Mi otra mitad 22

Fic TWC de PinkGirl

Capítulo 22: Noticias

-Dos semanas después-

Por Bill:

Ya habían pasado dos malditas semanas y aún no había podido lograr mi cometido. Esto de estar custodiado por una persona me resultaba claustrofóbico. Cada vez que salía de mi habitación en las noches para comer, para tener un tiempo de paz, él estaba ahí. Si quería visitar a Georg, si quería salir a caminar, tenía que salir con él. Y Bushido no era un tipo en quien podía confiar. Intenté chantajearlo con dinero, pero no funcionó; le dije que me acompañara a Bremen a visitar a unos amigos, pero él tenía órdenes estrictas de no sacarme fuera de la ciudad. Todo esto era cada vez más frustrante, sin contar las insinuaciones de este hombre hacia mí. Era muy fastidioso, le conté a mi padrastro, pero él no me creyó, claro, me dijo, como quieres librarte de él no te queda otra que inventar que es gay; él tiene una novia, deja de inventar cosas de otras personas, analiza tu vida. etc., etc…

Hoy en la mañana, harto de todo, como un zombi caminé junto a él a mi quinta cita con el psiquiatra. Era un hombre mayor, muy serio, pero parecía importarle mis cosas, en parte me gustaba hablar con él, siempre y cuando no sea de Tom; es que terminaba racionalizando todo lo que había vivido con él, lo hacía ver como un error del cual sería fácil salir si me lo proponía, pero yo no quería eso, yo no quería olvidarlo ni mucho menos renunciar al amor que sentía por él.

Ya en el consultorio Bushido dejó que pasara solo. Al fin a solas con alguien de confianza.

—Hola, Bill —me saludó sonriente—. Siéntate por favor, esperaba tu visita hoy.

Él y yo al principio hablábamos de temas sin importancia, de nuestros intereses, de música, pero siempre terminábamos tocando el tema de Tom y de mi relación incestuosa.

—Y ¿cómo estás hoy? —Preguntó.

—Estoy como siempre, mal, muriendo de ganas por regresar, ya sabe, todo eso.

—Lo comprendo. ¿Pensaste en lo que te dije la otra vez? —preguntó anotando algo en sus papeles.

—La verdad que sí pensé, pero doctor, es que yo lo amo, no daré un paso atrás, sé que debo pensar en mi mismo, pero hacerlo implica pensar en él también.

—¿Qué pensarías si te diría que todo eso es sólo una etapa en tu vida?

—Diría que es mentira porque él es todo en mi vida.

—Está bien Bill, hablemos de tus planes ¿Qué piensas hacer? —Y ahí vamos otra vez con esa pregunta; no tenía planes, pero quería demostrar lo mucho que significaba Tom para mí.

—Bueno, yo… algún día regresaré… —Enmudecí.

—Y ¿qué harás?

—Estar con él. Sólo eso, vivir con él para siempre.

—¿Crees que es posible? Sabes que eso traerá problemas, y además no está permitido por la ley, ¿qué piensas de eso?

—Que es una mierda, todo el mundo, la sociedad es pura mierda, incluyendo mi familia.

—Puede parecerte mierda todo, pero es la realidad Bill y no se puede vivir lejos de ella —lo dijo todo, no me gustaba pensar en la realidad porque ella estaba en mi contra siempre.

—No me gusta pensar en la realidad…

—Lo entiendo. Pero para eso estas aquí, puedo ayudarte —sacó algo de un cajón, era una libreta—. Ten esto, hagamos algo, quiero que empieces a soñar con el futuro, que tengas sueños y metas, proponte algo, metas a largo plazo, escríbelas aquí y la próxima vez que nos veamos hablaremos de eso, ¿te parece?

—Escribiré de Tom, usted lo sabe.

—Escribe tus planes o lo que quieras y hablaremos de eso cuando regreses.

Después hablamos de nuestros pasatiempos, me aconsejó salir más de mi habitación, buscar con quien relacionarme en mi casa, pensé en Annie, mi hermanita, me pareció buena la idea, en vez de morir lentamente encerrado en mi habitación me relacionaría más con ella.

Salí de ahí algo aliviado, aunque no del todo conforme, porque nadie me entendía, nadie estaba de mi lado con respecto al amor que sentía por Tom y probablemente así sería para siempre, estaba solo en esto.

Ya afuera Bushido me esperaba para llevarme de regreso a casa. Él aun no sabía el por qué me cuidaba, por qué mi padre le había dado esa orden de que esté siempre en vigilancia, tampoco sabía por qué iba al psiquiatra. Era muy curioso por saber de mí, pero no le tomaba importancia, en parte me incomodaba, me sentía acosado.

—¿Cómo te fue? —Preguntó mientras me tomaba del brazo para guiarme a su carro.

—Suéltame, puedo caminar solo —solté algo molesto, ese tipo siempre quería tener contacto conmigo—. No voy a correr, ¿está bien? —Bueno, tenía que admitir que muchas veces salí corriendo intentando escapar sin éxito, me terminaba atrapando hasta a veces hacerme daño, tomándome de las muñecas con mucha brutalidad.

—Sube —ordenó y subí.

Ya en el auto, intentó portarse bien conmigo.

—Lo siento, Bill, sabes eres muy lindo…

—¡Ya no empieces con eso otra vez! —No era primera vez que me hablaba así, ya sabía que se sentía atraído por mí, que cosa más antiprofesional, un hombre que decía estar comprometido.

—Oh, vamos, tú y yo podríamos pasarla bien, es tu decisión, incluso puedo permitirte ciertas libertades que tanto quieres, aún no sé porque te prohíben tanto las salidas, no veo peligro alguno alrededor tuyo —Atrevido, quería chantajearme.

—No gracias, no quiero saber nada de ti.

—Te lo pierdes —aunque pensándolo bien, su propuesta no era mala idea.

—Umm… ¿Cómo qué libertades podría tener? ¿Puedo viajar? Deseo visitar Bremen.

—No, eso muy arriesgado, digamos que podrías usar el teléfono, o podrías pedirme favores y trataría de cumplirlos, siempre que no vayan en contra de las reglas que tu padre me informó.

—Oh, ya veo… a cambio de qué exactamente.

—De ti, de que pases tiempo conmigo, como amigos y después si quieres como algo más, me atraes mucho en…

—¡Basta! No sigas con eso, ya lo sé, sólo que no me parece, no me gustas.

—No te obligo a nada Bill, soy un hombre paciente —dijo con una sonrisita, me parecía insoportable a veces.

—Bueno, ahora pasas tiempo conmigo y deseo algo a cambio —se me había ocurrido una idea.

—Dime, cariño.

—Quiero enviar una carta a Bremen.

—No, a Bremen no.

—Por favor, es una carta —Tom no tenía teléfono, tenía razón mi madre al molestarse por ese hecho—. Vamos, por fis… —dije pegándome más a él.

—Bueno, está bien —“¡Sí! el imbécil cayó” De la emoción me pegué más a él abrazándolo, claro que después me di cuenta de mi estupidez y me separé— Pero sólo si la puedo leer antes y me cuentas para quien va esa carta, puede ser.

—Gracias en verdad.

—Me gusta cuando sonríes —dijo mirándome y me puse serio— ¿Quieres un helado?

—No gracias.

—Vamos, es parte del trato de la carta, vamos por helados y después escribimos la carta.

Acepté algo incómodo. Él se divirtió mucho en esa “cita”, mientras que yo tragué como pude ese helado para regresar a casa lo más rápido posible, tenía en mi mente tantas cosa que contarle a Tom, que no lo he olvidado, que pese a todo mi dolor iba a salir adelante y buscaría la manera de estar con él para siempre, que de alguna manera podía mantener contacto así sea a la antigua, por cartas. Pero estaba Bushido y debía ser bueno con él.

Ya en casa, fui a mi habitación, Bushido me acompañó. Tomé una hoja, me senté en mi escritorio y empecé a escribir intentando tapar con mi brazo lo que escribía.

—¿Por qué tanto misterio?

—¡Que te importa!

—Hey, recuerda nuestro trato, tendré que leerlo antes de que lo envíes —Tenía razón, no podía ser tan obvio al escribir—. Es para tu hermano, ¿no? El chico malo, ese delincuente —mis padres le habían dicho que tenía un hermano “peligroso” allá en Bremen.

—Sí, es para él.

—Ja, ya veo… con más razón la revisaré —“¡Rayos!”

Terminando de escribir la carta, él la leyó e hizo muchas modificaciones, preguntándome mil cosas y yo inventándole otras mil. Estuvimos discutiendo toda esa tarde. No quedé nada satisfecho con la carta pero algo era algo, al menos un contacto con Tom.

Esa misma tarde fuimos a entregarla.

 .

Por Tom

Habían pasado como dos semanas. No había ni un solo segundo en donde no pensara en Bill. Mi cuerpo estaba recuperándose del accidente, podía hacer todo menos trabajar de cargador. Necesitaba dinero para buscar a Bill. Ese era mi plan desde que salí del hospital, no me iba a quedar esperándolo, él no regresaría, tendría que ir yo por él, pero necesitaba dinero. Estuve tocando la guitarra todas las noches en un hotel que quedaba cerca junto a Gustav y otros amigos, nos daban sólo una propina, pero si iba todos los días en la semana tendría ciento cincuenta euros y eso no estaba mal, aún así necesitaba más si pensaba fugar con Bill a alguna parte.

Era la tarde y acababa de regresar de la escuela, la vida continuaba y mis estudios también, no podía descuidarme en eso.

Al regresar de la escuela, en la puerta de mi casa me encontré a Heidi quien me esperaba, no había ido a la escuela, ella estaba algo enferma así que venía en las tardes a casa a ponerse al día con los temas.

—¡Tom! —gritó mientras me daba un abrazo.

—Cuidado que me contagias, Heidi. —se separó y entramos a casa.

Ya dentro empezamos a hacer las tareas. Ella sabía que me interesaba una persona, no le mencioné que era Bill, no quería que más personas se enteraran de eso, nadie lo entendería. Pero aún así siempre buscaba la manera de estar sobre mí y de seducirme, pero como tenía gripe esta semana, era la excusa perfecta para evitar cualquier roce.

—Y bien, ¿cómo te fue en la escuela? ¿Me extrañaste? —preguntó mientras se pegaba más a mí.

—Heidi, la gripe, no quiero faltar mañana o también te atrasarás tú —me sonrió y se separó.

—¿Viste a esa persona que te interesa? ¿Por qué no me dices su nombre? Tal vez la conozca.

—Si te digo quien es, no me creerás, además querrás matarla —ella rió.

Nos interrumpió el sonido de la puerta, alguien llamaba. Me paré, fui hacia ella y la abrí, era el cartero.

—¿Tom Kaulitz?

—Sí, soy yo.

—Tiene una carta, firme aquí por favor —firmé y tomé el sobre color platino, sólo decía mi nombre, pero había una dirección atrás, una dirección de Hamburgo…

El tiempo se detuvo mientras cerraba la puerta sin despedirme de aquel hombre, sin decir nada. Me volví a sentar en la sala aún anonadado. Tenía temor de abrirla, podía ser Bill, o ser Simone, podían ser buenas noticias como malas también.

—¿Una carta? —habló Heidi, acercándose curiosa.

—Sí… —Mi corazón empezó a acelerarse, un sentimiento de nostalgia combinada con ansiedad se apoderó de mí.

—Vamos ya ábrela, qué esperas.

Con mucho nerviosismo la abrí, un papel celeste con un aroma muy familiar, mi Bill, mi conejo…

 .

Querido Tom:

No puedo escribirte como quisiera así que disculparás esta fea carta, pero debo decirte que no he olvidado nada de lo vivido, que siempre pienso en ti.

Bunny, tu conejo, te extraña y  te espera siempre. Extraña cada cosa que hacían juntos, extraña estar en tus brazos. Pero sus dueños lo tratan bien, para encerrado en una caja, quiere escapar, pero no puede, lo cuidan muchas personas.

Siento la brevedad de mis palabras y la falta de sentido.

No respondas esta carta, era mi deseo hacerte ver que estoy bien, que me cuidan.

No puedo escribir más, lo siento.

Tu conejo estará pronto contigo, lo presiento, sé que lo extrañas como él te extraña a ti.

Con cariño,  Bill Kaulitz”

 .

Había un dibujito de un conejo al lado de su nombre.

Las lágrimas amenazaron con salir, respiré hondo tratando de contenerme. Estaba muy emocionado, lo que más deseaba era noticias de él y las tenía en mis manos, en su carta. Heidi me sacudió del brazo, intentando mirarme a los ojos, pero mi mirada estaba fija en la carta, la leía varias veces.

—Tierra llamando a Tom Kaulitz —me molestó pasando su mano por mi vista—. Es la carta de Bill, ¿no? Pareces emocionado, ha de ser un buen hermano, aún no entiendo por qué su madre se lo llevó así de repente.

—Heidi… debo ir a Hamburgo, quiero ir hoy mismo.

—Pero… no entiendo, ¿cómo irás, con qué dinero? ¿Por qué tanta desesperación? —me paré y fui a mi habitación, empecé a alistar una mochila. Heidi me siguió.

—Sabes, Heidi ¿Me harías un favor? —miró curiosa— Dile a mi padre que no se preocupe por mí, sólo dile que debía irme, pero regresaré para despedirme de él.

—¿¡Qué!? ¡Despedirte! ¿A dónde irás? ¿Qué estás pensando Tom?

—Sólo dile eso, y que estaré bien.

Terminé de alistar mis cosas, me acerqué a mi amiga, la cual estaba atónica, y la abracé. Comencé a caminar hacia la puerta, pero ella me agarró de mi ancha polera antes de poder salir.

—Es por él, ¿verdad? Él es la persona secreta de quien estás enamorado —agaché la cabeza, no quería hablar de eso con ella, nadie lo entendería, me había prometido a mi mismo no tocar el tema con nadie— ¡Por Dios, Tom! Es lo más… raro que he escuchado en mi vida.

—Lo sé Heidi, ahora debo irme… —Volvió a colgarse de mi cuello.

—No sé qué decirte, pero espero que regreses —asentí y la abracé—. Cuídate Tom…

—Cuídate tú también.

Al salir de mi casa, miré la dirección que estaba impresa en el sobre de la carta y fui por un taxi. Me dirigí a la estación de trenes. Ya ni recuerdo la última vez que fui a Hamburgo, tenía sólo tres años cuando mi padre me trajo a Bremen, separándome definitivamente de Bill, pero no lo culpo, no a él.

Ya en la estación del tren, afortunadamente el dinero que traía alcanzó para comprar un boleto, viajaría de día y estaría allá por la noche, muy noche, tal vez pasaría frío, pero iba a ver a Bill y esta vez nadie nos podría separar.

Voy por ti amor… espérame…”

Continúa… 

Comentarios, sugerencias, y críticas son bienvenidas.

por Pink Girl

Escritora del Fandom

3 comentario en “Mi otra mitad 22”
    1. Yo no he terminado de leerlo, así que tampoco puedo asegurar nada, pero por lo general PinkGirl tiene buenos finales, así que ánimo y a seguir leyendo.

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