Parte III, capítulo 3
Despertó pronto a la mañana siguiente. Se dio la vuelta en la cama arrugando la frente, no sabía dónde estaba…pero al ver la pared de enfrente recordó todo lo ocurrido. El día anterior había ido a ver a Bill y su mundo se había roto en mil pedazos. Había descubierto que el corazón que llevaba en su pecho iba cargado de unos sentimientos que él había creído como suyos.
Estaba muy confuso, jamás se le había pasado por la mente estar colado de un chico, pero…es que Bill era muy guapo, era inevitable sentir algo por él…
“Yo no lo siento, es James”—se riñó a sí mismo.
Se levantó de la cama y fue al baño a darse una ducha rápida. Tenía que hacer algo, encerrado en esa casa jamás pondría en orden sus pensamientos y solo conseguiría asustar más a sus padres de lo que ya lo estaban.
Regresó a su habitación y se vistió con la ropa que tenía allí. También vio una pequeña maleta y la llenó con lo que había llevado y alguna cosa más que necesitaría. Bajó con ella a la cocina y allí se “enfrentó” a sus padres.
— ¿Vas a algún lado?—preguntó Simone asustada.
—Siento mucho el susto que os he dado, pero no puedo quedarme—explicó Tom con firmeza—Necesito estar un tiempo a solas, pensar en que voy a hacer con mi vida.
—Cariño, estás confuso—dijo Simone—No hace falta que te vayas, aquí podremos ayudarte y…
—Lo necesito, mamá—insistió Tom—Sé que siempre podré contar con vuestra ayuda, pero en este caso…no podéis ayudarme.
—Deja que se vaya Simone—intervino Jörg—Estará bien, es muy fuerte.
Suspiró aliviado cuando vio asentir a su madre. Se sentó a su lado y desayunó un bol de cereales que se tomó con esfuerzo. Sentía una opresión en el pecho, desde que se alejara de Bill había empezado a sentirse cada vez peor, como si con cada latido de su corazón alguien le estuviera recordando que estar separados era un error muy grande…
Terminó de desayunar y llamó un taxi. Mientras esperaba se despidió de sus padres, prometiendo llamarles cada día para tranquilizarles. Se despidió de ellos con un fuerte abrazo y una vez dentro del taxi pidió al chófer que le llevara a un hotel, el que él quisiera. Cerró los ojos….y cuando los abrió, Bill estaba ante ellos, tan desconcertado y confuso como él…
Despertó pronto a la mañana siguiente. Se dio la vuelta en la cama arrugando la frente, no sabía dónde estaba…pero al ver la pared de enfrente recordó todo lo ocurrido. El día anterior había decidido salir del único lugar al que podía llamar hogar, de la protección que le conferían cuatro paredes para poder poner en orden sus pensamientos.
Había ido a un hotel lo más lejos del restaurante que había encontrado. Era algo caro, pero tenía bastante dinero ahorrado y tampoco se iba a quedar una temporada larga. Solo un par de días mientras pensaba dónde ir y que ver.
No pudo evitar pensar en una conversación lejana tenida con James, donde le contaba sus ilusiones de viajar y conocer mundo, y que un día podían hacer un viaje juntos…
Sentía los ojos llenarse de lágrimas, pestañeó para alejarlas y se levantó de la cama. Fue al baño y se duchó, bajaría a desayunar y luego saldría a dar un paseo para despejarse. Sentía la cabeza a punto de explotar, pero una vez en contacto con el agua templada todo su cuerpo se relajó.
—Tom…. —suspiró con los ojos cerrados.
¿Estaría bien? Le había dado un buen disgusto y tras su reciente operación no era lo que necesitaba. Esperaba que estuviera bien y hubiera alguien cuidando de él. Tenía muchos amigos que le querían y se los imaginaba sentado con ellos contándoles….que una cruel persona le había roto en dos su nuevo corazón…
—No era tuyo….era de James…—susurró entre sollozos.
No podía evitar pensar así, Tom llevaba en su pecho algo que no le pertenecía. Ese corazón ya tenía dueño.
— ¿Yo?—se preguntó dejando de llorar.
Sacudió la cabeza, no hacía más que desvariar. Salió de la ducha y se envolvió en un suave albornoz blanco. Cogió una toalla y se secó el pelo con vigor antes de pasarla por el espejo y ver en el su reflejo.
Estaba más pálido de lo normal y sus ojeras llegaban hasta el suelo. Tenía que empezar a cuidarse más, en esas últimas semanas había adelgazado y estaba en los huesos. Si seguía así, el día menos pensado se lo llevaba el viento.
Logró sonreír ante ese pensamiento, se imaginaba echando a volar de repente, llegar hasta el cielo y…
Sacudió la cabeza de nuevo, si no dejaba de pensar en James o Tom a cada momento iba a ponerse realmente enfermo. Jamás podría seguir con su vida si no ponía algo de su parte.
Lo primero sería bajar a desayunar como Dios manda, nada de un té o una tostada. Dejaría a un lado ese nudo que sentía en el estómago y se sentaría a tomarse un desayuno en condiciones.
Y eso hizo, se vistió con un pantalón vaquero y un jersey de cuello alto negro. Se alisó el pelo y una vez calzado con unas botas de tacón medio y cogido su cartera y móvil, salió de su habitación de hotel. Recorrió el largo pasillo hasta el ascensor, sonrojándose cuando se cruzó con un chico que le silbó sin inmutarse.
Era la primera vez que le pasaba, nadie antes se había parado para admirarle y eso le hizo sentirse muy bien consigo mismo.
Bajó al restaurante del hotel y pidió un café con tostadas. Las untó con mantequilla y mermelada y desayunó mientras paseaba la mirada por las demás mesas. Los pocos clientes que había a esas horas estaban cada uno a lo suyo, quitando dos o tres que le miraban de reojo y murmuraban.
Llamaba la atención, y eso nunca le había pasado antes. Claro, que era normal si se había pasado la mitad de su vida encerrado en el restaurante de su padre vistiendo un uniforme soso y sin gracia mientras que en esos momentos con unos vaqueros y un simple jersey negro hacía que todos los ojos se fijasen en él y murmuraran.
Terminó el desayunó y se levantó con lentitud, observando que una pareja le miraba con descaro. Eran dos chicos y uno de ellos se pasaba la lengua por los labios. Se sonrojó al instante y salió del restaurante. Pasó por recepción a dejar su llave y salió del hotel pensado en dar un paseo y pensar, no contando con que del coche que se paraba delante bajara el dueño de sus pensamientos.
— ¿Tom?—susurró arrugando la frente.
Esperó a que terminara de pagar el taxi en el que iba y entonces vio como se le quedaba mirando tan confuso como él lo estaba.
— ¿Me estás siguiendo?—preguntó sin poderse contener.
— ¿Qué? ¡Claro que no!—saltó Tom—No tenía ni idea de que estabas en este hotel.
—Pues lo estoy—se defendió Bill— ¿Vas a quedarte tú también?
— ¿Estamos discutiendo por esto?—preguntó Tom cada vez más confuso.
—Te he pedido tiempo porque es lo mejor para los dos, y de repente te presentas en mi hotel—dijo Bill resoplando.
—Te repito que no sabía que estabas aquí, pero si te molesta me busco otro—murmuró Tom, aún sin poderse creer que estuvieran discutiendo tras lo pasado el día anterior.
—Es un país libre—contestó Bill pasando por su lado.
Echó a andar calle abajo sabiendo que Tom no apartaba los ojos de él. ¿Qué hacía en su mismo hotel? También era mucha casualidad… ¿o también era cosa de James? ¿Hacer que tuvieran una oportunidad de conocerse sin nadie alrededor que los juzgara o vigilara?
Sacudió la cabeza resoplando, James estaba muerto. Nada ni nadie iba a devolvérselo… ¿verdad?