Largo invierno 13

Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno

Capítulo 13: Not even close

Tom

Hace ya un par de semanas que habíamos vuelto a Düsseldorf y me moría de ganas de volver a Berlín ya. No soportaba seguir aquí encerrado y más aún, no soportaba saber que en la otra punta del país, había alguien con mi misma cara y que yo aún no conocía.

No quería pensar mucho en el tema del “hermano gemelo” porque tampoco quería llevarme ningún tipo de decepción. A ver, no es que tenga expectativas ni nada así, pero igual me lo imagino idéntico a mí y después resulta que somos de esos que estaban en dos bolsas distintas, o que no se parecen en nada o… Yo que sé, no quería darle muchas vueltas a ello y ya.

A demás, últimamente tampoco es que estuviera haciendo mucho. Desde que tenía este tipo de “relación abierta” o cómo queráis llamarle a mi situación sentimental con Biel, él hacía todo lo posible para no salir de fiesta o salir por ahí a algún lugar de ambiente. Esto era sólo para asegurarse de que no me iba con nadie más. No es que tenga todo el día ese pensamiento en mi cabeza, pero ya tenía la mosca un poco detrás de la oreja.

Aunque el sexo con Biel había mejorado a pasos agigantados desde que volvimos. El primero cayó tres días más tarde, después de que la herida se hubiera curado del todo y Biel había recuperado del todo la confianza en mí. ¡Y no era para menos! ¡Esos tres días sólo me había faltado ponerme un delantal y una falda sexy de sirvienta, porque lo hacía todo por él! Que si le hacía la cena, lo iba a buscar, poníamos las películas que a él le gustaban… En fin. Cómo si estuviéramos saliendo y me hubiera castigado sin sexo una semana y yo intentara arreglarlo como fuera. Dios mío, estoy hecho un calzonazos…

Al menos Biel había vuelto a ser el mismo de siempre y eso me alegraba enormemente. Era sorprendente lo fácil que lo tenía para sacarme una sonrisa con sólo hacer un poco el tonto. No le quiero como pude querer a Bill pero… Le tengo cariño, joder.

Y sobre todo con las cosas que hace en la cama. Maaaaaadre mía, tendríais que ver lo puñeteramente elástico que es. No parece ni de este planeta. No te has dado cuenta y de repente tiene una pierna mirando para cada lado.

Dios Tom, te estas empalmando aquí en medio, contrólate.

Ah, he de comentar que estoy en medio de un café. Sí, una tarea muy repetida últimamente. Desde que volvimos de Berlín habíamos hecho como tres cafés por semana. En concreto estábamos Mario, Andy, Biel y yo. Ellos tres lo llamaban algo así como “la tarde marica”. Y no era por nada, claro…

Quién me habría dicho a mí hace un año que yo ya habría follado con dos tíos distintos para estas fechas. Dios mío Tom, ¿qué está siendo de ti? ¿Dónde está aquel semental que se follaba a tres en un día?

Aaaauuunqueeee…

Yo podría seguir follándome a tres en un día. Pero podría ser posible que esas tres… tengan polla. O sea, que me follara a tres tíos en un día.

¿Sería eso posible? Bueno, la pregunta es… ¿Realmente me gustaría eso? Hombre, si son del mismo estilo que los B’s, seguro.

Otra vez se me está empalmando.

Tom contrólate que estás en público por dios.

Pero pensándolo bien, si yo ahora decidiera ir a un bar gay con la intención realmente de ligar, ¿qué acabaría pasando? Bueno, lo más seguro es que Biel se enfadara conmigo y me odiara. Y lo siguiente es que probablemente no encuentre a nadie del mismo estilo que ellos. Aunque Mario sí es un poco como ellos dos. ¿Me pondría tirarme a Mario…?

¿¡Pero qué mierdas estoy pensando!?

Supongo que el principal problema sería de nuevo que con Biel ahí no podría concentrarme y acabaría por dedicarle toda mi atención a él, y convenciéndolo para irnos al cuarto oscuro los dos. Quizás cuando esté en Berlín pueda irme a un bar gay yo solo, y como no tendré la presión de Biel encima…

&

¿¡Estoy pensando en irme a un bar GAY en Berlín!?

Será mejor que deje de pensar porque cada vez estoy diciendo más locuras. Esto no es ni medio normal, vamos. Negué con la cabeza y me fijé en la cerveza que había encima de la mesa y que aún no había llegado a probar. La agarré con fuerza y fui a pegarle un gran trago. Oh… Adoro la cerveza.

-Por cierto, ¿alguno sabe quién es Bill? – de pronto, toda la cerveza que había dentro de mi boca, salió disparada en todas partes bañándolos a todos. Andy que también estaba bebiendo lo consiguió evitar en el último momento, pero después empezó a toser. Mario, simplemente se quedó estático, cómo en la sobra. Evidentemente, la pregunta la había formulado Biel. – Oh dios ¿entonces sí existe? – me miró indignado y yo no supe ni cómo mierdas esconderme de esa acusación.

-¿De dónde has sacado ese nombre? – ale, así arreglo yo las cosas… Si es que soy imbécil. No es que hubiera negado su existencia en realidad, pero desde luego tampoco la había secundado.

-Pues de ti, en realidad.- su tono no era de enfado, pero tampoco se le veía animado que digamos. – Al principio creí que no te estaba entendiendo bien, o que con el calor del momento no sabías ni pronunciar bien mi nombre, pero a la cuarta vez empecé a sospechar.

La boca me llegó al suelo.

-¿Estás hablando de sexo? – se le ocurrió preguntar a Mario, que parecía ser el único en reaccionar un poco.

-Sip… – se le enrojecieron las mejillas como si tuviera dos puñeteros focos debajo de la piel. Yo no pude más que esconder el rostro bajo las manos. Esto no podía estar pasando… –¿Entonces Bill sí existe? – buscaba la respuesta en la mirada de alguno de nosotros, gracias a dios que yo apenas veía entre los huecos de los dedos.

-¿Qué mierdas pasa contigo, Tom? – Andy hizo caso omiso a la pregunta de Biel y me miró amenazante. -¿Es que quieres echar a perder todas las puñeteras oportunidades que te está ofreciendo el mundo o qué?

-¿Qué oportunidad ni oportunidad? – soltó Mario, muy cínicamente- ¿No ves que es una fotocopia cinco años más joven que el otro? Es lo mínimo que me esperaba oír, la verdad… Era… Previsible. – me estaban entrando ganas de abofetear a Mario con la mano abierta, pero me mordí la lengua.

-Supongo que tienes razón.

-¿Alguien me explica que mierdas pasa? – el pobre cachorro sonaba a indefenso y recién abandonado. Miieeerda…

-Pero es que a demás, no lo entiendo. No has hablado de él en siglos, ¿Es que nos ocultas que sigues pillado o qué? No nos lo ocultes tío, somos tus colegas. – habló el rubio de nuevo.

-¿Pillado? ¿Cómo que pillado? ¡¿Quién es Bill?! – de golpe me agarró del brazo y me hizo la pregunta a la cara, a mí directamente.

-El chico que lo cambió de acera… – la voz fúnebre de Mario me ensombreció. Por un instante pude ver que en realidad no le cabreaba mi situación, le cabreaba Bill. Habían sido casi mejores amigos, y a él también le parecía amargo lo que sucedía. Enterré los ojos en mis pantalones y noté cómo el agarre de Biel baja la fuerza, pero sin llegar a soltarme.

-¿Y me parezco a él? – no se estaba enfadando, estaba intentando entender.

-Ligeramente. – fue lo primero que dije, y prácticamente me salió automático.

-No le mientas, Tom. – apretaba el puño fuertemente, intentando controlar las ganas de tirarle la silla a la cara. – Sí Biel, la verdad es que os parecéis mucho, algún día te enseñaré una foto.

-¿Y porqué mierdas ibas a hacer eso? ¿Qué necesidad tiene el chaval de verlo? Mario, me estás cabreando, me hablas con desprecio y decepción y no me hace puta gracia, soy el primero que está flipando con el tema ¿vale? Dame un respiro, joder.

-El respiro dáselo a él, Tom. A mí me cae demasiado bien como para que le mientas en mi cara. Lo siento pero no puedo.

-Oye oye, por favor, parad. – dijo de pronto Biel, que estaba mirándonos como si fuéramos sus padres, en plena pelea de pareja. – No sé quién es Bill, y me da igual si me enseñas cómo es, pero… Yo entiendo lo que es tener un… ¿amor frustrado? Bueno, en realidad no sé cómo es ese amor que tienes con Bill, pero por lo que parece… Aún te acuerdas de él. Y lo entiendo, mis procesos de asimilación también son largos. – se quedó callado un instante, mirando al suelo, se rozó los dedos en los labios, como intentando pensar, y luego volvió a alzar la mirada, dirigiéndola directamente a mí. – No me importa. Yo te ayudo a olvidarte de él, Tom. – alcé las cejas, sin esperarme lo que acababa de decir. – Estoy aquí para ti.

Me lo quedé mirando un instante y al siguiente ya lo estaba besando. Lo agarré de las mejillas fuertemente y después lo rodeé lo que nuestras sillas me permitieron rodearle. Le pasé la mano por el pelo y luego le di un pequeño pellizco en la mejilla.

-Éste es mi cachorro. – me di cuenta de la efusividad que estaba sintiendo en estos instantes. Y la verdad no entendía porqué.

-Madre mía, Tom. Está claro que el tema de Bill te tenía preocupado. – dijo el rubio. Lo miré algo interrogante. – No me jodas, estás como radiante. Está claro que era algo que te preocupaba. Me alegro Biel que te lo hayas tomado así, como mejor amigo suyo, lo agradezco.

-Sí, parece que se haya quitado un peso de encima.- dijo Mario, también algo más alegre.

-Creo que me ha entrado el pánico durante la conversación… – admití. – Creí que saldrías corriendo o me odiarías o… No lo sé. Me alegra que no estés enfadado. – esto me costó la vida y media admitirlo, pero ahí estaban; las palabras más sinceras que podría decir en estos momentos.

-¿Y desde cuando te llama así cuando lo hacéis? – preguntó Andy.

-Pues desde la primera vez. – respondió sin pensar.

-No jodas, ¿lleváis un mes y medio follando y ahora comentas lo de Bill? – el rubio estaba anonadado.

-Desde hace un par de semanas… Desde Berlín. – Tanto Mario como Andy se acercaron físicamente, como si nosotros tuviéramos un imán que los atrajera. Ambos tenían cara de no creerse sus palabras. Joooder, vale, no les he dicho que he estado a pan y agua casi un mes, ¿y qué más da? – ¿Y esas caras? – se sorprendió Biel. Enseguida fui a responder a esa pregunta.

-Nada, que yo soy de los que follaría antes de la cita si eso fuera físicamente posible, y deben flipar de lo que has dicho ¿verdad? – resumí. Ambos asintieron enérgicamente. – Oh vamos, le saco un cojón de años… Me sentía un poco pederasta.

-Y menos mal que lo hicimos en Berlín, porque si no, aún estaría esperando… – rodé los ojos ante ese comentario y me fui a encender un cigarro. La imagen del primer polvo con Biel no hacía más que recordarme lo que, muy en el fondo, más importante sucedió en aquella ciudad.

Sin darme cuenta me había sumergido en el recuerdo yo solo, y vislumbraba amargamente cómo Bill me miraba fijamente sin demostrarme ningún sentimiento, incluso recordaba el beso con Jake, el “tú por encima de todo”…

-¿Tom? ¿Tom? – salí del trance prácticamente a la fuerza, y lo agradecí, porque probablemente estaba a un pensamiento más de quedarme atrapado. Miré a Mario que me observaba con detenimiento. Negué con la cabeza, sacando definitivamente los pensamientos de mi mente. – Tom, ¿me acompañas a comprar tabaco? – puso una sonrisa un tanto falsa y no pude más que alzar una ceja.

-¿Que no tienes novio o qué? – estaba un poco sorprendido por la proposición y lo único que recibí a cambio fue una patada por debajo de la mesa. – ¡Me cago en…! Que sí que sí, ya te acompaño…

Nos levantamos y fuimos al estanco más cercano al bar. Apenas teníamos que girar en una esquina que estaba a un minuto y en cuanto llegamos a esa altura, Mario me paró y me apoyó contra la pared. Se sacó una cajetilla de tabaco prácticamente nueva y se encendió un cigarro.

-¿Pero qué…? – estaba flipando mucho.

-Oye, esto sólo era una excusa… – me tendió un cigarro y lo acepté, algo desconfiado. –Te he notado algo raro, Tom. ¿Qué pasó en Berlín? – me sostuvo la mirada sin vacilar ni un instante, fruncí los labios y después de pegarle la primera calada al cigarro, suspiré.

-No entiendo porqué me preguntas esto.

-Porque te conozco, eres mi mejor amigo, y sé qué caras pones.

-¿Y qué cara tenía, si se puede saber? – le reté.

-Cara de haber visto a un ex. – dijo medio triste y con burla al mismo tiempo. No le contesté a eso y simplemente me dediqué a maldecirlo en mi mente. Negué con la cabeza, no como si hiciera referencia a su pregunta, si no a que me estaba cogiendo por los huevos completamente. – No me lo puedo creer… – Mario se llevó las manos a la boca y puso los ojos como platos. – ¿Qué… Qué pasó? ¿Qué te dijo? ¿Cómo fue? Oh dios mío, ¿Tom estás bien? – me abrazó fuertemente y sentí que con eso, la fuerza que había intentado adquirir durante estos días, se desmoronaba prácticamente al instante. No lloré, pero empecé a convulsionarme como si estuviera tiritando de puro frío. Intenté poner la mente clara.

-Nada. Nada de nada, Mario. – dije impasible, aún recordando aquella mirada tan vacía. ¿Le habría yo demostrado sólo con mirarlo todo el dolor que sentía? ¿Supo él leer mi miedo y rabia? ¿Mi frustración e incomprensión? ¿Mis sentimientos? ¿Pudo acaso ver el fantasma de todas las puñeteras lágrimas que había conseguido derramar por él? No lo sé, pero yo no él no vi nada. Algo de confusión quizás, un ligero fruncimiento de ceño… Por el amor de dios, que me tenías delante… Me debías una explicación, Bill. Yo no podía salir porque Georg podría denunciarme, pero tú… Podrías haber fingido cualquier excusa, y haber venido. Podrías haberme explicado qué mierdas había pasado por tu mente para joderme la vida así de esta manera. Respiré fuertemente e intenté apartar esos pensamientos. – Lo vi de lejos. En el bar donde conocimos a aquella camarera. – Los ojos de Mario empezaron a abrirse desmesuradamente por pura sorpresa. – La fui a ver, y al parecer era la novia de… –suspiré- …Georg. – Mario se tapó la boca.

-No me jodas.

-En cuanto me vio se puso como loco, a mandarme a la mierda y a decirme que me largara de ahí. –aún aquellos recuerdos parecían ser una mera alucinación. ¿Va ser siquiera verdad? como loco, a mandarme a la mierda y ha decirme que me largara de ahí? en que cada dos días, ¿cómo podía ser siquiera verdad? – El golpe del labio en realidad me lo dio él. Me obligó a salir de la cafetería y me dijo que lo hiciera antes de que llegara “él”… – ilustré eso último haciendo las comillas con los dedos.

-¿Él? ¿Bill? – por el cambio en su tono de voz podía ver que se estaba realmente metiendo dentro de la historia. 

-Sí… Quise quedarme pero me dijeron que la policía ya estaba de camino y tuve que largarme. De pronto, me escondí en una calle cercana desde donde podía ver más o menos y lo oí… Lo oí, Mario. Bill estaba en la puñetera acera de enfrente, yendo hacia el café, y hablando por teléfono con su novio.

-¿Su novio? – tener que explicar quién era el chico no se me hizo la mitad de doloroso que cuando tuve que explicarle el momento en que creí haber recuperado a mi moreno porque parecía que iba a ponerse a buscarme y sin embargo decidió “quedarse con Jake por encima de todo”. – Dios santo, cielo… Eso debió ser doloroso. – me encogí de hombros ante esa frase y simplemente intenté sobreponerme a los pensamientos. – ¿Por eso te tiraste a Biel en Berlín? ¿O dio la casualidad de que fue antes de todo eso?

-Fue nada más verle. – admití amargamente. Mario asintió pesadamente, pero no pareció juzgarme. Eso me alegró. – Sé que igual no era lo más acertado, pero lo necesitaba mucho. Ha sido una de las peores experiencias de mi vida, Mario.

Él no contestó a eso y simplemente me dio un par de palmadas en el hombro.

-¿Por qué no me lo contaste? – no leí dolor en sus ojos, pero si un poco de tristeza.

-Supongo que no lo quería ni admitir para mí mismo. No es algo de lo que me haya alegrado precisamente, ¿sabes? – asintió amargamente y después hizo una señal con la cabeza para indicarme que volviéramos con el resto.

-Tienes bastante suerte de que Biel se lo haya tomado así de bien, la vedad.

-Y que lo digas… – eso fue lo último que compartimos antes de llegar a la mesa.

Yo miraba a Biel de reojo, que parecía estar metido en su mundo. Me preguntaba en qué estaría pensando. Igual le estaba dando vueltas a cómo era este tal Bill. O cómo lo conocí… Igual hasta se está preguntando que si me acerqué a él en fin de año simplemente porque se le parecía. La cuestión es… ¿Y qué iba a contestarle a eso? ¿Que sí? ¿Que esto ha tenido una continuación porque es su viva imagen? No podía decirle eso así de claro. Le rompería más el corazón.

Últimamente el pobre está sufriendo demasiado sólo por mi culpa, y a veces me dan ganas de desaparecer de su lado para dejar de hacerle sufrir. No es justo. No lo es.

-¿Y cómo es Bill? ¿Vosotros también lo conocéis, no? – tensé la mandíbula cuando escuché esa pregunta. Deja de torturarte, muchacho.

-¿Por qué lo quieres saber? Ya no está, no existe. – dije amargamente.

-¿Y si volviera?- su tono de voz triste hizo que se me encogiera el corazón. Respiré profundamente y el hecho de tardar tanto en contestar pareció que ya le sirvió de respuesta. – ya veo.

-Oye, eso no lo puede saber a ciencia cierta. – me excusó Andy de golpe. – Sí, conocemos a Bill y el poco tiempo que pasamos con él ya sirvió para tener un gran verano, pero también hizo cosas más tarde que nos hizo preguntarnos seriamente si el Bill que conocimos era el real.

-¿Qué hizo?- dijo serio.

-Mandar a Tom a la mierda muy sutilmente.- dije yo hablando de mí mismo. – Oye Biel, enserio. Olvídalo. No volverá, y tampoco quiero que vuelva ya ¿vale? A estas alturas me importa más bien una mierda.

.

Bill

Amenazaban las doce de la noche y aún no habíamos salido de aquel antro. Era un sábado lleno de emociones que podríamos vivir en un local de fiesta, con alcohol y con música, y en vez de eso estábamos aquí.

El alcohol sí estaba, pero no había música. O si la había apenas se escuchaba con todas nuestras voces. Y como siempre, yo volvía a sumergirme en mi mundo, y me puse analizar la situación actual… Como otras anteriores cientos de veces.

Desde hacía un par de semanas la cosa estaba realmente tensa entre Jake y yo, y no era de extrañarse. Desde la “visita” de Tom y el encontronazo que hubo con él todo ha estado realmente peliagudo. Ni hablar de los primeros días en los que no me atrevía ni a llamarlo o a contestarle los mensajes. Me sentía mal por él, y sentía como que lo había traicionado a la primera de cambio.

A raíz de eso, algo en mí hacía que aceptara casi cualquier plan que él propusiera, simplemente por intentar que estuviera contento.

Vimos películas de superhéroes que solamente le gustan a él, e incluso cenamos una vez en un japonés. Supongo que al ver que estaba cediendo tanto en las cosas que a él le apetecían que decidió también tentar la suerte con el tema de sus amigos.

Siempre me ha dicho que los chicos que conocí en fin de año eran lo más parecido a sus amigos de la infancia que tenía en el pueblo de la costa. De hecho, Christian había venido de allí con él pero no se habían ido a vivir juntos.

El panorama era el siguiente; Jake vivía con James y David, que había visto alguna vez por su piso además de la noche de fin de año. Se conocieron los tres al mismo tiempo y al parecer todos tenían unos gustos parecidos por… absolutamente todo.

Christian era el amigo de infancia de Jake pero decidió venirse más tarde para Berlin y para cuando estaba todo seguro Jake ya lo tenía todo acordado con James y David.

Aquí es donde entra en juego Jan, el compañero de piso de Christian. La verdad es que se habían ido a juntar los dos polos más opuestos del grupo. Christian era lanzado, ligón y con cierta malicia si le apetecía. Jan era todo lo contrario, muy tímido, simpático, y probablemente virgen. ¿Qué si era gay o hetero? Ni idea, pero algo me decía que fuera lo que fuera, le interesaría más si estuviera hecho de píxeles. Jan era un auténtico friki.

Delgado, con gafas, algún que otro grano y camisetas de videojuegos. Sí, como sacado de una película yanqui.

Como mínimo, por raro que pareciera, Christian y Jan habían congeniado muy bien porque cada uno le aportaba al otro lo que no tenía. ¿Y qué tenía Jan que no tuviera Christian? Los pies en la tierra. En más de una situación había ayudado al presumido a salir de situaciones gracias a la tranquilidad y audacia que poseía el de las gafas. Christian en cambio, proporcionaba a Jan algo de sangre en las venas como quién dice.

Lo mejor es que el verdadero Jake afloraba en momentos como este. Siempre me había dicho que los ambientes fiesteros no eran lo suyo. Según él, aquel día que nos conocimos en la rave, él estaba ahí porque se habían juntado dos fenómenos esa misma noche: La buena música (no como la mía, como él dice) y la insistencia de Christian.

Siempre agradece que fuera en un ambiente más alternativo. Si yo no hubiera ido “a su terreno” él jamás habría pisado el mío, y lo cierto es que lo creía…

Ahora soy yo el que lo arrastra a mis fiestas. En su mayoría eran más del estilo de Carol y de lugares donde con un par de bafles montaban una fiesta, pero había tenido la suerte de llevar a Jake alguna vez a pubs con zonas VIP y todo.

Un trauma para él, ciertamente.

Así que era realmente ahora cuando lo veía en su salsa; Sentado en un bar, con cervezas amontonadas en la mesa, imposibles de contar, con el cigarro en la mano sin encender, con las ganas de salir a fumar a fuera pero pensado “bah, otro trago y salgo”.

El bullicio de la gente hablando, la música de fondo sin que llegue a ser protagonista de la noche. Las distintas voces y sobre todo los distintos acentos. Estaba en mi puñetera ciudad y había tenido que pedir una cerveza en inglés, ¡flipante!

Era curioso porque Jake olvidaba toda su atención en mí cuando estaba con sus amigos y sobre todo si estaba Christian, que parecía ser como su compañero de batallas. Hablaban entre ellos recordando antiguos momentos y se dedicaban a seguir bebiendo y bebiendo jarras de cerveza.

La verdad es que he de admitir que hasta me “enamoraba” ver a Jake tan contento y metido en un tema. Casi dejaba de importarme que me hubiera “olvidado”, porque me estaba encantando verle disfrutar de la cerveza, de la compañía, de sus amigos y de poder ver su verdadero él.

A raíz de todo lo que había pasado nuestra relación había sufrido enormemente una decaída y hoy era el primer día que parecía que la cosa se estaba arreglando. Supongo que precisamente por eso tampoco me importaba quedar en segundo plano esta noche. Aunque claro, siempre había algo dentro de mí que me decía que podía estar de fiesta, peeeero… No saquemos el tema otra vez que me deprimo.

Decidí salir a fumar de una vez ya que llevaba bastante rato posponiéndolo. Hice bastante visible mi intención ya que saqué el paquete de tabaco, el móvil y el mechero y me encaminé a la puerta. Jake asintió y pareció que se iba a quedar ahí cuando de pronto se levantó rápido y se acercó hacia mí.

-Al igual te dejo solo en un bar lleno de borrachos. – me agarró del hombro, en señal de posesión y me dio un beso en la mejilla muy tierno. Lo miré algo emocionado y simplemente asentí ante la proposición. Subimos las escaleras ya que estábamos en una especie de piso subterráneo decorado como con barriles y luces tenues, y llegamos cerca de la entrada. – Oye espera, voy a comprar tabaco en la máquina. Ya mismo vuelvo. – asentí y lo vi acercarse a la entrada de los lavabos, donde justo enfrente estaba la máquina.

Fui sacando mi propio cigarro mientras lo esperaba y me lo iba poniendo en la boca. Puse la mano en la puerta en cuanto lo vi agacharse para recoger el paquete de tabaco del surtidor. Algo en mí me hizo girar la cabeza y mirarle el culo. Madre mía, qué mordisco le pegaba yo ahora…

-Pero qué preciosiidaaaa… – una voz a mi lado me sobresaltó de mala manera. Me giré y vi a un hombre con la cara roja como un tomate, que me miraba prácticamente bizqueando. En una mano sujetaba la cerveza, y recé por que la otra no fuera un paquete de tabaco y quisiera salir a fumar. Gracias al cielo vi que era su móvil. – ¿Qué haces tan solo? –arrastraba las palabras pesadamente y el aliento a alcohol me azotó en la cara a medida que se me acercaba peligrosamente. Eso había sido muy desagradable.

-Me cago en la puta, ¿ves como no puedo dejarte solo? – Jake apareció y con poca delicadeza apartó al hombre dejándolo un poco descolocado. – Eh, lo siento pero ya está pillado. – en cuanto le soltó empujamos juntos la puerta y nos azotó el frío invierno alemán.

Al instante empezamos a tiritar pero procedimos a lo más importante, encender los cigarros. Se formó un silencio incómodo prácticamente al instante y supongo que de manera inconsciente le concedimos la culpa al frío y a las ganas de fumar. Cuanto antes fumáramos antes saciaríamos la necesidad y antes entraríamos de nuevo en el calor del bar.

-Me alegra que hayas aceptado venir con los chicos… Hacía tiempo que no salía con ellos de esta forma. – dijo de pronto Jake, rompiendo mi teoría al completo. Lo miré algo risueño y simplemente me encogí de hombros.

-Supongo que no paro de arrastrarte a todas partes y ya tocaba que yo cediera un poco. –ensanchó una pequeña sonrisa y posó la punta de los dedos en mis mejillas, acariciándolas. Me entró un escalofrío al sentirlas ya que habían cambiado bastante la temperatura en contraste con mi piel, de momento más caliente que la suya.

-¿Te lo estás pasando bien? Siento si no te estoy prestando mucha atención, yo…

-Eh, no pasa nada. Digamos que preferiría estar de fiesta, pero me gusta verte así de emocionado. El que me asustaba un poco era Christan al principio. Ya sabes, por lo de fin de año y tal…

-Bah, desde entonces creo que tiene claro quién se te puede acercar y quién no. Y la única persona que se te puede acercar soy yo. – se señaló y después me agarró de la cintura para acercarme a él. – Oye, siento que hayamos tenido estos días tan malos.

-No no, es normal que te enfadaras. Yo habría hecho lo mismo. – le dije serio, mirándolo a los ojos. – Sentí que te había traicionado muy rápido, y créeme que eso no lo voy a olvidar fácilmente. De hecho, gracias por perdonarme. – esta vez bajé mi mirada a la nada, intentando no sentirme avergonzado de lo que estaba diciendo. Fui a decir algo más cuando me levantó la barbilla con los dedos y me besó delicadamente. Me rodeó la mejilla más tarde con la misma mano, y luego profundizó el beso lentamente. Con mi mano libre lo aproximé más, acercándolo de la cintura y casi de manera instintiva, mi mano se coló por debajo de la chaqueta y de la camiseta para tocar su piel suavemente.

De un pequeño espasmo se separó de mí riendo pero con cara de mueca al mismo tiempo.

-Mierda, estás congelado. – aparté la mano enseguida, algo avergonzado.

-Oh lo siento, no había caído en eso… – negó con la cabeza, quitándole importancia y se acercó una vez más para darme un pequeño beso casto en la boca.

Acabamos de fumar y fuimos de nuevo para dentro, donde los chicos parecían haber cambiado a una conversación en la que todos hablaban de lo mismo, y ya no eran dos grupos separados. Al parecer todos estaban muy interesados en el tema porque no paraban de intervenir todos.

-¿Eh, de qué habláis? – dijo Jake mientras nos sentábamos, esta vez, uno al lado del otro.

-De sexo. – dijo rápidamente Christian. Jake soltó una risotada después de la respuesta. –Eh, que va enserio. – volvió a hablar el moreno.

-¿Y qué decís exactamente? – preguntó el rastas.

Hablar de sexo no era algo que me produjera ningún tipo de molestia ni nada por el estilo, pero si que podría suponer un par de momentos vergonzosos si es que Jake comentaba algo que yo sabía que tenía que ver conmigo. Está claro que en principio no iba a decir mi nombre, pero yo sabia que estaría hablando de mí.

-Pues lo típico, fantasías sexuales de cada uno. – comentó David como si fuera lo más normal. – ¿Queréis uniros también? Con un poco de alcohol en el cuerpo se está soltando cada burrada… – empezó a reír con timidez, como si él mismo hubiera sido uno de los propietarios de esas historias vergonzosas.

-¿No me digas? ¿Cómo qué? – preguntó Jake algo sorprendido, incluso me miró como diciendo “¿Qué habrán soltado estos cuatro?”. Yo me encogí de hombros y me acerqué un poco más para no perderme ningún detalle de lo que decían.

-Jan nos ha explicado que una vez…

-¡Pero tío, cállate! – dijo Jan prácticamente levantándose de la silla para taparle la boca a Christian. Pero éste, de manera bastante ávida, se supo apartar y continuar relatando su historia.

-…Se puso un traje de esos cosplays para hacerlo con una chica. ¡Y que ella también lo llevaba!

Abrí los ojos un poco, algo sorprendido, pero evité por todas intentar mostrar ningún tipo de emoción más. No es que me resultara vergonzoso, pero si era un poco raro. De todas formas, no quería hacerle sentir mal al pobre chaval.

-Yo he oído cosas peores de ese estilo.- me aventuré a decir.

-Sorpréndenos. – ésta vez era David.

-Pues… Una amiga mía me contó una vez que un tío le pidió que usara un cinturón de esos que llevan un dildo, para que ella se lo hiciera a él. Y le trajo disfraces y todo…

-No me jodas, ¿el tío se puso en faldita? – dijo James anonadado. Asentí lentamente mientras recordaba esa conversación con una amiga de Dawn, que por lo visto había visto bastante mundo. – Maaaaaadre mía. Yo sueño con hacer un trío con dos lesbianas, tío…-dijo pronto.

-Bill podría conseguirlo cuando quisiera.- la voz de Jake y lo que dijo nos dejó a todos en silencio. Y a todos me incluía a mi mismo. Evidentemente, ahora tenía cinco pares de ojos mirándolo fijamente. – ¿Por qué me miras así? Te has tirado a Ashley una vez, y estuviste saliendo con Dawn mucho tiempo. Seguro que si les dices algo aceptan enseguida. O como mínimo, se lo piensan un poco…

Alcé una ceja ante esa reflexión, y no pude evitar que se me escapara una sonrisa traviesa de entre los labios.

-¿Cómo? ¿Qué has estado con las dos? – David estaba que no se lo creía. Ensanché una sonrisa maliciosa ésta vez a propósito y pude sentir cómo me volvía a crecer un poco el orgullo masculino. Hacía mucho tiempo que no me sentía así. Me dieron ganas de beber más cerveza y todo.

-No sólo eso. Cuando se tiró a la pelirroja, estaba aún saliendo con Dawn. ¡O sea que le puso los cuernos con ella! – miré a Jake alucinando.

-¿Y tú porqué sabes todo eso? No es que me importe, pero vamos, me tienes flipando.

-Porqué me lo contó Georg. – me miró un poco serio después de ese comentario y supe entender más o menos porqué. Supongo que el castaño no se lo comentó de forma muy alegre.

-Madre mía Bill, y yo que te tenía por una marica en potencia. – dijo Christian mientras bebía de la cerveza.- ¿Con cuántos tíos has estado?

-Dos. – respondí rápidamente. No iba a mentir en algo así.

-¿Entonces has estado con más tías que tíos?

-Sí. Muchísimas más. – dije como si fuera lo más obvio del mundo.

-¿Y Dawn te perdonó lo de Ashley? – no me esperaba para nada que Jan hiciera esa pregunta. Lo miré un poco, manteniéndome en silencio y preguntándome si debía responder o no pero en una rápida mirada pude comprobar que estaban todos bastante interesados.

-Eeemm… No. A ver, yo ya quería romper con ella por aquel entonces… – intentaba ordenar las ideas en mi mente, rescatando de un cajón olvidado, un campamento que iba por el mismo camino. – Pero tal y como estaba ella, probablemente se habría solucionado más tarde.

-¿¡Que lo querías dejar con ella!? ¿¿Pero tú estabas tonto?? – David me miraba prácticamente enfadado, como si lo que le había dicho se tratara de un sacrilegio.

-No bueno… Es queee… – ¿Y ahora cómo decía yo que en aquel entonces me estaba empezando a enamorar de un chico? Jake iba a saber enseguida de qué chico se trataba y no quería que se enfadara otra vez.

-Nah, que este verano fue cuando se cambió de acera y para experimentar tenía que dejar a Dawn, ¿verdad? – lo miré con los ojos como platos. ¿Estaba de verdad diciéndolo tan tranquilamente? Para no darle más vueltas al asunto asentí lentamente e intenté cambiar de tema, pero cuando estaba apunto de abrir la boca, Christian me cortó.

-¿Y ya tenías un candidato para aquel entonces? – no sé si notó cómo lo fulminé con la mirada, pero pareció que no le importaba una mierda que el tema me tuviera incómodo.

-Claro, su ex. – Jake de nuevo. Lo miré de reojo, bebiendo tranquilamente de la jarra de cerveza. – Ya sabes, si ha dicho que ha estado con dos tíos y yo soy uno de ellos…

-Vale Jake, creo que no hace falta…

-Nono, es igual. No me molesta. – dijo eso, pero en ningún momento me sostuvo la mirada. De hecho, ni siquiera miró en mi dirección. Así que no me lo quise creer ni por un instante.

-¿Y cómo era tu ex?– Christian a la carga de nuevo. Entonces sí que noté la mirada de Jake encima de mí, y eso me puso muy nervioso. – O sea… ¿Cuál es tu tipo?

-No veo porqué esto es relevante. – dije tajantemente.

-Oh vaaaamoos… Es una tontería de pregunta, ¿por qué no quieres responder?

-Por que no me da la gana.

-¿Por qué te pones así? – quiso saber Jake.

-No me pongo de ninguna forma.

-Estás empezando a actuar de una forma muy sospechosa. ¿Qué le pasaba a ese tío? – de verdad que si no me pudiera llevar una denuncia por agresión, le habría partido la botella en la cabeza a Christian después de ese comentario.

-¿Sospechoso de qué? – dije prácticamente a la defensiva. Miré a Jake que me sostenía la mirada seriamente. ¿Quería que respondiera? ¿Y qué mierdas le digo? – No le pasaba nada a mi ex ¿vale? Lo único que pasa es que no quiero hablar de él y punto. – dije de forma tajante. – Si tanto os interesa con que sepáis que era rubio y vestía de rapero, os es suficiente. No hay más. – No he mencionado lo de que lleva rastas, menos mal.

-Esta bien, esta bien. No te enfades… – Christian cambió totalmente el tono de voz y eso me frenó un poco. La verdad es que me había puesto muy altivo con el tema, pero básicamente por lo evidente… No quiero enfadarme más con Jake de lo que estoy, por dios.

-Oye, a todo esto ¿desde cuándo esto se ha convertido en un interrogatorio para Bill? Creí que hablábamos de fantasías sexuales…

A toda la mesa volvió un aire de tranquilidad haciendo que la tensión se desvaneciera. Casi pude ver cómo se volvía a formar en las caras de todos ellos, una sonrisa malvada. ¿Qué tendrá el sexo que pone de tan buen humor a todo el mundo? Bueno, qué pregunta tan estúpida…

-Es verdad. Bill, ¿Cuál es tu fantasía sexual?- MIERDA ¿Y ahora porqué mierdas me preguntan a mí? Esto era entre ellos… La verdad es que yo solo me había expuesto a que me hicieran la pregunta… Qué tonto eres, hijo mío. Me puse a pensar y no me salían muchas cosas. Y para qué mentirnos, si intentaba pensar en una fantasía sexual sólo nos veía a Tom y a mí haciéndolo en mil posturas distintas, así que supongo que mi fantasía sexual se resumía en volver a hacerlo con Tom. Sí, así de masoca soy. ¿Qué tendrá la polla de este chico? Qué pregunta tan estúpida…

-No sabría decirte ahora… – empecé, intentando quitar de mi mente, la imagen de la polla de mi ex.

-Oh vamos, Bill, di algo. – dijo Jake bastante interesado. Madre mía, parecía que hasta le había vuelto el bueno humor.

-¡Anda, mira este! Ya quiere pillar ideas…- dijo Jan dándole un codazo. Jake se rio por lo bajito y no caí en la cuenta de que igual iban por ahí los tiros. – Bueno, aprovecha y di tu algo que te gustaría que te “hicieran”… – Alcé una ceja de forma cínica, mirando a Jan. Sí sí, ya puedes decir en voz alta que quién se lo tiene que hacer soy yo. Nadie es tonto aquí. Miré de rojo a Jake y le pude ver una sonrisa maliciosa en el rostro.

-Está bien, ahí va. – se animó Jake. Lo miré algo cabizbajo, con algo de miedo por lo que pudiera decir. – Yo siempre he fantaseado con esa típica situación de que te coman la polla en público. O al menos, fuera de una situación de dormitorio. – abrí los ojos desmesuradamente. ¿Cómo? – Por ejemplo, eso de ir conduciendo y que de repente veas que alguien aparezca en el asiento del copilo que estaba entre las piernas del piloto… O eso de sentarse detrás del todo en el cine, en el parque, en alguna conferencia… No sé, ya sabéis. De yo estar haciendo algo en público y que me la estén chupando. Oh, no hay nada mejor que el sexo oral…- se creó un silencio sepulcral y noté absolutamente todas las miradas en mí. – Oye, pero sin presiones…

Ante esa última frase todos estallaron en carcajadas menos yo, que estaba inerte en mi sitio, con la cerveza entre las manos, y las gotas de agua debido a la condensación, resbalando entre mis dedos.

-Ale, apúntate esa Bill. – dijo James alzando la cerveza en el aire para que todos brindaran. Yo en cambio, sentía que me ardía la cara como nunca y que me moría de la vergüenza ahí mismo.

Reflexioné mínimamente sobre la petición de Jake y llegué a una terrible conclusión. Jamás he chupado una polla. Ni siquiera la de Tom. ¿Cómo es posible? No estoy muy seguro si también es una fantasía de él, pero… Jamás me lo llegó a pedir. ¿Sería quizás porque no quería que se lo pidiera yo a él? ¿Sería quizás porqué pensó que darme por el culo ya era suficiente «humillante» para mí y prefería esperar? Fuera lo que fuera, no se me había ni pasado por la cabeza.

La siguiente pregunta era… ¿estaba yo preparado para meterme una polla en la boca? Bueno, no debe ser para tanto ¿no? Comer un coño es más engorroso, y el hecho de darle el placer a ella era lo que más me gustaba, así que supongo que debe ser lo mismo.

Y ahora que lo pienso ¿por qué Jake no me ha pedido nunca que se la chupe? Fuera como fuera, ahora estaba empezando a ser la primera situación cercana a la experiencia, y tenía que empezar a planteármela.

La noche continuó más o menos de la misma forma mientras que todos compartían más fantasías. No es que fueran demasiado extravagantes, quizás la gente no quería admitir demasiado, o quizás realmente no se aspiraba a mucho más. Los puestos que lideraban la lista citaban cosas como «tríos», «hacerlo con una famosa», «que te hagan un striptease», y cómo no «lesbianas». Poco más, la verdad.

.

La cantidad de botellines acumulados encima de la mesa empezaba a ser más que excesiva, y pronto llegó una camarera que empezó a llevarse todos los recipientes vacíos. Podríamos llevar más de cinco cervezas cada uno y eso hacía que mi lívido subiera de forma automática.

Quisieron empezar a jugar con típicos juegos de beber mientras que yo iba cada vez más al baño. Ya había meado mil veces y parecía que la vejiga seguía queriendo hacer de la suyas. En una de las visitas al baño, aproveché para salir a fumar un cigarro en soledad, mientras intentaba que el calor del cuerpo bajara a su temperatura normal.

Madre mía, todo empezaba darme vueltas y más vueltas, y prácticamente no necesitaba ni llevar la chaqueta puesta para soportar la temperatura invernal. Volví a encontrarme al hombre de antes pero ésta vez no me dijo nada. Quizás es que ya iba bastante perjudicado.

Como yo, vamos.

Me acabé el cigarro con tranquilidad, sabiendo que el golpe de calor se me estaba bajando, y con algo más de control sobre mí mismo, entré de nuevo en el bar.

Cómo no, me dirigí hacia la barra para pedirme una cerveza. Que me estuviera empezando a encontrar mal no tenía porque significar que dejara de beber, claro.

Fue una sorpresa encontrarme a Jake en la barra con el cuerpo totalmente tirado para adelante, con los brazos cruzados encima de la barra, hablando con una de las camareras mientras ésta le estaba tocando una de las rastas. Alcé una ceja bastante mosca por la situación y me puse justo al lado. Jake, en cuanto me vio, se apartó totalmente de la rubia y puso cara de circunstancias.

-Eeh Bill, ¿qué tal te encuentras? – por su voz me daba la sensación de que estaba intentando disimular la escena que acababa de ver, pero por su manera de ser me parecía surrealista que Jake se intentara ligar a alguien estando conmigo. Bueno, de hecho, no sólo conmigo, si no a secas en una relación. Era bastante leal. ¿Debería preocuparme? No le contesté a la pregunta y me dirigí con cara de pocos amigos a la camarera.

-Tú. – dije tajantemente. Ella me miró algo cohibida. – Tráeme una cerveza. – la chica se fue de ahí casi escopeteada en busca de lo que le había pedido y fue entonces cuando me giré para mirarlo detenidamente.

-¿Crees que deberías seguir bebiendo? – dijo el rastas como si nada. Mientras lo miraba seriamente, sin querer responderle a la pregunta, se me recreaba la escena que acababa de ver una y otra vez, en diferentes velocidades. La última de las veces, la imagen era muy leeeenta, y muy irritaaante. Ups, voy borracho. – ¿Bill?

-¿Qué mierdas le pasa a la camarera? ¿Por qué parecía que te ibas a tirar encima? –no se lo dije en tono “me siento insultada”, pero si como si realmente me preocupara por la situación.

-Para nada. Ella sólo quería tocarme las rastas y me he acercado para ayudarla.

-¿Y porqué mierdas te quiere tocar las rastas? En serio, ¿qué mierdas pasa con las rastas que le gustan a todo el mundo? – me sulfuré de golpe. – ¡¿Qué pasa con los tíos con rastas?! – acabé prácticamente chillando. La verdad es que no sé ni porqué me quejaba. Yo también llevaba rastas puestas, aunque no sé realmente qué me llevó a hacerlo.

-¿Cómo que los tíos con rastas? ¿Quién más tiene rastas? – me dijo algo extrañado. Cogí aire de golpe, consciente de la cagada tan monumental que acababa de hacer. Justo en ese momento apareció la chica con mi cerveza y se la cogí al vuelo.

-La pagará mi NOVIO. – dije alzando la voz, con la sonrisa más falsa que pude dar. Me acerqué a Jake para robarle un beso y éste me lo dio a regañadientes. Sisi… Se ha enfadado. Confirmamos sospecha. Mejor me piro. – me vuelvo hacia dónde están los chicos, hasta ahora. – saludé en plan princesa y abandoné el lugar enseguida.

En cuanto me di cuenta que había dejado de nuevo a solas a esos dos se me revolvieron las entrañas y me dio miedo que con lo enfadado que pudiera estar Jake, ahora le diera por hacer una tontería. Aunque se me fue la sospecha en cuanto noté a alguien tirarme del brazo. Me giré y noté que mi novio me miraba con cara de pocos amigos.

-Holi. – dije lo más estúpidamente que pude.

-Ni holi ni mierdas, ¿qué coño te pasa ahora, Bill? – lo miré detenidamente y él me sostuvo la mirada. Cada vez que avanzaba el tiempo, los dos íbamos bajando la intensidad y mientras a mí casi se me asomaba el llanto, a él se le notaba más que le estaba dando pena.

Sin querer, me tiré encima suyo y lo abracé fuerte.

-Joder… Es que estoy harto de hacerte enfadaaaar… De verdad que no es mi intenciiiooon Jaaakeee… – uiui, notaba cómo arrastraba las palabras. – Quiero que estemos bien, ¡y que estemos juntooooos!

-Ya estamos juntos, Bill. – me dijo suavemente al oído. Yo sólo podía asentir ante eso. Mientras notaba el calor de sus manos recorriendo mi espalda, dándome su cariño. Volví a estrechar más el abrazo, y pude oír una leve sonrisilla. – A ver… He pensado durante un instante, y he enlazado momentos de esta noche. Así que he sacado una conclusión. ¿Tom llevaba rastas? Lo digo por lo que acabas de decir, y por lo de que no has querido contestar a la pregunta de cómo era…

Me separé, mirándolo desde la perspectiva más baja que podía. Estaba totalmente avergonzado.

-Mmmm… Puede. Volvamos. – volví a ensanchar una sonrisa de no haber roto un plato en mi vida y me fui. Pero poco pude avanzar y me sorprendió que Jake no quisiera que nos paráramos a hablar del tema. Con el cuerpo un poco más tranquilo, me acerqué al grupo y nos volvimos a sentar los dos.

-Madre mía, si que habéis tardado. ¿Estabais follando o qué? – insinuó David, con un tonillo musical en su voz.

-Más quisiera. – dijo Jake con cierto tono desganado. Yo me quedé un tanto parado y alcé una ceja, mirándolo de soslayo. Supongo que lo analicé un poco y finalmente decidí no decir nada al respecto y sentarme con ellos de nuevo. Se pusieron a hablar y mi mente se puso en modo desconexión, haciendo que obviara al máximo, el tema en cuestión.

Mi mente estaba volando lejos de ahí. Bueno… O quizás no tan lejos.

Nosotros dos estábamos sentados en el lado que daba a la pared, y era una posición estratégica para lo que mi pervertida mente tenía pensado. Como ya he dicho, estos cuatro hablaban de cosas que yo no tenía pensado poner la oreja, así que cuando decidí actuar, no me di cuenta de que Jake era el que estaba hablando.

Llevé mi mano directamente a su entrepierna, haciendo un movimiento por debajo de la mesa para no ser visto y apreté con decisión por encima del pantalón.

Inmediatamente se le escuchó una modificación en su voz, incluso un pequeño gallo. Me quedé inmóvil, con la mano aún ahí encima, esperando que alguien me señalara con un dedo y me llamara pervertido o algo así. La cosa es que nadie más se dio cuenta, y Jake retomó el habla de la manera más calmada y disimulada que puso.

Pppffffff… De la que te has librado, Bill.

Aproveché la distracción para acercarme más a él y poner mi chaqueta en mi regazo, tapando mi brazo lo máximo posible.

Noté cómo de los nervios, la sangre me bajaba los pies, y al mismo tiempo, cómo desaparecía la torpeza del alcohol. Es como si los nervios hicieran que me tuviera que concentrar más y por lo tanto tuviera que medir mucho más mis movimientos.

De paso mis ojos hacían barrios constantemente entre los presentes, para asegurarme de que ellos seguían metidos en su tema de conversación tan interesante. En cuanto Jake dejó de hablar y alguien más se metió para dar su propia opinión de lo que fuera que estuviesen hablando, puse de nuevo el plan en marcha.

Con una máxima concentración para no mover nada más que no fuera mi muñeca, le empecé a desabrochar el pantalón. La parte del botón fue la más dura, pero en cuanto tuve eso solucionado el resto fue increíblemente fácil. Estaba agradeciendo en profundidad que Jake usara de esos calzoncillos holgados que tienen una ranura en el medio para poder sacarla con más facilidad.

La palpé por encima y no pude evitar ensanchar una sonrisa cuando vi lo increíblemente dura que ya se le había puesto. Esto iba a ser genial.

Se la agarré con sumo cuidado para poder sacarla por la ranura a la perfección y empecé el macabro juego tocándole la punta con el pulgar, haciendo círculos lentos.

Me fijé en su cara y lo vi relamerse los labios casi tres veces seguidas, mientras que cada vez aproximaba su cara más a sus manos, que las tenía entrelazadas en un puño justo enfrente.

Me concentré de nuevo en la parte más importante, y era mover solamente la muñeca, de manera que ningún movimiento se viera reflejado en mi brazo, y por lo tanto nadie se daría cuenta. Estaba siendo un poco autómata, y hasta incluso incómodo, pero poco a poco le fui pillando el truco al asunto. Jake cada vez intervenía menos en la conversación, pero tampoco parecía que nadie le diera importancia. Se habían metido ellos en una discusión de vete tú a saber qué y mientras yo le hacía una paja a mi novio.

Fingí cara de mal estar y apoyé la cabeza en el hombro de Jake, acercándome lo máximo posible a él. Eso me había dado muchísima más movilidad y por consiguiente me dejaba aumentar el ritmo de una forma increíble.

Había incluso sentido cómo Jake tenía un par de espasmos bajo mi mano, y eso me estaba encantado.

Por el amor de dios, me estoy poniendo burro.

Me estaba pareciendo increíble cómo estaba consiguiendo que esto estuviera saliendo tal y como lo había planeado, pero ahí estaba.

Notaba cómo su pene ardía bajo mi mano y cómo prácticamente empezaba a palpitar. A su vez, Jake se mordía disimuladamente el pulgar que tenía a mano, probablemente reprimiendo todas las ganas de gemir que deberían salir por su boca.

Pocos instantes más tarde noté cómo algo caliente rozaba mis dedos. Como normalmente Jake me anuncia si le queda mucho o no, esto me tomó totalmente desprevenido. Tanto fue así que me incorporé sin querer, aun sin parar de mover mi mano, y miré a ver si realmente se había corrido o era sólo una acumulación de presemen.

Al ver que yo estaba en lo cierto paré progresivamente hasta que dejó de soltar líquido y me vi en la terrible situación de no saber dónde limpiarme. Empecé a mirar como loco a ver si había algún servilletero encima de la mesa, pero Jake ya se me había adelantado para pillar un par de servilletas. Usó una para disimular y quitarse algo inexistente de la cara, y otras dos desaparecieron por debajo de la mesa. Una me la dio a mí y la otra la usó para limpiársela un poco antes de guardarla delicadamente y abrocharse rápidamente el pantalón.

No me dio tiempo a reaccionar que de pronto Jake se alzó agarrándome de un brazo.

-Bueno, Bill y yo nos vamos ya para casa.

Todos se quedaron anonadados, incluido yo, que lo miraba con los ojos como platos.

¿Desde cuando nos íbamos ya?

No es que no me apeteciera largarme de ese antro de borrachos ni nada así, pero al menos podría consultarme, ¿no?

-Espera Jake, entonces nosotros también vamos ya para el apartamento contigo. – dijo David, empezando a recoger las cosas. Claro, David y James también querrán irse para el piso ya…

-¿Qué? ¿Seguro que no queréis ir MÁS TARDE? – la manera en la que enfatizó la frase el rubio hizo que toda la sangre se me subiera a la cara. Creo que había quedado muy clara sus intenciones.

-Sí tío, ¿no ves que si quieren ir para follar? Qué atontado. – Christian le pegó una pequeña colleja y Jake no quiso escuchar nada más. Me volvió a coger del brazo y tiró de mi hacia la puerta.

Nos encendimos un cigarro y esperamos al primer taxi que nos llevara a su casa.

Mientras, noté todo el rato cómo su mano paseaba por mi culo arriba y abajo sin cesar.

.

Cuando llegamos a su piso nos empezamos a desnudar a medida que avanzábamos por los pasillos. Cada uno se ocupaba de lo suyo. No queríamos ni caballerismos ni ninguna expresión de romanticismo, porque ahora sólo queríamos el uno del otro, y lo más deprisa posible. Casi no llegamos a la cama y nos estiramos en el suelo.

Jake me abrazó y me empezó a besar los hombros mordiéndomelos con lujuria.

Noté cómo se me ponía la piel de gallina y entonces, el rubio se separó de mí y se sentó en el borde de la cama, estirando su cuerpo hacia atrás, apoyando los hombros en el colchón.

No sé si lo que esperaba de mi es que me sentara encima suyo o que me estirara con él a su lado, pero desde la perspectiva que tenía yo desde el suelo, sólo podía ver un pene duro y alzado al viento. En mi mente, el pene me desafiaba a mí con la mirada, como si estuviera deseoso de algo.

Parecía incluso como si estuviera iluminado por algún tipo de aura. Me lo quedé mirando un instante relamiéndome los labios y me dediqué a pensar si jamás había visto de esta forma el pene de Tom. ¿Alguna vez lo había observado de la misma manera que ahora?

Probablemente no, porque me daba asco. O porque me daba miedo. O porque me daba vergüenza. Pero aún no era capaz prácticamente ni de mirarle la entrepierna más de dos segundos seguidos.

Ahora no podía apartar la mirada del pene de mi novio.

Me alcé y me puse a la misma altura.

Desde dónde estaba ahora podía ver cómo Jake me miraba con unos ojos hechizantes y llenos de lujuria. Igual sí que me estaba pidiendo a gritos que se la chupara… Igual me lo había insinuado miles de veces pero yo no había ni concebido un lugar en mi mente para ello.

Fuera como fuera, la agarré con una mano, y observé la reacción de Jake mientras me la acercaba cada vez más a la boca. Lo vi abrir progresivamente los ojos cada vez más hasta el punto de parecer totalmente alucinado.

Cuando me la metí del todo fue cuando decidí cerrar los ojos y evadirme de cualquier cosa que hubiera a mí alrededor y centrarme sólo en lo que literalmente tenía entre manos.

Probablemente tenía peores cosas en las que preocuparme y que estaban todas en mi cabeza, pero esas no sabía cómo silenciarlas. Una terrible vocecilla en mi cabeza me recriminaba que no podía ser que la polla de Jake fuera a ser la primera que se metiera en mi boca. Al parecer ese puesto estaba reservado para Tom, pero yo no sabía cómo gritarle que Tom me odiaba y que probablemente ya tenía a alguien que se encargaba de hacerle mamadas con regularidad.

Aún así algo lloraba dentro de mí y me recriminaba lo que estaba apunto de hacer.

El alcohol volvió a pasarme una mala jugada y toda mi primera experiencia en referencia al sexo oral acabó en un rincón oscuro y borroso de mi mente.

No sé si era porque mi subconsciente quería borrar el recuerdo, si era porque lo había hecho de manera penosa, o simplemente porque mi mente había decidido borrar un recuerdo aleatorio en mi mente.

De todos modos, sí podía a asegurar dos cosas.

La primera es que no le dejé correrse en mi boca.

Y la segunda que no había sido tan malo como me lo esperaba.

Eso último me llevó a pensar de nuevo en una situación que me atormentaba cada vez que afloraba en mi mente. Se trata de toda esa época del campamento en la que yo me negaba a todo lo que me decía Tom. Y me entristecía pensar que si yo hubiera cedido mucho antes, igual habría acabado de enamorar a Tom del todo, y todo esto ahora no estaría pasando. Igual si le hubiera chupado la polla a él el primer día, ya lo habría engatusado del todo.

Poco me sirve ahora pensarlo.

Poco después de follar llegaron sus amigos y yo ya me estaba poniendo el pijama para irme a dormir de una vez.

Sin querer, me había deprimido de mala manera y ahora sólo quería que el mundo se apagara una noche más.

Agarré de mi mochila la camiseta de Tom que siempre usaba para dormir, y antes de acurrucarnos en la cama, intenté olerla por enésima vez, e intentar sentir la fragancia de Tom una vez más. Sin embargo, como de una hostia se tratara, la camiseta no me devolvió ningún bonito recuerdo.

Apenas olía a detergente y jabón.

Continúa…

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