?
Probablemente, encontrarme a oscuras en el comedor, no era tampoco una buena señal. Bill, deberías aprender a actuar más rápido y con más lógica. A estas alturas ya no podía fingir que no me pasaba nada, así que me limpié las lágrimas y me hice a un lado del sofá, para que ella pudiera sentarse conmigo.
Sin pedir permiso siquiera, cogí un cigarro y lo encendí ahí, así seguro que no me vendría a abrazar. Seguro que si hiciera eso, me desmoronaría ahí en medio otra vez.
Tal y como había predicho, se sentó a mi lado y me miró de forma muy seria. ¿Le decía la verdad o no?
-Hoy he descubierto que Tam ha estado en Berlín. – dije lentamente. Me había familiarizado con el concepto de Tam porque mi madre me había sacado el tema varias veces, sobre todo al principio de volver del campamento. Supongo que a estas alturas ya no me hacía gracia el nombre.
Cuando ella oyó lo que dije, se puso una mano en la boca, anonadada.
-¿Qué? ¿Y la has visto? – puso una mano sobre mi hombro, y sentí un puchero aflorar hasta no poderlo evitar.
-Sí… Pero, de lejos. No sé cómo explicártelo. Como si nos hubiéramos cruzado. – no podía explicarle todo el problema con Georg porque no era normal que le dijera que Georg y Tam se habían pegado. – El caso es que… Nos hemos visto un rato, y no se ha acercado a decirme nada. Aunque yo tampoco me he acercado… – a ver, la situación era más complicada que esa. Estaba Jake ahí y… Espera, no puedo explicarle lo de Jake. Mi madre no sabe que ahora me van las pollas y no creo tampoco que lo vaya a saber pronto. – Y la he llamado ahora… Y me lo ha cogido… – estaba empezando a hiperventilar de golpe. De pronto me faltaba el aire. – Y de golpe se ha puesto un chico al teléfono que no sé quién es… – enterré la cara en mis manos e intenté serenarme mientras mi madre me rodeaba los hombros y me acariciaba. Me sorbí la nariz sonoramente y le pegué una calada al cigarro como nunca antes.
-Cielo… Lamento oír esto. – me dejé consolar por mi madre un buen rato, y la vi mirar nerviosamente la hora más de una vez.
-Mamá… ¿No deberías ir a trabajar ahora? – me despegué de ella y la miré seriamente.
-Bueno, no te preocupes, puedo llegar un poco tarde. – me aseguró. Algo me decía que no era así, así que me levanté de ahí y me fui a la cocina.
-No importa ma, gracias por intentar consolarme. Ve a trabajar. – me preparé un vaso de leche ahora que ya estaba más calmado y esperé a oír su respuesta. Se apoyó en el marco de la puerta y después se me quedó mirando. Alcé una ceja, algo sorprendido con su actitud repentina. -¿Qué?
-Yo creía que estabas saliendo con Jake. – estuve apunto de tirar toda la leche que tenía en la boca. La miré con ojos como platos. – ¿Qué pasa? Vuestro comportamiento da a entender eso…
Probablemente debía estar como un puñetero tomate mientras hundía la mirada en la leche. ¿Qué coño….? ¿Cómo lo había descubierto?
-¿Qué comportamiento? – pregunté como quien no quiere la cosa.
-Pues ya sabes, que él estuviera siempre por aquí, que tú estuvieras siempre por ahí…
Vamos, que estéis siempre juntos. – se cruzó de brazos y me miró directamente.
-¿Te molestaría si fuera verdad? – sentía el corazón latirme a mil por hora, revolucionando mi cuerpo entero. Probablemente a estas alturas, ya estaba temblando. La miré después de estar un buen rato sin contestar. La vi con una mirada tan seria que me estaba helando. -¿Mamá? – quise alentarla, ayudando a que mi corazón tuviera ya una respuesta.
-No lo sé. – dijo de forma tajante. – Quizás me moleste más que tenga que adivinarlo yo sola.
Bajé la cabeza, algo avergonzado por sus palabras. Era totalmente cierto, joder. No se me había pasado por la cabeza confiarle algo así a mi madre, y que ella lo acabara descubriendo por su cuenta quizás iba a ser peor que contárselo.
-Cuando sepa realmente qué me pasa… Te lo contaré. – vale, yo sé exactamente QUÉ me pasa, pero no quiero demostrárselo. Ya le diré de aquí un par de semanas que “estoy sintiendo cosas raras”, y así verá un poco mi evolución sexual… Me sabe mal que se haya quedado fuera del proceso cuando probablemente ella habría sido la primera en apoyarme.
Asintió lentamente y después se acercó a darme un beso en la frente.
-Está bien. Cojo lo que me había olvidado y me voy a ir a trabajar que ya probablemente llegue tarde. – asentí ante sus palabras y después la vi marchar. Agarré lo que me quedaba del vaso de leche y después de calentarlo un poco, me lo llevé a mi habitación.
Subí a paso lento mientras le daba vueltas a todo. La verdad es que lo que había vivido había sido de lo más surrealista, y a demás, por ambas situaciones. Le seguía dando vueltas a quién podía ser la persona que había contestado al teléfono, pero también le daba vueltas al hecho de que había preguntado por mí instintivamente… Escucharle decir mi nombre me ponía la piel de gallina y una sensación indescriptible me recorría la columna vertebral.
Por otro lado mi madre y su sexto sentido también eran algo de lo que me debía preocupar. ¿Había adivinado lo de Jake sin yo decirle nada? ¿Aun sabiendo que siempre he negado que pudiera ser gay? Las madres son increíbles…
Dejé el tazón de leche humeante encima del escritorio y después me tumbé en la cama.
La verdad es que estaba bastante más sereno que hacía apenas media hora. Es como si mi mente se hubiera resignado a los acontecimientos y pensara “¿Para qué te vas a preocupar si no lo puedes cambiar?”. Digamos que estaba como a la deriva de la situación, sin dejar que me controlen los sentimientos y esperando simplemente a ver qué es lo siguiente que pasa.
Observando cómo el vapor de la leche se iba escapando de la taza sin poder remediarlo, el cuerpo cada vez se sentía más pesado. Los ojos se me fueron cerrando del cansancio y poco a poco me fui quedando dorm…
.
Me estaba congelando como nunca antes. Tom me había dicho que no me llevara demasiado ropa de abrigo porque la gracia era estar calentitos gracias al fuego de la hoguera, pero estaba tardando demasiado en hacerlo, y yo empezaba a querer incluso comprobar si estar bajo el agua era mejor que estar a la intemperie.
Eran las putas doce de la noche, y yo me encontraba sentado en una manta cerca de la orilla del lago mientras que Tom acababa de reunir la leña que quedaba para poder montar una hoguera decente. Llegó con dos sacos más y uno lo dejó apartado, supongo que para ir alimentando el fuego poco a poco a medida que éste se fuera consumiendo.
-¿Te estás congelando, no? – dijo como si no fuera obvio.
-¿Tú qué crees? – dije prácticamente sacándole la lengua.
En vez de contestarme me sonrió ampliamente y mojó la madera con un líquido que olía realmente fuerte. Supongo que seria líquido de quemar.
Lo vi sacar su mechero, un cigarro y un trozo de papel. Alcé una ceja algo sorprendido y observé sus movimientos. Primero prendió el papel con el mechero, se colocó el cigarro en la boca y lo encendió con el papel en llamas, y cuando estaba apunto de consumirse, lo tiró a la leña, haciendo que inmediatamente, toda la parte mojada por el alcohol, empezara a prender en llama viva.
Lo miré fijamente y pude ver en sus ojos el destello del fuego crispando a su antojo. Era hipnotizante, y la verdad es que también enamoraba sólo de verlo. Me mordí el labio sin querer y se me dibujó una tonta sonrisa en el rostro que no pude evitar.
Tom se giró como si se hubiera dado cuenta y me pilló. Me quedé un poco petrificado y lo vi sonreír tontamente.
-¿Y esa cara de embobado, tío? – me dijo mientras se acercaba y se sentaba a mi lado.
Alzó un par de veces las cejas y después me dio un codazo. Qué romántico que eres hijo mío… No le contesté y continué fijándome en el reflejo del fuego en sus ojos. Cada vez podía verle mejor porque la llama se iba avivando y el calor empezaba a sentirse en la punta de los pies. – ¿Bill? ¿Qué pasa? – dijo paseando una mano por delante de mi rostro.
Negué lentamente y fijé mi mirada en la madera ardiente. Escuchaba como ésta iba partiéndose y se acababa convirtiendo en ceniza.
De pronto empecé a sentir un vacío en el estómago. Un vértigo inexplicable que hasta me estaba dando arcadas. Lo miré de nuevo, y él supo ver el pánico en mis ojos enseguida.
¿Tom estaba aquí? ¿Estoy en el campamento?
-¿Bill? Oye, empiezas a asustarme. ¿Qué te pasa? – Tom puso su mano en mi cara y la sentí tan real que hasta el frío de sus dedos me puso la piel de gallina. Se la cogí enseguida y la apreté con fuerza, sin querer soltarle.
El corazón empezó a latirme muy deprisa y de repente me lancé a sus brazos y lo rodeé fuertemente, sintiéndolo en cada rincón de mi piel. Ya no quería el calor de la hoguera, quería su calor, quería sus brazos a mi alrededor, quería tenerlo para mí y para siempre.
¿Pero, esto está siendo un sueño…? Creo que esto no es una situación real?
-Tom… Me da la sensación de que estoy viviendo una alucinación. – me sinceré de pronto. Me separé poco a poco de manera inconsciente y empecé a mirarme las manos, de un lado y del otro, observándolas atentamente. Intenté pellizcarme en los brazos pero no pasaba nada. Sentía el dolor y sentía los ojos de Tom posados en mí.
-¿Qué dices? Esto es real, Bill. – lo vi negar un poco y dirigirse hasta su mochila. De ahí dentro sacó una manta que nos puso a ambos alrededor de la espalda y también sacó un par de bolsas, Una de ellas llevaba unos palos de madera finos y la otra estaba hasta arriba de malvaviscos.
De pronto me dio la sensación de que la realidad sí era ésta pero simplemente porque ya había vivido este momento y sabia que era real. Oh dios mío, no estoy entendiendo nada.
Mis pensamientos son de lo más difusos y sin sentido.
-De verdad Tom que no entiendo qué pasa. – le confesé de nuevo. Tom me puso un brazo alrededor de mis hombros, justo por debajo de la manta y después me tendió una pinchito de malvavisco ya montado.
-A ver Bill, sea lo que sea que te esté pasando, olvídalo. Debería ser un pecado que te estropeara este momento, ¿no crees? – alcé una ceja, algo sorprendido con sus palabras. –Sí, yo también puedo ser romántico si quiero ¿vale? A demás, si sigues así me vas a fastidiar el momento a mí también…
Dejé de sostenerle la mirada porque me sentía culpable con lo que acababa de decir. Igual tenía razón… Sólo tenía que relajarme y disfrutar del momento.
Tom notó mi intranquilidad y me dio un beso en la frente que noté más reconfortante que cualquier otra cosa en el mundo. Un calorcito empezó a recorrerme el estómago y sentí deseos de volverlo a sentir. Intenté avanzar de pensamiento pero de nuevo volví a sentir el vértigo apoderarse de mi cabeza. Ese sentimiento de “yo no debería de estar aquí ahora”, “esto no es real”.
-Tom… Vuélveme a besar. – sé que no se esperaba esa pregunta y lo noté dubitativo. –bésame en la frente de nuevo. No sé si esto es real o no, pero quiero… Aprovecharlo mientras pueda.
Ante esa revelación, Tom volvió a darme el mismo beso que hacía apenas uno instantes, en los que bebí de la sensación como jamás antes. El calor que recorría mis extremidades parecía un sentimiento lejano y confuso.
Hizo el amago de despegarse de mí pero de pronto me dio otro beso, y luego otro y otro y otro, hasta acabar dándome una ráfaga de besos por toda la cara que me hizo ponerme a reír escandalosamente. ¡Me estaba haciendo hasta cosquillas! Finalmente, terminó dándome un beso sube y casto en los labios.
-¿Mejor? – le sostuve la mirada y me sentí reconfortado.
-Sí…
Durante los siguientes diez minutos, estuvimos cocinando los malvaviscos y disfrutando de ellos tontamente. La verdad es que era una escena de lo más extraña si analizábamos nuestras maneras de ser. ¿Desde cuando somos así de romanticones? ¿Cómo es posible que tengamos un momento tan íntimo y tan de pareja los dos? Si apenas nos admitimos que nos gustamos.
Espera.
¿Estamos saliendo ya? ¿Aquí ya estábamos saliendo? ¿Qué día es hoy? Mi cabeza empezó a hacer cálculos a toda velocidad pero no salían resultados. ¿Porqué me da la sensación de que es Enero? Estamos en pleno verano, madre mía…
Intenté no pensar de nuevo en eso y negué insistentemente con la cabeza un instante. Era consciente de que Tom se había dado cuenta de ello, pero no hizo ningún comentario al respecto.
Observé mi malvavisco al fuego y en cuanto estuvo hecho, se lo puse en la cara a mi rubio. Sonreí tontamente. Él bizqueó al querer fijarse completamente en el dulce y luego me miró de reojo.
-¿Tengo que comérmelo? – dijo con una voz extraña.
-Ajá. – mi voz era entre maliciosa y divertida. – Como los enamorados. Yo te doy de comer, tú me das de comer…
-Sí, lo que me vas a comer es la….
-¡Tom! – lo callé enseguida. No pude evitar reír un poco por el comentario, pero aún así estaba algo ofendido. – No te pases…
-Que es broooma…- puso los ojos en blanco y después le pegó un bocado. – Oh, como quema…
Yo sonreí inocentemente y después de soplar a lo poco que quedaba en el pincho, me lo acabé comiendo yo. Un instante más tarde, noté cómo su mano se desplazaba de mi hombro a mi cintura, y me acariciaba tiernamente. Sin querer, apoyé mi cabeza en su hombro. Menudo cuadro estábamos hechos.
Y otra vez, esa horrible sensación.
-Joooodeeer… – no pude evitar quejarme, arto de todo.
-¿Pero qué diablos pasa, Bill? – se separó y me miró a los ojos, ya no sólo preocupado, si no que hasta con un poco de mosqueo.
-Yo… Joder Tom, lo siento, pero… De verdad que es como que esto no está pasando. Y tú no estás aquí, y… También siento que hace meses que no te veo. ¿Cuánto llevamos saliendo?
-Dos días, Bill. Hace dos días que estamos saliendo.
-¿Qué…? No puede ser… Noto que incluso estoy como… enfadado contigo.
Me miró seriamente y después me besó. Cogí aire del susto y después simplemente noté cómo los ojos se me aguaban de la sensación de volverlo a besar. Es que de verdad que siento que mi idea de él es sólo un fantasma del pasado. Por que quien me besa ahora es Jake y no Tom…
JAKE.
¿Quién es Jake? Jake… Jake… ¿Estoy engañando a Jake?
Mierda, yo…
No me pude separar porque besar a Tom era un privilegio que no podía ni imaginarme. Estoy besando a Tom, y está pasando ahora. Así que no sé quién es Jake ni porqué es alguien importante, pero no me importará hacerle daño con esto si se trata de mi rubio con rastas… De mi Tom, que está aquí y ahora, besándome.
-¿Ves? Es real… – le oí decir al sepárame del beso. Abrí los ojos con temor pero gracias a dios, y la persona que me devolvía la mirada seguía siendo la misma. No se había desvanecido ni evaporado en mi recuerdo. ¿Esto seguía siendo la realidad? Que diga, ¿seguía siendo un sueño? Que diga… – ¿A qué le temes?
¿A qué le temo? A volver a separarme de él. Bueno, no sé porqué digo “volver”. Aún no se ha acabado el campamento, aún quedan días por vivir juntos.
-No quiero perderte. – se me hizo un puchero en los labios que no pude controlar.
-Eso no va a pasar. – una sonrisa de lado en su rostro me derritió el corazón pero hizo que me ardieran las entrañas. Sabía que habían falacias en esas palabras. Lo sabía porque lo había vivido.
-No me mientas. – de pronto me estaba enfadado con Tom, y no sabía porqué. Él se quedó muy sorprendido de oírme y tiró el rostro para atrás. – Cuando fui a tu casa no estabas. –¿Qué acabo de decir? ¿Cuando yo fui a dónde?
-¿De qué hablas Bill?
-¡No finjas que no lo sabes! ¡Cuando fui a tu casa no estabas! ¡Te habías ido con la… rubia esa!– me empezaron a salir lágrimas incontrolables al mismo tiempo que mi voz se hacía cada vez más profunda y quebrada.
-Nunca has estado en mi casa, Bill… – me puso la mano en la mejilla y sentirle el tacto de nuevo amainó la rabia que estaba emergiendo poco a poco. Es verdad… Si sólo llevamos dos días juntos, aún no he ido a su casa. Por lo tanto aún no hemos hecho el amor. ¿Porqué sé cuándo vamos a hacerlo? No lo sé pero la mano de Tom me reconforta. La mano de Tom… El tacto de Tom… Le agarré la mano y se la besé. – No me quiero separar de ti nunca.
-Yo tampoco. – no dejé de besarle la palma de la mano y de acariciarle los dedos. De pronto una idea me vino a la cabeza y me puse como loco. – ¡Tu teléfono! ¡TOM! ¡Dame tu teléfono! – sentí cómo me faltaba incluso la respiración con esa idea. Saqué mi móvil del bolsillo y él me miró sin entender nada. – Tom, me tienes que dar tu teléfono ahora, y lo tengo que guardar en el mío, YA. Si no… Cuando llegué a Berlín lo habré perdido, y te habré perdido para siempre y yo… Y Jake… – ¡Otra vez Jake!
-¿Cómo? A ver a ver, ¿quieres mi móvil? Vale espera… No me lo sé de memoria.- Sacó de su bolsillo su móvil y buscó algo en él. Me lo tendió y pude ver la información de un contacto. En la parte superior podía leer perfectamente “yo”, pero no podía leer los números.
-¿Qué…? – intentaba leerlos pero no era capaz. Eran como inacabables al mismo tiempo que se entrelazaban unos con otros. Había apuntado un par y me daba la sensación de que ya los había apuntado. Miraba la pantalla de nuevo y no eran los números que acababa de apuntar – Tom no… No puedo verlos bien. ¿Qué pasa?
De pronto el aparato en cuestión empezó a hacer sonidos y me quedé anonadado. La foto de quién llamaba era una rubia que no conocía de nada, y que tenía un escote escandaloso. Lo miré con odio y él solo puso cara de circunstancias mientras me arrebataba el móvil de las manos y descolgaba al paso que se iba alejando.
-¿Sí? Dime…
-¿Tom? ¿Dónde vas…? ¡Tom! ¡¡TOM!!
.
-¡¡TOM!! ¡¡TOM!! – me desperté en mi cama, totalmente empapado en sudor. Tenía la respiración acelerada y me daba la sensación de que faltaba algo ahí y que no encontraba.
Miré a mi alrededor y pude comprobar que estaba aún con la ropa de calle. La taza de leche caliente ahora estaba congelada. – ¿Qué hora es? – miré mi móvil y leí las 3:33 de la mañana. Wow…
Intenté frotarme los ojos y despejarme sacudiendo la cabeza un poco. ¿Qué diablos había pasado…? Había tenido una pesadilla.
Me dirigí pesadamente hasta mi armario y me dediqué a desnudarme poco a poco. Mis movimientos eran pesados pero porque mi mente intentaba analizar sobre qué había soñado. De lo que estaba seguro era de que se trataba de una pesadilla horrible. Horrible.
Me puse unos pantalones de pijama cualquiera y la camiseta que llevaba meses usando casi siempre para dormir. Era la que le había robado a Tom cuando estuve en su casa, pero ya no olía a él ni me reconfortaba por las noches.
Ahora era una simple camiseta.
Vale… He soñado con Tom.
Suspiré sonoramente ante su imagen alumbrada por la hoguera. Diablos… ¿Por qué mierdas se ha sentido tan real todo? ¿Por qué no podía despertarme? Me daba vergüenza y rabia verme a mí mismo disfrutando de nuevo de su compañía, de verme arrastrado por su idea, de chillarle a un recuerdo del pasado que intentara arreglar las cosas… Me da pena mi Bill del sueño que intenta desesperadamente apuntar un teléfono ilegible… Me da pena mi Bill del sueño que besa las manos de Tom aunque haya tenido dudas durante todo el rato.
¿Por qué tengo el sueño tan vívido? Recuerdo hasta el tacto de sus labios. Bueno, pensándolo bien, el sueño sí está basado en un recuerdo real, igual por eso parecía que sí estuviera pasando. Recuerdo aquella noche vagamente la verdad, apenas estuvimos comiendo malvaviscos y riéndonos el uno del otro.
Cómo ha llegado a exagerar mi mente aquel recuerdo.
Un vacío en el estómago me hizo prácticamente tener náuseas.
¿Qué ha pasado conmigo? Estoy tan hecho mierda desde el verano… Lo noto en cada parte de mis huesos, de mi ser. He cambiado totalmente desde que no estoy con Tom. Ya no me río tanto, ya no disfruto de las cosas, ya no puedo hacer mi vida sin pensar un poco en él y sentirme culpable… Es como que… Yo no soy yo cuando no está conmigo. Estoy solo.
Ich bin nich ich wenn du nicht bei mir bist.
Bin ich alleine.
Mis ojos viajaron al trozo de papel más cercano que pudiera encontrar. Quisiera o no quisiera, me había venido la inspiración y sentía que lo que mejor podía hacer ahora era escribir y soltar toda mi mierda en palabras.
Una vez más, mis letras reflejaban un estado de miseria que no era normal. ¿Cómo es posible que mis letras siempre fueran tan tristes, tan oscuras? Supongo que sufrir es algo que me define. De todas formas, empecemos desde el principio.
Meine Augen shaun mich müde an,
finden keinen Trost.
Ich kann mich nicht mehr mit ansehn
Bin ich los…
Estoy perdido.
Podía prácticamente sentir el punteo de ésta canción, y cómo no, el que la tocaba era el rubio de las rastas.
Negué con la cabeza, intentando eliminar esa idea de mi cabeza de nuevo, y me sumergí en la letra de la canción. Estaba describiendo a la perfección lo que me estaba sucediendo.
Yo no soy yo cuando no está conmigo. Y sin quererlo sueño con él para llenar el vacío que me deja, pero entonces me despierto y veo que sin embargo, sigo aquí solo, apenas con un recuerdo de él.
Ohne dich, durch die Nacht…
La noche. Cómo no. ¿Qué hay ahora mismo que sea más él que la propia noche? ¿Qué tengo a mi alcance que me recuerde más a él? Ni siquiera ésta camiseta. En todo caso, el rincón que ocupa en mi mente siguen siendo más lágrimas y más noches abrazado a un olor que se iba desvaneciendo sin remedio. Está claro que sólo me queda la noche. Las estrellas son su firma. Él y su noche… Él.
Ich kann nichts mehr in mir finden (No puedo encontrar nada más en mí)
Was hast du mit mir gemacht? (¿Qué has hecho conmigo?)
Ich seh mich immer mehr verschwinden (Me veo desaparecer cada vez más.)
Eso Tom, ¿qué has hecho conmigo?
Yo no soy yo si no estás a mi lado.
Continúa…
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