Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 10: Cita y lágrimas
Por Tom
Flash back:
01 de septiembre del 2001.
—¿Aló? ¿Quién habla? —Tom enmudeció, sabía de quien era la voz. Una voz muy fría y reacia, la voz de una señora que él debía llamar madre, pero no lo hacía, ¿cómo llamar madre a alguien como ella?
—Yo… yo… —No pudo seguir, sentía que la voz se le apagaba, sus manos temblaban, no esperaba que esto sucediera…
—Quien quiera que sea, le diré una cosa, no quiero que moleste a Bill, él está muy bien, deje de intentar llamar tanto, ¿me entendió? ¿Cree que su número no queda registrado aquí? Sé de donde está llamando, seguro eres Jörg, ¿no? Cobarde, deja de atormentar mi vida y la de Bill justamente hoy en su cumpleaños, ¡déjanos en paz! —Cómo podía ser así de insensible, se preguntaba Tom. ¿Acaso ella no sabía que también era el cumpleaños de él, su otro gemelo, su otro hijo?
—Soy Tom…— Y colgó el teléfono. No pudo evitar llorar al momento que se llevó las manos a los ojos, secando las lágrimas que brotaban de sus ojos de la simple frustración de no poder gritarle por todo el rencor que le tenía. Para muchos, madre significa afecto, amor, protección, pero para Tom una madre, específicamente Simone, no significaba nada más que desprecio. Su padre y su tía lo criaron, él estaba muy agradecido de eso. Él nunca tuvo la curiosidad de hablar con Simone, de conocerla de buscarla. Después de esa llamada todo para él estaba claro, Simone había muerto para él.
Fin del flash Back
.
Habíamos salido a nuestra primera cita. Estaba muy entusiasmado por hacer conocer a Bill algunos lugares de Bremen que eran especiales para mí… Él accedió a salir conmigo, aunque temeroso por lo que le había pasado en la mañana, pero esta vez iba yo con él. No dejaría que nada malo le pasara si estaba a mi lado, primero tendrían que pasar sobre mí…
Íbamos en mi auto, le tenía una linda sorpresa.
—El otoño es muy lindo aquí—dijo sonriendo, sin despegar la mirada de la ventana—¿A dónde me llevas, Tomi?
—Es una sorpresa, ya verás.
Había un río cerca, uno cristalino, precioso, solía ir con mi papá de pesca, era un lugar ideal para conversar y pasar un tiempo juntos. Me estacioné al borde de la carretera y lo invité a salir.
—Bien, llegamos —Teníamos que bajar un poco hasta llegar a la orilla, habían piedras para sentarse, y miles de hojas de colores adornaban el suelo, estábamos muy bien abrigados, el aire era gélido. Tome a Bill de la mano y lo conduje por el camino.
—Tom, este lugar es increíble, gracias por traerme—. Se pegó más a mí…. Me sentí nostálgico, aún estando él conmigo yo ya lo extrañaba, ¿qué pasaría cuando esta noche se fuera? ¿Cuándo volveríamos a vernos?… Olvidando todas las preguntas que pasaban por mi mente lo tomé de la cintura y lo alcé, él se apoyó en mis hombros riendo, no habíamos jugado así nunca, ahora había más libertad, nadie nos molestaría. Y quería saber más de él.
—Ahaha, Tom me haces cosquillas, bájame—Me pidió riéndose, su risa era tan hermosa, sonaba tan suave, tan pacífica.
—Como ordenes mi conejo— Lo solté, pero él me tenía agarrado de los hombros, terminé por perder el equilibrio y caí junto con él en su encima.
—Lo siento Bill, ¿estás bien? —Pregunté preocupado preocupado, pero él seguía con esa sonrisa en sus labios y aún me tenía agarrado de los hombros, me rodeó con sus brazos lentamente, sin despegar su mirada de la mía y luego acercándose sutilmente me besó… era delicioso, y suave, me trasmitió calor pese al frío que hacía.
—Estoy perfectamente Tomi, contigo así me siento flotar—. Le di un ligero beso, le miré sonriéndole.
—¿Flotar? Aún estando debajo mió— él asintió y me abrazó aún más fuerte…
Rocé con la punta de mi nariz su largo cuello, pude sentir como se estremecía, le di un pequeño beso en esa zona, la respiración de Bill empezaba a aumentar, aún así me dejaba besarle ahí, con mis manos le jalé la polera que tenía y bajé un poco más para besar su clavícula, su piel era tan suave, sentía que se erizaba ante mi tacto. Empecé a excitarme sin control. Deslicé una de mis manos por debajo de su abrigo (mi chaqueta en realidad) lo sentí temblar, él estaba jadeando, lo besé con pasión, un beso húmedo, él abrió su boca y nuestras lenguas se juntaron, tenía un piercing, no lo había sentido antes cómo lo sentía ahora, con una mano lo tomé del cuello, profundizando más el beso, con cuidado claro, él tenía una herida. Bill gemía contra mi boca, sentí que iba a explotar, mientras mi otra mano recorría su vientre, sentí a Bill excitado igual que yo, empecé a moverme contra su cuerpo, no lo podía evitar.
—Tom… ahh—Bill gemía, tenía sus manos fuertemente agarradas a mis hombros, me empujó un poco hacia atrás. Al separarme de él, lo miré detenidamente, era tan lindo con ese rubor y los ojos brillantes, jadeando entre mis brazos —Tom… no podemos aún… si no te detienes… terminaremos haciendo una locura…
—¿Algún día lo haremos? —Se ruborizó aún más y me sonrió.
—Sí, claro que sí, pero no hoy, no ahora, yo necesito tiempo… —Claro que lo entendía, eso debía ser especial, lo besé muy suave.
—Todo el tiempo que quieras —Me recosté junto a él encima de aquellas hojas, el cielo era gris pero no importaba si estaba con Bill, él apoyó su cabeza encima de mi pecho y me sentí embriagado con el olor de su cabello, era exquisito…
—Bill… ¿Por qué te pintaste el cabello de negro?
—Quise ser diferente y tú, ¿por qué tienes rastas?
—Quise ser diferente también— Aunque estuviéramos separados teníamos cosas en común.
—Sabes, me pondré un piercing, cuando vengas lo verás— alzó su cabeza y me miró sorprendido.
—¿Tú con piercing? ¿Dónde te lo pondrás? —Me miró curioso.
—Haha, no te lo diré, será una sorpresa, digamos que es para que vuelvas más rápido— Me sonrió de lo más tierno.
—Pues volveré corriendo—Me besó.
Caminamos cerca del río tomados de la mano, jugamos a pedir deseos, lanzábamos piedras al agua, corríamos por entre las piedras, el cielo empezó a oscurecerse, y gotas de lluvia empezaban a caer, yo amaba la lluvia, pero Bill corrió hacia mí desesperado como un niño y me abrazó como buscando protección.
—Tomi va a llover, debemos irnos.
—¿Irnos? Pero si la lluvia es la parte divertida, ¿es que nunca has bailado bajo la lluvia? —Se quedó callado, mirando al suelo, un poco confuso.
—No. Me voy a mojar.
—¿Y? para eso es la lluvia, para mojarse.
—Pero Tom, me puedo resfriar, la ropa no secará, cómo regresaré todo mojado— Era Simone, Simone lo había criado así.
—Bill, a veces nos perdemos del arco iris cuando huimos de la lluvia… te moja pero no te mata, mírale el lado bueno a las circunstancias… —Me miró curioso.
—Sí Tom, tienes razón, perdona —me abrazó y esperamos la lluvia.
—No tienes que pedir perdón, ven regresemos —Sin apresurar el paso, en plena lluvia regresamos a mi auto, eran como las 6:30 de la tarde, a sólo dos horas de su partida, sentí un nudo en la garganta mientras manejaba. Bill tenía apoyada su cabeza en el cristal de la ventana, no había dicho nada desde que partimos rumbo a casa, qué estará pensando… y sólo lo supe cuando me dirigió la mirada, frené inmediatamente, Bill tenía los ojos llenos de lágrimas. Paré el carro y lo miré atónito. Pero cuando se lanzó a mis brazos llorando comprendí perfectamente lo que pasaba, esta vez no aguanté y me quebré al igual que él…
—Tom, voy a extrañarte demasiado… —Lo abracé con más fuerza… No tenía voz para contestarle, no quería que supiera que estaba llorando. —No quiero irme, en realidad no quiero.
—Lo sé Bill, tampoco quiero que te vayas— Si existiera alguna forma de hacerlo quedar, haría que se quedara, pero esta vez simplemente no teníamos opción.
—En sólo horas Tom, en sólo horas me he enamorado de ti… sniff… y duele, duele demasiado… —También lo sentía así, debía haber una forma de hacerlo quedar…
—Bill, ¿existe alguna posibilidad de que te quedes?
—No, mamá se molestaría, tengo escuela este lunes, y tantas cosas más… yo… es difícil Tom, pero regresaré el otro fin de semana, no me será difícil viajar, ¿estaremos comunicados verdad?
—Sí, tranquilo, yo trataré de llamar —Sequé sus lágrimas y me vio a los ojos.
—Tomi, estás llorando.
—Igual que tú— besé su frente y lo consolé hasta que se calmó, tal vez era el último momento que teníamos para estar así, juntos.
Al regresar a la casa ya era de noche, no había ánimos para cenar, ninguno de los dos quería comer, queríamos pasar todo el tiempo juntos, mi padre aún dormía. Hasta que Bill mencionó algo, algo que no quería que mencionara en su visita…
—Tom, nuestra madre vendrá, y ella quiere saludarte, me dijo que te dijera que te extrañaba mucho, lo siento por decírtelo recién ahora— No, eso era lo que temía, no quería verla, pero tampoco quería entrar en conflictos con Bill, no justo ahora que estábamos tan bien.
—Bill yo… yo debo salir antes de que ella venga, tengo… — Vamos Tom, una excusa— Sí, yo tengo que ir a visitar a mi tío Henry, se lo prometí, y él duerme temprano así que tiene que ser ahora. —él se puso serio.
—¿Es por la hija de ese señor no? ¡Te urge verla! La tal Heidi ¿Crees que no me doy cuenta? —Pues no se daba cuenta, no quería decirle que detestaba a Simone, que ella no era una madre para mí, que no quería verla.
—Bill, ya hemos hablado de eso, ella no me importa, en serio, la cosa es que no podré ver a tu mamá— Y su mirada fue de enojo; oh, no Bill, entiéndeme por favor. Empecé a ponerme nervioso, nunca lo había visto así, tampoco es que haya tenido muchas oportunidades de hacerlo, pero su mirada de enojo era dura, me intimidaba un poco verlo así…
—¿Mi mamá? Nuestra madre Tom, ella te quiere ver, yo llamo a tu padre «papá» ahora, no le tengo ningún rencor después de años, años de no saber nada de ustedes, de que no llamen de que no les importe ¡Y tú hablas de mi madre como si no fuese nada tuyo! — Ahora si las cosas se ponían muy feas. No Bill, no en nuestra última hora juntos, el corazón se me contrajo, quería decirle tanto pero ella era su madre, sea como sea ella, él la quería, yo no iba arruinar el concepto que tenía de ella, yo no iba a contarle toda la verdad en este momento.
—Ella no es nada mío, lo siento, no quiero verla, no ahora Bill, por favor, no arruines los últimos momentos que nos quedan juntos— Y algo en su mirada cambió, se dio cuenta que me estaba presionando. Se me acercó y me abrazó.
—Lo siento Tomi, no quise presionarte, sé que es difícil para ti, después de tantos años, pero habrá tiempo para que la conozcas, ella tiene sus errores como todo ser humano, pero ella es buena, en serio lo es… —Quise creer en sus palabras, pero para mí ella era un monstruo, no debería considerarse madre. Pero no debía decirle eso, no a mi Bill.
—Bill, debo irme, ella llegará en cualquier momento— Me abrazó con mucha fuerza. Y mi padre salió de su habitación.
—Hijos, cómo les fue el paseo— preguntó mientras nos separábamos.
—Buenas noches papá, Tom me ha llevado a un lugar hermoso cerca al río, habían árboles, en verdad lo disfruté mucho.
—Que bueno hijo, tu madre no tardará en venir, pero recuerda que eres más que bienvenido, de alguna manera perteneces aquí también, puedes venir todas las veces que quieras.
—Gracias papá, yo vendré la otra semana, lo juro— Me miraba, él era precioso. Pero tenía que irme o Simone me encontraría en casa. Pero ella se adelantó, el sonido de su auto aparcando cerca de la casa hizo que mi padre y yo nos miremos con complicidad. Era el tiempo de despedirse, no quería llorar, no delante de Bill y de mi padre, debía ser fuerte.
—Es tiempo hijo, sabes, prefiero quedarme aquí con Tom, espero que entiendas, queremos evitar algún conflicto— Bill bajó la cabeza y asintió, el claxon del carro de Simone comenzó a sonar —Voy por tus cosas— Mi padre fue a mi habitación a sacarlas.
—Tom… espérame, regresaré en poco tiempo, lo juro— Lo abracé, lo besé, era el último beso, fue el más intenso, con desesperación, al borde de las lágrimas. Nos separamos al escuchar a mi padre salir de la habitación.
—Ten Bill, tus cosas, no olvides lo que hablamos en la tarde, del trato, ¿lo recuerdas?
—Sí, no diré nada, ustedes me han cuidado más de lo que yo me merecía, no tengo nada de qué quejarme, muchas gracias por su hospitalidad— empezó a llorar. No Bill, no lo hagas más difícil…
—Tranquilo hijo —Mi padre lo abrazó, con su típico cariño paternal que tanto adoraba, mi padre había sido siempre así conmigo. El maldito claxon no dejaba de sonar. Bill me abrazó y me susurró al oído:
—No me olvides Tomi… y no olvides lo mucho que te quiero, esto es sólo un hasta luego… —No diría nada, no podía decir nada o me pondría a llorar. Debía ser fuerte.
Mi padre abrió la puerta y yo le puse la capucha de la chaqueta mía que él tenía puesta.
—No vayas a llorar Tomi, la cuidaré por ti… —Refiriéndose a la chaqueta y avanzó hacia la puerta, dio vuelva y se despidió con la mano, ¿se habría dado cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas? Aguantaba lo más que podía para que no viera cuanto me dolía todo esto.
Salió rumbo al carro con su mochila. Al cerrarse la puerta mi padre me abrazó y lloré como nunca antes lo había hecho, el dolor era insoportable, desde ese momento no me importaría nada hasta volver a tener a Bill en mis brazos…
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Por Bill:
La puerta se cerró y pude escuchar a Tom llorar, me partió el corazón, no podía soportarlo más, corrí hacia el carro de mi madre, ella salió a mi encuentro.
—¡Santo cielo Bill! ¡Qué te han hecho! ¿Por qué lloras? — Me dijo mientras la abrazaba, necesitaba consuelo, ella era mi madre al fin y al cabo, lloré, aferrado a su chaqueta, no podía evitarlo…
—Nada mami, nada, son geniales, estoy llorando por la emoción de verlos, en serio.
—Cariño y esta ropa, pareces un pandillero, qué pasó con tu labio, ¿te golpearon? — Mi madre era campeona en impertinencia.
—Ma, basta, nada de eso, un simple accidente culpa mía… dime que regresaré, dímelo por favor— necesitaba escucharlo, necesitaba tener esperanzas.
—Claro cariño, regresarás cuando quieras.
Subí a su auto, el camino de regreso sería el más horrible de mi vida. No pude dormir pensando en todo lo que había pasado…
Yo regresaré Tomi, lo juro…
Continúa…
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