Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capítulo 7: Me quiero ir a Berlin
Tom
Hoy no tenía que trabajar, pero yo ya estaba fuera de la cama a las nueve de la mañana. Hoy era sábado. El motivo principal era simplemente que no podía ni concentrarme ni en ver una serie de televisión y había decidido salir de casa antes de tiempo. Había quedado con la chica a las diez de la mañana enfrente de la clínica veterinaria y aquí estaba yo. Con los brazos cruzados enfrente de ésta, justo en un banco que aún con la lluvia de anoche, estaba seco y caliente por el sol.
Había decidido salir de casa tan pronto porque simplemente no soportaba estar entre esas paredes ni un instante más. En primer lugar porque me moría por recoger a la gata, y en segundo lugar porque no podía más que pensar en dos cosas que me habían sucedido anoche.
Anoche intenté recoger medianamente mi habitación para encontrar algún lugar en ésta donde poder poner las cosas de la gata y me di cuenta que realmente no cabía en ningún sitio. Tuve que vaciar un armario pequeño de la cocina para colocar su comida y sus medicamentos, y pegado a una de las paredes, bastante alejado de la zona de tráfico principal, le coloqué el comedero y el bebedero.
En la habitación no tuve más remedio que ponerle la camita debajo de la mesa de mi habitación porque apenas quedaba un sitio donde no molestara para caminar. Vaya mierda de habitación tengo.
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Me dediqué a sacar todas las cosas que había debajo de la mesa para poder limpiarla en condiciones, y me encontré con demasiados zapatos que había abandonado ahí. Tuve que sacarlos todos e ir emparejándolos correctamente para dejarlos en la estantería a la que pertenecían. Después saqué lo único que faltaba para poder barrer, y era la papelera.
Me dispuse a pasar la escoba y mientras iba sacando todo el polvo, un pequeño objeto salió de ahí debajo. La verdad es que cuando me cercioré de que era un trozo de papel arrugado pensé en tirarlo a la papelera, que probablemente era el sitio en el que debería estar, pero después me quedé pensativo. ¿Era obra mía que aquello estuviera en el suelo así? No recuerdo nada sobre este papel. Aunque supongo que no recuerdo nada sobre ningún papel aunque realmente exista ese recuerdo, si lo he tirado será porque era inservible y se ha borrado de mi memoria…
No sé ni qué mierdas acabo de pensar.
El caso es que me llamó la atención e intenté desdoblarlo.
Me di cuenta que me costaba separar los trozos de papel sin que este se partiera, lo cual me dio a pensar que estaba arrugado con rabia, con indignación, como si lo que hubiera ahí dentro no debiera salir a la luz nunca.
Finalmente pude ver su contenido, y éste quedó expuesto ante mí.
Escrita en una caligrafía realmente bonita encontré cuatro frases que formaban un pequeño poema de tan solo un único verso. Con el ceño fruncido me puse a leer como buenamente pude todas esas palabras, y tuve que releerlo un par de veces por todas las arrugas que había en la superficie.
I wonder how your body tastes
Inside of someone else’s place
Pull away your eyes
There’s nothing left to heal
I’m alone, but I know everything you feel
Lo releí tantas veces que juraría que era capaz de decirlo en voz alta sin mirar. ¿Quién coño había hecho eso? Estaba claro que yo no había sido porque lo recordaría, y mucho menos había sido mi padre. ¿Alguien había entrado en mi casa y lo había hecho? ¿Era eso posible?
Lo primero que pensé fue en la loca que había entrado la noche anterior que yo llegara de Berlín, pero no recuerdo haberme tirado a ninguna chica que supiera escribir. Bueno, ya me entendéis. No recuerdo haber estado con ninguna mujer que fuera demasiado lista y menos poeta.
Me senté en la cama, con el corazón encogido después de releerlo una vez más.
“I wonder how your body tastes
Inside of someone else’s place”
Estaba claro que eso era obra de alguien a quien yo me había follado con anterioridad. ¿Pero alguien a quien yo le haya marcado tanta huella? No podía haber nadie en el mundo con tales características que no fuera Bill. Vale, que he roto algún que otro corazón, pero ¿para llegar hasta mi casa, escribir eso, y largarse sin señal alguna?
Pero no podía ser Bill, no? Él ha estado en mi casa nada más que una vez…
No, era imposible. Mi padre me lo habría dicho. Mi padre no me escondería algo así. Y sobre todo sabiendo la conversación que habíamos tenido.
Eso era la segunda cosa por la cual no dejaba de pensar. Anoche, en cuanto llegué, mi padre me dijo unas palabras que me dejaron realmente estupefacto.
-Madre mía, hijo… Se nota que aún tienes el corazón roto. – me dijo mi padre, con una sonrisa triste en el rostro.
-¿Perdón? – dije mientras lo miraba, incrédulo. ¿Este tío es gilipollas? – ¿Has visto que entre alguna chica en esta casa desde hace meses? No me estoy tirando a nadie, no ha habido nadie que me haya podido romper el corazón. – no sé porqué mierdas le estaba contando esto, pero me parecía increíble que intentara escarbar en algo así. Lo peor de todo es que yo ya sabía a quién se refería, y no hablábamos de ninguna puta que hubiera podido meter en mi cama recientemente.
-¿Ves? Eso corrobora aún más mi teoría. – se fue a la nevera mientras decía esto y se sirvió un vaso de leche fría, que no tardó en meter en el microondas para poder calentar.
-No sé de qué mierdas me hablas… – intenté hacerme el loco y seguir hacia mi habitación.
-De Bill. – en cuanto pronunció el nombre prohibido, mis pies se pararon en seco. Hacía meses que no hablaba de él con nadie, ni siquiera con mis mejores amigos, e intentaba con todas mis fuerzas que mi subconsciente no me traicionara hablando de él, tampoco. Aunque eso era más difícil.
Suspiré y me giré. Lo miré a los ojos y después simplemente me crucé de brazos.
-¿Qué quieres que te diga? – le pregunté, desafiante. Estaba claro que él se dio cuenta de lo mío con Bill pero eso no quiere decir que tengamos que hablarlo.
-Pues supongo que nada… Pero te estoy viendo bastante decaído. Y aunque si se supone que estás con Bill no debería haber ninguna chica por aquí, me da que no estás con él siquiera. – oh claro, mi padre no sabía que Bill había decidido simplemente pasar de mi puto culo para siempre. Intenté que no se me pusieran los ojos vidriosos.
-No, no estamos juntos desde el campamento. – joder, yo no quería hablar con mi padre, pero algo en mi interior sí necesitaba hablar de esto. Hacía tanto tiempo que no salía a la luz… Era como si estuviera la excusa delante y no pudiera desaprovecharla. Tenía tantas cosas de él retenidas que no sabía ni cómo manejarlo.
-Vaya hijo, lo siento mucho. – dijo antes de pegarle el último sorbo a la leche. Me señaló que iba a repetir, y con un gesto me preguntó si yo también quería otro vaso. Me senté en una de las sillas que hay cerca de la encimera y saqué un cigarro.
-Mejor un café. Tengo que recoger la habitación y no se si podré aguantar el sueño. – le propuse. Simplemente asintió y se quedó en silencio. Oh vamos, ¿ya está? ¡Estoy sentándome a hablar contigo! ¡Háblame de Bill, joder! Yo solo no puedo. Necesito que tú empieces la conversación.
-¿Qué pasó? Si se puede preguntar… – empecé a notar el olor a café a medida que pasaba el tiempo y yo aun no respondía a esa pregunta. Supongo que intentaba averiguar las palabras adecuadas que intentaran resumir rápidamente todo lo pasado y así no sonar demasiado desesperado por explicárselo a alguien más que no fueran las cuatro paredes de mi habitación. – Da igual, siento haber…
-Desapareció. – sí, creo que era una “bonita” manera de resumirlo. – Llegué del campamento y no volví a saber de él. Le di mi teléfono y todo, pero jamás llamó. – recogí la taza de café que me ofrecía, y con una mirada seria me observó con detenimiento. Se quedó callado. ¿Quiere que le diga algo más? – Intenté contactar con él, pero después me di cuenta que si no había querido él, ¿para qué iba a hacerlo yo? – me reí por la situación, pero en el fondo se podían oír como se volvían a abrir brechas que creí haber cerrado con seguridad. O al menos, que tenían un parche encima…
Nos quedamos en silencio, y yo empecé a darle tantas vueltas a absolutamente todo, que no me pareció incómodo no estar diciéndonos nada más. Jörg también parecía tener perdida la vista en algún pensamiento pasado.
-Es una lástima, el chico me caía bien… – dijo, encogiéndose de hombros.
-Seh… – esto era muy raro. – Y em… ¿No te molestó que yo…? Bueno… Bill es un chico. – no sé porqué mierdas quise sacarle ese tema, pero ahí estaba. Jörg pegó un pequeño brinco en la silla, como si no se esperara esa pregunta.
-Oh bueno, supongo que al principio me quedé bastante chocado. – se rió por lo siguiente que fue a decir. – y no por que Bill fuera un chico, si no porque tú eras tú ¿sabes? – me reí con él. – Mi hijo con algo que no tuviera tetas… Era bastante raro. – no pude evitar sonreír de nuevo por ello. – No es que me gustaran el resto de chicas que te traías a casa, la verdad. Hablé un par de veces con Bill, era un gran chico. Supongo que en mi cabeza sólo cabía que ese chico era bueno para ti. Que te estaba… cambiando.
-¿Me estaba cambiando?
-Te ha cambiado. – dijo, señalándome con la taza. – Mírate. Hace meses que no traes una chica a casa. Probablemente debas pensar que nadie puede suplantarle. Simplemente no quieres que nadie ocupe su lugar, porque tu también sabes que era bueno para ti. No crees que nadie pueda llegar a parecérsele un poquito. Nadie va a ser él. – por un momento pude ver en sus ojos que había dejado de hablar de Bill, y supe muy rápido a quién se refería.
-¿No has estado con nadie más después de mamá, verdad? – dije algo serio. Hablar de esto no hacía más que recordarme todos los problemas que había entre nosotros.
En vez de responderme simplemente negó lentamente con la cabeza hasta que volvió a sumergir la vista en la humeante leche.
-¿Le echas de menos? – preguntó de golpe, volviendo al tema del moreno. No tardé mucho en contestarle, aunque fue una respuesta demasiado ambigua. ¿Me daba miedo admitir la verdad?
-Supongo. – dejé escapar junto con le humo. – Depende del día.
-Siento decirte esto hijo, pero si decidió desaparecer… Acéptalo. – suspiré tan sonoramente que creo que el café que había justo debajo de mí, vibró por toda la taza. – Uh… eso quiere decir que sí le echas de menos. –rió.
-Cállate. – intenté desviar la atención de ese último comentario. – Supongo que tengo demasiadas preguntas que hacerle, y creo que jamás tendré esas respuestas. Creo que eso es lo que más me molesta.
-Me sabe mal decir esto de él, pero si no ha querido contactar contigo, no malgastes tu tiempo. – no me gustó oír esas palabras, aunque yo era la primera persona que se repetía esa realidad constantemente. – Me da lástima que al final Bill haya resultado ser alguien así.
-Es que ¿sabes qué pasa…? Que en el fondo, hay algo me dice que tuvo que pasar algo. Que no ha podido simplemente decidir mandarme a la mierda de un día al otro. No sé, soy un puto iluso, no hace falta que lo digas.
-Simplemente… Intenta pasar página.- dijo seriamente. Asentí lentamente, y suspiré de nuevo. – Quédate con el detalle de que has cambiado mucho, y que has madurado por la fuerza, tanto por haber estado con él, como por el haberlo perdido.
-No me sirve de consuelo. – sentencié. Le pegué el último trago al café, y centré mi atención en el cigarro, que estaba un poco abandonado. Después de que el humo descansara en mi un instante, dejé que este saliera, acompañado de un comentario que prácticamente, quiso escupirse solo. – Me voy a mudar a Berlín a principios de verano. – mi padre alzó la mirada enseguida, sorprendido, pero no le vi intención de decir nada más durante el rato que se lo estuvo pensando. No vi necesario agregar ninguna aclaración más.
-¿Vas a ir a buscar a Bill? – dijo, sarcástico. La verdad es que no me hizo ni puta gracia el comentario, porque lo quisiera o no, yo ya había hecho eso aunque él no lo supiera. De todas maneras, decidí fingir una sonrisa de lado, que quizás no era más que mi subconsciente que se reía de mí mismo. – No sé si él va a estar esperándote…
-No, no voy a ir a buscar a Bill. O al menos, no a ese Bill.- no es que diera por sentenciado que el nombre de mi hermano fuera el mismo que el del moreno, pero era una manera de introducir el tema.
-Ya veo. – dijo, suspirando. – supongo que era evidente que esto iba a pasar.- no parecía demasiado sorprendido, pero igual sí parecía tener cara des descontento, incluso de asco.- ¿Y ya tienes el dinero para independizarte así? ¿Y si no te acogen? – dijo en tono despectivo. Ésta vez fue él el que decidió fumarse un cigarro. Está claro que no le parecía demasiado buena idea, y no esperaba menos. – ¿Y si no te gusta lo que encuentras?
No me esperaba esa última pregunta, así que en cuanto la formuló, me eché para atrás en un pequeño espasmo. ¿Cómo que si no me gustaba lo que encontrara? ¿Qué iba a poderme encontrar? Si eran una familia de delincuentes y estaban todos en la cárcel pues bueno, supongo que podría decepcionarme, pero… ¿Qué si no? ¿Una familia demasiado pija? Supongo que eso es soportable. De todas maneras no esperaba para nada que me dejaran vivir con ellos. Yo sólo quería conocerles, y hacerles saber la verdad.
-Sí tengo el dinero, estoy trabajando para poderme ir cuanto antes. Y poder vivir solo ahí. No quiero que me acojan, al fin y al cavo son desconocidos. – dije bien claro. – Quiero que encuentres su dirección. Yo no sé ni por dónde empezar a buscar. – no me lo pensé, y se lo dije. Había estado pensando en todo el tiempo que tenía en el curro mientras montaba y desmontaba cajas, y no sabía siquiera ni qué buscar. Sólo sabía que ella se llamaba Silvia, y no tenía ni apellidos, ni nombre de los padres… Nada. ¿Cómo mierdas iba a encontrar algo así? Tenía que recurrir a él como fuera.
-¿Qué? Yo no…
-Jörg, es lo mínimo que puedes hacer. – mi voz no sonó amigable, y no tuve intención de que fuera así. –mira, no sé cómo coño te lo vas a montar, pero para después de las navidades querré esa información. Me da igual lo que tengas que hacer, pero lo quiero. Y no puedes negármelo. – se quedó en silencio mirándome. – No puedes, Jörg. Me debes como mínimo eso.
Resopló sonoramente y se rascó la sien con rudeza. Estaba claro que no le había pedido nada fácil, pero era lo único que se me ocurría.
-…No puedo prometerte que vaya a conseguirlo. – soltó, finalmente.
-Oh vamos, no me jodas. Tú te sabes sus apellidos, sabes dónde vivía, probablemente mis abuelos sigan viviendo donde siempre, el teléfono de algún compañero antiguo… Lo que sea Jörg. Toda esa información la tienes tú.
-Lo intentaré. – dicho esto, aún con el cigarro a medias, colocó todas las tazas en el fregadero, y se largó al balcón, supongo que a meditar en lo que le acababa de pedir.
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No me sentí mal después por haberle pedido algo así porque sinceramente, sí era verdad que es lo mínimo que debería poder hacer por mí. De hecho, tendría él que venir conmigo y ofrecerle un espectáculo a mi madre en primera fila de cómo salta de una silla teniendo una soga al cuello, pero supongo que eso algo no apto para todos los públicos ni sensibilidades.
Suspiré y una figura en bata blanca me devolvió a la realidad. Se iba aproximando por la calle poco a poco y me sonreía desde lejos, ya sabiendo quién era. Joder, si que se me había pasado el tiempo rápido, pensando en todo lo de ayer…
La misma chica que ayer me atendió de urgencias, sonreía radiante poniéndose la mano en la frente en modo de visera para verme mejor. Ya he dicho que no quedaba nada de la lluvia que ayer azotaba las calles.
-¡Hola, Tom! Qué temprano llegas. – me tendió la mano y yo se la estreché de buena gana. Era la única persona a la que me apetecía ver hoy, y supongo que por el mero echo de encontrarme a la gata dentro teniendo ella la llave de esas puertas.
-¡Hola, eeh…! Eh… – mierda, ¿cómo se llama? ¡Coño, no sé como se llama! ¿Me lo dijo ayer? Creo que no… Oh mierda, odio que esto me pase. – Em…
-Greta. – dijo sonriente. Me sonrojé un poco de la vergüenza y le volví a estrechar la mano. – Vamos a ver como está la pequeña. – asentí enérgicamente ante esa afirmación, y no pude evitar sonreír alegremente. Creo que era la primera vez en meses que no me reía así sin una broma como contexto. Estaba feliz de verdad, ya quería ver a la gatita.
Abrió la reja de la entrada en un santiamén y después la puerta de la entrada. Poco a poco nos adentrábamos en la consulta, y llegamos a la misma sala de ayer, que ya estaba iluminada con un pequeño foco. Observé, con el corazón a mil por hora, la cajita transparente en la que la gata estaba metida. Estaba acurrucada en una esquina, dormida. Nos fuimos aproximando con lentitud, y ella fue abriendo las luces generales, acabando de iluminar toda la estancia.
Me quedé justo enfrente de la caja, y me agaché a su altura. Fui aproximando la cara hasta tener el cristal a un centímetro de mí, para poder observarla mejor.
Estaba completamente seca, y respiraba muchísimo mejor que hacía unas horas.
-Eeeeiii, ¡qué buena carita que tiene! – dijo Greta, acercándose a mi lado. Me puso una mano en un hombro y lo estrechó fuerte – ¿Estás contento? ¿Más relajado? – mientras dijo esto me fui levantando y asintiendo lentamente, sin dejar de mirarla. – ¿Qué nombre le has puesto?
En cuanto dijo esto mi mente cambió completamente de perspectiva, y con el dedo le señalé que esperara un instante. Saqué la cartera y miré en uno de los cientos recovecos que tenía esta. En un bolsillo interior, vi dos papeles, uno más amarillento que el otro, pero ambos bien doblados. El más oscuro era la poesía que había encontrado ayer, que no pude evitar guardarla. Saqué el otro papel y se lo tendí.
-Ayer por la noche, hice una lista de nombres que significaran “noche” en otro idioma. Y bueno, me quedé con estos cinco sin saber cual decidir, pensé que podrías ayudarme… – dije rascándome el cuello un poco, algo nervioso por lo que acababa de decir. ¿Soy yo o me estoy volviendo un poco marica? Vale, que nadie se ría, ya sé que ya era marica de antes, pero… Me refiero, que me estoy volviendo un poco sensiblón, ¿no? Mi padre va a tener razón al final, Bill me ha cambiado…
Greta puso cara de sorpresa y cogió el papel que le estaba tendiendo.
-Nuit, Noc, Nat, Nit, Nox. – leyó en voz alta. – Hummm… Estoy entre Nit y Nox, son los más bonitos. – dijo sin dejar de releerlos una y otra vez. – ¿Pero en qué idioma están cada uno? ¿Porqué no lo has apuntado? Nuit es francés creo, y Nox latín, pero el resto… Ni idea.
-Hostias… Tienes razón, pues no lo sé, tendría que haberlo apunto. – me reí de mi propia estupidez. – Nit y Nox… – recité en voz alta un par de veces, intentando ver cual sonaba mejor. La verdad es que los dos quedaban bastante bien. – Creo que me quedaré con Nit, parece más “femenino”, no sé si me entiendes… La letra “o” creo que es para nombre más de macho… Como Tom. – dije guiñándole un ojo. Esta simplemente se rió, algo sonrojada. ¿Qué diablos acaba de pasar? ¿Acababa de tirarle la caña? Uh uh… Ya no recuerdo ni qué era eso.
-Pues Nit, adjudicado. – se acercó al objeto transparente y abrió una puerta que había en la parte superior. Metió la mano y con mucho cuidado se acercó a la gata. Abrió la palma y la arrastró con lentitud y parsimonia hasta un punto donde ya pudo agarrarla con facilidad. La gata no pareció inmutarse, pero en cuanto la elevó en el aire, medio abrió los ojos. – Ten, cógela. Que se acostumbre a tu olor. – me la tendió tan rápido que casi no me dio tiempo a reaccionar. La puso encima de mi codo, que yo doblé encima de mi pecho, como intentando crearle una superficie donde poder agarrarla sin tener que estrujarle entre los dedos. La acaricié un poco. Era preciosa. Después de un instante volvió a dormirse, ronroneando un poco. Oh mierda, creo que me he enamorado. ¡Como para no enamorarse!
Poco a poco nos fuimos dirigiendo hacia la salida, por lo que parece ayer ya tuve que firmar absolutamente todo y tuve que pagar cada céntimo que debía, y ahora ya no tenía más que recogerla. Greta me acompañó a la puerta y fui a despedirme cuando vi que ella también salía. La miré extrañado por lo que hacía y sobre todo me quedé algo patidifuso cuando empezó a cerrar de nuevo las rejas de la clínica veterinaria.
-¿Por qué cierras? – dije algo atónito.
-Oh, pues porque es sábado. Normalmente no abrimos los sábados. Si hay alguna urgencia se llama al teléfono. – dijo sonriente.
-Oh… Yo… Vaya, siento que hayas tenido que venir desde tu casa sólo para entregarme a la gata… -dijo algo sofocado. A ver, en realidad le había pagado un pastón la noche anterior, pero seguía sabiéndome mal. – ¿Y ahora te vas para casa otra vez? – pregunté, como quien no quiere la cosa.
-Pues sí, no tengo ningún otro plan. – dijo, con una voz que no supe si identificar como normal o como coqueta. Madre mía Tom, estás perdiendo facultades. Vale espera, ¿tendría que actuar? ¿Sí no? Vamos Tom, no tienes ni que pensártelo, está buena que te cagas.
-Pues oye, te invito a algo, ¿te parece? – alcé las cejas un par de veces, divertido. Buah, acabo de parecer gilipollas, seguro.
-¿Con la gata encima? Pobrecita… – vaya, tiene razón. Genial, ahora habré quedado como un irresponsable. Piensa Tom, piensa.
-Pues la dejamos en mi casa, que no vivo muy lejos, y luego te invito o algo, o… No sé, tengo refrescos y café en casa. – intenté hacer cálculos para saber si ahora tenía la casa libre y sí, mi viejo no llegaba a casa hasta dentro de una hora y media. Si tenía que pasar algo, por lo menos daba tiempo a que empezara. La vi morderse el labio y eso fue una clara señal.
Asintió tímidamente y luego me hizo un gesto para que la guiara. Oh dios, me estaban empezando a sudar hasta las manos. ¡Iba a follar después de meses! ¿Cómo podía estar tan nervioso? Ni que fuera la primera vez, joder… Aunque a ver si esta vez la polla me aguanta más de cinco minutos tiesa. Con esta mierda de Bill, parece que después de haber estado dentro de ese culo, pasa olímpicamente de un coño.
No, hoy tenía que ser el día. De hecho, hoy era distinto al resto, hoy no estaba de fiesta, hoy no estaba consumiéndome en alcohol para ahogar las penas, hoy tenía un buen día, y aunque la anterior noche había estado llena de sentimientos difíciles, hoy me había despertado con mejor humor, y gracias a la gatita negra que tenía entre brazos.
Nit, ojalá tú seas la única de la que me enamore a partir de ahora, porque sé que no me vas a abandonar, y no podré volver a tener el corazón roto nunca más.
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Bill
Notaba una mano recorrerme la piel. Yo estaba como adormecido, y su tacto hacía que me despertara poco a poco de este sueño, de una manera muy agradable. Podía notar como me embriagaba el olor dulcemente mientras que con su mano recorría mi espalda. No sabía quién era, pero no quería que se fuera. Poco a poco noté su peso encima mío, y sus labios empezaron a recorrerme la espalda, dándome suaves besos, melosos y con cariño.
No pude evitar que se me escapara una sonrisa.
-¿Tom…? – dije, algo risueño. ¿Qué estaba pasando? Me fui girando poco a poco y con el corazón latiéndome desmesuradamente, me encontré con un chico rubio, lleno de rastas que me sonreía felizmente. Me mordí el labio y lo observé detenidamente. ¿Era esto un sueño? ¿O todo este tiempo ha sido en realidad una pesadilla?
Mi rubio del campamento me miraba sonriente, como si el tiempo se hubiera parado y me dejara contemplar su cara eternamente. Le acaricié una mejilla sin atreverme a decir nada más y me hundía en sus ojos. Era todo tan lejano… ¿Estaba ahí realmente? Yo intentaba respirar tranquilamente, sin saber si podía o no lanzarme a sus brazos sin que él desapareciera.
-Tom… – volví a repetir, sin dejar de pasear mis dedos por su rostro. – Estás aquí… – estaba sumergido en tal estado de alucinación, que parecía que estuviera drogado. Pero Tom, no parecía sorprendido de tenerme entre sus brazos, y eso me intranquilizó un poco. ¿Qué coño está pasando…?
Tom metió sus manos por debajo de mi camiseta y empezó a tirar sensualmente de ella hacia arriba, hasta sacármela del todo. Empecé a ponerme tan nervioso que no me estaba paralizando. Después de eso volvió a estirarse encima de mí y esta vez se me lanzó a los labios. Cogí aire con rudeza y me dejé besar, aún algo atónito, hasta que simplemente me dejé hacer. Era simplemente imposible lo que estaba pasando, pero… Ya me daba igual si era un sueño, porque yo le tenía delante, y no había nada más que me interesara.
Sin dejar de besarme empezó hurgar algo en mi espalda. No estaba entendiendo muy bien qué diablos estaba haciendo pero simplemente me dejé hacer. Después me pasó las manos por los brazos y acabó tirando algo al suelo, que parecía que yo llevaba encima. Me quedé algo parado con eso último, y cuando fui a mirar en el suelo a ver qué era, Tom volvió a besarme con rudeza. Se me escapó un gemido de la boca y me olvidé del mundo otra vez.
Poco a poco se fue desnudando al mismo tiempo que me quitaba los pantalones. Oh dios, estaba muy ansioso, y eso me estaba gustando mucho. Estaba viendo en sus ojos un destello que jamás le había visto. Antes siempre parecía que aunque me estuviera follando a lo bestia, había un atisbo de amor en su mirada, o al menos, algo de… ¿cariño? Ahora sólo veía lujuria, y ganas de metérmela ya.
Se quitó el pantalón y la camiseta y sus abdominales quedaron al descubierto. Oh dios, si antes estaba cachondo, ahora simplemente estaba que me salía lava por los putos poros de mi piel.
Intenté acariciarle esa zona que tanto me gustaba, pero con un manotazo me apartó de él y se dirigió a quitarme los calzoncillos. Jamás lo había visto tan lanzado en ese momento si no teníamos prisas o algo así. Siempre le costaba un poco esa parte, ¿porqué de repente parecía que lo llevaba haciendo toda la vida?
-Dios qué mojada estás… – dijo lamiéndose el labio. ¡¿Cómo?! ¿Qué mierdas acaba de decir? Lo miré atónito mientras poco a poco lo vi descendiendo hasta colocar su cabeza entre ¿mis piernas? No, definitivamente no eran mías. Y ahí… no estaba mi polla, ni había nada de nada. Era… Bueno, era el cuerpo de una mujer. De hecho había dejado de sentir lo que pasaba, y si Tom estaba “comiéndome el coño”, yo no lo estaba sintiendo. En vez de eso, fue otra voz femenina la que se oyó de fondo.
Me froté los ojos y zarandeé la cabeza, aturdido, y la siguiente vez en la que los volví a abrir, ya no estaba debajo de Tom, ni siquiera estaba dentro de la cama.
Delante de mí, el rubio de rastas le estaba haciendo la mejor faena que le habían dado en su vida a una chica sin rostro, que gemía de puro placer.
Se me llenaron los ojos de lágrimas y miré a todas partes para encontrar la puerta. Sabía que estaba en la habitación de Tom así que simplemente me giré en la dirección de la salida, pero ahí sólo había más pared. No encontré la salida por ningún sitio.
Empecé a desesperar y a sentir que me faltaba la respiración. Quería girarme y no ver la escena, pero esta vez por mucho que intentara simplemente apartarlo de mi vista, ésta se presentaba delante, como si se tratara de un escenario giratorio que jamás desaparecía.
Intenté cerrar los ojos, pero los gemidos de la puta que estaba disfrutando de la lengua de Tom, se me clavaban en los tímpanos más fuerte que antes, como si me estuvieran castigando por cerrar los ojos.
Pronto, observé con horror cómo Tom se quitaba también los calzoncillos, y la muchacha empezaba a pedirle con desespero que se la metiera.
-No… No, Tom por favor… Estoy delante, párate… – intenté suplicar, como si esperase que el rubio fuera a oírme. Por unos instantes creí que se le crispaba el rostro, pero después simplemente se fue tumbando encima de ella con la mano alrededor de la polla, buscando la entrada. Por la cara que puso la chica, parecía que la había encontrado a la primera, y mientras más se acercaba y se adentraba, ella más abría las piernas hacia los lados, dándole plena entrada y movimiento. Finalmente, cuando entró del todo, la besó con rudeza para empezar el vaivén.
No, no, no, no, no… ¡¡¡NO, NO, NO, NO!!!
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Escuché unos ruidos tormentosos que me desvelaron.
Me desperté con el ritmo del corazón tan acelerado que pensé que se me iba a salir disparado del pecho.
Estaba sudando y me costaba respirar. El pelo se me había enganchado al cuerpo por todo el sudor y prácticamente pude hasta notar cómo las sábanas estaban empapadas.
Miré a mi alrededor y finalmente me cercioré con algo de dificultad, que estaba en mi cama, en Berlín. Intenté focalizar y buscar entre todos mis últimos recuerdos evitando entrar en pánico, y me dediqué a deshacer los pasos que hice anoche, a ver qué podía recordar.
¿Cómo? ¿Cuándo… Cuando me puse a dormir?
Por mucho que intentara focalizar en mi vida, la imagen de Tom tirándose a una chica me asaltaba como flashes de una película de terror en plena noche. Zas, zas, zas… Es como cuando intentas cerrar los ojos en la oscuridad, y sigues viendo la sonrisa de ese horrible payaso.
No se iba de mi cabeza.
Intenté cerrar los ojos y rascarme la cabeza para simplemente alejar todos esos pensamientos, pero parecía en vano. Oh dios mío, estoy empezando a volverme loco.
-Bill, Bill, céntrate… ¿Qué hiciste anoche…? – una voz ronca afloró de mi garganta, y no supe decir si estaba así por que me acababa de despertar, o por las inmensas ganas que tenía de ponerme a llorar. –Piensa. Piensa… – me froté los ojos y noté cómo los dedos resbalaban más de lo normal. Me miré extrañado las menos y me las encontré llenas de maquillaje. ¿Cómo? Pero si desde que volví del campamento no se me había vuelto a olvidar desmaquillarme antes de irme a dormir… De pronto me di cuenta, aún llevaba la ropa de la noche anterior.
¿La noche anterior…?
Oh, la rave.
Dormí en el coche hasta las seis de la mañana que aparecieron el resto preocupados por mí. No les di ninguna explicación y salí a fumar para despejarme un poco antes de ponerme a conducir otra vez. Recuerdo haber estado dándole vueltas a la conversación con… Jörg. Oh dios, la conversación. Madre mía, debió pensar que estoy como una puta cabra… ¡Y es normal! ¿Cómo coño se me ocurrió llamarle así? Era tardísimo, y ni siquiera era lógico lo que le quería pedir…
Intenté incorporarme y noté cómo me dolía todo el cuerpo. Tenía cada parte de mi ser entumecida, y sinceramente no sé porque. Anoche ni bebí ni me había dado una hostia contra nada. Supongo que era tal el agotamiento mental, que había pasado a mi cuerpo, debilitándolo. Busqué el móvil entre los bolsillos, et voilà, ahí estaba. Con los ojos achinados por miedo a la luz que pudiera desprender la pantalla, encendí esta, devolviéndome un número en concreto: 12:18.
¿¡Qué?! ¡¿Ya pasaban de las doce?!
Me di cuenta que la persiana estaba completamente cerrada, y por eso parecía aún de noche. Suspiré fuertemente y dejé el móvil en la mesilla. No tenía ganas de salir de la cama, así que simplemente me acurruqué en una esquina y me tapé de nuevo con la manta, sabiendo que no me iba a volver a dormir, pero que no me sentía con ganas de mostrarme al mundo. Hoy volvía a ser un día gris.
Corrijo, hoy era un día más gris de lo normal.
Una vez situado en la vida real, volví a sumergirme sin querer en el sueño que había tenido hoy, como si mi mente no me dejara escapar de él. Bueno, en realidad había sido una puñetera pesadilla. Estaba siendo tan real todo, tan bonito… Simplemente, estaba ahí, y lo podía tocar, y él me tocaba a mí…
Ah no, a mí no.
No pude evitar que los ojos se me inundaran en lágrimas por vez número mil en poco más de tres meses, y me dejé llevar. Me dejé llevar otra vez por los sentimientos que había estado evitando durante este tiempo, me dejé llevar por las ganas que seguía teniendo de sufrir por él, y por las ganas que tenía de pensar en él a todas horas, por las ganas que tenía de seguir llorándole incluso… Por que me negaba a borrarlo de mi cabeza. No quería ni pensar que tenía que hacerle desaparecer.
No, no a alguien como él, que lo había sido todo. No a Tom… No a mi chico.
.
El cansancio volvió a apoderarse de mi cuerpo entre tanto sollozo y noté como el cuerpo se dejaba ser, para intentar caer en un pequeño sueño. Poco a poco me iba abandonando de la consciencia y…
¡Zas!
Algo me sobresaltó de mala manera.
Con los ojos llorosos y achinados, busqué ese diabólico sonido, y vi que provenía de la mesita de noche, donde la pantalla de mi móvil se iluminaba, dándole algo de luz, a la inmensa oscuridad.
Lo cogí con el corazón en un puño, temiéndome quien pudiera ser, y efectivamente, un nombre corto afloró en la pantalla, haciendo que mi ritmo cardíaco saliera disparado. Le di a descolgar.
-¿Jörg…? – intenté sonar lo mejor que pude, evitando no sonar ni dormido, ni echo polvo, aunque sinceramente no creo que fui capaz. No me esperaba que me llamara hoy, y mucho menos después de lo de ayer. Había hecho el ridículo de tal manera…
-Hola muchacho… Veo que no te has recuperado aún de lo de ayer. – suspiró. Vaya mierda, parece que no he conseguido engañarle. – ¿Cómo has pasado la noche? – preguntó, algo preocupado. Suspiré antes de contestarle, porque realmente no tenia una respuesta exacta para eso. De nuevo me asaltaron a la mente los recuerdos de esa pesadilla tan vívida que acababa de sufrir.
-Pues, no demasiado bien… He tenido pesadillas. – Admití rápido.
-Anoche me dejase preocupado, Bill. – mientras decía eso escuché de fondo un sonido de llaves. ¿Qué estaría haciendo? – ¿Estás mejor? – se interesó.
-No lo sé la verdad. – estaba claro que no, no hacía ni un minuto que me había puesto a llorar como una niña.
– Siento la escena que te monté ayer… No tenía derecho a despertarte así, y menos a pedirte que pusieras a tu hijo al teléfono. Está claro que no me lo pensé mucho antes de actuar.
-No te martirices Bill, tuviste un momento de bajón, es normal, a todos nos pasa. – intentó consolarme, sin demasiado éxito. – ¿Al final se te pasó o aún sigues dándole vueltas? – exclamó, tanteando en mi -Creo que no se me ha pasado del todo. – finalmente admití. – No sé, simplemente no se me va de la cabeza. –sentí un suspiro prolongado al otro lado de la línea.
-Bill… Sé que es difícil, pero tienes que olvidarte de Tom, él… Bueno, no quiero ser violento, pero ya sabes que ha rehecho su vida. – escuché un sonido metálico. – Oye, si se corta lo siento, acabo de llegar a casa y me acabo de meter en el ascensor.
-Está bien. – le contesté. De pronto volvió a latirme el corazón muy deprisa. Volví a caer en un dato que era importante. – Jörg… Si cuando llegues está Tom en casa, podrías… ¿Pasarle el teléfono? Quiero hablar con él. Sé que me has dicho todo lo contrario pero… – me daba igual. Quería hablar con Tom, y por mucho que su padre me dijera que era mejor que no fuera así, simplemente tenía que hacerlo.
-Bill… ¿Estás seguro? – me preguntó, con la voz algo temblorosa.
-Sí. – no dudé en contestar.
Escuché al otro lado de nuevo el sonido de las llaves y casi quedó ensordecido por el latido de mi corazón, que empezaba a sonar más alto de lo normal. ¿Por qué me ponía nervioso? ¿Y si no estaba? Es probable que no estuviera en la casa.
Escuché el sonido de la puerta cerrándose tras él, y de nuevo su voz emergió desde su garganta después de un minuto entero en silencio.
-Sus llaves están en el cuenco del recibidor… – dijo bajito. Oh dios, oh dios, oh dios. Tom estaba en casa, Tom estaba en casa. Estaba al otro lado de la línea. Bill respira, tranquilízate y calma el ritmo de ese corazón, que al final te dará un paro cardíaco.
Escuché como iba avanzando lentamente y poco a poco un sonido agudo de fondo empezó a intensificarse.
¿Qué diablos era eso?
-Oh… Bill, cielo… Lo siento. – esas palabras me descolocaron del todo, hasta que un gemido me aclaró las dudas. Oh Tom, dios mío, más fuerte. Me quedé completamente congelado, con los ojos abiertos de par en par, sin saber absolutamente nada que pudiera decir en este momento. – Esto… Estoy enfrente de su puerta…
¿Quieres que le diga….?
¿Más fuerte? ¿Quieres que te de más fuerte, perra?
Sí joder, Tom jodeeer…
De nuevo, se me paró el tiempo y el espacio. En este momento acaban de ocurrir dos cosas que simplemente estaban siendo demasiado para poderlas soportar. Por un lado, Tom. Acababa de oír su voz, y la reconocí al instante. La manera esa tan sucia de hablar en el sexo, era sólo suya, podría identificarlo donde fuera. Y no sólo la manera de hablar, si no su tono de voz, y… Todo.
Su voz, su voz, su voz…
Él.
Bill, contente. Contente joder.
Y por otro lado… Estaba reviviendo la pesadilla, y a demás de una manera que parecía dirigida por la mente más macabra que pudiera existir. Entre esto y una muerte inminente por mi parte, sólo había una cámara en directo de Tom follándose a alguien.
Esto estaba siendo demasiado. Tuve ganas de tirar el móvil al suelo y estamparlo hasta que reventara. Esto tenía que seguir siendo producto de mi imaginación, no podía estar pasando…
.
Antes, sentía la pequeña ilusión que todo lo que me estaba contando Jörg podía tener algún tipo de atisbo de mentira o pequeña exageración del drama, pero ahora…
Ahora lo estaba sintiendo yo mismo. Lo estaba oyendo.
Los gemidos de placer de la perra esa me estaban poniendo enfermo, sentía ganas de atravesar el teléfono y entrar en esa habitación con una motosierra, y no sólo tenía ganas de descuartizarla a ella, si no que le habría arrancado al polla al rubio y se la habría echo pedazos. Ahora los odiaba a los dos, y no podía estar soportando esto más. No podía dejar que me humillaran sin saber siquiera que lo estaban haciendo, porque mientras yo hablaba cada semana con Jörg, y le preguntaba por su hijo, éste simplemente se dedicaba a follar a la primera puta que pasase, como si aquella etapa que había vivido conmigo no hubiera servido de nada, como si todo lo que yo le había enseñado sobre el «amor» o «el respeto» ahora no tuvieran ningún tipo de significado.
Vale, sólo cabe darse cuenta que igual ni siquiera me quería, igual sólo se estaba riendo de mí… Igual por eso simplemente decidió no volver a saber nada de mí, porque una vez fuera del campamento, ya no se seguía divirtiendo.
Esto… ¿no es verdad, no…? Esto sólo son pensamientos que surgen por mi rabia ¿Verdad?
Mi rubio tuvo que quererme ni que fuera sólo un poco, ¿no es así? Si no, de ¿qué tantas inseguridades? ¿De qué tantas confesiones a escondidas? Oh vamos, me había hecho pajas, me había tocado la polla… Literalmente. Eso no se hace sólo para reírse de alguien, ¿no…?
Yo ya no sabía que pensar, pero de nuevo las ganas de que tenía de asesinar a la furcia que había tras la puerta de la habitación, reaparecieron como un puñetero ácido en el estómago.
-¿Bill…? – la voz bajita de Jörg me sacó de mi mar de lava y venganza. – ¿Estás ahí…? – preguntó esta vez un poco más alto. – ¿No estarás llorando, no? – dijo preocupado. No dejaba de oír los gemidos. Joder colega, ¿Cómo puedes estar tan tranquilo oyendo como tu hijo está follando al otro lado de la puerta? ¡Qué incomodidad, joder! Este hombre tiene algún tipo de problema psicológico.
-No… No… Sólo, estoy en shock. – admití, intentando mantenerme lo más fuerte que pude. Supongo que ya no me quedaban más lágrimas.
-¿Quieres que…? Bueno, está ocupado, pero… Puedo molestarle, si quieres…
-No, no… Creo que esto ha sido la lección que necesitaba. – reflexioné. – Jörg, gracias, pero ahora… Necesito irme. No me llames hasta el viernes, necesito tiempo. – pronuncié lo más claro que pude, para no tener que repetirlo.
-Está bien. -me contestó. – Cuídate. Estoy aquí, muchacho.
-Adiós. – le respondí demasiado mal para lo bien que se estaba portando conmigo ese hombre. Sinceramente, hoy no estaba siendo un buen día. Le colgué con rudeza y me estiré en la cama. Empecé a tragar techo como nunca lo había hecho antes. No tenía ganas de llorar, ni de tirarme por la ventana. Simplemente había bloqueado todo tipo de emociones que pudiera sentir, y podía notar prácticamente como mi corazón se llenaba de una capa de hielo dura y fría, que no me dejaba sentir.
¿Sería ese el mejor remedio?
Ahora el recuerdo de Tom era simplemente una imagen oscura que me pinchaba el alma pero que no producía más dolor que ese, porque sinceramente, ya no podía sentir más dolor, había paralizado todo tipo de sentimiento o reacción afectiva.
Estuve mirando prácticamente durante una hora a ese techo que no hacía más que devolverme la mirada con la misma frialdad con la que yo pretendía enfrentar mi mundo a partir de ahora, y simplemente decidí que… O sobrevivía, o me quedaba aquí para siempre.
Tenía simplemente que aprender a vivir con ese peso encima de mí, porque aunque quisiera, no parecía que iba a desaparecer próximamente.
La sombra de Tom aparecería en cada recuerdo durante una buena temporada, y yo no podía más que aceptarlo y llevarlo como pudiera. Ahora tenía que dejar de llorar.
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Empecé a notar que el Bill engreído y nenaza que había aparecido con una tonelada de maletas en un campamento a principios de verano, se había quedado ahí. Es como si aquel Bill supiera que tenía que llevarse tantas cosas porque iba a quedarse anclado para siempre.
Ahora sentía que podría mudarme de país apenas con lo puesto, porque no había nada más que pudiera necesitar. Sentía que todas esas cosas materiales que pudiera poseer no me hacían feliz, que lo que realmente había querido estaba en Düsseldorf, y que todo lo demás me sobraba.
Pude notar prácticamente como estaba creciendo de golpe, supongo que… madurando.
Es a base de golpes y palizas que te das cuenta de cómo está la realidad, supongo. Esto no era más que el principio de todas las cosas desagradables que me iban a pasar en la vida, y sinceramente, yo ya sentía que tenía suficiente.
¿Se supone que ahora era un nuevo Bill? ¿Un Bill que había resurgido de las cenizas de un muchacho demasiado inocente e imbécil?
Supongo.
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Eran las ocho de la tarde, y no había comido en todo el día. Estaba solo, en el parque, sentado en el respaldo de un banco que estaba justo enfrente de la carretera, en el final del parque. Me dedicaba a ver a los coches pasar, y escuchaba pequeños fragmentos de historias que contaban los viandantes que justo se cruzaban por delante. Historias sin significado que olvidaría poco después de que desaparecieran de mi vista.
No pensaba en nada en concreto, y sólo observaba el mundo moverse. Veía lo ajeno que era todo para mí, y lo ajeno que era yo para todo ese resto del mundo. Ellos pasaban, hablaban, se reían, y ni se fijaban en mí, al igual que yo había hecho tantas veces. Y muy probablemente no iba a dejar de hacerlo.
Me cercioré de lo consumista que estaba siendo la sociedad, ya que pude ver obreros colocando las luces de navidad, estando sólo a un puñetero tres de Noviembre.
Me fumé otro cigarro, del cual ya no podría decir en qué lugar de la lista estaba, porque me había fumado muchos, y simplemente volví a notar cómo me embriagaba el olor, y me inundaba los pulmones. Qué relajante y placentero estaba siendo este momento. Creo que definitivamente, este era el momento con más paz que había vivido en meses. Ahora que había congelado todo en mi interior, sentía que no había nada mal, nada fuera de lugar ni nada… que doliera.
O al menos, no tanto.
Pero por otro lado, tampoco sentía que hubiera nada que me hiciera feliz y me emocionara especialmente.
Supongo que si había decido dejar de sufrir, no tenía más remedio que olvidarme de esos pequeños momentos de felicidad absurda. Supongo que si me tenía que alegrar por algo, tenía que ser por algo realmente importante.
Sentado ahí, con la mente tan fría, se me pasaron asuntos importantes de mi vida. Por un lado la incertidumbre de qué hacer con mi futuro después de acabar con la carrera, si irme al extranjero, si empezar a buscar trabajo…
Después pensé en el amor.
Mentira, no pensé en el amor, pensé en la compañía. Bien cierto es que había estado la mitad de mi vida prácticamente, siempre en la compañía de alguien, y supongo que era algo que empezaba a echar de menos. Y no hablo del amor porque en realidad nunca he tenido de eso, hasta este verano, claro.
Yo creo que si fui especialista en estar acompañado sin estar enamorado, podría volver a ese estado de nuevo ¿no?
Supongo que en el fondo, el compromiso de exclusividad con alguien, era una buena excusa para tener sexo ilimitado y sin demasiados comederos de cabeza cada vez fuera a querer echar un polvo. ¿Era eso lo que realmente necesitaba? Sí, creo que ya me he admitido que estoy harto de hacerme pajas. Necesito sexo. Es algo… Biológico, necesario. Ni el nuevo Bill, vetado de sentimientos, puede alejarse de los instintos básicos.
La siguiente pregunta es… ¿A quién me follo? Bueno bueno, aún hay más ¿A qué me follo? Está claro que este verano había desarrollado una pequeña pasión oculta por los tíos, y… a abrirme de piernas. Mierda, es la puta verdad, joder… Quién me viera hace un año, madre mía.
En el fondo supongo que solamente tenía que esperar a ver qué mierdas me trae “el destino”.
Le pegué la última calada al cigarro y lo tiré sin dejar de mirar al horizonte. El frío comenzaba a ser tal que no sabía distinguir el humo del vaho, y estaba empezando a tiritar notoriamente. Dentro de poco no podría pensar por culpa del frío, aunque tampoco me preocupaba demasiado. Así tendría la mente aún más congelada.
-¿Bill? – una voz masculina me sacó de mis pensamientos. Me sobresalté y miré a la izquierda, de dónde provenía la voz. Me quedé un poco parado al comprobar que aquel chico no era nada más ni nada menos que Jake, el camarero de ¿Rostoc? El chico me miraba sorprendido, pero con una sonrisa en la cara. – Maaadre mía, llevas una cara de resaca que no consigo entender. ¡Si no has bebido una mierda! ¿Cómo tienes esa cara de culo? – de pronto, me entró la risa. ¿Pero qué diablos dice este? ¿Cómo puede simplemente decirme que estoy horrible tan fácilmente?
-Vaya vaya, qué simpático eres, chaval. – dije irónicamente. Sin eliminar esa sonrisa radiante de su rostro se sentó a mi lado, también encima del respaldo del banco y alzó las cejas fugazmente en modo de saludo.
-Lo que tú digas, pero sigues sin haberme contestado – se pasó las manos por el pantalón, frotándoselas enérgicamente, a causa del frío, y mientras esperaba una respuesta, me miraba fijamente a los ojos. ¿Y ahora qué le respondo? La conversación que tuvimos ayer se quedó muy abierta, y yo no fui en su busca para terminarla. Él se había ido un poco avergonzado por la pregunta que me había hecho, y yo no le perseguí para calmarle el bochorno, porque en realidad, no era una pregunta demasiado rara. – Está claro que eres especialista en negarme las respuestas…
Me reí fugazmente, y después de relamerme los labios, pensando en qué iba a contestarle, acabé soltando un mix que respondería ambas cuestiones al mismo tiempo.
-Hoy he tenido una mala experiencia. He escuchado como el capullo de mi ex se estaba tirando a una tía. No ha sido muy agradable… – puse cara de circunstancias y luego miré al suelo, algo avergonzado.
-Uh… Corazón roto. Sí señor, ya decía yo que ese iba a ser el diagnóstico. – me encogí de hombros, sin saber muy bien qué decir. – Oh, y gracias por responder a lo de ayer… – me guiñó un ojo, y me pareció un gesto hasta encantador. Este chico tenía una manera de ser seductora, que acababa embriagando.
-Ya… Ayer no sabía muy bien cómo responderte, lo siento. – admití.
-No te preocupes, ya ves que siempre me meto dónde no me llaman. –empecé a ver cómo se sacaba de los pantalones la misma caja que ayer desenfundó cuando estuvimos hablando en la fiesta. Me supo mal ver eso, porque ahora ya sabía que se estaba apunto de liar un porro. – De hecho… ¿te importa que me quede un rato aquí? – me hizo gracia ver que era consciente de que igual podría ser molesto como persona al ser tan impulsivo y metomentodo.
-No tranquilo, puedes quedarte. – le contesté, aunque rápidamente le cambié de tema. – ¿Qué tal la noche? ¿Te has despertado con alguien a tu lado? – dije mientras alzaba las cejas varias veces, en signo de cotilleo.
-¡Más quisiera! De todas maneras tampoco soy un desesperado que va buscando enseguida dónde meterla en caliente. Simplemente, dejo que aparezca, y valoro los pros y los contras.
-Oh vaya… ¿Y eso resulta efectivo? Me refiero… ¿No pasas épocas de sequía importantes? – pregunté, divertido. La verdad es que era más que nada por no darle el pésame. Yo tengo la sensación de que pocos tíos acaban pillando cacho si no lo van buscando.
-Pues no muchas realmente. Creo que la temporada más larga que he estado sin sexo ha sido un mes. Al final siempre acaba cayendo alguien. – dijo, orgulloso de si mismo. Jooder, ¿enserio? ¿Sólo un mes? Para ser un tío no está nada mal.
-Joder, me quito el sombrero.
-¿Cuál ha sido tu mayor tiempo de sequía? – abrí los ojos desmesuradamente. Sinceramente, no espera que me hiciera esa pregunta, o por lo menos, con tan poca confianza. Aunque bueno, este muchacho parecía tan abierto con absolutamente todo, que se contagiaba esa falsa confianza en él.
-Pues… – empecé a contar con los dedos. Todo Agosto, Septiembre y Octubre… – Tres meses. – dije con la voz amarga.
-Bueno, no te estreses, porque lo más seguro es que haya sido porque tú no has querido. – enfatizó en la palabra “tú” cuando me dijo eso. – Veo que eres bastante sentimental, así que probablemente en aquel entonces tendrías también el corazón roto, y rechazabas inconscientemente a todas esas personas que se te van acercando. – puntualizó. Esa reflexión me dio que pensar, y llegué a la conclusión de que quizás sí tenía razón.
-Entonces… ¿Tú le acabas diciendo que sí a todas? – pregunté, después de analizar sus palabras.
-Bueno, no es que tenga un filtro demasiado exquisito, pero si que ha habido algún rechazo. No muchos, la verdad sea dicha. – se empezó a reír y después colocó el porro ya liado en su boca. Después buscó el mechero y lo encendió. Tragó todo el humo que pudo para asegurarse de que no se iba a pagar y después me lo pasó. Le negué educadamente con la cabeza y luego se encogió de hombros para volver a pegarle otra calada. Pronto me envolvió el olor a maría. – ¿Y cuanto hace que lo dejaste con tu ex? ¿Por qué sigues tan afectado? – preguntó después de un prolongado silencio.
-Pues, el mismo tiempo que llevo de sequía. Él ha sido el último. – admití, viendo que me había quedado un poco peliculera esa confesión. – Pero hoy ha sido la gota que colma el vaso. Sencillamente… Ya pasó. No puedo seguir así.
-Claro que no tío, tienes que buscarte un buen coño. O una buena polla, claro. – dijo entre risas, haciéndome reír a mi también.
-Precisamente eso estaba pensando antes de que llegaras. – admití. Aunque lo siguiente si se podía catalogar de confesión de mayor grado. – Aunque no estoy buscando nada de sentimientos, quiero sólo compañía ¿sabes? Sexo y amistad por decirlo de alguna manera.
-¿Y exclusividad? – esa pregunta me dejó un tanto descolocado. La tuve que pensar durante un rato prolongado antes de contestar algo con un poco de sentido.
-Supongo que sí… Aunque no sé. Yo creo que me molestaría. Sobre todo con un tío. Tengo la sensación de que no sería muy agradable pensar que un tío me está follando y que ayer estuvo con alguien más. – no sé porqué mierdas le estaba contando esto ahora, pero simplemente me estaba dejando llevar.
-Pues no te va a ser fácil buscar a alguien que te va a dar estabilidad, pero al que no le vas a dar amor ¿me entiendes? O por lo menos no a largo plazo. Igual aguantáis un par de meses así, pero no creo que sea llevadero, y menos si no le dejas abrirse a nadie más. – ¿desde cuando este chico era experto en el amor?
-Ya, supongo que soy demasiado egoísta. – observé. – ¿Tú nunca has tenido alguna pareja de ese estilo? –uh uh uh… Terreno MUY peligroso Bill. Se la estás dejando caer, y puede que se te rompa.
-No la verdad. De hecho he tenido muy pocas relaciones “estables” de amor y eso. Dos en concreto. Y no duraron mucho… – puso cara triste y eso me hizo sentir culpable.
-Perdón por hacerte revivir eso, no quería…
-Nah, no te preocupes. – de pronto nuestra conversación fue interrumpida por el sonido de algo que provenía justo entre el medio de los dos. Jake se sobre saltó y apoyó una mano encima de mi muslo para poder hacer fuerza para apartarse al lado. Se me pusieron las mejillas rojas. Por lo visto, del bolsillo que estaba justo en el lado que estaba en contacto conmigo, salía un sonido proveniente del móvil – Hostia tío… ¿Pasa algo? – Me intentó pedir disculpas con la mirada, y yo simplemente le sonreí, diciéndole que no pasaba nada. – No tio, no puedo. Me he encontrado a un colega y estamos en medio de esas conversaciones filosóficas, ya sabes. –empezaron a reírse, y yo me quedé quieto. ¿Hablaba de mí? ¿Le estaba diciendo que no a un amigo suyo por quedarse conmigo? Por un momento pensé que el pequeño corazón recién congelado volvía a intentar pronunciarse, aunque sólo fue por un instante. Madre mía Bill, está claro que si te metes a cura, acabas dimitiendo en dos horas. No tienes autocontrol.
Poco después acabó colgando y sonriéndome de nuevo mientras se guardaba el móvil en el mismo sitio, y se volví a poner cerca de mí.
-¿Por dónde íbamos? – pregunté, algo entusiasta. ¿No quería una conversación filosófica? Pues tengámosla, no decepcionemos al personal.
-Me preguntabas si yo había tenido alguna pareja de ese estilo. Es que en realidad Bill, lo que te pasa es que estás buscando exactamente lo que tenías, pero sin sentimientos, porque tienes miedo a que te vuelvan a hacer daño. Pero la pregunta es ¿No has tenido otras relaciones antes? Si no me fallan los cálculos, el anterior a este sólo puede ser la chica morena, ¿no?
-Totalmente cierto.
-¿Qué ha podido pasar para que esta relación sea la que te haya dado ese miedo por el amor? – preguntó, confuso. Uh… ¿Contestar a eso no es demasiado personal? No sé yo si quiero indagar tanto en mi vida con alguien a quién conocí ayer.
-Pues… – empecé a tantear. Igual puedo inventarme algo que no sea demasiado difícil de disimular si en algún momento de mi vida decido explicarle la verdad. – Supongo que… – Es que qué hay más evidente que “nunca he querido a mis novias, Tom ha sido el primero”. No hay nada más allá de eso.
-Vale vale, mira. Mejor dejemos temas tan profundos. Creo que te estoy bombardeando con preguntas tan personales.- se cercioró. – Tengo una idea. Te invito a una cerveza. O quizás a algo calientito, que está haciendo mucho frío… Nos sentamos en algún sitio dónde el calor vuelva a nuestros dedos y podamos pensar con más tranquilidad. ¿Qué te parece? – mientras me hablaba sentí que me empezaba a perder en unos ojos verdes intensos que me taladraban con fuerza. ¿Cómo iba a negarme a cualquier cosa que me propusieran esos ojitos?
-Claro. – dije sonriente.
&
La cafetería del centro comercial más cercano tenía uno de los batidos de chocolate caliente más buenos que existían en el mundo mundial y Jake me compró uno de ellos. Eran bastante caros pero el chaval no pareció ni mirar el precio. Nos sentamos uno al lado del otro aunque eran asientos de sofás, donde había uno enfrente del otro. Me apoyé contra el cristal que había por pared, y él se giró un poco para poder hablar mejor.
-Oye, ¿qué hacías por la rave? Está claro que tú eres uno de esos chicos que prefiere ir a locales de lujo o bastante pijitos. ¿Qué pasó?
-Oh, Georg pasó. Que está enamorado de Carol y nos arrastra todos a su locura. No le he llamado… Espero que pasara algo entre ellos. – dije más para mí que para él. – ¿Tú sabes salgo?
-Qué va. A Carol la conozco bastante pero solemos hablar más en persona que por móvil, y hoy aún no la he podido ver así que… – después de decir eso añadió algo más. – Pero, a la chica le gusta mucho tu amigo, si no pasó nada es porque alguno de los dos bebió demasiado y acabaron hechos polvo, si no, no hay excusa. –me reí por la teoría y asentí, secundándola. De pronto, me vino una pregunta a la cabeza, que igual era un poco personal, pero que como este hombre parece que no le importa ir compartiendo sus intimidades, pues decidí preguntarle así como así.
-Una pregunta… – tanteé.
-Dispara.
-Antes has dicho que tu mayor tiempo de sequía ha sido un mes… – le recordé esa conversación en la que sacábamos a la luz nuestros momentos de flaqueza en el sexo.
-Ahá.
-Eso quiere decir, que hace poco que echaste un polvo ¿no?
-Pues… El miércoles, exactamente. – me contestó bien rápido.
-¿Y… Fue esporádico? Me refiero… ¿Eres de los de “nos acostamos y no te veo nunca más”? ¿O hubo un flirteo previo? – la verdad, es que si iba a ser un “futuro polvo”, yo quería saber estas cosas.
Antes de contestar a eso se rió a carcajada limpia, y yo me puse rojo como un tomate. ¡Mierda, mierda, mierda Bill! ¿Cómo se te ocurre?
-¿Por qué lo preguntas? ¿Te preocupa la respuesta…? – dijo con una sonrisa de lado, diabólica. Buffttt… Creo que me estaba empalmando, eso lo hacía To… No. No lo hacía nadie. Bill, contrólate.
-No… Yo… Era curiosidad. – De todas formas ¿porqué mierdas me habla con flirteo? Anoche ya me quedé un poco parado con ese tema, ¿es que acaso también le van los tíos? Vaya… Y yo que pensaba intentar cambiarle de acera con mis conocimientos previos…
-Tranquilo, sólo te estaba tomando el pelo. – después de eso me guiñó un ojo. Buft, qué calores. – Pues te de todo un poco la verdad. La del miércoles fue bastante aquí te pillo aquí te mato. Pero he tenido mis épocas de flirteo, y de repetir con la misma persona varias veces.
-Y si es como en el primer caso ¿no les pides ni siquiera el teléfono?
-Veces muy contadas. Pero después ni llamo yo, ni me llaman a mí.
-Mi ex era así… Bueno, era mucho peor. Se tiró a tres en un solo día. – puntualicé, recordando la conversación ya tan lejana con Mario, en el comedor.
-Vaya, qué campeón. ¿Y tú le diste la vuelta a su mundo, o que? – dijo divertido.
-Eso parece… – dejé escapar un suspiro triste, y me maldecí por mostrar ni que fuera algo de tristeza por esos recuerdos. Se supone que yo debería anular cualquier mínimo sentimiento.
-¿Él nunca había estado con un chico antes? – preguntó.
-Nop… Bueno, ni yo. Y la verdad es que fue bastante difícil al principio. Y ya ni te digo para follar… – me reí yo sólo de cada situación cómica que habíamos vivido. Claro, que en aquel entonces no eran más que peleas y lloros. Qué época, madre mía.
-Ya me imagino, la primera vez con un chico es bastante difícil… – dijo, con la mirada perdida en el café. Abrí los ojos de par en par, y me quedé mudo, mirándolo mientras removía con su cucharilla. Vale, ¿se supone que ha hablado desde la experiencia? Oh dios mío, he fantaseado un poco con este momento, pero no pensé que realmente fuera a decir algo así. Después de estar un buen rato sin contestar, Jake levantó la mirada y supongo que me encontró tieso, con las manos alrededor de mi chocolate caliente, mirándole directamente, sin ningún resquicio de vida o movimiento por mi parte. Estaba totalmente en shock. – ¿Bill? – dijo casi riéndose. – ¿Te pasa algo? – Vale, a la mierda. Pregúntaselo, has de preguntárselo Bill, o no te quedarás tranquilo.
-Es que… – a ver, ¿cómo empiezo? Esto es un tema delicado. Aunque bueno, él me lo preguntó sin tapujos ayer…- ¿Qué has querido decir con eso…? ¿Has estado con algún… chico? – jamás creí que me costaría tanto decir esa palabra.
Jake se rió por mi comentario y yo esta vez me quedé paralítico en el sitio, esperando su respuesta con impaciencia.
-Sí, varias veces. – admitió. Noté como la mandíbula caía en picado en demostración de mi asombro total por esa respuesta. – ¿Qué pasa? – de nuevo sus carcajadas resonaron en toda la estancia.
-Yo… No sé, no me lo esperaba. No parece que… Bueno, eso. Ya sabes.
-¿Y tú ex sí lo parecía? – esa pregunta me atravesó el corazón con tanta fuerza, que me quedé mudo unos instantes, recuperándome.
-No… Ya te he dicho que era como el “terror de las nenas”, por decirlo de una manera. – le recordé. – ¿Y cómo…? Bueno, ¿cómo te diste cuenta que también te iban los tíos? – la verdad es que me mataba de curiosidad esa pregunta.
-Digamos que yo también tuve a un “Bill” que me cambió la vida totalmente. – se me enterneció el mundo con esas palabras, porque sinceramente, me pareció precioso que me confesara algo así. Y segundo, me pareció simplemente preciosa la manera de usar mi nombre, y aludir sutilmente lo que le pasó a Tom conmigo para hablar de su experiencia personal.
-Oh vaya… Ya veo. – no supe decir nada más y me dediqué a acabarme el batido de chocolate, disfrutándolo mientras aún estaba caliente. El silencio se fue prolongando y sinceramente no sabía muy bien qué decirle.
Creo que habíamos llegado a una especie de punto muerto.
-Oye, me han entrado ganas de ir a jugar un par de partidas a mi casa. Ya sabes, a la play. ¿Te apetece pasarte? – preguntó de pronto. Me asustó pensar que podía estar a solas con él en un sitio cerrado. Estaba claro que yo buscaba un polvo, pero no quería que fuera tan a lo bestia. Yo necesitaba mi tiempo de preparación con la otra persona. – Tranquilo, no te voy a morder. – dijo. Mierda, ¿tanto se ha notado? – que me gusten los chicos no quiere decir que me vaya a tirar encima de ti a la primera. – y después de eso me guiñó un ojo otra vez. Vale, ¿lo ha dicho por lo de “a la primera”? ¿Eso quiere decir que hay segunda? Mierda Bill, ya empezamos con las preguntas sin respuesta.
Intenté disimular el nerviosismo con una sonrisa y al final acabé asintiendo. Total, ¿para qué iba a volver a casa? ¿Para seguir odiando la realidad? ¿Qué hay mejor que echar unas partidas un sábado por la noche? Bueno, eso último es bastante irónico, pero me apetecía por estar con Jake.
-Claro, tú me guías.
Continúa…
Gracias por la visita.