A pesar de haber llegado con 15 minutos de retraso, Tom se las apañó para entrar en clase seguido de Bill, quien no se había despegado de sus talones como un perrito faldero. La profesora les miraba con un gesto agrio en la cara, pero…había llamado Gordon Kaulitz esa misma mañana para ponerla al día de lo ocurrido a la madre de Bill y que a partir de entonces él se convertiría en su tuto legal. Y sabiendo de la «amistad» que había entre los dos muchachos, lo mejor era dejarlos entrar en la clase que vagasen por el patio discutiendo.
—Id a vuestros asientos—ordenó la profesora sacudiendo la cabeza.
Bill y Tom la obedecieron. Mientras que el primero se sentaba en la última fila, Tom se dejó caer al lado de su mejor amigo. Andreas le miraba con la boca abierta, ¿desde cuándo se hablaba con esa cosa rara? Siempre le estaban criticando e insultando, y de la noche a la mañana se presentaba con él pegado a su espalda.
— ¿Qué pasa? —preguntó en un susurro cuando Tom abrió su libro de matemáticas.
— ¿Qué pasa con qué? —preguntó Tom sin entender.
— ¿Con quién va a ser? ¡Con ese! —susurró Andreas señalando la última fila con la cabeza.
—Es una larga historia—murmuró Tom resoplando.
No le apetecía contársela, más que nada porque para empezar él no estaba al tanto de todos los detalles, y sabía que su amigo le haría las mismas preguntas que él se hacía, y no quería tener que contestársela. Porque muy, muy en el fondo…había una parte de él que empezaba a preocuparse y sentir lástima por su compañero de habitación y clase.
Transcurridas las primeras clases Tom y Andreas casi gritaron aliviados cuando sonó el timbre anunciando su merecido descanso. Desaparecieron de clase a toda prisa y se fueron a su rincón del patio donde podían hablar de sus cosas sin ser molestados y criticar a los que se les cruzaran por el camino.
—Mira a Georg—dijo de repente Andreas.
Georg Listing, el estudiante más elegante de todo el instituto como así le clasificaban Tom y Andreas entre risas. Siempre vestido a la última, con su largo y sedoso pelo cayéndole sobre los hombros, siempre perfectamente liso… ¡qué asco le tenían!
Se le quedaron mirando sin poder evitarlo y como si les presintiera Georg giró la cabeza. Iba muy serio, ni les sonrió ni inclinó la cabeza a modo de saludo. Nada, siguió su camino como si fueran invisibles y Tom y Andreas aprovecharon para criticarlo.
—Se cree superior el muy imbécil—murmuró Andreas resoplando.
—Solo porque nos saca dos años—dijo Tom asintiendo—El otro día me vio bebiendo y me echó una mirada…como si solo él pudiera.
Andreas asintió y dando por zanjado el tema de Georg le contó a Tom eso que era tan importante.
—Jennifer consiguió una chica para ti—explicó muy emocionado.
—Andreas, te dije que no hacía falta—resopló Tom con cansancio.
—Te va a encantar—-siguió diciendo Andreas ignorando sus protestas—He quedado con ellas más tarde, Jennifer está terminando de convencer a su amiga. ¡Si sois los dos iguales! No sé cómo no se nos ocurrió antes, porque estuvimos pensando en otra amiga de Jennifer que…
Mientras su amigo hablaba y hablaba Tom desvió la mirada y se puso a observar a la gente que pasaba ante sus ojos. Aparte de sus compañeros de clase e instituto, había algún que otro profesor vigilando que nadie fumase en el patio. Tom sonrió al ver al jefe de estudios con el ceño fruncido, si fuera a los baños de las chicas vería que allí se fumaba de todo. Era el único sitio donde solo entraba a vigilar cuando estaban en clase, pero en los intermedios más de una vez él y Andreas habían dado alguna que otra calada y saltado alguna clase.
De repente algo llamó su atención, a su derecha paseaba Bill. Por la dirección tomada diría que venía del campo de fútbol, lo que extrañó a Tom. ¿Acaso había estado practicando un poco? Lo dudaba, sabía que le tenía una alergia al deporte que no se curaba con nada. Siempre que podía se esfumaba de la clase de gimnasia.
Le estuvo espiando, viendo como se acercaba a la fuente que había en el patio y bebía agua, o más bien se enjuagaba la boca…
— ¿Me acompañas al baño? —preguntó Andreas de repente.
— ¿Te apetece fumar? —preguntó Tom a su vez.
Pero Andreas no le contestó, se levantó y tomándole del brazo se lo llevó a rastras.
—La amiga de Jennifer te está esperando—explicó Andreas camino de los baños.
Tom resopló como respuesta, en esos momentos no tenía ganas de conocer a nadie. Pero Andreas no le dio otra elección y siguió tirando de él.
Llegaron al baño y Andreas le empujó dentro, donde se encontraron con dos chicas. A una de ellas ya la conocía, era Jennifer e iba a un curso inferior. Andreas llevaba apenas una semana saliendo con ella y se le veía muy enamorado.
Junto a Jennifer había otra chica morena y delgada. Lo que más le llamó la atención a Tom fue su pelo, tan negro y con el mismo corte de cierta persona que desde que irrumpiera en su casa no podía pensar con claridad…
—Tom, ella es Lucy—presentó Andreas—Es la mejor amiga de Jennifer, espero que sepas tratarla como se merece.
Tom sabía el significado de esas palabras, más le valía no meter la pata. No era solo su relación la que estaba en juego, también la de Andreas peligraba. Si hacía algo que molestase a Lucy, también molestaría a Jennifer y Andreas se vería compuesto y sin novia.
—Os dejamos a solas para que os vayáis conociendo—dijo Andreas cogiéndose de la mano de Jennifer.
Y salieron del baño. Tom no sabía qué hacer o decir, la verdad era que Lucy no era su tipo. La chica no era muy alta y llevaba demasiado maquillaje, por no hablar de sus uñas pintadas de rosa chillón. No, él le aplicaría un suave maquillaje y nada de color en los labios, solo brillo para que resaltasen…como los de Bill…
— ¡Joder! —masculló.
— ¿Estás bien? —preguntó Lucy sin entender.
—La verdad es que no—contestó Tom sin pensar—Me duele la cabeza.
—Oh…lo siento—murmuró Lucy.
—Voy a salir a que me dé un poco el aire—dijo Tom dando media vuelta.
— ¿Quieres que te acompañe? —se ofreció Lucy.
—El recreo está a punto de terminar, no llegues tarde por mí a tu siguiente clase—dijo Tom saliendo ya del baño—Encantado de conocerte…esto…Susi…
—Me llamo Lucy—corrigió la chica gruñendo.
Pero Tom no la escuchó, había echado a por el pasillo, quería alejarse de la chica todo lo que podía. Se sentía muy mal consigo mismo, no sabía que le pasaba con Bill, se había masturbado pensando en él sin poder evitarlo y eso que no le gustaba para nada… ¿verdad?
Resopló e ignorando el timbre que anunciaba el final del recreo dio media vuelta y volvió a entrar en el mismo baño donde había dejado a la tal Lucy plantada y que para alivio suyo estaba vacío y se encerró en otras de las cabinas. En el bolsillo de su sudadera llevaba el porro que esa mañana le había comprado a David. Pensaba dejarlo para la tarde pero en esos momentos lo necesitaba con urgencia.
Lo encendió y tapando el inodoro se sentó en el a fumar tan tranquilamente. O eso era lo que él pensaba, al poco escuchó como la puerta se abría y alguien entraba. Dio una última calada al porro y se apresuró a deshacerse de el tirándolo por el inodoro.
— ¿Tom?
Arrugó la frente al reconocer la voz que le llamaba. Descorrió el cerrojo y asomó la cabeza para ver que efectivamente Bill era la persona que había entrado en el baño.
— ¿Qué quieres? —preguntó resoplando.
—Saber qué te pasa—contestó Bill dando un paso en su dirección—Te vi correr hacia aquí y pensé que te sentías mal.
Tom se le quedó mirando alzando una ceja, extrañado de que Bill se hubiera preocupado por él.
—Aunque por lo que veo, te has montado una fiesta tú solito—dijo Bill sonriendo ampliamente—Podías haberme invitado a una calada.
Antes de que Tom pudiera decir nada la puerta del baño se abrió y desde donde estaba pudo reconocer a la persona que entraba. El jefe de estudios…si le pillaba fuera de clase y encima fumando eso en el baño le iba a caer una buena. No se lo pensó dos veces y cogiendo a Bill de la muñeca le hizo entrar con él en la cabina y cerró tras él la puerta.
— ¿Qué demonios…? —empezó a preguntar Bill.
— ¡Calla! —ordenó Tom en voz baja, al tiempo que cubría su boca con una mano.
Apenas había espacio para moverse, Bill estaba aplastado casi contra la puerta con una mano de Tom contra sus labios y la otra en su cintura. Se quedó quieto mientras escuchaba, alguien más había entrado en el baño pero no le había dado tiempo a ver quién era.
—Es el jefe de estudios—explicó Tom en un susurro.
Bill asintió con la cabeza y solo entonces Tom separó un poco una de sus manos de donde estaba. Liberó sus labios, sintiendo como el aliento de Bill rozaba los suyos. Le hizo cosquillas y se pasó la lengua por ellos, viendo a Bill sonreír ante su gesto. Sus ojos se clavaron en esa dulce sonrisa, pensando cómo era posible que antes no hubiera reparado en ella.
Se perdió en sus pensamientos, no era consciente de lo que pasaba…no era consciente de como esa mano que había puesto sobre la cintura de Bill para sujetarle había ido más abajo como si tuviera vida propia, acariciando ese trasero que se puso tenso al notarlo.
— Quita la mano de ahí—exigió Bill en voz baja.
Así lo hizo Tom, retiró poco a poco la mano pero entonces hizo algo que ni él mismo entendió. Puso la mano de nuevo en su sitio cogiendo el trasero de Bill con firmeza, acariciándole sobre la fina tela de los vaqueros que llevaban.
— No— susurró perplejo.
Entonces se movió con rapidez, retiró del todo la mano de sus labios y acortando las distancias se apoderó de ellos suspirando.
Notas finales:
*escena sacada de la serie “El Internado” : http://www.youtube.com/watch?v=UhFi-DToRAI