Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capítulo 2: No estás en ninguna de estas putas (P.1)
Bill
La verdad es que me sabía muy mal lo que estaba haciendo. Estaba siendo egoísta una vez más, y lo estaba haciendo de la peor manera, pero supongo que intentaba justificarme pensando que esto acabaría pasando de todas formas.
El problema es que la iniciativa a enfrentarme de una vez a esta situación, no era más que por fines, como ya he dicho antes, egoístas.
Hoy hacía dos semanas que estaba en Berlín, pleno quince de Agosto, y seguía sin encontrar a Tom por ningún sitio. Yo sabía que poco a poco se me estaban acabando las posibilidades de que esto saliera bien. Sólo me quedaban dos ases en la manga, y si éste primero no salía bien, el último tendría que salir bien por cojones. No podía ir mal.
Vale, mejor lo explico todo bien. Hoy quería quedar con Ashley en la cafetería de siempre, para intentar arreglar las cosas. Hasta ahí bien, si no fuera porque… Necesito hablar con Dawn, y sé que necesito arreglar las cosas antes con Ashley. Necesito que ella me lleve hasta mi ex, para poder hablarle y… pedirle un favor. ¿Qué favor? El puñetero número del padre de Tom, o como mínimo el del campamento. Ella debe de tener todos esos números, ¿no? Ni que sea la universidad, y ella puede encontrar toda esa información, seguro.
Vale sí, soy despreciable, lo sé. Pero ya no sé qué hacer, y no puedo seguir posponiendo el enfado con Ashley. Es horrible que sólo me haya atrevido en estas circunstancias, pero… En fin.
Se lo he explicado a Georg y no está demasiado contento con mi decisión. ¡Ya lo sé! Es normal que no lo esté, pero realmente ya no se qué hacer. Me ha dicho muy seriamente que si voy a hablar con Ashley, al menos no le saque el tema de Tom la primera vez que quede. Pero ¿cómo no le voy a sacar el tema? ¡El tiempo corre! Tom debe de estar cada día más enfadado conmigo, y no me puedo permitir dejar que pasen así los días sin hacer nada.
También es cierto que lo de Tom no sé dónde acabará por mucho que consiga contactar con él, y en principio Ashley es mi mejor amiga y le debo mucho…
¿Le pregunto en un par de días lo de Dawn? ¿Me espero un poco hasta que estemos bien del todo? Bill, tómatelo como una especie de castigo por ser tan egoísta con ella. Seguramente por mucho que tardes, Tom podrá entender que perdiste el número y que lo has estado buscando por todas partes.
Había llegado bastante pronto así que me senté en la misma mesa del otro día, mucho mejor arreglado que aquella vez, y saqué el móvil. Lo miré por enésima vez a ver si tenía alguna llamada de la que no me hubiera enterado, y magistralmente fuera Tom, pero como era evidente, aquello no iba a pasar por mucho que lo deseara fuertemente.
Negué con la cabeza y lo dispuse a guardar cuando de pronto apareció Caroline. La increíble chica tatuada que trabajaba de camarera aquí.
-¿Un café con hielo para el señorito? – me quedé muy sorprendido porque aunque era lo que siempre pedía, normalmente ella esperaba a que todos hiciéramos el pedido y simplemente lo traía. Me quedé estupefacto e iba a decirle “pues sí” cuando de pronto me fijo en algo. No iba vestida para ir a trabajar. – Sí sí, te he reconocido al instante y tenía que decírtelo. – dijo sonriente. Vestida de normal me recordó a una de esas pin-ups moteras, maquilladas con los labios rojos, y altísimos tacones pero con tatuajes y ropa ceñida oscura e incluso de cuero. Dios, estaba muy buena.
-Hostras Carol, pues yo casi no te reconocía vestida de calle. – le dije levantándome del sitio para darle dos besos. Creo que esta no se lo esperaba porque al principio se quedó un poco parada. – Me encanta el estilo que llevas. – Pero que gaaaaaaay acabo de ser. Bueno vale sí, para qué engañarnos… Me sonrió ampliamente y se apartó un poco el pelo detrás de la oreja.
-¡Gracias! ¿Estás solo? – dijo de pronto, mirando mi mesa.
-Uhmm… Sí bueno, en realidad he quedado en media hora con una amiga, pero he llegado antes porque estoy un poco agobiado, ya sabes… – le puse cara de “ya sabes como nos trata la vida a veces”, y ésta simplemente se rió. – si no tienes nada que hacer, puedes sentarte conmigo un rato.
La propuesta me nació sola, y no era por tener ningún tipo de interés en ella, porque ciertamente, no lo tenía, pero me animaba que me hubiera reconocido por la calle y se hubiera parado a saludarme. Tenía la sensación de que debía de ser una buena chica, y alguien a quien incluir en mi agenda de contactos.
-Oh… Em, me encantaría, pero no quiero que llegue tu novia y se piense algo raro… He tenido cientos de follones por mal entendidos, y estoy un poco cansada…
-¡No no no! No es mi novia, no te preocupes. Es una amiga con la que he tenido un pequeño roce, y quiero solucionarlo, ya sabes.
-Oh bueno pues… Sí, vale. Entro dentro a saludar un poco y ya digo directamente qué queremos pedir, ¿te parece? – y casi no me dio tiempo a responder que ya estaba metiéndose dentro de la cafetería, saludando a sus compañeros de curro. Apenas dos minutos después, estaba sentándose enfrente.
-Por cierto, yo se que te llamas Carol porque al principio te presentabas siempre, pero tú dudo que sepas mi nombre, ¿verdad?
-Bueno, no es que me lo hayas dicho tú, pero tu amigo es bastante hablador, y te ha chillado más de una vez “Bill”, así que imagino que ese debe ser tu nombre. ¿Me equivoco?
-¡Para nada! Encantado. – y ésta vez simplemente alargué el brazo un poco.
Después de eso hubo un silencio un poco extraño que gracias a dios finalizó con la llegada de nuestro pedido, una cerveza y mi café con hielo.
-Y emm… No sé, ¿Qué haces? ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Tienes novia? ¿Grupo o canción favorita? – empezó a hacer preguntas aleatorias que se suelen hacer en la primera cita y no pude más que reírme. Le pegué un pequeño sorbo al café y empecé a hablar.
-Estudio Bellas artes, y no, no trabajo. Podría decir que mi grupo favorito es Aerosmith aunque a estas alturas conozco demasiados grupos… También, en particular diría que una de mis canciones favoritas es “Boulevard of broken dreams” de Green Day. Y… eh… tengo novio. – eso último… Dios. Me puse muy nervioso y creo que me tembló hasta la voz. A ella no le cambió el semblante ni un instante, y eso fue genial. La verdad es que no sabía muy bien porqué me había puesto nervioso.
¿Sería por decir abiertamente que era gay? O quizás porque se lo estaba contando por primera vez a alguien así por las buenas? No lo sé… Quizás me daba miedo gafar esas palabras y no las quería decir en voz alta, pero en principio… Tom y yo seguíamos saliendo ¿no?
-Hostias, yo estoy estudiando publicidad, no se parece mucho pero es algo creativo igual. Lo de Green Day… Bueno, no soy muy fan, pero esa canción también me mola. Y hostia, ¿cuánto llevas con tu chico? – de pronto se le cambió el semblante y preguntó muy bajito – ¿Es el moreno de pelo liso que siempre está contigo? – casi pude entrever una escena de horror puro en sus ojos.
-¿Con Georg? ¡¡Qué va!! No no, por dios. Él es mi mejor amigo de toda la vida. – dije bien rápido. Un momeeeeento… ¡Esta está celosa! – No te preocupes, Georg es de lo más hetero que hay en el planeta. – y le guiñé un ojo. La chica se puso roja como un tomate y simplemente le pegó un trago a la cerveza. No quise responder a lo del novio, pero me gustó mucho que le llamara “tu chico”. Tom era mi chico.
-No es que esté interesada en él, es sólo… Me llama la atención. – empezó a pasear un dedo por el cristal de la cerveza, mirando a algún punto en la mesa, imaginándose vete tu a saber qué.
-A mi no me tienes que dar explicaciones, Carol. Pero si quieres, le doy un toque de atención bien sutil. El pobre tiene una fijación con la chica con la que he quedado desde hace demasiados años, y está completamente ciego. ¡Ya me he fijado yo por él! El otro día, casi te lo comes con la mirada. – y de pronto casi se ahoga con el siguiente trago que le pegó a la cerveza.
-¡Bill! Qué burro eres… – dijo riéndose, y dándose palmaditas en el pecho. – Vale, puede que sea verdad… Y em, ¿qué le pasa con esta chica?
-Pues mira, eso quisiera yo saber, porque el chaval es increíble, y sin embargo ella nunca ha tenido interés. Bueno, ahora parece que tiene interés en mi ex… ¿Te lo puedes creer? Se ha pasado a la otra acera, así porque sí… – dije, casi hablando para mi mismo.
-¿A la otra acera? – preguntó, sin entender.
-Oh bueno, es que yo hace poco estaba con una chica, y ahora se la está intentando ligar. Bueno, hace dos semanas de eso, ahora no sé como está la cosa entre ellas…
-Entonces, tú también te has cambiado de acera recientemente, ¿no? – dijo, como burlándose de mi crítica hacia Ashley. Puse cara extraña y simplemente me la quedé mirando.
-Vale, sí… Está claro que tengo muuuucho por lo que disculparme con ella.
-Bueno, es más que comprensible. Yo también he estado con bastantes chicas y chicos. Hoy en día poca gente se salva. – se rió un poco antes de pegarle un buen trago a la cerveza que la dejó casi por la mitad.
-¿Entonces tú ahora no estás con nadie? – susurré, alzando una ceja.
-Nope. Mi ex aún me ronda un poco, pero porque no lo está acabando de superar. Es un pesado. – rodó los ojos, y luego sonrió.
-Oye, pues podrías venirte alguna vez con nosotros. O mejor, nosotros contigo… No es que seamos el alma de la fiesta, pero a veces salimos por ahí. Estaría bien que nos enseñaras sitios nuevos. – A Carol se le iba iluminando la mirada a medida que decía mis palabras.
-¡Claro! Me encantaría. Este sábado nos vamos a una rave a las afueras de Berlín. Pasaos.
-¿Una rave…? Ya te he dicho que no salgo mucho, pero algo he oído de las raves… Me lo imagino todo lleno de drogas, música muy pesada, y un ambiente bastante demacrado… ¿Me equivoco?
-Pues no mucho la verdad. Pero de mis amigos, creo que hay sólo un par que han pasado de los canutos, y en veces contadas. Y del resto sólo la mitad fuma canutos. Como mucho bebemos demasiado. – Y sacó la lengua entre los dientes.
-Mmmm… Sigue sin convencerme.
-¿Qué hacéis vosotros cuando salís?
-Bueno… Ya sabes, somos un poco pijos y solemos ir a fiestas en locales, etc.
-Oh, y seguro que entráis a zona VIP. – puso cara de asco.
-Puede… – dije, poniéndome rojo. – ¿Te parece mal?
-Me parece que yo me gastaría el dinero en otra cosa… – de pronto se irguió un poco – oye oye, perdóname, no quería ofenderte. Es sólo que bueno, no nos va mucho ese estilo… De pronto, algo con el pelo completamente rojo, empezó a asomar entre el resto de cabezas. Alcé la mano y Ashley enseguida me vio, acelerando el paso hasta donde estaba.
-No te preocupes. Mira, ahí viene Ashley. – ésta simplemente volteó la cabeza y cuando la divisó se levantó de golpe. Le pegó un buen trago a la cerveza hasta finalizarla y luego sacó un bolígrafo del bolso. En una de las servilletas que venían con el café, me apuntó su teléfono.
-Bueno, no quiero molestar. Si crees que os podéis animar este finde, llámame. – me sonrió ampliamente. – te prometo que no habrá nada extraño. Hay hasta un parking cerca para dejar el coche tranquilamente.
Yo probablemente tenga que conducir, así que no podré beber nada, seré una persona normal esa noche. – la promesa de un futuro estado de sobriedad me pareció una pequeña luz sobre ese plan, ya que ella era la pieza coincidente entre un grupo (el mío) y el otro (el de sus amigos). Si ella estaba consciente todo el rato, podría ayudarnos a hacer migas rápido, y sobre todo sacarnos de algún posible mal entendido.
-¡Vale! Te daré un toque de todas formas, tanto si vamos como si no. –Carol simplemente sonrió de lejos mientras se iba.
En cuanto fui consciente, cogí el papel rápido y guardé el contacto en el móvil. Desde luego, no iba a cometer de nuevo ese error. De ninguna de las maneras.
-¿Qué hacía la camarera sentada contigo? – dijo Ashley, apartando la silla para poder ponerse ella en el sitio que hasta hacía un instante, lo ocupaba la morena tatuada.
-Oh bueno, quiere ligar con Georg, y en cuanto me ha visto sin él, se ha abalanzado para hacérmelo ver. – resumí, sacando eso en claro. ¡Era la puñetera conclusión de todo! No cabía duda, y la verdad, es que no me podía hacer más feliz.
-Oh… Joder, qué suerte que tiene Georg. – de pronto observé como Ashley miraba a la lejanía, observando el caminar de Carol mientras se alejaba. Se mordió el labio.
-Vaya, alguien se ha declarado bollera de todas todas. – ésta salió de su ensimismamiento, y me pegó un pequeño golpe en el brazo.
-Cállate. – dijo, pero no me pudo ni mirar a la cara, porque descubriría lo roja que se había puesto. Lo que ella no contaba es que se le notaba igual por mucho que agachara la cabeza.
-¿No te da ni un poco de celos que Georg pueda interesarte por fin en otra que no seas tú? – pregunté como quien no quiere la cosa. Esta alzó una ceja y se quedó pensativa un momento.
-Hombre, como mucho me afectaría al ego, pero ya me alegra que por fin levante un poco la cabeza. – de pronto alzó el brazo y miró a algo detrás de mí. Me giré sorprendido y pude ver como le estaba haciendo señas a un camarero. – Una cerveza cuando puedas, por favor.
Después de que ella pidiera nos quedamos en silencio un buen rato.
Intentaba buscar la mejor manera para sacarle el tema ya que no era nada fácil, pero no me decidía realmente. Miraba a mi café medio vacío ya, e intentaba buscar unas palabras que describieran cómo me sentía.
Intenté apartar de mí los sentimientos que involucraban de manera directa a Tom, y fui adentrándome hasta sólo reconocer esos sentimientos hacia Ashley.
¿Me sentía decepcionado? Bueno, en aquel momento lo sentí, puede que hora me diera cuenta de que exageré las cosas, pero en aquel momento hice lo que sentía. También sentía mucho amor por ella y ni siquiera una relación pasada podía interrumpir eso. Los colegas antes que las novias, de toda la vida de Dios.
La miré y ella simplemente parecía intentar distraerse con el aire, o como mínimo con todo menos conmigo, porque no se atrevía a posar sus ojos en mí ni un segundo. Vale, es comprensible porque yo fui quien desencadenó la bomba.
Fue entonces cuando supe exactamente qué decir. Algo tan sencillo pero que al mismo tiempo ha llegado a crear las peores peleas que se hayan visto.
-Lo siento, Ash. De verdad que lo siento mucho. – enterré mi vista en la taza de café, y removí un poco el poco hielo que quedaba dentro. No escuché ningún tipo de respuesta, y eso me preocupó, igual estaba tan enfadada que le daba igual lo que le pudiera decir.
-Dime Bill, ¿porqué lo sientes? Mejor dicho, ¿Qué es lo que sientes, exactamente? – dijo con un tono desafiante en sus palabras.
-Pues todo, Ashley. Esta situación, el cómo estamos. – Esta alzó un ceja en plan “venga ya”. – Siento mucho lo que hice, y cómo me comporté. – susurré. No por mi orgullo, si no casi por la vergüenza que me daba recordarlo. La pelirroja simplemente asintió ante eso. Pero quise seguir pidiendo perdón. – Siento que de repente se me fuera la olla de esa manera, y que os tratara a los tres tan mal. Siento ser tan egoísta y no ver más allá de mi propio ombligo, siento ponerme por encima de todo el mundo, y sobre todo, siento haberte decepcionado y haberos hecho daño.
Pude notar como a la pelirroja casi se le escapaba un puchero y sentí que tenía ganas de darme un abrazo, pero supongo que el hecho de saber que todo lo que pasó, no se me iba a perdonar tan fácilmente, hizo frenársele los pies un poco. Ella si podía sacar un poco de orgullo teniendo en cuenta lo que le hice pasar.
-Te prometo Bill, que no la quise emborrachar para que se dejara hacer nada. – dijo muy seria.
Suspiré.
-Lo sé, lo sé… Yo… Supongo que me cegó esa idea, y no veía nada más. – me froté la sien con los dedos, y recordé todos y cada uno de los gritos de aquella tarde. – Ya sabes, en la conversación pasada que tuvimos te pedí…
-…Que no le hiciera daño, lo sé. Supongo que pensarías que casi la obligué a algo así y eso fue lo que detonó la bomba.- asentí. – Estuve pensándolo después, y es normal que te enfadaras al principio, pero después no conseguíamos hacerte entrar en razón, y eso nos hizo pensar que jamás la llegaste a olvidar. Dawn se estuvo torturando un tiempo con eso. – frunció el ceño y añadió algo con un poco de desprecio. – tuvo la poca decencia de preguntarme si creía que aún la querías, si creía que aún tenía posibilidades contigo. Como si no hubiera pasado nada entre nosotras recientemente. – después de eso simplemente negó con la cabeza, intentando apartar esos pensamientos.
-Madre mía, joder… Pobre Dawn. – me sentí muy miserable y con ganas de meterme en un agujero bajo tierra y no salir jamás. – Lo siento, lo siento, lo siento…
Enterré la cara entre las manos. Empecé a respirar muy fuerte, intentando calmarme porque sabía que en algún momento u otro, empezaría a llorar. No podía dejar que esto me controlara así. No ahora.
-Bill, dejémoslo claro ¿vale? Tú ya no quieres a Dawn ¿verdad? – dijo esas palabras tan seriamente que me pareció un polígrafo, tenía miedo de contestar y que sonara un pitido diciéndome que estaba mintiendo, y de pronto se abriera una trampilla en el suelo y cayera a la nada.
-Verdad. Lo juro, Ash. Yo estoy con Tom, lo quiero a él. – tenía la mirada fija en mis manos, pero no por no estar mirándola a ella estaba mintiendo. Es sólo que estaba algo cohibido.
-Vale.
Después de otro silencio eterno, intenté amainar la situación un poco, aunque al no saber nada del tema, no sabría si podía desencadenar un montón de quejas y lloros.
-¿Y cómo estáis vosotras? – ahora la pelirroja estaba jugando con la etiqueta de la botella, y se la estaba arrancando a cachos. Cuando dije aquello, paró y me miró algo sorprendida.
-Oh, bueno… Nos hemos visto cinco veces en estas dos semanas, y en las tres primeras ella siempre empezaba diciéndome que no me equivocara. Que habíamos pasado un rato divertido y que no se arrepentía, pero que no íbamos a ir más allá. – sentí lástima por ella porque lo estaba explicando como una anécdota triste. – Después intentábamos distraernos con algo para hacer como ver una película, pero… – y de pronto sonrió maliciosamente, sacando la lengua entre los dientes. – al final siempre acabábamos igual. ¡Y te juro que sin alcohol!
-¡No jodas! – me había quedado flipando. – Yo… Madre mía, Ash me alegro un montón. – sé que cuando lo dije no lo sonó, pero realmente me alegraba que Dawn tuviera a alguien con quien estar y que ya se estuviera olvidando de mí. Y bueno, por Ash también claro, pero sobre todo me urgía la morenaza.
-Gracias… – dijo poniéndose casi tan roja como su propio pelo. – Las otras dos veces simplemente quedábamos para tomar un helado o lo que fuera, y no hablábamos de lo nuestro. Ahora, han caído más de un beso “casual”. Como si estuviéramos saliendo o algo, pero no lo estamos. No sé tío, no sé qué hacer.
-JAJAJJAJA ¿Problemas de faldas, eh? – dije ensanchando una gran sonrisa. – Eh, eso de que os beséis de vez en cuando es una señal clarísima. De hecho yo creo que no hace falta ni que le saques el tema. Estáis juntas ya. – dije, viendo claramente los síntomas de todo esto. –Primero ha tenido una negación que no le ha servido de nada, porque lo habéis vuelto a hacer, y esto durante dos veces más, y ahora ya no te lo puede negar más porque se está contradiciendo a sí misma todo el rato. Está confundida pero le gustas. Eso es bueno, Ash. Tú continúa tratándola como a tu novia, pero evita esas palabras. Si alguna vez haces algo que a ella no le gusta ya te lo dirá. Y será le momento de hablarlo.
-Joder Bill, cómo se nota que lo estás viendo desde lejos. Yo tengo un lío mental que no me deja ni dormir. – suspiró y de pronto volvió a mirarme, con cara de indignación. – ¡Y, oh! ¿Sabes qué? ¡Es horrible que la estén mirando por todas partes! Me siento muy inútil e impotente. No es mi territorio ella, y no puedo hacer nada marcarlo.
-Oh, te entiendo. Me ha pasado con ella, y me ha pasado en el campamento con Tom todo el rato. Con Dawn lo solucionaba rápido porque la cogía de la cintura o algo así, y lo dejaba claro, pero con Tom… ¿Qué podía hacer yo? Nadie lo podía saber… – negué con la cabeza, intentando olvidarme del tema. Bill, no te desvíes de ella. – Vale, pues a ver… No sé, párala en medio de la calle y le dices alguna tontería, entonces cuando estéis apunto de volver a seguir caminando, le das uno de esos “besos casuales” y punto. – se me estaba haciendo bastante raro hablar así de mi ex, pero me tenía que ir acostumbrando aunque no quisiera.
-Es una buena idea.
Y de nuevo, otro de esos horribles silencios de los que no sabía cómo librarme. Por el amor de dios, que ella es mi mejor amiga, no puedo quedarme en silencio y que éste me parezca incómodo. Con Georg y con Ashley jamás he tenido este problema…
-Oye… ¿Me perdonas? Sobre todo por el empujón… No sé qué mierdas estaba pensando. Debería cortarme las manos por eso. – dije tan avergonzado que casi no podía ni pronunciar bien las palabras.
-Beh, la hostia que te pegué después me dejó bastante a gusto con respecto a ese tema. Y bueno, sí, claro que te perdono. Pero también deberías pedirle perdón a Dawn. – abrí los tanto los ojos que casi pude sentir dolor. – ¿Porqué pones esa cara? ¿No pensabas hablar con ella? –dijo algo indignado.
-Bueno a ver, sí… Pero es que, no sé ni cómo dirigirme a ella. Somos exs, Ash. Ahí va a haber tanta tensión que no voy a ser capaz de soportarlo.
-¿Y? Me la trae al pairo lo que tengas que soportar, la chica se merece una explicación. – me aguantó a mirada y finalmente acabé asintiendo. Esto iba a ser realmente difícil, y lo peor, es que el proceso de recuperación del número de Tom, se iba alargando, porque ahora se lo tenía que pedir a Dawn en persona, y tendría que esperar a poder hablarlo con ella.
Joder…
Continúa…
Gracias por leer.