Listen to your heart 52

Parte IV, capitulo 1

Parecía que vivía en una nube. Había pasado casi una semana y en ese tiempo Tom y él se habían hecho inseparables. Aún convaleciente del susto que le dio su corazón, Bill se desvivía para satisfacer a Tom en todo lo que podía. Daban cortos paseos todos los días, otros se quedaban en casa de sus padres viendo la tele o simplemente cogidos de las manos…

Aún recordaba el “miedo” que sintió cuando conoció a su padre. Jörg Kaulitz era muy agradable y se interesó mucho por su trabajo en el restaurante, llegando incluso a invitar a su padre para cenar una noche todos juntos, y así conocerse mejor.

Llegó el día en que Tom se cansó de tantos mimos y sintiéndolo mucho se despidió de sus padres y regresó a su antigua vida. Se sentía mejor que nunca y estaba del todo preparado para lo que el destino le tuviera preparado.

Y a Bill le pasaba lo mismo. Habló con su padre y quedaron en que volvería al restaurante con calma. Trabajaba solo por las mañanas al igual que Tom, que como le contara daba clases de guitarra en una academia durante un par de horas. Luego le iba a buscar al restaurante y se quedaban a comer en la cocina donde hacían planes para la tarde.

Una vez fueron al cine, otra de compras….otra dieron un largo paseo disfrutando de su compañía y silencio.

Y llegó el día de que Tom presentara a Bill oficialmente a sus amigos, que aún no se creían el cambio tan drástico producido en él. Regresó al apartamento y aunque sus amigos ya lo sabían, la primera noche les confesó que era gay y estaba saliendo con Bill. Todos lo aceptaron bien y todos le felicitaron, Bill les había parecido un buen chico y el novio ideal para su amigo.

Le fue a buscar al restaurante a las 7 de la tarde. Bill ya estaba listo y cuando le vio se quedó con la boca abierta. Jamás le había visto tan guapo, llevaba unos vaqueros negros y un jersey plateado. Pero lo que más le llamó la atención fue…su nuevo peinado. Se había quitado las mechas blancas que llevaba y recortado las puntas. Ahora lucía una media melena negra azabache muy brillante, y se había aplicado un maquillaje que le hacía parecer más sexy de lo que ya era.

¿Pasa algo?—preguntó Bill al verle tan callado.

Dios, estás muy guapo—dijo Tom carraspeando.

Le vio sonreír y se apoderó de sus jugosos labios sin poder evitarlo. Se había dado algo de color, y desde que entró por la puerta le llamaban a gritos para ser probados.

Podemos quedarnos así toda la tarde, pero tus amigos…—susurró Bill contra sus labios.

Lo entenderían—susurró Tom a su vez.

Soltó una carcajada y sintiéndolo mucho puso una mano en el pecho de Tom y le separó de sus labios.

Vamos a cenar y luego ya veremos—dijo con firmeza.

Vale—resopló Tom sonriendo.

Le ayudó a ponerse su nueva cazadora de cuero y vio como se ajustaba al cuello una bufanda plateada a juego con su jersey. Bajaron las escaleras y se despidieron de Andreas, inmerso en la cocción de unos tortellinis. Salieron al restaurante y allí Bill se despidió de su padre.

Vuelve tarde—dijo Gordon tras abrazar a su hijo.

¡Papá!—susurró Bill sonrojándose.

Es jueves, no quiero verte en casa antes de las 12—insistió Gordon—Mañana libras por la mañana así que puedes trasnochar.

Lo haremos—intervino Tom cogiendo a Bill de la mano.

Se despidió del padre y pasando un brazo por su cintura guió a Bill hacia la puerta del restaurante, escuchando como saludaba con timidez a los clientes que le conocían y le deseaban una feliz velada.

Ha sido bochornoso—murmuró Bill una vez en el coche—Todos saben que estoy saliendo contigo y…

Y te desean mucha suerte—terminó Tom por él la frase—Relájate, mis amigos no te van a comer.

Puso el coche en marcha y varios minutos después Tom presentaba a su novio.

Ya os conocéis, pero esta noche lo quiero hacer oficial—dijo Tom si soltar la mano de Bill—Esta es la persona de la que me he enamorado y sin la que podría vivir.

Todos sonreían mientras le escuchaban hablar. Se le notaba muy emocionado, y enamorado. Al igual que Bill, que no podía apartar los ojos de Tom mientras que le confesaba lo mucho que le necesitaba. No se cortó y dando un paso en su dirección le dio un casto beso en la mejilla, pero Tom no se conformó con eso y se apoderó de sus labios entre las risas y aplausos de sus amigos.

Pasemos a la cocina—dijo Gustav cuando se separaron.

Ocuparon sus asientos y mientras cenaban Bill escuchó anécdotas de la vida de Tom contadas en su mayoría por Georg y Gustav, que eran los que mejor le conocían. Se enteró de que cuando Tom contaba con 12 años había llevado el pelo lleno de rubias rastas, y Georg le contó entre risas lo mucho que lloró cuando se hizo el piercing que lucía en el labio…y que tanto le excitaba cuando le besaba o veía jugar con él dándole vueltas con la punta de la lengua.

¡Eso es mentira!—se defendió Tom fulminando con la mirada a su amigo.

Alguna lágrima se te escapó—insistió Georg.

Yo estuve una semana casi sin comer cuando me hice el de la lengua—intervino Bill poniendo una mano sobre la de Tom—Y el de la ceja también me dolió, pero no me arrepiento de habérmelos puesto, ni de los tatuajes que llevo.

¿Dónde?—preguntó Georg alzando una ceja.

Donde «no es asunto tuyo»—saltó Tom visiblemente celoso.

Había sospechado que los llevaría en un sitio que él vería en un futuro no muy lejano y no iba a permitir que su amigo picara a Bill para que lo dijera…o enseñara.

Que arisco—resopló Georg en broma—En serio Bill, si te cansas de él aquí me tienes. He de decirte que cuando te vi pensé que…

Dejó de hablar al ver la asesina mirada que le dirigía su amigo ante las carcajadas de Bill. Los demás les escuchaban riendo también, Tom volvía a ser el de antes de la operación. Celoso de su intimidad y defendiendo con uñas y dientes lo que era de su propiedad. Bill era suyo y nada ni nadie se lo iba a quitar.

Terminaron de cenar y Kate sirvió la tarta que había hecho para esa noche.

Deliciosa—suspiró Bill tras probarla—Tienes que enseñarle a hacerla a Andreas, siempre está mirando recetas nuevas con la que sorprender a los clientes.

¿Andreas?—repitió Kate.

Un amigo mío—contestó Bill algo cortado.

Haberle invitado—dijo Gustav asintiendo.

Hoy estaba ocupado, quizás otro día…—murmuró carraspeando.

Era pronto para que los amigos de Tom conocieran a Andreas, no quería que dijera algo que los ofendiera. Aún estaba resentido por haber sido de nuevo rechazado y «sustituido» por Tom. Trataba de que no se le notara, él lo veía en sus ojos. Estaba dolido, pero no había nada que él pudiera hacer.

La tarde anterior había ido a la peluquería a renovar su imagen y cuando Andreas le vio…no pudo evitar babear. Le dijo que estaba más guapo si se podía y él se lo agradeció con una leve sonrisa. Su padre también le felicitó por su nueva imagen, se le veía más seguro de sí mismo y él solo quería lo mejor para él.

Pasaron al salón y pusieron música en la mini cadena. Se repartieron en los 3 sofás que habían en la estancia y mientras que algunos hablaban otros se amaban…

Con Bill sentado a su lado, Tom le cogió de la mano y entrelazó sus dedos suspirando. Se sentía muy cómodo y no pasó un minuto antes de que sus labios se buscaran desesperados ajenos a las sonrisas y miradas que les dirigían sus amigos.

Cuando llegó la hora de volver a casa, Tom le llevó y acompañó hasta la puerta del restaurante. Había una cosa que quería pedirle, pero antes debía hacer una consulta. Había pasado el viaje en silencio y Bill lo había notado, asustándose pensando que algo no iba bien entre ellos.

¿He hecho o dicho algo que no debiera?—preguntó mordiéndose el labio.

Tom alzó la mirada y negó con la cabeza al ver su asustada expresión.

Perdóname, estaba pensando en una cosa y me distraje—se explicó Tom carraspeando.

Si me lo cuentas, tal vez pueda ayudarte—se ofreció Bill.

Tom le miró y negó con la cabeza suspirando. No, no podía decir nada antes de que hubiera hablado con la persona adecuada. Viendo que el miedo aún brillaba en los castaños ojos de Bill, abrió los brazos sonriendo al verle refugiarse en ellos. Le estrechó con firmeza enterrando la cara en su cuello, que besó suspirando con los ojos cerrados.

«Pronto llegara nuestra oportunidad….»—pensó sonriendo.

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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