Hoy alguien descubre el secreto de la paternidad de Tom, chan, chan, chan ¿quién lo hará? Pues a leer.

Makes Three” Fic original de Majestrix

Capítulo 32: Parte 2

¿Es la dulzura realmente la respuesta?

Hombre —Tom abrió los ojos y miró a Gustav con ojos turbios.

—¿Qué?

—Tu nariz está sangrando —el baterista le entregó unas cuantas servilletas con el ceño fruncido.

Tom las agarró y las apretó contra su cara mientras maldecía. Al menos no estaba tan mal, y miró hacia abajo para asegurarse de que nada hubiera caído en su camisa o en el iPod en su regazo. No notó que Gustav continuaba mirándolo mientras apoyaba la cabeza contra la fría ventana y encendía su dispositivo hasta que ni siquiera pudo oír el zumbido de los motores debajo de él. Se preguntó qué estaría haciendo Bill en este momento.

&

Lily abrazó a Bill tan firmemente como pudo y le dio unas palmaditas en la mejilla—. No dormiste bien anoche, ¿verdad? —le preguntó deliberadamente mientras deslizaba su pulgar sobre las bolsas de su ojo derecho. Su nieto se retorció y negó con la cabeza.

—Terminé hablando con Tom después de que terminó su primera entrevista y no pude volver a dormir. No tuve corazón para colgarle. Así que simplemente me acosté en la cama y rodé un poco —dijo tímidamente—. No quiero que te vayas abuela, ¿quién más va a hacer muffins de cerezas como tú y me quitará a mamá de encima? —susurró la última parte cuando Simone entró por la puerta.

—Estarás bien, le metí una píldora “relájate” en la garganta de tu madre —Lily sonrió mientras lo tranquilizaba—. Quiero que te cuides y no te olvides de tomar tus vitaminas prenatales.

—No lo haré —sonó el teléfono de Bill y se lo quitó del cinturón para mirar la pantalla—. Es Andreas. Su madre lo está molestando porque no pasa suficiente tiempo conmigo —gimió y se metió el ofensivo dispositivo en el bolsillo.

—Bueno, ella puede irse a la mierda, ¿no es así? —dijo Lily en voz baja y Bill soltó un bufido y se rió con fuerza.

—Oh, Dios, abuela, si tan sólo fuera posible —soltó una risita.

—Sí. Bueno, ambos sabemos que no es el bebé de Andreas, ¿verdad? —dijo en voz baja. Bill de inmediato paró de reír y parpadeó.

—… ¿Qué? —Chilló.

—Me escuchaste. Descubrí lo tuyo y de Tom hace unos tres años cuando vine de visita. Ustedes dos pensaron que todos se habían ido a la cama, pero yo quería otro trozo de tarta y cuando salí de mi habitación los vi besarse como si el mundo se fuera a acabar. Me di la vuelta y volví a la cama.

—Oh, Dios —Bill exhaló mientras se agarraba el estómago—. Creí haber escuchado un ruido y Tom me dijo que estaba imaginando cosas…

—No, no te imaginaste nada.

—Oh, Dios —repitió de nuevo—. ¿Por qué no nos delataste?

—Lo pensé —admitió Lily—. No dejaba de decir que lo haría, pero luego me fui y me dije que llamaría a tu madre y que se lo contaría, y pasó un mes y me di cuenta de que no podía. Yo simplemente… no podía. Aunque al principio me rompió el corazón, tuve que darme cuenta de que no puedes elegir a quién amas —ella lo envolvió en otro abrazo y lo besó en la mejilla—. Cuídate y mantén sana a mi nieta o te patearé el trasero.

—Sí, abuela —Bill se secó las lágrimas de los ojos e intentó no mojar la camisa.

—Bien. Ahora voy a orar para que tengas fuerzas. Sé que no crees en Dios —dijo mientras levantaba la mano ante las objeciones de su nieto—, pero de todos modos voy a rezar por ti. No conozco a nadie en el planeta que quiera rechazar un poco de fortaleza. Además, la necesitarás el doble cuando Tom no esté cerca.

—Mamá, tenemos que irnos o el tráfico empeorará —Gordon asomó la cabeza en el dormitorio de invitados y sonrió—. Está todo cargado.

—¿No eres la criatura más dulce? —Lily elogió al padrastro de Bill mientras daba unas palmaditas en el brazo del chico—. Me alegro de haberte dejado un pastel de manzana en la nevera.

Gordon abrió los ojos y sonrió—. Voy a servir una porción para llevar conmigo en el camino a tu casa —dijo mientras desaparecía.

Bill sonrió afectuosamente al espacio que su padrastro acababa de dejar vacante y giró hacia su abuela—. Gracias, en serio. Por todo.

—Si no es para ti, ¿entonces para quién? —Lily le acarició el vientre una vez más y salió de la habitación. Bill la siguió y observó a su madre y abuela mientras intercambiaban abrazos y besos y se prometían verse más, antes de que Gordon se llevara a la mujer mayor por la puerta y se metieran en su coche.

Simone lo miró y sonrió antes de regresar a la cocina para terminar la cena. Se sorprendió al ver que Bill la había seguido y por la expresión de su rostro sabía que tenía algo que quería decir. La experiencia le había enseñado que asustaría a Bill si intentaba entrometerse, por lo que continuó cortando el tomate para la ensalada de esa noche y escuchó como su hijo se movía inquieto.

—¿Mamá?

—¿Sí, cariño? —Preguntó con indiferencia.

—Tom y yo nos mudaremos —dijo con firmeza y ella casi deja caer su cuchillo en el fregadero. Simone no se dio vuelta hasta que tuvo su respiración bajo control para poder estar tranquila frente a tales noticias. ¿Sus bebés querían dejarla? Por supuesto, salían de gira cada dos meses, pero esto era diferente. Cuando salían de gira, su hogar era diferente de la casa en la que crecieron la mayor parte de sus vidas. No era con ella y Gordon. Tenían sus propias vidas en su propia casa. Simone se tragó el nudo en la garganta y trató de hablar normalmente.

—¿De verdad? ¿Cuándo?

—Tan pronto como sea posible, tengo que establecerme antes de que llegue el bebé, porque no creo que tenga ganas de mudarme entonces —Bill se acomodó en una silla y tomó una manzana del frutero.

—¿Por qué? —Preguntó lentamente la mujer.

Bill se encogió de hombros—. Muchas razones.

—¿Soy yo una de ellas?

—Sí —admitió.

Simone se mordió el labio y tiró su paño de cocina en el fregadero—. ¿Han encontrado un lugar? ¿En qué barrio?

—Estamos buscando en Berlín —respondió Bill en voz baja.

—Berlín. ¿Berlín? ¿Sabes qué tan lejos está? —No pudo evitar chillar.

—Si, lo sé. Tengo que viajar allí cada vez que voy al médico. Quiero estar más cerca y siempre he querido vivir en una gran ciudad. Ahora puedo —Bill se frotó las sienes en un intento de contener un dolor de cabeza. Por lo menos, podría superar esta conversación antes de sucumbir al dolor inevitable—. Por favor, no hagas esto más difícil de lo que ya es —susurró.

—Lo siento. No quise molestarte —contestó rápidamente Simone—. Es sólo que… me tomó por sorpresa. Vienes aquí como si quisieras hablar sobre el clima y me dices que mis muchachos se van a mudar y además tan lejos. ¿Podré ir a visitarlos?

—Vamos, mamá, claro que podrás visitarnos, sólo asegúrate de llamar primero —sonrió vacilante.

—Este bebé te ha cambiado —dijo en voz baja.

—¿Qué quieres decir?

—Hace un par de meses, habría sido Tom el que me dijera que ustedes dos se iban a mudar.

Bill sonrió y se levantó de la silla torpemente—. Estoy aprendiendo que no debería depender de Tom para todo.

&

—Ha estado actuando como un idiota durante todo el viaje —gruñó Georg mientras tomaba un trago de cerveza. Gustav exhaló ruidosamente y se encogió de hombros.

—Al menos casi hemos terminado.

—Pero si no está fumando como chimenea o durmiendo como piedra, está discutiendo con la gente. Ni siquiera es como el verdadero Tom; cuando está molesto, se queja y se queja de ello hasta que lo saca de su sistema —el bajista apoyó los pies en la barandilla de piedra del balcón que les permitía tener una bella vista de Zurich—. Me pregunto qué se le metió en el culo.

—Probablemente está preocupado por Bill. Creo que ha dejado de salir.

—Me sorprendió cuando se negó rotundamente a venir con nosotros al club. Quiero decir, ¿cuándo fue la última vez que viste eso? —Georg cerró los ojos y se reclinó en su silla—. Toda esta situación está medio jodida.

—No me extraña que Tom se sienta raro. Su hermano gemelo está embarazado del bebé de Andreas.

—Y eso es otra cosa —dijo Georg mientras retiraba los pies y se sentaba en su silla—. ¿Por qué Bill pensó que tenía que mantener a Andreas en secreto? Conocemos al tipo, es amable y conoce a los dos idiotas más de lo que nos conocen a nosotros. No hay de qué avergonzarse.

Gustav se sonrojó y miró hacia otro lado—. Sí, a veces terminas teniendo sentimientos que no sabías que tenías por tus amigos —dijo encogiéndose de hombros y cubriendo su sonrisa con un largo trago de su cerveza.

—Exactamente, ¿entonces, qué hay de malo? Tal vez no se sentía cómodo con su sexualidad.

—Señor mujeriego, cosas más extrañas han pasado —respondió el baterista después de un momento.

—¿Crees que estarás listo para escoger a una señorita suiza esta noche? —Georg miró al rubio con un brillo en los ojos.

—Creo que estoy de humor para una morena tetona.

Estás hablando mi idioma. Vamos, vamos a arrastrar a nuestro lamentable guitarrista con nosotros.

& Continuará &

Chan, chan, chan, los G’s tienen las mejores intenciones, pero nosotros sabemos que sacar a Tom a un club sólo causará problemas. ¿Creen que acepte o no? Pues para averiguarlo los invito a seguir leyendo la traducción.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

3 comentario en “Makes Three 32: Parte 2”
  1. Wow!!! La abuela lo sabe eso me sorprendio bastante. Me alegro que no dijera nada y aunque ya ha pasado bastante tiempo, acepta la relacion de sus nietos. Creia que Simone haría un mega drama pero no paso así o tal vez se esta conteniendo. Definitivamente creo que nada bueno pasara si llevan a Tom de fiesta.
    Nos leemos en el proximo, saludos 😊

  2. Oh Lily gracias por ser considerada, por ser una gran abuela y amar a tus nietos! No creo que desde el descubrimiento haya querido delatarlos , se ve que le costó trabajo pero es más importante el amor a sus nietos. Y Simone pues fue más madura y acepto su mudanza.
    ¿porqué la gente es necia? Si Tom dice que no quiere salir porqué no respetan su decisión? Cryyyyyyy no quiero que haya problemas entre los kaulitz, nooooo u.u

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