Capitulo 13
Nada más regresar a casa Bill se escabulló en cuanto pudo, quería lavarse la cara antes de que Simone descubriera que había estado llorando y le bombardeara con sus preguntas. A veces se sentía atosigado, era una buena mujer pero cuando insistía con su interrogatorio le entraban ganas de gritar para que parase.
Por suerte Tom estuvo atento y tras ver el estado en que regresaba se encargó de distraer a su madre para que no fuera tras él. Logró subir las escaleras y se encerró en el baño donde se lavó la cara a conciencia. No salió hasta que su aspecto no delatase que se había pasado casi una hora llorando sin poder evitarlo. Para entonces ya había llegado la hora de comer y pronto escuchó la voz de Simone llamándolo.
Respiró hondo y bajó a la cocina donde Tom terminaba de poner la mesa.
— ¿Estás bien? —preguntó Simone nada más verle entrar por la puerta—Tardabas mucho en el baño
—Yo…me sentía mal…del estómago—murmuró Bill.
—Seguro que has cogido frío—dijo Simone chasqueando la lengua—No te abrigas mucho y esas cazadoras que llevas dejan al descubierto tu estómago. Quedó algo de cena de anoche, tómate un plato….y bueno, ¿encontraste los libros que buscabas?
—Sí, los he dejado arriba—contestó Bill dirigiendo una mirada a Tom.
“¡Ayúdame!” —suplicó en silencio.
Y así lo hizo Tom, se puso en medio y tendiéndole los platos que llevaba en las manos desvió el tema de conversación.
—Echa una mano y pon la mesa—dijo guiñándole un ojo—Llevas toda la mañana fuera mientras que yo he tenido que ayudar con la comida.
—Bueno, bueno. Nos discutáis—pidió Simone, pensando que los chicos se llevaban tan mal como siempre—Tras comer os ponéis con los deberes, y la próxima vez no esperéis hasta el último día. Luego todo son prisas y os saldrán mal.
Bill y Tom asintieron con la cabeza y siguieron poniendo la mesa. Gordon se reunió con ellos y comieron en silencio. Cuando terminaron los chicos subieron a la habitación a por sus libros y se pusieron a hacer los deberes en la mesa de la cocina, con Simone al lado por si tenían alguna duda. Pero todas las que Bill tuvo se las explicó Tom con tanta claridad que al final le salieron bien todas las ecuaciones sin ayuda alguna.
—Es lo que mejor se le da a Tom—explicó Simone muy orgullosa.
Tom asintió y siguieron con lo que estaban. Terminaron con el resto de los deberes extras que le cayeron y casi era la hora de merendar cuando se tomaron un descanso. Bill estaba realmente agotado, nunca en su vida había estudiado tanto en una tarde, y encima con la cabeza en otra parte tras las visita a su madre. No sabía cómo había podido concentrarse…
Llamaron a la puerta y Simone dejó pasar a Andreas, indicándole donde estaba su hijo. Andreas se dirigió a la cocina, quedándose plantado en la puerta. No podía creerse lo que estaba viendo, Tom sentado con el rarito, muy juntos…. ¡y se estaban riendo!
—No me puedo creer que te guste como cocina mi madre—decía Tom entre risas— ¡Si su estofado es incomible!
—Pues a mí me gusta—murmuró Bill poniéndose ya serio—Tienes mucha suerte de tenerla…
Tom dejó de reír y asintió con la cabeza, aunque había veces que su madre era un tanto mandona, en el fondo la quería mucho y sabía que todo lo hacía por su bien. Suspiró y levantando una mano la puso encima de la de Bill, que descansaba sobre la mesa.
— ¿Qué estáis haciendo? —preguntó Andreas sin poderse contener.
— ¡Los deberes!—casi gritó Tom, soltando la mano de Bill como si quemara.
Andreas ladeó la cabeza estudiando mejor la situación, Tom fulminándole con la mirada y Bill con los ojos fijos en la mesa. Desde donde estaba podía ver sus mejillas sonrosadas.
—Ya—murmuró.
— ¿Querías algo? —preguntó Tom acomodándose en la silla.
—No, pasaba por aquí y vine a ver si hacíamos algo—contestó Andreas—Hace días que no nos vemos, con todo lo de la expulsión y tantos deberes extras que os han caído…
—Casi hemos terminado de hacerlos y pensábamos tomarnos un descanso para merendar—explicó Tom—Pasa y coge una cola.
Andreas asintió y se dirigió a la nevera, la abrió y sacó un refresco. Sobre la mesa había un plato con galletas caseras y 2 vasos de leche vacíos.
—Coge una si quieres—invitó Tom—Aunque si te digo la verdad están incomibles, pero Bill parece que tiene el paladar atrofiado porque dice que le encantan.
—Yo…voy al baño—murmuró Bill levantándose de golpe.
Notaba que sobraba y prefirió dejarlos a solas para que hablasen. Salió de la cocina y entonces Andreas se acercó a Tom para poder hablar en voz baja.
— ¿Qué ha pasado aquí? —preguntó—Os habéis hecho muy amigos.
—Bill lo está pasando realmente mal—explicó Tom por encima—Y le estoy echando una mano con los deberes.
Andreas le miró a la espera que le contara más, pero en vista de que su amigo no tenía pinta de soltar prenda tuvo que conformarse con sus explicaciones.
—Bueno, pues si has terminado podíamos salir a dar una vuelta—propuso—Acabo de dejar a Samantha en su casa, mañana tiene un examen y se ha ido a estudiar.
—Claro, lo que nos queda no es para mañana y podemos dejarlo—dijo Tom poniéndose en pie.
Empezó a recoger los libros justo cuando Bill regresaba a la cocina, mirándole sin saber qué pasaba.
—Nos vamos a dar una vuelta con Andreas—explicó Tom.
— ¿Cómo?… O sea, si—murmuró Andreas al ver la mirada asesina que Tom le dirigió.
No quería que Bill fuera con ellos, pero al parecer Tom y él se habían hecho muy amiguitos y no le quedaba otra que aguantarle él también. Bill se quiso negar pero Tom no se lo permitió. Dejaron los libros de estudio bien recogidos y tras prometerle a su madre que regresarían antes de la cena salieron los 3 de casa.
Una vez en la calle se dirigieron a los recreativos, Bill les seguía sin saber que pintaba ahí, no le apetecía nada echar una partida en esos momentos pero Tom le había dirigido una mirada cuando quiso negarse y quedarse en casa que no le pudo negar nada.
Suspiró y se cruzó de brazos mientras que Tom y Andreas echaban una partida al billar y él los observaba. Hablaban entre ellos pero Bill no les prestaba atención alguna, pronto empezó a aburrirse y se dedicó a observar a la gente que les rodeaba. Enseguida localizó una cara familiar que no le quitaba los ojos de encima al tiempo que se pasaba la lengua por los labios.
—Ahora vengo—murmuró carraspeando.
Andreas siguió jugando pero Tom se quedó observando cómo Bill se dirigía al baño. Se puso tenso sin poder evitarlo, varios chicos seguían su mismo camino y enseguida empezó a pensar que uno de ellos iba a reunirse con Bill en una de las cabinas para hacer a saber qué.
Apretó con fuerza el taco de billar que sostenía al reconocer uno de los chicos que en esos momentos iba hacia el baño también. Gustav Schafer.
—Tom, ¡te toca! —llamó Andreas.
Pero Tom le ignoró y siguió con la mirada a Gustav, que antes de entrar en el baño se volvió para echar un vistazo a su alrededor, como comprobando que nadie estaba observándole.
— ¿Qué pasa? —preguntó Andreas al ver que no jugaba.
—Nada….ahora vengo—murmuró Tom.
Dejó el taco de billar a un lado y él también se dirigió al baño, de hecho casi corrió hacia el. Abrió la puerta de golpe y varios chicos se volvieron a ver qué pasaba, siendo Bill uno de ellos. Se había lavado las manos y en esos momentos se pasaba las manos por el pelo tratando de peinar un mechó rebelde. No hizo falta que dijera nada, Bill dejó de acicalarse y salió del baño con él.
—Yo…tardabas y pensé que…que te sentías mal—murmuró Tom carraspeando.
—Mientes fatal, Tom—dijo Bill suspirando—Y tranquilo, que solo vine a mear.
Tom se le quedó mirando sin poder creerle, Gustav había entrado antes que él y varios chicos también. Aunque también era cierto que solo habían pasado unos 5 minutos y en ese tiempo habría sido imposible hacer nada, ¿no?
—Te dije que no volvería a hacer nada—susurró Bill, dolido ante su mirada.
—Vale…lo siento—se disculpó Tom—Es que…vi entrar a Gustav y pensé que…
— ¿Qué se la iba a chupar? —terminó Bill la frase por él—Me temo que se va a quedar con las ganas esta vez.
— ¿Has estado alguna vez con él? —preguntó Tom en voz baja.
—Demasiadas para mi gusto—contestó Bill suspirando.
Tom iba a decir algo más cuando Bill decidió dar la conversación por finalizada. Pasó al lado de Tom y regresó donde Andreas les esperaba.
—Si ya habéis terminado con la partida, podíamos irnos a otro sitio—dijo Bill suspirando.
—Le toca a Tom, pero ya ha perdido—contestó Andreas— ¿Me has dejado ganar? Porque has jugado fatal, parecías todo el rato distraído.
—Yo…tenía la cabeza en otro sitio—murmuró Tom carraspeando.
—Pues venga, que te dé un poco el aire—dijo Andreas dejando el taco sobre la mesa de billar—Podíamos ir a ver si pillamos algo, me muero por una cerveza.
—Yo sé donde nos la pueden vender y no te piden la documentación—intervino Bill.
No hizo falta que dijera más, Andreas enseguida asintió con la cabeza y salieron de los recreativos. Bill les guió calle abajo, estaba un poco lejos pero se dieron prisa y llegaron en media hora. Era una tienda que abría las 24 horas donde el dependiente con tal de ganar dinero vendía alcohol aún sabiendo que no tenían la edad adecuada.
Entraron y esperaron a que se despejara un poco el mostrador, no querían que nadie les echara el alto al verlos con un par de cervezas. Se dedicaron a mirar por los pasillos, husmeando entre las chocolatinas y demás chucherías que había.
—Creo que ya podemos—susurró Andreas.
Tom asintió y se dirigieron a la nevera donde estaban las bebidas frías. Cogieron 3 latas y fueron al mostrador, esperando hasta que Bill se reunió con ellos.
—Y esto—dijo añadiendo un paquete de chicles.
Lo dejó sobre el mostrador y Tom pagó esa vez. Cogieron sus bebidas y salieron de la tienda, una vez en la calle echaron a correr entre risas hasta llegar a un parque, donde se perdieron en busca de un rincón solitario.
—No sabía de esa tienda—dijo Andreas abriendo su bebida—Desde ahora la visitaré más a menudo.
—Procura no ir los viernes por la tarde—explicó Bill—Es cuando más gente hay y al dueño no le gusta vernos merodear por si alguien dice algo.
—Podíamos haber cogido unas patatas o algo—murmuró Tom—Yo tengo hambre…
Al momento apareció una bolsa de patatas sobre la hierba. Tom se la quedó mirando abriendo los ojos como plato, Bill se la acababa de sacar de la cazadora como si nada.
— ¿Las has robado? —preguntó Tom, como si no fuera obvio.
— ¡Joder! —exclamó Andreas—¿Cómo lo has hecho?
Bill sonrió como respuesta y sentándose en la hierba sacó del bolsillo interno de su cazadora un par de chocolatinas que ofreció también.
— ¿Cómo puedes tomar chocolate con la cerveza? —preguntó Tom arrugando la nariz—¡Es asqueroso!
—A mí me gusta—contestó Bill sonriendo.
Tom le devolvió la sonrisa, era la primera vez que le veía tan relajado y animado. Incluso a Andreas empezaba a caerle bien Bill, sabía que con el tiempo lograría integrarse del todo.
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Regresaron a casa a tiempo de lavarse las manos y bajar a cenar. Luego subieron a acostarse, al día siguiente tenían que madrugar y una vez se pusieron los pijamas apagaron la luz y se dispusieron a dormir. Pero Tom no podía dejar de pensar en Bill y le era imposible cerrar los ojos. Se dio la vuelta en la cama y a través de la luz que se colaba por la ventana pudo ver a Bill tumbado boca arriba.
— ¡Bill! —llamó en voz baja.
Bill gruñó como respuesta y se tumbó de lado, abriendo los ojos.
— ¿Qué quieres? —preguntó ahogando un bostezo.
—Yo….no me contestes si no quieres, pero me gustaría preguntarte algo—murmuró Tom carraspeando.
Bill asintió con la cabeza, sabiendo que serían preguntas demasiado personales. Ya vería si las contestaba o no, o si se inventaba algo, como siempre hacía.
— ¿Tu madre….tu madre sabe a lo que te dedicas? —preguntó Tom sin aliento.
—No…y si se enterara, me moriría—confesó Bill arrugando la frente.
— ¿Y cuándo empezaste a…?—siguió preguntando Tom,
—A los 15—murmuró Bill—Desde que tuve consciencia de que las cosas nos iban muy mal, que con el sueldo de mi madre apenas llegábamos a final de mes. Siempre se ha sacrificado por mí, llegando incluso a darme su comida para que yo no pasase hambre. Le debo mucho y…y solo sé un camino para…
No pudo seguir hablando, sentía los ojos llenos de lágrimas. Pestañeó para alejarlas, ya había derramado muchas ese día y la cabeza le iba a estallar de un momento a otro. Sentía que se le cerraban los ojos, apenas había podido dormir nada de lo nervioso que se había puesto la noche anterior al saber que iba a ver a su madre.
Viendo que Tom había cesado en su interrogatorio se dio de nuevo la vuelta en la cama y cerrando los ojos acomodó mejor la almohada y se dispuso a dormir.
Pero Tom no podía dormirse aún, había una pregunta que rondaba por su cabeza y no le dejaba descansar. Era muy íntima y no sabía si Bill se la iba a contestar, pero tras tantas confidencias hechas pensó que no pasaba nada por una más y entre ellos ya había mucha confianza. Respiró hondo y rezando para que Bill no se enfadara empezó a hablar.
— ¿Puedo hacerte una pregunta más? Prometo que será la última—susurró a la oscuridad.
Pasaron varios segundos hasta que Bill asintió con la cabeza al mismo tiempo que susurraba un sí.
— ¿Alguna vez has…has llegado al final? —se atrevió a preguntar Tom. (*)
Agudizó el oído, le había parecido que Bill se atragantaba al escuchar su osada pregunta. Estaba a punto de decirle que la ignorara, que le perdonase su estúpida curiosidad y que no hacía falta que le contestara cuando Bill habló en voz muy baja.
—Sí—contestó Bill con los ojos cerrados—No muchas veces…pero sí… (*)
Esperó a ver si Tom decía algo más, aunque seguro que su contestación le había pillado por sorpresa y en esos momentos necesitaba tiempo para digerir toda esa información. Suspiró y se acomodó en la cama, tampoco hacía falta hacer un drama de eso. No había sido para tanto, para él solo habían sido un par de polvos esporádicos carentes de amor…y muy bien pagados, para qué negarlo…
Continuará…
(*)Quiero explicar que este trozo de conversación la escribí acordándome del maravilloso fic de Khira “El secreto de Bill Kaulitz”, son exactamente sus mismas palabras, no tenía planeado ponerlas pero se me ocurrió de repente y me pareció que encajaba muy bien en la situación.