Parte III, capitulo 8
David asintió al tiempo que se movía con rapidez y asestaba un puñetazo a Mike, quien al verse cogido trató de huir en vano. Todo sucedió muy rápido, pasó de estar sobre Bill a estar tirado en el suelo inconsciente con un labio partido a los pies de un incrédulo David que aún no se había sobrepuesto de la sorpresa.
Iba camino del ascensor cuando escuchó un grito y fue a ver qué pasaba, asomándose a una habitación y viendo una pareja forcejear sobre la cama. Mayor fue su sorpresa cuando descubrió que quien estaba debajo, un lloroso Bill con una de sus mejillas señaladas y el miedo brillando en sus ojos, por no omitir que llevaba los pantalones medio bajados y casi la ropa interior también.
— ¿Estás bien?—preguntó cuando se repuso.
—Creo…creo que sí—susurró Bill, tratando de recomponer sus ropas sin creerse que se hubiera salvado por los pelos.
Aún así David fue a comprobarlo, pasó por encima de Mike sin miramiento alguno y sentándose en la cama al lado de Bill pasó un brazo por su cintura y le ayudó a incorporarse.
— ¿Quién es ese?—preguntó señalando a Mike.
El silencio de Bill era la respuesta que necesitaba. Asintió él también en silencio y sacando el móvil se dispuso a pedir ayuda.
— ¿A quién vas a llamar?—preguntó Bill poniéndose tenso a su lado.
—A la policía—contestó David con firmeza.
—No lo hagas, por favor—suplicó Bill, preguntándose cuántas veces había dicho ya esa frase en el día.
—Bill, si tu novio te ha…
—No es mi novio—aclaró Bill sonrojándose.
—Lo que sea, no le da ningún derecho a tratarte de esa manera—insistió David—Deja que la policía se encargue de él.
—Pero…—empezó a decir Bill.
No pudo seguir hablando, las lágrimas agolpadas en su garganta se lo impedían. Tenía mucho miedo de la policía, al ser aún menor llamaría a su padre y se sabría toda la verdad, como fue tan estúpido que se dejó engañar por el primero que se le presentó solo para poder olvidar a Tom, cosa que era imposible pues mientras pensaba en cual iba a ser su cruel destino no dejaba de pensar en él y llamarlo entre susurros…
—La cabeza se me va un poco—musitó cerrando los ojos.
—Recuéstate mientras hago la llamada—dijo David de nuevo ayudándolo.
Se levantó para que tuviera más sitio y colocó una almohada bajo su cabeza mientras que le veía subirse de nuevo los pantalones y abrochárselos con dedos temblorosos. Esperó a que terminara y cogiendo una esquina de la colcha de la cama le cubrió con ella y siguió con la llamada.
—No es lo que piensas—murmuró Bill sin atreverse a mirarle.
David no contestó, la verdad era que no sabía que pensar. Desde que supo de la relación de su mejor amigo con un niño…con Bill, su primera reacción fue enfadarse y pensar incluso en que si no desistía su amistad sería ya cosa del pasado. Pero al verle tan ilusionado no pudo seguir pensando así, y luego tras conocer mejor a Bill, le inspiraba tanta compasión que no podía evitar preguntarse cada día qué estaría haciendo o si estaba bien.
No podía esperar que guardara luto eterno tras la muerte de James, era joven y tenía toda una vida por delante. Sabía que algún día encontraría otro chico que le hiciera feliz y él no tenía porqué sentirse molesto. Pero…que fuera esa escoria que yacía a sus pies…Bill se merecía alguien mejor.
La policía no tardó en llegar y con ella se armó un alboroto en todo el hotel. Tras haberla llamado la siguiente llamada que hizo fue a recepción para comunicar lo ocurrido y pidió que avisaran al médico del hotel por si Bill se sentía mal. No le pusieron pega alguna, para eso era el hijo del dueño y en menos de 20 minutos Bill estaba siendo atendido y el tal Mike esposado mientras le leían sus derechos.
—Pienso denunciarte por esto—protestaba Mike desde el suelo.
—Y yo por intento de violación—dijo David sin inmutarse—Veremos cuánto te cae por esto, cabrón.
—Fue de mutuo acuerdo—gritó Mike.
—Todo lo que diga podrá ser usado en su contra—le repitió uno de los agentes que le había esposado.
—Hay pruebas, Bill se corrió en los pantalones mientras estábamos en el ascensor—explicó Mike sonriendo con lascivia.
—Él me obligó—murmuró Bill desde la cama.
— ¡Zorra mentirosa!—gritó Mike—Ahora no te hagas la estrecha, me has traído a tu habitación para follar, no para admirar las vistas.
—Eso ya se lo cuentas a tu abogado—intervino el agente de policía.
Tiró de su detenido con brusquedad y salió de la habitación dejando a su compañero que le tomaría declaración a la víctima.
— ¿Puedes hablar ahora?—preguntó el otro policía mirando a Bill.
Bill asintió suspirando. Se encontraba recostado en las almohadas bebiéndose despacio un té que David le había pedido. El médico había echado un vistazo a su mejilla y solo le recetó frío para bajar la inflamación y un analgésico para el dolor. Viendo que no había daño alguno les dejó a solas para que le interrogaran, quedándose David a su lado como Bill le había pedido.
— ¿De qué le conocías?—preguntó el agente.
—Del hotel—contestó Bill suspirando—Se había fijado en mí y me invitó primero a un paseo y luego a comer. Me pasé un poco bebiendo, estaba nervioso por un problema y creo que en el fondo Mike me animó a que bebiera, recuerdo que no hacía más que decirme que lo fuera se pasaría y un poco de alcohol ayudaría.
—Ya veo—murmuró el agente tomando notas en su libreta.
—No recuerdo si dije de subir a la habitación o Mike sugirió que subiera a tumbarme en la cama—dijo Bill frotándose la frente—En el ascensor…se abalanzó sobre mí, me besó y yo me dejé, estaba atontado por el alcohol y…bueno, puede decirse que era justo lo que necesitaba. Algo de cariño para…para olvidar a otro chico, solo que no tan brusco como el que Mike me daba. No sé cuando me giró y me puso de cara al espejo y sin dejar de besarme el cuello metió una mano en mis pantalones, yo quise detenerle y llevé mi mano para impedírselo, pero Mike me la cogió y me obligó a que me…me tocara hasta que…
No pudo seguir hablando, nuevamente estaba llorando al recordar lo pasado. El agente lo comprendió y sabiendo lo que había pasado después dio el interrogatorio por terminado.
—Si necesitamos algo le llamaremos—dijo a modo de despedida.
—Solo quería lavarme las manos—siguió Bill con su relato—Mike se disculpó por lo del ascensor y dijo de salir a dar otro paseo e ir de compras. Pero entró en mi habitación y cuando supe de sus intenciones le dije que no varias veces, pero él me ignoró…si David no hubiera entrado en estos momentos yo…
—Ahora necesita mucho descanso—dijo el policía viendo que se había de nuevo derrumbado—Y yo tengo que hablar con su padre.
— ¿Es necesario?—preguntó Bill entre lágrimas, sabiendo su respuesta de antemano.
Le vio asentir con la cabeza. Era menor y no se trataba de haberle pillado robado. Era algo mucho más grave y habría un juicio de por medio. Tarde o temprano su padre se enteraría, y él tampoco podría pasar mucho tiempo sin contárselo. Al final necesitaría hablar y quien mejor que su padre, lo único que le tenía en el mundo…
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Gordon Trümper no salía de su asombro. Había recibido una llamada de la policía que tras ponerle al corriente de lo sucedido le pasaron el teléfono a su hijo para que le confirmara que estaba bien y que todo había pasado.
Salió del restaurante como una exhalación dejando a uno de los camareros más antiguos al cargo y subió al taxi que le estaba esperando. Por el camino se iba retorciendo las manos, pensando que le podía haber pasado por la cabeza a su hijo para dar con un chico tan cruel. Sabía que no debió dejarle ir solo en esas condiciones, no pensaba con claridad y jamás había abandonado la seguridad que le confería el restaurante. Y en parte tenía él culpa, después del daño hecho por su propia mujer lo último que quería era que su hijo sufriera y se había pasado sobreprotegiéndolo…y ahora mira las consecuencias, un intento de violación con 17 años…
Continuará…