Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno

Capítulo 3: Tú a Londres y yo a California

Bill

Llevábamos dos horas delante del ordenador, comparando las mejores ofertas que cuadraran con todas nuestras necesidades, y la pelirroja ya se había quedado dormida en el sofá. La pobre se había quedado frita, y nosotros sospechábamos que desde hacía bastante rato, porque no había abierto la boca en al menos media hora.

Mientras una página estaba cargando, miré de reojo a Georg, que la observaba como si esta fuera un ángel. Me entraron ganas de vomitar sólo de imaginármelo, y respiré bien fuerte, para que notara mi indignación. Me preguntó con la mirada que qué me pasaba.

-Georg, en serio, olvídala. – dije bajito intentando no moverme demasiado ya que recientemente, Ashley había apoyado su cabeza en mi hombro. El castaño suspiró fuerte.

-Ya lo sé tío, créeme. Me he estado fijando en la camarera, y creo que le pediré el teléfono. – de nuevo su voz de soñador afloró de su garganta, y eso me chirrió en los oídos.

-Me parece genial, pero tío, prueba de cambiar el chip. No te enamores otra vez, prueba durante un par de meses no darle tanta importancia a una mujer como para que te robe el cerebro, ¿vale? Porque a ti no sólo te roban el corazón, y lo sabes. Igual tener otra actitud atrae a las tías, ya sabes que están todas locas. – Georg se rió del comentario.

-Lo sé… Sí, supongo que puedo probar. – dijo no demasiado seguro.

-Oye, ¿cuánto hace que…? – de manera sutil intenté preguntarle por su vida sexual más reciente.

-Buft… No quieras saberlo, hermano. Por lo menos un mes antes del campamento.

-¿Qué? – intenté indignarme con susurros, y fue bastante gracioso intentarlo. – Pero tío, si tú estás bueno. Te levantas un poco la camiseta y se te pegan dos tías como si se trataran de moscas en un poco de pegamento. – éste no pudo evitar reírse en voz alta, y le miré con cara de pánico mientras yo me intentaba aguantar. Respetemos a los dormidos, por favor.

-Uhh… – gimió Ashley. Nos quedamos en tensión en cuanto oímos eso, pero no llegó a despertarse. Después de unos instantes, respiramos con tranquilidad.

-Sí, fue en el baño de una discoteca, aquel día que Ash no pudo venir porque estaba enferma.

-Está claro, que ella te ciega. Así que aprende la lección. Da igual que esté ella. Ahora en Düsseldorf suéltate la melena un poco, y pasa de ella, ¿vale? – el castaño simplemente asintió, pero se le cambió la cara enseguida.

-¿Y la camarera?

-A ver, a la camarera aún no la has ni mirado, no le debes nada. Practica antes de estar con ella, ¿te parece?

-Vale, sí.

-Y Ash… Bueno, parece que está bien feliz con mi ex. – dije, con algo de sorna, pero sabiendo que era algo inevitable. Si ella estaba a gusto, y Dawn también, pues… es lo que había.

-Ya te digo. Si todo falla les pido un trío. – y nos empezamos a reír de nuevo.

-¿Eehh..? Hostias, me he dormido, perdón… – Ashley se sobresaltó a nuestro lado, y me supo mal haberla despertado. – Yo creo que las fechas del 1 al 8 están bien… – y de nuevo volvió a dormirse, pero ésta vez, tumbándose en el sofá, acurrucándose bien y tapándose con la manta – Buenas noches…

-Buenas noches, Ash – dijimos al unísono.

Volvimos al tajo, y estuvimos viendo los mejores horarios de tren. Había como cinco horas así que o pillábamos uno muy temprano, o uno muy tarde el día anterior, pero eso suponía otro día de hotel. Finalmente el lunes día 31 de Agosto salíamos de aquí a las siete de la mañana, para llegar a la una del medio día a Düsseldorf. Y el domingo día seis de Septiembre salíamos a las diez para llegar a las cuatro de la tarde de regreso a Berlín. Tenía todas las esperanzas en poder reconocer alguna de las calles y llegar deprisa en los primeros días a su paradero. Aunque eso supusiera no descansar ni un instante hasta encontrarle.

TENÍA que encontrarle.

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Tom

-Dios mío, chicos. Me estoy dejando toda la puñetera pasta que había ganado en el campamento en este viaje, ¡Incluso yendo en tren es más barato que ir en avión y sigue saliendo muy caro! – me estaba entrando el agobio de pensar que en cuanto volviera de Berlín tendría que ponerme a trabajar otra vez para reponer todo el gasto que estaba sufriendo.

Si no encontraba a Bill en éste viaje me habría supuesto una pérdida en todos los sentidos. No podría contactar con Bill, habría gastado el dinero a lo tonto, y a demás tendría que posponer ese segundo viaje a Berlín para conocer a mi hermano porque toda la pasta que había ahorrado se estaba yendo al garete. Ahora, que si quería irme tres meses, tendría que trabajar igual, porque una semana ya me está saliendo por más de doscientos pavos… ¿Cuánto serían 12 semanas? Buft, no lo quiero ni calcular…

-Oye, me estaba preguntando que porqué no vamos con tu coche, Tom – dijo Andy, que al parecer iba a ser mi único acompañante ya que Mario tenía que hacer un papeleo para su universidad que no podía esperar más. El día uno de septiembre ya tenía que presentarse en la puerta de ese edificio al que llaman centro de enseñamiento, pero que según cuentan es una cámara de tortura, sobre todo en esa “época de exámenes” tan temida.

-Pues porque llenar el depósito es una locura y hay que hacerlo como tres veces sólo para ir. O sea, seis veces en total. Y sólo somos tú y yo, sale más caro que el billete de tren. Cuando me vaya a vivir en verano, no tendré otro remedio porque lo necesitaré, pero de momento usaremos transporte público que, además es más ecológico. – sentencié. Se rieron por ese pequeño comentario final.

-Lo que tú digas. ¿Has empezado a tirar currículums?

-Sí, he vuelto a presentar mi solicitud en aquel sitio donde me aceptaron en verano, pero creo que me van a mandar a la mierda después de dejarles colgados.

-Es lo más probable, sí. Pero bueno, por intentarlo tampoco pasará nada. – de pronto, Mario miró a Andy directamente, y frunció el ceño. – Tú, contrólate. No bebas demasiado y no te dejes llamar la atención por un par de maricas que se te presenten delante. ¡Tom! ¡Vigílamelo! Cómo me ponga los cuernos tú también recibirás mi ira… – y me sentenció con la mirada, sintiendo perfectamente cómo salían cuchillos de sus ojos, y se clavaban en mi piel, con crudeza.

-No te preocuuupes… – era la tercera vez que había hecho un comentario de ese estilo desde que supo que no nos podía acompañar en el viaje. – Bueno, entonces definitivo, ¿no? Salimos el 31 de Agosto a las 8 y llegamos a las dos del medio día, y el domingo día 6, no hay más remedio que coger el de las 4 y media, ¿no? Aunque lleguemos a las 12 de la noche.

-Que sí, ya te he dicho que sí mil veces. – dijo con tono de cansancio, el rubio.

En ese instante, presioné la tecla de “enter”, y la compra se efectuó. Ya teníamos los billetes, ahora solamente hacía falta reservar las noches en el hotel más céntrico posible, donde todas las partes de Berlín nos quedaran igual de lejos.

-¿Haremos turismo? – preguntó Andy.

-Depende, si lo encontramos el primer día, sí. Si no, lo dudo mucho. Podemos fijarnos de camino a donde queramos ir. Pero no creo que él esté en los sitios turísticos porque es su ciudad, se los sabrá de memoria. –puso cara de ver lógico lo que le estaba diciendo.

-¿Tienes algo pensado para decirle cuando te lo encuentres? – esta vez fue Mario, cuya pregunta me sacó una risa amarga.

-Primero le pegaré una hostia, porque se la merece. – solté cínico, pero básicamente porque era la verdad, se merecía un golpe bien dado. – Y luego, le pediré explicaciones.

-¿Lo perdonarás? – el rubio esta vez.

-¿No lo viste el otro día? Estamos yendo a que le de una excusa creíble para perdonarlo, Andy. Se muere de ganas de volver a la normalidad, está enamorado. – y Mario me pellizcó la mejilla que no tardé nada en apartarle de un manotazo.

-¿Pero qué dices subnormal? Voy a cobrarme venganza por hacerme esto, no creo que lo perdone. – y después de un silencio en el que me quedé mirando a la nada dónde en mi imaginación salía la cara de Bill sonriendo, suspiré. – por lo menos, no tan fácilmente… – y me froté los ojos con fuerza, intentando alargar el momento hasta volver a mirar a mis maricones, que seguro empezarían a reírse enseguida por haber bajado así la guardia.

-No te tortures, Putom. Yo te entiendo, y te apoyo. – me puso la mano en el hombro para darme soporte. Le miré agradeciéndoselo.

-Pero yo creo que un polvo cae, seguro. Estéis o no perdonados… – saltó Andy de golpe, dejándome fuera de sitio.

-¿Cómo? ¿Por qué?

-Pues porque seguro que eso es algo que los dos echáis de menos. Nosotros no sabemos si él te echa de menos a ti en sí porque no ha dado señales de vida, pero si se ha dejado follar tanto durante una sola semana, seguro que le acabó gustando, por lo que… seguro que lo echa de menos.

-Eso es una teoría absurda, Andy – sentencié. Si echa de menos una polla, ya se la habrá buscado.

De pronto noté un escalofrío recorrerme el cuerpo entero, y odié haberme puesto a pensar en esa idea, ¿me habría substituido? Bueno, es imposible que haya encontrado una polla mejor, pero sí una polla a secas… Joder.

-De absurda nada. Ya lo verás. – me dijo. Ojalá que sea verdad.

.

Bill

Eran las seis de la mañana, y habíamos quedado en la puerta de mi casa con las maletas. Yo era el que vivía más cerca de la estación, así que ese era el punto de quedada general, cuando se trataba de un viaje.

Hacía bastante fresco y empezaba a frotarme los brazos con las manos para que se notara lo menos posible. Me senté en una de mis maletas, mucho menos cargadas que para ir al campamento, y me encendí un cigarro.

Intentaba pensar con normalidad acerca de este viaje. Tenía que estar tranquilo y no arrancarme los pelos en cuanto me entrara un ataque de nervios. Probablemente acabaría viendo a Tom porque sabía dónde vivía, y eso era un gran punto a favor, así que me iba a tener que enfrentar a su rabia por mucho que no quisiera.

Pero era algo que tenía que pasar porque yo fui un estúpido y no tuve cuidado con aquel número de teléfono. Era así, no había nada más que decir. Tenía que ponerme a pensar en todas las cosas que podía decirle para que me perdonara lo más rápido posible. Demostrarle la de cosas que intenté hacer para poder encontrarle, aunque claro, presentarme en su propia casa creo que ya era lo más evidente de todo. Si yo era capaz de recorrerme el país entero para encontrarle, quería decir que realmente le quería.

El cigarro se consumía al mismo tiempo que el sol parecía empezar a asomarse. O estos llegaban ya, o los mataba.

Llegaron juntos a los cinco minutos, y me quedé con las ganas de pegarles la bronca porque llegaron con tantas prisas, que casi no me dejaron hablar. Supongo que era una estrategia porque ya sabían que me iba a poner a chillarles.

Cogimos un taxi y nos presentamos en la estación de trenes media hora antes de que nuestro tren saliera, pero ya era algo que nos parecía bien. Presentamos los billetes y nos dejaron entrar al andén donde nuestro tren ya estaba. En el marcador ponía que efectivamente, este no salía hasta las 7, pero podíamos entrar e ir acomodándonos ya.

Buscamos en los billetes el número de nuestro vagón y los asientos, y pronto nos colocamos ahí.

Las dos primeras horas las pasamos durmiendo, pero poco a poco cada uno íbamos despertando y nos pusimos a jugar al pictionari, pero nos cansamos enseguida porque todos dibujábamos demasiado bien. Está claro que jugar a eso con alumnos de una carrera de artes, no era demasiado sensato.

Sacamos cartas, me pinté las uñas… Ashley me pidió que se las pintara, intentando evitar repetir aquella escena que sucedió en el autobús del campamento. Aunque cuanto más lo pensaba, menos me arrepentía, porque fue la manera en la que Tom y yo nos conocimos.

Cuando apenas faltaba una hora para llegar decidí concederme un momento bohémico y me puse música, ciertamente no muy alegre, y me puse a dibujar a Tom. Me entraban ganas de llorar con todo ese panorama, pero no lo podía evitar. Lo dibujé como cinco veces en una hora, en cinco situaciones distintas, y en la última, era un abrazo conmigo.

En realidad era el abrazo que esperaba en el momento en que me lo encontrara. No deseaba otra cosa que lanzarme encima suyo y apretarlo contra mi con todas mis fuerzas. Me temblaba el mundo sólo de pensar que me viera, y me apartara, o me diera un empujón o… o que me ignorara.

La verdad es que el hecho de que me pudiera ver y girara la cabeza hacia otro lugar, pretendiendo que no me había visto, me parecía mucho peor que que me demostrara odio o rencor hacia mí. Si no demostraba ningún sentimiento, ¿qué quería decir?

El abrazo de mi dibujo era fuerte, y yo lo rodeaba por el cuello mientras que él tenía sus brazos alrededor de mi espalda, a la altura del pecho, oprimiéndome fuerte. Yo lloraba y él sonreía de verme. ¿Sería ese nuestro abrazo? ¿Sería ese el reencuentro?

No lo sabía, pero yo lo único que quería era un reencuentro, y volverle a ver. Tener la oportunidad de hablar con él, y sobre todo de no perderle por nada del mundo.

Tom no se podía ir de mi mundo.

No podía permitirlo.

De pronto, el sonido del móvil me despertó de mundo. Miré algo extrañado la pantalla, aunque al inicio siempre me temblara el corazón de pensar que podría ser un numero nuevo, y este fuera de mi chico con rastas. No, esta vez ponía claramente la palabra “Mamá”, en la pantalla del teléfono.

-¿Sí? – dije, sacándome de mi ensimismamiento.

-¡Hola hijo! ¿Cómo va? ¿Habéis llegado ya? – la voz feliz de mi madre me sacó una sonrisa.

-Bien, en la pantalla del tren pone que llegaremos en media hora. ¿Estas en casa o has salido a dar una vuelta después de trabajar? ¿Cómo ha ido? – sabía que le gustaba que le preguntara por su día, ya que yo era el único hombre en su vida que le preguntara por algo. Algún día le encontraré un buen novio a mi madre.

-Oh bueno, ya sabes, un poco de compras en el centro comercial, un par de pantalones y después la compra general de casa. También me he comprado un par de libros.

-Me alegro, ma.

-¿Estás bien? Te noto un poco decaído.

-Seh… Sólo tengo algo de sueño – intenté camuflar.

-Oye, en cuento encontréis a Tam, le hacéis una foto eh. Yo quiero ver a mi nueva nuera. – me entró la risa de volver a escuchar el nombre de Tam, qué cosa tan ridícula, madre mía.

-No te preocupes. – pero supongo que tendría que pedirle a alguna amiga suya que se hiciera una foto conmigo, o… contarle la verdad a mi madre, aunque supongo que eso pasaría el día que fuera Tom quien viniera a Berlín. Ya tendría tiempo de hablar con ella.

-Espero que la encontréis, hijo… – pronunció algo triste, sabiendo que mi mal estar era por culpa de esto.

-Y yo, mamá. Me muero por verla. – era algo extraño hablar así con ella, pero no era algo que pudiera esconder, así que lo solté sin más. – Te llamo esta noche, ¿vale?

-Vale cariño, te quiero, cuídate.

-Y yo a ti, adiós.

Colgué y suspiré. Me quedé pensativo durante apenas dos segundos porque la mirada fija de mis dos mejores amigos, justo en mí, fue algo que me desconcertó. Levanté la mirada un poco y alcé una ceja, interrogando con señales.

-¿Verla? ¿La? ¿Desde cuando Tom tiene coño? – preguntó Georg, riéndose.

Puse los ojos en blanco y no pude más que unirme a su risa. Negué con la cabeza y me dispuse a darles la explicación.

-A ver… el primer día que le hablé a mi madre de él, no me atreví a decirle que era un chico… Así que se quedó de esta manera. – alcé los hombros, dando a entender que no había más que eso.

-¿Y cómo se supone que se llama? ¿Tam? – dijo Ashley, riéndose de su propio chiste. No respondí porque ella había dado en el pleno, sin quererlo. De pronto dejó de reírse y puso una cara muy seria, aproximándose a mí. – No me lo puedo creer, ¿he acertado? ¿Pero cómo eres tan poco original? Es el peor encubrimiento en la historia de los nombres.

-¡Le dije que era de Tamara, ¿vale?! No me juzgues, me salió solo y no pude más que poner esa excusa… Lo sé, soy nefasto para mentir. – enterré la cabeza en las manos y luego escuché algo por parte del castaño.

-Hombre, la verdad es que no te ha salido tan mal. El nombre de Tamara es bastante creíble. – este me tendió la mano para que se la chocara, y eso me hizo sentir mejor.

-¿Ves? No soy tan estúpido – y le saqué la lengua a la pelirroja.

-Tsss… Anda cállate, y visualiza a Tam en tu mente, a ver si le envías ondas para que se deje ver pronto… Tu princesa te espera. – y no pudo evitarse ponerse a reír a carcajada limpia.

.

Tom

Andy y yo habíamos quedado en la puerta de la estación de tren a las siete de la mañana y aún eran las seis y medía. Estaba tan nervioso que me había levantado demasiado temprano y ya lo tenía todo preparado. Pensé en ir ya y tomarme algún café para pasar el tiempo. Iría con el coche y lo dejaría aparcado en el estacionamiento de ahí, yo sabía el sitio exacto dónde aún se podía dejar el coche sin pagar nada, y así nada más volver también tendría el coche cerca para todo.

Estuve apunto de salir por la puerta y de pronto caí en algo.

No le había dicho nada a mi viejo aún. ¿Se supone que tenía que avisarlo? A ver, me daba igual si se desquiciaba pensando que me había pasado algo malo, pero supongo que en el fondo tendría que decirle algo.

Agarré un trozo de papel de mi habitación y un bolígrafo.

Me voy de viaje con la rubia. Ya volveré.

En la vida había llamado así a Andy, pero no era del todo broma lo que estaba diciendo. Andy era rubio, y era una marica, así que… A demás, no venía Mario, así que no podía poner que me iba con las maricas. De todas formas, prefería que mi padre se pensara que estaba por ahí con una chica, ya que últimamente no sólo me habría preguntado por Bill, si no que me había señalado a algún tío que se parecía a él por la calle. Incluso me llegó a preguntar por mi sexualidad. ¡Y eso que no le quiero ni dirigir la palabra! Beh, le habría dicho que era maricón perdido si eso le hubiera supuesto algún tipo de problema, pero parecía abierto con cualquier situación, así que prefería no contestarle ya que era lo único que parecía molestarle.

Ahora sólo quería que se sacara el tema de Bill de la cabeza, y dejándole una nota así, supongo que dejaría de darle tantas vueltas al tema y me dejaría en paz de una vez.

Dejé la nota en la encimera de la cocina, y salí de ahí con mis maletas a cuestas. En pocos minutos me encontraba haciendo un café en aquel mismo bar donde hacía cosa de un mes y medio, me había tirado a la camarera negra, mientras esperaba a mis maricas para llevármelos al campamento. Recuerdo lo confuso que estaba acerca de Bill . Beh… no pienses en eso otra vez.

Mi rubio apareció al cabo de unos largos y estresantes veinte minutos, que casi me llevaban a la locura. Por el amor de dios, ¡que por qué poco no perdíamos el tren!

Nos metimos aprisa y buscamos el primer sitio en el que poder poner nuestro culo. Al haber cogido la tarifa más barata no teníamos ni asientos asignados. Pero ya nos parecía bien.

Colocamos las maletas en los compartimentos de arriba, y nos sentamos, no pasaron ni diez minutos que los dos habíamos caído rendidos.

&

Llegamos a Berlín con una hora de retraso y hasta las cuatro no conseguimos dar con el hotel. Yo no es que fuera un as con los mapas, pero se me daban algo bien, el problema fue que con el específico del metro de la ciudad, no había manera de aclararse, sobre todo porque no acababa de entender del todo cómo eran los transbordos.

Encima, nada más llegar tuvimos que hacer una cola inmensa para poder hacer el check-in en el hotel y dejar las maletas en la habitación. Estábamos muertos de hambre porque el vagón restaurante era lo más caro que había visto jamás, y pasamos de gastarnos tanta pasta.

Nada más llegar, Andy se metió en la ducha y yo me tumbé en la cama quitándome todo el peso de encima, mochilas, y maletas.

Me quedé mirando el techo, y por un instante sentí un vacío inmenso en el estómago. Algo me decía que Bill no estaba. Era una puñetera locura, pero es como si no lo pudiera sentir cerca. Como si la distancia que sentía de Düsseldorf a aquí, no hubiera disminuido nada.

Madre mía, me estoy volviendo majara…

-Una hamburguesa y patatas fritas, por favor. – habíamos decidido salir a hacer una comida-cena, nada más salir del hotel, y nos paramos en un restaurante que no parecía demasiado caro pero que tampoco era un local de comida rápida. Teníamos que empezar a frecuentar lugares de pijerío, ya que Bill, desgraciadamente, se movía por esos ambientes.

Yo estaba en plan agente secreto. Miraba en todas las esquinas hasta que encontraba una cabellera negra y larga. Más de una vez se me había saltado el corazón porque al mirarle el pelo y tener una altura y una constitución parecida a la de Bill, creí que ya lo había encontrado, pero evidentemente no era así. Miraba a esa persona directamente, y en el momento que se giraba, me invadía la pena.

-Tom, ya sé que has de estar atento en todo momento, pero intenta disfrutar un poco con tu comida, ya sabes que yo soy tus otros ojos, yo también estoy vigilando, así que baja un poco la guardia, que yo intento suplirte. – intentó calmarme el rubio.

-Lo sé, tienes razón, pero no puedo evitar estar en tensión y ojo avizor todo el rato. ¿Y si está ahora aquí dentro y no nos estamos dando cuenta? – me estresé.

Este rodó los ojos, y se levantó de golpe de la mesa.

-¡¿BILL?! ¡¿HAY ALGUN BILL AQUÍ?! ¡¡ESTAMOS BUSCANDO A UN MUCHACHO LLAMADO BILL!!

Los ojos se me abrieron como platos, y deseé que la tierra se me tragara. Poco a poco me fui encogiendo hasta que noté una patada en la espinilla por parte de mi colega. Será mamón.

-Yo, yo me llamo Bill. – un chico se pronunció. – ¿Soy yo? – dijo, algo inocente. Lo miré enseguida con el corazón a mil por hora, aunque con pocas esperanzas ya que no sólo no le reconocía la voz, si no que ya él ya tendría que haber reconocido a Andy hace tiempo.

-Oh, no muchacho, pero gracias por ayudar. – dijo Andy acercándose, a darle la mano. – ¿¡ALGUN OTRO BILL?! – de pronto pude ver como la camarera, se acercaba con cara de pocos amigos y le iba a chillar algo. –Vale vale, ya me callo. Perdone, es que estamos buscando a un chico que… vale que sí, que sí. Ya me voy, disculpe. – volvió a la mesa sonriente, y sacando la lengua entre los dientes, divertido.

-Estás como una puñetera cabra, que lo sepas.

-Lo sé, pero por lo menos ahora podemos cenar en paz. – y dicho esto, enterré la boca en la hamburguesa recién traída, que olía a puñetera gloria.

.

Bill

Salimos de la estación y miramos las indicaciones que había en busca de la zona de taxis. Por lo que tengo entendido siempre hay una zona con unos cuantos taxis aparcados para tu disposición.

Vimos el cartel de los buses, el del parking, y finalmente el de los taxis, y todos estaban en la misma dirección. Seguimos las indicaciones con bastante cansancio ya que apenas habíamos dormido bien en el tren y se notaba que nos habíamos levantado temprano.

Llegamos a lo que parecía ser la parte de detrás de la estación y pude ver como a la izquierda se encontraban tres grandes autobuses que parecían estar esperando a todos sus pasajeros. Más hacia el centro un parking enorme y ya más hacia la derecha, una hilera de taxis que no estaban aparcados, pero que parecían estar en su sitio perfecto. En todos ellos, había un conductor fuera del coche, fumándose un cigarrillo, esperando a que alguien se subiera en su vehículo para ejercer su profesión. Nos acercamos al de una mujer rubia con una coleta, que parecía bastante simpática. Mientras nos aproximábamos yo ya empezaba a inspeccionar la zona por todas partes.

Incluso me dio por fijarme en los coches.

El corazón se me paró.

Como si este tuviera un rayo de luz proveniente del puñetero cielo, un coche sobresalió de entre los muchos otros, mostrándose en mi vista como si fuera el único ahí. Era un puñetero Cadillac Escalade. Intenté mirarle la matrícula pero había un par de coches delante que me lo impedía. La cuestión en realidad era ¿y qué más te da saber el número de matrícula? No te sabes el de Tom, no podrías comprar.

¿Pero, sería ese el coche de Tom? No se veían muchos Cadillacs Escalade así tan fácilmente, aunque no sé qué diablos pintaría el rastas en el parking de la estación la verdad.

Intenté no pensar más en eso, y simplemente me metí en el taxi. Le dimos la dirección a la mujer y enseguida llegamos al hotel.

-Oye, ¿por dónde se supone que sale de fiesta, Tom? Me refiero, si sabes el tipo de locales a los que suele ir. – preguntó Ashley, saliendo de un restaurante donde habíamos cenado.

Teníamos intención de empezar la búsqueda hoy, pero finalmente nos decantamos por tranquilizarnos y salir un poco antes de meternos pronto en la cama, y empezar mañana con un día bien fuerte, levantándonos temprano y mirando en cada calle de Düsseldorf hasta dar con él.

-La verdad es que no tengo ni idea, pero me imagino que no sitios demasiado caros, no sólo no parece no tener demasiado dinero, sino que está ahorrando para ir a Berlín una temporada. – aclaré, cosa que era verdad. No me entristecía pensar que yo no era la causa de su visita a la ciudad, pero básicamente porque los temas de familia son muy importantes.

-Uh… ¿Quiere ir para estar contigo? – estaba claro que alguien iba a hacer, la pregunta, y esa era Ashley.

-Eso parece… – mentí. Yo no era nadie para ir promulgando la vida de Tom, eso era cosa suya, aparte de ser un tema bastante peliagudo y difícil de tratar. Ash simplemente sonrió y asomó la lengua entre los dientes, dándome a entender que parecía una idea de lo más sexy. Y lo era la verdad, si Tom venía a Berlín, supongo que ya no era sólo por su hermano, imagino que tendría intención de verme, ¿no? Bueno, todo depende de cómo salga este experimento.

-Vale, hemos quedado que nada de lugares demasiado caros. ¿Nos vamos a un bar a echar una cerveza? –sugirió Georg. Nos miramos entre nosotros unos momentos, y luego asentimos rápidamente. ¿Por qué no? Parecía un buen plan. – No creo que nos encontremos a Tom en el primer bar que visitemos, pero de todas formas, todo el mundo ojo avizor.

Estuvimos bajando la calle del restaurante que no se alejaba demasiado del hotel como mucho unos diez minutos hasta que encontramos un bar-discoteca, dónde parecía que ponían buena música y no cobraban por entrar. Decidimos que ese sitio era perfecto y nos sentamos en un sofá que había algo apartado, en el medio de una pared.

Yo fui a la barra y pedí tres cervezas, y enseguida me reuní con ellos dos. No vi que hubiera mucho tema de conversación entre ellos dos y pensé que sería evidentemente por los acontecimientos “recientes”. Ahora Georg, tendría que olvidar a una Ashley que era completamente consciente de que el castaño llevaba enamorado de ella desde siempre, porque aparentemente se había hecho lesbiana. Desde luego, todo un panorama. Pero lo seguimos con el hecho de que se ha ido con la ex de su mejor amigo, que también se ha pasado a la otra acera.

Este último, o sea yo, empieza a admitir que se ha pasado a la otra acera, y no sólo por un único chico. No digo que no me gusten las mujeres, todo lo contrario, si no que ya no sólo me gusta Tom como persona, si no… Como cuerpo. Digamos que definitivamente le estoy encontrando atractivo a un tío, y a su paquete. Oh dios, ya lo creo, sobre todo después de descubrir lo que puede pasar con ese paquete.

Qué cosas.

Aunque de momento, sólo me acuerdo del paquete de mi chico, ¡eh! Es el único que me interesa.

Estuvimos hablando un buen rato sobre banalidades de la decoración del local, aunque Georg no participaba, parecía estar ensimismado con una muchacha muy bonita, que había en la barra. Parecía estar sola, o por lo menos hacía rato que no había nadie a su alrededor que nos indicara lo contrario. Le di un codazo pequeño, y este salió del trance. Me miró interrogante.

-Dile algo, es el momento. – le sugerí. Este alzó una ceja, parecía no estar de acuerdo. – Que sí, hombre sí.

Te acercas y le preguntas que si está sola, si te dice que no, pues salimos por la puerta y no volvemos nunca más, pero si te dice que sí… Invítala a algo. – le guiñé un ojo. Él simplemente se rio de todo lo que le estaba diciendo. – Cambia el chip.

-No sé ni qué decirle… – empezó a quejarse.

-¿Qué más da? Invéntate algo.

-Pero…

-Va coño, que mañana nos levantamos temprano. – le pegué un empujón que lo obligó a levantarse de la mesa, y maldiciéndome con la mirada, se fue alejando de nuestra posición para acercarse a la de la muchacha en cuestión.

-Vaya por dónde ¿qué te parece? Parece que al final si se ha atrevido. – ni se lo había pensado el chaval, nada más llegar le tocó en el hombro y ésta se giró algo sorprendida. Nada más que veía sonrisas entre los dos, así que supuse que iba a ir bien la cosa.

-Increíble. – dijo Ash.

-Vale, nuevo plan. Te tengo que pedir por favor que aceptes. – Ash me miró con algo de recelo y simplemente asintió, esperando a lo que iba a decir. – Lo llamaremos Operación polvo de Georg.

-¿Cómo? ¿Por qué?

-Porque el pobre lleva mucho sin follar, así que hay que facilitarle la tarea como sea.

-¿Y qué pinto yo en todo esto? – preguntó, con algo de desconfianza en el tono de voz.

-Pues que tú eres la de la habitación para ti sola. Apuesto a que también tienes cama de matrimonio. –puntualicé. A Georg y a mí nos habían puesto en la misma habitación, y no caímos en que normalmente si se pide habitación para dos suele ser con cama de matrimonio, y estábamos sentenciados a dormir juntos. Ash, al ser una chica se había pedido la habitación separada a la nuestra, pero seguro que le habrían puesto una cama al menos más grande de lo normal.

-¿Y…? – creo que ella sabía perfectamente por dónde iba el asunto, pero no quería demostrarlo.

-Oh vamos Ash, es evidente. Haced un cambio de habitaciones. ¿Y si la chica le sale decente y no quiere montárselo en el baño la primera vez? Estaría bien que tuviera una cama. Solamente tienes que dejarle tu habitación. Hacéis un cambio. – puse voz persuasiva, y ojitos de perro abandonado. Me moría de ganas de darle una alegría al chaval.

-¡Si hombre! ¿Y yo qué?

-¿Cómo que “que tú qué”? Estás pillada, tía. No puedes ponerte a ligar. De hecho, yo tampoco, así que por eso deberías hacerle el cambio a Georg si sale la oportunidad.

-No no, digo que yo ¿Dónde duermo? – pero al pronunciar esa frase cambió el semblante de golpe. – Oh vale, ya entiendo lo de hacer el cambio. ¿Crees sensato que durmamos juntos con nuestros antecedentes? – dijo, riéndose.

-Pues claro, yo no pienso hacer nada, Ash. Uno, por el castaño de delante, dos por el rubio de las rastas, y tres por la morena que tenemos en común. Aparte, que tampoco quiero, Ash. Eres mi mejor amiga, las cosas deben de quedarse como están que ya están bien. – intentaba camuflar el hecho de decirle que tampoco quería hacer nada con ella porque no me apetecía en sí. Aunque estuviera soltero y con todas las condiciones libres, ella no sería la opción que me llevaría a la cama.

-Bueh, supongo que no tengo más remedio. Todo sea por alegrarle la picha al castaño. – y alzó la cerveza hacia mí, para realizar un brindis.

Me reí del comentario y simplemente alcé la cerveza en el aire para chocar nuestras cervezas por la polla de nuestro amigo.

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Le pasamos la tarjeta de la habitación de Ash sutilmente y éste la cogió. Pudimos verle cierta cara de confusión, pero después de un instante sonrió ampliamente. Junto con la tarjeta le pasamos una servilleta que tenía escritas las palabras “A las diez listos y desayunados”. La verdad es que yo tenía la paranoia de querer empezar el día mucho antes, porque las diez de la mañana me parecía la hostia de tarde, pero la pelirroja me hizo reflexionar, diciéndome que todo lo que no había dormido Tom en todo el campamento, lo estaría haciendo ahora, y que de seguro para el mes de Agosto, no lo íbamos a encontrar en pie a las ocho de a mañana en Düsseldorf.

Y la verdad que después de pensarlo apenas unos instantes, le di toda la razón. ¿Y si encontrábamos su casa a primera hora? Bueno, también era cierto que si encontraba su casa me daba igual despertarlo fuera la hora que fuera, pero… En fin. Supongo que en el fondo tampoco quería madrugar demasiado.

Ash y yo llegamos al hotel sin dificultad. La verdad es que fuimos subiendo en el ascensor completamente en silencio, y eso me pareció raro, porque cuando la miraba a ella no es que pareciera muy dormida. Fui a preguntarle un par de veces, pero después simplemente lo dejé pasar.

Ash abrió la puerta y rápidamente se encaminó como una bala. Me chilló fuertemente que me quedara ahí y nada más pronunciar tales palabras se me paró el cuerpo y me quedé inerte.

-¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!! – de nuevo apareció en escena y se abalanzó encima mío. Me quedé un poco estático pero después simplemente me relajé. Me sorprendí mucho de eso porque ni siquiera yo me había puesto a pensar en ello. Sí es cierto que era consciente que ya habían pasado de las doce y todo eso, pero…

No sé, ni siquiera pensé que se acordarían ellos. Me entraron ganas de llorar de la emoción.

-Oh dios, gracias Ash. – le dije justo antes de besarle en la frente sonoramente. – ¿Porqué me has pedido que me quedara aquí? – dije algo sorprendido, analizando la situación.

-Es que estaba preparando tu regalo, tonto. Lo tienes encima de la cama. – y entonces se separó de mí e hizo un gesto con la mano, como dándome paso hacia dentro de la habitación, dónde ya se pudiera ver entera. Se me aceleró el pulso.

-Si es Tom desnudo con un lazo en el pene espero que, salgas de la habitación, y que el lazo se lo haya puesto él solo… – dije entre risas, a las cuales enseguida me siguió Ashley, dejándome ensordecido completamente.

Llegué al lugar en cuestión y evidentemente no me encontré a mi maromo preparado para una sesión de sexo salvaje que necesitaba urgentemente, si no que en su lugar pude ver dos objetos.

El primero se podía ver a simple vista, y nada más tenerlo delante de mis ojos, lo alcé para verlo mejor, con el corazón apunto de explotar.

Era un dibujo sólo a grafito y carboncillo de nosotros tres, donde yo estaba justo en el medio. Era muy curioso porque parecía que hubieran dos tipos de trazados distintos, uno superpuesto a otro. Los tres nos reíamos en el dibujo, y sinceramente parecía una puñetera foto en blanco y negro. Se transmitía un sentimiento impresionante sólo con mirar a los ojos de cada uno, y se podía ver la amistad y el amor que había entre los tres. De nuevo sentí un pinchazo en el corazón al recordar lo mal que me había portado con ellos en ciertos momentos de mi vida.

-Lo hemos hecho los dos. Él hizo la base del dibujo, y yo me encargué de darle los detalles más chungos, y eso. Ya sabes que Georg lo intenta, pero que no es demasiado bueno… – dijo entre risas. Eso me hizo sonreír.

-Es increíble. – de pronto me fijé en el detalle de que estaba enmarcado y todo. – Me encanta. ¿Oye, y porqué me das esto sin Georg? – dije algo triste.

-Hemos tenido una pequeña conversación por signos en un momento donde tú estarías pensando en Tom o algo así, y me ha dicho que no le importaba, que mañana ya te felicitaría.

Asentí y pasé directamente al siguiente regalo. Era una caja no demasiado profunda, envuelta en papel de regalo. Me dediqué a extirparlo como si fuera algún tumor maligno y miré si la caja era de algo en concreto.

No, simplemente era gris a secas.

La observé un instante y luego abrí la tapa lentamente. La verdad es que ya me podía imaginar qué había dentro, y no iba mal encaminado.

Me encontré con un chaleco negro de cuero, muy fino y sin ningún tipo de decoración más que él en sí, y muchas cadenas que eran como collares. Los fui sacando para verlos detenidamente, y de debajo del chaleco salieron más pulseras.

-Wow, ¡qué genial! Joder, sabéis mis gustos… – dije algo asombrado.

-Bueno, en realidad los sé yo. Georg sólo puso la mitad de la pasta…- dijo entre risas. Al oír eso pensé que eso encajaba más con la realidad.

-Pues lo has escogido perfectamente, Ash. – volví a darle un abrazo y esta me besó en la mejilla dulcemente.

-Me alegro que te guste. – y puso una sonrisa tan amplia y bonita, que por un instante se me olvidó el mundo y el porqué estaba hoy en Düsseldorf, y no en mi casa. – Ahora, si no te importa me daré una ducha, que necesito un poco de relajación. – se separó de mí y fue hacia una de sus maletas. – ¡Oh mierda, toda esta ropa es de Georg! Seré imbécil… – se sentó en la cama y suspiró sonoramente. – Me cago en la puta, cómo no he caído en eso… Mi llave la tiene él.

-Bueno, si es por ropa yo te puedo dejar un pijama, Ash. – me encogí de hombros. No era la gran cosa, sinceramente. Ella era como mi hermana, casi y repito casi, le diría que durmiera desnuda, pero bueno, como ella antes había dicho, teníamos unos antecedentes demasiado peligrosos para eso. Y sin contar que necesito un polvo con urgencia. Aunque realmente, y sabiendo que me está jodiendo admitir esto, me apetece un montón que me la metan. Buft, he descubierto un mundo entero con eso, joder.

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Ash simplemente aceptó mi proposición y enseguida se metió en le baño para ducharse. Mientras ella estaba ahí dentro le fui preparando una camiseta y un pantalón y se los dejé en su lado de la cama. Se cambió enfrente de mí, y eso fue bastante vergonzoso porque me sentí obligado a girarme y no verla en ningún momento. ¿Qué pretendía? Simplemente decidí no pensar en eso. De espaldas a la pelirroja escuché cómo se metía en la cama, se ponía a marcar un teléfono. Me volteé algo confuso y la miré algo extraña. Por mi parte fui encaminándome yo esta vez hasta el baño, y justo cuando entré, la oí responder. Y ya me veis a mí, como un puñetero cotilla, escuchando detrás de la puerta. Tenía una ligera sospecha.

-Hola cielo, ¿Cómo estás? Andas muy liada con lo de la universidad, ¿no? Mañana ya tienes que estar ahí para preparar las clases… – Efectivamente, estaba hablando con Dawn.

Hombre, era algo lógico, ¿no? Parecía que definitivamente estaban saliendo, así que yo también la estaría llamando cada vez que tuviera un momento. Aunque en el campamento era ella la que tenía que venir a mí si queríamos algo de conversación privada. Qué hijo de puta que llegué a ser con ella, de verdad que se merece todo lo bueno y más.

Me metí en la ducha y dejé de pensar, simplemente no quería darle más vueltas a un tema tan pasado. Ahora la prioridad era encontrar a ese alguien a quién llamar cuando estuviera de viaje o simplemente cuando tuviera ganas de hablar con él. Me puse bajo el chorro de agua, y simplemente dejé que se me limpiara el cuerpo del peso de todo el día.

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Tom

El sonido del despertador me invadió los sueños que estaba teniendo. No recuerdo absolutamente nada de ellos pero juraría que no eran nada buenos. Llevaba ya mucho tiempo que no soñaba algo bonito ni de lo que no quisiera despertar. Simplemente me iba a dormir, y despertaba al día siguiente después de una nube gris o negra. Las noches no eran nada de lo que quisiera ser consciente, porque nada más que suponían otro momento más de soledad.

El sonido del despertador aún estaba sonando con constancia pero no había manera de que pudiera mover ni un solo músculo. Estaba sintiendo un peso enorme en todo mi cuerpo, y era de puñetero cansancio.

De golpe fui consciente de que estaba abrazando a alguien. Tenía la cabeza de alguien en mi pecho, y yo le abrazaba por la espalda. Me puse muy tenso, pero aún no era ni capaz de abrir los ojos. ¿Quién coño era? ¿Me había ligado a una chica? Por el amor de dios, Tom, ayer bebiste mucho, intenta recordar quién es.

Fuimos a un local que era especialmente caro, y me puse a buscar a Bill como un loco. Recordaba haberle confundido varias veces con una chica que tenía un pelo parecido al suyo, y la perseguí varias veces. ¿Sería ella?

Tanteé con las manos un poco su espalda y no encontré ningún sujetador. Mierda, o no lo llevaba y eso quería decir algo muy claro, o no era una mujer… Me quedé petrificado. ¿No era una mujer? ¿Sería Bill…? No, era imposible. Empezaba a destensarme por momentos y volví a pasear mi mano por su espalda. Era delgada, como la suya, y eso empezó a ponerme los pelos de punta. Intentaba salir del trance en el que estaba sumido, pero el despertador no me dejaba pensar. Bajé la mano poco a poco, si había alguna manera de reconocerle, era tocándole el culo.

-Huummmm… – el poco sonido que llegó a emitir era demasiado confuso como para reconocerle la voz, pero era de hombre, eso estaba claro. Se estaba quejando por el despertador, ya que yo aún no había llegado a bajar la mano del todo.

Supongo que en el fondo tenía miedo de encontrarme con un desconocido, y eso era el causante máximo de que no pudiera abrir los ojos. Me asustaba lo que pudiera ver. Me asustaba sobre todo que no fuera él, pero me aterraba que fuera un tío cualquiera. ¿Enserio había tenido sexo con un chico que no fuera Bill? Esto empezaba a írseme de las manos. Pero si fuera Bill, me acordaría, no? Por mucho alcohol que hubiera ingerido, el hecho de encontrarlo tendría haber hecho que me bajara el alcohol de golpe, y hacer que me acordara de todo. Pero no, no era así.

-¿Bill…? – pronuncié, mientras mi mano descendía y descendía. Le toqué el culo por encima del bóxer, con algo de miedo, y no me pareció reconocerle. Volvió a gemir un poco. Metí mi mano por debajo del bóxer y apreté un poco más sus nalgas entre mis dedos. No… No era él.

-¿Mario…? ¿Pero qué hora es? ¿Tan pronto quieres…? Está bien… – Noté cómo las manos de alguien me agarraban la cabeza, y me aproximaban a él. Y de pronto, unos labios me besaron. Creo que en la vida había sentido algo así de extraño.

No tuve más remedio que empezar a abrir los ojos, y de golpe…

-¡¡¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH!! – la cara de Andy apreció delante de mí, con la misma cara de sueño que la mía. Me miraba con los ojos de pánico y poco a poco empezó a poner bastante cara de asco. – ¡¿Pero qué coño?! – pronunció. Me quedé en blanco mientras que él se levantaba de la cama y se volvía a colocar bien el bóxer.

ME CAGO EN LA PUTA.

-¿¡Pero, pero pero… Qué diablos haces aquí?! – pregunté, aún en estado de shock, mientras también me alejaba de ese colchón, que ahora parecía mancillado en todos los sentidos.

-¡¡La pregunta es qué hacías tocándome el culo!!

-¿Y eso te parece lo extraño? ¡Me has besado!

-¡Porque me estabas tocando el culo, ¿no te jode?! ¡Creí que eras Mario! ¡Y apaga esa puñetera mierda de una vez, empieza a taladrarme los oídos! – señaló al móvil de mi mesita de noche. Lo agarré enseguida y le di cien veces a «apagar» hasta que dejó de sonar.

Me quedé mirando la mano con la que había hecho la fechoría. No me podía creer que esto estuviera pasando. Me senté en el filo de la cama, de espaldas al rubio e intenté pensar con claridad. ¿Por qué estaba Andy ahí? De pronto empecé a mirar en todas direcciones. Aquello… Aquello no era mi habitación. Que va. De ninguna de las maneras. Empecé a observarlo todo y ni siquiera parecía tener la ventana en el mismo sitio. Si no llegara a ser por la decoración, podría jurar que estaba en otro hotel.

-¿Qué diablos…? ¿Por qué no estamos en nuestras habitaciones? – intenté desviar la trayectoria de una conversación de la que por mucho que quisiera, no me iba a poder librar. Sí, yo tenía la culpa, me había despertado con alguien entre brazos y en vez de abrir los ojos me había puesto a inspeccionar sin ningún tipo de permiso.

Joder, le he tocado el culo a Andy, ¡y dos veces! ¡Y por debajo de la ropa interior! Maadre mía, Mario me mata. Oh dios, me había besado con Andy. JODER. Esto no podía estar pasando, NO PODÍA ESTAR PASANDO. ¿Estaba soñando?

-Joder, mira que ibas borracho… – decía este, buscando cosas entre su maleta. – Cuando llegamos nos dijeron que por necesidades del hotel, habían tenido que usar nuestras habitaciones y nos dieron una compartida. Cuando llegamos ya teníamos todas las cosas. Ibas tan borracho que te pareció bien todo, y nada más llegar te quedaste en ropa interior y te metiste en tu lado de la cama.

Lo vi aún algo pensativo, y me miraba de arriba abajo, negando con la cabeza, dejando claro que estaba flipando con lo que estaba pasando.

-¿Así de fácil? ¿Cómo es posible que nos digan esto en el hotel? ¡Qué poca profesionalidad! Hay que bajar a quejarnos.

-No creo que puedas, ayer firmaste un papel y todo. Yo tampoco iba muy fino así que también iba a mi olla, y no fui del todo consciente. – nos quedamos en silencio un instante, y después abrió la puerta del baño. – Me voy a duchar.

Asentí mientras volvía a tirarme en la cama, mirando al techo, intentando tranquilizarme. Creo que no empezábamos un buen día.

Empezaba a recordar todo. Quizás no sobre la fiesta de anoche, pero sí sobre la vida en general. El móvil marcaba ya día tres de septiembre. No había rastro ni del pelinegro, ni de sus dos mejores amigos. Ni siquiera había visto alguna cara que me recordara a algún compañero de su universidad. Estaba empezando a exasperarme, y me estaba dejando mucha pasta visitando los sitios más pijos que se me ocurrieran. Incluso Andy había estado en las redes sociales, mirando los eventos más interesantes en Berlín. Exposiciones de arte y mil cosas que pensamos que serían del interés de Bill. Pero parecía que no.

Este hombre se había escondido bajo las puñeteras piedras.

Eran las once de la mañana. Era la primera vez que nos levantábamos tan tarde para salir a buscarle pero es que llevábamos un par de días que nos íbamos tarde a dormir y nos levantábamos muy temprano, sinceramente estábamos hechos polvo. Así que parece que la única cosa lúcida que había llegado a hacer anoche fue poner la alarma un par de horas más de lo normal para intentar recuperar un poco las fuerzas.

Me levanté de la cama y busqué la ropa limpia que me iba a poner. Escuché que Andy ya había cerrado el agua así que no tardaría mucho en salir del baño. Me quité la banda del pelo, que parecía que no me llegué a quitar anoche, y justo volvió a aparecer Andy con la toalla alrededor de la cintura.

-Ui, Tom, ¿y esas raíces? ¿No deberías repasarte las rastas? – dijo, mientras se secaba el pelo frotándose con una toalla en la cabeza.

-Nah… Creo que me cortaré el pelo, y me lo estoy dejando así para no tener que raparme al cero. – comenté, mientras seguía buscando más cosas entre mi ropa, como las zapatillas de baño.

-Oh… Será raro. – la conversación fue bastante banal, pero había cierta tensión entre los dos, no sabía muy bien qué más decir para relajar el ambiente. – No besas mal, la verdad. – dijo riéndose. Mieeeerda.

-Cállate, Andy. Me has besado tú. – no me atreví a mirarle a la cara.

-Eh, yo te he dicho que besas bien, podrías decirme que tengo un buen culo. Si no de qué me lo tocas por debajo de la ropa.

-Cállate. – repetí, rojo como un tomate. – No me atrevía a descubrir quien eras, por si resultabas a ser algún   tío cualquiera, así que si eras Bill, te habría identificado tocándote el culo.

-¿Un tío cualquiera? ¿De verdad crees que podrías haberte tirado a un tío?

-Yo que sé, pero me daba pánico descubrirlo. – admití.

-Pues de momento todo bien. – asentí mientras Andy decía eso. – Por lo menos por la parte gay. Ahora te pregunto ¿crees que te habrías ido con otra chica sabiendo que puedes encontrarlo? Bueno, la noche aquella, cuando te encontramos en el parking, parece que no fuiste capaz, pero ¿hoy? ¿Después de ya tanto tiempo?

-No lo sé, la verdad. También me molestaba la idea de haberlo podido hacer. – me sinceré. Negué con la cabeza y después me pronuncié por última vez. – Oye, me voy a duchar yo también.

-Vale, – justo fui a cerrar la puerta del baño cando él volvió a hablar. – ¡Eh! Yo te he dicho que besabas bien, ¡Vaaa, dime que tengo un buen culo! Porfa, porfaa – dijo entre risas.

-Vete por ahí. – me reí yo también antes de meterme en el baño.

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Decidimos hacer un café en la calle más importante de toda la ciudad. No esperábamos ver a Bill en un sitio tan transitado, pero igual la idea de estar en un sitio tan importante de la ciudad, llamaba la atención de este.

No me quería desanimar pero ya llevábamos la mitad del tiempo y no sabíamos absolutamente nada de nada.

-Hola, ¿qué les pongo? – me giré hacia la voz a la que pertenecían esas palabras y me encontré con una preciosa chica de piel blanca como la nieve, y pelo negro y largo como el carbón. Estaba llena de tatuajes. La etiqueta de su uniforme indicaba la palabra “Caroline”. Buuf, qué mujer.

-Emmm… Hola preciosidad – la faceta de “Don Juan” afloró en mí después de casi dos meses. Esta se sonrojó y luego me sonrió ampliamente. Noté una pequeña patada por parte de Andy, y tuve que controlar el quejido que casi se escapa de mi garganta. – Bueno, yo una cerveza. ¿Y tú? – miré al rubio, y le devolví la patada. Este también intentó disimular poniendo una mueca muy graciosa.

-Lo mismo, por favor. – contestó en cuanto se recuperó. Mi recién ángel caído del cielo contoneaba sus caderas de un lado a otro, mientras se alejaba de mí. Creo que hasta suspiré mientras más se iba separando de nuestra mesa. No veía el momento en que volviera.

-Oh, me he enamorado. – exclamé, con voz teatrera.

-Ya lo creo que sí, pero aún más de Bill. Esa muchacha era su vivo retrato. Sólo quítale las tetas y acórtale un poco el pelo. Es él, Tom.

-Él con tetas, un paraíso. – continué con mi pequeño embelesamiento.

-Oh, estoy seguro de que te la follarías por detrás pidiendo el nombre del otro como un desesperado. No intentes tapar un agujero con alguien que se le parezca tanto porque así nada más que haces es cavar más hondo. – sentenció. Me quedé pensativo, y desde mi posición en la calle, podía verla a través de los cristales de la puerta, cómo pedía lo que nosotros le decíamos.

-Ta… Tampoco se le parece tanto. – mentí. Y además mentí con todas las letras porque yo mismo empezaba a vislumbrar a mi moreno a cada paso que daba hasta nosotros.

-Tom, a mí no me puedes mentir. – sentenció. Después puso una cara rara para indicarme que se acercaba la camarera. Como si no me hubiera dado cuenta yo solo.

Nos callamos mientras colocaba las cervezas en la mesa. Diablos, tenía los ojos negros muy maquillados, y un brazo totalmente tatuado. Bill no lo estaba tanto, pero tenía todo un costado lleno de tinta, así que no dudo que él sería capaz de llenarse hasta arriba.

-Gracias encanto. – dije mientras alzaba la birra, como haciendo un brindis al aire por ella. Se sonrojó mientras se iba. Andy negó lentamente con la cabeza, y suspiró. – Ya lo sé Andy, pero si no lo encuentro, tendré que olvidarme de él de alguna manera, ¿no?

-¿Pero que no me has oído antes o qué? Caroline nada más que hará que te acuerdes de él.

-No, me recordará lo maravillosas que son las tetas. – dije con una sonrisa socarrona. Ya lo he dicho, Bill con tetas, un puñetero paraíso.

-No Tom, no te pases otra vez al lado oscuro, aquí estabas muy bien, centrado sólo en una persona e implicado en una relación. Tom con los pies en la tierra, eso sí que es maravilloso. – y alzó él esta vez la cerveza, para brindar.

-Si encuentro a Bill, intentaré no moverme de acera, pero todo depende de cómo vayan las cosas una vez lo encuentre. – intenté cambiar el tono de voz para hacerle notar que con encontrarle no iba a tener suficiente, el moreno se estaba riendo de mí o algo por el estilo porque parecía que no quería saber nada de nuestra relación, y eso es algo que no podía consentir.

Y de pronto, me quedé petrificado. Y no, no fue por haber vislumbrado al mencionado entre la gente, no. Vi a alguien, igual de moreno, e igual de maquillado, pero que no era él. Me dijo a la lejanía con gestos que no dijera nada, y yo recé por no haber sido demasiado evidente con mi petrificación. Mario se acercaba por la espalda de Andy. Aquí, en Berlín, en la otra puñetera punta del país. ¿¡Qué diablos hacía aquí?!

Se le puso justo detrás de su espalda, y le tapó los ojos. Andy pegó un bote en su asiento y se quedó en tensión.

-¿Quién soy…? – la inconfundible voz de Mario no hizo ningún tipo de efecto positivo en Andy, simplemente con las manos temblorosas forzó las manos del otro para separarlas de su cara y se giró con lentitud y cara de puro asombro. Cuando realmente se cercioró de que ahí estaba su novio, se le cambió el rostro y casi se puso a llorar. – Hola mi amor… – volvió a pronunciarse el moreno mientras lo rodeaba fuertemente por el cuello.

-Mario… ¿Qué haces aquí? – dijo el rubio, con la voz entrecortada.

-¡Sorpresa! – y después le besó con fuerza. Andy se dejó besar al completo y por un segundo no quise ni estar en la misma mesa que el os. Esto empezaba a ser muy personal. Y empezaba a despertarme cierta… envidia.

Me fui a levantar y dirigirme al bar para fingir que iba al baño, y parece que ni se dieron cuenta. Sonreí mientras me alejaba.

-Puñeteras maricas… – sentencié. Espero que Mario nos explique con pelos y señales qué puñetas pasaba.

Intenté centrarme en otra cosa, y recordé por qué estábamos en Berlín. Mientras avanzaba en silencio hasta el baño me fijé en todas las caras el lugar. ¿Y si Bill estaba ahí? ¿Y si esa era alguna de sus cafeterías habituales? Con cada vez más cara de desánimo estaba llegando a la puerta de los servicios.

-¿Y esa cara tan larga? – la voz de Caroline apareció en un mar de caras que intentaba identificar, sin tener ningún resultado.

-¿Eh? – salí del trance, y la miré algo sorprendido. Estaba sentada en la barra con un café y un croissant. –Oh, perdón, tengo un día un tanto extraño. – No es Bill , no es Bill, no es Bill…

La miré fijamente e intenté buscar todas las diferencias entre ellos. Lo básico era el sexo. Yo ya había admitido que me gustaba un tío, y supongo que hasta se había convertido en parte de su encanto, y eso ya era incluso un punto en contra para ella. Tampoco tenían la nariz parecida, pero por ejemplo sí que tenían unos labios iguales, aunque le faltaba esa preciosa peca que tenía justo debajo de estos. La sonrisa de Caroline era preciosa también, pero no se parecía a la de Bill, y tenía las orejas con dilataciones. Bill ni siquiera tenía pendientes.

En fin, supongo que mi obsesión hacía que viera a mi moreno por todas partes, y no era así.

-¿Quieres sentarte un poco? Igual hablar con una desconocida te distrae de la mierda que puedas estar sufriendo. – dijo, alzando el croissant que tenía en la mano, y señalándome el taburete que había enfrente. Me lo pensé un instante, y luego accedí. – Ei, eso es genial. ¿Cómo te llamas?

-Tom. – contesté al instante. – Ya veo que tú, Caroline. – intenté seguir la trama básica.

-Sí, ya nunca tengo el don de la sorpresa. – me reí un poco con ella, aunque tampoco era un comentario demasiado ingenioso. – ¿Qué te trae por aquí? Por tu acento diría que eres de por el oeste, ¿me equivoco? –me quedé un poco sorprendido por ello.

-En absoluto, la has clavado. Soy de Düsseldorf exactamente. Me quedo por aquí hasta el domingo. Y bueno… Estoy por aquí porque estoy buscando a alguien. – se me puso el corazón a mil. ¿Qué hacía? ¿Le hablaba de Bill? ¿Y si lo conocía?

-Oh vaya, ¿alguna enamorada tuya? – alzó las cejas un par de veces, juguetona. Dios, ¿y ahora qué le decía?

¿Que en realidad era una enamorada con polla? ¿Estaba preparado para admitir a alguien que no era de mi círculo cercano que estaba saliendo con un chico?

Tenía el pulso acelerado. Si le decía que era gay ya no tendría ninguna oportunidad con ella. No es que fuera algo que deseaba fervientemente, pero si lo de Bill fallaba y conseguía superarlo, esta muchacha tenía muchas papeletas para ser llamada cuando volviera a buscar a mi hermano.

-Algo así, nos conocimos en verano pero no nos hemos vuelto a ver, y sé que es de Berlín. – tardé cien horas en completar esta frase ya que estuve buscando las palabras exactas para no decir ninguna palabra con género.

-¿Oh, y como es ella? Igual te puedo ayudar. – dijo, mientras le daba vueltas al café.

-Oh pues… Se parece mucho a ti. – sentencié. Esta pareció ponerse colorada. – Tiene el pelo negro, pero no tan largo como el tuyo, la piel muy blanca y usa mucho maquillaje. – de nuevo buscaba palabra por palabra para que no pareciera que hablaba ni de una chica, ni de un chico. – Y también tiene tattoos, lo que pasa que se le ha de quitar la ropa para poder verlos… – dije, guiñando un ojo, instintivamente. Me maldecí después de hacerlo. No quería que se pensara algo antes de tiempo. – Y em… Ya está.

-¿Ya está? Tendrá un nombre ¿no? – dijo como si fuera lo más obvio del mundo, que en realidad… lo era. Oh vale Tom, ¿qué le dices? ¡¿Qué le dices?!

-Oh sí, claro… Se llama… – sonreía ampliamente. Qué guapa era. – Bi… Bi… – piensa Tom, piensa que ya estás hablando en voz alta.

-¿Bibi?

-Bibian. – ¡ALA! A la mierda. Si esta chica conocía a Bill, ya no lo sabremos nunca. Y seguro que ni siquiera va con B, pero ya daba igual.

-En la vida he oído nadie que se llame así… Lo siento. – se disculpó. Normal, no creo que haya muchas personas en Alemania que se llamen así.

-¿Y tú qué? ¿Alguien por ahí? – intenté desviar la atención de mi tema.

-Bueh, ya sabes, nada seguro. Hay uno que me gusta un poco, pero ni siquiera se ha fijado en mí. Viene muchas veces, aunque ya hace un par de días que no lo veo.

-¿Que pasa de ti? Imposible. Debe de ser gay. – nos reímos un poco, y cuando fui consciente de lo que acababa de decir, me sentí ofendido de mí mismo. Me va a explotar la puta cabeza.

-Nah, se ve que es un romanticón, no acaba de superar un antiguo amor. Y sí, era una mujer.

-Pues vaya…

-¡¡Putom!! Pero si estabas aquí, joder, ya pensé que te habías ido – de pronto entró por la puerta la esbelta figura de Mario, que avanzaba a pasos agigantados hasta mí. Se tiró encima de mí, y me abrazó con fuerza.

Me tuve que levantar y todo porque de seguro habría tirado el café de ella. Le devolví el abrazo y después me giré de nuevo a Carol, aún rodeando un poco a mi mejor amigo.

-Oye… Si ves a alguien que concuerda con su descripción, l ámame. De todas formas, volveré de aquí un tiempo por asuntos familiares, si los dos estamos solos, podríamos quedar… – solté, ni corto ni perezoso. Esta se quedó muda al principio, pero enseguida sonrió, juguetona.

-Claro. – nos intercambiamos los móviles y salimos por la puerta después de pagar y dejar una generosa propina por el buen servicio.

-Espérate que yo me aclare. ¿Nos estás diciendo que has sido tú el que ha hecho el cambio de habitaciones? – dijo Andy, indignado.

-¡Claro! Así tendríamos tú y yo una de matrimonio, y Tom la individual que en realidad está a mi nombre, pero que hacemos el cambio de tarjetas y ya. – dijo Mario como si nada. – ¿Porqué estás tan enfadado?

-¿Por qué has tenido que hacer el cambio tan pronto? Esta noche ya hemos dormido en la habitación nueva, Mario. – dije yo, con el ceño fruncido. La verdad es que tenía más lógica que el cambiazo lo hubiera hecho Mario, pero seguía siendo poco profesional por parte del hotel.

-Es que creí que ya podía volver ayer, pero volví a tener complicaciones con la universidad y se ha atrasado un día más, lo siento. – se disculpó. ¡Ts! Se disculpó y ya. ¡Será posible! Ya podría haberme avisado como mínimo a mí, joder. La sorpresa era sólo para Andy, joder. Bueno, también me ha hecho ilusión que apareciera, pero… Joder, ¡que yo habría dormido en la habitación individual esta noche, joder! – Pero a ver, ¿Por qué os ponéis así los dos?

Habíamos decidido posponer ésta conversación para la hora de comer. Estábamos en un sitio de lujo, que porque poco no se asemeja a aquel al que llevé a Bill. Seguro que me clavaban cien pavos por comer aquí.

Menos mal que estos dos no tenían problemas de dinero como yo, porque si no ahora se estaban arruinando de mala manera.

-Por nada, por nada. – dijimos casi al unísono, cosa que hizo sospechar más a Mario. Alzó una ceja pero finalmente calló.

-Bueno, a todo esto… ¡¡Felicidades Tom!! – soltó de pronto, dejándome mudo. ¿Cómo? Miré instintivamente el móvil haciendo caso omiso de las palabras de Mario, y miré la fecha.

-¡Madre mía, es tres de septiembre! Primero, llegas con dos días de retraso, segundo, yo mismo llego con dos días de retraso… – se me había olvidado mi puñetero cumpleaños. Esto era increíble. – oh, y encima también es el cumpleaños de Bill.

-¿En serio? ¿Cómo lo sabes?

-Buh, una larga historia, el caso es que nacimos el mismo día. – y en el mismo sitio uno al puñetero lado del otro. Pero eso ya es algo que contaré más tarde. Me quedé en mi mundo durante unos instantes, atónito. Me había olvidado de mi puto cumpleaños. – está claro que Bill me tiene fuera del mundo.

-Feliz cumpleaños, hermano. – dijo Andy, entregándome algo. Hostias, un regalo. – Íbamos a dártelo cuando volviéramos a estar los tres juntos, pero Mario ha planeado todo esto por su cuenta y de paso se ha traído el regalo.

Lo miré algo extrañado y noté que era como rectangular. Lo liberé rápidamente del papel que lo envolvía y pude ver delante de mí un álbum de fotos. Me sorprendí y lo abrí enseguida. En él pude ver fotos del campamento, donde en todas salíamos o nosotros tres, o sólo ellos dos, o sólo yo… Bueno, todo tipo de combinaciones de nosotros tres. Tenía el pulso a mil por hora porque si Bill salía de fondo en alguna foto, sería la primera vez que volviera a ver su cara después de los vídeos. Y sinceramente estas fotos tenían una calidad muy superior a estos. ¿Estaría preparado?

-Tom, antes que continúes. – dijo Mario, tapándome el álbum con las manos. – Hay muchas fotos de él, pero las tengo yo. – lo miré con la respiración completamente congelada. – En el álbum he colocado sólo cinco, puedo quitarlas antes de que las veas, o puedo darte el fajo de resto de fotos. – la seriedad con la que me estaba diciendo eso apuntaba claramente a que sabía cómo podía afectar a mi salud lo que pudiera ver en ellas.

-De momento, me quedo con estas cinco. – dije quitando poco a poco la mano de Mario. Se me aceleró el pulso con cada vez que pasaba de página y finalmente encontré la primera foto. Se me escapó una sonrisa triste cuando pude reconocer LA foto. Aquella que nos hicimos encima de mi cama, por cortesía y capricho de mi maricona morena. – Ts… Ese día te pasaste un montón. – sentencié, aún con una sonrisa de lado.

-Sí, ya veo lo enfadado que estás… – ironizó.

La siguiente foto que encontré era una en la que se nos veía a los dos sentados en el suelo, con todo césped alrededor. Yo estaba sudado y sin camiseta, y Bill a mi lado con la cabeza ladeada hacia mí, como si ese gesto indicara más cercanía entre los dos. Esa cercanía que no demostrábamos en público. Recuerdo la foto.

Había sido después de un partido con los muchachos. Mierda, mierda Tom. No te pongas sentimental, coño.

La tercera foto fue un “robado” en el comedor donde Bill , con la boca llena haciendo mofletes, me estaba limpiando salsa de tomate de la boca, mientras se intentaba aguantar la risa y yo intentaba apartarlo a él.

También recordaba ese día. Lalalalalala, Tom piensa en cosas felices. Lalalalalalal canta un poco Tom. Todo está bien lalalalalalala.

Siguiente foto. Ésta vez éramos tres y teníamos de fondo el lago. Por orden en la foto salíamos Ashley, Bill y yo, sonrientes. Oh dios, a Bill se le veía el piercing de pezón y los tattos. Puuufttt, vuelve a cantar Tom, por el amor de dios. ¡Canta algo!

Última foto, Bill y yo abrazados después del concierto del penúltimo día. Recuerdo perfectamente lo nervioso que llegó a ponerse.

Cuando acabé de ver todas las fotos, simplemente cerré el álbum y lo dejé encima de la mesa, completamente pensativo.

-Quiero el resto de fotos. – sentencié, muy serio. Mario sacó el fajo un poco del bolso, y después de enseñármelo lo guardó de nuevo pero junto con mi regalo, dándome a entender que después me lo daría todo junto. ¿Porqué mierdas he pedido el resto de fotos? ¿Para torturarme más? Sí, parece que me estoy volviendo un poco masoquista.

-Bueno, sé que es un comentario bastante obvio, pero por lo que veo no habéis tenido nada de suerte aún para encontrar a Bill, ¿no? – dijo con la voz muy triste. Ése tono hizo que me entristeciera yo mismo. Suspiré sonoramente.

-No… – dije secamente. Sí, ahora mismo era la cosa más obvia que se podría haber comentado.

-No te rindas Tom, no te desanimes.

-Eso intento.

Continúa…

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