Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 11: Semanas
-SEMANA 1-
Por Bill:
—¡Donde está! —Salí corriendo de mi cuarto más que molesto, alguien había entrado a hurgar mis cosas. No tenía privacidad en esta casa.
—Hijo, ¿qué pasa? —Preguntó mi madre en un tono preocupado.
—Mis cosas mamá, ¡quién ha tomado mis cosas! ¿¡Por qué entran a mi cuarto sin permiso!? —Grité, estaba muy molesto.
—Bill, es jueves, ¿recuerdas?, hoy viene Lucy a limpiar y lavar la ropa, claro que tiene que entrar a los cuartos —dijo de lo más tranquila y yo por el contrario me aterré de lo que podía pasar, ¡cuantas de veces les había dicho que no tocaran mis cosas!
—¡Maldición! — Y corrí desesperado hacia el cuarto de lavado mientras mi madre me gritaba un montón de sermones. Llegué al cuarto agitado, miré las maquinas de lavar ropa todas funcionando. Caí de rodillas al suelo, resignado, el olor de Tom iba desapareciendo en esas maquinas, yo dormía con su chaqueta todas las noches y tenía su pañuelo en la mesita de noche, mi nuevo tesoro.
—Joven Bill, ¿está usted bien? —Lucy se acercó a mí preocupada, me volteé a verla y le dedique la mirada más fría que tenía.
—¡No! ¡No lo estoy! ¿Por qué entraste a mi cuarto? ¿¡Dónde está mi chaqueta negra de capucha y el pañuelo celeste!?
—Oh, lo siento, pensé que era ropa sucia joven, y el pañuelo tenía una mancha de sangre, todo se está lavando ahora— Mi desesperación fue tal que la tomé por los brazos y la sacudí, justo cuando mi madre entraba al cuarto de lavado con cara de espanto.
—¡Santo cielo, Bill! ¡Qué le haces a Lucy! ¡Suéltala!
—¡Devuélveme mis cosas! — Grité desesperado.
Horas más tarde estaba castigado… Ese fin de semana no vería a Tom. Me encerré en mi habitación todo el sábado, todo el domingo. En las noches salía a comer y regresaba a mi habitación a pensar en Tom…
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Por Tom:
—Gustav, amigo, ¿cómo estás? — Fui a visitar a mi gran amigo Gustav él vivía en una de las casas rodantes de aquí con su madre, íbamos a la preparatoria juntos. Debía pedirle un favor.
—Ese Tom, pasa, ¿vienes a jugar video juegos?
—No en realidad vengo por otra cosa, tú sabes poner piercings, ¿no? ¿Tienes algunos de muestra?
—¿En serio Tom? ¿Quieres ponerte un piercing? ¿Y ese cambio? Creí que los odiabas— Antes los odiaba, pero ahora que Bill tenía dos, quise hacerme uno. Me mostró varios tipos, yo quería uno en el labio, cerca de la comisura, así estaría como Bill con aquella venda, así nuestros besos estarían a par.
—De seguro es por Heidi, ¿no? —Me miraba de reojo.
—Gustav, sé que Heidi se acostó contigo, ella me lo cuenta todo, deja de disimular, Heidi es sólo una amiga mía, es mi hermana.
—Entonces, ¿no te importa si salgo con ella? —Comencé a reír.
—¡Para nada!
Regresé a casa con mi nuevo piercing, estaba ansioso por saber noticias de Bill, mi padre había llamado a su casa y confirmaría su regreso. Ya en casa mi sufrimiento aumentó.
—¿Qué te hiciste en el labio? — Preguntó mi padre que al verme notó mi piercing y de su típica cara serena pasó a una de enojo.
—Hum, un piercing, ¿no ves?… vamos papá dime qué dijeron, Bill ¿viene?
—Hijo, él está castigado, Simone no me dio explicación, sólo dijo que por esta semana no podrá venir. — Y todo mi mundo se cayó… Una semana sin Bill era demasiado… ¡demasiando!
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-SEMANA 2-
Por Bill:
—Mamá, este fin de semana quiero ir a visitar a mi padre— hablé mientras cenábamos
—Cariño, no se podrá, no podré llevarte, estaré ocupada, lo siento— Lo dijo con un tono indiferente. Empecé a molestarme a frustrarme. Golpeé la mesa y todos me miraron consternados por mi comportamiento.
—Tú, papá, ¿puedes llevarme?
—Lo siento Bill, no irás este fin de semana, no puedo llevarte— Miré a mi madre con furia, ella había prometido que regresaría.
—¡Dijiste que regresaría, lo dijiste!
—Cuidado con el tono con que hablas a tu madre, Bill— Dijo Gordon mi padrastro. Annie, mi hermana, me miraba atónita.
—¿Por qué no me quieres llevar? No quieres que me entere cosas de mi pasado, ¿no? ¿¡Qué tanto me ocultas Simone!? Años y años mintiéndome, tapándome las cosas, crees que no me doy cuenta, ahora recuerdo que pasó esa vez del árbol…
—hijo yo…
—¡Cállate, déjame terminar! no me pasó nada malo mamá, ellos cuidaron de mi, ¿¡Por qué me mentiste aquella vez!?
—¿Te cuidaron? Oh si, por eso vienes con el labio partido y sin tus cosas, ¿no? ¿Dónde está tu chaqueta, tus botas, tus anillos? Crees que te he creído que lo diste a la gente por caridad, vamos Bill admítelo que te lo robaron, a mí no me engañas jovencito y bájame ese tono— Estaba al borde de las lágrimas, no me entendían.
Salí de ahí furioso y subí las escaleras rumbo a mi habitación gritando cada maldición que se me pasaba por la cabeza.
—¡Quiero regresar! — Grité antes de cerrar la puerta de un solo golpe… Otro fin de semana que la pasaría encerrado, saliendo sólo en las noches…
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Por Tom:
—Heidi, te he visto con esos buitres andando, ¿cómo puedes andar con esa gente sabiendo lo que son? — estaba indignado, sabía que debía vengarme de esos imbéciles que fueron capaces de tocar a Bill. Y justo mi mejor amiga había empezado a salir con ellos.
—¿Te importa mucho, Tom? ¿Estás celoso? Son buenos chicos y me tratan bien, son muy guapos, hablan español y todo, me están enseñando— Cuando no, ella tras los hombres, desde que perdió a su madre, estaba sola en casa todo el tiempo, pues Henry, su padre, tenía el mismo trabajo que mi papá. Supongo que ser mujer en cierta forma era una desventaja en el lugar donde vivíamos, pero por eso estaba yo, quien me consideraba su hermano mayor para protegerla, siempre lo había sido y ahora a la chica se le había ocurrido salir con estos entupidos… ¿qué haría esta vez?
—No estoy celoso, pero me importas Heidi, he oído que ellos están enredados con narcotraficantes, ¿sabes lo que significa, no?
—Pues sí, yo he visto muchas cosas raras, pero ellos son mis amigos— de repente se me estaba ocurriendo una forma de venganza…
—¿Puedes mostrarme dónde viven? — Ella de inocente me mostraría esa tarde la guarida de esos tipos.
Regresando a casa, planeando mi venganza, pregunté a mi padre por noticias de Bill.
—Lo siento Tom, Simone dice que esta semana no se podrá, ella ya no quiere que llame, dice que el comportamiento de Bill ha cambiado tanto, que es nuestra culpa, lo siento tanto… —Me fui más que molesto a mi habitación. Otra maldita semana, otra semana más sin Bill ¡Maldita seas, Simone!
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-SEMANA 3-
Por Bill:
Iba a portarme bien, sería un buen chico en casa, así tenga que mentir, fingir, ser hipócrita, no me importaba, lo había pensado tanto, si mi comportamiento era lo que les molestaba más, sería un buen chico, así mi madre me dejaría ir a ver a Tom.
—¿Puedo ayudar en algo más? —Pregunté después de poner la mesa para cenar.
—Gracias cariño, hoy estás de buen humor— En realidad me moría de rabia por dentro, pero era la única manera de lograr regresar.
—Sí, hoy estoy muy bien —Sonreí falsamente, esa sonrisa que tanto ensayé frente al espejo.
Ya en la mesa, estaba nervioso, debía preguntar si iría este fin de semana, pero tenía tanto miedo a la respuesta, no podía ni comer, sentía nauseas…
—Cariño, prueba tu comida quise hacer todo vegetariano solamente por ti— Me sonreía la hipócrita, sentía ganas de lanzarle la comida en la cara, pero debía calmarme, debía intentar preguntarle.
—Mamá… este… ¿puedo ir este fin de semana? Quiero verlos, en serio— Y todo fue silencio, Annie se levantó de la mesa sospechando lo que venía, los nervios me iban a matar, y la falsa sonrisa de mi madre se esfumó para ser reemplazada por una expresión totalmente seria.
—Cariño, recibí una citación de la escuela, me dijeron que no estás entrando a clases que tus notas están bajando mucho, ¿cómo me pides salir de viaje este fin de semana?
Todo se derrumbó otra vez, tiré la comida, grité no sé qué incoherencias, me descontrolé. Tiré todo lo que había en la mesa, las sillas, el mantel; pateé todo lo que cayó al piso, sentía la rabia correrme por las venas, ¡Es que no me podía estar pasando esto! Luego de tantos días portándome excelente a mi madre se le había ocurrido ponerme de excusa mis malditas notas. Gordon me tomó de los brazos, me zarandeó, casi me dio una surra pero nada me importaba, necesitaba desfogarme, y me la dio, nos fuimos a manos esa noche, que por supuesto salí perdiendo yo. Con el ojo morado entré a mi habitación, no saldría por días de ahí, sólo en las noches… Una semana más sin Tom…
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Por Tom:
Tenía un plan para vengarme de esos buitres, después que Heidi me mostrara su guarida, los estuve observando, y sí, tenían amistad con los narcotraficantes. Ya habían caído los malditos. Con una cámara que me presté de Gustav les tomé muchas fotos, los iba a delatar y así lo hice, metí las fotos en un sobre y los mandé a la policía, ahora si se irían muchos años a la cárcel.
Al regresar a casa, mi padre no tenía noticias, nadie contestó su llamada en casa de Bill, la espera me estaba frustrando, algo pasaba por allá y yo tenía que saberlo, maldije a todos ese día, una semana más sin Bill… Sin mi Bill…
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-SEMANA 4-
Por Bill:
—Georg, ¿puedes ayudarme en los exámenes? — Pregunté avergonzado, no tenía ganas de estudiar, estaba demasiado desanimado.
—Pero Bill, podemos estudiar juntos, últimamente estas muy extraño, algo está pasando contigo, vamos cuéntame soy tu amigo— No sabía como contarle, nadie en este mundo me entendería, nadie.
—No me pasa nada, si no quieres ayudarme no importa, debo irme— fui tajante.
—Espera, va a empezar la clase de inglés ahora mismo, ¿a dónde irás? Está lloviendo afuera.
—Justamente, quiero la lluvia, te moja pero no te mata Georg.
—Si te da una pulmonía te matará Bill.
Pero salí, estuve en el patio de la escuela, hasta que el portero me dejó salir. Tenía mucho frío, pero no me importaba, nada me importaba ya, caminé y caminé horas. Así pasé ese viernes… Sabía que mi madre no me dejaría ir a ver a Tom, estaba resignado.
Llegué a la casa empapado, titiritando de frío, subí las escaleras a la vista de mis padres —Bill, ¡santo cielo hijo! ¡Por qué tan mojado! Pegarás un resfriado—¿Ahora si le importaba lo que me pasara? Seguí subiendo las escaleras sin darle importancia a su comentario, otro fin de semana en que iba a estar encerrado sin ver a nadie.
No me importaba nada, me di una ducha caliente y a dormir por horas… no quiero despertar, sin Tom los días son pura mierda.
Esa misma noche al salir de mi cuarto para buscar qué comer, me encontré en el pasillo con Annie, mi hermanita, ella no dijo nada, en silencio me acompañó a la cocina, en la oscuridad, nos sentamos a la mesa, empecé a comer ensalada de frutas con miel, no me importaba que sea tan noche para hacerlo, no quería perder esa rutina.
—Estás enamorado, ¿no? —Hubo un silencio prolongado en el que me debatí si contarle o no, pero al fin y al cabo, era mi hermana…
-Sí…
—Te entiendo Bill, pero cada día te veo peor.
—No sé qué hacer…
-No te rindas hermanito —Y con ese comentario abandonó la mesa dejándome solo, tranquilo en la oscuridad para pensar en lo que dijo: «no te rindas…»
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Por Tom
—¿Llamaste? —Pregunté a mi padre.
—Sí lo hice pero nadie contesta, el teléfono parece estar muerto.
Esto ya era desesperante, se acercaba la navidad, iría a la casa de mi tía a pasar la semana, escapando un poco del frío. Sin noticias de Bill, estaba que vivía los días como si fueran pesadillas. Esa tarde decidí salir con Heidi a dar un paseo, si seguía encerrado en casa enloquecería, no podía negar que Bill me hacía demasiada falta.
Caminando por las calles de Bremen junto a Heidi, vi una tienda de mascotas, había tantos animalitos, me quedé observando uno en especial por la vitrina de la tienda.
—Quiero ese— Dije sin pensarlo.
—Tom, es un conejo, ¿para qué quieres un conejo? — No iba a dar explicaciones para qué lo quería, sólo entré a la tienda y lo compré. Al salir lo llevé a casa, era tan lindo, una bola de pelo esponjoso, blanco con puntos negros, se parecía a Bill y sus lunares, era adorable.
—Sigo sin entender, ¿un conejo, tú? —preguntó mirándome incrédula.
—Sí, esté será mi compañía hasta que regrese el verdadero…
—A qué te refieres, estás loco— Tal vez lo estaba…
Los días pasaron, mi padre y yo nos fuimos a pasar la navidad en casa de mi tía Sandra. Me llevé a Bunny conmigo, ese nombre le puse al conejo que sería de Bill cuando regresara…
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-SEMANA 5-
Por Bill:
Habían llegado a la casa muchas visitas, familiares de mi mamá, de mi padrastro, tíos, tías y primos y primas de otras ciudades, en fin, había música de navidad, todos estaban felices, contando anécdotas, historias aburridas de la familia. Yo me sentía más que perdido, desubicado, incomprendido… Imaginaba a Tom pasando la navidad con mi padre allá, las lágrimas amenazaron con salir… Fui a mi habitación, ese ambiente ahí abajo me asfixiaba… creo que estaba enloqueciendo, ya no soportaba más esta soledad. Nadie notó mi ausencia excepto mi pequeña hermana quien subió a verme.
—Bill, ¿puedo pasar?
—Sí, entra— la puerta se abrió, y mucha luz entró empañando mi vista.
—¿Puedo encender la luz? — No se lo permití, encendí mi pequeña lámpara que tenía en mi mesa de noche.
—¿Puedo preguntarte algo? — Dijo ella y yo asentí. — ¿Cómo es la voz de Tom? — Suspiré, su recuerdo en esta navidad era lo único que me alegraba.
—Bueno… él tiene la voz diferente a la mía, tiene la voz un poco más grave, él es tan tierno al hablar… es… adorable— Me miró sorprendida.
—Bill, hablas como mis amigas cuando hablan de sus novios— Y los dos nos reímos, había olvidado como reír. No iba a darle explicaciones, pero ella era una buena hermana.
—De verdad me preocupas… sabes, si realmente quieres regresar con tu padre y hermano hazlo, si no morirás lentamente como lo estás haciendo ahora— Puso sus manos en mi cabeza acariciándola y yo calmadamente cerré los ojos. Estaba tan cargado de sentimientos que no pude evitar llorar, ella me abrazó. Apenas tenía 12 años, no podía entenderme, pero ese abrazo significó mucho para mí.
Pasamos la navidad los dos ahí, en mi habitación, mi madre vino a tocarnos varias veces la puerta pero ella inventó miles de excusas para no salir y quedarse conmigo aquí, me regaló una bufanda, yo no había comprado regalos para nadie, no quería salir de casa, específicamente de mi habitación, ella tenía razón, estaba muriendo lentamente…
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Por Tom:
La navidad llegó, como amaba navidad en casa de mi tía Sandra, ella era genial cocinando, tenía una bonita tradición de invitar a algún desconocido, indigente o lo que fuese a cenar con nosotros cada año para navidad… Intenté con todas mis fuerzas pasarla bien ese día pero se me era imposible, tenía una tristeza instalada en el corazón, la ausencia de Bill, la falta de noticias de él me había convertido en un zombi viviente. Todos los días me preguntaba si el estaría igual, o hasta peor… viviendo con Simone de seguro que no estaba bien, cuantas cosas le inventaría de nosotros, tal vez él ya no quería venir, yo necesitaba respuestas.
—Hijo, vamos, deja ya ese conejo, tu tía va a servir la cena, anímate un poco— me dijo mi padre, él tenía razón, era navidad, no podía dejarme vencer así no más por mis ánimos opacados.
Traté lo más que puede, la vida tenía que continuar, no me rendiría. Participé de la cena y compartimos nuestras experiencias durante el año. Después de cenar, me senté junto al teléfono mientras mi padre hablaba con mi tía y los demás visitantes, decidí llamar a Bill. Toda la semana intentamos hacerlo por el teléfono de que había cerca de la carretera, pero nadie contestaba, mi tío Henry tenía la sospecha de que el teléfono de Simone desviaba las llamadas, pero no quise creer eso… pues creí mal porque al marcar los números de la casa de Bill el teléfono timbró, sentí que el tiempo se detenía. Maldición, era ahora o nunca. Recordé aquella vez que llamé, cuando apenas tenía 12 años, quería saludar a Bill por su cumpleaños pero Simone, ella tenía que arruinarlo todo…
—¿Aló? — Mi corazón empezó a acelerarse, una voz femenina contestó…
—Aló… ¿está Bill? —Pregunté dudando un poco de continuar, esperando que no preguntara quién era, que sólo me pasara con Bill. Hubo un silencio prolongado, estaba esperando que me colgaran, de seguro que se habían dado cuenta que era yo.
—Lo siento, está indispuesto, ¿con quien hablo? — ¡Santo cielo! Qué diría, no sabía quien era pero tenía una voz de niña, no era Simone…
-Yo… ¿quién eres tú?
—Pues yo pregunté primero, ¿quién eres? —Y escuché una voz en el teléfono que preguntaba con quien estaba hablando ella, y le quitó el teléfono.
—¿Quién es? ¿A quién busca? — Eso bastó para colgarle, sabía que era Simone, después de años pude reconocer aquella voz fría… ¿Qué estaría pasando con Bill…?
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-SEMANA 6-
Por Bill:
—Hijo, tienes visita— Mi madre tocó la puerta de mi habitación, en plena mañana yo dormía, tenía pequeñas vacaciones por la semana de navidad y año nuevo, así que todos los días estaba ahí encerrado, salía sólo en las noches.
—¡No quiero ver a nadie déjame en paz! — Contesté tapándome la cabeza con los cobertores, había cerrado todas las cortinas, quería que todo sea oscuro para poder dormirme, en cierta forma anestesiarme de la vida.
—Vamos Bill, esta visita te ayudará, sal de ahí— Mi madre era terca, estaba hartándome, iba a abrir la puerta y mandarla al demonio en cualquier minuto pero me contuve. Salí de mi cama muy molesto; al abrir la puerta la luz me empañó, cerré los ojos, había un hombre que acompañaba a mi madre.
—Doctor, él es mi hijo Bill, mire el estado en el que está, por favor ayúdelo— Era lo que me faltaba, un loquero, un profesional de la salud. Intenté cerrar la puerta, no quise ser grosero delante de ese señor, aunque esto era demasiado. Tuve que hacer un esfuerzo grande para cerrar la bendita puerta, mi madre empujaba con todo derecho, esto me estaba volviendo loco.
—Señora Trümper, déjelo, no es la forma, venga conmigo conversemos abajo. — Aquel hombre se la llevó.
Pude escuchar el llanto de mi madre allá en la sala, se quejaba de mí, era perturbador, me molestaban sus quejas, siendo que la causa de mi estado en parte era culpa suya, pensaba, no podía ser que fuera tan mal hijo, yo no había hecho tantas cosas mal, solamente quería ver a mi hermano ¡Maldición…! Me tapé los oídos con las almohadas y a seguir durmiendo, buscando en mis sueños a Tom… por eso quería dormir, para olvidarme de la realidad y buscarlo entre sueños…
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Por Tom:
Iba a intentar llamarlo otra vez, por año nuevo, no me importaba si Simone me contestara, ya que más daba, por noticias haría lo que sea… fui a buscar otro teléfono público que no sea el que estaba cerca de la casa en la carretera.
—¿Aló? —Oh no, era Simone.
—Aló, soy Tom, ¿podría pasarme con Bill por favor? — Lo dije claro y tajante, como era la voz de ella, no daría marcha atrás.
—¿Tom? Cuanto tiempo… hijo— lo que me faltaba, sentimentalismo de una madre que nunca me quiso.
—Hola… ¿está Bill? — Hubo un silencio prolongado, estaba nervioso, no por ella sino por Bill, al fin en semanas había la posibilidad de hablarle.
—¿Qué le hicieron? ¿Por qué está tan diferente? De verdad no quiero que regrese con ustedes, lo siento Tom, él necesita estudiar, ser un hombre de bien, no sé cuantas mentiras le hayan dicho de mí allá, hijo tu padre siempre quiso separarnos… — No estaba para escuchar sermones y criticas, menos en contra de mi padre que me había criado muy bien, nada me faltó en esta vida, todo se lo debo a él.
—Escuche… —Interrumpí— no me importa nada de lo que me diga, sólo quiero hablar con Bill, sólo eso, después de tanto tiempo sólo le pido eso, páseme con Bill por favor— hubo un silencio que pareció horas… ¡Joder! ¡Qué mujer para sacarme de quicio, sólo quería que me pasara con Bill!
—Yo lo siento, pero eso sólo empeorará las cosas… Tom hijo… — Y colgué, no iba a escuchar más de ella, me ponía de muy mal humor…
Otra semana más sin Bill, creí que no la soportaría…
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-SEMANA 7-
Por Bill:
Siete semanas, casi dos meses, un montón de tiempo perdido, muriendo en vida, no lo soportaba más, tenía que escapar cómo sea.
Aquella mañana salí rumbo a la tienda de empeño con todas mis joyas. Mis padres me habían quitado la mesada, estaba más que castigado, ya no existía para ellos, necesitaba dinero y para mi suerte recibí mucho por las joyas, las extrañaría pero Tom era aún más importante, si no lo veía otra vez yo no sabría por qué más vivir.
Fui a la casa de Georg esa misma mañana, no sé de donde saqué la fuerza y el valor para decidirme a hacer lo que iba a hacer… salir de ese mundo, escapar, buscar a Tom y nunca más regresar…
—Hola Bill, que sorpresa, pasa que hace tanto frío— Georg era el único amigo que tenía, últimamente mi comportamiento había alejado a los pocos «amigos» que tenía en la escuela.
—Hola, gracias. Georg seré claro, necesito que me hagas un favor.
—Dime.
—Voy a irme lejos, no preguntes a donde, sólo escúchame. Mira, necesito que me cubras, que le digas a mis padres que estoy en tu casa pasando, no sé, unos días aquí— Georg me miró con cara de desconcertado, tenía muchas preguntas.
—Pero Bill, ¿a dónde irás? Vamos, soy tu amigo, puedes confiar en mí, por qué tanto misterio, desde aquella vez que fuiste a ver a tu padre y hermano… espera Bill, quieres regresar a verlos ¿Es eso? — Hasta que al fin se dio cuenta, me sentía un poco aliviado de que por lo menos alguien supiera donde estoy…
—Sí Georg, estaré bien, es sólo que en casa no me dejan y ya me harté, debo ir a verlos, en serio.
—Pero, ¿regresarás, cierto? ¿Cuándo vienes? —No tenía respuesta para eso ¿Regresar para qué? para seguir sufriendo, para estar encerrado en mi cuarto, me había desilusionado de mi familia en todo este tiempo, no me sentía parte de ellos… yo no pensaba en regresar.
—Georg, no sé, regresaré supongo para cuando empiecen las clases en la escuela— No sonaba nada convincente, pero esperaba a que me creyera.
—Bueno, y cuándo partirás, cómo lo harás— jejeje, me había creído. No tenía un plan exactamente, sólo quería tomar un auto y partir.
—Pues ya lo he planeado, saldré hoy en la noche, sé donde está la estación del tren y como llegar.
—¿Te esperan allá, saben que irás?
-Sí, me esperan, lo sé…
Regresando a casa entré a mi habitación, tomé mi mochila, empecé a empacar, no llevaría muchas cosas, sólo necesitaba ropa de abrigo y zapatillas, las de Tom claro, algo de maquillaje y dinero. Mi madre estaba tan enojada conmigo que ni cuenta de dio que había llegado ni que estuve buscando mis cosas. Estuve toda la tarde encerrado, pensando, en la noche saldría y tomaría un taxi que me llevara a la estación del tren. «Tom, voy a llegar, es ahora o nunca, voy a verte»
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Por Tom:
Desperté en mi cama sudando, agitado, otra vez había soñado con Bill, con sus besos, con lo suave de su piel Esto estaba matándome, tanto tiempo y aún podía tener estos sueños húmedos. Y ahora tenía lavar mis sábanas otra vez.
Después de arreglar todo con respecto a mi cama, salí de mi habitación, mi ansiedad aumentaba, no había muchas cosas que hacer ese día, no había con qué matar el tiempo, no tenía clases, no había trabajo por ahora, y Gustav y Heidi estaban en otra ciudad en el mismo Bremen, yo no quise viajar con ellos esta vez, no tenía ánimos para aventuras, estaba empezando a deprimirme… Ahora qué debía hacer, la casa vacía, mucho frío afuera, mi padre durmiendo.
Últimamente me divertía con Bunny, no era de tener mascotas antes, pero él era especial, lo alimenté y me puse a jugar con él. Pero aun así no me tranquilicé, por alguna razón necesitaba con urgencia saber de Bill, cuando empecé a desesperarme, decidí tomar aire.
Me abrigué, al abrir la puerta me topé con aquellos ojos ¡Santo Cielo! Oh era Bill o estaba soñando. Mi corazón palpitaba rápidamente, creí estar enloqueciendo hasta que escuche su hermosa y melodiosa voz.
—Tomi… regresé…
Y la vida regresó a mi alma…
Continúa…
El el próximo capítulo jijiji, el reencuentro de los dos después de tanto, tendrán mucho qué decirse y qué hacer
Parece irreal ✨