«Muñeco de Cristal» Fic de Scarlet Engel
Capítulo 2 (P.1)
Desperté con pesar, la alarma ya había sonado, pero no me desperté por eso. Sino porque mi reloj se oía lejos de la mesita de noche. Abrí los ojos y me los talle un poco, me senté y recargue mi espalda en el respaldo de esta. Busque con la mirada mi reloj; tremenda sorpresa me lleve cuando fije la vista en el piso, Titán estaba pegándole al reloj con su patita. Se veía muy tierno, y como no lo podía apagar, metía su cabeza debajo de sus patitas gimiendo. Me estire hasta alcanzarlo, lo tome y lo apague. Lo coloque en la mesita y le llame para que se volviera a acostar en la cama junto a Bill, que dormía como un niño recién nacido.
Me levante para meterme a duchar y después preparar el desayuno. Nuestra madre nos dejó una nota ayer en la habitación diciendo que había ocurrido un problema en su trabajo y no llegaría hasta el próximo fin de semana. Era normal que ella pasara mucho tiempo fuera de casa, y solo regresaba cuando Bill se rompía algo o necesitábamos dinero.
Con eso en mente me metí a duchar, puse una temperatura agradable, no quería congelarme ni quemarme. ¿Qué haría para desayunar? Los waffles me salen a la perfección y los hot-cakes ni se diga. Pero como recordé que entrando a la escuela, mi primera clase era educación física y ese profesor no deja entrar ni un minuto tarde a su clase, lo mejor era hacer una ensalada de frutas.
Talle bien mi cuerpo y cabeza y salí del baño con una toalla en la cintura y con otra me secaba el cabello. Me dirigí a mi armario y saque un bóxer, una camiseta y un pantalón. Aun no tenía uniforme y jamás me lo pondría si lo tuviera. De hecho pensaba inventarme una enfermedad, la cual dijera que no podía usar ropa de algodón o cualquier otra tela, solo la que tenía en casa. Y así nunca usar ese horrible uniforme. Me coloque mis prendas y baje a la cocina, cerré la puerta de mi habitación muy lento para no hacer ruido y despertar a mi hermanito.
Ya en la cocina puse manos a la obra: agarre esto, agarre aquello, corte en trocitos, lave esto, volví a cortar este pedazo, coloque en un recipiente, agarre una cuchara, revolví bien y ¡taran! Mi ensalada quedo con una hermosa presentación pero, me faltaba una bebida y para ser un poco más servicial haría unos huevos revueltos.
Tome unas naranjas de la mesa y la corte a la mitad, las exprimí con todas mis fuerzas y el jugo que salía, caía en una jarra. Coloque agua y azúcar, y quedo deliciosa. Deje la jarra en la mesa y solo faltaba hacer los huevos. Saque del refrigerador cuatro huevos, rompí la cascara de los cuatro y en un plato hondo los batí muy bien y coloque un poco de sal. Puse la sartén a calentar y puse a derretir un poco de margarina (le daba un buen sabor), ya caliente vertí los huevos y trate de revolverlos bien.
Luego de unos minutos ya estaban, no se quemaron y sonreí victorioso. En dos platos puse mitad y mitad. Y los coloque en la mesa. Todo había quedado perfecto. Subí a la recamara para levantar a Bill, tenía que desayunar bien y tomar todas sus vitaminas.
Entre a la recamara y seguía durmiendo, sin duda, yo quería estar en su lugar. Me acerque con sigilo, Titán ya se había levantado y meneaba su cola de un lado a otro. Y lo que no quería, sucedió. El perro comenzó a lamberle la cara para que despertara, Bill comenzó a reírse y mucho después a carcajearse tratando de detener a Titán. Puse lo ojos en blanco y me acerque a ellos.
-Bonita manera de despertar ¿cierto?
-Jajajajaja sí. ¡Para Titán, para!
Trataba de detenerlo pero no lo conseguía, agarre a el perro del pecho y lo atraje hacia a mí. Le acaricie la cabeza para que se tranquilizara y lo conseguí. Lo deje en el piso y salió corriendo, seguro y fue al patio a hacer sus necesidades y luego a desayunar al igual que nosotros.
-Vamos, hermanito. El desayuno está servido.
-¡Sí!
Se levantó muy deprisa, yo igual con el miedo latente, pero suerte no sucedió nada, que alivio. Se tallo los ojos y bajo al comedor muy despacito, quizás y se dio cuenta de lo nervioso que me puse cuando se paró de la cama.
Se sentó y yo lo imite. Por su expresión, me dio a entender que le había sorprendido lo que había hecho para desayunar; él sabe que no soy un cocinero y yo lo sé también, pero me guie gracias a que nuestra madre, siempre me pedía ayuda para hacer la comida o la cena y de ahí aprendí un poco.
-¿Todo esto lo hiciste tú, Tomi? – Como lo suponía, no me creía.
-Sí. Me costó algo de trabajo, pero he aquí el resultado. Ahora, no preguntes nada y come.
Se lo había dicho con delicadeza, para que no pensara que estaba enojado. Lo cierto era que estaba molesto, pero no con él, sino con mi madre. ¿Cómo es posible dejar a tu hijo enfermo solo? Yo lo cuido, pero por las mañanas no estoy, que tal que le pasa algo malo, ni modo que Titán me llame preocupado porque Bill se cayó o algo parecido. Tremenda sorpresa me llevaría yo, oír a tu mascota llamarte por teléfono ¡No! ¡Qué miedo!
-¿Billy? -Le llame
-Mande
-¿Te gustaría ver hoy a Andy?
Continúa…
Pido una disculpa por dejar así el segundo capítulo, pero no es que no haya podido terminarlo, al contrario, lo dividí en dos partes por cuestiones ajenas a todos ustedes… sin más espero lo disfruten. ¡Saluditos!