Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno
Capítulo 8: Nombres confusos (P.2)
Bill
Eran las nueve de la noche y Jake aún no había dado señales de vida. ¿Qué estaba pasando? Empecé a pasearme por el espejo varias veces, y me revisé entero por decimotercera vez. Se supone que cenábamos en su casa, ¿no? ¡Pues ya iba siendo hora!
Me senté en el sofá y puse la tele para ver cualquier cosa. No me importaba sinceramente, pero necesitaba hacer tiempo antes de morirme de aburrimiento. Me espatarré completamente y me puse a mirar canales. De pronto, sonó el teléfono y me levanté al instante, casi tirando el mando por el aire.
Me incorporé y miré la pantalla, apresurado. Se me congeló el corazón cuando leí el nombre de Jörg en la pantalla. Esta mañana me tendría que haber llamado, pero no lo hizo, y la verdad, no me extrañó cuando la semana pasada apenas hablamos un minuto. Desde que había decidido vetar a Tom de mi vida, las conversaciones con él eran bastante cortas y aquella en especial fue bastante incluso incómoda.
-¿Hola?
-¡Hola Bill! – dijo sonriente.
-Vaya, no me esperaba la llamada a estas horas, sinceramente. – dije riéndome. Mierda, ¿y si justo ahora me está llamando Jake? ¡Joder!
-Lo sé, pero es que acabo de caer que dentro de nada es Navidad, y he pensado que podría regalarte algo. No te sientas presionado ni nada, ¡de verdad! – me quedé con los ojos abiertos, y sin dar crédito a lo que oía. ¿De verdad estaba diciéndome esto?
-Pero Jörg, no sé qué decir… No hace falta, hombre.
-Que sí Bill, que sí. Ya lo tenía pensado desde hace tiempo, pero acabo de caer en la cuenta de que no me sé tu dirección física, y no sabría dónde mandarlo. – me entró una sonrisa triste que no supe catalogar de dónde provenía, pero simplemente suspiré.
-Pero no sé, ¿No es demasiada molestia?
-Para nada. Quiero hacerlo. – me quedé pensativo, y llegué a la única conclusión en la que esta situación me dejaba más cómodo.
-Está bien, pero sólo si yo también os envío un regalo a vosotros. – el plural me salió solo, y la verdad es que no sé muy bien qué iba a regalar, ni si iba a ser un regalo doble.
-Si es que lo sabía… Bill, de verdad que no…
-Me niego en rotundo a darte mi dirección si tú no me das las tuya. – intenté ser amistoso en esa frase y conseguí oír una risa al otro lado de la línea. Bueno, supongo que es buena señal.
Jörg me dictó su dirección y después yo realicé el mismo paso. Mientras le iba dictando me puse a pensar en varias posibilidades para poder comprar, pero no sabía muy bien qué hacer. Estaba claro que no podía enviarle algo que fuera muy evidente de mi parte, pero tampoco quería regalarle algo sin ningún tipo de sentido. Tenía que ser algo que le fuera a ser útil, pero que no fuera “personal”. Joder, en qué marrones me estoy metiendo… Después volví a mi realidad.
-Jörg, te tengo que colgar porque estoy esperando una llamada importante, perdóname. –le dije lo mejor que pude.
-¡Claro, claro! Te llamo el viernes que viene. Pasa una buena semana. – me despedí lo más cordial que pude y después colgué, esperando ver que Jake aún no me había llamado y no se lo había podido coger. Aunque por otro lado, ya se estaba alargando demasiado este hombre.
Ninguna llamada.
Joooder… ¿Dónde mierdas estás? Me entraron ganas de tirar el móvil contra el suelo pero me conformé lanzándolo al otro sofá, viendo cómo rebotaba. Bufé, exasperado, y me crucé de brazos, estirándome un poco hacia atrás. Miré al techo e intenté calmarme un poco. De todas formas ¿qué esperaba que iba a pasar? Llevo un mes insinuándome y en ninguna de las veces ha parecido tener el mínimo interés. Me rendiré al final… Lo que necesito es calmarme un poco. Si total, tampoco iba a pasar nada esta noche.
Es que ya estaba empezando a ser como ridículo lo que estaba haciendo. Mi orgullo se estaba quedando completamente pisoteado, y ya me estaba hartando.
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El sonido del teléfono me animó enseguida y fui corriendo a mirar quién era. Lo tuve en mis manos, y noté como la sonrisa se me ensanchó al comprobar que era mi nuevo rubio de las rastas el que estaba al otro lado de la línea. Vale, igual lo de “mi”, debería ahorrármelo… Ya me entendéis.
-¿Sí? – contesté lo más casual que pude. ¡No pensaba dejar que viera que estaba ansioso por que me llamara! Tenía que comportarme como si nada.
-¡Hola Bilito! – ¿Bilito? Bilito tu puta madre, chaval. Encima me vienes de buenas, será posible. – ¿Vienes o te paso a buscar? He pensado que podemos pillar pizzas y alguna peli mala o de miedo o serie B… No sé, ya me entiendes.
-Puess… Pásame a buscar porque cerca de mi casa está el videoclub aquel que tiene esa sección de pelis tan rara… ¿Es bien? – pregunté.
-Claro, en cinco minutos estoy en tu puerta.
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-¿Te apetece ver una antigua? Aquí hay un montón de remasterizaciones de los años 20 y 30… -propuse yo, promoviendo algo de cine culto-clásico.
-Los cojones, hasta los años 30 todas eran mudas y al final me acabaría durmiendo. ¿Algo de vísceras? Dicen que Los hombres detrás del Sol es una película muy bestia. – tenía la carátula en sus manos y la verdad es que no me despertaba demasiado interés. Había como dos hombres chinos en la portada, y parecía algo antigua.
-Ni flipando.
-¿Porno del malo? ¿Algo vintage con mucho pelo? – dijo con una sonrisilla.
-No gracias.
-Oh vamos Bill, puede ser divertido. – lo que me faltaba, ver porno a su lado y seguir cascándomela cuando llegara a casa. Nada.
-Me apunto a lo de las vísceras pero sin que sea demasiado exagerado. – propuse.
-No no, yo ahora quiero porno.
-Pues lo ves tú solo.
-Beh. Lo que tú digas. ¿Martyrs? Es gore. – en la portada salían dos chicas con el fondo negro, semi abrazadas y como medio cubiertas de sangre. No parecía tan antigua como la de los Hombres detrás del Sol, así que simplemente asentí. – ¡Perfecto!
Nos dirigimos a pagar y enseguida nos metimos en el coche, aproveché para hacer una llamada a la pizzería y mientras nosotros llegábamos a casa de Jake, que la fueran preparando, para poder cenar cuanto antes. Había llegado tan tarde, que los dos estábamos hambrientos.
Nos metimos en su coche a la velocidad de la luz y pusimos la calefacción a tope, era imposible estar en la calle más de cinco minutos sin congelarte. Aunque era precioso observar las luces de navidad colgadas por todas partes.
Esperamos a que el cristal del parabrisas se desempañara y pusimos rumbo a su casa.
-Bill, Carol ha sugerido ir este fin de semana a una casa de unos amigos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos, ¿qué te parece? – sugirió de golpe.
-Qué remedio, si va Carol, irá Georg e irás tú, si vais los dos irá Ashley, y por consiguiente tendré que ir yo también. No me dejáis opciones.
-Oh vamos, en el fondo a ti te gustan esas fiestas. – me recriminó amistosamente.
-Supongo, pero de vez en cuando, no cada vez que hay ocasión de salir.
-Bueno, de todos modos yo creo que deberíamos poner en marcha la operación “encontrarte un polvo de una puñetera vez”. – si hubiera estado comiendo algo, me habría atragantado en ese momento. Me giré con los ojos abiertos, estupefacto. – No me mires así, sabes que es verdad. Desde que nos conocemos no te he visto ligar con nadie. Entiendo que estés de luto, pero Bill, ya va siendo hora. Tu tiempo de sequía está llegando al punto casi de no retorno.
-¿Cómo que de luto? ¿De luto porqué? – dije indignado.
-Pues por tu ex, ¿no? Aquel maravilloso hombre del campamento. – sentí mil cuchillos clavarse en mi corazón, y ya no solo de pena, si no de rabia.
-Ni me hables de él, está muerto y enterrado.
-Pues fóllate a alguien encima de su tumba, joder. – saltó ni corto ni perezoso. Lo miré a los ojos e intenté comunicarle que él era el candidato perfecto, pero me entró al vergüenza y bajé la mirada enseguida.
-Ya Jake… No sé, supongo que no puedo sacar el aire de zorrona así de fácil. Supongo que me tiene que… gustar. – me confesé.
-Pero veamos, ¿no era que tú querías a un amigo al que follarte cuando quisieras y sin sentimientos? Si te gusta ya hay sentimientos, tío.
-Bueno, pero tampoco es amor ¿sabes? Me refiero a unos mínimos. Antes tendría que conocerlo un poco y ver si realmente sería capaz de llegar a algo así con él. No quiero simplemente entrar en un baño y ale. Si fuera con uno que más o menos ya sé quién es y que cumple mis mínimos, pues no habría problema, pero de un cubata al otro… – vomité todas esas palabras pero no parecí incomodar al chaval. Supongo que él mismo ya me había sacado el tema sabiendo que esto podría pasar. Jake sonrió.
-Vale pues veamos… ¿Alguien a quien le hayas echado un ojo? – sonrió de lado y me miró. Oh dios, te lo hacía aquí mismo. ¿¡Cómo puedo ir tan salido últimamente?! Demasiado tiempo sin follar, demasiado tiempo sin follar…
-Creo que sí… – dije tímido. ¿Se lo explico…? No, seguro que crea distanciamiento. Algo en mí suspiró por dentro, sintiendo un pequeño golpe en el estómago. Me daba verdadera pena que eso pasara.
-No jodas, ¿y cuando pensabas mencionarlo? – dijo atónito.
-Es que no sé ni quién es. Lo he visto un par de veces en vuestras fiestas, pero ya está. –dije nervioso. Procuré cambiar de tema rápido. – ¿Qué tal se ha tomado Ryan el plantón?
-Eh bueno, no lo sé, he hecho ver que tenía mucha prisa y se lo he soltado corriendo. Me ha dicho que sí podía quedar mañana así que ya está. Ese era el tema importante. Pero eeeh, no te desvíes. ¿Cómo es el tío? Igual yo lo conozco. – Mierda Jake, ¿por qué estás en todo? Invéntate algo rápido, Bill.
-Pues no sé, alto… Rubio… Ojos claros… – He dado la descripción de cualquier puñetero alemán viandante, hay mil de esos, no puede ser que le venga nadie en especial a la cabeza.
-¿Nada más concreto?
-Qué va, es bastante del montón, pero supongo que tiene su qué… Si lo vemos en la fiesta te lo señalo. – supongo que el plan que tenía para cuando llegara ese momento era inventarme que hoy no estaba cerca o que no lo había visto aún.
-Hecho.
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Tom
Mario y yo nos habíamos quedado prácticamente fritos en el sofá. Me había despertado a eso de las ocho de la tarde y había dejado que Mario siguiera durmiendo un poco mientras aún había tiempo hasta la hora que me tuviera que ir a currar.
Intenté no despertarle y apartando un poco sus pies de encima mío, agarré de nuevo el portátil.
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Volví a tapar bien al moreno con la manta y yo apoyé mis propios pies sobre la mesa. Encima de las piernas, dejé que el ordenador reposara mientras se encendía, y mientras, me preparaba psicológicamente para lo que estaba apunto de hacer.
No podía creer que la carne fuera tan jodidamente débil. No hacía ni un par de horas que juraba zanjar este tema para siempre que ahora volvía a indagar en él.
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Recé por encontrar la sesión de Mario aún abierta y así no tener que ir inventándome contraseñas al azar y no sólo sí seguía abierta, si no que el perfil de Bill fue lo primero en iluminarse cuando el ordenador expuso sus primeras luces.
La memoria del ordenador se había quedado en una imagen cualquiera de Bill, hablando con el piojoso al oído, apoyados en la pared de piedra de algún antro de mala muerte. De verdad, Bill en ese sentido, estaba irreconocible.
Salí rápidamente de ahí e intenté moverme un poco más por su perfil. Miré un poco por encima todo e intenté situarme. Al no tener una cuenta propia, esta era de las pocas veces que estaba en contacto con la red social, y no sabía dónde estaban la mitad de cosas. No es que pretendiera hacer nada, es solo… Quería disfrutar de Bill “a solas” un poco.
Me posicioné de nuevo frente al perfil y vi la palabra “Mensaje”. Cogí aire sonoramente y después aparté mi mirada lo máximo que pude, evitando incluso, que mis ojos se aproximaran peligrosamente a esa zona. Tenía tan fácil poder decirle algo, recriminarle alguna cosa… Llevaba meses esperando esto. MESES.
Pero… Ya no valía la pena. Ya no quería nada más que aprender de esta mierda, y no volver a cometer el mismo error. Tom, no te enamores.
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Me paseé por sus fotos de perfil, y me entró una vena un tanto emotiva en cuanto empecé a ver fotos más antiguas. Su primera foto era una en la que tenía alrededor de tres años menos, según la fecha en la que salían, y tenía el pelo por un poco debajo de los hombros, completamente negro, y con una cara de niño pequeño increíble. El maquillaje no era tan elaborado como ahora, pero ya se empezaba a pintar.
Aún así, era precioso, y miraba receloso a la cámara, como distante. Tenía una especie de collar de perro alrededor del cuello, y estaba adornado con múltiples pulseras y muñequeras. Sonreí de ver que Bill siempre había sido así de… “especial”.
Continué hacia la actualidad y me sorprendí cuando llegué a una en la que salía en el campamento. Era de los primeros días porque en la foto salía con Georg y con Ashley, así que aún no estaban enfadados. Vi que ambos estaban etiquetados, pero con nombres extraños, ambos con el nombre de pila pero con un apellido un tanto extraño. Claro, por eso no los encontrábamos. Bill se lo debió de cambiar más tarde y por eso Mario lo ha encontrado esta vez.
Intenté llegar a todas esas fotos que no son necesariamente de su perfil, a ver si habían más de cuando estuvieron en el campamento, pero no supe encontrar nada. Lo único que se repetía era el puñetero rubio de las rastas que acechaba a Bill. ¿Cómo mierdas se llama? ¿Jake Schmidt? ¿Jake? ¿En qué mierdas pensaban sus padres?
Cuando llegué a las fotos de Septiembre ya no volvía a salir ese tío y había un gran salto hasta las últimas fotos del curso. Salían en varias dentro de los pasillos de la que supongo que era su universidad, y en todos salía radiante.
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Mis dedos no consiguieron pasar una foto en concreto, en la que se le veía completamente concentrado en un dibujo, con el pelo por detrás de la oreja, con el ceño algo fruncido, y completamente de perfil. Es como si lo estuviera viendo delante de mí. Era como si de nuevo volvían a ser los primeros días de campamento y yo le estaba diciendo que me dibujara como a un modelo griego. Bill se reía de mi prepotencia y atribuía los buenos resultados a su destreza, no a mi imagen…
Noté cómo de pronto, mi mini yo, empezaba a ponerse más y más dura debajo de mis pantalones. Me puse rojo de la vergüenza y luego no pude más que aceptar que era cierto. Me había hecho pajas pensando en Bill varias veces, sobre todo al principio de todo, cuando estaba demasiado reciente su recuerdo y aún podía jurar que me iba a vagabundear todo Berlín para encontrarlo. Pero… Jamás lo había hecho con una foto. Ni siquiera con las que me regaló Mario.
Mi vista seguía clavada en Bill y era completamente incapaz de pasar la foto. Se le veía el cuello a la perfección, y sin querer me vino el olor de su recuerdo, como si alguien hubiera paseado un pañuelo por mi nariz, y este llevara su olor impregnado. Casi se me escapa un gemido al sentirlo.
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Empecé a respirar más fuerte sin querer, y de pronto me vi con la mano dentro del pantalón. Me la agarré y pude notar que estaba completamente dura. Miré fugazmente a mi lado, y comprobé que Mario siguiera completamente dormido. Madre mía Tom, ¿de verdad estás apunto de hacer esto? ¿Con él delante?
Bueno, en realidad lo que tenía delante era el ordenador, con la foto del que me estaba provocando esto. Con el corazón a mil por hora me la saqué cuidadosamente para que el moreno no se enterara de nada. Madre mía Tom, como te vea le entra un ataque de pánico.
Eso… O me acaba él la tarea.
¡¡No por dios!!
Volvamos al tema importante.
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Volví a pegar una ultima ojeada al moreno y después centré la vista en el ordenador. Me mordí el labio de sólo acordarme del cuello de Bill. Era tan suave, y olía tan bien… Tiré la cabeza hacia atrás y empecé a jadear sin querer cuando me la empecé a sacudir. Intenté relajarme y reducir los decibelios hasta que mis berreos eran simples respiraciones, que seguían siendo algo sonoras. Aún con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá, podía ver la pantalla con los ojos medio entrecerrados, sin perderme ningún detalle de él.
Le miraba y le volvía a mirar los labios, los ojos, el ceño fruncido por la concentración… Y pensar que yo ahí, aún no le conocía.
En el momento en el que le hicieron esa foto yo no sabía que unos meses más tardes iba a acabar volviéndome completamente loco. ¿Qué tenía Bill que me ponía así? Bill tampoco sabía por entonces que dentro de relativamente poco, iban a estar follándole por el culo, y que le iba a encantar… Me entró una sonrisa traviesa por ello y me mordí el labio de puro gusto.
Me venían a la mente sus gemidos y sus berreos. Podía oír como chillaba mi nombre y me apretaba el culo para que se la metiera más dentro. Incluso recordaba cómo me recorría la piel de los abdominales con la lengua mientras me arañaba con las uñas.
Aún podía notar cómo sus uñas hacían que se me pusiera la piel de gallina. Oh dios, ya lo creo…
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Aumenté el ritmo de mi mano y por un instante me vi haciéndole yo la paja a Bill. Habían sido veces contadas, pero en las últimas ya lo veía completamente normal, y me encantaba ver cómo se deshacía en placer debajo de mi mano. Recuerdo cómo apretaba las sábanas bajo sus dedos y cómo tiraba la cabeza hacia atrás.
Recuerdo su pelo…
Me encantaba quedarme atrapado entre su pelo y su cuello y respirar de ahí. Me gustaba cuando se sentaba encima de mí y me rodeaba la espalda. Me encantaba cuando se pegaba tanto a mí que nos restregábamos cada vez que él subía y bajaba.
Recuerdo cuando él tomaba el control y me miraba con cara de lujuria. Incluso recuerdo las simples miradas en el comedor, las sonrisas de complicidad, las escapadas juntos, los comentarios que sólo entendíamos nosotros…
Bill… Bill… Bill…
-Bill… – se me escapó. Cada vez veía menos porque el placer me estaba transportando a otro mundo. Subí de ritmo más y más y finalmente noté cómo la sensación del clímax se iba apoderando de mi ser. Cerré los ojos al completo y me dejé vencer a esa sensación. Noté incluso, pequeños espasmos recorrerme el cuerpo, y finalmente llegué al clímax.
Me empecé a machar la mano entera y tuve que mirar a mi alrededor para ver de dónde podía sacar un poco de papel. No demasiado lejos, encima de la mesa encontré un par de servilletas. Me costó bastante llegar ya que me temía que cualquier mínimo movimiento podía despertar a Mario.
Me limpié con lentitud, y después me la guardé cuidadosamente. Me quedé en silencio un rato y después cerré la pantalla de ordenador. Apagué el equipo y me quedé a oscuras de nuevo, respirando tranquilamente, recuperándome un poco de no sólo le que había hecho, si no de con qué lo había hecho. Creo que era la primera vez que con una puñetera foto me había hecho una paja. Como mucho, cuando era un puto crío y me encerraba en el baño con las revistas que le encontraba a mi padre.
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Me levanté poco a poco y sin molestar a Mario me fui a la cocina, tiré el papel y me lavé las manos. Calenté un poco de la comida que había sobrado y miré la hora.
Mierda, tenía que salir en un cuarto de hora, joder. Tenía que largarme y para ello tenía que despertar al moreno. Me aproximé un poco y me puse a su altura.
-Eh, Mario… – le dije. Ni caso. – Pssss… – intenté. Tampoco hubo manera. – Pollas grandes.
-¿Eh…?
-¡Jjajajajajjaja! – no pude evitar ponerme a reír a carcajada limpia. – ¡Pero serás maricón! ¿Cómo es posible que reacciones con “pollas grandes” y no con tu puñetero nombre? – casi me caí al suelo de la risa y me doblé en mí mismo del flato que me estaba dando. Mario se fue incorporando poco a poco y se frotó un ojo con cuidado.
-Oye… Lo habrás dicho más alto o algo, no puede ser… – dijo algo avergonzado.
-Sí sí, lo que tú digas. – le froté el pelo y lo dejé más despeinado que antes si cabía. –Oye, nos hemos quedado fritos y es muy tarde… Me he calentado lo que quedaba del medio día, si quieres puedes quedarte aquí y hacerte lo que quieras, tienes las llaves y eso.
Con que cierres bien cuando te vayas suficiente. No hay problema.
-¿Eh…? Oh, no no… Tranquilo. Me iré a casa. Te puedo acompañar al curro si quieres, me apetece andar un poco. – por muy bien que lo habíamos pasado esta tarde, el tema de Andy parecía que seguía atormentándole, y era más que normal. No podía ni mirarme a los ojos.
-Vale tío, claro. – le dije enseguida.
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Salimos a las nueve menos cinco de mi casa. Tenía la puñetera suerte de vivir cerca porque si no era un gran problema salir tan tarde. Estuvimos en silencio un rato hasta que Mario inició una conversación.
-¿Debería esperarme a que él me dijera algo o voy yo a pedirle perdón? – su tono fue tal, que me pareció casi evidente que llevaba reservando esa pregunta un buen rato.
-Si aún no le has pedido perdón, tienes que ir de cabeza. Pero después de eso… No lo agobies, tienes que dejar que asimile las cosas, lo que tú le has dicho y que lo medite bien. – le aseguré.
-Está bien. – nos quedamos en silencio un momento más. – Tom… ¿Tú podrías hablar con él…? Ya sabes… – se giró para mirarme a los ojos y casi me hizo pararme en medio de la calle. – Sé que no puedes ponerte de un lado ni del otro, pero… Realmente necesito ayuda porque la he cagado pero bien…
Respiré hondo y simplemente asentí. ¿Cómo iba a decirle que no? Le rodeé los hombros con un brazo y le apreté fuerte.
-Pues claro que sí…
-Adiós Tom… – de pronto una voz femenina me descolocó completamente. Me separé de Mario y me giré a ver quién había sido. Pude reconocer ese tono de recelo en la voz y me temí encontrarla a ella… Mierda. Sí, era ella.
-Eh… Adiós. – le dije de lejos. Esta me devolvió una mirada un tanto extraña y continuó por su camino. Me quedé parado.
-Dios mío Tom, estás pálido. ¿Quién era esa? – preguntó Mario.
-¡Ssshhhtt! Baja la voz por el amor de dios, que aún está cerca… – dije poniéndome un dedo en frente de la boca, indicándole que se callara. Le obligué a caminar más deprisa y después, cuando ya estuvimos lejos, empecé a pegarme con el puño en la frente varias veces.
-¿Me vas a explicar que coño pasa? – dijo Mario, alterado.
-Es mi antigua veterinaria… – admití después. – Greta. – pronuncié su nombre con algo de amargura e incluso con algo de ironía.
-¿Antigua? ¿Por qué?
-Tuvimos… Un problemilla. – no supe muy bien cómo decir lo que pasó, e incluso admitirlo estaba siendo algo difícil.
-Joder Tom, déjate de rodeos, dímelo ya.
-Hace cosa de un mes me la llevé a mi casa. – intenté decir esa frase con el mayor rin tintín posible, para que entendiera por dónde iban los tiros. Mario simplemente asintió para que continuara. – Y bueno, puede que se me escapara otro nombre mientras me la tiraba… –dije con una mueca en la cara, una especie de sonrisa torcida que explicaba la incómoda situación.
-Hostias, eso es una putada. A las mujeres no les gusta que les llamen por otro nombre, bueno, a las mujeres ni a nadie, claro. Pero es como una patada en el orgullo. ¿Es que no te acordabas como se llamaba o qué? Ahora parecía que lo tenías muy claro… – valoró. Uf… Aquí venía lo difícil.
-No si… El problema no era mi memoria. Fue mi… ¿Subconsciente? – de pronto la cara de Mario se ensombreció hasta llegar al pánico.
-Tom, dime que no le llamaste…
-¿…Bill? – cerré los ojos mientras decía eso y escuché un sonoro suspiro de exasperación.
-No me lo puedo creer. ¿Y también te la follaste por detrás o qué? – dijo con un tono irónico y desafiador. Vaya, estaba claro que no le hacía ilusión que siguiera teniendo episodios de estos.
-No se dejó… – confesé, mirando a otro lado. No entiendo como tuve el descaro de preguntárselo siquiera.
-¡Tom! ¡Pero si hace una hora has dicho que el tema estaba zanjado! – esta vez en su voz noté algo de desesperación, como si le doliera verme sufrir aún.
-Y lo está, ¿vale? Es sólo… Joder, hace un mes de eso. Y era… – me callé.
-¿Era?
Respiré hondo antes de contestarle.
-Pues… Ella era mi primer polvo después de Bill. – admití, cabizbajo. Hubo un silencio que no supe catalogar. Miré a Mario y lo vi calculando.
-Es imposible, te he visto meterte en el baño con al menos veinte tías distintas desde que volvimos del campamento.- Mientras me decía esto, le hice señas para que siguiéramos caminando, al fin y al cabo seguía teniendo un trabajo.
-Ya bueno, es posible que sólo hiciéramos un par de tonterías… No conseguía que se me levantara. O al menos, no demasiado rato.
-No jodas.
-Pues eso… Es que, manda cojones. Consigo tirarme a una chica sin problemas, y va y se me sale el nombre de un chico. Si es que… Y encima me ha visto cogiéndote de los hombros… Esto es mi perdición. Se pensará que soy gay del todo y que sólo quería… experimentar mi sexualidad con ella, o algo. – puse cara de amargura.
-Pero a ver, ¿es que ella te gusta o algo? – preguntó, confuso.
-Pues no, pero joder… Es mi orgullo, ¿sabes?
-¿Y has estado con más tías después?
-Sí, con dos más. – hice el cálculo rápido, desgraciadamente, así de triste era mi vida sexual últimamente.
-¿Y tuviste el mismo problema?
-Pues la verdad es que no lo sé. No me enteré de que había dicho Bill hasta que la otra no puso el grito en el cielo. Imagínatela ¿¡Bill!? ¿¡Cómo que Bill?! ¡¿Qué coño estás diciendo?! Te puedes imaginar la cara de gilipollas que se me quedó cuando me di cuenta… – negué con la cabeza y de pronto me di cuenta de que ya estaba enfrente del curro. – Bueno… Mañana te llamo y me dices que tal todo, ¿te parece? – le dije apunto de darle la mano.
-Claro. – y en vez de estrechármela, me abrazó fuerte.
-Oh vamos Mario, como pase la veterinaria otra vez, me voy a morir de vergüenza… –dije entre risas, devolviéndole el abrazo.
-Que le den. – después se puso un poco serio. – Ahora sí, ¿no? Bill está zanjado. Suspiré fuerte.
-Sí.
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Bill
Vale, estaba intentando llevar un pequeño plan a cabo. Esto tenia que salir bien, porque si no era así, me iba a despedir de Jake para siempre. Si con mi pequeño plan no conseguía que me saltara a la yugular y me la dejara llena de chupetones, ya si que me podía despedir.
Nos habíamos llenado de pizza y eso había hecho que el efecto de las cervezas que llevábamos encima no hiciera demasiado efecto, pero poco a poco el consumo de pizza se había detenido, pero el de cerveza se seguía incrementando, haciendo que poco a poco, sí que empezara a hacer algún que otro ladeo de cabeza.
La película que habíamos visto había sido sorprendentemente entretenida. Igual esa no era la palabra adecuada para una película en la que desollan a una pobre muchacha, pero digamos que te tenía pendiente hasta el último momento.
Había estado acercándome poco a poco a Jake a medida que la trama de miedo iba cobrando protagonismo. Incluso me escondía en su hombro como si realmente estuviera asustado. No es que no me asustara de verdad, simplemente, fingía un poco para crear un poco de roce.
La verdad es que la situación era de chiste, porque parecía una puta adolescente con las hormonas revolucionadas, y lo peor no era eso, si no que el puto gilipollas no se estaba dando cuenta de nada. ¿Tendré que enseñarle la chorra en la puta cara, o cómo va la cosa?
La película ya había terminado y yo había vuelto a mi posición normal, no tan alejado como al principio, pero manteniendo una mínima distancia. Había ideado un plan bastante estúpido, pero yo creo que sinceramente esa era la prueba final.
Bueno, puede que tirarme encima directamente también pudiera llevar a soluciones inmediatas, pero me daba pánico el rechazo tan directo, así que seguía tanteando situaciones de provocación.
-Y eemmm… Esto, Jake. – le llamé. Este se giró y alzó las cejas, para darme la palabra. –¿A ti te gustan los tattoos? – esa pregunta, era simplemente de filtro. Dependía de esta respuesta para poder llevar a cabo el plan. Alzó una ceja y después reflexionó.
-La verdad es que sí, y mucho. Yo no me he atrevido jamás a hacerme ninguno, pero tengo alguno en mente. – comentó.
-Oh, pues no duelen tanto, créeme. – dije simplemente.
-¿Tú tienes? – Me quedé pasmado al oír esa pregunta. ¿Enserio no lo sabía? ¡Claro! Todos los tattoos que tengo han estado cubiertos porque es invierno… Incluso el del cuello siempre está tapado por el pelo.
-Unos cuantos, sí. – Vale, momento de iniciar el plan. Agarré la cerveza de la mesa y fui a beber. Tres… Dos… Uno… – OH MIERDA. – me tiré encima toda la cerveza. Intenté usar mis mayores dotes de actor para esta escena, y me levanté incluso rápido del sofá para no mancharle nada.
-Hostias… – dijo Jake, de golpe. – Vaya putada. ¡Menos mal que queda más birra! – dijo, feliz como él solo. Puto borracho.
-Joder… Oye… ¿me dejarías algo para ponerme? Con el frío que hace esto no está seco ni mañana por la mañana. Aparte, que no quiero ir apestando a cerveza.
-Oh claro, claro. Pilla lo que quieras. – me hizo un gesto con la mano, y me dejó a mi libre albedrío. ¿Perdón? ¿No piensas seguirme o qué? ¡¡Que me tengo que cambiar delante de ti!! Me esperé un instante y luego vi que el tonto seguía sumergido en la tele. ¿Ah sí? Pues se va a enterar.
Me metí en su habitación y agarré las dos primeras camisetas oscuras que encontré.
Después de eso me metí en el baño y me quité la que yo llevaba puesta. Me lavé un poco con agua la cerveza que tenía por la piel y luego dejé en el cesto de la ropa sucia mi propia camiseta.
Agarré ambas camisetas, una en cada mano y luego salí del baño. Sin camiseta.
-Oye Jake… – salí al pasillo. – ¿Cuál de estas dos me dejas? – la cara que puso fue un puñetero poema. Estaba mirando a la tele y de pronto lo vi palidecer al verme. Vale, ¿eso qué quería decir? Se había puesto serio y tenso. Me acerqué un poco más.
-Pppuupupues la que quieras. – ¿está tartamudeando? ¿Sí? ¡¿Es eso bueno?!
-Ya bueno, pues dime tú. – me puse primero una camiseta sólo colocándola delante de mi cuerpo, y luego hice el mismo gesto con la otra.
-No sé, Bill… ¿No te estás cocongelando? – preguntó, intentando evitar mi mirada.
-Oh, qué va… La cerveza me ha calentado bastante. – vale, si este pedazo de pedrusco que le he tirado como indirecta ya no sirve, dimito.
-Aaah… Em, la segunda te está bien. – Miré la que me dijo y después le lancé bruscamente la otra encima.
-Aguántamela mientras me pongo la otra. – estuve apunto de ponerme a vestir cuando de pronto, se me ocurrió usar el último cartucho. –Por cierto, estos son mis tattoos. – dije enseñándome a mi mismo.
-Ya veo ya. – dijo con una sonrisa tímida.
Me senté a su lado, muy próximo a él, pero me puse de espaldas. Me agarré el pelo y me lo puse a un lado. Sensualmente lo coloqué todo en un solo hombro y giré un poco el rostro hacia él.
-Este suele ser visible, pero con el frío que hace no acostumbro a llevar recogido el pelo, así que no me extraña que no lo hubieras visto. – rezaba por que me tocara la piel del tatuaje, intentando trazar un poco el dibujo.
Después me puse de lado y le enseñé justo el que me ocupaba un costado entero.
-¿Ese no dolió? – parecía que le había calmado un poco los nervios pero seguía sin mirarme fijamente. ¿Me está rechazando amablemente? Joooooooder…
-Oh, qué va. Lo justo. – después me levanté de nuevo, recordando el tatuaje más importante de todos. – …Y éste fue el primero de todos. Me encanta. – me aproximé más a él, y me bajé un poco un lado del pantalón, para que pudiera ver al completo la estrella. Me mordí el labio de los nervios, pero sólo obtuve una simple y fugaz sonrisa de lado, que más que eso parecía una mueca de dolor. Sentí un CRACK en todo mi orgullo y me vi poniéndome su camiseta, lenta y fúnebremente. Un sombra negra se había cernido sobre mí, y me fue consumiendo poco a poco.
Ya está, es definitivo.
No le gusto a Jake.
Cojonudo.
Se hicieron las mil de la noche, y habíamos decidido poner la televisión directamente.
Habían programas de humor de fondo, y en casi todos los canales habían caídas y momentos vergonzosos pero que nos hacían reír.
Yo ya llevaba bastantes birras encima y el sueño empezaba a apoderarse de mi cuerpo. Se me entrecerraban los ojos poco a poco y sentía el peso del día en mis hombros. Me pesaban los brazos, las piernas, e incluso sentía que la cabeza se me iba hacia un lado.
Se me planteó una duda existencial. ¿Íbamos a dormir ahí? ¿En el sofá? Yo quería dormir con él en su cama. Era bastante más grande que una normal, sin llegar a ser de matrimonio.
Era perfecta.
Sin decir nada me fui incorporando y miré a Jake, con una sonrisa en la cara por mirar todos los golpes que se estaban metiendo los pobres protagonistas de los programas.
¿Cómo tenía aun energía para esto? Lo miré fijamente y lo notó, ya que me devolvió la mirada, interrogante. Negué con la cabeza, y me froté los ojos, notando que me ardían al cerrarlos. Dios, qué sueño.
Me levanté y me encaminé finalmente hasta su habitación. Antes de meterme ahí dentro dije algo desde el marco de la puerta.
-Me meto en tu cama. – no se lo dije con ningún tono sexual porque sinceramente, muy grande la tenía que tener como para poder activarme en estos momentos. Se lo quise comentar porque básicamente estaba haciendo uso de algo que era suyo, así que se lo tenía que avisar. – ¿Vienes ya o…? – con esto dejé claro que aunque yo fuera a ocupar su cama, no lo estaba desalojando a él ni mucho menos.
-Emm… No. Me quedaré un rato más. Ve durmiendo. – asentí ante eso, y me metí en la cama, deshaciendo sólo un lado de esta. Me tapé hasta arriba, protegiéndome del frío, y suspiré fuertemente. Olí las sábanas y pude notar a Jake en cada centímetro de ellas. Me tranquilizó pensar que no sentí ni una cuarta parte de lo que sentí cuando dormí en la casa de Tom. No me estaba enamorando, sólo… encaprichando.
Quería mantenerme despierto hasta que él entrara en el cama, pero ese momento no parecía llegar por mucho que lo deseara. No sé si era porque el sueño hacía del tiempo una percepción distinta y se estaba alargando simplemente porque se me estaba haciendo eterna la espera, o porque realmente estaba siendo así de larga.
Al final me dejé vencer por el cansancio y me sumergí en un sueño extraño. En él, perseguía la sombra de un chico al que parecía necesitar, como si él fuera parte de mi vida, de mi ser. Pero no lo podía reconocer de espaldas. Podía notar como cuanto más cerca de él estaba, más azul y claro se me hacía el mundo, y más tranquilo se sentía todo. Como si él completara una parte de mí.
Pero seguía sin saber quién era.
Era más o menos igual de alto que yo, y con el pelo oscuro y liso recogido en un moño alto. Parecía que tenía algo de barba desde la perspectiva en la que estaba, y de pronto se fue a girar. Pero ya no lo vi a él. Ahora estaba Jake, y volví a sentir cómo el agujero se iba haciendo grande otra vez, y el vacío era la única sensación que me quedaba.
Jake me miraba preocupado, pero después simplemente se encogía de hombros y se iba de ahí, sin importarle muy bien qué era lo que me pasaba.
¿Quién era el chico de antes? ¿Por qué Jake no me hacía caso ni en los sueños?
A la mañana siguiente un olor a bacon recién hecho inundó la habitación y por consiguiente también invadió mis fosas nasales, haciendo así que me despertara dulcemente. Miré a mi alrededor y me encontré exactamente en el mismo punto en el que me había ido a dormir. No me había movido absolutamente nada ya que el otro lado de la cama, seguía intacto. ¿Ni siquiera había dormido conmigo? Esto estaba siendo demasiado raro. ¿Qué mierdas le pasaba? ¿Es que acaso se piensa que lo voy a violar, o qué? Joder, ya sé que puedo ser pesado, pero yo no obligo a nadie a hacer nada.
Me destapé y fui a la cocina, donde encontré al rastas preparando algo en la sartén. No dije nada y me puse a beber el único café recién hecho que había en la encimera. Estaba claro que era para él, pero sinceramente, me había enfadado inconscientemente con esta situación, y no podía más que comportarme como un niño pequeño.
-Coño Bill, qué susto. – dijo Jake, al girarse y verme ahí de pie. – Emmm… Claro, puedes cogerme el café, gracias por preguntar. – dijo con ironía. Yo sólo le sonreí de lado.
-¿Dónde has dormido? – pregunté secamente. Mierda, esto esta sonado a mujer despechada. Pero en el fondo sí me sentía un poco así, la verdad.
-Oh, me quedé frito en el sofá. Lo siguiente que recuerdo es tener todo el puñetero sol en la cara y el bol de palomitas que me hice poco después de que te fueras a dormir, todo desperdigado por el suelo. Asentí y le señalé el paquete de tabaco que había encima de la mesa. Le pregunté con la mirada si podía coger uno. – Claro, pilla.
Me senté en el sofá, llevándome el café en la mano y me lo bebí en la misma velocidad en la que me fumé el cigarro. Cuando Jake llegó con su nuevo café y unas tostadas con huevo y bacon yo ya me quise ir. Sinceramente, no me estaba gustando nada el humor con el que me había despertado. No era culpa suya, o al menos no toda entera, así que simplemente me largué.
-¿Pero ya te vas? ¿No vas a comer ni un poco del pan? ¿Ni un poco de bacon? Aún no has probado mis increíbles desayunos.
-No… No tengo hambre.
-¿Oye, estás bien? – preguntó de golpe. Mierda, lo ha notado. Bueno, la verdad es que qué esperaba… Estaba siendo jodidamente evidente. No me empeñaba mucho en ocultarlo.
-Si, tengo mil cosas en la cabeza. Lo siento. – una vez tuve todas mis cosas en los bolsillos, me puse la chaqueta y me dirigí hacia la puerta. – Hablamos. – y cerré detrás de mí.
Me supo mal desaparecer así, pero no estaba de humor para simplemente fingir que no me pasaba nada. No quería estar así por algo que realmente yo mismo estaba exagerando en mi cabeza. Bajé las escaleras del rellano y sin querer me di cuenta que sí tenía cosas en las que pensar. De hecho, tenía una cosa crucial en la que pensar.
¿Qué les compro para Navidad?
Continúa…
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Y de nuevo en el hoyo. Fabuloso
Rayos, rayos, rayos!!! Ambos sufren y todo por pequeños errores….