Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 19: No me dejes
Por Bill:
Los segundos se hicieron eternos al ver como impactaríamos contra ese árbol. Nos acercábamos más y más a él a una gran velocidad… impactaríamos en ese mismo instante.
—¡Tom! —Fueron mis últimas palabras antes de verlo salir expulsado por el impacto por la ventana del frente, rompiéndola. Mi corazón se detuvo. Estaba aferrado a mi asiento y no pude hacer nada ¡NADA!
El auto se detuvo frenéticamente y mi cabeza chocó fuertemente contra alguna parte del auto y me mareé un poco. Pero aún así busqué la forma de salir de ahí. El carro yacía destrozado sobre el hielo de aquel río. Si no sacaba a Tom de ahí el hielo podría romperse y nos hundiríamos.
Me incliné hacia la puerta y la pateé logrando que se abriera, cuando al fin pude salir me arrastré hacia Tom. El cuerpo me temblaba, y las lágrimas no me dejaban ver como estaba.
«Tom» intentaba pronunciar su nombre, pero no salía nada de mi garganta. Empecé a toser mientras me arrastraba impulsándome con mis codos y rodillas. Intenté gritar su nombre otra vez pero no podía. Empecé a ahogarme, estaba conmocionado y muy asustado. Llegué a verlo con más claridad y con un último impulso lo cogí de la mano. Estaba frío… Me posé sobre su cuerpo, pude ver sangre manchar el hielo y mi voz al fin salió.
—¡¡Tom!! —Me desgarré la garganta en un grito angustioso.
Si estaba muerto, moriría con él en este instante. Lo sacudí frenéticamente, golpeé su pecho en un acto desesperado.
—¡Tom, Tom, Tom, por favor no me dejes! —Empecé a levantarlo entre mis brazos, lo abracé—. ¡Tom mi amor, no me dejes, despierta! —Escuché una voz familiar llamarme. No le tomé importancia cuando supe que era mi madre, venía gritando por mí, bajaba de por la orilla. Volteé a verla con su mirada de pánico e indignación total, me gritaba, mi mente no descifraba lo que me decía, yo sólo quería que Tom despertara.
—¡Bill! ¡El hielo se romperá! ¡Sal de ahí!- —Pude entender lo que decía mi madre.
Fue entonces cuando fui conciente de donde me encontraba, estaba sobre hielo y el auto empezó a moverse, rajándolo, empezando a hacer un sonido escalofriante a mi alrededor. Con la poca adrenalina que me quedaba en el cuerpo tomé a Tom en mis brazos y lo empecé a jalar hacia la orilla. Mi madre corrió hacia mí.
—¡Hijo! ¡¿Estás bien?! ¡Cariño qué has hecho! —lo que menos deseaba era un sermón en este momento, pero ella era así.
Ella intentó jalarme del brazo. Pero se lo negué. Aún así me ayudó a sacar a Tom. Fue cuando vi su auto caer dentro del río. Mi mano se tiñó de su sangre, tenía una herida detrás de su cabeza, sus rastas estaban manchadas de sangre.
—¡Tom, despierta! ¡Tom! —Volví a gritarle.
Mi llanto era inconsolable, no podría describir lo que sentía en ese momento. No es como cuando tienes una pesadilla, al menos sabes que despertarás o si no lo sabes terminas despertando y todo se acabó. Esto era muy diferente era como vivir en una pesadilla y saber que no despertarás. Era todo tan inmensamente real y a la vez tan irreal y confuso. Sentía que tanto dolor no podía caber en mi pecho, que terminaría desplomándome ahí mismo.
—Cariño, la policía viene en camino —dijo ella tomándome del brazo otra vez, queriéndome separar a Tom.
—¡Suéltame! —empecé a forcejear con ella— ¡No! ¡Suéltame!
—Bill, debemos salir de aquí, la policía vendrá, ya suéltalo.
—¡No! —empezamos a forcejear ahí mismo— ¡SUÉLTAME!
Y despertó, aferrándose a mi camiseta, desesperado, se puso de costado, empezó a toser, botando sangre por la boca.
—¡Tom! ¡¿Está bien?! —Dije desesperado mientras intentaba alzarlo en mi regazo— ¡Tom!
—S-sí… B-Bill —apenas y escuchaba salir su voz.
Mi madre nos ayudó a terminar de salir de la orilla, había mucha nieve y hielo alrededor. Dos señores se nos acercaron preocupados alzaron a mi hermano y lo llevaron a su camioneta. No lo soltaría, me aferré a su mano, él me miraba, intentaba hablar por no podía dejar de toser, había mucha sangre.
—Iré contigo —dije mirándole—. No te dejaré… —Me miró con los ojos muy abiertos para luego mirar a mi madre que estaba junto a mí, ella me tocó del hombro y yo lo solté.
Los hombres se lo llevaban a su camioneta.
—Hijo, debemos irnos —ella estaba loca, no me iría dejándolo así, lo acompañaría al hospital. Corrí, junto a aquellos dos señores que llevaban en brazos a Tom.
—¡Iré con ustedes, es mi hermano! —Tomé de la mano a Tom otra vez y fui con los hombres a subirlo a su camioneta.
—Suba joven, lo llevaremos al hospital más cercano —no me di cuenta que mi madre subió al lado mío. Estábamos cinco personas en aquella camioneta, era espaciosa. Tenía a Tom con la cabeza recostada en mis piernas, me miraba e intentaba hablar. Lo veía mareado. Mi madre estaba sentada a mi lado, yo la empujaba un poco para que nos dé espacio, tomé las piernas de Tom y las acomodé en el asiento, echándolo con cuidado.
—Tranquilo… —Le susurré al oído, lo escuché gemir de dolor por el movimiento que hacía la camioneta al ir a velocidad. Mi madre nos miraba. Tom alzó la mirada y llegó a verla para después mirarme un tanto incómodo y desesperado.
—Hablaremos después jovencito —dijo mi madre mirándome fijamente.
—No hablaremos aquí, ni en otro lugar —sentí a Tom estremecerse, intentaba moverse.
—B-Bill… mi es…palda —me dijo en un tono desesperado.
Inmediatamente pasé mi mano por debajo de su espalda, pude sentir aquel líquido caliente empapar mis dedos.
—¡Santo cielo! —Sentí un vidrio que estaba clavado en su espalda— ¡Ayúdenme! ¡Se desangra tiene un vidrio clavado aquí! ¡Tom, resiste amor! —Lo abracé.
Y otra vez la desesperación, empecé a llorar, pero su mano temblorosa se posó en mi rostro.
—No llores conejo… ya no me duele —dijo con la voz entrecortada.
—Tranquilo joven —habló el conductor—, estamos cerca al hospital.
—¡Quita esa mano! —reclamó mi madre sacando la mano que Tom había posado sobre mi rostro.
—¡No lo toques! —Le grité molesto, tomando su mano para entrelazar nuestros dedos.
—¡Pero qué descaro! —dijo ella— ¡Es repugnante!
—¡Basta! —le grité.
—¿Podrían calmarse por favor? el joven herido necesita descanso, ya estamos por llegar —interrumpió el conductor.
Bajé la mirada porque sentí a Tom temblar, acaricié su rostro, me incliné y besé su frente.
—Vas a estar bien mi cielo, lo juro Tom, saldremos de esta juntos, te amo…
Y escuché el llanto de mi madre a mi lado. ¡Ay! lo que me faltaba.
—Bill, es enfermo. Deja de hablarle así —dijo respirando hondo intentando calmar su llanto. Vi a Tom mirar por todas partes, moverse un poco para luego mirarme y lentamente cerrar sus ojos…
—¡Tom, no! ¡Tom despierta! ¡No me dejes!
—Basta joven, ya estamos a cuadras del hospital, tranquilos todos dejen el drama — intervino otra vez el conductor.
Pero nada podía calmarme, Tom se ponía cada vez más frío en mis brazos. Inclinándome hacía él lo besé en los labios por última vez.
—¡Ahh! —Mi madre pegó un grito— ¡Deja de hacer eso, Bill! —Me dio un manotazo en la cabeza, la fulminé con la mirada.
—¡Llegamos! Quien entiende a estas personas más extrañas —Exclamó uno de los señores. Ambos bajaron inmediatamente. Alcé la mirada y estábamos aparcados en la entrada de emergencia de un hospital.
Los hombres me ayudaron a bajar a Tom, e inmediatamente unas enfermeras vinieron a nuestro encuentro con una camilla, subiéndolo subiendo a Tom en ella, no dejaron que lo tocara ni que ayudara. Y lo condujeron por un pasillo. Corrí intentado tocarlo, pero ellas no me dejaron.
—Joven no puede pasar, vaya espera —me dijo una de ellas.
—Es mi hermano, debo ir con él —pero al pasar por una puerta, la seguridad del hospital me detuvo.
—Esta es zona restringida joven, espere en la sala de espera por favor.
—¡Mierda!
Caminé resignado por aquel pasillo y me topé frente a frente con mi madre. Suspiré hondo y busqué una banca donde sentarme.
—Bill… —me dijo ella.
—Mamá, no deseo hablar ahora —me senté.
—¿Cómo pudiste hacer algo así? no puedo imaginar lo que hubiera pasado si no viniera ¿Dónde está tu cabeza —suspiró y se sentó a mi lado.
Fue cuando empecé a sentirme mal. Un dolor intenso empezó a recorrer mi espalda hasta llegar a mi cabeza empecé a temblar y a marearme, sentí mucho frío y empecé a ver estrellitas luminosas…
—¿Cariño? —Y todo fue negro…
Continúa…
¿Qué puede pasar? Creo que el destino es demasiado realista a veces. Comentarios, sugerencias, y críticas son bienvenidas.