Capitulo 12
El viaje resultó de lo más incómodo, Gordon conducía sin apartar los ojos de la carretera mientras que Bill sentado a su lado no podía evitar morderse una uña de lo nervioso que estaba. Llevaba puestas unas gafas oscuras y no se las pensaba quitar en todo momento, había veces que su madre le miraba fijamente y sabía que le estaba mintiendo. Y no quería que descubriera que sabía toda la verdad…ni todas las cosas que le estaba ocultando…
Cuando llegaron dejaron el coche aparcado en la zona reservada para las visitas, había mucha gente y primero tuvieron que pasar un control de seguridad. Gordon se dirigió al mostrador y tras identificarse enseguida contrastaron su nombre en el ordenador, el agente Jensen había llamado esa misma mañana anunciando una visita inesperada que debían dejar pasar.
—Esperen unos minutos, por favor.
Gordon asintió y regresó al lado de Bill, quien no dejaba de mirar a su alrededor. Mucha gente que como él esperaban ver a un familiar o amigo, con cara de cansancio de tanta espera hasta que les dieran el visto bueno y dejasen pasar. ¿Así sería siempre? ¿Cada vez que fuera a ver a su madre tendría que pasarse allí toda la mañana metido? No sabía si lo iba a poder soportar…
— ¡Bill!
Se volvió al escuchar su nombre, sorprendiéndose al ver al mismísimo agente Jensen quien le hacía una señal con la mano. Echó a andar hacia él seguido de Gordon, ocupando la parte más alejada del mostrador de recepción.
—He pensado que lo mejor sería venir en persona—explicó Jensen.
—Gracias por haberle hecho un hueco, siento haber avisado con tan poco tiempo—se disculpó Gordon.
— ¿Qué tal está mi madre? —interrumpió Bill.
—Se está adaptando bien, ahora lo comprobarás tú mismo—contestó Jensen—Antes que nada, ¿has traído tu documentación?
Bill asintió y extrajo su cartera del bolsillo interno de su cazadora. Sacó su carnet de identidad y se la pasó al agente Jensen, quien se la entregó al agente encargado de la recepción.
—Tienes solo 20 minutos para hablar con ella—explicó Jensen arrugando la frente—Hoy hay mucha gente y bueno, para la próxima vez avisa antes y podré conseguirte más tiempo. Me temo que para que te dejen pasar a verla primero tendrás que pasar por varios controles y registros, pueden resultar algo desagradables pero es el reglamento.
Bill asintió con la cabeza resoplando, no le gustaba que cierta gente le manoseara…
—Si tienes algún objeto metálico déjaselo al señor Kaulitz, es mejor evitar falsas alarmas al pasar por el arco detector—murmuró Jensen carraspeando.
Enseguida Bill metió las manos en los bolsillos y le entregó a Gordon su cartera, y a continuación se despojó de dos anillos y una pulsera. También tuvo que quitarse de las gafas de sol, no le dejaban entrar con ellas y se sentía desvalido.
—Está bien, pues ya puedes pasar—dijo Jensen señalando una puerta—Ahí te registrarán y luego podrás entrar a verla.
—Gracias—murmuró Bill.
Echó una última mirada a Gordon y se dirigió a la puerta que le habían señalado. Jensen fue con él y entraron en una pequeña habitación donde un agente penitenciario le pidió que separase las piernas y brazos y Bill así lo hizo. Cerró los ojos al sentirlo acercarse a su espalda y empezar a cachearle con minuciosidad, como si portara algún arma o lima con la que su madre pudiera escapar.
—Está bien—murmuró el agente soltándolo—Toma esta tarjeta y cuélgala en un lugar visible. Sal por esa puerta y sigue el pasillo sin detenerte.
—Tu madre te estará esperando, enseguida la verás—dijo Jensen—El señor Kaulitz te estará esperando fuera.
Bill asintió y colgándose de la cazadora la tarjeta de visitante que le habían dado siguió las indicaciones. Mientras, Jensen tuvo que irse pero antes quería hablar con Gordon. La verdad era que le había cogido cariño a Bill y se preocupaba por su bienestar, no era la primera vez que se encontraba con un caso en el que uno de los padres o ambos iban a la cárcel dejando un hijo atrás. No todos lo llevaban bien y algunos terminaban siguiendo sus mismos pasos tras pasar por un reformatorio al no encontrar un hogar de acogida. Por suerte para Bill, había un padre con el que poder quedarse a vivir todo ese tiempo que Elizabeth iba a pasar entre rejas.
Regresó a recepción y vio que Gordon no se había movido de donde le habían dejado.
—Tengo que irme, pero antes me gustaría hacerle algunas preguntas sobre Bill—dijo Jensen acercándosele.
—Claro—murmuró Gordon carraspeando.
— ¿Qué tal se está adaptando? —preguntó Jensen, yendo directo al grano.
Gordon se quedó pensando antes de contestar, no sabía si mencionar el altercado que hubo en el instituto ni los 3 días que estuvieron Bill y su hijo expulsados. Mejor omitiría esa parte, no quería que pensaran que Bill era un chico problemático, él seguía insistiendo en que estaba pasando por un mal momento y era normal que reaccionara de esa manera, llamando la atención.
— ¿Señor Kaulitz? —llamó Jensen al ver que no contestaba.
—Bien….Bill se está adaptando bien—contestó Gordon carraspeando—Al principio le ha costado un poco pero con los días se ha integrado en la familia. Resulta que…que él y mi hijo son compañeros de clase y eso ha ayudado.
—Me alegro mucho por él—dijo Jensen sonriendo—Echará mucho de menos a su madre y es normal que al principio le cueste adaptarse. Si le ven mal o que necesita hablar con alguien puedo conseguirle ayuda especializada.
— ¿Un psicólogo? —preguntó Gordon, viéndole asentir con la cabeza— ¿De verdad cree que Bill lo necesita?
—Van a ser muchos años viviendo separado de su madre, aunque por fuera pueda aparentar estar bien por dentro lo debe estar pasando muy mal—explicó Jensen—Vigílele, y si nota algo extraño no dude en llamarme.
Gordon asintió y estrechando la mano de Jensen dio la conversación por finalizada. Miró su reloj de pulsera, habían pasado casi 10 minutos y aún quedaban otros 10 para que Bill saliera. ¿Qué estaría pasando?
&
Siguió el pasillo tal y como le habían dicho, no tenía pérdida alguna pues a ambos lados no habían más puertas o ventanas. Empezaba a sentir algo de claustrofobia, ¿se sentiría así su madre? Muchos domingos por la tarde les gustaba ir al campo a respirar algo de aire fresco, sonrió al recordar como cogían el autobús y cargados con una mochila y una manta pasaban la tarde tumbados en la hierba.
Ese día era domingo, y en vez de estar riendo como en los viejos tiempos sentía que los ojos se le llenaban de lágrimas. Respiró hondo y trató de calmarse, no quería que nada más verle la cara su madre pensara que estaba realmente mal. No quería preocuparla.
Llegó al final del pasillo y allí había otro agente de policía flanqueando la única entrada. Su mano se dirigió a la tarjeta que llevaba colgada de la cazadora y se la enseñó viéndole asentir con la cabeza.
— ¿Nombre? —le preguntó el agente.
—Bill Trümper—murmuró Bill—He venido a ver a mi madre.
—Elizabeth, sí—confirmó el agente—Está sentada en la mesa del fondo. Tienes 20 minutos.
Bill asintió y entró en una sala amplia. No estaban solos, había varias mesas colocadas separadas una de otras y en ellas había más reclusas como su madre sentadas junto con sus familiares. Echó un vistazo rápido hasta que la localizó, se había puesto de pie nada más verlo entrar y le saludaba con la mano. Corrió hacia ella y se echó a sus brazos, dejando escapar un sollozo sin poder evitarlo.
— ¡Mamá! —susurró Bill tragándose con esfuerzo las lágrimas.
—Mi Billa…. —susurró también Elisabeth.
Siguieron abrazados hasta que un leve carraspeo les hizo separarse.
—Será mejor que nos sentemos—dijo Elizabeth suspirando.
Ocupó la misma silla donde llevaba 5 minutos esperando y sin soltar la mano de su hijo le señaló la otra silla para que él también se sentara. No podía hablar de lo emocionada que estaba, solo mirar fijamente a su hijo, pensando que el tiempo que llevaban separados había crecido unos centímetros.
Cogió aire profundamente y lo soltó en un hondo suspiro, tenía que hablar seriamente con su hijo. Apenas habían tenido tiempo cuando la detuvieron, solo pudo decirle que se iba a vivir con su padre y ya, sin explicarle como era que nunca le dijo quien era y siempre le hizo creer que les había abandonado cuando no había nacido aún, y luego resultaba que vivía a escasas manzanas.
—Bill—empezó a decir Elizabeth—Sé que te estarás haciendo muchas preguntas y apenas tenemos tiempo, pero quiero…quiero que sepas que lo siento mucho. Haberte mentido con todo lo relacionado con tu padre…
— ¿De verdad es Gordon mi padre? —preguntó Bill sin poderse contener.
Elizabeth asintió con la cabeza mordiéndose el labio, su hijo era muy perspicaz.
—No me parezco nada a él, ni a…a mi hermano—explicó Bill— ¿Sabías que tenía un hermano? Y encima vamos a la misma clase.
—Sí, sabía que tenía una familia y por eso sé que he tomado la decisión adecuada—dijo Elizabeth con firmeza— ¿Te tratan bien?
—Sí, comparto habitación con Tom y su madre se preocupa de que coma bien y haga los deberes—contestó Bill—Aunque me temo que ha mimado mucho a Tom y ahora pretende hacerlo conmigo…no hace falta que me haga la cama todos los días como si fuera un niño, ya tengo edad suficiente para…
Se calló de golpe, no quería decirle a su madre la de cosas que podía hacer con apenas 16 años.
—Tienes muy buen aspecto—dijo Elizabeth suspirando—Haz todo lo que te diga tu padre, no discutas con él ni con su mujer. Ellos van a cuidar de ti a partir de ahora y son muy buenas personas.
Bill asintió con la cabeza, aguantándose las ganas de preguntarle el tiempo que iba a vivir en esa casa, no quería hacerlo porque no quería que su madre le tuviera que mentir en la cara. Decidió cambiar de tema.
— ¿Y a ti…también te tratan bien? —preguntó, sonriendo con esfuerzo.
—No te preocupes por mí—contestó suspirando Elizabeth—Tenemos un horario que seguir a rajatabla, pero bueno, me voy adaptando…
—Quedan 5 minutos, vayan despidiéndose por favor—informó una voz por megafonía.
—Bill, prométeme que te portarás bien—dijo Elizabeth cogiendo con fuerza la mano de su hijo—Que te aplicarás en los estudios y no te meterás en problemas. Estudia para ser alguien en la vida, no hagas como yo…
Bill no lo pudo evitar y rompió a llorar. Elizabeth se puso en pie y le abrazó con fuerza, consolándole al tiempo que le besaba el pelo.
—Tienes que ser muy fuerte Billa—susurró Elizabeth—Solo serán un par de semanas, ya lo verás.
Bill cerró los ojos al escucharla, ¿por qué le seguía mintiendo su madre? Le dolía que lo hiciera, aunque bueno, si él mentía también era normal. Pero era por su bien, si supiera toda la verdad, su madre sufriría mucho.
—Se acabó el tiempo—anunció la misma voz—Que los familiares se dirijan a la salida, por favor.
Elizabeth suspiró y soltó a su hijo, los guardias que vigilaban las horas de las visitas estaban atentos y si no obedecían al momento podían ser castigadas con no tener más visitas en un plazo de tiempo. Así funcionaban las cosas, si se portaba mal era castigada con lo que más quería en esos momentos, ver y abrazar a su querido hijo.
—Vuelve a casa de tu padre—dijo Elizabeth tragándose las lágrimas—Obedécele y haz tus deberes. Haz que me sienta orgullosa.
Bill asintió y tras besar por última vez la mejilla de su madre se despidió prometiéndola volver el próximo domingo. Regresó por donde había venido sin poder dejar de llorar por el camino. Cuando se reunió con Gordon recuperó su cartera y demás enseres, como las gafas de sol que se puso de inmediato.
Regresaron al coche y una vez dentro Gordon repitió el mismo gesto que tuvo con Bill cuando se vieron por primera vez y le prestó su pañuelo para que secara esas lágrimas que no cesaban.
Continuará…