Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capítulo 6: Noche (P.2)
Tom
Tuve que ponerme la capucha de la sudadera porque parecía que empezaba a chispear. Acababa de salir del curro y estaba que echaba el vaho más blanco que podía ser producido. Entre el calor que desprendía yo, y el frío que hacía fuera, aquello era increíble.
Hoy había salido a las nueve de la noche y me habían ofrecido seguir trabajando en el turno de la noche, pero sencillamente esta vez me negué. Es la primera vez que rechazaba quedarme a trabajar, pero no podía simplemente hacer el turno de noche sin estar siquiera concienciado. Hoy me apetecía desconectar un poco, salir…
Aunque si empieza a llover, poco voy a poder hacer, la verdad.
A medida que pasaba más rato desde que había dejado de levantar cajas y asimilaba la temperatura de la calle, esta empezaba a calarse en mis huesos de mala manera. Pronto empezaba a tiritar de frío.
Me cago en mí y en mis ganas de ahorrar gasolina… ¡Si hubiera ido en coche ya estaría en mi casa! De verdad que sólo a mí se me ocurre ser así de poco previsor.
Empecé a rebuscar en mis bolsillos los auriculares para el móvil e intentar hacer la vuelta a casa más a mena, me había descargado la discografía entera de un grupo que me estaba empezando gustar y me apetecía bastante ponerme a oír la música.
Cuando creí haberlos encontrado en el rincón más oscuro de un bolsillo trasero, empecé a oír un sonido agudo me dejó helado. Me quedé petrificado en medio de la calle y retrocedí un par de pasos hasta volver al punto en donde se supone había oído el sonido. Era justo en medio de la entrada de un oscuro callejón del que había pasado de largo.
Me quedé quieto un instante y agudicé el oído.
Volví a oírlo.
Provenía de dentro del callejón.
No era un sonido que me recordara a nadie, era simplemente un sonido que dentro de las circunstancias y la situación del lugar en el que estábamos, no me hacía demasiado ilusión oír.
Me adentré dentro del callejón, que poco a poco al acostumbrarse mis ojos a este, se fue aclarando para poder vislumbrar mejor.
Volví a oír el sonido y me agache justo en la zona en la que había resonado más.
Con el corazón en un puño pude ver que en el suelo de aquel mugriento callejón, con basura desperdigada y cucarachas moviéndose por las alcantarillas, había un pequeño gatito que no podía tener más que una semana de vida. Era pequeño como la palma de mi mano si cabía y negro como la noche. Si no hubiera oído sus maullidos no lo habría identificado como a un gato, aún.
Estaba estirado en el suelo, prácticamente tieso, con la barriguita subiendo y bajando poco a poco, como si le estuviera costando. Me fui acercando poco a poco y cuando fui a tocarle pude notar que estaba completamente empapado. Al notar mi contacto empezó a maullar más fuerte y más seguido pero pareció cansarse… o agotarse.
Mierda, ¿se estaba muriendo?
Me entró el pánico máximo y empecé a mirar a todas partes. ¿Qué mierdas podía hacer ahora? Respiré hondo y lo primero que hice fue cogerlo entre mis manos. De nuevo al volver a sentir mi tacto intentó volver a maullar, pero cada vez le costaba más. Se pensaría que intento hacerle daño. Dios ¿qué hago qué hago? ¡¿QUÉ HAGO?!
Seguro que Bill sabría qué hacer en estos casos, apuesto a que en estos momentos él intentaría mantenerme la cabeza fría e intentar ponerme a pensar.
¿¡En serio ahora pienso en Bill?!
Agarré al gato y lo tapé un poco dentro de la chaqueta, intentando acunarlo con un brazo al mismo tiempo que lo intentaba cubrir del frío y del agua.
Me puse a pensar en todas las veterinarias que podría haber en el barrio, y rápidamente se me cruzó una por la mente. Recordaba pasar por delante de ella cuando hacía el camino largo hasta casa de Andy. No puede estar muy lejos.
Era bastante consciente que a las diez de la noche no iba a estar abierto ni de milagro, pero con un poco de suerte había servicio de urgencias.
Caminé durante un cuarto de hora parándome en portales dónde me pudiera resguardar de la lluvia a comprobar que el gato seguía respirando y que se estaba secando poco a poco y finalmente me encontré con la luz fosforescente de un cartel que indicaba los servicios de ese local. Desgraciadamente, las rejas indicaban que tenían un horario establecido.
Me puse como loco a buscar las palabras “Número de urgencias”, o “Clínica 24h”. Sabía que tenía en mis manos la vida de un ser vivo que apenas había tenido tiempo para explorar el mundo, y no quería que acabara muriendo. No lo podía permitir. Me puse nervioso porque recordaba que no le había oído maullar desde que me había plantado delante de la clínica, y volví a resguardarme en la portería de al lado para saber si estaba bien. Lo alcé delante de mi vista y lo vi con los ojillos cerrados, llenos de lágrimas y la boca entreabierta. Me entró el pánico porque pensé que al final había sucedido lo peor, pero de golpe me di cuenta de que podía notar los acelerados latidos de su corazón, parecía que seguía luchando.
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Volví delante de la clínica y revisé cada una de las palabras que podía encontrar en ese rótulo y finalmente di con las palabras esperadas. Debajo del todo con nueve números a los que poder hacer una llamada, ponía la palabra Urgencias.
Tanteé en busca del móvil con una sola mano y recé por encontrarlo en el bolsillo que correspondía a ese lado de mi cuerpo y lo acabé encontrando rápido.
Con la mano temblorosa marqué todos y cada uno de los números que había escritos con mayor minuciosidad que pude, revisándolos y finalmente, le di a marcar. Esperé paciente durante un par de tonos, pero finalmente alguien contestó a mi llamada.
-¿Sí? Servicio de Urgencias Veterinaria – Una voz femenina contestó al otro lado del teléfono. Me puse nervioso del golpe y empecé a balbucear.
-Ooioioiiga… Me llallamo Tom Kaulililitz… – intenté parecer sereno pero parecía gilipollas. Tom, tranquilízate, estás actuando de buena manera. Cálmate, deja de tartamudear. – Acabo de encontrar… A un pequeño gatito, bajo la lluvia… Creo que se está muriendo… Es muy pequeñito, y casi no respira…
-Señor Kaulitz, se encuentra usted delante del veterinario o ha encontrado el teléfono por internet…? ¿Puede llegar a la tienda?
-Estoy justo delante, por favor, venga rápido, o que venga alguien cuanto antes… – se despidió rápidamente y me senté en el portal de antes, a la espera de que apareciera alguien para ayudarnos. Me puse al capucha y coloqué al gato entre mi hombro y mi cuello, intentando que tocara mi piel, y transmitirle mi calor. Pude notar como se retorcía de tanto movimiento que estaba sufriendo. Mierda, igual debería simplemente acunarlo hasta que llegue… Mierda, ¡No sé qué hacer!
Esperé helado sentado en aquel portal, viendo como a cada respiración nerviosa salía vaho de mi boca, emborronando mi visión. Empecé a temblar del frío y notaba como la ropa mojada llegaba hasta mi piel empapándome por todas partes. Maldita sea, ya no puedo protegerle ni del agua…
Lo miraba a cada instante y seguía viendo cómo le bajaba y le subía la tripita muy levemente, y volví a entrar en pánico cuando noté que cada vez los latidos del corazón le iban más lentos.
-¿Muchacho? ¿Eres Tom? – una voz femenina me sobresaltó, e hizo que apartara mis ojos de aquella pequeña criatura. Alcé la mirada sobresaltado, y vi a una chica bajita y una coleta mal hecha, con unas llaves en la mano.
-Sísisisi… Soososoy yo. – tartamudeé. Sonrió ampliamente y se dedicó a abrir la reja de la clínica. Cuando lo consiguió me indicó con la mano que me metiera dentro mientras ella encendía todas las luces.
-Ven, sígueme. – nos metimos en un cuarto pequeño completamente blanco con bastantes armarios que parecían contener un montón de fármacos. También había una gran mesa plateada, que lo último que me dio fue confianza. Me recordaba demasiado que ahí se estiraban animales enfermos que quizás no iban a sobrevivir. Era como la mesa de la muerte. – Colócalo en la mesa. – me indicó. La miré de golpe, asustado.
Estaba claro que me lo iba a pedir, pero acaba de tener pensamientos demasiado malos como para eso.
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La estuvo mirando durante una hora entera. Le limpió las legañas con agua caliente y me dio a seguir las instrucciones que tenía que seguir yo para un futuro. La verdad es que oír eso me dejó bastante chocado. ¿Iba a quedármela? Oh sí, por cierto, es una hembra.
La secó muy poco a poco con toallas y la dejó dentro de una caja con temperatura controlable, como una especie de incubadora. Me dijo que pasaría ahí la noche.
También, con una jeringuilla le introdujo en la boca unas gotas de un medicamento que eran vitaminas o no se qué me había dicho. En principio eso le tendría que devolver las fuerzas. Su único problema era que había estado sin comer bastante tiempo, probablemente cuatro días, y para el poco tiempo que tenía podría haber muerto ya. Ha calculado que como mucho tiene una semana de vida.
Me ha recetado una marca de leche muy específica para darle durante los primeros meses, unos sobres tamaño mini que debo disolverle en la leche esa las dos siguientes semanas, y unas mantas muy finas pero que aíslan muy bien el calor para que lo coloque en una especie de cama-cojín que también he tenido que comprar.
Eso y la comida de gato… Más el servicio a urgencias, más la “estancia” de la gata durante la noche de hoy en la “incubadora”… Creo que es la cosa más cara que he pagado jamás en la vida.
Sí, desde luego que me iba a quedar con la gata.
Me entraron unas ganas horribles de llamar a mi padre para asegurarme de que no me iba a poner quejas de tenerla en casa, pero tal y como está el asunto el gilipollas me lo consiente todo porque se piensa que así lo voy a perdonar antes.
Le pagué un pastizal que no debí haberme gastado y me senté frente a la cajita transparente en la que estaba encerrada. Estaba como más guapa, más serena. Respiraba mejor que antes, y ahora parecía que los ojos los tenía cerrados simplemente porque estaba durmiendo, no por faltarle las fuerzas de abrirlos. Me entró una sonrisa triste y simplemente pensé que esto estaba siendo lo mejor que me había pasado en meses.
La miré serenamente y empecé a ponerle mil nombres. No había ninguno que le encajara del todo. Era completamente negra, como el puñetero carbón. Y era hembra. ¿Noir? Bah, qué va. Es muy evidente y no soy un puto franchute. ¿Blacky? Por el amor de Dios, Tom, ¿qué mierda es esa? Piensa más, joder. Bueno, supongo que simplemente ya me vendría el nombre a la cabeza en algún momento. No intentes forzarlo.
Al cabo de unos diez minutos, entró la veterinaria de nuevo y me comunicó que debía irme. La miré con algo de recelo y me prometió que mañana a primera hora ya podía estar aquí para asegurarnos de que todo había estado bien por la noche.
Simplemente me dieron ganas de gritarle y de hacerle ver que si no había alguien ahí para observarla no podríamos hacer nada por la mañana si ya era demasiado tarde. Volví a echarle un vistazo a la gata, y volví a verla más serena. Supongo que lo básico e importante ya está resuelto…
-Te prometo que mañana volveré a buscarte.
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Bill
Busqué en mi armario toda prenda que pudiera haber sido usada demasiadas veces como para que me diera pena perderla.
Os explico, en mi vida he estado en una rave de estas, y sinceramente me da miedo. No hace falta ir vestido de ninguna manera en especial, de echo por lo que tengo entendido creo que todo el mundo va tirado a estos sitios, así que no quería que le pasara nada a los tipos de prenda que suelo usar normalmente para salir de fiesta.
La rave estaba en las afueras de Berlín y yo había prometido no beber porque me tocaba conducir así que tuve que calcular que antes de salir, debería pasarme por la máquina de algún bar a comprar un par de paquetes de tabaco. Desde luego si no podía beber, algo debía de fumar. Lo que sí estaba seguro es que ahí debía de fumar todo el mundo así que iba a aprovecharme de esa ventaja.
Empecé a abrir mi armario e intenté buscar un calzado que fuera cómodo ya que no sé porqué me estaba imaginando casas ocupas con escaleras sin acabar, o demasiado estrechas… Yo que sé, sencillamente sentía que hoy no era un día de tacones.
Encontré unas botas que me compré hacía tiempo en un viaje a Londres, que eran bastante comunes entre la comunidad alternativa, por llamarla de algún modo. Mis Dr. Martens negras como el carbón relucieron como nunca lo habían hecho ante mis ojos.
Las saqué de ahí, sabiendo que iban a ser el calzado perfecto.
Los pantalones que acabaron como elegidos fueron unos tejanos gruesos de color grisáceo, y finalmente una básica negra con algún que otro collar. Está claro que no puedo dejar de lado mi estilo. Busqué un par de chaquetas gordas para guardar dentro del coche por si me apetecía salir fuera y no congelarme, y después preparé lo esencial; llaves, móvil y dinero.
Georg ya había dejado caer por algún mensaje que estaba muy nervioso y yo nada más que quería matarlo. ¡Al final me iba a poner nervioso a mí! Habíamos quedado con ella a las diez y media enfrente de la cafetería, ya que era el punto al que todos sabíamos llegar, y ella nos guiaría en el coche hasta llegar a la rave.
La verdad es que esto lo hacía por él, pero muy en el fondo algo dentro de mí quería ver qué podía encontrarme en un sitio así, y sinceramente, a quién. Tenía el corazón roto y necesitaba como fuera poder arreglarlo. Quizás sólo conociendo a alguien esto podría cambiar, también quizás era demasiado pronto, pero simplemente quería intentar superarlo un poco.
Me preparé un bocata vegetal y cené eso mientras esperaba a que llegara la hora.
Poco antes de que llegara el tope de esa hora, Georg y Ashley picaron a la puerta. Los abrí algo confundido y pude ver como Ashley iba más lesbiana que nunca. ¿Es que acaso se piensa que ahí no se encontrará a alguien de su nueva acera? Aunque intente deshacerse de los hombres porque está ocupada, acabará atrayendo al resto de tías.
Georg por el contrario, iba bastante dejado, pero al mismo tiempo bien conjuntado, como si se hubiera pensando bien cada trapo sucio que se iba a poner. Iba de oscuro con una chupa de cuero desgastada. Estaba sexy.
-Dios mío Georg, me pones. – dije entre risas. Lo miré de arriba a bajo, y Georg se puso rojo como un tomate.
-Cállate Bill por dios, no me acercaré a ti en toda la noche. – dijo con algo de recelo. Yo estallé en carcajadas por el comentario, y decidí seguir con el juego un rato.
-Mejor, porque si al final no me voy con nadie a casa igual te meto algo en la bebida… – y le guiñe el ojo sensualmente.
-¡La madre que te trajo, Bill! Me está dando grima lo que estás haciendo. – dijo poniéndose detrás de Ashley, como si esta pudiera protegerle de mí.
-Que es brooooma. No me hagas caso. – desaparecí de la escena y fui al baño para acabar de darme algún retoque en el maquillaje. Me miré fijamente al espejo y pude ver un pequeño destello en mi mirada.
Hacía bastante tiempo que veía bastante sombra en mi rostro. Como si siempre estuviera sombrío. Y no me extrañaba claro, lo que estaba pasando era simplemente devastador, y se me tenía que reflejar en la cara por mucho que no quisiera.
Ahora me veía reflejado en el espejo y realmente seguía viendo que estaba roto tras mi apariencia, que tenía el corazón esparcido en mil pedazos y que aún estaba dolido por todo, pero creo que había un Bill pequeñito por dentro de mi cuerpo que intentaba recoger todos los pedazos de corazón e intentaba recomponer lo que podía.
Pensaba en si esta noche algo podría sustituir algo del dolor que sentía, pero después mis pensamientos cambiaban a que no había nada ni nadie que pudiera reemplazar a Tom, y no quería que fuera substituido. Lo seguía queriendo a él.
-¡Hola chicos!- Carol se había subido prácticamente con el coche en marcha. Habíamos pasado delante de la cafetería con tantos coches detrás que ya pensaba que en vez de poder parame a un lado tendría que pasar por ahí varias veces hasta que ella apareciera. El corazón enamorado de Georg la supo localizar enseguida y la llamó desde la ventana del copiloto.
Me acerqué y apenas frené para que ella pudiera subir, y después enseguida volví a revolucionar el coche para no molestar a todos los coches que tenía detrás.
-Hola preciosa. – dijo Ashley con una gran sonrisa. Yo la saludé a través del retrovisor y Georg hizo acrobacias para poder darle dos besos en modo de saludo.
-Nos espera una hora de camino, pero sobre todo si sabes llegar a la salida 36, ahorraremos tiempo. A partir de ahí ya es seguir la autopista durante un rato y ya te avisaré de por dónde tienes que salir.- asentí a sus palabras y simplemente me sumergí en la carretera.
Al final me tocaba conducir a mí. Prácticamente lo había organizado yo, había intentando pensar en que Georg iba a querer beber para tener un poco de confianza y simplemente le dije que no pasaba nada, y que yo conducía.
Me gustaba conducir la verdad, y eso que al principio no me atrevía realmente a enfrentarme a una máquina que podía matar a alguien y que podría ser ese asesino indirecto. Pero sinceramente, una vez me acostumbré a cogerlo un par de veces, todo iba genial. Me gustaba incluso recorrerme la ciudad de noche, y ver todas las luces y el movimiento a mi alrededor.
-Uh…- solté sin querer en voz alta. Había pensado como Tom. Es él el tonto enamorado de la noche. Es él el que espera a que se vaya el sol para ver todas las luces de la ciudad iluminando la oscuridad. Está claro que me ha cambiado demasiado. Incluso me empiezan a gustar las mismas cosas que a él.
-¿Qué pasa? – Georg que estaba a mi lado, había podido escuchar perfectamente mi pequeña queja. Me miró de soslayo y levantó una ceja, interrogante. No quise responderle con una mentira porque sabía que no iba a poder disimularlo, así que simplemente negué con la cabeza, lentamente.- Oh ya veo. Ha vuelto a tu mente. –dijo, con una voz triste. Lo mire rápido, casi sin poder creérmelo. ¿Tan evidente era? ¿Cómo era posible que lo hubiera adivinado tan rápido? Georg me dio una palmada en la pierna, para darme soporte, y le dediqué una sonrisa triste, agradeciéndoselo. – Oye, ¿Quieres que te busquemos un hombre, esta noche? – dijo algo bajito. O una mujer, claro. Lo que tú digas.
Me pude evitar reírme con sinceridad, porque realmente me había hecho gracia su comentario, pero acabé negando con la cabeza.
-Qué va Georg, ya sabes porqué estamos aquí, y esa es la misión de hoy. – le guiñé un ojo y este se encogió de hombros, con todas mejillas coloradas.
Tardé al rededor de unos veinte minutos en llegar a la salida 36 de Berlín, la cual nos llevaba hacia el norte, fuera de la ciudad. Carol me dio más indicaciones y tardé otros veinte minutos en llegar dónde dijo. Por fin una explanada empezó a expandirse delante de nosotros. Bueno, o al menos eso creía que era. Una vez te metías en el desvío que Carol había dicho, entrábamos en una oscuridad total que me obligó a poner las luces largas al instante y a aminorar mi velocidad hasta creer que podría ir andando mejor.
Estuve un par de minutos así en los que pensé en si matar a Carol o a Georg, pero pronto empezamos a oír una música estridente de fondo. Perfecto, eso era buena señal.
A medida que nos acercábamos al sonido, unos puntos de luz en el fondo empezaron a ser más nítidos, y unos cuantos coches aparecieron ante nosotros.
No dudé en aparcar el coche lo más atrás posible.
-Yo no haría eso. – dijo Carol. – La gente aprovecha los coches más alejados para montárselo, y las chicas que pueden aguantarse las ganas de mear también suelen irse al final. El mejor sitio es algo intermedio. Si lo dejas demasiado delante corres el riesgo de que alguno mee ahí directamente porque lo tiene cerca, o que alguien vomite, haya peleas y uno acabe encima del parabrisas… En fin, creo que me entiendes, ¿no? – Me quedé petrificado ante toda la información en la que yo no había ni caído. Diablos, menos mal que ella estaba aquí para alertarnos de toda esta mierda…
-Pues sigamos avanzando. – aguardé en silencio el resto del trayecto porque me concentré en analizar todos y cada uno de los sitios dónde podía dejar el coche y que este pasara desapercibido para vaginas y vejigas con ganas de ejercer su función.
Finalmente bajamos del coche a una altura considerable del conjunto de destellos de dónde provenía la música, y el primer coche más alejado. La verdad es que habían bastantes.
-En realidad es uno de los eventos de este noviembre. Mucha gente estaba esperando a que llegara esta fiesta. – nos íbamos acercando poco a poco y los destellos empezaron a cobrar sentido. Se trataba de una especie de casa enorme, pero sin que fuera demasiado lujosa ni nada, todo lo contrario, se veía en mal estado, y estaba toda pintarrajeada con grafittis. – esta era una casa ocupa que quisieron derrocar hace un par de años. Han estado luchando por la casa durante todo este tiempo, y es el primer evento que se celebra en el a desde que la alcaldía decidió simplemente “pasar del tema”. No sé muy bien qué historia tiene pero creo que era la residencia de una familia muy numerosa que se encargaba de todos los campos de al rededor. Se quedó abandonada y algún vagabundo demasiado viajero decidió quedársela. Hoy está hasta arriba de grafittis y todo eso. Antes se celebraban muchas raves aquí y estaban ansiosos de volver a la carga. –Mientras nos acercábamos Carol nos contó un poco el pretexto de la situación.
Una vez sobrepasamos el último coche aparcado antes de entrar ya pude a ver mucha gente fuera. Podías ver por lo menos veinte personas que hablaban los unos con los otros, todos con latas de cerveza en las manos y un cigarro (o algo más) de compañía.
Reinaban las crestas y las cabezas rapadas. Oh genial, ¿qué mierdas pintaba yo aquí? Me van a matar. También había muchas chicas con rastas y piercings, mallas de leopardo, el peinado Chelsea, o ropas anchas. Bueno, al menos Ashley iba a encajar, aunque tendrá que contener las ganas de saltar sobre la primera bollera que esté buena que se encuentre.
Nos metimos dentro de la casa ocupa y Carol enseguida se separó de nosotros. Parecía haber vislumbrado enseguida a su grupo de amigos de entre todas las personas que habían ahí. Nos hizo señas para que nos acercáramos y nos quiso presentar a todo el mundo.
Eran cuatro personas, dos de ellas eran unas chicas muy bajitas con el pelo oscuro y que parecían estar en su mundo, y por otro lado había un chico alto rubio con el pelo muy corto y lleno de tattoos que nos miraba sonriente. La última persona era un chaval que me sonó enseguida, pero que no llegaba a descubrir quién era.
Nos presentó a todos ellos pero la verdad es que no quise escuchar sus nombres. Estaba demasiado ocupado intentando recordar a aquel último chico. Lo miraba fijamente, sin estar siendo consciente de que quizás estaba siendo poco discreto. Me quedé algo en blanco cuando posó sus ojos sobre mí y pareció también estar sorprendido. ¿Me había reconocido a mí también? ¿No era sólo cosa mía?
Era un chico más o menos igual que yo, pero que tenía unas rastas rubias que le llegaban por mitad de la espalda. Bueno, pero era un peinado demasiado curioso. Era como que las rastas sólo le salían de la nuca y el resto del pelo lo tenía medianamente corto. Apenas por las orejas. Tenía unos ojos verdes muy profundos y la cara un poco alargada con un fuerte mentón.
-Y este es Jake – dijo Carol, señalándolo. Aproveché la oportunidad de estar la atención centrada en él para volver a fijarme en él y comprobé que jamás había dejado de observarme. Mierda… Qué ojos.
Intenté apartar la mirada y me dirigí a la barra rápidamente, deshaciéndome de todos los que había a mi alrededor. Ésta era la única oportunidad de pedirme alguna bebida con algo de alcohol, para que se me pudiera pasar el efecto para cuando tuviera que conducir.
-La cerveza más fuerte que tengas. – dije a un chaval que estaba detrás de una barra improvisada. Sacó de una nevera enorme que se abría por arriba, un pack de seis cervezas de doble VollDamm y me tendió una. Oh… Ni siquiera es un botellín.
Busqué una pared en la que poder apoyarme y poder fumar con tranquilidad e intenté calmar esos pensamientos. ¿Quién era ese chico? ¿Jake? ¿Conocía yo a alguien que se llamara así? Es un nombre muy poco alemán. Esas rastas solamente podían sonarme de Tom, no conocía a nadie con ese peinado tan largo. También tenía un piercing en el labio… ¿Es esto un castigo de Dios? ¡Pero si es la copia de Tom! Por favor, para ya. Estoy muy cansado.
Busqué los cigarrillos en el bolsillo y pronto saqué un paquete completamente nuevo. Con cierta lentitud fui desempapelando el plástico y sacándoselo. No me supo demasiado mal tirar el desecho al suelo porque estaba todo lleno de mierda, y mientras este caía al suelo yo iba sacando el cigarro. Lo puse en mi boca mientras observaba toda la sala.
Había realmente mucha gente. Intenté divisar a mis amigos pero tuve poca suerte ya que habían muchas cabezas que me tapan la visión.
Había buscado inconscientemente el mechero en todos mis bolsillos mientras buscaba a mis amigos y parecía que no lo conseguía encontrar. Me puse nervioso y volví a repasar todos y cada un de los sitios en los que podría haber guardado algo así. En ninguna parte de mi pantalón estaba, y si estaba en la chaqueta esta estaba en el coche y el coche estaba demasiado lejos.
-Joder… – me quejé en voz alta, sin darme por vencido, siguiendo buscando en cada rincón que se me ocurriera.
-¿Necesitas fuego? – la voz grave de un chico me sacó de mis pensamientos. Con todo el pelo en la cara alcé la cabeza hasta ver quien era la persona que se había dirigido a mí y me salió una sonrisilla que no pude evitar. Jake tenía un mechero en la mano, alzado hacia mí.
Me aparté el pelo de la cara con cuidado e intenté que no se notara que me había puesto como un tomate. ¿Porque me había puesto tan nervioso en un momento? Asentí ante esa pregunta y me fui a acercar para alcanzar el mechero y en cambio se acercó él y lo prendió. Ambos nos fuimos acercando hasta que la llama tocó el cigarro y poco a poco, fui succionando. No quería que se encendiera tan pronto, no quería que se separara ya.
Una vez la punta estaba al rojo ardiendo, Jake apartó la mano, y volvió a guardar el mechero.
-¿Cómo te llamas? – me dijo – Te has ido antes de que Carol llegara a presentarte. Veo que necesitabas la cerveza con urgencia. – dijo entre risas.
-Oh, tienes razón… Perdón. – dije algo cohibido. – Me llamo Bill. – creo que pude notar como le brillaban los ojos al oí mi nombre pero seguía notando cierto aire de incertidumbre.
-Voy a ser sincero contigo, Bill… No he podido quitarte el ojo de encima. – me quedé parado ante esa confesión. Lo miré con los ojos abiertos y totalmente pasmado. – O sea, a ver… No me mal interpretes… aún. – el corazón empezó a latirme demasiado fuerte ante esas palabras – Es que… tengo la sensación de que te conozco. O de que nos hemos visto alguna vez. – dijo acercándoseme descaradamente. Me tocó la cara con la intención de apartarme el pelo de ésta, y colocármelo detrás de la oreja. ¿Realmente me estaba dejando tocar tan fácil? Vale, sólo estaba siendo la cara, pero no estoy acostumbrado a que un desconocido rompa el espacio vital tan fácilmente. Me alejé un poco y enterré la vista en el suelo. Fuera como fuera, si yo conocía a este chico, desde luego no recordaba que fuera tan directo.
-Yo también creo que te conozco… – no sé si llegó a escucharme de lo cohibido que me sentía de tenerlo tan cerca.
-Oh, perfecto. Eso quiere decir que no estoy loco. – soltó con una sonrisa. Empezó a buscar cosas en los bolsillos y pude observar, con algo de pena cómo se sacaba una caja plateada pequeña, con bolsitas llenas de marihuana. – ¿Quieres hacerte uno? – sugirió mientras desenterraba la bolsa de boquillas y papel para fumar.
-Eehh… Esto… No, no. Gracias, tengo que conducir. – intenté excusarme. La verdad es que aunque no tuviera, no iba a hacerlo. No me gustan las drogas.
-Entiendo, lo siento entonces. Con tu permiso yo si que voy a hacerme uno… – La verdad es que me pareció hasta atractivo ver como se liaba el porro con una habilidad muy notoria. Verle con la cabeza gacha, mirando hacia sus manos, ocupadas, y con un cigarro en la oreja que después iba a usar para hacer una mezcla de hierbas. No sé, me estaba pareciendo hasta excitante. ¿Y ahora qué coño me pasa?
-Pues emm… A ver, ¿eres de Berlín? – le pregunté. Es lógico ¿no? Si resulta que nos conocemos, habrá que adivinar cómo.
-Pues no, la verdad es que no. He estado viviendo aquí desde hace sólo dos semanas. – confesó.
Rostock
-¿De verdad? ¿Y de dónde eres? ¿Te quedarás aquí? – pregunté, algo interesado.
-Soy de un pueblo de norte, justo en la playa. Rostock. Está a dos horas de aquí.- me quedé un tanto pensativo. ¿De dónde me ha dicho que era? ¿Rostock?
-Creo… Creo que yo he estado ahí. Este verano. – intenté recordar si había visto algún cartel que indicara el nombre de aquel pueblo costero del norte dónde había ido con Dawn a principios de verano, mucho antes de irme al campamento. Jake sonrió de lado.
-¿En serio? ¿Qué hiciste? – preguntó, interesado. Antes de contestar observé atentamente como se colocaba el canuto en la boca, y lo encendía. Se le iluminaron los ojos cuando la llama se prendió ante ellos.
-Fui con mi… ex. – ¿Quería decirle que había tenido novia? La verdad es que está bueno, y parece que está intentando algo. Aunque quizás sólo es lo que quiero que pase. – Fuimos a pasar el día en la playa. – recordé lo básico. Bueno, también recuerdo que nos lo montamos en el coche… Puft, qué polvo.
-Yo trabajaba en un restaurante delante de la playa. ¿Comisteis por ahí cerca? – me comentó. Hice memoria y entrecerré los ojos, intentando pensar con más claridad, intentando alejar el resto de cosas.
-Pues la verdad es que sí. Recuerdo que a mi ex la conocían en el restaurante. Nada más entrar el encargado le besó la mano… – noté un ligero movimiento en sus ojos cuando hablé en femenino sobre mi ex.
-¿Cómo se llama? Bueno, no creo que recuerde por el nombre… Apenas me dieron el trabajo porque era verano.
-Dawn. Es una chica latina, preciosa y alta. La piel oscura y el pelo largo y castaño. – de pronto, se me hizo un flash en la mente. El camarero que nos atendió para la cuenta… ¡El chico de las rastas que me provocó el calentón! ¡¡OH DIOS MÍO!! – ¡Jake, te recuerdo! Tú nos atendiste para la cuenta. – dije casi pegándole un golpe en el brazo que le tira el porro.
-¡Eh, yo también sé quién eres! – me sentó un poco mal saber que se había acordado por culpa de Dawn. Sé que es una mujer espectacular pero joder… Que este tío me había provocado una erección, joder.
-Recuerdo que os queríais ir rápido para echar un polvo – comentó entre risas. – Es cierto, ya me acuerdo de ti. Me pareciste un personaje bastante enigmático. Y tu piba estaba buenísima.
-No si ya veo que te acuerdas de ella más que de mí. – el tono de decepción me salió solo, y tuve que intentar arreglarlo – Si, nos metimos en la parte de atrás de mi coche casi volando. – comenté, como si intentara fardar de ello.
-¿Y ahora? ¿Estás con alguien? – la verdad es que no pensaba que me iba a preguntar esto, o al menos no tan rápido. Me lo quedé mirando antes de responder. Recuerdo que me había hecho una imagen distinta de él. Creía que era bastante tonto y que apenas sabría cuatro palabras del vocabulario, pero parece que me había equivocado. Aunque no estaba siendo muy listo si fumaba hierba con regularidad.
-No, hace a un par de mes que estoy soltero. – dije, enterando la mirada en el suelo.
-Bueno, no te preocupes. Alguna habrá detrás de ese culo. – me guiñó un ojo después de ese comentario.
¿Qué mierdas quería decir eso? Ha hablado en femenino pero me ha guiñado un ojo. ¿Eso no es una insinuación? Vale Bill, le pone tu ex. Deja de alucinar que lo único que quieres es follar y ves cosas donde no las hay.
-Eso espero. – dije entre risas nerviosas. Me daba miedo de que si me miraba directamente, acabara descubriendo que quería que fuera él. Realmente no es que me gustara, simplemente me ponía. Me ponían sus rastas, me ponía su piercing en el centro del labio, y me ponía como hombre. No buscaba nada serio, no quería nada serio realmente, ni con él ni con nadie. Bueno, con Tom sí, claro. Lo único que quiero es desfogarme un poco, y éste tiene muchas papeletas para que se convierta en el primer candidato.
Se creó un enorme silencio en el que realmente no sabía ni qué decir. Lo miraba de reojo, con la excusa de tener que levantar la cabeza para poder beber mejor de la lata de cerveza, pero parecía que él no tenía ningún tipo de reparo en mirarme a mí.
Pero a ver, ¿qué diablos pasa? ¿Es gay o no? ¡Se acordaba de Dawn, y de lo buena que estaba!
Vale, digamos que este sería una de las cosas básicas que debería saber al respecto. ¿Sería demasiado raro que soltara con eso así de fácil? Bueno, igual no lo vuelvo a ver… Siempre me quedaré con la duda en ese caso.
Vamos Bill, si hubo algo en el campamento que aprendiste, fue que hay que vivir el día a día.
-¿Y tú qué? – dije de pronto, intentando controlar el tembleque de mi voz. Jake simplemente alzo las cejas en modo de no entender lo que decía. Ese gesto me había parecido bastante varonil la verdad y me mordí el labio sin querer. Noté que se había fijado en eso, y que parecía que fuera a reírse malvadamente por ello. –Que si tienes novia. – bebí desesperadamente después de hacer la pregunta, como si beber me sacara del contexto, y yo no tuviera nada que ver en el momento que estaba viviendo hasta que soltara la lata. No le costó mucho contestar a eso.
-Qué va. Parece que mi culo no está tan solicitado como el tuyo. – dijo entre risas. Vale, ¿Cómo? ¿Porqué ha habado de culos? ¿Por el comentario de antes? ¿Por que se refiere literalmente a culo solicitado…? – Oh mierda joder. Eso ha sonado fatal, pero ya me entiendes… – No, no te entiendo sinceramente. Puede haber sonado fatal pero seguir significando algo que no sé. ¡Mierda, ¿cómo le pregunto gentilmente si le van los tíos?! Madre mía Bill, mírate, desesperado por saber si el de delante puede follarte esta noche, como un desesperado. Cómo has cambiado muchacho.
-¿No? – me sorprendí, haciendo caso omiso al último comentario. – ¿No hay ninguna chica que no pare de bombardearte a mensajes ni nada? – vale, mi voz sonaba demasiado coqueta, e igual me estaba llegando a pasar de la ralla. Ya veras, al final aunque sea gay lo voy a acabar asustando. Bill, la verdad es que ahora simplemente deberías darte media vuelta e ir a buscar a alguien que quiera pasar un buen rato.
-Qué va, más quisiera yo tener a alguien ahí. Hace mil años que nadie me pide el teléfono cuando salgo de fiesta. – dijo riéndose. ¿Cómo era posible que nadie pudiera simplemente ver lo guapo que era? Es cierto en la playa apenas me fijé en su cara porque no me llamó la atención desde el principio, pero ahora… Este chico era guapísimo. Ya te pido yo el teléfono, cariño, pensé, evitando al máximo morderme el labio. Noté que había puesto cara rara. Oh mierda, ¿¡no me digas que he dicho eso en voz alta?! ¡¿No verdad?! – Oye, no puedo más. Tengo una duda que me carcome. ¿Eres hetero del todo? – me quedé totalmente parado.
Por un lado me alegraba de no haber soltado esa mierda en voz alta, y por otro lado simplemente deseaba salir corriendo de ese sitio. ¿Qué coño me acaba de decir? Me puse tan nervioso que balbuceaba en vez de hablar. ¿Porqué mierdas me pregunta eso? ¡Vale, ya he admitido que soy demasiado femenino como para dar por sentado que soy hetero, pero joder, él sabe que he tenido novia! Bill, deberías usar menos maquillaje.
Y una mierda, el maquillaje me gusta.
Bill, tu quién-sabe-si-un-polvo está empezando a mirarte raro.
-Oye, – empezó él de nuevo. – siento habértelo preguntado. Da igual. – me quedé algo estático en cuanto pronunció esas palabras, y mi reacción no me ayudó a actuar bien en cuanto se dio media vuelta antes de una pequeña “disculpa por la intrusión, no es mi problema”. ¡Mierda! ¿Y ahora qué le digo? ¿Qué me da igual que me pregunte? ¿Qué quiero seguir hablando con él? Joder, igual es una señal que se esté alejando de mí de esta manera, igual debería simplemente olvidarme.
En menos tiempo del que me dio tiempo a mi a reaccionar, Jake ya había desaparecido entre toda la gente que había en la sala. Intenté ponerme de puntillas a ver si conseguía encontrarlo, pero realmente no sabía muy bien qué decirle.
Negué con la cabeza mientras avanzaba hasta la salida, para que me diera un poco el aire. La música que sonaba no era de mi especial agrado la verdad, y estaba empezando a hacer demasiada calor para estar ahí dentro sin ningún entretenimiento más.
Me acabé la cerveza y miré el reloj. Oh dios, sólo habíamos estado ahí media hora.
Me apoyé en la entrada, justo en el muro medio derruido que cubría ese antro, y poco a poco me fui resbalando hasta acabar en el suelo, sentado, con las piernas dobladas hacia arriba. Tiré la cerveza a un lado y después me dediqué a fumar. Hoy era la noche en la que me iba a inundar de humo porque no iba a beber, así que tenía que hacer algo al respecto.
No sé cómo la imagen de Tom apareció en mi mente. No era una imagen cualquiera, era él sonriendo. No recordaba en qué momento había pasado eso, pero había sido un recuerdo real, no era una mera reproducción en mi cabeza de lo bonita que era su sonrisa. Creo que fue del día que nos fuimos al lago. Las rastas se le esparcían por la espalda y el pecho, y estaba guapísimo con toda la cara llena de gotitas de agua resbalándose por ella.
Esta imagen me entristeció un poco al mismo tiempo que me ayudaba a evadirme del momento que estaba viviendo. Yo no quería estar ahí, o al menos, no así de solo. Aunque sinceramente, no me apetecía la visita de nadie más que no fuera la de mi rastas.
Quizás es por eso que me ha llamado la atención Jake, porque en cierta medida tiene el mismo estilo que Tom para vestir y “peinarse”. Quizás estaba intentando desesperadamente buscar una sustitución a su persona, y las primeras rastas que he visto han servido como si fueran una puta antena. ¿Pero realmente me gusta Jake? No, claro que no. Sólo me pone, y me pone porque me recuerda a él…
¿Por qué mierdas siempre vuelves a mi mente?
De pronto me vi ridículo entre toda esta gente y simplemente quise desaparecer. Quise irme lejos de ahí, y quise llamar a Jörg. Necesitaba mi dosis de cada semana, aunque la anterior había sido esta puta mañana. Simplemente, me entró el agobio e incluso me faltaba el aire.
¿Qué estaría haciendo Tom ahora? ¿Estaría bien? ¿Estaría con alguien?
Puedo llamar a Jörg y pedirme que me lo pase, ¿no? Yo… necesitaba oírle, aunque sólo fuera para chillarme lo mucho que me odia. Con algo de desesperación lo llamé a él directamente, y se me rompió el corazón en mil pedazos cuando volví a acordarme de que me tenía bloqueado. Ni siquiera me daba la oportunidad de hablar con él, ni siquiera me dejaba decirle nada.
Busqué el teléfono de su padre mientras me alejaba poco a poco de entre toda la gente y buscaba mi coche con desesperación. No iba a irme, pero tampoco a quedarme ahí dentro. Me pondría a dormir hasta que fuera la hora de irnos.
A medio camino una voz sonó.
-¿Bill…? – un asustado Jörg sonó al otro lado de la línea.
-Sí, hola… – no pude contener el nerviosismo en mis palabras, aunque eso no tapara el que había en las suyas. – ¿Oye, te pillo bien…?
-Bueno, son las doce y media de la noche, y ya no soy un chaval… Estaba apunto de irme a dormir. Bueno, en realidad estaba en la cama ya… – dijo con la voz algo ronca. Me entró el pánico y la vergüenza en un instante.
-¡Oh dios mío! Jörg, perdóname… Perdóname… Lo siento, ya no sé ni lo que hago… – me puse rojo de los nervios. ¿Cómo mierdas no he tenido esto en cuenta? Bill, eres estúpido.
-No no… No te preocupes, cielo. ¿Qué te pasa? Te he notado con la voz algo entrecortada. –observó, haciendo que el recuerdo de la realidad volviera estrepitosamente sobre mi cara, haciendo que me sintiera aún peor por haberle llamado por algo así.
-Lo… Lo siento. Yo… Me ha entrado el pánico de golpe. – me sinceré. Cuanto antes se lo explique, antes se podrá ir a dormir el hombre.
-¿Pánico, por qué? – dijo algo preocupado.
-Yo… Yo… – se me quebró la voz, y hasta un minuto después en los que tuve que contener el llanto no volvía a hablar. – Por favor… ¿Me puedes pasar a Tom? ¿Está ahí…? – dije, con un hilo de voz que deseé que hubiera oído a la primera. No podría repetirlo.
-¿Estás seguro? – el que no parecía seguro con su voz era él. No se porqué pero podía intuir como se estaba incorporando en su cama, no sé si por el susto del comentario o por que pensaba ir a buscar a su hijo allá donde estuviera del piso. – No sé yo Bill… Sabes que no me gusta recordártelo esto, pero no me dijo demasiadas cosas como para que pienses que pueda tratarte bien al teléfono. Ya me entiendes.
-Me da igual Jörg, yo sólo quiero oírle… – dije mientras me intentaba sorber la nariz.
-No sé si está en casa… – dijo de golpe. Pude escuchar como arrastraba sus pasos e iba abriendo puertas.
Sinceramente, no sé cómo llegaba a oír todo eso con el latido de mi corazón resonando en mis puñeteros tímpanos. Vamos Tom… Déjame hablarte. – ¿Tom…? – pronunció su nombre con algo de miedo, y luego simplemente suspiró. – No está en casa. Si ha vuelto de trabajar, hace horas que debería haber llegado. Lo siento Bill.
-Oh…
-Creo que ha decidido que va a salir de casa un poco después de trabajar. – sentenció. Yo simplemente asentí a la nada.
-Está bien. Perdóname, me ha entrado el ataque de pánico… – me disculpé.
-No te preocupes Bill, me tienes aquí para lo que quieras.
-Buenas noches Señor Kaulitz. – dije lo más correcto que pude. Simplemente no me sentía demasiado amigable ahora. Sé que no era culpa de él que Tom no estuviera en casa, pero necesitaba enterrar en alguien un poco de mi rabia.
-Buenas noches, Bill.
.
Tom
Entré a mi casa y todo estaba absolutamente a oscuras. Me encontré con mi padre en medio del salón, justo separando el teléfono de su oído, y me miró algo angustiado.
-¿Quién coño te llama a estar horas? – pregunté. Fui a dejar encima de la mesa de la cocina todos los artefactos que le había comprado a la gata, y poco a poco me fui liberando de más peso.
-Oh esto… Cosas del trabajo. Han tenido un pequeño imprevisto con un pedido. – dijo mi padre, sin mirarme a los ojos. Me pareció una excusa algo extraña, pero como no me importaba lo más mínimo quién pudiera haber al otro lado de la línea, simplemente asentí. – ¿Qué es todo esto? – preguntó de golpe, cambiando de tema.
-Em eh… -no sabía como empezar. Al fin y al cabo era su casa, y si no quería a la gata iba a tener que echarla, o irme yo con ella, y no estaba en situación de gastarme el dinero que conseguía en un alquiler. – Me he encontrado una gatita y em… – me rasqué un poco en la nuca, haciéndoseme extraño encontrarme con un pelo suave y sedoso. Había pasado ya un par de meses, y aún no me acostumbraba. – Me estaba preguntando si bueno…
-Claro hijo, te la puedes quedar. – me dijo con un aire triste. Creo que se había enternecido de verme tan nervioso, y eso no hizo más que agilizar el proceso. Asentí con agradecimiento. – ¿Y dónde está…? – dijo algo extrañado.
-Oh bueno, está en una incubadora. Es muy pequeña y me la he encontrado bajo la lluvia. Le han dado vitaminas y me he dejado un pastizal en todas las medicinas que tengo que ir dándole durante un tiempo. –señalé la bolsa más pequeña que había puesto en la encimera. – Mañana ya podré ir a recogerla. Le pondrán las vacunas y todo eso… – era raro tener una conversación así con él, pero no estaba mal relajarme un poco de vez en cuando.
De pronto, escuché su pequeña risa, y me dejó un poco atónito.
-¿Qué mierdas te hace tanta gracia? – otra vez mi lado agresivo salió a la luz.
-Madre mía, hijo… Se nota que aún tienes el corazón roto.
Continúa…
Gracias por la visita.
MALDITO JORG LO ODIOOOOO, LO ODIOO, NO PUEDO MAS ,ALGUIEN LLAME A LA POLICÍA YAAAA😭😭😭😭😭😭
Porque, porque, porque Jorg, porqueeeeeeeeee? LE GUSTA HACER SUFRIR A MI BILLISITO,te odio jorg