«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

After Lesson 4

Un hermoso dije reposaba en una cajita terciopelada sobre la peinadora del pelinegro.

Regalo de Tom.

Estaban en un lindo restaurant italiano, cenaban en honor a su primer mes.

Bill estaba maravillado con los detalles de Tom. Él apenas había logrado que su papá le consiguiera un balón de futbol firmado por Mesut Özil para su novio, y él lo llevaba a cenar a un restaurant carísimo. Pensó que las sorpresas no iban a terminar cuando el rastudo sacó de su bolsillo una delicada y pequeña cajita de terciopelo.

—Feliz primer mes. – le deseó un poco sonrojado el de rastas.

—Tomi…– susurró maravillado por aquel par de hermosos dijes gemelos en oro puro. —No tenías que molestarte. –sonrió todo ruborizado por las miradas tiernas que daban señoras desde una mesa continua.

—Uno es para ti y el otro para mí. En la joyería me dijeron que era de parejas. – decía intentando parecer indiferente y que no le avergonzaba la, según él, cursilería que estaba haciendo.

—Pónmela. – le pidió emocionado.

—No puedo.

— ¿Por qué? – preguntó confundido.

—Este mes te regalare el dije, el siguiente la cadena. – le explicó sonriendo.

—No puedes ser tan tacaño. – murmuró.

—No soy tacaño. Solo será más especial así.

Esa noche Bill concluyó que Tom era totalmente inesperable.

—Pues tómale una fotografía al balón. El siguiente mes te lo doy. – le respondió con un mohín que fue borrado por un beso casto de Tom.

—No te enojes, cariño. – le pidió besando su mano repetidas veces y poniendo ojos de corderito, y Bill intentó controlar una sonrisa y su sonrojo.

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Más de un mes había pasado desde que eran novios y desde que Bill se volvió, prácticamente, popular en la escuela, lo bueno es que luego de eso Adam y Andreas también decidieron hacer más pública su relación.

En un principio fue bastante incomodo, sobre todo para el pelinegro, quien no estaba muy acostumbrado a toda esa atención, pero con el pasar de los días dejó de ser conocido como “El novio de Tom Kaulitz” y simplemente era Bill, el chico agradable, lindo y amable.

Tom no se equivocó cuando decía que lo querrían y sabía que no importaba si el día de mañana – que esperaba nunca llegara – dejaban de ser novios, el cariño que sentían por el pelinegro no cambiaría.

Algo que disfrutaba Bill es que había muchos grupos en la escuela que buscaban su ayuda, ayuda que nunca recibieron por parte de la porrista. A él le gusta ayudar y no se negaba.

El primer apoyo que dio fue indirecto, dirigido al periódico escolar, la semana de aquel beso de pasillo.

Publicaron una breve reseña del pelinegro y la mayoría de los estudiantes adquirió un boletín informativo para saber más del nuevo amor de su capitán. Siempre lo habían ignorado y resultó que aquel diario escolar poseía información bastante interesante. Hoy, aquella labor periodística no pasaba desapercibida. Y ese fue el inicio de todo.

Bill pertenecía al grupo de artes plásticas de la escuela. Mensualmente solían decorar un mural con todos los trabajos realizados, el pelinegro contribuía con obras y también ayudando a organizar la exposición. Se encontraba colgando las obras más recientes del grupo, cuando varios chicos y chicas se acercaron a ayudarlo. Quienes alguna vez pasaron por allí ignorando el talento artístico de muchos, esta vez se detenían a observar e incluso varios estudiantes se interesaron por el grupo artístico y ya eran nuevos miembros.

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—Deberías ser presidente estudiantil o algo. – le dijo Tom, mientras ayudaba a Bill a cargar unos libros.

—No creo, sería mucho trabajo. – justificó.

—Lo harías bien. – insistió.

—Tal vez el próximo año. – dijo haciendo sonreír a Tom.

Aquellos libros que cargaban eran donados por los estudiantes a la biblioteca pública. Era una campaña que anualmente realizaba el Grupo Estudiantil de Literatura, pidieron ayuda a Bill y parecía funcionar, ya que las donaciones habían superado a otros años.

Tenía razón el rastudo, la escuela merecía a alguien como Bill, que le gustara ayudar en todo.

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— ¡Que hermosa! – admiraba Andreas el nuevo accesorio de Bill.

—Él tiene una igual. Son de parejas. – dijo sonriente porque luego de un mes de larga espera Tom y el ya usaban sus cadenas.

—Qué lindo. – decía derretido el platinado. — Son tan tiernos. – dijo haciendo sonrojar a su amigo pelinegro.

Aunque no todo podía ser color de rosa, y no todos podían querer al pelinegro. Y entre ese grupo estaba Sara.

Dos meses pasaron desde que no era siquiera mirada por el capitán. Al principio intentó simplemente hacerse desear, pero no estaba funcionado. No se acercaban a algo más que no fuera un seco saludo, ya que él no se despegaba de su novio y la ignoraba olímpicamente.

Claudia, simplemente sonreía en cada intento fallido, pero sabía que no todo quedaría allí.

—Sera una subasta. – informaba Sara. — Así aprovechamos para hacer la donación que tenemos que hacer a la comunidad.

— ¿Y qué vamos a subastar? – preguntó interesada Loan.

—A nosotras. – declaró. — Nos tendrán por una noche, mas nada.

— ¿Tendremos que… – preguntó tímida Alice.

—No Alice, la escuela no permitiría algo así. – adivinó y respondió la capitana. — Pero si ustedes y su comprador lo quieren… pues pueden hacerlo. – sonrió picara.

— ¿Y cómo se supone que eso hará terminar a Tom con Bill? – cuestionó interesada Claudia.

—Un mes es demasiado, dos meses debe ser un nuevo record para Tom. – les comentó sobre su conclusión Sara.

— ¿Y qué te asegura que no han intimado? – esta vez fue Loan, mientras peinaba la cabellera de la líder.

—Es obvio que no. El chico por donde pasa deja rastro de agua bendita. – explicó segura de lo que decía. — Todo el que quiera participar en la subasta tendrá que dar su mejor esfuerzo por que Tom lo elija, ya no importa si elige a alguien más que no sea a mí, él solo debe caer.

Claudia escuchaba atenta, era posiblemente lo más tonto que pudo escuchar en su vida. Tal vez en otros tiempos, pero Tom estaba enamorado.

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Semanas después y todo el mundo sabía de la subasta. Los estudiantes de la institución educativa reunían hasta el último euro preparándose para comprar.

Faltaban apenas días y la escuela era un revuelo, sería el próximo viernes y ya la lista de las personas que se prestarían a la subasta estaba en la cartelera de los eventos de la escuela. Había alrededor de dieciocho chicas y trece chicos, todos atractivos.

Claudia se sintió insegura.

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— ¿Puedo ir a tu casa el viernes? – le preguntó Tom a Bill acariciando sus cabellos azabaches.

—Es el día de la subasta. – recordó

— ¿Iras? – preguntó sorprendido.

—Andreas ira a comprar a Adam. – informó. — Sé que te prometí que haríamos algo ese día. Lo siento. – pidió tímido.

—Está bien. – aceptó.

Desde el viernes sus padres saldrían de viaje y pensó que podría hacer algo con Bill hasta tarde.

—Pero tengo una idea. – le decía emocionado y sentándose mejor en las piernas del mayor. — ¿Por qué no me acompañas? Y luego podemos salir los cuatro. – propuso y besó castamente a su novio.

—Supongo que no podrá negarme. – aceptó besando a Bill. — Entonces, ¿Andreas compara a Adam?– preguntó riendo.

—Si bueno, querían contribuir a la causa. – respondió encogiéndose de hombros. — Es muy romántico. – dijo suspirando.

—Están locos. – dijo antes de volver a besar a su hermoso pelinegro. — Yo no gastaría mi dinero así. – dijo ganándose un mirada reprobatoria de Bill.

—Si fuera Adam, ¿No me comprarías?

—Ya eres mi novio. ¿Por qué tendría que pagar por ti? – se encogió de hombros ante el menor que tenía una perfecta “o” en sus labios.

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Eran las ocho de la noche y el teatro de la escuela estaba abarrotado de estudiantes. Tras vestidores chicos y chicas corrían por doquier arreglándose e intentado lucir lo más atrayentes posible.

Claudia comenzaba a preocuparse. Las porritas enseñaban mucho, demasiado para ser cierto. Así que prefirió asegurar a arriesgar.

Se asomó entre las cortinas y buscó con la mirada entre la multitud, hasta que observó una linda y reluciente cabellera negra aproximarse a las primeras filas. Volvió a los vestidores y le dijo a Adam que necesitaba a su novio y a Bill. El de ojos claros, confundido, aceptó y en menos de diez minutos los dos chicos estaban allí.

—Hola, chicos. – les saludó Claudia.

—Hola. – saludó tímido Bill luego que Andreas lo hiciera.

A decir verdad le daba un poco de miedo las porristas. Siempre con aires de superioridad e intimidantes. Aun que aquella parecía agradable.

—Bill… – escúchame. — Necesito pedirte el favor más grande. Y por favor, tienes que ayudarme. – le suplicó.

— ¿De qué se trata? – no dudó en preguntar preocupado al ver lo desesperada de la chica.

—Necesito que suplantes a alguien en la subasta.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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