
Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 20: Pesadilla
Por Bill:
Desperté recostado sobre una camilla al sentir en olor tan fuerte de alcohol entrar por mis fosas nasales.
—Quita —dije aún intentando abrir mis ojos, había una luz muy fuerte empañándome la vista, me encontraba algo mareado.
—Señora, acaba de despertar —oí la voz de un médico, ahí cerca estaba mi madre. Me pasé las manos por los ojos y los pude abrir.
—Cariño, ¿estás bien? —Intenté moverme, me senté y bajé de ahí, apoyándome en mi madre con un brazo. La cabeza seguía dándome vueltas.
—Él está bien, sólo ha sufrido algunos moretones, nada grave, necesita descansar; todo accidente de tránsito es traumático, por eso se ha desmayado —dijo el médico mirándome—. Estás mejor, ¿verdad? —Si él realmente supiera…
—¿Dónde está Tom? —pregunté al recordar todo lo que había pasado.
—Señora, quién responderá por el otro joven, está en cirugía ahora.
—¿Cómo está él? ¿Está recuperándose? —Me dirigí hacia el doctor de manera demandante— ¿Puedo verlo?
—Tranquilo joven, no soy el encargado de cirugía, no sé cómo está él.
Otra vez ese sentimiento de impotencia y desesperación se apoderó de mí. No lo soporté más y me puse a llorar. Detestaba ser tan débil, en parte lloraba de rabia por todo lo ocurrido, quería estar con él a su lado donde esté ahora, sólo estar a su lado.
—Vamos, cariño —mi madre me abrazó, a veces no la entendía—. Doctor, buscaré a su padre, él vendrá para responder por él.
Salimos de ahí y mi madre me tomó del brazo llevándome hasta la puerta, no tenía fuerzas para resistirme.
—¿Dónde me llevas?
—Vamos por un taxi, buscaremos mi auto y avisaremos a tu padre que venga por Tom.
—¡Mamá, me quedaré con él!
—No, tú vendrás conmigo jovencito, mucho ya he tenido que soportar tu desvergonzado comportamiento —apretó mi brazo, y jaló de mí.
—¡Déjame! —Intenté zafarme pero ella fue más fuerte y consiguió meterme en el taxi.
—¡Todo lo que tengo que pasar por tu culpa! Jörg me escuchará, para eso es necesario el teléfono, pero no, él no quiere tener uno —hablaba molesta—. Debemos ir a avisarle ¡Me va a escuchar, juro que lo hará!
¡Maldición! todo estaba perdido, si mi mamá hablaba con Jörg, sobre todo lo que vio, aunque mi padre ya lo sabía; no quería imaginar el gran problema que se formaría, debía pensar en algo, no sé, alguna manera de escapar.
Durante el viaje de regreso a casa de mi padre, mi madre y yo no dirigimos palabras ni miradas. Recosté mi cabeza en la ventana del taxi. Bajamos al llegar al lugar donde Tom y yo chocamos el auto. El auto estaba hundido, ya ni se veía. La policía y otras personas yacían ahí mirando aquel árbol roto y lo que quedó del auto de Tom.
—Ven —me jaló ella del brazo subiéndome después a su auto.
Otra vez en silencio viajamos hacia la casa de mi padre. Hasta llegar. Apagó el motor y suspiró.
—Voy a bajar yo sola, tú te quedas aquí.
—No quiero, bajaré también, no quiero que discutas con mi padre —ella apretó sus manos en el volante y me miró furiosa para luego alzar su mano directo hacia mi cara y darme una bofetada.
Jamás me había golpeado, a veces Gordon lo hacía, pero ella no, nunca me había puesto una mano encima. Me puse la mano en la mejilla sintiéndola arder.
—¡Mucho te he soportado hoy jovencito, no me contradigas más! ¡¿Quedó claro?! —tuve a asentir con los ojos llenos de lágrimas, de frustración, de esa horrible sensación de impotencia, de resignación.
Bajó del auto, encerrándome en él, y caminó con paso firme hacia la casa de mi padre y tocó la puerta como golpeándola. «maldita sea, no otra vez«, era una de mis pesadillas que soñaba casi siempre. De esos sueños que se repiten y repiten. Una vez al mes como mínimo, soñaba que mis padres se encontraban y discutían por mi culpa o que yo había hecho algo, o que se habían equivocado en algo y se la pagaban conmigo. Yo lo relacionaba con aquella vez que me caí del árbol, los oí discutir esa vez, debido a todo eso la imagen que tenía de mi padre era la de un señor frío y despreocupado, pero ahora sabía que no era así.
Mi padre salió y sólo pude ver gestos, estaba sorprendido al ver a mi madre y más aun cuando al salir me vio en el auto. Puse las manos en el cristal y empecé a golpearlo. Pero él regresó su mirada hacia mi madre. Después de unos segundos corrió hacia donde estaba su camión pero mi madre le indicó su auto. Los vi acercándose, mi padre tenía un semblante de preocupación total. No era para menos. Ya sabía lo del accidente.
Entraron al auto y mamá arrancó. Deseé pasarme al asiento trasero donde estaba mi padre pero ella me lo impidió.
—Tranquilo Bill, estoy bien —me dijo él al ver mi cara de preocupación.
—¡Papá lo siento tanto, yo no quise en verdad! —Le dije esperando que entendiera a qué me refería.
—Tranquilo, hablaremos después.
—No habrá después Jörg, Bill vendrá conmigo a casa. ¡No sabes lo que le hizo Tom!
—Simone, no es el momento por favor te pido que te calmes —y otra vez las lágrimas empezaron a salir, pero de rabia.
—¡Quiero quedarme con mi padre! —Grité impotente.
—Bill, tranquilo.
—¿Quedarte con tu padre? ¿Después de lo que vi? ¡Incestándote con tu hermano como un animal! ¿He? ¡Responde! Jörg ¿lo sabías? ¿Sabías lo que Tom le hacía a Bill en su auto? ¡Qué clase de crianza le diste a mi otro hijo! ¡Por Dios!
—¡Fui yo! —exclamé— ¡Yo mamá, yo lo quise, yo obligué a Tom, yo soy el enfermo no él!
—¡Ya deja de hablar así, yo los vi, a Tom en tu encima! ¡Descarado, desvergonzado!
—Simone, basta por favor, cálmate no es el momento.
—¡Qué me calme! ¡Yo los vi Jörg!
Así prosiguieron, todo el camino fue una pesadilla de las peores, mi madre siguió discutiendo con mi padre y hablándome feo, insultándome, hablando del amor entre Tom y yo como lo más bajo, sucio, vulgar, enfermo, lo más repugnante de este mundo. No tenía más fuerzas para responderle a todos sus cometarios y ofensas. Mi padre intentó e intentó calmarla pero eso era imposible. Me resigné e incluso me adormecí en mis pensamientos buscando algo, algo de paz en toda esa pesadilla.
Llegamos al hospital ya se hacía de noche. Mi padre entró como loco, mi madre y yo, esperamos por noticias sentados en la sala de espera.
—Te hago un favor Bill, ya deberíamos irnos, pero no, también deseo saber como está Tom.
—¡Tú no deseas saber nada de él! ¡No me vengas con sentimentalismos! ¡Tú no lo quieres! —Grité.
—¡No me alces la voz! ¡Qué sabes tú de mis sentimientos!
—¡Nada mamá, porque no sientes nada, para ti Tom no es más tu hijo! —Pude ver en ella una profunda indignación en sus ojos, ella empezó a llorar otra vez…
Y otra vez empecé a sentirme mal y mareado, culpándome de todo, me puse las manos en los oídos tapándomelos para no oír el llanto de mi madre, me enfermaba.
Pasada casi media hora de impaciencia, ella sentada por un lado y yo por el otro, mi padre salió con noticias.
—Está algo mejor, está conciente. Tiene un hematoma en la cabeza y un corte profundo en la espalda pero sólo fue un corte muscular, ya lo han operado, ahora necesita descansar, eso es lo que los médicos me han informado —dijo agitado porque había corrido para darnos la noticia.
—¿Puedo verlo? —dije desesperado.
—No lo sé —dijo mi padre—. Ahora descansa pero…
—¡No! Tú no lo verás —ella me sacaría de quicio otra vez, pero tenía que jugármelas, tenía que verlo.
—Por favor, se los suplico, debo verlo —mi madre hizo miles de muecas de disgusto—. Por favor.
—Sólo si pasas conmigo —dijo ella—. Tú solo, no lo verás.
—¡No me importa, quiero verlo!
Fuimos los tres por un pasillo rumbo a su habitación. Un médico salió y nos dijo que dormía, que si pasábamos tenía que ser en silencio. Mi madre me tomó del brazo y entramos. Empecé a temblar de los nervios al acercarme.
—Intentas hacer algo y te saco de aquí, ¿me entendiste? —amenazó ella y yo asentí con la cabeza.
Me acerqué hasta estar a su lado. Él dormía plácidamente, estaba con una venda en la cabeza y tenía unos tubitos de oxígeno en la nariz, así como sondas de suero en las manos.
—Tom… —le susurré tocando una de sus manos. Los ojos se me aguaron por enésima vez.
Movió su mano en dirección a la mía y poco a poco fue despertando. Me miró y al reconocerme me sonrió.
—Bill… —dijo mientras intentó dirigir una de sus manos a mi rostro.
—Tomi… —hablé tocando su mano y apretándola, me la llevé a los labios y la besé.
—¡Bill! —exclamó mi madre con un tono tajante. Vi a Tom dirigir su mirada hacía ella y frunció el ceño, tragó saliva y empezó a mirar a todas partes pestañando un tanto incómodo.
—Lo siento Tom, no tenía otra opción que pasar con ella.
—¿Estás mejor? —le preguntó ella— Lo siento mucho y lamento aparecerme en tu vida así… de esta manera. Sé que no hemos tenido tiempo de conocernos… —me sorprendió su actitud ¿Pero qué decía?
—No se preocupe… —Dijo él esquivándole la mirada.
—Bill y yo estamos partiendo hoy a Hamburgo, estoy haciendo un esfuerzo sobrenatural para permitirle despedirse de ti después de todo lo que pasó.
—Mamá, por favor —supliqué.
—No buscamos esto Simone… madre… —me apretó de la mano— Yo lo quiero, por favor no se lo lleve.
—No me pidas eso, es enfermo, es un no definitivo. Debemos irnos, no sé cómo permití que esto pasara. Que te mejores Tom —dijo ella, seguro sin sentir nada—. Hijo… yo… —suspiró— Bill, vámonos.
Me di cuenta de que me prefería a mí, nunca quiso a Tom.
Jaló de mi brazo. Me resistí me agaché hacia Tom y lo besé con desesperación, me pegué a su oído. Aún me tenía agarrado de la mano con fuerza.
—Voy a escapar, lo juro, volveré Tom, así arriesgue mi vida… Te amo, jamás lo olvides —me tomó de la nuca atrayéndome a él y me besó. Escuchaba a mi madre gritar tirando de mi brazo, pero cerré mis ojos fundiéndome en el beso. Al separarme de él mi madre tiró fuerte de mí.
—¡Desvergonzados! —Gritaba.
—¡Volveré por ti! ¡Te amo!
—¡Bill! —Gritó Tom soltando mi mano e intentando salir de la cama haciendo que las agujas y tubitos que tenía en su cuerpo se desprendieran.
Los doctores y enfermeras entraron al escuchar todos los gritos míos y de mi madre. Vi a Tom intentar con más ahínco salir de la cama pero unas enfermeras lo sostuvieron haciéndolo reposar en la cama otra vez y la puerta se cerró y ya no tenía fuerzas ni para llorar. Volví a ser el zombi de antes, la tristeza volvió a apoderarse de mí.
Jalando de mi brazo con brusquedad me llevó a su auto diciéndome miles de sermones que preferí no prestar atención, me perdí en mis pensamientos otra vez. Mi padre subió otra vez y partimos rumbo a la casa remolque por mis cosas, discutiendo otra vez.
Al llegar mi madre me encerró en su auto y bajó por mis cosas, mi padre bajó también.
—Papá… por favor quiero llevarme a Bunny.
—Sí, claro, es tu conejo —mi madre se adelantó y lo llamó desde la puerta de la casa, mi padre fue con ella a sacar mis cosas.
Después de minutos, mi padre salió con mi mochila y en una caja tenía a Bunny. Oí discusiones otra vez. Mi padre se acercó al cristal despidiéndose de mí mientras mi madre abría el portaequipaje metiendo todo ahí. Mi padre volteó a verla.
—Simone, el conejo morirá si lo metes ahí —me di cuenta de la idiotez que estaba por cometer mamá, empecé a tocar el claxon de su auto.
—No tenemos animales en casa, el conejo se queda entonces.
—¡No! ¡No! —Grité desesperado al ver que mi madre le daba la caja en donde Bunny estaba a mi padre.
Al parecer ella notó mi desesperación, tomó la caja otra vez y abrió la puerta pasándomelo. Mi padre se asomó por la puerta abierta y me miró preocupado.
—Lo siento mucho Bill, lamento que las cosas no sean como tú quieres, aún soy tu padre, y aún te quiero pese a todo —empecé a llorar. Todo era tan irreal, al menos alguien se preocupaba por mí, al menos él seguía queriéndome.
Mi madre subió y arrancó el auto, saqué a Bunny de la caja y me aferré a él llorando desconsoladamente, un llanto de dolor profundo, como si alguien hubiera muerto, como si alguna parte de mía había dejado de existir.
Todo había terminado.
Como en las pesadillas, uno espera despertar, así esperaba yo regresar. Esto sería así, juré en mi mente que no sería la última vez que lo vería. «No Tom, no será la última vez, volveré por ti, te lo juré y lo vuelvo a jurar…»
Continúa…
¿Qué pasará? En el próximo capítulo, el largo viaje a casa y… empiezan los problemas.
Comentarios, sugerencias, y críticas son bienvenidas.
😓💔