Mi otra mitad 21

Fic TWC de PinkGirl

Capítulo 21: Retorno a casa

Por Tom:

Desperté algo mareado, mi cabeza aún dolía y mi cuerpo se sentía débil. Había pasado ya tres días desde que Bill se había ido y no quería permanecer ni un solo segundo en este lugar… Deseé con todas mis fuerzas salir de este hospital, Todo este ambiente no me causaba más que depresión, tristeza y angustia. Deseaba regresar a casa y cuanto antes.

Los médicos me dijeron que debía permanecer un día más, pero les supliqué que me dieran de alta. Ellos aceptaron con la condición de que mi padre firmara un documento en cual especificaban que mi salud quedaría bajo su entera responsabilidad. Sentía que mi salud mejoraría si estaba en casa y no en un lugar como éste.

Cuando me cambié la bata por mi ropa habitual, pude ver la cantidad de moretones y heridas que tenía por todas partes.

Mi padre llegó y me ayudó a salir, tuve que usar una silla de ruedas, mi cuerpo estaba tan débil, Ya en su camión estuve sin hablarle, hasta que él habló.

—Lo siento, Tom…

—Yo lo siento más.

—La vida tiene que continuar —dijo poniendo una mano en mi hombro.

 —No sin Bill. 

—… —suspiró resignado. 

Llegamos a casa y mi tortura aumentó. De haberlo sabido no hubiera deseado regresar. El aroma de Bill aún estaba en todas partes. Me recosté en mi cama y sólo respirar ese aire me hacía recordar los momentos que vivimos juntos en esa cama. Cerré mis ojos y se me vinieron a la mente escenas de nuestra primera vez: sentir su piel contra la mía, sus besos, escucharlo gemir en mis brazos, la sensación de sentirme dentro de él. Aquellos recuerdos eran totalmente torturantes.

—Hijo, hoy debo ir a trabajar.

—Lo sé papá, has de haberte endeudado en el hospital por mi culpa.

—No, en realidad Simone pagó todo.

—¡Qué! —exclamé sorprendido.

—Sí hijo, ella quiso pagarlo todo.

Increíble, después de todo… Y mi mente se centró en ella, cuando la vi en el hospital, me miraba con desprecio, no era para menos, ella ya sabía lo que pasaba entre Bill y yo y lo había descubierto de la peor manera. Que horrible manera de conocerla. Mi rencor hacia ella aún permanecía, no sólo porque me alejó de Bill, sino porque no entendía por qué razón ella odiaba a mi padre, era eso, ella lo odiaba y se empecinaba en contradecirle en todo. Aún así me sorprendió que pagara la cuenta del hospital.

Mi padre se despidió y al salir dejó entrar a una visita.

—Tom, tienes visita —Y era ella, Heidi mi amiga.

Muy preocupa entró a mi habitación y se recostó en la cama junto a mí.

—Tom, mi Tom, ¿Cómo estás? —preguntó mientras ponía una mano en mi mejilla.

—Bien Heidi, es decir mejor, gracias por preocuparte —su presencia no me molestaba, siempre y cuando no intentara hacer algo conmigo o provocarme, como lo dije antes miles de veces, ella es como mi hermana.

—¿Cómo pasó?

Y le conté todo, sin mencionarle por qué Bill y yo huimos, ni como nos encontró Simone, sólo le dije que su madre quería llevárselo lo más pronto posible y yo no quise.

—Increíble, Tomi… —Ese nombrecito me sonó muy familiar. Alcé un brazo con dificultad y la agarré del cuello jalándola hacia mí.

—No me vuelvas a llamar Tomi, ¿me escuchaste? —le amenacé.

—Oh… lo siento —dijo ella algo asustada.

Cuando me molestaba solía descontrolarme a veces, pero me di cuenta de mi estúpida reacción y la solté.

—Perdona Heidi, no quise reaccionar así, es sólo que prefiero que me llames Tom o como quieras pero no ese nombre.

—Está bien… ¿Quieres algo Tom? Vine a cuidarte.

Lo bueno de ella es que era una buena compañera, sabía cómo contentarme, si ella no estaría aquí en estos momentos de seguro estaría llorando por todos los recuerdos de Bill, pero por un momento pensé en dejar de atormentarme y dejarme llevar por el momento, de qué me servía estar pensando en Bill si no podía moverme de esta cama y salir en su búsqueda.

—Te traje unos CDs de música, y también películas.

—Gracias, linda —volteó a verme y me sonrió.

—Hace mucho no me llamas así… —Recordé aquellas veces que pasamos horas y horas en casa haciendo la tarea y luego terminábamos acostándonos en el sofá, ambos lo tomábamos como algo divertido, jamás hablamos de sentimientos o de formalismos, sólo éramos amigos con derecho a más, de mucha confianza por así decirlo. Solía llamarle linda en un tono sugestivo cuando deseaba que pasara algo más entre nosotros. Ese no era el caso en estos momentos, sólo lo dije por decir. Pero ella lo tomó como una insinuación y se recostó más cerca de mí.

—Lo siento Heidi, quisiera corresponderte, no quise llamarte linda, no con otra intención —puso un dedo en mis labios y empezó a acariciarme— ¿Heidi…?

—¿Algún día me querrás como yo te quiero, Tom?

—Ojala pudiese… —Fui sincero, si tan sólo pudiera enamorarme de ella todo sería mejor, pero no podía. Ella era especial sí, pero no pasaba de ahí. Quien me ponía el fuego en el corazón era Bill, ¿por qué? Mi única respuesta era que siempre lo estuve buscando y al encontrarlo, era lo que siempre deseé, mi amor, mi otra mitad, predestinado para mí.

—El tiempo puede cambiar muchas cosas, y yo te esperaré, lo sabes… —Se me acercó y puso sus labios sobre los míos, me besó.

Cerré los ojos sin moverme, no tenía fuerzas para empujarla, en realidad no quería provocar una discusión con ella. No me moví. La sentí suspirar y sus labios suaves se movieron en los míos. Giré la cabeza hasta romper el beso. Ella muy avergonzada se separó de mí, dándome la espalda, se sentó en la cama.

—Perdóname… no fue mi intensión… lo siento —dijo ella y no sentí justo reclamarle. Muchas veces yo era quien daba la  iniciativa así ella se negara y al final, por insistencia mía, terminábamos en la cama o en el sofá. Ahora las cosas eran al revés claro, pero no reclamaría nada.

—¿Vienes a ultrajarme o me podrás esos CDs que trajiste? —pregunté soltando una risita. Vi que se volteó y me sonrió. Muy emocionada se paró de la cama y fue rumbo al reproductor de CDs.

—Te traje algo de Samy Deluxe y Eminen.

—Oh, Heidi, gracias, es lo que necesito en estos momentos o moriré de tristeza.

Y esa mañana la pasamos tarareando  canciones. Ella se puso a imitar cada escena de las letras, me hacía reír un poco. Me trajo dulces, me ayudó a levantarme para ir al baño, muy detallista conmigo, era la mujer perfecta, pero mi corazón estaba allá en Hamburgo con Bill, y así sería siempre…

 .

Por Bill:

Regresé a mi prisión. 

Flash back:

Era una mañana muy fría, gracias a no sé quien pude dormir al menos un poco en el viaje, abstrayéndome de todo mi mundo hecho mierda. Cargué a Bunny y bajé del auto.

Cuando entré a casa, Annie vino a mi encuentro y me abrazó.

Lo siento, Bill —dijo en un susurro— ¡Qué lindo conejito! —gritó al verlo.

Lo siento Bill, no podemos tenerlo, sabes que los animales traen enfermedades.

Intervino Gordon, quien ayudaba a mi madre meter mi mochila y las demás cosas de ella a la casa.

¡Me importa un carajo, no me lo quitarán, no les basta con quitarme a Tom! —grité de frustración.

¡Si supieras Gordon, por todo lo que he tenido que pasar…! —exclamó mi madre. Ya podría predecir que se armaría una pelea. Suspiré resignándome. 

Mi padre se me acercó muy molesto y me dio una bofetada, Bunny dio un chillido del susto, casi se me cae de los brazos.

¡No vamos a tolerar tu mal comportamiento aquí, me escuchaste Bill, ve a tu habitación!

No quise responder pues sólo así empeoraría las cosas. Salí casi corriendo de la sala, subí a mi habitación con Bunny y escuché a mi hermanita venir a mi tras, pero cerré la puerta, no quería saber de personas, de nadie en ese momento, de nadie que no fuese Tom.

Escuché las discusiones ahí abajo, de seguro mi madre le estaría contando todo a mi padre con lujos de detalles, lo escuché maldecir. Me preocupaba que Annie escuchara todo eso, yo sabía a la perfección lo que causaba escuchar a los padres discutir de esa manera. Ella podía estar asustada, pero aún así no salí de aquí. Escuché a mi padre subir las escaleras y dirigirse a mi cuarto. Tocó la puerta calmadamente. Sabía que no estaba calmado, no iba a abrir.

¿Bill? —preguntó con voz calmada— ¿Puedo pasar? —No contesté— ¡Bill abre la puerta! —sabía que estaba molesto.

Me acurruqué en mi cama, Bunny estaba aún conmigo, no se aburría de mi presencia. Mi padre se fue, pero regresó. «Maldición, está abriendo la puerta», tenía las llaves de mi habitación. Intenté levantarme para ponerle el cerrojo por dentro, pero él entró y cerró la puerta, se dirigió a mi cama y se sentó mirándome. Tomó a Bunny de las orejas,  lo alzó y éste chilló.

¡No! —me desesperé— ¡Déjalo, largo de aquí!

¡Calla y escúchame! —puso a Bunny en el suelo— Todo lo que haya pasado antes, ya pasó, ¿de acuerdo?, ahora es tiempo de comenzar de nuevo, no gano nada recriminándote el por qué fuiste capaz de enredarte de esa manera con tu hermano después de la crianza y confianza que te dimos.

¿Qué quieres decir?

Lo que quiero decir es que hemos pensado que vayas a estudiar a Francia…

¡No! —interrumpí desesperado— No quiero irme de Alemania ¡No!

Déjame terminar, no será ahora; será cuando termines la escuela, en el verano.

No quiero irme de Alemania —dije con la voz entrecortada.

 —Tranquilo, aún tienes tiempo para pensarlo, hijo las ilusiones de adolescentes pasan rápido, debes darte otra oportunidad.

No entienden, ¿no? Nunca entenderán yo amo a Tom y así será siempre —mi padre hizo una mueca de disgusto.

¿Y crees que tu madre y yo vamos a apoyar semejante acto enfermo? ¿Sabes que es ilegal? Que pueden meterlo en un reformatorio, podemos denunciarlo.

¡No! Él no tiene la culpa, fui yo quien lo obligó ¡Yo soy el enfermo! —comencé a desesperarme.

Sabes que no, iríamos a un médico legista y él cercioraría que no fue así, que él era quien te dominaba.

Ya no sabía qué más decir, estaba entre la espada y la pared.

Por ahora hijo estarás en constante vigilancia e irás a ver un especialista.

No quiero hablar con nadie.

No te he preguntado, te estoy informando como serán las cosas a partir de ahora, veras a un especialista y estarás custodiado por alguien las veinticuatro horas. Lo siento, es parte del castigo por la desobediencia y por la falta de vergüenza.

Custodiado… —repetí tratando de entenderlo.

Sí, acabo de contratar un… velo como un guardaespaldas, te acompañará hasta la escuela, así no podrás escapar y estará contigo todo el tiempo que tu madre y yo no estemos en casa.

¡Malditos!

Cuida esa boca que en ningún momento te estoy faltando el respeto, deberíamos ser más drásticos, ya te dije que deberíamos denunciar el caso, pues ahora te advierto, si algo pasara, si intentas escapar o volver con Tom, tu madre y yo lo denunciaremos, ¿quedó claro?

Y eso fue todo, empezaría mi prisión en ese instante, mi tortura…

Fin del flash Back

 .

Hoy era viernes, una semana atrás yo escapaba rumbo a Bremen, quién lo diría que una semana después me encontraría en este mismo lugar de mierda. Mi vida había dado un giro de 160° grados. Habían pasado ya tres días desde que regresé. Sin noticias de Tom, sin ningún tipo de esperanza, nada, sumido en la más profunda de las tristezas, abandonado a mi suerte en estas oscuras cuatro paredes de mi habitación.

Encargué a Bunny con Annie, ya que si seguía conmigo lo haría morir de la pena, con ella estaría mejor y por gracia divina mis padres aceptaron que el conejo se quedara con nosotros.

Llamaron a mi cuarto, me pasaron la voz hace como una hora, pero es que no tenía ganas de nada, estaba desnudo en mi cama tapado sólo con las sábanas, abrazaba aquella polera que me puse cuando Tom y yo hicimos el amor por última vez, aún tenía su olor. Insistieron en tocar la puerta.

—¡Ya va! —dije, era un trato, hoy visitaría a ese psiquiatra que ya sabía de mi «caso».

Me levanté con tanta pereza, guardando la polera debajo de mi almohada, fui a mi guardarropa y me puse lo primero que encontré. Generalmente era de prestar mucha atención a mi imagen. Encendí la luz, mala idea, al mirarme al espejo tenía un rostro deprimente, con horribles ojeras. «Rayos, necesitaré maquillaje». Tocaron otra vez la puerta.

—¡Ya va! ¡Espérese! —¡¿Es que no había un minuto de paz?!

—Joven, apúrese, su madre nos espera —una voz desconocida me llamó, ¿pero qué demonios pasaba?, cómo dejaron subir a alguien desconocido.

Rápidamente busqué mis lentes oscuros y me puse la chaqueta de capucha que era antes de Tom, y salí.

Frente a mí, había un joven, no tan joven a decir verdad, lo miré sorprendido por su atrevimiento a subir.

—Lo siento por no presentarme, me llamo Anis Ferchichi, soy tu nuevo, humm, cuidador o guardaespaldas o como te haya dicho tu padre.

—¿Anis, qué? —no pude evitar reír un poco, este tipo tenía un nombre raro.

—Sólo llámame Bushido, así me llaman. —me miró de pies a cabeza. 

—Soy Bill Kaulitz, no estoy muy contento saber que me han puesto una niñera, puedo cuidarme solo.

 —Lo sé, pero si ambos ponemos de nuestra parte podemos pasarla bien —jamás iba a estar bien en esa casa, pero él tenía razón, si me cerraba todo el tiempo acabaría matándome uno de estos días, ganas no me faltaban en verdad. Además él parecía tan tonto, de seguro podría engañarlo para escapar, «sí Bill, llévate bien con este tipo y escapa»

—Sí, tienes razón —Le sonreí—. Vamos entonces —No duraría ni un día más aquí, lo juré…

Continúa… 

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por Pink Girl

Escritora del Fandom

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