
Fic TWC de PinkGirl
Capítulo 25: Estoy aquí para ti
Por Bill:
Deseaba dormir, adormecerme en mis sueño buscando a Tom como solía hacerlo el estos últimos meses, es que mi mundo giraba alrededor de él… Aún así, pensaba en todo lo que el psiquiatra me había dicho, que sólo era una etapa, que pronto pasaría, que debía pensar en mí mismo, en mis metas, que pensar en Tom causaba problemas y me complicaba la vida, etc. etc.… tal vez tenía razón, pero era inevitable, yo estaba enamorado y eso en cierta forma me controlaba.
No quería renunciar a ese sentimiento, pero tal vez, tal vez ese doctor tenía razón.
Estaba intentando dormir y mi hermanita apareció diciéndome que quería que comiera pizza, me pareció algo chistosa su insistencia, pero a decir verdad tenía algo de hambre, así que me dio igual que me trajera una pizza.
Al escucharla tocar otra vez, me levanté de la cama, mi habitación estaba oscura, llevaba puesto mi pijama que eran unos shorts y un polo. Me dirigí a la puerta sobándome los ojos, la abrí, la luz entró de golpe, mi hermanita estaba ahí frente a mí, pude sentir el olor de la pizza y al abrirlos vi a Tom, o eso creí, sacudí mi cabeza y el tiempo se detuvo “o es Tom o estoy soñando o tal vez alucinándolo” Retrocedí un poco asustado, no lo podía creer y él me sonrió.
—Entrega especial de pizza vegetariana —dijo Annie empujándolo dentro de mi habitación con la caja de pizza en la mano, y la puerta se cerró quedándonos los dos en la oscuridad. Empecé a agitarme, estaba emocionado y a la vez muy asustado.
—Hola, conejo… —habló acercándose, dejando la caja de pizza sobre un mueble que tenía, empecé a retroceder hasta que mi espalda dio con la pared— Te extrañé demasiado y quise venir por ti.
—Tom… —apenas dije en un susurro y él se pegó contra mi cuerpo, era real él estaba aquí, empecé a respirar pesadamente, mi corazón quería salirse de mi pecho.
Pero estaba aquí, ese era el problema. Temblando intenté hablar, pero él me tomó de la cintura pasando sus manos por debajo del pijama, sentí su tacto otra vez y empecé a perderme en esa sensación tan placentera que sólo él me proporcionaba, puso su frente en mi hombro y abrió su boca, me besó el cuello, me estremecí.
—Tom, por favor no… —Estaba asustado. No en mi habitación, en mi casa, en Hamburgo, con mis padres por venir, con Bushido en la otra habitación. Era muy arriesgado, demasiado…
Se separó de mí y me miró a los ojos, aún en la oscuridad pude ver el brillo de sus hermosos ojos, su perfecto rostro, suspiré al tenerlo cerca.
—¿Cómo has estado? Recibí tu carta y no pude resistirme en venir por ti, vámonos Bill, juntos a donde sea, pero juntos…
—Yo… quisiera, pero no puedo, Tom, han pasado muchas cosas…—Se separó de mí y retrocedió unos pasos, tomé su mano y la presioné— Pero te amo, eso no ha cambiado.
Volvió a acercarse y me besó con pasión, no pude evitar corresponderle, había regresado mi amor, mi otra mitad, y sin él me sentía incompleto.
—Te amo, Bill. Eso nunca cambiará así el mundo esté en contra de esto, yo soy feliz sólo contigo —Puse mis manos alrededor de su cuello y el posó las suyas alrededor de mi cintura, ambos suspiramos.
—¿Qué pasará ahora? ¿Qué haremos? Estamos perdidos, esto es algo loco Tom ¿Cómo haremos para salir de aquí?
—No lo sé, sólo quiero vivir el momento, Bill; ahora sólo quiero estar contigo sin importar qué pasará mañana.
Pero el mañana a mí si me importaba, si Tom me tocaba ahora, si terminábamos como siempre después de besarnos haciendo el amor y al día siguiente él se iría no lo soportaría. Yo lo deseaba, pero tenía tanto miedo de perderlo otra vez, más la amenaza de mis padres de que lo denunciarían si otra vez nos encontraran juntos y las palabras de psiquiatra rondaban mi cabeza… Creo que nada sería como antes y eso me ponía muy triste.
—¿Estás bien? —Preguntó por el prolongado silencio que se formó entre nosotros y al ver que bajaba la mirada. Respiraba hondo intentando calmar las lágrimas que amenazaban con salir, detestaba llorar, me hacía sentir débil y ésta no era una buena ocasión para eso, Tom estaba conmigo pero aún así la tristeza me embargó, la inseguridad con respecto al futuro.
—Bill… —Me abrazó y rompí en llanto— Llora, yo estoy aquí para ti…
—Tom, somos víctimas, no podemos estar juntos… todo esto se complica más.
—Lo sé…
Estuvimos abrazados por mucho rato, hasta que pude sentirme mejor, tenía a Tom, al menos por una noche, al menos por hoy sería feliz. Me limpié las lágrimas y lo conduje a mi cama, encendí mi lámpara y nos sentamos, había mucho de qué conversar. Pero él se lanzó por mí a besarme el cuello.
—Tom, yo… por favor no ahora, no lo soportaré, yo te deseo, pero no soportaré despertar sin ti mañana —se separó de mí y asintió, me tomó de la mano y me dio un beso suave en los labios, yo suspiré emocionado.
—Está bien… ¿Quieres pizza? Recuerda que soy el chico de las pizzas, tu hermanita me mencionó eso muchas veces, es decir, nuestra hermana.
—Oh, vamos cuéntame cómo entraste aquí —pregunté mientras tomaba la caja de pizza y sacaba un trozo.
Pasaron como dos horas, estuvimos hablando de todo, de cómo estaba mi padre, le conté que estaba yendo a un psiquiatra, le conté lo de Bushido, no lo tomó bien, quería verlo y reventarle la cara, no era para menos, no quise contarle del acoso, sólo le dije que a veces era un tipo muy pesado. Estuvimos jugando con Bunny un tiempo, él estaba feliz de volverlo a ver. Me recosté boca a bajo en la cama para ponerlo en su cesta que quedaba al otro lado de ésta. Sentí que Tom pasaba sus manos por mi cintura descubierta, me estremecí.
—No te imaginas cuanto extrañé poderte tocar, conejo… —Suspiré de puro gusto y me senté en la cama de nuevo.
—También yo —dije mientras lo rodeaba con mis brazos—. Estamos con el tiempo en contra…
Pero empezaron a venir muchos pensamientos a mi cabeza, pensamientos que me hacían sentir incómodo “Está mal, es tu hermano, es incesto, es ilegal, es inmoral” ”Pero lo deseo, es inevitable, yo le amo”, ”piensa con la cabeza, la relación no tiene futuro”, “Yo lo deseo”, “Tu futuro, tu familia, la sociedad, el psiquiatra, Bushido, la realidad, etc, etc, todo te indica que está mal”.
Tom me besó, y empezó a recostarme poco a poco en la cama.
—Te deseo, Bill… Yo quiero hacerte muchas cosas ahora… —Empezó a besarme la mejilla.
—Sí… —musité intentando acomodarme bajo él. Pero no estaba cómodo, la situación, el hecho de que esté en mi casa me ponía nervioso— Tom —llamé empujándolo un poco, me besaba el cuello y empezaba a excitarme.
—¿Qué pasa? —Dijo alzando la mirada— ¿No quieres? Sabes que no te obligaría a nada.
—Sí quiero, pero… no puedo —fui sincero, me estaban atormentando muchos pensamientos a parte del temor que sentía por el mañana.
—Está bien, no lo haré —dijo intentándose levantar de sobre mí.
—Espera —dije volteándome para buscar algo que estaba en mi mesa de noche—. Ten, átame con esto —Le di unas cuerdas de nylon que tenía cerca.
—¡Q-qué! Pero Bill —miró sorprendido tomando las cuerdas en sus manos.
—Tom, yo lo quiero así, mi cuerpo lo desea pero mi mente dice no, así que átame con esto así no habrá marcha atrás —y suspiró, la idea pareció gustarle.
Cogió mis dos manos y las ató con las cuerdas sobre mi cabeza, las amarró en la cabecera de la cama, besó mi mejilla para luego mirarme fijamente alzando una ceja. Se quitó la gorra y sus rastas cayeron por sus hombros, se quitó la polera y suspiré, se acercó hasta mis labios.
—Conejo, ¿sabías que puedo hacerte muchas cosas? —al sólo escuchar su voz de esa manera tan sugestiva comenzaba a excitarme. Eso no pasó desapercibido por Tom quien bajó la mirada directo a mi entrepierna al sentir un bulto creciendo debajo de él.
—Hazme lo que quieras, ahora Tom —mi desesperación aumentaba.
—Claro que sí…
Remangó mi polo de pijama hasta mis axilas, pudiendo notar todo mi torso desnudo, pasó su lengua lentamente por mi pecho, llegó a uno de mis pezones, empezó a succionarlos.
—Ahh, Tom —di un gemido, mi respiración era cada vez más rápida.
Tom bajó por todo mi vientre con su lengua, haciéndome sentir cosquillas de excitación, era como la primera vez, esas sensaciones tan placenteras rodeadas de nerviosismo y ansiedad.
—Bill… oh, pero si eres tan suave… —Sentí que bajaba mis shorts junto con mi ropa interior. Mi corazón retumbaba en mi pecho, como si volviera a latir después de tanto.
—Humm, ahh, Tom, apaga la luz de la lámpara —apenas pude decirle al sentirme desnudo, expuesto a él.
—Pero si ya te vi antes, conozco como eres y me encantas, todo de ti me encanta —intenté levantar la cabeza, pero con mis manos atadas a la cabecera de la cama no podía ver nada.
—Tomi, ¿Qué haces? —Pregunté al sentir su aliento cerca de mi miembro— ¡Ahh, Tom! —Ahogué un gemido y arqueé la espalda de puro placer, sentía su húmeda lengua pasar por la longitud de mi miembro erecto.
—¿Te gusta, conejo? —No pude contestar porque se lo metió todo y pegué un grito de puro placer— Bill, shh, no conejo, no grites aquí o tendré que amordazarte.
—Tom, lo que me haces… es torturante… —Dije jadeante y se levantó un poco para mirarme.
—Amo tu preciosa cara de excitado total, ahora si vendrá tu tortura.
—La quiero toda… ahhh —Gemí al sentir sus dedos ahí, en mi entrada, presionando y adentrándose— Tom…
—¿Hmm? Dime —me miraba intensamente, amaba esa mirada de él sobre la mía, tan posesiva, tan demandante, deseosa…
—Quiero que me lo hagas fuerte, para sentir que todo esto es real… y que mañana despertaré a tu lado…
.
Por Tom
Bill iba a matarme con cada cosa que me decía, le tenía todo para mí, quería que se lo hiciera fuerte y no me negaría, con mucho cuidado sí, pero le haría sentir todo mi amor y deseo en ese mismo instante.
Tenía dos dedos míos en su interior y empecé a moverlos en círculos para prepararlo, hoy sería una noche larga y no perdería el tiempo que nos quedara juntos, pues sabía que sacarlo de aquí tomaría muchos riesgos.
—Ahh, Tom ya, estoy listo —Gemía audiblemente a pesar de que nos encontrábamos en su casa.
Tomé sus largas y delicadas piernas y las separé un poco más posicionándome entre ellas, me incliné un poco hasta rozar los labios de Bill.
—Ruégame conejo, di qué quieres de mí —Dije divertido, me ponía la cara que tenía, hacerlo impacientar un poco.
—Que malo, Tomi… —hizo un puchero y rocé su entrada con mi miembro, empecé a moverme sobre él, le sonreía un poco— Ahh, vamos Tom, te quiero dentro de una vez ¡házmelo ya!
No iba a dejar que me gritara que lo penetrara de una vez, lo hice muy rápido viéndolo retorcerse debajo de mí con gotitas de sudor descendiendo por su rostro, unas lágrimas empezaron a deslizarse. Arqueó su espalda y pegó un grito. Inmediatamente tapé su boca, era mucho riesgo.
—Shh, Bill —le callé sin moverme dentro de él— Nos pueden pillar, abajo hay una pijamada, ¿lo recuerdas? —Asintió, y saqué mi mano de su boca. Su presión me dolía, debía moverme, no pude evitar hacer un gesto de dolor.
—Ahh, Tom, muévete, no haré ruido —Lo tomé de la cintura con una mano y con la otra me apoyé en la cama para no aplastarlo, debía él moverse también—. Libérame, no me resistiré, quiero… ahh… Tom.
Mientras le embestía, liberé sus manos atadas dejándole más libertad, me abrazó inmediatamente, y empezó a mover sus caderas.
—Mi Bill… no sabes cuanto extrañé sentirte así, tu calor y fogosidad, me pones mucho —dije apenas en susurros jadeantes, pues mi respiración estaba muy acelerada. Sentía tal placer desbordar mi cuerpo, era increíble.
—Ahh, humm, más Tom, así…
Bill se apoyó en la cama impulsándose hacia delante quedando ahora sentado sobre mí, en un acto desesperado empezó a montarme como jinete de caballo, subiendo y bajando desenfrenadamente, gimiendo y estremeciéndose sobre mí.
—Ohh, Bill vas a matarme —Sentía su miembro palpitar entre nuestros vientres y su gemidos eran más audibles. Lo abracé por la cintura apretándolo a mí con fuerza. Y fue cuando gritó y se estremeció corriéndose entre nuestros vientres, besé sus labios abiertos, empecé a llegar al clímax.
—Dame, Tom… —Dijo levantándose un poco, haciendo que saliera de él, para darme la espalda, inclinándose, dejándome todo su trasero y volteó a verme— Dame fuerte… —Restregó su trasero en mi entrepierna. Definitivamente iba a explotar en él y le daría lo que me pidiera. No dudé un segundo y lo empecé a embestir, besando su espalda, amando cada célula suya. Lo tomé por la cadera y con una última estocada me corrí en su interior, sintiendo como gemía de gusto y como mi cuerpo se descargaba en oleadas de puro placer, como tocar el cielo.
Cayó sobre la cama exhausto, y yo me puse a su lado abrazándolo frente a frente, desnudos, como complementados, mitad y mitad. Besé su frente y él suspiró.
—Tom… —me miraba con los ojos acuosos, aún jadeábamos.
—Dime.
—Quiero más…
Continúa…
Jejeje… ¿Podrán salir? u.u
Comentarios, sugerencias, y críticas son bienvenidas.