He pasado algunos días difíciles adaptándome a mi nuevo empleo y espero, de a poco, volver a mi rutina de publicación más constante. Gracias por seguir apoyando la traducción.

Makes Three” Fic original de Majestrix

Capítulo 32: Parte 1

¿Es la dulzura realmente la respuesta?

No quiero ir.

No quiero que vayas.

Puedo cancelar.

Los dos sabemos que no puedes, pero es bueno pensar en eso —dijo Bill mientras acunaba la mejilla de Tom—. Son sólo un par de días. Estaremos bien —sonrió mientras cubría las manos de su gemelo mientras éstas acariciaban su vientre.

Simplemente no puedo creer que lo haya olvidado —Tom negó con la cabeza y se inclinó para besar rápidamente a Bill otra vez. Estaban en el aeropuerto BerlínTegel y el adolescente rastudo tenía previsto reunirse con Georg y Gustav para poder volar y encontrarse con David en Suiza para otra ronda de entrevistas y sesiones de fotos. Estaría afuera por casi una semana, cuatro días, y el sólo pensarlo ya le daba dolor de cabeza y eso que aún no había dejado el auto.

Yo puedo —bromeó Bill y lo besó de nuevo—. Pero tienes que irte. Ya sabes cómo se pone Gustav cuando no estás en el lugar noventa minutos antes de que el vuelo se vaya. Se pone ansioso y nadie…

Quiere a un Gustav ansioso, sí —terminó Tom mientras asentía—. No quiero dejarte.

Suenas como si fueras a la guerra, rayos, Tom —Andreas giró irritado—. Todos debemos seguir un horario y sé que eres un gran dios del rock, pero no van a retener el vuelo, ¿sabes?

Tom experimentó un breve destello de irritación, pero lo ignoró para deleitarse una vez más en el dulce sabor de la boca de su hermano pequeño—. Él tiene razón, la oficina del doctor está al otro lado de la ciudad —murmuró Bill.

Sí, claro. Dios, no quiero irme —Tom besó a Bill una vez más y golpeó a Andreas en el brazo—. Mantenlo a salvo —advirtió Tom al abrir la puerta del automóvil. El calor golpeó dentro y arruinó la temperatura fría de interior.

Sabes que lo haré —el rubio arrastró las palabras mientras veía a Tom tocar el estómago de Bill reverentemente antes de cerrar la puerta por última vez—. Le dije al cabrón que no cerrara de golpe mi puerta —reflexionó Andreas mientras veía a Tom entrar al aeropuerto lo más discretamente posible.

Sabes que se olvida —la voz de Bill sonó sospechosamente ronca y Andreas giró para ver a su mejor amigo. Detrás de las grandes gafas de sol, Andreas no pudo ver si ya había lágrimas, pero sonaban cerca—. Oye, todo estará bien. Me tienes a mí, ¿recuerdas? —dijo con suavidad mientras estiraba la mano para tomar la del cantante.

Bill asintió y suspiró mientras se frotaba el pecho con cautela. Cada vez que se enojaba, la acidez parecía surgir de la nada y esta no fue una excepción—. Sí, lo sé. Gracias, Andi. No sé lo que habría hecho sin ti.

Me imagino que tratarías de tomar un taxi en casa, para que te llevara a tu cita con el médico —bromeó y miró su reloj—. Tenemos que irnos. ¿Vas a cambiarte al asiento delantero?

¿No quieres llevarme como chofer? —Preguntó Bill altivamente, mientras una pequeña sonrisa adornaba esos labios perfectos.

Por supuesto, pero si estás allá atrás, yo tendré el control de la radio.

Espera, ya voy —Andreas observó a Bill hacer una mueca al salir al calor. Fue un poco cómico verlo intentar y encontrar una manera elegante de sentarse, pero el auto era bajo, definitivamente más bajo que el centro de gravedad de Tom y Bill, y estaba mal equipado para manejar el creciente bulto del bebé. Se movió sobre el asiento antes de finalmente dejarse caer con un chillido—. ¿Estás bien?

Dios, me siento como una ballena —Bill frunció el ceño mientras cerraba la puerta. Instantáneamente, la cabina se volvió más fría y el tinte rojo de las mejillas de Bill comenzó a desvanecerse.

Eres hermoso.

No tienes que decir eso —murmuró mientras salían y se unían al tráfico, cuando salieron de las terminales principales del aeropuerto.

Lo haré hasta que me creas, lo repetiré una y otra vez —dijo en serio mientras miraba el camino. Bill lo miró y sólo sonrió antes de girar para mirar por su propia ventana—. Estaba pensando —dijo el rubio casualmente—. ¿Quieres ir al cine más tarde?

No he ido al cine en mucho tiempo… —Bill soltó un bufido.

¿Entonces, es eso un sí?

Sí. Podría salir una noche, pero que no implique estar de pie por largos períodos de tiempo.

Es una cita —Andreas se aseguró de mantener su tono juguetón y captó la expresión de Bill por el rabillo del ojo—. O una salida de chicos —ofreció.

Suena bien para mí.

&

Están increíbles —Bill prácticamente ronroneó cuando el glaseado de azúcar se le escapó a las manos. No le importó, la dona era suave, cálida, dulce y rica, y nada malo podía pasar cuando algo sabía tan bien. El bebé estuvo de acuerdo y se reclinó en el sofá, se pasó la lengua por los dedos después de consumir el maravilloso dulce.

Así que no le has contado a tu madre —Stephen sonrió ante el total júbilo que Bill mostró al tener una caja llena de donas calientes frente a él. No había tenido tiempo de tomar desayuno y Bill tuvo que ayunar antes de su cita médica, así que estaba más que voraz.

No —respondió Bill mientras negaba con la cabeza y tomaba otra dona. La detuvo a medio camino de su boca y pareció culpable—. ¿Te importa si tomo otra?

Oh, por favor, sírvete, aunque es posible que quieras reducir la velocidad. Te dará mucha energía, pero se acabará en unas pocas horas. Asegúrate de tener algo sustancial para comer.

Sí, lo haré. En este momento, parece que las donas tienen todas las respuestas. No están decepcionadas, ni estresadas, ni presionadas —Bill reflexionó sobre la naturaleza del pastel antes de morderla a la mitad.

Pero se las comen —le recordó Stephen.

Cierto.

De vuelta a tu madre, ¿vas a contarle, o lo hará Tom?

Tomi maneja todos los temas delicados cuando se trata de mamá —Bill tomó una servilleta y sacó tres donas más antes de ubicarse cómodamente en el sofá otra vez.

¿Por qué?

Porque sus manipulaciones de culpa no funcionan con él.

¿Ella ha usado la culpa contigo?

Muchas veces.

¿Por qué funciona?

Porque odio verla molesta o decepcionada —Bill se movió y se frotó el estómago ante una patada especialmente fuerte contra la pared abdominal.

¿Tom no tiene problemas con eso?

Tomi rara vez tiene problemas con algo —Stephen tomó algunas notas en su bloc y asintió.

Entonces, el mudarse es algo bastante grande. ¿Fue idea tuya o de Tom?

Tom lo sugirió y yo acepté. ¿Qué opinas? —Preguntó Bill con curiosidad.

Creo que deberías hacer cosas en tu vida que te den menos estrés. ¿Vivir lejos de tu madre reducirá tu estrés?

Bill sonrió y asintió—. Oh sí, sólo imaginarlo hace que me relaje —sonrió y mordió otra dona.

¿Crees que ella hace esto a propósito? ¿El estresarte?

Bill se alzó de hombros—. No tengo idea. Solía preguntármelo, pero todo lo que hace es darme dolor de cabeza —se lamió un poco de glaseado del pulgar y sonrió—. Pero ha estado mejor desde que salí del hospital. Creo que nuestra abuela la convenció para que se relaje.

Las abuelas siempre son capaces de alejarse un poco, porque ya han pasado por la situación de “dejar que su hijo se haga cargo”. Tu madre todavía tiene que completar ese ciclo. Probablemente siente que necesita pasar más tiempo contigo por tu éxito. Los alejó a los dos muy rápido de ella, antes de lo que inicialmente estaba preparada.

No lo había visto de esa forma —admitió Bill mientras miraba hacia el espacio.

Eres un niño, ¿por qué lo harías? —Bromeó Stephen suavemente. Bill levantó la vista y le dio una sonrisa brillante y le hizo sentir cálido por todas partes. Esa era la clave del encanto del chico. Su sonrisa no sólo iluminaba una habitación, sino que te hacía sentir especial.

Hey, tengo dieciocho. Soy un adulto.

¿Te sientes como un adulto? —Preguntó Stephen con curiosidad.

Bill abrió la boca y la cerró, tomado con la guardia baja—. No.

¿Sabes por qué?

Bill negó con la cabeza—. Nop.

Simplemente… no lo sientes.

No me siento diferente de los diecisiete a los dieciocho. Tom y yo nos sentábamos y hablábamos de lo diferente que nos sentiríamos cuando cumpliéramos los dieciocho. Seríamos Adultos —sonrió—. Con mayúscula.

Por supuesto —Stephen sonrió—. No eres el único que se siente de esa manera. Demonios, recuerdo haberme sentido así cuando tenía tu edad. A veces, incluso ahora no me siento como un adulto. Creo que es un efecto secundario de tener un trabajo que realmente amas. La mayoría de las personas asocian la adultez con facturas que no les gustan y un trabajo que odian.

Amo mi trabajo. Tengo que recordarme a mí mismo que es un trabajo incluso cuando he estado despierto durante casi veinticuatro horas y me tomo aproximadamente una hora al día para comer. Es que es tan emocionante pararse frente a todos y cantar y escucharlos cantar contigo. Pero ahora, probablemente ya se acabó —dijo tristemente mientras empujaba con enojo, la última dona.

Estoy seguro de que esos pocos no representan a todos tus fans.

Son pocos, pero muy habladores —Bill se cruzó de brazos y miró hacia otro lado—. Me siento como un fracaso, como si hubiera algo que podría haber hecho para evitar esto.

Stephen detuvo su lápiz y frunció el ceño—. Bill, mírame. Bill —el cantante finalmente obedeció—. Eres un chico, ¿cómo se supone que sabrías que podías quedar embarazado? La gente es estúpida y debes ignorarla.

¿Es esa tu opinión médica? ¿La gente es estúpida? —Bill esbozó una pequeña sonrisa.

Por experiencia sabes que una persona es inteligente, amable y solidaria, las personas son animales tontos y locos que desgarran algo antes de descubrir lo que es —Stephen cruzó las piernas y tocó la rodilla sobre sus pantalones.

Sí —Bill había visto a un grupo de chicas casi destruirse una a la otra para agarrar un objeto que la banda había arrojado al público. Los guardias tuvieron que separarlas, pero no antes de que se hubieran causado lesiones mutuas. Todo por una toalla sudada—. Oh, tuve un sueño de lo más extraño —dijo Bill mientras se movía. No podía creer que casi se había olvidado de contarle.

¿Lo recuerdas? —Stephen estaba algo sorprendido ya que el adolescente de pelo negro le dijo que nunca podía recordar sus sueños.

Sí, este fue muy extraño. Estaba en una iglesia y… —Bill se detuvo mientras buscaba a tientas el recuerdo—. Mierda. Lo tenía —dijo con suavidad, mientras hacía una mueca. Estaba en su cerebro tan claro como el día y ahora ya no lo podía recordar—. Simplemente lo tuve…

Está bien, volverá —Stephen sonrió tranquilizadoramente.

Sí, supongo —Bill frunció el ceño, su estado de ánimo de nuevo decayó. Odiaba cuando no podía recordar algo que acababa de pensar.

Entonces —dijo el terapeuta alegremente para sacar a Bill de su emergente melancolía—. Veo que Tom no te trajo hoy. ¿Cómo está Andreas?

Él está bien.

¿Cómo está manejando su nueva fama?

Bill se encogió de hombros—. No es tan diferente de cuando simplemente nos conocía. La gente solía seguirlo para tratar de entrevistarlo o sobornarlo para que les diera cosas de nosotros. Nada ha cambiado, realmente.

¿Así que sigue adelante como si nada hubiera pasado?

Él ha recibido algunas preguntas difíciles. ¿Por qué no está pasando más tiempo conmigo? y mierdas como esa, pero honestamente, nos vemos mucho y no estoy interesado en él románticamente. Tengo a Tom, pero nadie más lo sabe —se lamentó Bill.

¿Cómo está Tom?

Bill se iluminó ante el cambio de tema—. Él está bien, tuvimos que dejarlo en el aeropuerto esta mañana. Va a estar fuera por casi una semana.

¿Así que Andreas se ocupará de ti mientras él está fuera? —Stephen de nuevo detuvo su escritura y miró a Bill.

Supongo que sí. Quiero decir, él se asegurará de que llegue a donde tengo que estar, y me hará compañía —Bill se rió—. Supongo que sí. No lo había visto de esa forma.

Cuando has sido amigo de alguien por tanto tiempo, a veces te olvidas de los pequeños sacrificios que se suman a los grandes sacrificios. Asegúrate de que sepa que lo aprecias y así evitarás problemas en tu relación más adelante.

Lo tendré en cuenta —Bill eructó, no tan delicadamente, detrás de una mano manicurada—. Lo siento —se sonrojó.

No hay problema. No se lo digas a nadie, pero tengo una paciente, pobre mujer, que tiene el peor problema de gases conocido por el hombre y no puede dejar de tirarse pedos. Con todas nuestras sesiones, ella va a quemar un agujero en el sofá. Pero está bien, ya lo reemplazaré.

Bill se rió, pero recordó sus propios ataques de gases y se calló de inmediato—. Eso no es gracioso —murmuró, pero no pareció convencido por el sonido de la risa que se escapó.

Claro que lo es. El embarazo presenta algunos de los síntomas más ridículamente vergonzosos para una persona y si no ganas sentido del humor con todo eso, te acurrucas y quieres morir. Créeme, mi esposa no podía abrir la boca sin eructar. Recuerdo algunas veces que eructó directamente en mi boca. Me dieron arcadas y ella se sentía tan mortificada que no se volvía ni para mirarme.

Oh, no —se rió con lástima—. Eso es horrible.

Sí. Estaba tan sorprendido que no sabía qué hacer, así que me eché a reír. Parecía que quería pegarme, pero no pude evitarlo y pronto se dio cuenta de lo loca que era la situación y comenzó a reírse conmigo. Desde ese momento, prometimos que no tomaríamos el embarazo demasiado en serio y tampoco deberías hacerlo tú.

Okey —el vocalista se sintió algo mejor por sus pedos silenciosos, pero mortales. Bill no estaba muy seguro, pero creía que estaban empezando a pelar la pintura en su habitación. Recordó el tema en el que estaban antes de desviarse y sonrió—. Pero Tom dice que está bien. Todo el maldito asunto de su nariz sangrante fue una casualidad y le hice prometer que me diría si sucedía de nuevo.

Estoy seguro de que lo hiciste, pero ¿realmente lo hará? —Preguntó Stephen con curiosidad.

Bill bufó—. Por supuesto, él me cuenta todo.

Estoy seguro —el doctor garabateó algo en su libreta de nuevo.

Lo hace —agregó Bill a la defensiva.

No dije nada en sentido contrario, Bill —dijo Stephen mientras levantaba la vista—. No estoy refutando tu palabra, ¿de acuerdo?

Está bien —Bill se cruzó de brazos y asintió. Tom le contaría si tenía sangrado de nariz crónico. Él le diría si algo estaba mal—. Sé que lo haría —murmuró.

& Continuará &

Chan, chan, chan, pero nosotros sabemos que Tom no le cuenta todo para no estresarlo más, cosa que estresa al mismo Tomi, porque esos sangrados de nariz son puro estrés, ¿no creen? Gracias por el apoyo. Besos y hasta pronto.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

5 comentario en “Makes Three 32: Parte 1”
  1. Esa sesión con el dr fue linda, me gustó
    Lo siento pero Andreas no me agrada del todo. Los k no lo ven ahora pero me temo que llegará a ser un dolor en el trasero.
    Tom, otro que también se estresa y creo que con justa razón.

  2. Lo de que los pedos estan empezando a pelar la pintura de su habitación me ha matado Jajajaja El psicólogo es un hombre genial, creo que le hará mucho bien a Bill

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