
«Muñeco de Cristal» Fic de Scarlet Engel
Capítulo 1
By Tom
Hoy era el primer día de clases, Bill y yo estábamos muy entusiasmados, pero más él. Se sentó frente a mí y me miraba con determinación.
-Recuerda estudiar mucho, Tomi. No quiero que llegues y me digas que no hubo nada.
-Tranquilo pequeño. Yo estudiare por los dos.
Le sonreí para que se quedara tranquilo. Mire a mama que, estaba parada a un lado del comedor. Nos miraba con melancolía, no la culpaba.
-¿Estás listo cielo?
-Si, mamá.
Me despedí de Billy y de nuestra mascota Titán, que movía la cola como diciendo: “tranquilo, yo lo cuidare”. Mama y yo salimos de la casa y nos metimos en su auto para ir a mi escuela. Era de esperarse que nuestra madre y yo estuviéramos preocupado por Bill. Era capaz de sentirse “el Hombre Araña”, y jugar a salvar el mundo, aunque tuviera muy en cuenta su enfermedad.
Durante el trayecto, iba memorizando mis clases. Tendría solo 30 minutos de descanso para crear la clase de Bill. Yo sería su maestro nuevamente. No me molestaba en lo absoluto. De hecho me gustaba enseñarle todo lo que aprendía en las clases.
Cuando llegamos a la entrada de la escuela, había infinidad de niños y niñas, todos bien uniformados, menos yo. ¡Punto a favor de Tom!
-Cielo, esto te lo diré solo una vez. No quiero problemas con tus compañeros, ya bastante tengo con los anteriores ¿De acuerdo?
-Si, mama. No te preocupes, tratare de ser tolerante con ellos.
Deposite un beso en su mejilla. Baje del auto y sonriendo me dirigí a mi primera clase: Biología.
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A pesar de todo el barbullo que se armó a causa de mi llegada, me concentre totalmente en la materia. Había un chico que me miraba desde que llegue. Era alto, delgado, sus facciones no eran tan toscas, el cabello una poco largo y de tez blanca. Se veía buen muchacho, quizás y le hablaría… después.
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Las demás clases estuvieron un poco más entretenidas. Los profesores nos ponían actividades fáciles, supongo que, por ser primer de clases. Empezaba a desesperarme un poco con las chicas que me mandaban papelitos diciendo estupideces como: “hola muñeco, ¿Cómo te llamas?” o “¿de dónde saliste bombón?”. Lo que hacía con ellos era aventarlos por la ventana y hacer como que nunca lo recibí. Fastidiado por ellas y luego por la materia de Matemáticas que no le entendía de donde sale “x” de una ecuación donde “y” era la desaparecida, pero que de repente aparece “z” para salvar a “n” y que al final “m” era pareja de “z”. A veces preferiría yo tener la enfermedad de mi hermano.
Preferiría estar en casa y que el estudiara. No por mí, sino por él. Tiene muchos más sueños que yo. A veces trato de ponerme en su lugar, estar en casa y no hacer nada porque en cualquier descuido podría romperme. Él no podía jugar, no podía correr, no podía ir a la escuela, no podía ser un chico normal.
Pero a pesar de las trabas que hay en su vida, trata de superarse, trata de ser un chico con aspiraciones, cuenta con el apoyo de mama y el mío. Trata de ser un maravilloso hermano para mí, un maravilloso amo para nuestro perro, un maravilloso ser humano.
¿Por qué no nació normal? Casi siempre se lo preguntaba a nuestra madre, ella no sabía cómo responderme. Siempre se lo preguntaba cuando ya estábamos en el hospital, porque se había fracturado una mano, un pie, un brazo. Pero siempre salía de ahí con una enorme sonrisa, diciéndonos que todo estaría bien, que mientras estuviéramos con él, no corría ningún peligro.
Un nudo en mi garganta comenzó a formarse, listo para hacerme llorar. Pero no lo hice. Ya era hora del receso, todos salieron como si en el salón estuviera el mismísimo diablo. Yo me quede sentado en mi lugar, sin ánimos de salir a jugar o comprar algo para comer. Saque la libreta extra que siempre traía conmigo. Era momento de preparar la clase de mi pequeño.
Mientras escribía las ideas principales de los temas, vi de reojo que el chico que minutos antes me miraba con intensidad, entro con dos botellitas pequeñas de Yakult, y dos paquetitos de galletas.
No le tome mucha importancia, yo seguía con mi escrito. No era mucho, de echo estaba por terminar, solo me faltaba la última clase que era mi taller, pero no creo que le interese mucho a Bill.
Cuando termine, cerré la libreta y la volví a guardar en mi mochila. Y cuando me di cuenta, una botellita de Yakult y una paquetito de galletas estaban en mi mesa. Rápidamente voltee a verlo con el ceño fruncido.
-Hola -sonrió a modo de saludo.
-Hola. Oye, bueno… esto… gracias -de la nada sentí mis mejillas arder. O era porque no sabía que decirle o porque me dio vergüenza.
-No agradezcas. Mi nombre es Andrew, ¿y el tuyo?
-Tom. Mucho gusto Andrew – chocamos las manos.
Comenzó a comer sus galletitas, daban ternura de solo verlas. Yo hice lo mismo. Mientras comíamos, nos hicimos las típicas preguntas para conocernos mejor. Cuando el receso acabo, el regreso a su asiento, nos tocaba taller y si en casa no aprendía a hacer de comer en mi taller menos. Me toco Servicios Turísticos en Hotelería y la profesora se hacía llamar Hitandehui. Cuando comenzó la clase, nos hizo presentarnos, de uno en uno iban diciendo sus nombres, llego mi turno y las chicas que hace momentos me molestaban con los papelitos, cuchicheaban no sé qué cosas.
-Me llamo Tom, tengo 12 años, tengo un hermano gemelo, me gusta tocar la guitarra y me no me gusta distraerme con papelitos absurdos – la última oración iba para aquellas niñatas que se hicieron las sordas cuando lo dije. ¡Segundo punto para Tom!
-Mucho gusto, Tom. Puedes sentarte.
La clase fue amena, esta maestra sí que era buena onda. Salimos media hora antes; no me había percatado de que el cielo se había nublado. Genial, tenía que regresar a casa caminando y no traía paraguas. En la puerta de salida me encontré con un Andrew sonriente, le sonreí igual aunque no tuviera ganas.
-No es necesario sonreír cuando no puedes.
-¿Eres una clase de chico filosófico?
Reímos un poco, negó lentamente meneando la cabeza de un lado para el otro. Empezamos a caminar. No, el comenzó a caminar y yo le seguí. Al fin y al cabo era el camino para llegar a mi casa. Ojala y no se le ocurriera al bendito cielo soltar toda el agua que sus enormes nubes grises contenían.
-¿Vives muy lejos, Tom?
-No mucho. Si no hago malos cálculos, me hago media hora en llegar y si vamos a este paso, de seguro llego hasta mañana.
-Jajaja. Saliste bromista ¿He?
-Solo un poco – si, solo un poco. Pero si supiera mis motivos entendería.
-Así que tienes un hermano gemelo. ¿Cómo se llama?
-Bill. Es mi hermano pequeño por diez minutos.
-¡Wow! Y ¿es igual que tú? Me refiero a tus gustos.
-Solo en algunas cosas, él tiene su forma propia de ser. Por ejemplo, algo que no compartimos es el gusto por la ropa. El usa algo más de su talla.
-Oh, ya veo. Es genial tener un hermano gemelo ¿no?
-Si -suspire. Es genial tenerlo, y más si es como él.
-Bueno, Tom. Yo aquí vivo. Espero algún día toparme en tu camino a la escuela y platicar más, aunque lo podemos hacer diario. Si es que tú quieres.
-No hay problema. Me has caído bien así que, todavía hay Tom para rato.
Nos despedimos luego de unas cuantas carcajadas por parte de él y una que otra mía. Yo seguí con mi camino a casa, no faltaba mucho. El cielo comenzó a relampaguear, buena creo que era hora de correr. Tomo aire y comencé a trotar un poco, no quería agotarme mucho.
Cuando llegue a casa, justo cuando entre, las nubes soltaron toda el agua que contenían. Sí que era mi día de suerte. El primero en recibirme fue Titán, luego llego Billy. Con cuidado de no lastimarlo, lo abrace y deposite un beso en su frente.
Nos sentamos en el comedor, él ya había preparado la comida. Mientras comíamos le fui contando todo lo que me había pasado, se asombraba cuando le describía cada lugar y cada rincón por el cual pase.
-¿Hiciste nuevos amigos, Tomi?
-¡Sí! Conocí a un chico súper genial. Se llama Andrew, cuando él pueda, lo traigo a comer para que lo conozcas ¿Vale? -Asintió moviendo la cabeza.
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Los rayos iluminaban nuestra habitación. Temblaba cada vez que se oía el estruendo, lo abrace con sumo cuidado. Acariciaba su cabeza y su espalda, susurrándole que todo estaría bien. Titán estaba en medio de nosotros, no nos estorbaba.
Cuando por fin se tranquilizó, pude dormir como se debía. Mañana sería un nuevo día, un nuevo amanecer.
Continúa…
Gracias por leer.