Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 14: Soy tuyo y tú eres mío
Por Annie:
No sé exactamente por qué Bill se había ido. Sólo sé que tenía ganas de ver a su familia; a mi otro hermano y al padre de ellos, los cuales vivía en Bremen.
Cuando regresó de aquella visita hace siete semanas, él había cambiado mucho. Había algo nuevo en él que me llamaba la atención, su comportamiento no era el mismo. Mis padres discutían por él cada vez que se encerraba en su cuarto o que discutía en la mesa.
El ambiente se hacía cada vez más insoportable.
Cuando al fin se fue, sentí pena, lo extrañaría de verdad, pero es que él estaba tan conectado allá. De alguna manera lo entendía, pero aun así se me hacía muy raro, tanta desesperación por querer ver a alguien que prácticamente conoció un fin de semana.
Aquella vez que llamó Tom a la casa por navidad, no quise decirle a Bill, porque de seguro cometería una locura si se enteraba que mi madre no quiso que se lo pasara y como era navidad, habían muchos familiares aquella vez, y no quería que vieran a mi hermano en ese estado.
Aún así, no entendía por qué mi madre no quería que Bill regresara para ver a su verdadero padre y a su hermano gemelo.
—Annie, ¿Bill te dijo a dónde se fue? —Preguntó Gordon, mi padre.
—A la casa de Georg, pasará unos días ahí.
—¿Ah sí? Acabo de ver a Georg en la calle solo, Bill no está en su casa.
—Pues, no sé, él dijo que iba a la casa de Georg —respondí nerviosa.
—Ambos sabemos que no está ahí, ¿verdad? Tu madre se pondrá histérica si sabe que Bill viajó solo a Bremen.
Lo había descubierto sin problemas, pero claro, mi padre era un hombre muy inteligente. Bill estaría en graves problemas, y yo también.
—¿Por qué mamá no quiere que los vea? Él quería ir, sólo es un fin de semana, de seguro regresa en estos días antes de empezar sus clases.
—Hay cosas que son difíciles de entender Annie, tu madre tiene sus razones. Haremos algo, si no regresa este fin de semana hablaremos con tu madre, ¿está bien?
—humm, no está bien, pero no hay otra opción, ¿no?
—No la hay —Mierda; Bill, debía regresar.
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Por Bill:
En situaciones como estas, me puse a pensar cómo puede haber personas que me quieran y entiendan tanto como para permanecer a mi lado sabiendo como soy.
Ahora me preguntaba, cómo Tom era capaz de soportarme, con mis cosas, mis caprichos, en realidad no merecía tanto de parte de alguien, pero él era así, eso hacía que cada vez esté aun más enamorado de él.
Ya no estaba molesto por los anillos, estuve pensando en lo que pasó, ahí acostado en la cama, mientras Tom me abrazaba por la cintura. Esos anillos sólo eran cosas materiales, había muchas cosas más valiosas que eso, como Tom, su amor, nuestra relación «Basta Bill de pensar en los anillos, ya los habías perdido, son sólo metal»
Me volteé en la cama hasta quedar frente a Tom, puse mi frente en su frente y suspiré.
—Tom… ¿Por qué me quieres tanto?
—Porque eres tú, te quiero tal y como eres.
—No soy una buena persona a veces, yo… a veces suelo molestarme por cosas estúpidas, soy caprichoso, algo engreído, en verdad, no te merezco —apenas susurré, en verdad me sentía triste.
—¿Quieres saber cómo soy yo? Pues a veces pierdo el control, soy drástico, algo impulsivo, me molesto por tonterías, a veces soy obsesivo, puedo ser malo cuando me lo propongo, soy así. Todos tenemos defectos, todos cometemos errores, pero quien no se da cuenta está aún más errado.
Lo dijo todo de una forma tan fácil, pero tenía razón, somos seres humanos, tenemos defectos y cometemos errores, así somos todos, pero me alegraba saber que Tom se abría, así podría conocerlo de verdad, y hacer que la relación siga.
—Mucho gusto, soy Bill Kaulitz, el engreído —le sonreí.
—El gusto es todo mío, soy Tom Kaulitz, un tanto impulsivo. Siento mucho lo de tus anillos en verdad.
—Ya no los quiero, no me interesan.
—Pero reconozco que no era la manera, no quise que te sintieras mal, sé que tienes cosas que valoras, yo no debí… —Lo besé, ya no quería más disculpas.
—Lo sé —dije al separarme, no iba a pelear por algo así— Eres lo más importante para mí, Tom—suspiré.
—Te amo Bill… —Mi corazón se contrajo de emoción.
Hay tantas palabras que uno dice día a día, otras miles que uno escucha todos los días; pero existen sólo algunas que pueden clavarse en tu corazón para siempre, aquellas palabras que te hacen estremecer, y son aquellas que salen de lo más profundo de tu corazón.
A mis 16 años nunca antes había sentido lo que sentía en estos momentos, aquellas palabras fueron las más significativas que me habían dicho en toda la vida, un «Te amo» proveniente de la persona que más amaba en este mundo.
—oh… Tom —Me lancé sobre él desesperado por las ansias de tenerlo, de sentirlo, de ser suyo, de que sea mío.
Me rodeó por la cintura y nos besamos con pasión. Poco a poco nos fuimos despojando de nuestras ropas.
No podía creer que lo haríamos otra vez, pero lo quería sentir como anoche. Supongo que a todo eso es lo que llaman pasión, sentir que en cierta forma no puedes controlarte, que el deseo es mayor a tus fuerzas, a tu razón.
Ambos estábamos semidesnudos; empezamos a movernos sin control, nos besábamos, nuestras respiraciones aumentaban de ritmo, estábamos embriagados de pasión.
Colocó sus manos sobre mi trasero, pasándola bajo mis bóxers, haciendo que me estremeciera. Buscaba entre mis nalgas mi aún dolorida entrada.
Sentí sus dedos presionando y penetrándome, no pude evitar estremecerme, aferrarme a sus hombros y hacer una mueca de dolor, en verdad aún estaba sensible. Me separé un poco de él, algo apenado.
—Lo siento, Tom —jadeé apenado— aún duele… yo no puedo —Y puse mi cabeza en su cuello.
Retiró sus manos de mi trasero para abrazarme dulcemente por la cintura.
—No lo sientas, habrá otra oportunidad —susurró en mi oído, y besó mi mejilla.
—No, Tomi quiero hacerlo —dije separándome un poco, poniendo mis manos en su pecho.
Aprovechando que estaba sentado a horcadillas sobre él, bajé un poco mi cuerpo y con mis manos fui bajando hasta su entrepierna, él si estaba muy excitado, aun más que yo, no lo iba a dejar así, no era justo.
—Bill… —Sostuvo mis manos que estaban sobre sus bóxers.
—Tranquilo, quiero hacerlo —Y las metí hasta tocar su miembro, lo rodeé con una de mis manos y empecé a masajearlo de arriba hacía abajo. Mirándolo a los ojos noté que lo disfrutaba mucho, su pecho agitado, su respiración entre cortada me excitaban aún más, ansiaba tenerlo dentro.
—Bill, ah —gimió.
Empecé a bajar hasta tener mis labios muy cerca de su entrepierna, alcé la mirada le sonreí; estaba sudando, tenía un ligero rubor en sus mejillas.
Abrí un poco la boca y le mostré mi lengua, abrió los ojos de sorpresa, sabía que veía mi piercing brillar; sentí en mis manos el líquido pre-seminal. Él se agarró fuertemente de las sábanas cuando le saqué el bóxer y tomé su miembro en mis manos otra vez, lo iba a hacer. Jamás pensé que me atrevería a hacer algo así, pero no había marcha atrás, lo deseaba.
—Um… Tom —pasé mi lengua por mis labios humedeciéndolos un poco para luego pasarla por la longitud de su tan excitado miembro.
Al escuchar a Tom gemir, supe que no podría más, por ello me metí todo su sexo en la boca.
—Ah, ¡bendito sean los piercing! Ooo… Bill —Le oía gemir alto, me excitaba aun más saber que lo estaba disfrutando tanto como yo.
No podía creer de lo que era capaz de hacer y de producir en otra persona, pero lo deseaba tanto, y todavía más cuando Tom respondía con placer, ahora agarrando mi cabeza, lo sentía estremecerse, lo sentían en mi boca palpitar, sabía que llegaría a su orgasmo.
—Oh, Bill… yo voy —Intentó salir, pero sostuve con mis manos su cadera y succionando, lo sentí llenándome de él y lo tragué todo.
Me levanté y limpié la comisura de los labios. Ambos sudando en una burbuja de placer total. Me recosté a su lado, y lo besé sin control; yo lo amaba, él era mío.
Mientras nos besábamos, el metió sus manos en mis boxers, me estremecí al sentirle tocar mi miembro, agarrándolo para masturbarme, me aferré más a él gimiendo contra su boca, no demoré y me corrí estremeciéndome entre sus brazos.
Ambos recostados, apoyamos nuestras frentes y sonreímos satisfechos. Me tomó de la cintura y le vi cerrar los ojos. Estábamos exhaustos. Pero un ruido nos hizo saltar de la cama, un auto aparcando cerca de la casa.
—Es papá —nos sorprendimos y nos miramos a los ojos.
Agarramos nuestras ropas y nos las pusimos velozmente, intentaba ponerme mis jeans, como eran algo ajustados Tom tuvo que ayudarme.
Sabíamos que papá llegaría, pero no a esa hora de la mañana, o no sé, no pensamos en que alguien llegaría realmente.
Salí primero del cuarto, no quería que papá nos encontrara en la misma habitación. Al salir me di cuenta de que me había puesto la camiseta al revés pero al momento mi padre entró a la casa sonriente.
—Buenos días Bill —saludó, traía algunas bolsas de compras.
—Buenos días papá —saludé, pasándome una mano por el cabello, estaba todo despeinado, sudado, ya saben, sólo deseaba que no se diera cuenta.
—¿Dónde está Tom? ¿Qué cenaron anoche? —No habíamos cenado nada ahora que lo recuerdo, nos cenamos a nosotros mismos, oh sí. Empecé a reír nervioso.
—No cenamos, no teníamos hambre, jejeje. —Joder, ¿por qué Tom tarda tanto?
—Buenos días papá. —saludó Tom al tiempo en que salía de la habitación y nos mirábamos con complicidad.
—Tom, tienes una cara, de seguro has estado durmiendo hasta estas horas —tenía las rastas algo despeinadas, pero aun así se veía adorable.
Ayudamos a mi padre a acomodar las compras, había comprado más verduras para mí y claro, para mi nueva mascota Bunny, él único testigo de nuestro amor. Me sentía como en casa y quería que esa sea mi casa por ahora, no pensaba en regresar.
—Bill, ¿has llamado ya a tu madre? ¿Sabe que llegaste bien, no? —Preguntó mi padre mirándome fijamente, no sabía qué decir, no esperaba que preguntase eso.
—Yo… aún no llamo, pero ellos saben que estoy aquí —mentí— me gustaría quedarme con ustedes —Tom me miró con una mirada dulce, me hacía sentir parte de él.
—Sí papá, que se quede, que estudie en mi escuela —Dijo mirándome.
—Sólo si Simone quiere puede vivir aquí, pero tiene que saberlo —Y ahí venía la parte difícil, mi madre no iba a querer semejante cosa, dejar de estudiar en una de las escuelas más caras y prestigiosas de Hamburgo para venir a vivir y estudiar aquí, dudaba mucho que mi madre quisiese eso, definitivamente no iba a querer.
—Tendré que llamarla, pero no hoy, ella sabe que estoy aquí por este fin de semana, la llamaré luego para decirle que quiero quedarme y ver la forma de pasarme a la escuela de Tom.
—Esta bien hijo. Todo esto parece un sueño, en verdad lo digo, estoy tan feliz de tenerte aquí al igual que Tom, poder conocerte más era un sueño, un deseo, ahora que es posible te estoy agradecido —abracé a mi padre por sus palabras. Antes era como un desconocido para mí, tenía ideas equivocadas de él, pero ahora lo veía como un padre, el padre que quise tener desde siempre, no es que Gordon fuera un mal padre, sólo que no era mi verdadero padre, y siempre tuvo preferencias por Annie claro, yo lo entendía, pero aun así deseaba tener a mi verdadero padre cerca.
—Gracias a ti papá…
Ya en la sala, mi padre nos habló de cómo le fue su trabajo y de que tenía trabajo para Tom también.
—Tom, tus clases aún no están por empezar, así que no puedes estar en casa encerrado todo el día, lo sabes.
—Sí, ¿hablaste con Henry? —preguntó interesando.
—Sí, a eso voy, tiene trabajo para ti, ya sabes, lo de siempre —no sabía que Tom trabajara, él me hablo alguna vez que tocaba la guitarra en un hotel con unos amigos para ganar algo de dinero, pero que eso era algunos fines de semana.
—Está bien, ¿cuándo empiezo?
—Hoy en la tarde él saldrá con una carga y necesitará tu ayuda, ya le he dicho a Gustav también.
—¿Te quedarás con Bill? —Preguntó a mi padre mirándome.
—Tendré que salir, pero Bill puedes quedarte en casa, dejaré la cena para ti, puedes ver una película, Tom regresará mañana por la mañana y yo también —yo no quería, no quería separarme de Tom ni por horas.
—Yo… ¿Puedo ir con Tom? Me gustaría trabajar también, si es que hay algo que pueda hacer, si me explican de qué se trata, quisiera hacer algo en este tiempo libre, no quiero estar de vago aquí —Tom me miró sorprendido.
—Bill, -me llamó mi hermano— este trabajo es algo duro sabes, no quisiera que te lastimes, yo regresaré mañana en la mañana.
—No, quiero hacerlo, deseo trabajar en lo que sea —jamás pensé que diría algo así en mi vida, nunca trabajé, pero no iba a separarme de Tom.
—Bueno, si lo deseas está bien. Hablaré con Henry que tiene dos chicos para desembarcar paquetes —¡Desembarcar! No sabía en qué me metía pero lo iba a hacer. Tom me miraba sorprendido, movía la cabeza en signo de negación, ante eso le sonreí, me sentía con el valor de poder hacerlo.
Esa tarde almorzamos juntos, saldríamos a las tres, ya que el tal Henry vendría a recogernos. No sabía lo que me esperaba, pero lo iba tomar como una experiencia más.
Tom y yo fuimos a la habitación a alistarnos para ir al trabajo.
—Bill, no sé si debas ir, yo regresaré mañana temprano, lo prometo, este trabajo no es para ti —dijo mientras nos cambiábamos.
—Tom, quiero trabajar, en serio, sé que podré hacerlo, quiero ir contigo —me aferré chaqueta, mirándolo a los ojos.
—Sabes, es cargar cosas, cajas y cajas de mudanza, toda la noche, de un lugar a otro, acomodarlas, es trabajo pesado, no quiero que te lastimes o que pases frío —odiaba tener que cargar cosas, pero quería ir con Tom. Me gustaba que se preocupara por mí, pero sabía que sería capaz de poder hacerlo.
—Lo podré hacer, en serio, soy tan hombre como tú Tom, no soy una nena. —dije bajando la mirada. Tom me abrazó.
—Está bien, vamos entonces, pero… yo que tú no llevaría esto puesto —pasó sus manos por mi espalda, tocando mi camiseta de uno de mis diseñadores favoritos, Rick Owens.
Fue a su guardarropa y sacó una polera para mí, no me gustaba ese color verde, pero en fin, creo que él tenía razón.
—Esto está mejor, si no ensuciarás y maltratarás tu linda camiseta —se me acercó con esa sonrisa tan linda que él tenía. No aguanté más y me lancé en sus brazos otra vez y lo besé.
—Lo que quieras Tom, yo iré donde tu vayas, haré lo que tu quieras, no quiero separarme de ti nunca más…
—Oh, Bill —me abrazó muy fuerte, besó mi cuello y me susurró—: Siempre estaré aquí para ti, soy tuyo y tú eres mío…
Continúa…
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