Listen to your heart 54

Parte IV, capitulo 3

Una vez más tranquilo y con parte de sus dudas resueltas, dejó que Georg volviera a sus clases y condujo rumbo al restaurante. No había quedado con él, así que se asomó a la ventana antes de entrar. Sonrió al verle tras la barra, atendiendo sin darse cuenta de que era observado.

Pero debió percibirlo, alzó la mirada y sonrió ampliamente al verle. Levantó una mano y le saludó, haciéndole una seña para que entrara. Y Tom no se lo pensó dos veces. Abrió la puerta y enseguida se vio envuelto por ese familiar aroma a comida casera.

Aspiró hondo sonriendo, el plato del día eran espaguetis a la boloñesa y enseguida su estómago empezó a protestar. Pero no había tiempo para eso, tenía otras necesidades que corrían más prisas.

Caminó hasta la barra y como ya fuera habitual en él, se inclinó sobre la barra y saludó a Bill con beso en los labios.

—Buenos días—saludó Bill muy alegre.

— ¿Tienes un minuto?—pidió Tom en voz baja.

Bill asintió de inmediato y tras intercambiar una mirada con otro de los camareros, éste ocupó su lugar en la barra mientras que Tom y él entraban en la cocina, donde Andreas no daba abasto.

—Andreas, el pedido de la mesa 7 corre algo de prisa—murmuró Bill— ¿Te echo una mano con algo?

—Ya lo tengo, gracias—contestó Andreas resoplando girándose—Ah…hola Tom.

—Andreas—respondió Tom sonriendo.

—Un buen día para que se estropeé de nuevo el lavavajillas—dijo Andreas, explicando así lo desordenada que estaba la cocina.

—A este paso, le saldrá más barato a mi padre comprar uno nuevo—comentó Bill suspirando.

Tom sonrió sin poder evitarlo, recordando aquel lejano día en que les echó una mano justamente por ese mismo motivo. Fue una mañana muy agradable, donde descubrió lo guapo que era Bill y lo mucho que se sentía atraído por él.

—Uno de los camareros de la tarde vendrá en unos minutos y me echará una mano en la cocina—explicó Andreas—Tu turno termina en media hora, y ya sabes que a tu padre no le gusta que hagas horas extras.

—Lo sé—musitó Bill.

Se quedaron en silencio sin saber qué más decir, hasta que Tom se cansó y decidió ser el primero en decir algo.

— ¿Hablamos arriba?—le preguntó a Bill carraspeando.

Bill asintió y tras despedirse de Andreas con un gesto de la mano, cogió a Tom por la muñeca y tiró de él escaleras arriba. Nada más entrar al pequeño saloncito escucharon la voz de su padre hablando al teléfono, discutiendo con el técnico que se negaba a ir en ese mismo momento.

—Tengo un negocio que atender y no puedo estar todo el día de brazos cruzados por un fallo suyo—decía Gordon tratando de no perder la calma—No han pasado ni 2 meses de la última avería, si no sabe hacer su trabajo mande a otra persona que sí sepa.

Tom miró a Bill, su padre estaba realmente enojado y jamás le había visto así.

— ¿En 10 minutos?—repitió Gordon más alegre—Aquí le estaremos esperando.

Colgó el teléfono más satisfecho, y entonces solo se percató de su hijo y novio.

—Tom, no te había visto—saludó carraspeando.

—Yo…tenía la mañana libre y vine a ver a Bill—se explicó Tom.

—Genial. ¿Todo va bien?—preguntó con mucho interés.

—Si, todo va…bien—contestó Tom asintiendo.

Sabía que estaba al tanto de los problemas que le había dado su corazón, y se le veía realmente preocupado, y no solo porque fuera el novio de su hijo.

— ¿Está todo solucionado?—intervino Bill.

—Oh, sí. El técnico vendrá y lo arreglará—explicó Gordon por encima—Iré abajo a echar una mano, tú ya terminaste el turno.

—Aún me queda media hora—insistió Bill.

—Está Tom, quedaos y hablad—dijo Gordon pasando por su lado.

No le dio opción a contestarle, cerró la puerta del salón y bajó silbando las escaleras.

—Siento haberte sacado del trabajo—se disculpó Tom avergonzado—Pero…yo…

No hizo falta que siguiera la frase, Bill sentía que había algo muy importante que quería contarle. Apretó en su mano la suya que aún mantenía agarrada y tiró de él hacia el dormitorio para tener toda la intimidad necesaria.

—Hablemos aquí, por favor—pidió Tom negando con la cabeza.

No quería estar con Bill en una habitación donde hubiera una cama…aunque el cómodo sofá donde se sentaron tampoco era que ayudara…

Alejó de su cabeza la imagen de él y Bill retozando por el sofá y se concentró en lo que le quería contar. Se le quedó mirando a los ojos, sonriendo sin poder evitarlo al sentir su mano acariciarle la suya como si nada. Cogió aire pensando en el día que llevaba, queriendo decir algo y no hallar las palabras adecuadas.

— ¿Tom?—llamó Bill en voz baja.

Le estaba asustando, lo podía ver en sus ojos. Casi seguro que Bill pensaba que se había replanteado lo suyo y no hallaba la manera de decirle que le estaba dejando, cuando era justo todo lo contrario.

«Le puedes hacer daño»

Las palabras de Georg resonaron en su cabeza como un martilleo incesante. Era justo lo que le estaba haría a Bill si no empezaba a hablar de un momento a otro, hacerle pensar que toda esa felicidad que habían alcanzado estaba a punto de terminar.

—Bill—dijo con voz firme—Me gustas mucho.

Pudo ver como el miedo que había en los ojos de Bill se disipaba y era sustituido por una amplia sonrisa.

—Tú también me gustas mucho, Tom—afirmó Bill.

—No quiero que te asustes, pero…esta mañana he ido al médico…

No pudo terminar la frase, Bill le echó las manos al cuello y enterró la cara en el rompiendo a llorar sin poder evitarlo.

—No…que no me pasa nada malo—trató de explicarse Tom.

— ¿No?—susurró Bill entre lágrimas.

—No, te lo juro—susurró a su vez Tom.

Se sentía algo torpe en esa situación, sin saber qué hacer. Dejó que sus manos se movieran como si tuvieran libertad propia y las puso en la espalda de Bill empezando a acariciársela. Le sentía estremecerse bajo su contacto, como sus labios se habían separados y gemía echando sobre su piel su cálido aliento.

—Tom…—gimió Bill con los ojos cerrados.

Dios…si seguían así al final harían justamente lo que le estaba pasando por la cabeza…

—Bill, hablemos por favor—pidió Tom carraspeando.

Logró separarse con esfuerzo y se le quedó mirando esperando a que se recobrara. Sus ojos estaban velados y sus mejillas sonrosadas, seguramente porque por su mente también flotaba una imagen de ellos dos desnudos bajo las sábanas.

—Tenía que hablar con mi médico por…una cosa que quiero hacer—empezó a explicar con torpeza Tom.

— ¿Qué cosa?—preguntó Bill inocentemente.

—Yo…quiero hacerte el amor, Bill…—susurró Tom—Creo que estoy preparado ya y tú también… ¿verdad?

Le vio morderse el labio antes de contestar, lo que le hizo dudar. ¿Y si había interpretado mal las señales que le mandaba su cuerpo? Tal vez todo estaba en su mente, y era él el único que creía que era hora de dar ya tan importante paso.

—No te quiero atosigar, perdóname—se disculpó—Pensé que tú también estabas ya preparado, pero si necesitas más tiempo yo sabré esperar.

—No he estado con nadie, Tom—murmuró Bill sin atreverse a mirarle—Ni con una chica siquiera.

—Comprendo que tengas miedo, pero cuando llegué el día iré con mucho cuidado—prometió Tom—No te estoy pidiendo que nos acostemos esta misma noche, solo que…cuando tú quieras…

— ¿Y tú estás bien del todo?—preguntó Bill alzando al fin la mirada.

—De eso quise hablar con mi médico—contestó Tom sonriendo—Asegurarme de que mi corazón está lo bastante fuerte para poder soportarlo.

Le vio asentir suspirando, y solo pudo quererlo más de lo que ya lo hacía. Se acomodó mejor en el sofá y poniendo un brazo sobre los hombros de Bill le atrajo haciéndolo recostarse contra su cuerpo.

—Me he estado informando—le siguió contando—Quiero que nuestra primera vez sea muy especial y los dos disfrutemos. Y lo más importante, no quiero hacerte daño.

Esperó a que le contestara, pero solo obtuvo un incómodo silencio. No le quiso atosigar más, estaba claro que se sentía algo incómodo hablando de como lo iban a hacer cuando llegara el momento. Lo mejor era dejar el tema a un lado hasta que llegara la gran noche, entonces debían dejarse llevar. Sabrían que hacer con los ojos cerrados.

— ¿Qué tal la mañana?—preguntó cambiando de tema.

—Bien, quitando el incidente del lavavajillas todo ha estado como siempre—contestó Bill, aliviado por el cambio de tema—Dentro de dos noches tenemos una cena importante y mi padre me ha pedido que yo los atienda. Y Andreas hará su mejor especialidad, canelones rellenos de carne con setas.

—Eso es estupendo—comentó Tom cambiando de postura en el sofá.

— ¿Tienes hambre?—preguntó Bill riendo al escuchar su estómago protestar.

— ¿Tú qué crees?—rió Tom—Hasta aquí llega el aroma de los espaguetis y tú no paras de hablar de comida.

—Bajemos antes de que te dé algo—murmuró Bill levantándose.

Tom le imitó, pero antes de poner un pie en las escaleras le tomó de la cintura y atrajo.

— ¿De verdad lo quieres hacer?—preguntó en voz baja.

—Si Tom—contestó con firmeza Bill—Quiero que me hagas el amor.

Tom sonrió y poniendo una mano en su nuca le atrajo a sus labios, apoderándose de los suyos gimiendo desesperado….

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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